El rostro de la muerte

(Segunda Parte)

I

La antorcha había caído de las manos de Isabel mientras ella gritaba de horror al observar que la imagen que había contemplado Feliciana aparecía nuevamente.

¡Ludwig… tú estás muerto! – Gritó la española a todo pulmón mientras retrocedía.

Aquella mirada de su adversario estaba cargada de resentimiento, percibiéndose su enfado.

-¡No ganarás ésta vez, Isabel! – Se escuchó la voz con claridad.

La muerte blanca no podía moverse, en ese momento se acercaba enfurecido su similar oscuro para poder culminar lo que la española había empezado cuando Víctor se lanzó contra la extremidad de la osamenta que igualaba al color de la noche, derribándola por completo.

La cabra como pudo sujetó la zurda de la osamenta que se encontraba en el círculo y poderla sacar de ahí. La muerte negra se había incorporado y con un puntapié logró alejar al animal. Maleny hacía el esfuerzo por liberarse cuando notó que su oponente estaba a punto de pisar su cráneo.

Un disparo en seco, lo suficientemente potente fue capaz de proyectar con violencia a la figura oscura. Artur había salido al rescate de su amada.

-Así que estás despierto…querido. – Expresó con sorna mientras en su interior sacaba una especie de muñeco vudú que estaba hecho con prendas del catalán, lo tomó entre sus manos y lo acercó a las llamas, haciendo que el catalán soltara el arma y gritara de dolor. – Debiste quedarte dormido para no presenciar esto. – Giró con violencia hacia la imagen fantasmal quien trataba de ayudar a la pareja y cabra respectivamente. – ¡Aléjate de mí, si no quieres que alguno de ellos muera!

Maleny debía superar la prueba y haciendo un esfuerzo sobre humano y en su interior, pidiendo ayuda al creador como a sus ancestros le permitiera ponerse de pie. Y como si sus oraciones fuesen escuchadas, la luna apareció en medio de aquella oscuridad lo que le permitió sobreponerse.

Se acercó a la ibérica.

-¡Detente Kits an bak o tu amado morirá!

-Sabes muy bien que quien se mete en la oscuridad difícilmente saldrá bien librado. – Se escuchó la voz de Maleny quien hablaba como quien tuviese autoridad. – No compliques más las cosas.

La ibérica seguía conservando el muñeco cerca del fuego, no se había percatado que Víctor se había incorporado y, sin importar recibir otra agresión se acercó por la espalda a Isabel y con su hocico logró arrebatarle el muñeco de su amo, aunque esto le valió que se quemara entre las llamas.

-¡Estúpida cabra! – Expresó mientras intentaba agredirlo cuando una segunda llamarada hizo que la española gritara aterrorizada.

¡NOOO! – Expresó al ver su "oficina" incendiada mientras una pequeña figura italiana con una segunda antorcha en la diestra le iluminaba el rostro, teniendo un aspecto inusual: Estaba furiosa. - ¡Feliciana, Feliciana…por qué…!

No pudo hablar y se notó cómo el cuerpo de la ibérica se estaba consumiendo entre las llamas, al igual que la osamenta oscura quien poco a poco se convertía en una fogata viviente al igual que su señora, sin embargo, al quedar reducido en polvo; una imagen fantasmal apareció: Era Mondragón quien asentía con la cabeza mientras desaparecía de la vista.

Maleny se había acercado a Artur y a Víctor para cerciorarse que todos estuvieran bien mientras la imagen de Isabel quedaba reducida a cenizas.

-Ve al lugar de castigo donde te corresponde. – Expresó con tono solemne.

Se hizo silencio mientras esto sucedía. Por alguna razón, la imagen de Ludwig regresó a la normalidad y tomó la mano de la italiana quien ésta vez no tuvo temor de él. Maleny estaba a punto de desaparecer cuando sintió que dos personas estaban a sus espaldas: Antonio y Kiku.

-Todo está bien, Maleny. – Expresó con voz baja Antonio.

Feliciana observó a su amiga.

-¿Podrías ayudar a Luddy a cruzar el más allá? – Dijo con un hilo de voz. – Él vivirá siempre en mi corazón pero – Hizo una pausa. – Deberé esperar Noviembre para poder verle de ésta manera.

Aquella osamenta asintió con la cabeza mientras recibía la luz de la luna y una especie de corredor azul imitando al firmamento se abría detrás de ella, Luddy sonrió y tomó la mano de Maleny quien le ayudó a cruzar en ese momento, desapareciendo ante la vista de ellos.

-Habrá tiempo para preguntar, pero debemos ayudar a Artur y a Víctor. – Dijo Antonio.

II

Los dos ibéricos, junto a la italiana y el asiático permanecían despiertos mientras que la cabra atendida de sus heridas descansaba a los pies de Artur, esperaban a la mexicana que no tardaría en regresar, empezaba a divisarse el amanecer cuando se abrió la puerta con cautela y aparecía una mujer con un vestuario maya cubriéndole el cuerpo mientras en una de sus muñecas llevaba la pulsera con los colores de la legión española.

Ella se sonrojo mientras dio algunos pasos antes de caer exahusta, sin embargo, su cuerpo no tocó el suelo porque Artur le sostuvo, llevándola a descansar.

Los presentes se vieron mutuamente y llegaron a la conclusión que debían descansar antes de poder establecer conclusiones sobre lo que había hecho Isabel.

Durmieron la mayor parte de la mañana, hasta que por el medio día empezaron a comer, aunque la última en llegar fue la mexicana quien traía el rostro hecho un tomate.

-Vee, dirán que eres mi sorella. – Dijo animadamente la italiana mientras le servía a su amiga.

Maleny no sabía cómo iniciar su historia pero Artur fue quien le dio valor para hablar sobre ello y en resumen de lo que la mexicana contó: había hablado del origen de su naturaleza de Ixchel y Yum Kimil como sus ancestros y la misión que posee cada descendiente, le explicó que cuando Artur había viajado a México, mi familia le habló de ésta leyenda y le escuchó con respeto, sin embargo, él no le había visto transformada hasta el día de hoy.

-Los seres como Maleny viven en el anonimato porque algunos creerán que es brujería o alguna superstición, sin embargo – Intervino el español. – Cuando me atacó Mondragón la primera vez, Maleny salió a defenderme y supe que era ella por la pulsera que llevaba consigo.

Maleny se sonrojó por ello.

-Sin embargo – Continuó Antonio – Noté a mi hermano llorar y el no acostumbra a hacerlo… sólo lo ha hecho con las personas que ama. – El ibérico hizo una pausa. – Para poder detener a Isabel o adivinar sus intenciones, fue Luddy quien nos dejó el testimonio.

-Y fue Kiku quien protegió sus palabras. – Expresó la italiana mientras sacaba las hojas y empezó a leer con dificultad:

Querida Feliciana:

Si lees éstas líneas, significa que no logré salir con vida de mi empresa. Quizás lo que voy a contarte podrá resultarte inverosímil pero me tocó presenciarlo. Isabel ha demostrado ser una amiga buena para ti, pero no sé si te has dado cuenta que ella te ve de la misma manera como yo te miro. Ante tí, finge que no le molesta mi presencia, pero decidí hablar con ella en privado.

Fui a buscarla para hablar seriamente con ella, sin embargo; mi sorpresa fue mayor al descubrir que invocaba la magia oscura y toda apariencia humana no existía en ella; noté que invocaba a un ser de otro mundo sujetando la extremidad de una osamenta; era una mano y de la nada apareció la imagen de un hombre a quien no conocía y le dio instrucciones para eliminar a personas antes de dar un golpe mayor.

No podía decirte lo que ella estaba haciendo porque tú la considerabas tu amiga, pero en un descuido ella logró percibir mi presencia. La llegada de Kiku salvó mi vida temporalmente pero, como no podía hablar abiertamente escribí lo que me sucedió dándole instrucciones precisas de no revelar el contenido del documento.

Por favor, perdóname por ocultarte esto, pero no quería que te llevaras una mala impresión de quien considerabas a una amiga.

Siempre tuyo,

Ludwig.

Se hizo el silencio en aquel recinto mientras bajaban la mirada en señal de respeto, nadie se atrevió a decir nada.

Con el paso de los días, las vacaciones se terminaron y los extranjeros habían regresado a sus países de origen, prometieron volver a encontrarse nuevamente.

Epílogo

Tres años después de los acontecimientos, había llegado la semana Mayor y, según las costumbres españolas, acostumbran a sacar en procesión las imágenes religiosas y por las plazas en fervor popular la gente observaba con respeto y participaba en aquellas prácticas.

Un grupo de legionarios con su traje de gala llevaba en sus hombros la imagen del Cristo de la Buena Muerte y con paso marcial avanzaban en la procesión, mientras entonaban de forma solemne su himno que los caracterizaba:

Nadie en el Tercio sabía
quien era aquel legionario
tan audaz y temerario
que a la Legión se alistó.

Nadie sabía su historia,
más la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo, el corazón.

Más si alguno quien era le preguntaba
con dolor y rudeza le contestaba:

Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera;
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Una mujer seguía a los legionarios y observaba a un catalán quien llevaba al frente la imagen pesada del Cristo mientras continuaba entonando con sentimiento el himno.

Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera
defendiendo su Bandera
el legionario avanzó.

Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.

Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:

Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera;
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Cuando, al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.

Y aquella carta decía:
"...si algún día Dios te llama
para mi un puesto reclama
que buscarte pronto iré".

Y en el último beso que le enviaba
su postrer despedida le consagraba.

Por ir a tu lado a verte
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi ¡Bandera!

Siguió la procesión en el silencio aquella mujer quien estaba vestida de negro, y sin importar la distancia continuó acompañando a los legionarios, le acompañaba una cabra con su uniforme de legionario.

Al haber culminado la procesión y después de haber dado la orden de romper filas, los legionarios acudieron con sus familiares y amigos quienes les habían seguido.

Artur caminó por en medio de la gente notando al final a Victor quien se acercó a acariciarlo, la cabra emitía sonidos gratos mientras aquella mujer sonreía levemente, conservando la pulsera que él le había regalado, solo que ahora, tenía una argolla matrimonial.

El catalán en el silencio besó la frente de aquella mujer mientras le sonreía.

-Soy el novio de la muerte y tú eres… mi leal compañera. – Susurró mientras besaba con suavidad sus dulces labios.

Muchas historias vivieron y aprendieron que no eran los únicos seres sobrenaturales que permanecían en éste mundo pero sólo se narran éstas en las cuáles la luz vencerá a las tinieblas y que el rostro de la muerte puede ser bello y confortante según como se tenga la conciencia.

Gracias por leer

Eagle.