Kyoya escribía tranquilamente en su libreta, las cuentas y beneficios del Host Club pasando por su cabeza a la velocidad del rayo. Era su momento de paz.

Era.

-¡Kyoya! –una ceja comenzó a hacer un tic de irritación al ver la raya que había hecho en la libreta cuando Tamaki se había colgado de su brazo. Cerrando su libreta y alzando la cabeza Kyoya observó que todas las clientes estaban abandonando la sala, la hora de cierre del Host Club tocando en el gran reloj del instituto Ouran.

-¿Algún problema, Tamaki? –preguntó el vicepresidente, comenzando a meter su libreta en la mochila.

-Verás… tengo problemas con los ejercicios que nos han mandado de matemáticas, y estaba pensando que si esta tarde no estás muy ocupado podría pasarme por tu casa y me los explicas, ¿qué te parece? –Tamaki puso su cara de pena que convencía a casi todo el mundo. Casi. Kyoya ya había sido vacunado contra ella (de todos los años que había pasado con él, no por nada más).

-Nunca has tenido problemas con las matemáticas, ¿por qué quieres venir a mi…?

-¿Tamaki? Han sobrado éstas galletas, ¿qué quieres que haga con ellas? –Haruhi se acercó a los dos chicos con la bandeja llena de galletas en las manos.

-¡Déjalas en el almacén, querida Haruhi! ¡Así para mañana estarán tan frescas y deliciosas como la flor de juventud de...! –el fundador del Host Club continuó su retahíla de tonterías mientras Kyoya volvía a apuntar cuentas en su libreta y la chica se marchaba de su lado hacia el almacén de la Sala de Música nº3.

Pero a Kyoya no se le pasó el ligero color que se le subió a las mejillas a Tamaki al ver a la chica, y cómo casi tartamudea al principio de contestarle a su pregunta. Cerrando su libreta negra recogió su mochila y le dijo a Tamaki:

-Ven a mi casa esta tarde. A partir de las cinco.

Tenía una extraña sensación de que no iban a tocar el libro de matemáticas, sino que estaría toda la tarde escuchando los problemas de Tamaki con respecto a una chica plebeya.


Prometo que el próximo estará pronto y más largo :) ¡Confíad en mi!