¡Hola de nuevo!

Antes que nada, gracias por los reviews y su interés en la historia. Trataré de no hacerlas sufrir mucho, pero no prometo nada.

Disfruten la lectura.

Los personajes de Playful Kiss y Boys Before Flowers NO me pertenecen, así como tampoco la historia anterior al inicio de éste fic.


La brisa que me guía a ti


Capítulo I: Tiempo suficiente.

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—¿Quieres callarte?—Cortó repentinamente la doctora, torciendo los labios. Su novio, al otro lado del teléfono, no se quedó callado (siempre tenía algo que decir), y ella arrugó la nariz de inmediato.—¡Pues tú eres más insoportable! Te dije que no hicieras planes, porque no conocía la hora de salida el día de hoy... ¡SÍ! ¡Ya voy para allá, así que deja de quejarte!—Exclamó la mujer, en un tono bastante agudo; su compañero, que caminaba hacia ella se detuvo por unos segundos. Una discreta sonrisa pintó en su rostro, y esperó a que su amiga terminara la llamada.—¿¡Qué!? ¿Por qué tenías que elegir un lugar tan caro? Ni tiempo tendré de cambiarme, ¡no iré a cenar ahí, te veré en la Torre!—Y sin decir más, colgó antes de que escuchara una nueva queja (como, por ejemplo: ¡Son las dos de la madrugada, lavandera, no te esperaré!).

Al paso de los años, no era raro verla gritar a la bocina. Especialmente si se trataba de su novio al otro lado de la línea.

—¡Aish! Ése hombre... Me volverá loca.—Reclamó entre dientes, y guardó el teléfono celular en el bolsillo de su bata.

—Te tiene loca, querrás decir.—Corrigió el doctor, reanudando su paso.

—Ji Hoo.—Se quejó, frunciendo el ceño. Y, casi imperceptible al ojo común del humano, un sonrojo se presentó en las blancas mejillas de Jan Di. Él volvió a sonreír, negando ligeramente con la cabeza. No se jactaba de ello, y mucho menos, pero tenía una gran habilidad de siempre saber lo que las personas cercanas a él realmente sentían. En especial si se trataba de la atolondrada nutria. O el gran heredero, su mejor amigo.

—Debiste pedir el día libre. Jun Pyo ha regresado de Japón después de, ¿tres semanas?—Jan Di encogió los hombros, liberando un desgastado suspiro.

—Ha sido un día ocupado, no debería tomarme libertades como un día libre.—Habló, mientras ambos caminaban por el pasillo dirección a la oficina de ella. Miró el reloj al entrar a la habitación, y volvió a encoger los hombros, restándole importancia.—Sé que es tarde, pero hoy, o mañana, podré ver a Jun Pyo. Hay tiempo.

—Lo digo por la seguridad del Hospital, no queremos que él venga a demandar por explotación laboral.—Ambos rieron ante el comentario, sabiendo que podía ser cierto en una persona tan dramática como lo era el dueño del imperio Shinhwa. Ji Hoo se recargó sobre el umbral de la puerta, y se pasó la mano por el rostro con cierto cansancio. Quizá después de que su compañera se fuera, iría por una bebida energética a la cafetería para poder durar el tiempo restante que le quedaba en el Hospital.

—Bien, he acomodado los informes de los pacientes de hoy, bueno, espero que no haya olvidado alguno.—Se quejó, haciendo una graciosa mueca de cansancio, y tomó el bolso de su escritorio. Si no fuera porque su amigo estaba ahí, esperándola para encaminarla a la salida, se habría detenido rápidamente en el espejo para arreglarse el cabello, pintarse los labios y cubrir las ojeras, antes de dirigirse a la cita con su novio. Aunque claro, frente a otras personas, Geum Jan Di no mostraría tales acciones de chica enamorada. ¡Jamás!

—¡Doctor Yoon, Doctora Geum! ¡Rápido!—Los gritos del joven pasante lograron alertarlos, y Jan Di tuvo que abandonar el mensaje que escribía a su novio como aviso de que estaba por salir del trabajo.

—¿Qué es lo que pasa?—Se apresuró a preguntar Ji Hoo, nivelando su tono de voz lo suficiente para no sonar desesperado. En un trabajo como el suyo, guardar la calma siempre era una habilidad que debía admirarse, y sobre todo, tener como requisito principal.

—U-Un... Un accidente automovilístico, fue bastante serio.—Respondió a prisas el chico, y trató de tomar aire, recuperándose de lo mucho que tuvo que correr para llegar hasta ellos. Ji Hoo se giró hacia su amiga y compañera; Jan Di miró su teléfono, y con una decisión que podría envidiarse, lo dejó sobre el escritorio al igual que su bolsa, y ambos salieron a prisa de la oficina de la mujer. Casi como una costumbre, llegaría bastante tarde a su cita.

A la entrada del Hospital, ya se veía el movimiento apresurado de los paramédicos, las enfermeras y sus compañeros doctores. Las luces de la ambulancia podían casi cegarla, pero aún así, Jan Di aumentó la velocidad de sus pasos, y llegó hasta una camilla, mientras Ji Hoo se acercaba a la segunda persona herida.

—Dios... No puede ser...—Fue el susurro que escapó de los labios de Jan Di en cuanto reconoció el rostro de la muchacha en la camilla, a pesar de la sangre, la palidez y la inconsciencia, ella podría reconocer a la persona aún se hallara a metros de distancia. Casi sintió las lágrimas acumularse en sus ojos, y aumentó la rapidez de sus pasos hasta llegar al segundo quirófano, obligándose a despejar algún tipo de sentimiento. El doctor Kim Chi Gyu recibió a la paciente, y en menos de dos segundos, el personal alistaba ambos quirófanos para una cirugía de urgencia. Necesitaban verificar que no hubiera hemorragia interna, o algún daño en los órganos vitales.

—Fue un impacto realmente serio; hemos podido estabilizarlo, pero él parece llegar a un punto alto de gravedad. Me temo que no le queda...—Las palabras del enfermero fueron interrumpidas en el momento.

—No digas algo innecesario.—Regañó enseguida el doctor, con un tono de voz bastante serio.—Asegúrate que el quirófano esté listo para cirugía de emergencia, y contacta a la doctora Oh.—Habló rápidamente, mientras con ayuda de una enfermera llevaba la camilla por el pasillo, directo a la sección de emergencias. Miró hacia su paciente; su tez era bastante pálida y preocupante, su cabello se pegaba a su frente debido a la sangre, y si no fuera por los demasiado lentos latidos aún presentes, podría pasar por un muerto.—Te salvaré...—Murmuró con decisión, mientras la camilla era empujada a la sala de operaciones, y él se detenía para alistarse.

Jan Di llegó a su lado, usando ya el uniforme quirúrgico necesario. Se asearon en completo silencio, aunque ella parecía temblar ligeramente en sus movimientos.

—Jun Pyo se enfadará.—Se quejó por lo bajo la joven, y sus labios se oprimieron discretamente, formando una mueca.

—Él lo entenderá.—Comentó Ji Hoo, cerrando la salida del agua, una vez que sus manos estuvieron completamente limpias.—Trabaja ésta ocasión con el doctor Kim, la doctora Oh me auxiliará.—Jan Di asintió, y se dirigió a su quirófano asignado. Pero, antes de continuar, se giró repentinamente hacia su amigo, antes de que él abandonara por completo la sala.

—Ellos... Son personas buenas, Ji Hoo. Por favor, hagamos todo lo posible por salvarlos.—Él asintió, sin girarse a mirarla. No era necesario, cuando ellos podían entenderse sin palabras. Y a prisa, ingresó al quirófano. La luz que indicaba que una cirugía se llevaba a cabo se encendió en lo alto de la sala de espera, y la lucha contra la desgracia de la muerte dio comienzo en ambas salas.

Bisturí...

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—Woah, el trabajo de un doctor es bastante impactante. Ellos ni siquiera nos notaron, ¿te diste cuenta? No me siento ofendida, había vidas en riesgo, pero, ¡vamos, soy su mejor amiga! Y no me ha visto en meses, pero bien, no me ofenderé, la vida de ellos es mucho más importante... ¿A qué fue buena suerte que estuviésemos cerca, no crees? Qué alivio... ¡Y tú que te quejabas de ser la persona que fue por mí al aeropuerto!

—¡Yah, mono, cállate!—Exclamó él, hastiado hasta la médula de la parlanchina voz de la mujer a su lado. Claro que, necia como ella sola, le golpeó del brazo por su insolencia, y continuó con el parloteo.

—¿Cómo osas callarme? Si gracias a mí llegamos a tiempo al Hospital. ¿Quién era el que estaba paralizado sin poder hacer nada, eh, quién? No era yo, por supuesto.—Jae Kyung se cruzó de brazos en un segundo, con una mueca sellando sus labios. Woo Bin soltó un suspiro de alivio, todo apuntaba a que ella por fin cerraría la boca y dejaría de reclamarle cualquier cosa que hiciera. Aunque bien, admitía que el impacto del accidente le había paralizado a pesar de que él mismo se había presentado a situaciones mucho más peligrosas (donde, incluso, su propia vida corría riesgo); sin embargo, la escena logró dejarlo inmóvil. Si cerraba los ojos, aún podía ver el carro destrozado, los cristales rotos, y la figura de un cuerpo cubriendo a otro.

De un hombre, protegiendo en sus últimos segundos, la vida de su mujer.

—¿Puedes imaginarte amando tanto alguien como para dañarte en su lugar?—Murmuró la chica, y el príncipe Song se vio bruscamente sacado de sus propios pensamientos. Se giró a mirar a su acompañante, al momento que ésta alzaba los pies, y los subía al asiento para abrazarse las rodillas, como si fuera una niña. Woo Bin pensó más detenidamente la pregunta, y le tomó casi un minuto liberar la respuesta.

—Sí. Mis amigos.—Contestó sin dudarlo.

—Tsk, no me refiero a amigos o familia, ¡cualquiera lo haría! Yo recibiría mil balas por Jan Di, o Ga Eul.—Ejemplificó la actual dueña de la compañía JK.—Me refiero a una mujer... U hombre.—Añadió, y una ligera sonrisa surcó sus labios en el instante en que su acompañante se quejaba de inmediato ante el comentario.

—De verdad, tú...—El mafioso rodó los ojos, y se cruzó de brazos. Nuevamente, otra pregunta le dislocaba lo suficiente como para detenerse a pensar con detenimiento. Algún día descubriría cómo esa chica podía ser tan molesta con preguntas tan... ¡Molestas!—Yo no soy del tipo que se enamora, como Jun Pyo o Yi Jeong; pero ellos darían sus vidas por las plebeyas. Es lo más cercano al amor que he conocido.

Un ligero ronquido, seguido de un peso sobre su hombro, le dio a entender que se había tardado más de lo pensado en responder, y la mal agradecida niña rica ya se había dormido sin pena alguna sobre su hombro. Woo Bin rodó los ojos, y acercó su mano al rostro de ella para cerrarle la boca, y así evitar posible derramamiento de baba sobre su costoso saco.

—Mírate, durmiendo tan despreocupadamente en un momento así.—Susurró, frunciendo el ceño, y se acomodó sobre el respaldo, sin separar a la heredera que aún lo encontraba bastante cómodo como su almohada en turno. El príncipe de la mafia suspiró quedamente, y cerró los ojos para intentar dormir un poco.

Nuevamente, la escena surgió en su mente. Y deseó en silencio un buen destino para las personas que debían salvar.

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—¡El pulso está cayendo!—Advirtió el anestesista, mirando hacia la pantalla.

—Trata de estabilizarlo.—Exigió la segunda al mando, sin retirar la vista de su zona de trabajo; el corazón. No podía detenerse ni un sólo segundo, porque un segundo podía valer más de lo que cualquier persona podría pensar.—Demonios, esto...—Murmuró Soo Hyun, oprimiendo los labios. Había estado en demasiadas cirugías de corazón abierto bastante complicadas en el último año, pero esta ocasión, parecía ser que no todo saldría bien.

—Señorita Lee, una bolsa más.—Ordenó el doctor a mando, y la enfermera se movió con rapidez.

—Ha perdido demasiada sangre, Doctor Yoon.

—¡Ya lo sé! Tenemos que detener la hemorragia.

—No hay manera de hacerlo en esta situación, el pulmón está perforado en dos puntos, el corazón no reacciona debidamente, y...

—¡Lo estamos perdiendo!—Exclamó alguien, aunque Ji Hoo ya no podía distinguir la voz ante el agudo pitido de la máquina que anunciaba una repentina pérdida.

—No podemos usar el desfibrilador en su situación, será contraproducente... Doctor Yoon... Doctor Yoon, ¿qué haremos?—Los grandes ojos de la doctora Oh le miraron casi con desesperación, y él se quedó sin palabras ante su compañera. Ambos sabían la respuesta; era la única, y era terrible.

No había nada que pudiera hacerse. No más.

Hora de muerte.—Comenzó él, con una voz cansada y rasposa. En su garganta había un nudo difícil de ignorar.—2:45 am.

Sus propias palabras se repetían en su mente una y otra vez, casi martillando su cabeza y haciéndolo sentir mareado. Miró hacia el cuerpo al frente, y apretó los puños con fuerza, sintiéndose impotente ante tal desgracia. No era el primero en morir de ésa forma, después de todo, el accidente había sido de tal impacto que le sorprendía que el hombre no hubiera muerto al instante; sin embargo, había algo en ése paciente que lograba incomodarlo demasiado, había un algo que le hacía pensar que debía salvarlo a toda costa.

—Era inevitable.—Murmuró su segunda, la doctora Oh Soo Hyun. Casi pudo distinguir un temblor en su delicada voz al momento de decir tales palabras, que si bien parecían crueles, eran necesarias. Desde un inicio supo que tenía un porcentaje del 5% para salvar su vida. Mínimo, o no, era una esperanza.

—Lo que no puedo explicarme, es la fractura completa... Si él llevaba cinturón, y aunque no, ¿cómo pudo...?

—La protegió.—Susurró Ji Hoo, cortando de tajo las palabras de la enfermera instrumentista. Nadie en la sala había pensado en tal posibilidad, incluso él, hasta ese justo momento. Las miradas de todos los presentes se dirigieron al cuerpo inerte en el centro, y la doctora Oh tuvo que limpiar con rapidez una lágrima que había resbalado por su mejilla. Ahora entendía la determinación de su compañero para salvar la vida del paciente; si él se había arriesgado a tal magnitud por el bienestar de su esposa, lo menos que podía hacer el destino era dejarlo vivir.

—La vida puede hacer cosas terribles.—Murmuró su ayudante con un gesto de dolor y tristeza, mientras apreciaba el pálido rostro del hombre en la camilla. Necesitó de un par de segundos para que la sensibilidad que en ocasiones la dominaba, pudiese controlarse, y no terminar llorando en la sala de operación frente a un paciente por el que no pudo hacer lo suficiente.

En un respetuoso silencio, los asistentes comenzaron a levantar todo, y el anestesista dio inicio para desconectar el equipo.

—Tenemos que mover el cuerpo, por favor, háganlo con cuidado.—Ordenó la segunda, con un tono bajo y triste. A pesar del tiempo en una profesión así, no podía acostumbrarse jamás al hecho de perder una vida justo entre sus manos. Sostuvo un suspiro, y reteniendo las lágrimas, salió del quirófano. Debía contactar con los familiares del recién fallecido.

—Lo siento...—Murmuró Ji Hoo, mirando el cuerpo que era sacado de la sala de operación. Se deshizo del cubre bocas, y se retiró los guantes que de alguna forma le parecían pesados como si de piedras se tratasen. Cerró los ojos por unos segundos, tratando de imaginar la posible escena que pudo ser antes de que los paramédicos llegaran al lugar de impacto. Se preguntó qué clase de persona era él, y qué clase de persona era ella. La mujer a la que protegió. Debía ser alguien verdaderamente especial.

Las lágrimas se acumularon en sus ojos, en desgracia ante la reciente pérdida, y lo único que pudo hacer fue rogar porque ella se mantuviera con vida.

Cuando salió de la sala de operación, las puertas de la contigua se abrieron, y las enfermeras arrastraban la camilla en dirección a terapia intensiva. Jan Di salió casi enseguida, y la cansada, pero brillante sonrisa de su compañera dijo más que sus propias palabras. Una ligera opresión se instaló en su pecho de tan sólo verla sonreír así.

—Ha Ni está fuera de peligro.—Anunció, dejando escapar un suspiro del más puro alivio. Hasta ese momento, Ji Hoo recordó que él no sabía el nombre del joven al que había atendido, y la culpa creció un poco más; debía decir lo que pasó, pero antes de que pudiera hablar, Jan Di se adelantó con una imprudencia digna de ella.—Es casi increíble, no sufrió fracturas de gravedad y la hemorragia interna fue sencilla de controlar. En un choque de tal magnitud, ¿cómo es posible salir tan bien librado? Ésa chica es un milagro.—Susurró, sin poder evitar la emoción de su voz; Ji Hoo, por su parte, se mantenía en silencio.

—Tú... ¿Los conocías?—Preguntó forzosamente, a lo que su amiga asintió con la cabeza.

—Durante mi estadía en el Hospital Central; debiste verlos, realmente eran una pareja única.—Comentó, con una leve sonrisa.—Él es doctor, casi un genio en su área. Y Ha Ni, bueno, ella... Me recuerda un poco a mí.—Un suspiro escapó de los labios de Jan Di, y se acarició el cuello con pereza. Se le veía agotada.—¿Qué pasa? Luces muy callado.

—Jan Di...—Su tono de voz fue grave, y serio. Y en un tiempo como doctora, ella podría detectar ya a la perfección esa clase de tono. Parpadeó un par de veces seguidas, casi como si pudiera creer que ese momento era solamente un sueño. Un mal sueño. Se tambaleó un poco, hasta recargarse en la pared, y cerró los ojos con dolor.

—¿Cómo darle esta noticia a ella?—Murmuró, y su cuerpo tembló un poco. Ji Hoo se acercó hasta ella, y la tomó por los hombros. Jan Di se limpió el par de lágrimas que se resbalaban de sus mejillas, y negó con la cabeza de un lado a otro.—Realmente ellos... Ellos parecían tan felices. ¿Cómo pudo pasar esto en un segundo?—Se quejó, y agachó nuevamente la mirada. No encontraba una manera de decir algo tan terrible; Oh Ha Ni se desmoronaría de tan sólo pensarlo. Su corazón se oprimió un poco ante el recuerdo de la sonriente chica, y tuvo que respirar profundo un par de veces para controlarse.

—Hicimos todo lo que pudimos.—Murmuró a modo de consuelo, aunque ambos sabían que tales palabras no calmaban ni calmarían nada ante la pérdida de una vida humana. "Si tan sólo yo hubiera hecho algo más", pensó el nieto del ex-presidente, y Jan Di (quien siempre parecía adivinar sus pensamientos), acarició el hombro de su amigo, con suavidad.

—Lo hiciste bien, Ji Hoo.—Murmuró, ese tono de voz tan cálido que siempre lograba hacerlo sentir mejor. Asintió en silencio, aceptando el apoyo de su amiga, y los dos mostraron lo más parecido a una sonrisa.

Cuando estaban rotos por dentro.

—Ellos se casaron bastante jóvenes.—Comentó ella, tras unos segundos en silencia, mientras ambos caminaban hacia la sala de espera. Jan Di se detuvo un momento, y pareció que volvía a perder el equilibrio por lo que tuvo que sostenerse de la pared. Tomó aire, y lo retuvo, mientras él la miraba en silencio. Nuevamente, las palabras no hacían falta entre ellos. Y él la conocía mejor que nadie para saber lo que pasaba por su mente.—Al menos... Ellos pudieron vivir juntos, aún fueran pocos años, ellos...—Volvió a tomar aire, y miró su mano izquierda. Ahí, donde le pareció que faltaba algo para sentirse completa.—Ji Hoo...—Susurró con suavidad, sin apartar la vista de su mano.—Crees... ¿Crees que pueda tomarme el día libre? Yo d-debo ir a un lugar, y... No sé si aún tengo tiempo, y él debe estar esperando...

—Hay tiempo suficiente.—Acercó su mano a la cabeza de la doctora, y revolvió su cabello.—Manda a Jun Pyo saludos de mi parte.

—Gracias.—Respondió ella, y su sonrisa pareció retomar algo de su propia luz.

Ji Hoo la miró alejarse, sabiendo de antemano lo que ocurriría. Y se sintió feliz por sus amigos; porque eso era lo que siempre había querido, que ellos fueran felices, y su destino estaba en estar juntos. Él podría ser el alma gemela de Jan Di, sin embargo, Jun Pyo era el amor de su vida, aquel amor verdadero del que hablan los libros y recitan las poesías. Pensó si aún la amaba, y se respondió que no. Al menos, no de esa forma. Había aceptado seguir, y quizá (con un poco de suerte de la que carecía en temas de amor), él mismo hallaría a la persona correcta.

Se preguntó si ella, de casualidad, llegaría pronto.

Así fue hasta que la realidad le golpeó de nuevo, y recordó la situación que debía afrontar. La doctora Oh se pondría en contacto con los familiares (y debía admirar que una mujer sensible como ella demostrara tanta fuerza); así que él se encargaría de los testigos del accidente. No había podido hablar con ellos debido al caos que se creó a la llegada de los pacientes, sin embargo, ya era tiempo de afrontar la cruda realidad de la vida.

Tomó aire (y fuerzas), antes de llegar a la sala de espera. Entonces los escuchó.

—¡Yah, mono! Me has babeado todo, ¿es qué no sabes cómo duerme una dama?

—¿Y tú sabes, cara de tonto? ¡Nunca has estado con una verdadera dama!

—Tú no sabes lo que es una verdadera dama, sobretodo en la cama.

—Agh, ya cállate, me enfermas.

—¡Me refería mientras duerme!

—¿Woo Bin? ¿Jae Kyung?—Preguntó extrañado, el doctor, intercalando su mirada entre los dos presentes, que se levantaron de su asiento con tal rapidez que pareciere que tenían resortes en su cuerpo.—¿Qué hacen aquí?—Preguntó, confuso, y la chica heredera fue la primera que habló (ansiosa como ninguna, cómo no).

—¡Nosotros vimos el accidente!—Exclamó Jae Kyung.—Veníamos en su auto, y...

—¿En su auto, en la madrugada?—Se preguntó Ji Hoo, enarcando ambas cejas con sorpresa. La chica gruñó algo inentendible, y apretó los puños, visiblemente indignada por la suposición que parecía hacer el médico.

—Yoh, bro, no pienses cosas tontas.—Le reclamó uno de sus mejores amigos, y miró hacia su compañera, haciendo una mueca de inconformidad.—Yo sólo fui a recogerla al aeropuerto. ¿En serio crees que ella y yo podríamos tener...?

—¡Ya quisieras!—Exclamó la joven, ofendida, golpeándole el brazo. Ji Hoo suspiró con cansancio, y se pasó una mano por el rostro.

—¿Quieren callarse de una vez por todas y explicarme qué demonios sucedió?—La seriedad en su voz provocó un escalofrío en los otros dos, y tragaron saliva al mismo tiempo. Ella fue quien se aclaró la voz y, tomando esa faceta madura que pocas veces se veía en ella, comenzó con el breve relato de la situación. El sólo recordarlo le provocó un malestar, y el mismo Woo Bin agachó la mirada con cierto dolor. Había sido difícil ver algo así.

—Fue bastante rápido. Logramos escuchar el estruendo, y éste tipo aceleró para asegurarse de que no hubiera un problema grave.—Tomó un poco de aire, y compartió una mirada con el príncipe de la mafia, que con un leve asentimiento de cabeza, le animó a seguir.—Cuando estuvimos a menor distancia, había un... Un camión azul, algo deteriorado y feo... ¡El muy cobarde se largó sin siquiera mirarlos!—Explotó finalmente la chica, y oprimió los labios con rabia.—Ése ebrio idiota, ¿cómo pudo hacer algo como eso?—Un gruñido escapó de sus labios, y se dio la vuelta para limpiarse las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. No quería llorar.

—Ji Hoo... ¿Ellos están fuera de peligro, verdad?—Se animó a preguntar Woo Bin, y su voz destilaba una clase de extraña esperanza. Deseaba que aquellas personas estuvieran con vida; él nunca fue alguien que gustara de romanticismos y temas de amor, sin embargo, la escena que aún se repetía en su mente se había quedado clavada en él. De alguna forma, le mostraban un punto distinto del amor, ese punto que sólo había visto en el heredero de Shinhwa y la plebeya.

—Ella está fuera de peligro.

—¡Ah, eso es una gran noticia!—Jae Kyung suspiró aliviada, y entonces llegó la pregunta que Ji Hoo se sentía incapaz de responder.—¿Y él?

Pero Woo Bin no tuvo que escucharlo, porque la mirada de su amigo lo decía todo. Triste, resignado y sin saber qué decir, tomó la muñeca de Jae Kyung para llamar su atención. Con lentitud, negó con la cabeza, y la chica negó repetidas veces rápidamente. Se negaba a aceptarlo.

—¡No! ¡Tú lo viste también!—Su voz pareció perder fuerza, y golpeó el suelo con el tacón, sin encontrar alguna otra forma para poder expresar su desacuerdo.—É-Él... Él la protegió, y tan sólo... Ellos debían...—Suspiró, derrotada, y se cubrió el rostro.

—¿Estás bien, amigo?—El Song palmeó la espalda del doctor, a lo que éste se limitó a negar.

—Quizá pude haber hecho más por ése hombre...—Murmuró, a lo que su amigo negó de inmediato.

—Sé que hiciste lo que pudiste.—Afirmó estoicamente.—Y si ella está a salvo, el último deseo de ése hombre está cumplido.—Ji Hoo asintió en silencio, y como por acto de reflejo, un nombre se repitió en su mente "Ha Ni", un nombre lleno de fuerza gracias a su significado. Esperaba, con toda su alma, que ella tuviera la fuerza suficiente cuando el momento de la noticia llegara. Sería difícil, pero no imposible.—Por cierto, hermano, hay algo que debes saber...—La voz de Woo Bin llamó nuevamente su atención, quien miró por sobre su hombro con cautela, aunque Jae Kyung parecía haberse quedado dormida otra vez. El doctor le miró expecante, y Woo Bin bajó el tono de su voz.—El hombre que provocó esto... Amigo, tengo una razón para creer que no fue un accidente. Era intencional.

—¿Intencional, dices? ¿Qué es lo que te hace pensar eso?—Sin embargo, el Song no pudo continuar con su relato, cuando las puertas de la entrada se abrieron estrepitosamente, y por ellas, cruzaron tres adultos, y un adolescente. La mujer apenas podía mantenerse de pie ante la repentina llamada que había recibido del accidente. Aterrada era poco.

—¡Soy yo, soy la madre de ambos! ¿Ellos están bien? ¿Mi Seung Jo? ¿Mi Ha Ni?

—Cariño, debes tranquilizarte...

—¡No puedo hacerlo! Tenía un mal presentimiento, lo tuve todo el día, el pecho me dolía y... y...—La mujer cerró los ojos con fuerza, y se dejó cobijar por los brazos de su esposo. La escena llamó la atención, y frente a ellos se acercó la doctora Soo Hyun para atender a la familia. Ji Hoo miró una vez más a su amigo, y en silencio se apartó de él para acercarse a la familia recién llegada.

Era momento de dar la noticia más difícil.

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"Debemos esperar... Aún debemos adaptarnos el uno al otro, y está mi carrera, y la tuya, es precipitado hacerlo ahora...", habían sido sus palabras tras aquella segunda propuesta en la playa, cuando el ocaso iluminaba el cielo de un potente anaranjado, y el hombre que más amaba estaba frente a ella, esperando por un dichoso sí.

Contrario a lo que Jan Di imaginaba, Jun Pyo no gritó, se quejó o siquiera hizo mueca alguna. Se limitó a sonreír, casi como si supiera que ella diría algo como aquello. Le dio la caja que resguardaba el hermoso anillo de compromiso, y ella se asustó de que ése fuera un ultimatum en su relación, sin embargo, él la sorprendió. Siempre la sorprendía, a veces, sin siquiera pensarlo.

"El día que estés lista, cuando ese día llegue, y no puedas esperar más, ése día ven a mí. Y usa este anillo. Entonces sabré que estás lista... Y que soy el hombre más dichoso del mundo".

Tales palabras se repitieron en su mente, cuando llegó al sitio mencionado horas antes, en és misma madrugada. Miró la torre Namsan, y se preguntó si él seguiría ahí, esperando (como siempre), por ella. Se acarició la mano izquierda, y sonrió al encontrarse con ése anillo en el lugar correcto. Supo que él no tendría que esperar más, no por ella, no por su amor, no por una vida juntos.

Poque Geum Jan Di no esperaría más para comenzar una vida junto a Gu Jun Pyo; no esperaría hasta que en un segundo todo se esfumara, y ella pudiese hallarse en una camilla de hospital, lejos de él. "Preferiría que me dieran más palizas como ésa a que lastimen uno sólo de tus dedos". No, no permitiría que eso pasara con ella, y con un amor que le costó tantos obstáculos florecer y convertirse en lo que ahora era. Ella debió entenderlo antes, debió entender que un mundo sin él sería vacío, y sin razón. Una pesadilla.

—Tsk. Siempre tarde, lavandera.—Se quejó el billonario, que estaba de espaldas a ella. Su cuerpo parecía temblar ligeramente por el frío, y el recuerdo de su primera cita enterneció la mirada de la doctora. Por supuesto que la esperaría, ¡sólo un loco haría algo así en plena madrugada! Y él era su irremediable loco idiota. Sonrió ligeramente, y se acercó corriendo para abrazarlo, hundiendo su rostro en su espalda. No supo en qué instante se soltó a llorar.—¿Jan Di? ¿Pasó algo malo? —Le cuestionó su voz, repentinamente preocupada. Tratóde girarse, pero ella se aferró con más fuerza a su espalda, sin querer dejarlo ir.

—Cásate conmigo.—Dijo Jan Di, con la voz rota.—Cásate conmigo, Jun Pyo.—Repitió, y entonces él acarició las manos de su novia.

Estaba usando el anillo de compromiso.

"Aún hay tiempo suficiente para nosotros. Aún hay tiempo suficiente para una vida a tu lado".


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Ya sé, ya sé, ¡y perdón, realmente perdón por lo que acabo de hacer! Juro que no quería, pero la trama de la historia, y mis voces malvadas me susurraron que lo hiciera. Cabe decir que amo a Seung Jo, así que esto me duele más de lo que creen.

Tenía dudas sobre cómo hacer el primer capítulo, pero finalmente salió esto. Debía mostrar cierta consciencia sobre lo efímero que a veces es la vida, y Jan Di ya se estaba tardando en aceptar la propuesta.

¡Gracias por leer! Nos vemos en el próximo.

Nina fuera,

Paz.