Alto y moreno con llamas en el pecho. Rodeado de sirvientes espadachines y hechiceros.; todos de una naturaleza humana. Un jugador muy importante.
Él tiene una falda blanca con franjas grises que llega a varias pulgadas encima de los talones. Posee una musculatura algo desarrollada y sandalias gastadas. Tiene un cinturón de oro adornado con piedras y joyas, una máscara con rasgos dorados y un sombrero con una serpientecilla, demostrando que es de la realeza. Y uno diría que el fuego es sagrado, pero éste proviene de una bomba que Valsione le arroja con ferocidad y gusto. Le sigue otra bomba y el pobre faraón sigue estallando. Ya ni sus cetros tiene de tan dañado que está. Los sirvientes tratan de ayudarle pero la endurecida Lily, la Lif de la bioquímica, no los deja moverse al estarlos abofeteando y mordiendo. La pequeña controla a los sirvientes y Valsione parece una metralleta al disparar tantas botellas. Pasan segundos y el faraón cae de rodillas con la frente en alto. Valsione cierra los ojos por respeto y escucha el ruido del cuerpo caer. El egipcio desaparece lentamente sin dejar rastro, dejando un par de tesoros: una daga de fuego, una corona y su máscara.
-¡Matanga dijo la changa!- dice una voz grave y juguetona. Sólo se alcanza a distinguir una silueta celeste con cabello gris. Él es un caballero renacido, tal como Eltosian. Pasa por un lado de Valsione.
Parpadea, curiosa. ¿Qué ha pasado? Se encoge de hombros y acerca a su tesoro… ¡Oh, sorpresa! ¡La Bazerald ha desaparecido!
-¡Masahoooooooo!- grita la bioquímica mientras sacude el puño derecho y se vuelve roja de la ira. Y como respuesta se oye una risa a lo lejos.
¿Un caballero corriendo? Masaho de cierta forma es igual que Blood: entrena todo su cuerpo y siempre anda innovando en el combate. El muchacho ha aprendido a usar hachas, dagas, lanzas, escudos, espadas de dos manos en una sola mano y los puños. Muy poco ortodoxo. Es de esos que es muy difícil atraparlo con la guardia baja porque a menos que esté amarrado como puerco tiene con que defenderse.
Y algo lo sorprende. Escucha la voz de Valsione acercarse a buena velocidad. Parpadea, voltea… y se le cae la boca: Valsione está sentada sobre su carrito y éste tiene las ruedas de un tanque. El vehículo va al triple de velocidad que él y eso que él va a la velocidad promedio de un Peco Peco. En pocos segundos Valsione lo rebasa y da un giro brusco para tenerlo de frente. Masaho sigue corriendo en línea recta, aún sin creérsela. La bioquímica le arroja dos botellas encendidas con bastante fuerza y el caballero reacciona: planta los pies al suelo como maniobra de emergencia y desenfunda una Katana azulada de su cintura; corta las mechas y sonríe, envaina su arma. Las bombas se estrellan contra el sucio suelo sin poder explotar. ¡Que desperdicio de alcohol! Valsione se enoja todavía más. E idea un siniestro plan conociendo a su amigo.
-¡No sirve eso conmigo!- presume Masaho al tiempo que corta cuatro mechas de cinco bombas. Sonríe de nuevo, confiado y la sonrisa se desvanece cuando una botella de vidrio se le revienta en la cara. ¿Por qué no la vio? Porque la mecha no estaba encendida y los sentidos de Masaho reaccionan al mayor de los peligros y una botella que no va a estallar no está al nivel de cuatro botellas que van a estallar. Ahora la cara del caballero está bañada en alcohol y se le dificulta ver; pero no es tan tonto: salta de un lado a otro sin patrón alguno al tiempo que se sacude los pedazos de vidrio del rostro. Y justo cuando puede abrir los ojos, Lily está frente a él.
-Oh, hola, pequeña. ¿Cómo est-
Masaho quiso saludarla pero la muy condenada le dio una fuerte patada en la espinilla izquierda. El caballero suelta un chillido y salta sobre la pierna derecha mientras se agarra la espinilla adolorida. Pero el tormento no acaba ahí: Lily le suelta otra patada, ahora en la espinilla derecha; y cuando el muchacho quiere cambiar de pierna para saltar, esta flaquea por el dolor y termina en el suelo.
-¡Ah! ¡Me rindo!- grita él al tiempo que suelta su espada.
Valsione se acerca despacio, ya de pie y con el carrito a un lado. Tiene los ojos en llamas y el rostro ensombrecido. Parece que quiere matarlo. Masaho traga saliva y sonríe nerviosamente, preocupado. Si los vieras de lejos, sería gracioso encontrar dos figuras a punto de batirse a duelo en un terreno tan inhóspito y desolado como el interior de la esfinge. Están en el último nivel, rodeado de perros, señores perros no-muertos, serpientes y encapuchados.
-Dámela…- susurra con voz tétrica una enfurecida Valsione. Masaho sigue temblando… ¡Y se echa a reír! Se sujeta el estómago con la mano derecha y con la izquierda la cara. El pobre no respira. Patalea y se retuerce en el suelo. Valsione se saca de onda y sorprende. ¿Qué diablos? Y mientras ella se pregunta eso, él aprovecha: apoya la mano que tenía en el rostro en el suelo; de inmediato gira sobre ese mismo brazo y le patea ambas piernas a ella. La chica termina en el suelo y con dolor de trasero y mil groserías en la boca (todas aprendidas de Blood). El muchacho se confía y se levanta despacio… Ya de pie suspira y mira a la bioquímica, divertido. Él siempre tiene trucos bajo la manga.
¡Sorpresa, sorpresa! ¡Lily da un enorme salto! El caballero parpadea, asombrado. ¡Otra con trucos! Y la chiquilla le suelta un cabezazo en la frente. A Masaho el mundo se le pone blanco. Trata de no caer, de no rendirse pero le es imposible y da al suelo también. ¿Sabes? Es algo molesto que tu espíritu sea más fuerte que tu cuerpo. El espíritu puede ser infinito pero el cuerpo tiene sus límites. Eso es algo que a Blood, Masaho, Eltosian, Angellore y Seyren les molesta de sobremanera. Y es por eso que a diario intentan mejorar lo más que pueden. No les importa morir en el intento.
-Quítate ya de aquí, perro lanudo, déjame estar solo con mi novia.- susurra el chico acostado. Masaho es alto como Eltosian y pesa un poquito menos ya que no se concentra sólo en la parte superior de su cuerpo al entrenar. El cabello es gris y rebelde, sin peinado alguno, sólo mechones aquí y allá. Tiene una piel también algo quemadita de tantas batallas y prácticas. Su armadura es celeste como ya lo había mencionado y tiene detalles dorados. De hecho, es una armadura personalizada que su adorable novia le hizo. Es un poco más ligera pero no por eso deja de ser resistente: las placas son más cortas y más gruesas. Le permite mayor movilidad; aparte, la hizo su nena, así que es mil veces mejor que cualquier otra armadura.
-Baja tus patas que me das mucha lata.- murmura de nuevo el muchacho. Está dormido. Sigue inconsciente del ataque que recibió de Lily. Debajo de su armadura está la cota de malla gris y debajo de su frente algo hinchadita están sus gruesas cejas y cerrados ojos. Los carnosos labios siguen ahí. El mentón tosco muestra barba de varios días pero a pesar de eso es un chico guapo según bastantes mujeres. De hecho, La Vie en Rose alguna vez estuvo con él. ¿Quién es ella? Luego les digo. Será algo grande…
-¡Que te quites ya!- despierta Masaho al tiempo que empuja a lo que tiene encima suyo. Y un Matyr le ladra, juguetón. Los ojos del muchacho se quedan en blanco. Y se vuelve a desmayar. El mundo es suyo.
***
Gira, baila, vuela. Blood salta feliz de la vida, contentísima. ¡Es un buen día! Es un día más, un día más para seguir peleando, bebiendo y gozando. Siempre se emociona en la guerra de gremios. Ella avanza junto con todo su grupo, arrasando. Enemigos caen y caen, ellos invencibles. Es el circo de fenómenos. Los pasillos del castillo se hacen pequeños con tanto poder. Hoy mismo están en excelentes condiciones y cuentan con la asistencia de todos. Parece una manada de terribles bestias que están sedientas de sangre. Y en realidad no lo son, ya que entre ellos hay honor, rectitud, amor, compañerismo y valentía.
Ninguna alianza ha logrado hacerles frente hasta esta primera hora. Van directo a la sala del emperio. Hace meses que no pierden… Hace meses que peleó con Eltosian. Ahora ellos dos son amigos y compañeros de armas. De hecho, lo arrastró al mismo gremio contra la voluntad del caballero. Juntos son un dúo bastante temeroso que acaban casi con cualquier enemigo. Pocos los aguantan. Y frente a ellos, está una de las personas que los aguanta: Masaho. Parado y con todo un batallón detrás suyo. Todos están a una sala antes de llegar al emperio. Hohenschwangau. La sala es amplia y tiene dos escaleras, una serie de ellas después del primer pasillo y la otra serie después de un saloncillo que se usa para dar clases. El circo de raros se encuentra a pies de las segundas escaleras. El gremio defensor está al final de esa escalera.
-¡Valsioneeeeeeeee!- grita el caballero. Su sangre hierve y sus ojos brillan de excitación. ¡Podrá vengarse! ¿De qué? De que Valsione lo dejó inconsciente y sin alas de mariposa. Así que el pobre muchacho tuvo que regresar todo el camino a pie. Y lo peor es que le tomó varias horas ya que posee un pésimo sentido de la orientación… Varias veces terminó de vuelta a donde empezó. Hasta acabó con el mismo faraón que Valsione.
Luego comienzan los duelos.
Blood queda pasmada con Masaho. Él está usando dos Katanas afiladísimas, una en cada mano. ¡Se debería usar una en ambas manos! Pero él no lo hace así. Y también observa como él gira, baila, vuela. ¡Se parecen mucho! De hecho, el caballero improvisa con patadas, golpes y codazos. Usa todo su cuerpo, tal como ella. ¿Amor a primera vista? No, a Blood sólo le pasó una vez y jamás le volverá a suceder. Es respeto, admiración. Es sorpresa de saber que no es tan única en este retorcido mundo. ¿Qué hace ella? Le lanza un reto: la campeona va directo al centro del batallón enemigo y de una patada voladora derriba a varios magos. Sonríe con malicia, sujeta al primero que tiene a su alcance de las piernas y gira ella sobre su propio eje. El pobre mago de la alta hechicería suelta gritos de mareo y miedo; suelta después de dolor al ser lanzado contra más compañeros suyos. Ya con eso Blood se llevó de encuentro a media docena más. Las filas defensoras se han dispersado un poco y el caos reina ahí.
Masaho parpadea, curioso y sorprendido. ¿Es que ella es su hermana perdida o algo? No acepta el reto; sale disparado directamente contra Blood, tomándola por sorpresa. Y se ve como en una película de fantasía: dos ejércitos mutilándose entre si y dos héroes peleando el uno contra el otro, ignorando el mundo. Pero esos dos son genios del combate y no están ignorando sus alrededores. Todo fluye a la perfección fuera de su piel. Ambos observan cada chispa, cada pisca de magia, cada voz y cada cachito de polvo. Son uno con el otro.
Es una batalla llena de gracia e hipnotismo.
Blood lo ataca sin cesar usando ambas manos e intercalando rodillazos y codazos. No deja ningún punto vulnerable para perforar. Eso no evita que Masaho insista en romperle la defensa con espadazos y también codazos. Parecen maestros de un arte marcial que ellos inventaron. Sus armas chocan y chocan sin romperse, revelando sus identidades de luchadores incansables. Más, no se han infligido ninguna herida entre si. De hecho, sólo logran espantar a su gente: los rugidos e impactos son tan poderosos que se pueden llevar de encuentro aliados y rivales por igual. Parece una arena romana al ver tantos combates juntos.
Pasan los minutos.
Blood y Masaho siguen haciendo maravillas; saltan de un lado a otro, usando todo como soporte y arma. Se apoyan en las paredes, las escaleras, los barandales, usan las sillas, los cuadros, los rivales. Han recorrido la sala varias veces a una increíble velocidad. Siguen ambos sin una sola herida, un combate más parejo que el que tuvo con Eltosian. El aire está caliente. Ellos bailan una danza prohibida.
Pasan más minutos. Y la mala suerte de Blood sale a flote.
Un ángel llega a intervenir: la novia de Masaho. Ella llega con un grito y un poderoso carro de comercio. Es aliada de Blood así que la campeona se queda en silencio, curiosa. ¿Por qué se ha metido? La muchacha se encuentra entre los dos feroces combatientes y el semblante de Masaho ha cambiado a uno de nerviosismo. ¡Ahora él está en problemas!
-¡Traidor!- chilla la chica. Es una herrera renacida muy bonita. El cabello es liso y castaño claro, cae con gracia sobre sus fortalecidos hombros. A pesar de que ella también es trascendental como la mayoría de su gremio, tiene una gran pañoleta roja debajo de su cuello. Éste tapa su dotado busto con ayuda de la blusa blanca; ella no enseña más que a su Masaho. Esa mascada es un trozo de capa. La capa que Masaho usó antes de hacerse más poderoso y renacer… en ese entonces usaba color carmín.
-¡Mi amor!- responde Masaho tratando de ocultar su nerviosismo. La verdad, no es muy buen actor.
La intrusa levanta la pierna derecha un poco para balancearse antes de atacar. Es una pierna bastante fina y tonificada que está adornada por una corriente y bonita bota gris oscuro. De hecho, ambas piernas son casi iguales, excepto que la izquierda tiene un lunar en el talón, cosa que no vemos, como es obvio. Y lo que sí vemos es una correa metálica que parece una serpiente enroscada en ese mismo muslo. Un adornito. Subiendo los ojos, veríamos el short de mezclilla desgarrado y corto. Tiene varias bolsitas sujetas por su cinto, el cual tiene bastantes broches y es de cuero de gran calidad. Luego se revela el resto de su bello cuerpo. Su vientre es plano y tiene una que otra cicatriz de combate, pero están bastante bien disimuladas y sólo Masaho es capaz de contarlas todas, todas.
Al caballero le encantaría seguir desnudando a su amada con la mirada pero un carrazo le da de lleno en los brazos que usó para cubrirse. El muchacho vuela, vuela de verdad varios metros. No ha soltado sus espadas y una sonrisa se dibuja en sus carnosos labios. Se pone de pie y suspira. Es inevitable, ¿no? Pelear con la persona que amas de una manera u otra. Olvida por completo a la pobre Blood.
-¡Ya te dije que estaré en tu mismo gremio hasta que te cases conmigo!
-¿Y qué te hace pensar que quiero malgastar mi juventud contigo?
Un flechazo le atraviesa el corazón al caballero. Esa ha sido la peor respuesta que ha obtenido en los años de llevan de pareja. Más, eso no evita que siga adelante. De hecho, lo inspira más. Algo curioso el muchachito…
-¡Haré que te tragues esas palabra, nena!- grita el caballero. Se niega a romperse, a rendirse, a ser nada. Entre más acorralado se encuentra, más fuerte se hace. ¿No es un dios? No, también tiene sus límites. Aunque le falta mucho para llegar a ellos, los tiene. Lo peor ya pasó: hablarle a Angellore. Tuvo miedo mucho tiempo y al final se animó. Y velos ahora de novios y pelándose MUY seguido y haciendo el amor todas las noches. Los dos están medio zafados. Ambos son capaces de nadar en lava y darle hasta que sus huesos se pierdan en el mar vivo y rojo.
La pobre campeona es ignorada totalmente.
El carro va y viene sin desprenderse de la angelical mano que lo sostiene. Las manos de Masaho lo atrapan y sueltan. Ni ganas de usar las espadas para cubrirse porque terminarán rompiéndose con tanta tensión: las tiene en su cintura, enfundadas. El viento los hará volar; nada los puede derribar.
La pobre campeona observa con envidia. Tener un novio con el que puedas combatir y pelear y sigan amándose es increíble. Extrañamente, se desanima un poco. ¿Habría sido así con Seyren? El único ser humano del que se ha enamorado y planea hacerlo. Jamás admitirá una derrota más ante las flechas del querubín maldito y desnudo. Olvida esta vida. Nadie te detiene.
Y el muchacho de caballera gris enloquece tantito más: desenfunda una de sus espadas con la mano derecha para cubrir un carrazo con la punta hacia el cielo. La espada revienta en media docena de pedazos, todas flotando en el aire y cayendo muy despacio; lo único que permanece con filo es un cuarto de metro hacia arriba desde la habaki. Y Masaho vuelve a enloquecer: mientras su linda novia va preparando el carro para soltar otro golpe, sus largos y fuertes dedos impulsan lo que queda de la Katana hacia su amada. El pedazo de arma sale disparado como un proyectil tomando a Angellore por sorpresa. Ella muy apenas alcanza a torcer el cuello para que el filo no la acaricie.
Blood parpadea, asombrada. Masaho tiene tanto apego a la batalla y victoria que sacrificó una de sus armas… Si Blood tuviese que sacrificar un arma… no podría. No podría sacrificar su frente o su mentón, o sus hombros, codos, puños, ni tampoco sus caderas, muslos, rodillas y pies. Como mucho, y si la situación lo ameritase, el puño derecho. ¡Ella todita es un arma blanca!
El cielo afuera es azul. Todos ellos se pierden buscándose entre si.
Dentro del castillo que se encuentra más al norte de la región de Aldebaran se escuchan los sonidos de peleas: huesos crujir, tajos abrir carne y armas chocar unas contra otras. En todos los castillos se escuchan sonidos similares. Siempre combatiendo, siempre cayendo. Todos por si mismos.
Y entonces, se escucha una voz robótica y automatizada:
-El gremio Lancelot vs. El Mundo ha conquistado el castillo Hohenschwangau.
Todos se quedan con una cara de "Oh, ¡Dios mío!". Entonces sólo quedan cinco segundos antes de ser expulsados.
Cinco segundos.
Masaho y Angellore se sueltan y separan un paso. Sonríen.
Cuatro segundos.
El amado suelta un poderoso puñetazo con la mano libre al rostro de la amada. La amada suelta un poderoso puñetazo con la mano derecha al rostro del amado.
Tres segundos.
Ambos puñetazos son tan fuertes que las sienes y nudillos se deforman al momento del impacto.
Dos segundos.
Los dedos recuperan su forma original al igual que los rostros. Los cerebros rebotan dentro del cráneo y amenazan con tumbar al resto del cuerpo.
Un segundo.
Los nervios fallan, la vista se apaga, el cuerpo tiembla y desfallece. Comienzan a caer hacia atrás los dos. Ha sido doble knock out.
Y todos los que no son del gremio conquistador (el castillo entero excepto una persona) son tele transportados a sus puntos de guardado donde los reciben las atentas Kafras. Es entonces que el caballero y la herrera terminan de caer en la misma ciudad. Graciosamente, no caen del todo: por azares del destino terminan los dos sentados en el suelo y espalda con espalda. La gente a su alrededor los mira y ríe. ¿Cómo pueden esos dos estar en distintos gremios, pelearse tanto y encima amarse? Los humanos somos increíbles.
¡Mi reino por un corazón! Tristán III daría su reino por un día más. Daría todo por un día más de respiro.
La guerra ha acabado y ya es de noche. Blood, al parecer, no se emborrachará esta noche. Aprendió mucho este día y no quiere arruinarlo.
Ha pasado un buen rato desde la última vez que tomó de forma tranquila. Valsione, Eltosian y Angellore están a su alrededor. Charlan sobre la guerra, sobre la cacería y sobre la vida. Es la misma taberna de siempre, la de Comodo. Ahora se encuentran en una mesa redonda y jugando cartas. Sólo Blood está callada, pensativa. Mira su tarro de cerveza, el cual apenas lleva uno o dos tragos. La espuma trata de sonreírle sensualmente pero los ojos de la campeona están perdidos en el dorado líquido. A su alrededor la música suena y suena, la gente baila y baila. Es el ambiente de una acogedora fiesta; fiesta que todos los días en el maravilloso pueblo de Comodo. Fatal tragedia.
Las brillantes luces no cesan. Esas pícaras delinean cuerpos masculinos y femeninos por igual. Poco falta para que la ciudad de Comodo se convierta en un prostíbulo, en un centro de vicios, en un infierno. Pero ese poco son miles de años. La chispa humana nunca deja de sorprender: todos se tratan bien y se la pasan divirtiéndose. La idea es ser feliz, no hacer infelices a los demás.
El mar de gente y risas rodea a nuestra adorada campeona. Más, la muchacha sigue inmutada. Su mente vuela y vuela en recuerdos, entre planes de batalla y estrategias. Su cerebro trabaja a una increíble velocidad. Las transmisiones en su cabeza van y vienen, imitando al ritmo que se mueve su cuerpo. Fácilmente podría pararse, arrastrar a Valsione y Eltosian para bailar y olvidarse de todo (con protestas de ese último, como es obvio). ¡Pero no quiere! Pocas son las veces que piensa tan profundamente que no nota a los demás.
Los minutos pasan y todos sus sentidos están enfocados en ella misma. Su calor, su sangre, su sonrisa, su energía. Ver a alguien mejor que tú siempre te hace recapacitar, ¿pero ver alguien igual que tú? ¡Es rarísimo! Y es por eso que Blood anda tan rara. Sus amigos lo notan. No dicen nada. Bueno, sí, malditos metiches:
-Blood, ¿estás bien?
-Claro, ¿por qué preguntas?
La campeona sonríe de forma tan natural y falsamente. Tan perfecta la sonrisa que hasta Valsione duda si está bien. Lo duda, no lo sabe. Y lo incierto se contagia. Ahora todos se sienten extraños. Valsione, Eltosian y Angellore.
-¡Hola!- canta una voz grave y risueña. Todos voltean. La enorme sonrisa de Masaho los disipa del malestar. Al tiempo que el caballero agarra una silla solitaria y se sienta a lado de Angellore, Blood se levanta y lleva el tarro consigo sin decir palabra alguna. De nuevo, todos parpadean.
-¿Fue algo que dije?- se señala a si mismo el muchacho, sorprendido. Ya los demás le explican que la campeona anda rara, que no es su culpa.
Blood camina por la cálida arena y deja sus errantes pasos forjados en los granitos. Se aleja del bullicio, del ruido y de sus ideas. El aire de la costa es suave y la acaricia por todos lados sin vergüenza alguna. Ella suspira sin borrar su sonrisa.
Las estrellitas acompañan a la luna y viceversa. Tanta calma es capaz de hacerla llorar. Se abraza a si misma segundos después y con ello levanta sus pechos. Un amargo sabor le recorre la boca, se desliza por su mejilla y termina en la punta de los dedos de los pies. Sus nervios aún esperan recibir el dolor de las espadas de Masaho. Algo masoquista, sí, pero el dolor hace a uno más fuerte. ¿No fue eso lo que pasó con Eltosian y Seyren? El primero la hizo más fuerte de forma física y le dejó una cicatriz: una mancha que parece el producto de una pequeña explosión a quemarropa; es de un color rosa oscuro. Y el otro caballero le dejó el corazón perforado por un buen tiempo, tiempo en el que aprendió a endurecerse y ser más orgullosa. Actualmente, no hay herida. En un futuro se volverá a abrir pero por ahora no.
Ñam.
***
Empapada de sangre. De la suya y de sus compañeros. Le rodean una francotiradora, un asesino cruz, una maga de la alta hechicería, un herrero renacido y una alta sacerdotisa y Seyren. ¡Seyren! El lugar es oscuro y los cadáveres de sus amigos están esparcidos en el suelo. Valsione, Eltosian, Masaho, Angellore y gente que no conoce. El corazón se le quiere salir por la garganta. Sus temperaturas han ido bajado gradualmente… muriendo. Y ella no pudo hacer algo. Blood no pudo salvarlos. Está destrozada completamente… ¡Pero no se rinde! ¡Se levanta con su espíritu como único combustible! ¡Está hecha para resistir! Sus dientes rechinan de ira y sus lágrimas no dejan de salir; parecen de fuego. Docenas de heridas en su cuerpo y huesos rotos. No se rinde. Debe vengarse, debe salir adelante. Demostrará la campeona de que está hecha. Los tensos músculos, que a pesar de la sangre que ha perdido, siguen duros y listos. Ahora ruge, pero es un rugido de león herido. Salta contra Seyren; lo intercepta en el aire y le rompe el cráneo de un puñetazo. Sus sesos y fragmentos vitales salen dispersos por todos lados al tiempo que flechas, magias elementales y divinas, hachas y katares se le clavan en la espalda. Voltea con los mimos ojos rojos, inyectados de sangre y sedientos de dolor. El resto del pelotón enemigo termina igual que el caballero que tanto amó. Al final Blood cae de rodillas y lloriqueando como una pequeña. No más lágrimas, mi amor, no debes derramar más. Si vivimos por más de cien años, amiga, no más lágrimas.
***
Se levanta del suelo con un terrible chillido. Está empapada de sudor frío y de algunas lágrimas saladas. Su respiración está bastante agitada y el corazón le late a mil por hora. Se mira sus fuertes y delicadas manos. Están intactas y no hay líquido rojo. ¡Una terrible pesadilla! La peor de las peores. Peor que morir. Suspira… y mira a Valsione abrir la puerta.
-Buenos dí-
Y la campeona se levanta por completo y corre a su amiga. La abraza con bastante fuerza y terminan las dos en suelo de nuevo. La bioquímica parpadea, curiosa. Más, se limita a rodearle también con los brazos y apretar a la campeona.
No, Blood no está desnuda. No se emborrachó, ¿recuerdan? Las dos están vestidas y tranquilas. Blood está muy aferrada a su amiga y Valsione sólo le acaricia el cabello, la apapacha. No hace preguntas. Así se entienden ellas: sin decir palabras. Ambas son bastante orgullosas pero eso no les impide buscar refugio. Están cansadas de siempre esperar palabras bonitas y reconfortantes, así que aprendieron a sólo abrazarse y pasar el tiempo. Eso cura muchos males, ¿sabes?
El mundo no es suficiente.
Del otro lado, muy lejos, una persona que sí está desnuda, se levanta. ¡Es Masaho! Después de la tormenta de amor que tuvo con su novia, se levanta. Sus carnosos labios dan un dulce beso en la limpia frente de su adorada chica. La cobija con cariño usando la frazada… la arropa tapándola por completo, ¡porque ella también está desnuda! Entonces le piensa mejor… y la cubre tantito menos: desliza el cobertor hacia abajo y se muestra la silueta del busto de Angellore.
Lo primero que se nota al ver al muchacho, es su cuerpo… y su gran trasero. Es más delgado que Eltosian por unos milímetros pero es igual de atlético y musculoso que tal. Líneas marcadas adornan su cuerpo y también cicatrices. Heridas de batalla que Angellore delinea con sus dedos y labios cuando quiere jugar con su amado. Juntos se pelean, adoran y muerden.
Masaho mastica aire y suspira, después lo que hace es buscar sus bóxers. ¿Dónde andan? Recorre el cuarto varias veces y nada. No están por ahí. Pasea de nuevo por el suave piso de piedra, adaptando sus pies con facilidad ya que es su casa. La casa es amplia, más que la de Valsione y Blood. Todo es de piedra muy bellamente tallado y construido. Cuenta con la recámara principal, dos cuartos para huéspedes, un estudio con varios imponentes libreros; un área de entrenamiento que no tiene techo, parecido al de el gremio de espadachines. Cuenta con varias ventanas por toda la casa que iluminan bastante bien. Ellos dos son de disfrutar la luz del sol. Y el caballero sigue sin encontrar su ropa interior. Busca y busca y nada. Después de más vueltas, gira su rostro a una de las ventanas: los bóxers están colgados de una rama muy alta en un árbol de afuera.
¿Eh?
Frota sus ojos con ambas manos. Parpadea. Vuelve a frotar. Efectivamente, ahí están. ¿Cómo demonios llegaron ahí? Él es un lobo bastante loco. Más, a veces razonable, así que va a su cuarto y busca ropa nueva que ponerse. Pero, ¿para qué se molesta? Más noche terminarán de nuevo haciendo lo mismo y seguro otros bóxers colgarán del árbol.
Hojas secas afuera. Extrañamente, el otoño se aproxima más pronto que de costumbre. Hojas del color del oro, del atardecer, de la tierra y de la sangre.
A los pocos minutos sus bocas vuelven a caer.
Y del otro lado, de vuelta con Blood y Valsione.
-¿Mejor ahora?- pregunta la bioquímica aún algo preocupada. Las dos siguen en el suelo y abrazadas. Amigas de verdad. Blood asiente y suspira, poco a poco soltándose del enorme pilar de amor que se hace llamar Valsione. Rato después reanudan su día como si nada hubiese pasado.
Dime, luna (aunque sea de mañana) ¿qué piensas?
Todos se pierden a si mismos lentamente.
Ya no hay lágrimas ni pesadillas. No por hoy. Sólo sonrisas que indican otro día más.
