N/A: Agradezco muchísimo los fav. y los follows que ha recibido el primer capítulo, así como también los reviews que animan a que siga la historia. De momento tengo ya siete capítulos escritos, por lo que actualizaré a menudo. Arigato!

Shingeki no Kyojin no me pertenece.

Advertencias: AU Riren.


El día siguiente amaneció exactamente igual que el anterior... O al menos para Eren. Encerrado en la cocina preparando el desayuno como cada mañana, el moreno estaba de buen humor, puesto que mañana era su día libre. Eren solo libraba un día al mes, pero para él ya era suficiente.

Cortando en rodajas el huevo duro y colocándolo sobre la tostada, Eren cavilaba sobre como aprovechar ese día. Podía llamar a sus amigos... Mañana sería sábado y podía llamar a alguno de ellos para salir. Hacía mucho que no salía de noche, y realmente le apetecía tomar un par de copas. La cuestión era con quien ir... ¿Con Reiner? ¿Con Connie? ¿Con Sasha? ¿Con Jean? ... Descartó la última opción, con Jean siempre se peleaba, y Sasha... Le caía bien, pero no para estar con ella toda una noche yendo de bar en bar... Lo mejor sería proponérserlo a Reiner y Connie.

Motivado ante esa perspectiva, salió de la cocina llevando consigo su desayuno y el de Levi. Atravesó el vestíbulo y entró en el comedor, en el cual Levi paseaba dando círculos y hablando por el móvil. Eren sorprendido, lo miró de reojo mientras colocaba con cuidado el desayuno sobre la mesa.

-... No podemos prescindir de su capital -dijo Levi contemplando su desayuno. Eren alzó el rostro y esta vez lo observó sin disimular; una persona cualquier hubiera jurado que era la perfección personificada, pero no Eren, él llevaba ya muchos años junto a Levi, y detalles como el traje desabotonado, la corbata sin estar del todo ajustada al cuello de su camisa, y los ojos crispados de ira contenida, le dijeron que algo iba mal-. Su inversión nos beneficia... Y las acciones han subido un 33%, no nos conviene... ¡No! ¡No hagas nada! ¿Entendido? Yo me encargaré de él.

Y dicho eso colgó la llamada. Eren se apiadó del hombre al que Levi iba a hacerse cargo; cuando este tomaba cartas en el asunto, nada bueno podía esperarse. Contrariado por ese contratiempo que le había surgido, Levi no disfrutó de su desayuno. Al percatarse de que el mayor estaba realmente fastidiado, Eren se preguntó qué habría ocurrido para que Levi estuviera tan molesto.

-¿Necesita algo?

La pregunta escapó de los labios de Eren sin pretenderlo. Asombrado por lo que acababa de decir, esperó incómodo a que Levi respondiera. Como era habitual, hubo un silencio en el cual el mayor tensó los labios y frunció el entrecejo sin disimular su molestia.

-No necesito nada de un mocoso como tú, ocúpate de tu trabajo.

Pese a estar acostumbrado a su frialdad, sus palabras se le clavaron en el pecho dolorosamente.

-Como usted diga -murmuró en voz baja agachando la cabeza.

Ante aquella muestra de docilidad, Levi se molestó todavía más. Sin decir nada, se levantó bruscamente y abandonó el comedor dejando a un Eren abatido recogiendo la mesa.


Una hora después, Eren recogía las hojas secas esparcidas por el jardín con el rastrillo. Al ser otoño, la tarea no resultaba tan tediosa como en verano, con el sol abrasándole la nuca y la espalda. El castaño buscaba distraerse realizando con esmero su tarea de limpiar el amplio jardín, pero las hojas secas no ayudaban a distraerlo. Se sentía estúpido. No entendía por qué seguía sintiéndose mal, se trataba de Levi... ¿Qué esperaba? ¿Una sonrisa acompañada de un "Te lo agradezco, Eren, pero no quiero molestarte con mis asuntos"? Ni en sueños sucedería eso... Y si conocía tan bien a Levi, ¿por qué le afectaron tantos sus palabras? Quizá por menospreciarle de esa manera... Le dejó bien claro que él solo era un simple trabajador, nada más. Y aunque en el fondo era verdad, escucharlo en voz alta fue más duro de lo que pensaba.

Si es que soy idiota -pensó mientras amontonaba las hojas en un rincón-. Estoy seguro de que quiere librarse de mí. En cuanto tenga algo de estudios, me buscaré otro trabajo y viviré en un piso normal y corriente .

Y así fue como Eren pasó la mañana, resentido con Levi y consigo mismo. Cuando terminó de barrer las hojas caídas, cortó el césped y regó las azucenas y los lirios rojos. Cuidar del jardín era una faena muy tediosa, pero por lo menos no se impregnaba con los olores de los detergentes que usaba para el baño y la cocina.

Por el mediodía, Eren se preparó la comida al tiempo que miraba de reojo las notícias en la pequeña televisión puesta en lo alto de la cocina. Necesitaba escuchar otra cosa que no fuera su propia voz dentro de su cabeza; a ese paso terminaría hablando solo.

Friendo las verduras, se dijo que debía llamar cuanto antes a Reiner y a Connie para quedar con ellos. Más que nunca necesitaba despejar su mente y olvidarse un rato de Levi y su monótona vida.

Sacando el móvil de su bolsillo, llamó primero a Reiner.

-¿Si?

-¿Reiner? Soy yo, Eren.

-¡Hombre, Eren! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal?

-Bien, bien. Oye, ¿te apetecería quedar mañana por la noche e ir de copas?

-No puedo Eren, el domingo tengo que madrugar. He quedado con Annie para entrenar, dentro de poco tenemos las pruebas de selección.

-Vaya... Pues nada entonces.

-Cuando termine las pruebas ya te avisaré, Eren.

-Claro, adiós.

El ánimo de Eren cayó en picado. Nunca hubiera dicho que Reiner renunciaría a salir de noche para entrenar. Suspirando, llamó a Connie rezando para que este estuviera libre, pero tampoco hubo suerte.

-Lo siento, Eren. El sábado tengo turno de noche, y no termino hasta las doce.

Eren colgó la llamada enfadado. ¿De qué le servía tener un día libre, si no podía disfrutarlo? Hastiado, recurrió al plan B; elegir una película y verla en el salón para pasar la noche. Pero la noche era muy larga... Lo más apropiado sería hacerse una maratón de alguna saga, sí, sería lo mejor. Era una suerte que el salón donde solían ver la televisión estuviera en el piso de abajo, por lo que no molestaría a Levi si este se iba a dormir temprano.

-Menudo planazo -comentó Eren irónicamente.


El sábado fue mal recibido tanto por Levi como por Eren. El primero todavía lidiaba con el "problema" que le había surgido el día anterior, su malhumor mantuvo al castaño alejado de él, y sin que este se enterara, Levi se fue a trabajar dejándolo solo. Eren se prohibió a si mismo deprimirse y para matar el tiempo, se puso en su portátil buscando nuevos programas o cualquier página de entretenimiento.

Al cabo de una hora y media, Eren se dio cuenta de que había llegado a su límite cuando se vio a si mismo viendo un vídeo sobre los océanos. Cerrando su portátil de golpe, se recostó en la silla entrelazando las manos en su nuca y cerró los ojos. Solo eran las 10:38 a.m. ¿Cómo podía pasar tan lento el tiempo? Cuando realizaba las tareas de la casa, la mañana transcurría a una velocidad alarmante...

Si me pongo a limpiar, quizá... .

Alarmado por ese pensamiento, Eren negó con la cabeza. Ponerse a limpiar implicaría el hecho de que su vida consistía exclusivamente en trabajar para Levi, y él no estaba dispuesto a que eso se convirtiera en una verdad absoluta.

Sin tener otra opción, cogió uno de los pocos libros que tenía, se echó en la cama y empezó a leer para evadirse un rato de la realidad.

No fue consciente de la hora que era hasta que el timbre de la puerta sonó repetidas veces. Molesto por dejar su lectura a medias, salió de su habitación y recorrió el pasillo a grandes zancadas con el sonido del timbre haciéndose más sonoro a medida que se acercaba. Bajó las escaleras y casi corriendo llegó hasta la puerta y la abrió. Una mujer alta, con el pelo castaño recogido en una cola y con gafas, sonrió excesivamente al ser recibida por Eren.

-¡Hange!

-¡Mi pequeño Eren! -y dicho eso lo envolvió en un efusivo abrazo que casi dejó al menor sin respiración.

Hange soltó a Eren bruscamente para seguidamente palmearle el hombro.

-¡Cuánto has crecido!

Si no la conociera, pensaría que le estaba tomando el pelo, pues no hacía ni un mes que se habían visto por última vez, pero acostumbrado a su extraña persona, Eren no le tomó importancia.

-¿Qué te trae por aquí? -preguntó dirigiéndose a ella tras cerrar la puerta.

-Me apetecía hacerle una visita a Levi.

Eren la miró extrañado. Que él supiera Levi solo recibía visitas de personas importantes, como inversores del banco en el que trabajaba o socios benefactores, es decir, sus reuniones se reducían a asuntos del trabajo. Por esa razón, se le hacía raro que Hange visitara a Levi sin un motivo aparente.

-Levi ahora está trabajando.

-¡Vaya! -exclamó la mujer desanimada-. ¿Y sabes cuando volverá?

-Suele llegar a las cinco de la tarde, pero quizá regrese más tarde, creo que está ocupado con algunos asuntos del banco -respondió recordando la conversación que escuchó el día anterior.

-¡Qué pena! Y yo que quería que el enano me escuchara.

Eren no supo qué decir. Oír a Hange llamar "enano" a Levi era algo con lo que no se acostumbraba, como también el que le llamase "amargado" o "maniático de la limpieza". A día de hoy, Eren seguía preguntándose como Hange podía seguir con vida.

Absorto en sus pensamientos, no se percató de que la mujer se le había acercado demasiado y que en su rostro tenía una sonrisa muy acentuada y los ojos brillando de emoción contenida.

-Oye, Eren... -dijo con una voz más grave de lo normal.

-¿Si?

No le gustaba que se le acercara tanto, a veces daba verdadero miedo, sobretodo cuando ponía esas expresiones de locura.

-¿Verdad que tú me escucharás? Levi no está, pero te tengo a ti...

Eren dudó. Sonaría muy irrespetuoso decirle que no le apetecía oír algunas de sus descabelladas locuras, pero tampoco tenía nada mejor que hacer, así que terminó aceptando pese a que no lo hizo con mucho entusiasmo; Hange sin embargo, con el "sí, claro" tuvo suficiente, y con un grito triunfal saltó de alegría, cogió a Eren por la muñeca y lo condujo hasta el comedor.

En aquella ocasión, Hange no le contó ninguna de sus locuras habituales. Al parecer le habían ofrecido un empleo en un laboratorio para experimentar con un nuevo virus. Eren felicitó a Hange, y esta desprendiendo un euforia enfermiza, empezó a usar su lenguaje científico, explicando los componentes del virus, las formas de rebatirlo y una infinidad de términos que Eren no había oído jamás. No obstante, en ningún momento cortó su monólogo, pues aunque no entendiera absolutamente nada de lo que oía, era mejor asentir con la cabeza y mantener la vista fija en Hange que cortarla y preguntarle por el significado de cada concepto; si hacía eso, corría el riesgo de que su explicación se alargara por horas, y Eren tenía su propio límite.

-¿¡No te parece fascinante!? -preguntó Hange con las mejillas ardiendo.

-Totalmente -respondió Eren, asintiendo repetidas veces.

Un grito de total éxtasis resonó por todo el comedor, levantándose de la silla, y con los brazos alzados, Hange continuó con su monólogo. Eren se estaba arrepintiendo de haberla dejado entrar, no se podía decir que Hange estuviera muy cuerda, pero aquello rozaba ya lo demencial.

Observándola con la boca entreabierta y algo temeroso, se preguntó una vez más como una mujer como Hange podía ser amiga de Levi. Por lo que tenía entendido, Levi no la apreciaba tanto como para denominarla "amiga", pero sí era cierto que se conocían desde hacía muchos años, incluso cuando él se mudó a vivir a esa mansión con diez años, Levi y Hange ya se conocían por aquel entonces.

Otra pregunta asaltó su mente mientras veía como un rastro de saliva escurría por la barbilla de esa mujer.

Me gustaría saber cómo se conocieron -pensó con la mirada perdida. No era muy agradable ver como Hange salivaba exageradamente-. En verdad, no se parecen en nada. Levi es serio, formal, elegante, frío ... En cambio, Hange... Es la locura personificada .

Los gritos de Hange ya no resonaban tan fuertes en sus oídos, y sumergido en sus cavilaciones, su mente visualizó a Levi vestido con su traje negro y su corte de pelo militar.

Ahora que lo pienso... Aparte de Hange, no tengo constancia de que Levi tenga otros amigos. Bueno, está Furlan, pero no lo veo desde hace tiempo... ¿Seguirán siendo amigos? ¿Y Petra? Después de lo que ocurrió dos años atrás... No sé si siguen en contacto, y si es así, no la he visto nunca en está mansión... .

Las horas pasaron a gran velocidad sin que Hange ni Eren lo notasen. Mientras la castaña no cesaba de hablar sobre sus experimentos, el menor se hallaba absorto en sus pensamientos sobre Levi y su vida privada.

El sonido del motor del porsche de Levi llegó a oídos de Eren, quien levantó la cabeza aliviado de que este hubiera vuelto al fin. Al parecer Hange no había oído nada. Impaciente, esperó a que Levi entrara en el comedor y le librara de ella. Un minuto después, el mayor entró con una mueca de fastidio en el rostro.

-¡Maldita loca! Tus gritos se escuchan desde el vestíbulo.

-¿Eh? -desconcertada por esa voz, Hange calló, volteó el rostro y abrió los ojos sorprendida-. ¡Levi!

-¿Se puede saber qué haces aquí? -preguntó molesto mientras se quitaba la chaqueta y se aflojaba la corbata. Eren no le quitaba el ojo de encima.

-¡Vine a verte, pero no estabas! -exclamó ofendida.

-Tsk, sabes que siempre trabajo por las mañanas.

-Se me olvidó, así que Eren tuvo que reemplazarte.

Levi dirigió su mirada al castaño, descubriendo que este le había estado observando atentamente.

-Me sorprende que haya alguien capaz de soportarte más de cinco minutos -comentó en tono despectivo.

No era del todo cierto, si bien Eren soportó a Hange, se la pasó todo el rato pensando en Levi... Al reparar en ello se sonrojó ligeramente. Bajando la mirada, rezó para que el mayor no lo hubiera notado.

-¡Tú también me soportas! -exclamó esta sin sentirse ofendida por su "amigo"-. ¿Puedo explicarte en qué consiste mi nuevo trabajo?

-No, no me interesa lo más mínimo -dijo Levi severamente.

Eren se sorprendió ante las duras palabras del mayor, tampoco era necesario hablarle así. Pero lejos de molestarse, Hange con las manos entrelazadas sobre la mesa, sonrió de forma sádica.

-Veo que sigues adoptando esta actitud tuya tan cerrada -murmuró mientras observaba el techo despreocupada-. Y pensar que tu madre te llevó al psicólogo para que mejoraras tu carácter.

Eren ahogó un grito al enterarse de tal revelación. Atónito, miró a Levi, cuyos ojos grises ahora destellaban puro odio hacia Hange. Esta se limitó a sonreír descaradamente.

-¡Cuatro-ojos de mierda! -bramó Levi realmente enfadado-. ¡Hazme un favor y desaparece de mi vista!

-Eren, ¿quieres saber cómo nos conocimos él y yo? -preguntó Hange ignorando completamente a Levi.

-¿Eh? Pues... -vaciló al encontrarse con la mirada amenazante del mayor. Sentía curiosidad, pero al mismo tiempo su instinto le decía que se mantuviera callado.

-Verás, hace tiempo... -empezó Hange sin temor a perder su vida y sin esperar respuesta por parte de Eren. Levi conteniéndose para no pegarle, salió del comedor con un alarido de rabia; el castaño aún sin poder creerlo, siguió con la mirada a Levi para luego prestar toda su atención en Hange-. ... Cuando contaba con quince años, mis padres decidieron llevarme al psicólogo por mis frecuentes arrebatos de ira y euforia. Realmente estaban muy preocupados por mí, me decían que les asustaba, ¡su propia hija les asustaba! ¿Puedes creerlo? Pensaba que eran paranoias suyas, pero cuando mis compañeros afirmaron que en verdad yo les daba miedo... No me quedó más remedio que acudir al psicólogo... Como puedes apreciar, era una niña incomprendida...

Mucho me temo que ellos tenían razón .

-... Las terapias fueron un desastre, mi psicóloga y yo no nos entendíamos, o más bien ella no me entendía a mí. Yo simplemente no necesitaba esa terapia, pero como no podía ir en contra de mis padres, tuve que seguir yendo.

Lo que viene a ser un dinero bien invertido -pensó Eren con ironía .

-... Al cabo de unos meses de haber empezado, a la psicóloga se le ocurrió la idea de hacer una terapia colectiva con otros pacientes. Si mal no recuerdo, eramos unas diez jóvenes... ¡Y de entre esas personas se encontraba Levi! Aunque era muy joven tenía la misma cara de amargado que ahora... No ha cambiado nada...


13 años antes...

-Ahora os presentaréis uno por uno, y explicaréis el motivo por el que estáis aquí -informó la psicóloga rodeada de sus diez pacientes.

Hubo un tenso silencio. Cada paciente tenia la vista clavada en un punto diferente, no parecía serles de su agrado compartir sus "problemas" personales con otros desconocidos. Hange decidió empezar ya que el silencio la estaba aburriendo.

-Hange Zoe, quince años, adolescente incomprendida.

Todos los pacientes giraron la cabeza hacia ella. La castaña sonrió, nada incómoda por tener nueve pares de ojos mirándola.

-Bien, Hange. ¿Por qué te sientes incomprendida? -preguntó la psicóloga.

-Nadie quiere escuchar mis teorías científicas -respondió encogiéndose de hombros.

La psicóloga suspiró. Esa chica no era consciente de que su problema no era ese. Mirando su libreta, decidió animar a otro paciente a presentarse.

-Levi, ¿por qué no te presentas?

El aludido, quien mantuvo en todo momento la vista desviada de ese círculo de pacientes, clavó sus afilados ojos en aquella mujer. Tras dedicarle la peor de las miradas, dijo:

-Me obligaron a venir.

Otro abrumador silencio se hizo patente entre ellos. Levi no vio necesario presentarse de otra forma; lo dicho era cierto. Su nombre ya había sido nombrado y su edad no les incumbía a los demás.

Inmediatamente Hange sintió curiosidad por ese chico. Él también fue obligado por sus padres a acudir al psicólogo. ¡Ya tenían algo en común!

-Lo que Levi quiere decir, es que le cuesta relacionarse con las personas, es muy cerrado y solitario, ¿verdad?

Este no respondió. Prácticamente se pasó toda la terapia callado, sin intervenir en ningún momento. Hange se dijo que cuando terminasen la terapia, iría a hablar con él.


-... Apuesto a que Levi no esperaba tener una amiga como yo. No sabría decir por qué, pero desde el primer momento me cayó bien -dijo la castaña con nostalgia-. Como has podido comprobar, la terapia no hizo ningún efecto en Levi, sigue siendo el mismo amargado de siempre.

Eren sonrió al escuchar esa verdad. Se le hacia extremadamente difícil imaginar a Levi sonriendo y rodeado de amigos, y pensándolo fríamente, comprendía que su madre lo llevara al psicólogo.

-¿Qué te ha parecido? -preguntó Hange.

-Es bastante sorprendente. A decir verdad, casi no sé nada sobre la vida de Levi -dijo Eren con pesar.

Lejos de sentir lástima por él, Hange sonrió macabramente.

-No me importaría revelarte más detalles de su vida, pero si Levi llegara a enterarse de eso, estoy segura de que me prohibiría volver a pisar esta mansión.

-Sí, yo también lo creo -coincidió el castaño.

-¡Eren, no pierdas la esperanza! -exclamó Hange poniéndose en pie y con los ojos muy abiertos. Este se sobresaltó ante ese nuevo arrebato de euforia-. ¡Pronto! ¡Muy pronto Levi dará el paso! ¡Créeme! ¡Se paciente!

El menor la miró sin comprender. ¿Dar el paso? ¿De qué estaba hablando? Quiso preguntar, pero Hange ahora se contenía para no reír, o quizá quería decir más y algo se lo impedía. Eren ya había tenido suficiente por ese día; Hange realmente agotaba todo su ser.

-Ya me entenderás -dijo esta guiñándole un ojo. Sentándose de nuevo, su tripa rugió-. ¡Qué hambre tengo! ¿Qué hay para cenar?

-¡¿Eh?!