N/A: Gracias por sus amables comentarios. Espero que este nuevo capítulo mantenga su interés en esta historia.
Capítulo 2
La recepcionista levantó la cabeza para ver a la persona que acababa de acceder a la estancia. Sonrió al reconocer a la mujer que se dirigía hacia ella.
—Buenos días, doctora Lewis.
—Buenos días —respondió sonriente—. Tengo una cita con el Ash.
—Sí. Un momento, por favor.
Luego de revisar su agenda y verificar los datos, la recepcionista pulsó el botón del interfono para avisar al Ash que la doctora ya se encontraba ahí.
—La recibiré en un momento —dijo la voz del otro lado de la línea.
La recepcionista la invitó a tomar asiento, pero en ese momento se volvió a escuchar la voz del Ash.
—Haz pasar a la doctora Lewis, por favor.
Lauren ingresó al amplio despacho del Ash. Respetuosamente se detuvo a una distancia prudente y se arrodilló.
—Buenos días, Ash.
Hale se puso de pie y caminó hacia ella.
—Buenos días, Lauren. Puedes ponerte de pie —autorizó, cruzando las manos detrás de la espalda—. Como Ash, tengo que estar enterado de todo lo que sucede con mi gente y también con los esclavos. Te he citado hoy porque he revisado tu expediente y he comprobado lo que más o menos sabía antes de ser nombrado Ash: no solamente nos salvaste de la extinción, sino que tus investigaciones han resultado muy importantes. En el tiempo que llevas con nosotros has laborado incesantemente y tus logros son impresionantes. Sin duda, has sido una muy buena adquisición.
Lauren le escuchaba sorprendida. Era la primera vez que le reconocían su trabajo. Sin embargo, se mantuvo imperturbable.
El Ash empezó a caminar lentamente de un lado a otro frente a la doctora. Totalmente abstraído en sus pensamientos, pareció haberse olvidado de que Lauren estaba ahí. De pronto se detuvo y la encaró.
—Mírame a los ojos, Lauren —ordenó.
La doctora levantó la mirada y la clavó con seguridad en los ojos del Ash, que la veían con fijeza. Un par de segundos después, el hombre frente a ella formuló una pregunta inesperada y desconcertante:
—¿Tú sabes lo que puede pasarte si intentas escapar?
—Sí. Pero yo no…
—No lo has intentado, lo sé. —La interrumpió el hombre, levantando una mano—. ¿Pero qué harías si tuvieras la oportunidad de huir de aquí?
—No negaré que deseo volver a mi mundo; pero siendo libre, Ash. Sin la sombra amenazante de los faes sobre mí. Vivir con el temor de que me apresen o me maten y andar huyendo constantemente y desconfiando de todo y de todos, no sería vida. Eso lo sé muy bien. En ese caso, prefiero seguir aquí.
Sin apartar la vista de los ojos de la doctora, Hale movió negativamente la cabeza.
— Aunque, de manera personal, me gustaría permitirte volver a tu mundo sin que fueras perseguida, lamentablemente no es posible darte la libertad. Pero quiero recompensarte por tu trabajo… —El Ash hizo una breve pausa—. ¿Podría confiar en que regresarás si te doy un permiso para que tomes unas vacaciones donde tú elijas?
Esta vez Lauren no pudo contener una sonrisa de alegría.
—¡Claro que sí, Ash! Puedo prometerlo —afirmó con entusiasmo.
El Ash caminó hasta su escritorio. Deteniéndose junto al mueble, se volvió a mirar nuevamente a Lauren.
—Me agrada escuchar eso. Al ofrecerte estas vacaciones, pienso en un beneficio mutuo. Tú necesitas descansar y nosotros necesitamos que tu mente esté al cien por ciento para que sigas con tus investigaciones.
—Gracias. Permiso para preguntar. —Cuando Hale asintió, Lauren formuló su pregunta—: ¿De cuántos días dispondré?
—Creo que estos ocho años de servicio bien merecen dos meses de vacaciones.
—¡Dos meses! —Lauren esperaba recibir una semana o tal vez quince días, como máximo, pero dos meses le pareció algo fabuloso y lo demostraron su amplia sonrisa y sus brillantes ojos.
—Sí. Empezarán a contar a partir de mañana. ¿Adónde irás?
—No lo sé. Esto ha sido tan inesperado… No sé —levantó los hombros y movió la cabeza en señal de indecisión—. Sólo deseo mucho sol y aire puro.
—Quiero que sepas que no estarás limitada al interior del país. Si deseas viajar al extranjero, puedes hacerlo. Te daré tu pasaporte, el cual deberás devolverlo al regreso de tu viaje. Está en este sobre…, junto con un obsequio personal de mi parte. —Hale tomó un sobre de su escritorio y se lo ofreció—. Que lo disfrutes. Puedes retirarte.
— Gracias, Ash. Adiós. —Tomando el sobre, y después de volver a inclinarse en señal de respeto, Lauren salió de la oficina. La doctora se sentía sumamente contenta. Sacó su teléfono para llamar a Bo, pero cambió de opinión. Una noticia así no podía darse por teléfono. Esperaría a que su novia regresara a casa.
Inmediatamente después de que la puerta se hubo cerrado tras la doctora, otra puerta se abrió en la oficina del Ash, dando paso a la Morrigan.
—Muy bien, Hale, has estado muy convincente. Me marcho; pero recuerda que todavía quedan cosas pendientes. —La hermosa mujer sonrió, guiñándole un ojo.
Hale le dirigió una mirada llena de furia y apretó los puños. La Morrigan lanzó una suave carcajada y se dirigió tranquilamente hacia la salida.
—Calma, Hale. No pediré algo fuera de tu alcance. Y mi silencio lo vale. Hasta pronto.
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Kenzi miró a Bo de hito en hito. La noticia la tomó por sorpresa. Ni por un segundo había pensado en que decidiera casarse con Lauren.
—¡Có…! ¡Qué…! ¡Cu…! ¡¿Serio?! —Los ojos de Kenzi estaban a punto de desorbitarse.
—Totalmente en serio —afirmó Bo, sonriendo divertida ante la cara de asombro de su amiga—. Deseo que Lo se sienta completamente segura de mi amor por ella. Que sepa que no voy a dejarla por nadie más… Y que no quiero que ella me deje.
—¿Cómo puedes pensar que te va a dejar? ¿Por quién? No, sucubito. Eso es totalmente imposible. Pero…, Bo —Kenzi levantó las cejas, en gesto de preocupación—, ¿no has escuchado aquello de que el matrimonio es la tumba del amor?
—Sí, pero es un chiste. La verdadera tumba del amor es la rutina. Y nosotras no caeremos en ella.
—No olvides eso. —Kenzi cruzó los brazos sobre la mesa—. ¿La doc te ha hablado de casarse?
—No, pero espero que acepte —hizo una pausa y su expresión se tornó dubitativa. Tras una breve vacilación agregó nerviosamente—: ¿Crees que no acepte?
—Tranquila. Bo-Bo. Estoy segura de que aceptará. La doctora Hotpants te adora.
Bo rió nerviosamente.
—Tal vez te parezco ridícula o cursi.
Kenzi movió la cabeza negativamente, mirándola directamente a los ojos.
—Lo que me pareces es una mujer realmente enamorada. Convencida de lo que quiere, y me alegro por ti. —Se inclinó hacia ella, en actitud confidencial—. Dijiste que seré tu cómplice, ¿qué quieres que haga?
Bo sacó una linda cajita roja del bolsillo de su chaqueta y lo puso sobre la mesa.
—Ayúdame a planear cómo entregárselo.
—¿Es lo que creo que…? — Kenzi abrió la cajita y dejó al descubierto un primoroso anillo de compromiso, cuyo diamante lanzó hermosos destellos al recibir la luz—.¡Owaowaaahh! ¡Es una belleza, Bo-Bo! ¡Wow!
—¿De verdad te gusta? No sabía cuál podría gustarle a Lo.
—Bo-Bo, el anillo es divino y le encantará; pero más que el anillo en sí, lo que significa. Tranquila. A ver, planeemos qué haremos. Aunque creo que si se lo entregas en un mortero ella se sentirá muy feliz.
—¡Kenzi! —reprochó Bo cariñosamente.
—No, ¿verdad? Bueno, pensemos en algo menos original que eso. Y también deberemos estar preparadas por si a la doc le da un patatús de la emoción.
Las dos amigas se dedicaron a idear un plan y finalmente estuvieron de acuerdo. Mientras llegaba el momento, Kenzi guardaría el anillo para que ninguna circunstancia fortuita les echara a perder la sorpresa.
—Bo-Bo… —Kenzi vaciló antes de manifestar su inquietud—, esto no cambiará mi situación, ¿verdad? ¿Podré seguir viviendo aquí?
—Tú siempre serás mi hermana menor y jamás perderás mi protección, Kenzi. Puedes seguir viviendo aquí o con nosotras, como prefieras. En el departamento de Lauren hay una habitación extra y ella te ha dicho que es para ti. No lo olvides.
Kenzi suspiró aliviada. No le habría gustado tener que alejarse de este que ya consideraba su propio mundo y volver a su vida incierta y sin rumbo de antes. Poco después, Bo se despidió de Kenzi y pasó al Dál Riata a saludar a su abuelo.
—¡Hola! ¿Todo bien, Trick?
—Hola. Sí. Demasiado tranquilo, pero el negocio va bien. ¿Cómo estás?
—¡Feliz! Esta noche nos tendrás por aquí.
—¿Celebrando algo?
—Sí. ¡El amor, Trick! —exclamó Bo con una amplia sonrisa—. Nos veremos.
Bo salió del bar. Un hombre que vendía flores en la calle se dirigió de inmediato hacia ella. Bo se detuvo sonriendo. «A Lo le gustarán», pensó, y compró un bonito ramillete. Abordó su auto y repentinamente, el recuerdo de Dyson surgió en su mente como un relámpago. Sintió un apremiante deseo de verlo y enfiló hacia la comisaría. Su teléfono sonó.
«¡Dyson!», se asombró con la coincidencia.
—Dime, Dyson.
—¿Dónde estás? Tengo que hablar con Trick y quiero que estés presente
La súcubo se estremeció con el sonido de la voz varonil.
—Estoy a dos calles de la comisaría. ¿De qué se trata?
—Te lo diré en el Dál.
—Está bien. Te veré allá. Dyson.
—Dices que andas cerca de la comisaría. ¿Puedes pasar por mí? Así te pondré al corriente durante el trayecto al Dál.
Bo estuvo de acuerdo y el lobo finalizó la llamada. Unos minutos después, Bo divisó a Dyson esperándola fuera del edificio. Cuando ella detuvo el auto junto a la acera, él se acercó rápidamente.
—Vamos al Dál Riata —dijo, abriendo la puerta y después de quitar el ramillete de flores, se sentó. en el asiento del copiloto.
—¿Flores para Lauren? —preguntó hoscamente.
—Las pondré en el asiento de atrás —dijo Bo, eludiendo la pregunta,.
Al tratar de tomar el ramillete, su mano tocó la de Dyson y se estremeció como si hubiese recibido una pequeña descarga eléctrica. La necesidad de sexo la asaltó súbitamente, mientras que a Dyson, el suave roce con la piel de Bo lo excitó sobremanera
Impulsivamente, ambos se acercaron hasta fundirse en un beso febril, voraz, exigente. Parecían fieras queriendo devorarse, mientras sentían que una llamarada de deseo quemaba sus cuerpos.
—Arranca el auto y vamos a otro lugar —ordenó Dyson, entre ardientes caricias.
Temblando y con la respiración agitada, Bo le obedeció.
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Muchas horas más tarde, Kenzi había agotado varios vasos de vino y también su paciencia ante la barra del Dál Riata. Bo y Lauren no aparecían y Bo no contestaba sus llamadas. De no ser porque ella tenía el anillo de compromiso, habría pensado que su amiga le había jugado una broma. En algún momento tuvo la tentación de llamar a Lauren, pero se abstuvo, temiendo ser indiscreta. Continuó esperando hasta que llegó la hora de cerrar el local, entonces se despidió de Trick y regresó a la casa.
«Bo-Bo, tendrás que darme una muy buena explicación por este plantón. ¡Uh-hu!».
N/A: Gracias por su tiempo. Hasta la próxima.
