Los personajes de este maravilloso manga no me pertenecen, son propiedad de Katsura Hoshino. Todos aquellos que no conozcan son de mi propiedad. Esto es solo por diversión y no lucro de ninguna manera con esto.
Capítulo 1
Bienvenidos
4 horas después
— ¡Supervisor! ¡Supervisor! —Reever entró a la desordenada oficina de Komui con cargamento de papeles más alto que él. No era anormal ver la oficina así, ya era algo muy común en el cuartel— ¡Supervisor vago! ¿Dónde se metió ahora?
Reever miró el mar de papeles que tenía a sus pies. No había rastro del supervisor por ningún lado, solo su reguero.
—Supervisor… no otra vez…
— ¿Sucede algo, Reever? —una chica de coletas largas entró al desastre de habitación con una taza de café— ¿otra vez se desapareció mi hermano?
—Cuando no—Lenalee soltó un suspiro con pesadez, eso también era muy normal en Komui Lee, desaparecer cuando tenía que encargarse de algún papeleo.
—Hermano…
—Solo espero que no esté desarrollando nada peligroso como la otra vez, no estamos en condiciones para soportar otra remodelación y los fondos no alcanzan—ambos recordaron el desagradable suceso con Komurin II donde media orden fue destruida—mejor no pensemos en eso, ¿Dónde estará? Tiene que revisar estos papeles urgentemente.
—De seguro ya aparecerá no se preocup…
— ¡Lenalee! —la joven sintió como alguien se le enganchaba fuertemente a las piernas y casi la hacía tirar la taza de café— ¡Dime que tienen todo listo!
— ¿Listo para qué, hermano?
—Hoy llegan los hermanos Delacroix, central los mandó desde la división de Sudamérica—Reever no entendió de que hablaba Komui al hablar sobre esos hermano—esos mocosos siempre van de aquí para allá sin avisar.
— ¡¿Ah?! Yo no estaba enterada de nada hermano, ¿Qué necesitan?
—Además de habitaciones… —Komui cambio de semblante a uno más serio lo cual sorprendió tanto a Reever como a Lenalee. Komui podía ser irresponsable en sus deberes algunas veces pero era una persona seria cuando el momento lo requería—necesitare que el laboratorio esté listo.
— ¿Listo para que, Supervisor?
—Hay que revisar las Inocencias y ver si necesitan reparaciones para luego llevarlos con Hevlaska, es necesario también hacerles exámenes de sangre—dijo con su mismo humor de siempre, como si fuera obvio para que iban a usar el laboratorio.
—Entendido, enseguida tendré todo listo para cuando lleguen—Lenalee se retiró de la habitación rápidamente dejando solos a ambos científicos.
—Supervisor, ¿Qué sucede aquí? ¿Quiénes son esos hermanos? —Komui fue hasta su escritorio y buscó entre los papeles algo.
—Es difícil de creer, pero esos pobres chicos cargan con un peso muy grande. No digo que vayan a influenciar de alguna manera en esta horrible guerra pero mientras más exorcistas hayan mejor—Reever quedó sorprendido al ver que Komui volvió a tener un semblante serio.
— ¿Pero por qué ellos? No entiendo nada de lo que está hablándome.
—Hay algo que el Conde tiene y esos son la familia de Noé—Komui encontró lo que buscaba, una carpeta color marrón y al parecer tenía varios papeles dentro de ella.
—Sí, eso lo sabemos Supervisor.
—Estos chicos son algo parecido a ellos, no en poderes pero en el linaje que llevan en la sangre—Komui le entregó la carpeta a Reever. Contenía fotos y los datos de cada uno de los chicos—son ellos, Ariel Delacroix el mayor de 22 años, Annia Delacroix la segunda con 18 años y Avia Delacroix de 16 años. Procedentes de Francia e hijos de Auriel y Eleazar Delacroix.
—Ellos… pero la señora Auriel y el señor Eleazar desaparecieron hace mucho tiempo, no se sabe si están vivos o muertos… —Reever levantó la mirada y notó la expresión de tristeza de Komui—ya veo, entonces son huérfanos.
—Sí, pasó ya hace mucho pero la mejor decisión fue mantenerlo en secreto.
—Sus Inocencias son de tipo equipamiento por lo que veo pero, ¿Qué tienen de especial? Se ven como exorcistas comunes y sus Inocencias se ven normales también—Reever revisó los perfiles de cada uno con cuidado. Eran solo unos jóvenes y en algo tenía razón Komui, al igual que Allen, Lavi, Lenalee e incluso Kanda, los tres hermanos debían pelear en esta guerra.
—… el linaje de ellos proviene de hace más de mil años, son aquellos que la historia y el Vaticano han mantenido escondidos por el bien de ellos mismo. Son de un linaje santo, solo la Iglesia y los Bookman conocen la historia completa—Komui bebió de su café con mucha parsimonia.
— ¿Linaje santo? ¿Son acaso descendientes de alguno de los 12 apóstoles?
—Lamentablemente los descendientes de los apóstoles no han aparecido… o ya no están—Reever si conocía esa historia. Los descendientes de los apóstoles desde hace mucho habían sido exorcista al servicio del papa pero hace muchos años que ni uno llegaba a la orden.
— ¿Y quiénes son? —Reever volvió a mirar la foto de los chicos—Supervisor… ese apellido… Delacroix…
—Ellos son los últimos descendientes vivos de Jesucristo, son los seres humanos más cercanos a Dios. Han vivido escondidos mucho tiempo.
— ¡¿Qué?! Entonces… ¿las historias eran verdad? Jesús tuvo…
—Sí pero la Iglesia lo mantiene en secreto, los únicos que saben de su existencia son los jefes de la orden, los generales, el papa, Bookman y Central—Reever volvió a ver las fotos de los chicos, jóvenes y con un destino tan incierto como el de cada exorcista—son unos pobres chicos que cargan con el peso de una vida que no escogieron, un linaje donde puede que ellos sean los últimos.
—Ya veo… ¿usted dijo que eran los últimos?
—Desgraciadamente, han logrado mantenerlo muchos años pero si esta guerra llega a acabar con sus vidas entonces el linaje se cortaría y ya no habrían más descendientes de Jesús y me temo que los descendientes de los apóstoles también. No quedan más que ellos tres—Komui hablaba todo como si fuera algo normal y bebía de su taza de café como si fuera el desayuno.
— ¿Qué ocurrió con el resto de familiares?
—Sus padres murieron hace años y el resto de sus familiares que aun vivían se convirtieron en Caídos, su tío Dion, hermano de Auriel, fue un exorcista de los mejores pero algo pasó y aún se desconoce qué fue lo que provocó que se convirtiera en un Caído. Ellos tres son los últimos del linaje, un linaje que ha logrado sobrevivir más de mil años.
— ¿Tienen alguna habilidad especial? Al llevar en sus venas una sangre como esa me imagino que deben ser muy fuertes.
—Son tan normales como una rebana de pan pero hay un pequeño detalle con sus Inocencias—Komui sonrió de esa manera a la que Reever le daban dolores de cabeza.
— ¿Qué cos…?
— ¡Supervisor! —la puerta de la oficina se abrió de una sola patada haciendo volar todos los papeles cercanos a la zona de la puerta. Komi y Reever voltearon a ver quién era el que ocasionaba todo ese escándalo. Fue una sorpresa cuando vieron a tres chicos entrar por la puerta.
—Oh, ya llegaron los querubines… ¡Sean bienvenid…! —Komui detuvo sus palabras de bienvenida para ver a los tres hermanos de arriba abajo ¿Qué rayos les pasó?
Ariel iba sosteniendo a Annia por la cintura para ayudarla a caminar, Avia estaba toda llena de tierra. Los tres tenían unos cuantos raspones en la cara y los uniformes estaban muy sucios, casi irreconocibles, Annia iba saltando con una pierna y con un gran raspón en la rodilla. El resto del equipo científico junto a otras personas y Lenalee los siguieron de cerca.
— ¿Qué paso?... ¡Te diré que demonios pasó!—Ariel soltó a Annia y la dejó caer al suelo—el esperpento que tengo por hermana atacó a unos akumas pero al parecer no sabe el concepto de autocontrol y terminó despegando el vagón nuestro del resto del tren. Tuvimos que correr y evitar que nos mataran los akumas.
—Caímos por un risco porque el cabeza dura de Ariel tropezó con una piedra y Annia se lanzó a rescatarlo y yo tuve que agárralos, rodamos por la tierra, piedras y ramas… y por si fuera poco los akumas iban detrás de nosotros—Komui y el resto de los presentes escuchaban la historia en silencio—luego caímos a un río que nos arrastró un poco, casi nos ahogamos pero logramos huir de los akumas.
—Cuando pudimos salir Ariel y yo destruimos a los akumas—dijo Annia con una sonrisa en el rostro, como si las desgracias que pasaron para llegar hubieran sido un juego de niños para ella.
—Cuando llegamos a pie a la estación el buscador nos estaba esperando—finalizó Ariel agarrando aire—cuando llegamos a la puerta el guardián no nos quería dejar pasar porque y que olíamos a sangre de akuma.
—Tuvimos que gritarle unas cuantas cosas…
—La chica de coletas nos abrió la puerta…
—y aquí estamos.
—Ya veo…—Komui bebió de su taza nuevamente con bastante tranquilidad—… ¿y se divirtieron?
— ¡SUPERVISOR!
—Está bien, está bien pero antes de despacharlos a sus habitación para que… —los miró de arriba abajo—para que se pongan más decentes—Avia y Annia lo miraron con un poco de molestia—quiero que dejen sus Inocencias aquí conmigo, las revisaremos unos segundos.
Los chicos no podían dudar de Komui, lo conocían y era el único a quien confiarían sus Inocencias. Ariel se quitó su collar, Annia sacó su biblia y Avia se quitó el rosario de la mano y los entregaron a Reever con mucho cuidado.
—Cuídenlas… mira que valen más que tu vida Komui—dijo Ariel con un aura amenazadora que más de uno pudo sentir—nos veremos en una hora.
—…
Ariel salió con paso firme por la enorme puerta dejando a sus dos hermanas atrás. Avia se despidió de todos y salió detrás de su hermano mayor.
—Perdónenlos, el mal rato que pasamos le afectó mucho a Ariel porque no pudo dormir lo suficiente. Fue mi culpa—dijo Annia con un poco de pena dejando a todos sorprendidos porque la chica no había dicho anda desde que llegó. Parecía ser la más amigable o al menos la más sociable— ¿Dónde quedan nuestros cuartos?
—Ah… por aquí, yo los llevaré pero ¿y tus hermanos? —dijo Lenalee siendo empujada con mucho cuidado fuera de la habitación por Annia.
—Cuando se pierdan regresaran y pelearan, luego con mucha paciencia les dirás dónde están los cuartos—Lenalee rió con nerviosismo—descuida, son mansos como corderos cuando tienen sueño y hambre.
—Luego de que terminen de hablar con mi hermano los llevare al comedor, podrán pedir lo que quieran y cuanto quieran—Lenalee le sonrió con dulzura a la rubia la cual se la devolvió con mucho gusto.
Desde hace tiempo que no sentía ese calor humano, les costó adaptarse al cuartel de Sudamérica, ya verían como se las arreglaban para estar en su nuevo "hogar", no se veía tan malo, lo que más les asustaba, al igual que todos los seres humanos, era el futuro.
Despacho de Komui
Primera vez que se les veía la cara a esos tres chicos. A opinión de Komui no se veían muy heridos y sus Inocencias eran, por demás, tan normales como una rebanada de pan. Komui tomó el rosario de Avia y lo miró con detenimiento. Era una pieza de museo, no parecía ni siquiera un arma anti akuma.
—Una hermosa obra de arte… ¡un buen trabajo del equipo científico! —dijo Komui con su emoción cotidiana—el Rosario de las Lágrimas es un arma poderosa al igual que la Cruz del Cielo.
— ¿Y esa biblia, supervisor? —preguntó Reever mirando el pequeño libro.
—El Libro de los Días, una biblia y un poco más.
— ¿Un poco más?
—No es nada, es hora de trabajar todos—el equipo científico salió hacia el laboratorio uno detrás del otro. Reever ya tenía curiosidad de ver que era lo que las hacia tan especiales a esas Inocencias—que no te carcoma la cabeza, jefe de sección Reever, estas Inocencias son muy normales.
— ¡¿Y por qué dijo que eran especiales?! —Komui podía confundir a cualquiera con tanto misterio rondando.
—Veras, ellos no eran compatibles con ellas—dijo Komui dejando las Inocencias sobre la mesa del laboratorio.
— ¿No? Acaso… ¿Forzaron sus cuerpos a que fueran compatibles?
—No, claro que no. Al tiempo las Inocencias los aceptaron—Komui tomó el rosario y lo extendió por la mesa. Era hora de revisarlas—veras, el caso de estas Inocencias es especial, son conocidas como las Inocencias Heredadas y no existen más que estas en todo el mundo hasta donde sabemos.
— ¿Inocencias Heredadas? No son de ellos… ¿de quiénes eran? —todos escuchaban lo que decía Komui antes de sacar el enorme taladro.
—De sus padres y su abuela materna.
En otro sitio.
—Te dije que regresarían, los conozco muy bien—Annia caminaba al lado de Lenalee con mucha calma mientras los otros dos iban en silencio pero molestos—tienen sueño, descuida.
—Está bien, ¿seguros que no quieren comer antes?
—No, un baño creo que será suficiente para nuestros cuerpos.
Annia iba pensando en la nueva vida que tendrían. Podía sonar pesimista pero ella sabía que en algún momento sus vidas serian dadas a Dios para poder ganar esta guerra al igual que todos los que participen en ella. Desde que eran niños han conocido ese estilo de vida; pelear, huir, esconderse, sobrevivir… siempre era lo mismo, la familia primero.
—Lamento no presentarme antes, soy Lenalee Lee.
— ¿Eres la hermanita de Komui? —la joven asintió con emoción—con razón te me hacías conocida…
— ¿Dijiste algo?
—No, no, solo pensando tonterías en voz alta—dijo Annia con calma. Ambas caminaban un poco más atrás de sus hermanos—Annia Delacroix y esos dos son Ariel y Avia—Lenalee estaba un poco retraída con ellos, por alguna razón se veían muy intimidantes.
—Dime cuando no pienses tonterías en voz alta.
— ¡Cállate que aquí mismo te parto en tres, Ariel!
— ¡Inténtalo hermana! Hace tiempo que no entrenamos como se debe—Ariel se acercó amenazadoramente hacia su hermana pero ambos sintieron como si algo o alguien se interpusiera entre ellos— ¿Pero qué…?
— ¿Ah?
— ¡No se peleen! Aquí todos somos camaradas… y somos familia—Lenalee había parado la pelea de hermanos… por ahora—vengan, ya casi estamos cerca de sus cuartos. Sean pacientes.
— ¿Por qué siempre me ponen en vergüenza? —Avia les pasó por un lado y siguió su camino junto a Lenalee dejando que Ariel y Annia se pelearan—no les hagas caso, siempre pelean pero jamás a golpes.
—Es bueno saber eso.
Los cuatro continuaron subiendo por las escaleras. Parecían no tener fin, era como una penitencia que debían pagar, ya las habían hecho antes pero no así. Annia iba de última por decisión propia para no tener que empezar otra pelea con Ariel.
Se cansaron rápido ya que no habían comido ni dormido en prácticamente dos días por andar huyendo de los akumas, usar lo que menos puedan la Inocencia les dijeron en el cuartel de Norte América hacía ya 6 meses cuando pasaron por ahí antes de ir a Europa. Su estadía en ese lugar fue de unos 3 meses antes de partir.
—Apúrate Annia, no tenemos toda la vida para esperarte.
— ¡Ya voy! No me apuren cuando saben que estoy agotada—Annia iba caminando por el pasillo cuando creyó ver una luz muy brillante pasar a un lado de ella. Como si una persona, alta, pasara por un lado— ¿Qué fue eso? —Annia miró a todos lados pero no había nada.
Fuese lo que fuese había desaparecido en pocos segundos, algo que jamás le había pasado antes. No había nadie en ese lugar excepto un chico de largos cabellos amarrados en una cola alta, llevaba el uniforme de exorcista y una espada en la cintura. Al parecer el chico iba rumbo escalera abajo, de seguro a comer pero ya era un poco tarde.
— ¿Qué demonios fue eso? —Annia se tocó la cabeza, definitivamente algo pasó a un lado de ella o al menos eso creyó ver—debo estar mal… ¡Ah! —el cuerpo de Annia fue brutamente golpeado contra la pared de piedra dejándola sorprendida y en desventaja— ¡¿Qué pasó?! ¡¿Quién eres?! —la había tomado desprevenida.
— ¿Quién demonios eres? Nunca te había visto por aquí —el chico se había lanzado sobre ella con la espada desenfundada, la tenía puesta en su cuello, un movimiento en falso y adiós vida—te hice una pregunta, mocosa.
—Soy… una exorcista… como tú…—le daba miedo hablar, pensaba que cualquier moviente le cortaría la garganta—suéltame…
— ¿Por qué mi Mugen brilló así cuando pasé al lado tuyo? Jamás lo había hecho.
— ¿Ah? ¿Qué demonios voy a saber yo? —la actitud del chico la estaba molestando. Lenalee y sus hermanos ya no estaban por esa zona así que ayuda no tendría—suéltame.
—Me parece conocerte, ¿Dónde nos hemos visto antes? —dijo con el mismo mal carácter.
—Créeme, nunca. Es primera vez que vengo aquí y no conozco a nadie de este cuartel… ¡Suéltame loco con espada! —el chico estaba presionando su cuerpo con más fuerza contra la pared—eres un maniaco.
—No… yo sí te he visto antes, tu cara… me es familiar—el chico removió la espada con mucho cuidado y se quedó viendo a Annia directamente a los ojos—pero ¿De dónde? … —poco a poco levantó su mano y la posó sobre la mejilla de la chica.
—… —Annia tragó grueso y se sonrojó bastante con el gesto. De la nada empezó a acariciarle la mejilla como si la conociera de toda la vida o como si fuera algo mas—… —puede que ya hubiera sido suficiente para la rubia chica.
Annia golpeó la mano de Kanda con fuerza y le lanzó una patada a una de las piernas y lo hizo retorcerse del dolor por el inesperado ataque. Al verlo casi en suelo atinó a darle otra patada en el estómago lo cual lo termino de tumbar. Era muy extraño, el chico parecía estar en un trance muy fuerte tan solo hace unos momentos y ahora volvía a tener la cara de amargado.
— ¡¿Por qué hiciste eso, loca?!
—Tú te pasaste de la raya conmigo, nadie me toca sin mi consentimiento—el chico se fue levantando poco a poco y empuñó la espada— ¿Quién te crees? A mí nadie me toca.
—Si en verdad eres exorcista entonces invoca a tu Inocencia y peleemos, arreglemos las cosas como se deben—Kanda envainó a Mugen y la miró de mala manera.
—Lo que me faltaba, salgo de una pelea para entrar a otra—Annia fue a sacar su biblia cuando no sintió nada donde se supone siempre la cargaba. Entró en pánico por unos segundos hasta que recordó donde estaba—… ¿ah?
—Desprotegida, ¿eh?
—S-s-s-si-si me atacas l-l-lo vas a lament-t-t-tar—no podía ya ni hablar bien, esto era malo.
—Pues prepárate… —todo pasó en cámara lenta ante los ojos de Annia. Creyó ver mal, pero no fue así, en verdad dos zapatos habían salido volando y le dieron de lleno en la cabeza a Kanda.
— ¡Ya basta, Kanda! —Lenalee bajó las escaleras con rapidez y se posó frente a él para que no se acercara a Annia.
— ¡Así que te llamas Kanda, pensabas atacarme y ni decir tu nombre! ¡No tienes honor! —Kanda se sobó la cabeza con cuidado.
— ¿Estas bien, Annia? —Ariel le habló desde las escaleras y sin un zapato. Posó su mirada azul en Kanda al ver que su hermana está bien y en una sola pieza— ¿Qué te sucede? ¿Qué pretendías hacerle a mi hermana?
—Pelear con ella.
—… —los cuatro quedaron secos con la respuesta tan cortante dada por Kanda.
— ¿Qué te hice yo para que quisieras pelear conmigo? Eres un demente—Annia miró al chico a los ojos sin inmutarse, si lo hacía entonces perdería—ni te conozco, ahora menos quisiera conocerte a pesar de que eres un exorcista como yo.
—Tu rostro…
— ¿Ah? ¿Mi rostro? —no era fea, eso lo sabía pero no había nada especial en ella como para desafiarla. Su cabello era corto y rubio, sus ojos azules heredados de su padre, piel blanca, prácticamente era como una muñeca de porcelana solo que no tenía nada de delicada en ella y las batallas a lo largo de los años habían dejado huella en todo su ser— ¿Qué tiene mi rostro?
—Tu rostro… me molesta—lo que más impresionó a los tres hermanos no fue la declaración sino el tono con el que lo dijo, era el desprecio hecho melodía.
—Una linda bienvenida… —dijo Avia mirando al chico mientras recogía su zapato—escucha samurái, no vinimos a pelear, somos aliados.
—Tsk…
— ¡Agárrame que lo mato! —dijo Annia a la vez que Ariel la sujetaba para que no fuera a hacerle nada al chico. No tendría inocencia pero tenía patadas y unas muy fuertes—se hombre y ven, te mostrare que te puedo dejar el ojo morado de una patada.
—… —y como si hubiera sido con él, Kanda dio media vuelta y se fue caminando hasta las escaleras para ir a la cafetería.
— ¡¿Qué le pasa a la muñeca esa?! —Annia estaba molesta, y mucho. Jamás en su vida la habían tratado así.
Sus hermanos pensaban lo mismo, que el carácter de ambos iba a generar muchos choques en su estadía temporal en el cuartel general. Desde niños sus padres los trataron como reyes… hasta cierto punto de sus vidas. Los lujos pasaron a ser premios que debían ganarse con su esfuerzo diario y no fue hasta cierta edad que eso empezó.
Después de varios años los golpes, pruebas, dolores, todo ya era cotidiano. Sabían que por eso tenían esos caracteres tan fuertes pero no era culpa de ellos sino de las circunstancias.
— ¿Qué te dijo el espadachín con cola de caballo? —preguntó Ariel al ver que Kanda ya no estaba cerca.
—Una estupidez, que me conocía—sus hermanos quedaron igual de intrigados. Lenalee escuchaba la conversación y también le aprecio muy extraño—dice que me ha visto antes.
—Imposible, ustedes jamás han estado aquí—dijo Lenalee un poco confundida—debe ser que te pareces a alguien que vio en alguna misión.
—Pues entonces era alguien a quien quería porque la forma en que me acarició la mejilla no fue nada normal—Annia era muy anti parabólica, si no era asunto de vida o muerte entonces no gastaría energías en ello—vamos, me quiero bañar.
—Síganme.
Los cuatro subieron tres pisos más. Lenalee le dijo que sus cuartos estaban esparcidos, algo que no le gustó mucho a Ariel pero debían tomarlo o dejarlo. Al parecer no había habitaciones contiguas para ellos tres.
La habitación de Avia estaba a tres cuartos de la de Annia y la de Ariel a tres de la de Avia hacia la izquierda. No era muy lejos tampoco pero el estar separados les tensaba el cuerpo, era una sensación ahogadora que habían sentido antes en circunstancias diferentes y un poco dolorosas.
— ¿Te encuentras bien? —Lenalee ya había dejado a los otros dos en sus habitación, solo faltaba Annia—Si quieres puedo llamar a una enfermera para que te revise.
—No, estoy bien no te preocupes por mi… solo necesito un baño y comer algo porque ya tengo el estómago pegado al espinazo por no comer en dos días—Lenalee vio la figura de a chica. Delgada, piernas largas y se veían fuertes, poco pecho pero con un poco de trasero. A pesar de todo eso se veía un poco desnutrida.
—Pediré que les preparen algo de comer, los tres se ven un poco…
— ¿Demacrados? ¿Sucios? ¿Desnutridos?
—… sí, lo siento—dijo Lenalee sonrojándose un poco, pareciera que podía leerle la mente.
—Me lo imagine… ¿puedes… puedes tocar la puerta cuando nos toque irnos con Komui? Es que quiero descansar un poco antes de ir a ver a Hevlaska—y era cierto, su cuerpo pedía cama.
—Sí, nos veremos más tarde—Lenalee abrió la puerta de la habitación y salió sin hacer mucho ruido.
Annia soltó un suspiro que denotaba cansancio. No era que quisiese que Lenalee se fuera, todo lo contrario, le agradaba la chica pero en esos momentos el cansancio podía más que ella. Había usado mucha energía en acabar con esos akumas, energía que no tenía y que la agotó.
—Que linda habitación…
Tenía una cama, un armario de madera, una mesa de noche y un baño. Las paredes estaban pintadas de color hueso. Había adornos que parecían de oro que colgaban del techo y por la ventana se podía ver las estrellas. Varios recuerdos llegaron a su cabeza en pocos segundos.
Aquello que jamás volverían, aquellos donde la vida era simple y perfecta a los ojos de tres pequeño niños que vivían cada día como debía ser, riendo y jugando… viviendo una infancia normal. Recuerdos de su familia también llegaron.
Desde niños siempre vieron a sus padres y sus tíos usar los uniformes de la orden, era algo tan normal como respirar. La sonrisa de su madre al peinarle su larga cabellera rubia, la risa de su padre al jugar con Ariel, sus abuelos, Arleth y Godric consintiendo con dulces a la pequeña Avia, sus tíos Dion y Danko discutiendo con su tía Adriel sobre cosas que a unos niños no les importaría.
La vida era simple pero perfecta tal y como era.
—Pero no siempre se puede tener lo que se desea—Annia dio media vuelta y se sorprendió al ver un cuadro que había pasado por alto al entrar a la habitación—…
Era una pintura de varios exorcistas elevando sus manos al cielo elevándose hacia el cielo en un halo de luz dorada, como si sus almas buscaran la paz luego de haber peleado fuertemente. Era hermoso pero le incomodaba un poco, se tendría que acostumbrar a muchas cosas de ahora en adelante quisiera o no.
—Mejor voy a tomar un baño para despegar la mente—fue abriéndose la chaqueta. Fue tirando la ropa por el suelo hasta que quedó totalmente desnuda, se metió a la ducha y dejó el agua correr.
La sensación del agua en su piel siempre la hacía sentir bien, podía relajarse y pensar con más calma. Estaba en paz, algo que no se podía obtener todos los días y menos si eras un exorcista; porque como dicen por ahí, solo vuelven los verdaderos devotos.
—Maldita vida… —a pesar de ser del linaje del que venían eso no significaba que sus actitudes eran de santos.
Annia cerró los ojos y dejó el agua resbalar por su cuarto. En cuestión de segundos pareció que su alma abandonara su cuerpo y viajara a otra parte, como si estando ahí, en al Orden Oscura, su alma buscara algo.
— ¿Qué es esto? —Annia se miró a si misma, llevaba un vestido blanco con un cinta ancha de color azul cielo amarrada a la cintura. No sabía que lugar era ese— ¿Qué demonios es esto?
—Espérame… —Annia volteó hacia atrás de ella, eran voces de niños. No podía ver bien, había como una niebla espesa tapando todo—espérame…
—Corre más rápido, Ciel—definitivamente era más de un niño, eran voces distintas.
—Ya voy, Mihael.
—No veo nada… —de la nada un tirón la hizo volver a su cuerpo. Volvía a estar bajo la regadera y con el agua cayendo sobre ella— ¿Qué? ¿Estoy llorando? —no sabría decirlo, las lágrimas se podían confundir con el agua cayendo de la regadera— ¿Qué fue eso?
Había muchas preguntas pero ninguna respuesta.
— ¿Mihael… Ciel? —no sabría cuanto tiempo estuvo así, sintió que fueron solo unos segundos, no pudo ver mucho y ni siquiera vio a esos niños—debía ser solo mi imaginación… —ese suceso la dejó pensando mucho, había sido algo muy raro.
Al cerrar la regadera se escucharon unos golpes sobre la madera, alguien estaba tocando la puerta.
— ¿Annia? Hermana, es hora de ir a ver a Hevlaska—la susodicha salió corriendo de la regadera al escuchar a su hermana Avia decirle esas cosas.
—Esto me pasa por ponerme a pensar mucho bajo el agua—sus maletas ya estaban en la orden, las habían mandado antes con algunas cosas. Ya que no harían casi nada solo sacó una camisa blanca y un short no tan corto de color negro junto a unos zapatos cómodos, quería ir lo mas cómoda posible.
— ¡Apúrate Annia! —esa era la voz de Ariel llamándola desde el otro lado.
— ¡Ya voy!... espérenme—esas palabras le recordaron a l que acaba de pasar en la regadera—ya basta Annia Madeleine Delacroix … enfócate, enfócate—siempre se decía esas palabras para volver a poner su atención en lo que importaba.
Abrió la puerta rápidamente y vio que ya estaban todos esperándola. Tenía que montarse en la plataforma para bajar hasta donde estaba la exorcista. Annia le tenía un poco de pavor a las alturas, no le sucedía mucho a menos que fuera muy alto. Sus hermanos iban con sus ropas de civiles al igual que ella y se veían que estaban un poco nerviosos o impacientes.
—Descuida, no pasara nada—Ariel le tomó la mano a su hermana disimuladamente y le habló en voz baja—siempre hemos estado bien.
—Sí—Annia apretó la mano de su hermano demostrándole que estaba bien.
—Sus Inocencias están listas—los tres salieron de su trance y prestaron atención a Komui—las tienen muy bien cuidadas, son unas obras de arte—ellos no se inmutaron. Preferían solo escuchar y no hablar, al menos así os habían enseñado.
—Gracias, supervisor Komui—dijo Avia por los tres.
—De nada…
Al poco tiempo ya estaban en la plataforma. Los tres miraron para todos lados esperando que Hevlaska apareciera, habían pasado muchos años de no ver a la exorcista. Estaban emocionados de ver a un conocido.
—Han crecido mucho, tanto en madurez como espiritualmente—los tres voltearon y le sonrieron a Hevlaska.
—Hola Hevlaska—dijo Ariel poniéndose al frente de sus hermanas—ha pasado mucho tiempo.
—Ustedes sabían que así sería, por ahora déjenme ver cuanta es su compatibilidad con las Inocencias—los tres asintieron mientras los demás veían todo el proceso—tú primero Ariel.
Hevlaska envolvió a Ariel y lo alzó hasta ella. Pegó su frente a la de él y comenzó el conteo.
—10%, 50%, 60%, 85%... 85% —Ariel abrió los ojos y le sonrió nuevamente—eres fuerte pero el presionarte a ti mismo con tu Inocencia puede provocarte mucho daño o peor, podrías acabar con tu vida—Hevlaska le hablaba a Ariel telepáticamente—recuérdalo, eres ahora el pilar de la familia.
—Tú lo dijiste, sabemos cómo sería esto—le respondió Ariel en voz baja para que nadie escuchara—es nuestro deber, ¿no, Hevlaska?
— ¿Quieres que te responda positivamente? —Ariel asintió con una media sonrisa.
—Solo quiero escuchar lo que por años nos han dicho, quiero creérmelo una vez más y por eso prefiero que me lo digas tú… por favor, dilo aunque sea mentira.
—Sí… es su deber y sé que lo cumplirán.
—Gracias Hevlaska—Ariel fue puesto en el plataforma junto a los otros, no querían hablar pero aun así sus hermanas no dejaban de verlo con preocupación—siguiente.
—Yo, yo, yo, yo, yo, yo—Avia se emocionó tanto que logró alegrar un poco el ambiente con su actitud infantil—tómame Hevlaska.
—Jamás cambiaras, tan enérgica como te recuerdo—Avia quedó frente a frente a Hevlaska y comenzó nuevamente el conteo de la joven exorcista—20%, 45%, 70%, 82%... 82%
Avia abrió los ojos con un poco de molestia y Hevlaska entendió el por qué.
—Descuida, has mejorado mucho estos años, al principio ni siquiera tenían Inocencia a la cual sincronizarse… sé también que te preocupas por tus hermanos pero ellos están bien, siempre te lo han demostrado y tú lo que menos debes hacer es dudar sobre la felicidad que intentan darte.
—… ¿tú crees que esto acabe pronto? ¿Crees que viviremos como antes? —era una pregunta honesta, la que preguntó no fue Avia la exorcista, fue Avia la joven que se sentía perdida y le era imposible decírselo a sus hermanos para que no se preocuparan—sé que puede que no haya marcha atrás… pero quiero creer que sí a pesar de que sienta todo perdido para nosotros—se estaba refiriendo a sus hermanos y a ella.
—Eso no lo sé pero te diré algo—Hevlaska le limpió una lagrima rebelde que salió de los hermosos ojos de Avia—ser valiente no significa que no le tengas miedo a nada, significa que sabes cómo solucionar tus problemas y enfrentarlos con la cabeza en alto, así como tu madre y tu abuela lo hacían, ambas eran unas mujeres admirables al igual que tú.
—Las… las extraño… —Hevlaska la apretó un poco mas como dándole un abrazo.
—Sé que ellas están muy orgullosas de ustedes tres.
—Gracias Hevlaska—Avia fue dejada con mucho cuidado sobre la plataforma. Caminó hasta sus hermanos como si nada de la conversación con la exorcista hubiera pasado.
—Annia… ven aquí hermosa—la susodicha estaba dudando, sabía que debía ir pero tenía miedo—ven, no temas… —paso a paso fue hasta el borde de la plataforma para que Hevlaska la envolviera.
—Hola Hevlaska.
—Has cambiado mucho—sin perder mucho tiempo Hevlaska juntó su frente con la de Annia y el ultimo conteo comenzó—10%, 29%, 52%, 65%, 78%... 78% —al separarse la expresión en el rostro de Annia no era de impresión alguna, sabía que la sincronización con
"El Libro de los Días" no era como al de sus hermanos con las Inocencias.
—Pensé que sería menos.
—Descuida, si se entrena duro lograras llegar a una buena compatibilidad, solo tienes que ser paciente.
—A mí no me interesa eso, Hevlaska… yo… yo no sé qué hacer—dijo en voz baja. Tenía muchas emociones acumuladas a lo largo de los años—sé que es mi deber escribirlo pero… siento que hago las cosas mal.
—Tus lágrimas son como agua bendita y eso es gracias a tu sangre, al alma pura que hay en cada uno de ustedes. Es una tarea dura pero todo en esta guerra va a ser duro, los tiempos pasan y la historia no se escribe sola.
—Lo sé pero…
—Tranquila, algún día alcanzaran la paz que por tanto tiempo han deseado… recuerden siempre llevar en sus corazones la voluntad de sus padres, sus tíos y sus abuelos; no se sacrifiquen por algo que ustedes no crean pero, al igual que ellos que dieron sus vidas por esto, ustedes deben seguir lo que es correcto.
— ¿Así sea abandonarlo todo? —al escuchar esas palabras de parte de Hevlaska le hizo crecer una pequeña esperanza en el corazón.
—… no es mi deber saberlo, es el de tu corazón. Recuerda siempre mantener la voluntad de tu madre, por eso te la heredó.
—Siempre, gracias Hevlaska.
—Pero antes de bajarte quiero decirte algo.
— ¿Qué cosa?
—A lo largo de esta guerra te vas a encontrar con cosas de tu pasado, del pasado de los tres. Al estar frente a ellas tu tomaras decisiones que podrían afectar tu camino "Hija de Magdalena" aun así siempre recuerda que lo que fuimos en una vida anterior siempre nos va a seguir a la actual, aunque sea solo un pedazo de esa vida. Lo que fuiste antes no afecta en nada lo que eres hoy pero te pueden ayudar cuando no entiendas algo.
— ¿Vida anterior? ¿Te refieres a alguna vida pasada?
—Recuerda que el amor es el arma más poderosa de todas.
—Pero Hevlaska…
—Entrena muy fuerte y cuando estés lista ven a verme—Hevlaska bajó a Annia con cuidado. Sus palabras la habían dejado pensando en lo que pasó en la regadera.
— ¿Habrá sido eso una vida pasada? —se preguntó a si misma, ahora le habían quedado mas dudas que antes.
—Bien, bien, bien—Komui los sacó de su trance auto impuesto—muchas gracias Hevlaska, esto tres van a tener que trabajar duro de ahora en adelante, ¿cierto?
—… —los tres miraron el suelo sin responder, no tenían muchos ánimos ahora.
— ¡¿CIERTO?! —ahora si reaccionaron. Komui los miró con su típica sonrisa pero con el aura maligna. Los tres sabían que Komi escondía un lado un poco… ¿cómo decirlo?… oscuro sería la palabra correcto… o demente.
— ¡Sí, supervisor Komui!
—Así me gusta, que respondan con respeto—Ariel fue detenido por sus hermanas antes de que lanzara a Komui por la plataforma.
Los tres hicieron silencio y dejaron que Komui siguiera hablando con Hevlaska hasta que por fin decidió dejarlos descansar en sus habitaciones. Según les dijeron sus Inocencias estarían en sus cuartos esperándolos.
—Si quieren un bocadillo nocturno no tengan vergüenza de despertar a Jerry.
—Sí, señor—dijo Ariel rascándose el ojo derecho. Estaban muy cansados que ni tiempo de ir a comer tendrían.
— ¡Adiós a los tres! Mañana empezaremos las pruebas y veremos cómo están sus habilidades físicas.
—… ¿Ah?
—También veremos como funcionan sus Inocencias.
—… ¡¿Ah?!
—Y por último… entrenamiento cuerpo a cuerpo… ¡Buenas noches! —la plataforma bajó rápidamente dejando a los chicos con las palabras en la boca.
—… ¡¿AH?!
Continuara.
Holiiiis! Aquí está el primer capi, no me maten por la idea, sé que es loca pero así soy yo… invento puras locuras.
Gracias a mis hermosas minions, algunas nuevas y otras no tanto. Están igual de locas que yo y me apoyan en todas mis locuras lo cual me alegra mucho hahahaha.
Por como algunas me preguntaron y les gustó las Inocencias de los hermanos AAA, en el próximo capi verán como son y que hacen :3
Sin más que decir me despido y les mando muchos besos y abrazos estilo Allen (Ya encontramos al Allen de carne y hueso XD)
Althea de Leo.
