Disclaimer: La historia original y personajes pertenecen a J. K. Rowling
He hecho este capítulo más corto para darle dinamismo a la historia, en vista de que el anterior me quedó algo largo.
Y ya tengo 1 review! Gracias a la amable amtorop, muchísimas gracias de verdad ^^
Y gracias a la poca, pero valiosa gente que sigue mi historia ^^
CAPÍTULO 2: DE LECCIONES
Enervate
Hermione sintió el viento acariciando sus manos, brazos y mejillas. Había estado soñando, aunque solo recordaba trazos difuminados y sensaciones imprecisas. En tan sólo dos segundos le pareció que volvía a soñar y a despertar 5 veces, ya no estaba segura de lo que era sueño o realidad. Ese estado hipnótico era tan cómodo y agradable que no le preocupaba no volver al mundo.
Aguamenti
Un vacío en el estómago, una presión en el pecho, toda ella era velocidad, iba más rápido y sólo podía sentir miedo a la colisión.
La fuerte contracción de su corazón resultó dolorosa y disipó todo rastro de sueño. Poros erizados, corrientes eléctricas por su espalda, frío en la piel.
Abrió los ojos bruscamente, empapada y con el corazón en la garganta. No entendía nada, pero en unos instantes toda la información volvió a su cerebro: se llamaba Hermione Granger, bruja, iba al colegio Howarts de Magia y Hechicería, luchaba contra Voldemort con Harry Potter, un mortífago la había perseguido, le había escupido en la cara a Draco Malfoy y.. Desmaius, Enervate, Aguamenti.
Seguía en el bosque de la noche anterior, pero el sol se acercaba a la línea del horizonte, atardecería en breve.
Y allí estaba él. Hermione sintió ira hirviendo en su interior cuando lo vio varita en mano con su imperturbable gesto de superioridad. Con tanta mezcla de sensaciones no sabía ni qué decir.
-¡¿Qu-qué crees que estás haciendo?
-Lavarte, lo siento pero tu olor era francamente molesto –respondió divertido, apartando la varita.
-¡¿Cómo te atreves! Eres un.. un.. ¡estúpido!
-Intentaba hacerte un favor, aunque parece que el hedor a sangresucia repele el agua.
Qué seguro se siente con la varita.. –pensaba Hermione- es más venenoso que una víbora.
-Eres un asqueroso cobarde Malfoy, no has cambiado nada. Sabes perfectamente que si tuviera mi varita no durarías cinco segundos en pie.
-No me hagas reír, ¿quieres? Una rata de biblioteca contra un mortífago, no tendrías la más mínima posibilidad contra mí.
Hermione no pudo reprimir la carcajada.
-Sí, un mortífago fugitivo. Si te cogen los míos te encerrarán en Azkaban. Si lo hacen los tuyos primero, morirás sin más.
Draco la fulminó con la mirada, pero la morena no se amedrentó.
-Parece que no haces nada a derechas, Malfoy. No es que te creyera inteligente, pero sí suficientemente egoísta y astuto como para saber salvar tu culo. Y ahora mírate, renegado del mundo. Incluso yo estoy más segura que tú.
-Cuanto desparpajo para estar completamente indefensa. –Esbozó una cruel sonrisa mientras daba lentos pasos trazando un círculo imaginario alrededor de la chica- ¿O acaso habías olvidado que tu suerte depende de mí? Siempre había pensado que ese tan alabado "valor" de los Gryffindor era de idiotas, y gracias a ti, ahora tengo la certeza.
Everte Statum
Hermione sintió un fuerte golpe y salió despedida, aterrizando violentamente cuatro metros más allá. Su delgado cuerpo se resintió con la caída, pero la lágrima que rodó por su mejilla fue causada por el agudo dolor que atravesó su tobillo. Se lo había fracturado al caer por la ventana de casa de Bathilda y lo había olvidado. No pudo evitar chillar y rodearse el pie con ambas manos, intentando que el dolor remitiera.
-Primera lección de supervivencia Granger: esa bocaza que tienes te pierde, hay que aprender a callar.
Hermione intentó ignorarlo, ya bastante tenía con su pie como para escuchar las sandeces del engreído de Malfoy. Pero él continuó.
-Sin embargo..
Que se calle, que se calle de una condenada vez.
-..si estuvieras dispuesta a arrepentirte…-Siguió diciendo mientras se acercaba a donde ella estaba. La Gryffindor no lo miraba, pero escuchaba el crujir de la hojarasca cada vez más próximo. ¿Arrepentirse? Ese idiota debía haber perdido el juicio.
-.. podría curarte ese pie.
Los ojos de la castaña se agrandaron. Curarla. El dolor desaparecería. Alzó la mirada y se encontró con la gris de Draco fija en ella. No era fácil sostener un cruce de miradas con los fríos ojos del rubio, pero Hermione se mantuvo firme hasta que él habló.
-Trágate el orgullo Granger.. el dolor cesará, te lo prometo. Tan sólo.. pide perdón. –El mortífago se regocijaba al tenerla entre la espada y la pared.
-Nunca. –La palabra se escapó de la boca de Hermione sin que le diera tiempo a pensarla.
-¿Segura? –Quería torturarla, insistiría todas las veces que hiciera falta hasta que se rindiera.
Pequeñas gotas de sudor resbalaban por la frente de la Gryffindor. No aguantaba más. Pero no quería disculparse por nada del mundo.
Por otra parte, con el tobillo así, aun suponiendo que aguantase el dolor, sus posibilidades de robarle la varita a Malfoy y huir pasaban de escasas a nulas. Deseó que hubiera otra opción, que algo apareciera y la ayudase. Por supuesto, nada ocurrió.
Soltó un suspiro entremezclado con un gemido, volviendo la vista al suelo, y Malfoy amplió su sonrisa al ver que iba a claudicar.
La Gryffindor intentaba auto convencerse: Sólo dilo, no lo pienses, suéltalo.
-L-lo.. lo s-siento. –masculló.
Malfoy se quedó quieto mientras la humillación de la chica iba en aumento. Y lentamente se agachó, la cogió por la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos. Las mejillas de ella se encendieron todavía más, de ira, indignación, y sobre todo, de vergüenza.
-Disculpa, creo que no te he entendido. ¿Te importaría repetirlo? –Dijo vocalizando lentamente, escrutando la expresión de Hermione.
Estúpido idiota arrogante, imbécil vanidoso y despreciable…
Draco se vigorizó al ver las chispas de odio que despedían aquellos ojos miel.
-L o s i e n t o. –Su voz contenía la misma rabia que sus ojos.
Malfoy sonrió complacido.
-Aprendes rápido Granger. Tu premio por portarte bien: Episkey.
La fractura de su tobillo sanó y dejó de doler al fin, pero el mortífago había lacerado su orgullo intensamente. Y no se contentó con eso.
La mano del Slytherin se enredó delicadamente en el cabello castaño, atrayendo hacia sí la cabeza de una desconcertada Hermione. Ésta sintió los labios de Malfoy casi rozando su oreja. Su cuerpo entero se estremeció al notar su cálida respiración, y al rubio no le pasó inadvertido el detalle. Tras unos instantes susurró: buena chica.
Hermione pensó que era lo más denigrante que le habían dicho en su vida. Olvidando el sacrificio que acababa de hacer, dejó que la cólera se apoderara de ella y se abalanzó sobre el Slytherin para arrebatarle la varita.
La súbita reacción cogió desprevenido a Draco, que al estar acuclillado perdió el equilibrio y cayó hacia atrás bajo el peso de la castaña.
A ver la mano de Hermione buscando la suya propia se dio cuenta de lo que pretendía y estiró el brazo con el que sujetaba la varita por encima de su cabeza. La Gryffindor se pegó a él todavía más para intentar alcanzar el objeto, pero le costaba porque Malfoy era mucho más alto, y por tanto, tenía el brazo más largo.
Ni siquiera forcejando pudo Draco dejar de provocar a la chica.
-Vaya Granger, no esperaba que un simple suspiro en la oreja te volvería tan ansiosa.
Hermione recordó el vergonzoso momento y volvió a ruborizarse, abochornada y rabiosa.
-Espero que no hables enserio, preferiría revolcarme en basura antes que fijarme en un engreído, elitista y estúpido como tú.
-Seguro que ya te revolcaste con el pobretón en su pocilga, ¿eso no cuenta?
Acordarse de Ron no la ayudó a ponerse de buen humor. Y menos oír su nombre en los labios de esa sucia serpiente. Ojalá él estuviera allí con ella, si no los hubiera abandonado nada de eso habría pasado.
Aprovechando las bajas defensas de la Gryffindor, Malfoy la tiró a un lado y subió encima de ella, hundiéndole la varita en la garganta. Hermione se quedó quieta observando esa mueca de asco tan típica de Malfoy.
-Vuelve a intentarlo y correrás la misma suerte que Crabbe. No me hagas enfadar sangresucia, porque no me faltan ganas de ponerte en tu sitio.
Hermione no respondió, intentaba pensar en Ron para olvidar que tenía a Malfoy encima . No soportaba el contacto con el Slytherin. Ni su olor. Porque el muy imbécil olía condenadamente bien, y la castaña se negaba admitir que tuviera cualquier rasgo atractivo.
El mortífago la miró con desprecio y superioridad antes de levantarse, dejándola echada entre la maleza.
-Está oscureciendo, levántate y ayúdame a encontrar un lugar donde pasar la noche. Y los hostales muggle están descartados. –imperó Malfoy.
-¿Y en dónde pretendes dormir entonces, en una cueva? –Farfulló Hermione, irritada por el tono arrogante del Slytherin.
Lo que no esperaba es que Draco tomase la sugerencia enserio. Tras una desaparición conjunta, se encontraron en el interior de las cuevas de Wookey Hole.
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Se maldecía una y otra vez. Tenía que haberse quedado con ella, aunque Malfoy los atrapara, al menos estarían juntos y no tendría esa horrible sensación de haberla abandonado.
Ahora estaba solo, dentro de la tienda de campaña que sacó del pequeño bolsito de cuentas encantado de su amiga, con el libro "Vida y mentiras de Albus Dumbledore" entre sus manos, sin decidirse a leerlo.
Al final lo abrió por la mitad, tampoco tenía nada mejor que hacer.
Se quedó estupefacto con lo que leyó. ¿Dumbledore amigo de Grindewald? ¿Dominar a los muggles por "el bien mayor"? ¿Encerrar a su propia hermana por ser una squib?
Ése no era el Dumbledore que conocía, él nunca le había hablado de nada así. Podían ser mentiras inventadas por Rita Skeeter, pero.. la duda lo carcomía. Además la carta a Grindewald estaba escrita de su puño y letra. ¿Cuántas cosas más no le había contado?
Ya no podía tener fe en Albus Dumbledore, su varita se había roto, había perdido a Hermione y Ron seguía en paradero desconocido.
Debía buscar la espada de Godric Gryffindor, el único objeto que podía destruir los horrocruxes, pero lo único que sabía era donde NO buscar. Coloquialmente, estaba más perdido que un pulpo en un garaje.
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11º de temperatura permanente. Tenía gracia, sólo llevaba una chaqueta de chándal fina. Toda su ropa de invierno se encontraba en el interior del bolsito de cuentas. Y el bolsito se encontraba con Harry.
Ojalá se hubiera quedado el giratiempo, desde luego habría cambiado el maldito momento en el que se le ocurrió pronunciar la palabra "cueva".
Iban andando en silencio, Hermione abrazándose a sí misma para paliar el frío, y Draco a su derecha, muy cómodo con su densa túnica negra. Recorrían el margen del río subterráneo, cuya pendiente era cada vez más acusada, con lo cual la temperatura iba descendiendo, para desgracia de Hermione.
-¿No podemos quedarnos aquí ya? –Preguntó, cansada y muerta de frío.
-No.
-¿Por qué no? –volvió a preguntar, con tono impaciente.
-Porque no me apetece.
Hermione comprendió que lo estaba haciendo a propósito. No aguantaba a Malfoy, preferiría mil veces ser atrapada por cualquier otro mortífago.
Muy bien, el rubio tenía la varita y al final harían lo que él quisiera, pero no se lo iba a poner tan fácil.
La chica se sentó en el suelo con las piernas cruzadas e infinita calma. Malfoy al principio no se dio cuenta, pues no la miraba, pero cuando dejó de oírla tiritar y quejarse por lo bajo, se dio la vuelta. Y allí estaba, tan tranquila sentada en el suelo.
-¿Pero qué haces Granger? –Inquirió molesto.
-Estoy cansada. –Sí, le estaba pagando con su propia moneda.
-Levántate de una vez.
-No. –respondió escueta y tranquilamente.
-Deja de comportarte como una cría, no me ha sido concedida la virtud de la paciencia.
-En ese caso deberías seguir tú solo y dejarme aquí, o te desquiciarás. No lo hagas por mí, hazlo por tu salud mental. Al fin y al cabo ni siquiera me necesitas, tu querido Lord no te va a perdonar aunque me lleves hasta él.
-Eso es asunto mío, repugnante sangresucia. No intentes entender mis motivos, sólo acata mis órdenes y conseguiré aguantar sin matarte.
-Soy una chica curiosa. ¿Por qué no me explicas que planes tiene para mí tu retorcida mente?
-La curiosidad mató al gato, ¿te suena?
-Un gato y un león no son iguales, estúpida serpiente.
Y efectivamente, la escasa paciencia de Malfoy expiró. Avanzó a grandes zancadas hacia ella, la cogió del brazo con fuerza y la puso en pie antes de que pudiese reaccionar. Pero no la soltó. Apretó con fuerza hasta que Hermione gritó.
-¡Suéltame! ¡Malfoy me haces daño, suéltame!
-Las consecuencias de incordiarme eran evidentes, te creía mas perspicaz.
Acto seguido, la empujó enérgicamente contra la pared y la cogió por el cuello.
-¡Malfoy basta! No respiro.. ¡Malfoy! –Gritaba entrecortadamente.
Pero él, inconmovible, no aflojaba la mano.
La castaña sintió la sangre agolparse en su cabeza, los latidos del corazón le resonaban en los oídos. Ya no era capaz de gritar, sólo concentraba sus fuerzas en intentar coger aire mientras Malfoy clavaba los ojos en ella, con su mirada de hielo y su gesto de desdén y repulsión.
Cuando creyó que no aguantaba más, Malfoy la soltó de golpe. La observó caer al suelo tosiendo con fuerza.
-Ahora camina de una puñetera vez.
Hermione se levantó con esfuerzo y siguió a Malfoy, todavía mareada.
Unos metros más adelante había una pronunciada curva a la izquierda. Al doblar la esquina, Draco paró en seco y las aletas de su nariz se dilataron de furia.
El lago subterráneo cortaba el camino en ese punto.
Hermione esbozó una sonrisa de satisfacción, había ganado.
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Harry había acampado en el Bosque de Dean porque fue el primer lugar que le vino a la mente.
Era el primer Parque Nacional de Inglaterra, famoso por sus robledales y múltiples especies de ciervos, y el niño que vivió salió de la tienda a contemplar el paisaje y despejarse un poco tras haber leído a Rita Skeeter.
Entonces vio un ciervo. En realidad era una cierva. Este hecho por sí sólo no tendría nada de especial si no fuera porque era plateada y brillaba en la oscuridad. Y no era una pegatina fluorescente, sino un patronus.
Podría ser una trampa, pero el chico de pelo azabache decidió correr el riesgo y seguir al animal, hasta que este se esfumó.
Harry quedó solo en la oscuridad, pero utilizando la varita de Hermione conjuró un Lumos y percibió un destello. Se acercó al lugar y comprobó que no era otra cosa que el reflejo de la luz en un estanque helado. Entonces no pudo creer lo que vio.. en el fondo del estanque estaba la espada de Godric Gryffindor.
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El mortífago, de mala gana, se sentó apoyando la espalda en la pared, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
Hermione, que no quería estar a su lado, se tumbó en frente suyo, a dos metros, y se hizo un ovillo en el suelo. No era capaz de dormirse, el frío y la humedad se le calaban hasta los huesos.
Observó a Malfoy, que no se había movido un ápice. Claro, con semejante túnica cualquiera estaría caliente. Tenía una expresión relajada, muy distinta a su habitual cara de asco. Si no fuese un mortífago imbécil y repelente, hasta le hubiera parecido guapo.
Un objeto alargado de madera la hizo interrumpir el flujo de sus pensamientos. Draco, dormido, tenía los brazos cruzados y sostenía la varita entre sus largos dedos.
Si era sigilosa y actuaba con cuidado, tendría oportunidades de hacerse con ella.
Primera lección Draco Malfoy: nunca bajes la guardia.
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Y hasta aquí el segundo cap!
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