Kagome se recuperó de la impresión que le había causado ese desconocido, frunció el entrecejo al ver que el chico no se sentía amenazado por sus flechas, al contrario una sonrisa burlona adornaba sus facciones. Aquello terminó de enfurecer a Kagome, parecía que no la tomaba en serio.
- ¿Quien sois? Y porque me observabais escondido?- pregunto apuntando mejor y aguantando su pulso.
- Las preguntas debería hacerlas yo, no creéis? Sois vos la que se encuentra en mis tierras.-Observo que la chica se veía lindisima apuntando con su arco, tenia una fuerza en sus ojos que impedían apartar la mirada.
- Pero si sois el dueño porque os escondíais?- La chica había destensado su arco, momento que aprovecho el chico para acercarse mas a ella.
- ¡Os digo que sois vos quien tenéis que contestar a mis preguntas! ¿Con que intenciones cabalgáis en mis tierras? -Kagome se sintió intimidada por la proximidad del muchacho, intentó dar un paso atrás pero había llegado al borde del arrollo.
- ¡¿Pensáis que soy un vulgar ladrón o algo así?!-contesto ofendida, ¿que se había creído ese chico?
- Deberíais saber que en estos tiempos de guerras muchos espías y saqueadores entran en las tierras para robar.- Dijo en un tono burlón, vio como la expresión ofendida de la muchacha se tornaba en una mas enfurecida. Tenía toda la cara sonrojada, era muy divertido meterse con ella, pensó.
- ¡Me estáis ofendiendo con vuestras palabras! ¿¡Y como tengo la certeza de que no sois vos un saqueador que se hace pasar por señor de estas tierras!? -Kagome encaro al muchacho quedando los dos frente a frente a unos centímetros.
- Si fuera un saqueador y me hubiera encontrado con una dama como vos, os aseguro que nuestra conversación habría sido distinta y que ahora mismo ya estarías entre mis brazos.-Dijo cogiéndola por el mentón y acercándose a ella tanto que sus cuerpos chocaron.
La respiración de Kagome se agitó, nunca había estado tan cerca de un hombre, sintió el aliento del muchacho mezclarse con el suyo y se perdió en esa mirada ambarina que parecía travesarla.
Inuyasha se inclinó contento, al ver como ella había cedido, podría besarla…
- ¡No me toquéis!- Kagome reaccionó al notar como casi se unen sus labios y golpeo a Inuyasha en la entrepierna dejándolo en el suelo.
- Ah!!!Me las vais a pagar! – Grito retorciéndose de dolor en el suelo, mientras veía como la chica montaba en su caballo.
- ¡Vos si que me las pagareis si volvéis a poner una mano sobre mi! - Se marcho tan rápido que Inuyasha ni siquiera pudo decir nada más. Se levanto como pudo y volvió hacia su casa. Al llegar su padre lo vio pasar por el salón, parecía que le hubieran dado una paliza.
- ¡¿Hijo mío que te a pasado?! ¿Te ataco algún bandido?
- ¿Un bandido? Feh! No preguntes!- Se marcho hacia su habitación y se dejo caer sobre la cama.- ¡Maldita sea! ¡Esa chiquilla no debe tener ni veinte años y me dejo fuera de combate! ¡Esto no quedara así...tengo que volver a verla como sea!-.
Kagome regresaba a su casa bastante furiosa, aun no se podía creer lo que había ocurrido. Corrió hacia su habitación, se tumbo en la cama aferrando su almohada, las lágrimas de rabia luchaban por derramarse.
- ¿Pero que se a creído? Es un atrevido...¡Acercarse a mi de ese modo! – Aun estando enfadada se ruborizo acordándose de cómo ese muchacho estuvo apunto de besarla. Seguro era un bandolero y quería burlarse de ella, era imposible que un chico de buena casa fuera tan grosero. Sus pensamientos fueron interrumpidos por alguien que entraba en su habitación.
- ¿Que tal hermanita?-Kykio entro en la habitación sin llamar como siempre, Kagome suspiro y miro fijamente a su hermana, le llamó la atención ver que su obi estaba puesto al revés.
- Vaya has tenido que vestirte deprisa para ponerte el obi al revés ¿no?- dijo con voz irónica. Estaba harta del comportamiento indecente de su hermana, pero lo que peor le sentaba era que nadie se daba cuenta y todo el mundo la veía como la doncella perfecta, pura y casta.
- Menos mal que me lo has dicho si me llega a ver papa hubiera sospechado.- Kykio sonrió a su hermana burlonamente mientras se arreglaba la ropa.
- Pues si lo se no te lo digo. Así papa se enteraría de la clase de mujer que eres!-Su hermana elimino la sonrisa de su cara y la miro con odio, levanto la mano para golpearla.
- ¿¡Que te has creído niñata!?- Kagome se levanto y cogió la muñeca de Kykio con fuerza.
- Ni te atrevas a pegarme como hacías cuando era mas pequeña! – Su hermana la había maltratado desde siempre, pero no se escondería como hacia antes, ahora era una mujer adulta. El señor Takamine entro de golpe en la habitación Kykio se soltó bruscamente del agarre de su hermana y corrió hacia el disimulando.
- Papi.-dijo abrazándole y mirando a Kagome de reojo.
- Niñas tengo que hablar con las dos.-Fueron al comedor y se acomodaron allí. Kykio se sentó al lado de su padre y Kagome se coloco un poco mas alejada mientras jugaba con su gato Buyo.
- ¿Bueno papa de que querias hablarnos? – Dijo Kykio en un tono muy servicial, Kagome aun no creía como su hermana podía ser tan falsa.
- Se que contigo no voy a tener problemas, no como con esta ¡cabra loca!-dijo mirando a Kagome quien no prestaba atención.- Me estas escuchando pequeña!?
-Si papa te estoy escuchando- soltó Kagome con un suspiro. - Además me imagino de que quieres hablar.
- Ten mas respeto hacia nuestro padre querida hermana -Kagome la ignoro resignada, Kykio siempre hacia lo posible para parecer la buena de la historia.
- He elegido un marido, para la que lo prefiera. – dijo el señor Takamine sonriendo. Había soltado la bomba por fin, la cara de Kykio era la viva imagen de la ilusión y la de Kagome, bueno a su hija pequeña no se le podía abrir más la boca en ese momento.
- ¿Que edad tiene papa? ¿Y quien es? ¿Es rico?- Las preguntas se atragantaban en la boca de Kykio, por fin lo que había estado esperando pensó.
- Se llama Inuyasha Taisho y es el hijo del señor Inutaisho dueño de muchas tierras. Hace poco han adquirido las tierras contiguas a las nuestras. Tiene veintidós años.
- ¡Es un año menor que yo!- replico Kykio aunque sus pensamientos llevaban un camino distinto, si se casaba con ese tal Inuyasha se quedaría con la fortuna de los Taisho, al ser menor que ella seguro que lo podría manejar con mas facilidad, tal vez era mejor no protestar. Kagome seguía jugando con su gato no le interesaba nada de lo que estaban diciendo.
- Si al ser menor que tú había pensado que podía ser… ¡el esposo perfecto para Kagome!- La mencionada se puso de pie de un salto, mirando a su padre enfurecida, ¿porque siempre terminaba metida en la conversación?
- ¡Ni hablar! Yo no me voy a casar y menos con alguien elegido por ti. ¡Me casare con quien yo quiera!- Kykio se mordió el labio con rabia, no quería un giro así de los acontecimientos, ¿Por qué demonios su padre pensaba en Kagome? Se tenía que casar con ella.
- Padre! Ya me caso yo con el! No te preocupes! – Dijo agarrando a su padre para que dejara de mirar a su hermana.
-Pero si es mas joven que tu Kykio.- contestó su padre extrañado, no entendía los cambios de humor tan radicales de sus hijas.
- A mi la edad no me importa...Y como Kagome no quiere pues todo arreglado me caso yo - Kagome arqueó una ceja y miró a su hermana con desconfianza, le parecía extraño ese cambio de actitud, sintió que estaba tramando algo.
- Bueno yo solo quiero que alguien se case necesitamos el apoyo de económico de esa familia – suspiro el señor Takamine, parecía que había podido resolver el problema.
- Pero es que tenemos problemas en eso padre? – Preguntó Kagome algo preocupada, su padre siempre comentaba con ella todo lo relacionado con las tierras.
- No niña...Tu no te preocupes, que con el matrimonio de Kykio todo ira mejor –Kagome se conformó con esa respuesta, al menos había podido librarse del matrimonio así que no quiso darle mas vueltas y todos cenaron tranquilamente.
En casa de Inuyasha la situación parecía no haber avanzado demasiado.
- Inuyasha no vas a bajar a cenar?- Dijo Inutaisho entrando en la habitación de su hijo. Se sorprendió al verlo metido en la cama tan temprano.
- Es que no me encuentro bien me han dado un golpe que....- No pudo terminar la frase y se enfureció pensando en lo ocurrido con la bella arquera.
- Bueno veras...- empezó su padre con cuidado. - Mañana iremos a casa de los Higurashi....-Inuyasha se levanto de repente como si ya no sintiera ningún dolor.
- ¡¿Y porque vamos a esa casa si se puede saber?!- preguntó cruzando los brazos sobre el pecho y mirando a su padre directamente a los ojos.
- ¡Pues porque vas a casarte con una de sus hijas! - estaba harto de discutir con su hijo, al fin y al cabo el era el cabeza de familia y se haría lo que el quisiera.
- Pero que estas diciendo?!Te dije que no me iba a casar!!! - Inutaisho termino perdiendo la paciencia del todo.-
- He dicho que te casaras! Además seguro que cuando veas lo guapas que son te entran ganas de casarte enseguida! Y no hay mas que hablar!- Inutaisho salió de la habitación de su hijo dando un portazo.
- Feh!!!Pero te juro que si me caso la haré la mujer mas infeliz del mundo!!!- gritó a la puerta ya cerrada delante de el. Se tumbó boca arriba y cruzo los brazos detrás de la cabeza mirando al techo fijamente. Parecía que había perdido esta batalla, pero aun quedaba la guerra. Que manía le había entrado a su padre con el matrimonio.
De repente cruzo su mente el bello rostro de la muchacha del arrollo.
- Y encima porque pienso en esa salvaje!- decidió ir a dar un paseo por el bosque estaba claro que esa noche no seria fácil dormir.
Ya era media noche, todos dormían en casa de los Higurashi, menos la menor de sus doncellas que daba vueltas en su cama sin poder dormir.
No conseguía quitarse de la cabeza a ese joven, sus ojos eran de un color tan especial. Sacudió la cabeza intentando apartar esas imágenes de su mente, ni si quiera había conseguido cenar y mucho menos dormir. Se levantó sin hacer ruido y salió al patio, monto su caballo y decidió cabalgar un rato en medio de la noche. No se molestó en vestirse solo cogió su arco y sus flechas.
Volvió a alejarse de su casa y sin querer se había acercado al lugar donde se encontró con el muchacho, no quería admitirlo pero necesitaba volver a verle. Continuó el arrollo y llego a un lago. Al ser verano era una noche muy calurosa y decidió darse un baño en aquel lugar.
En un árbol de alrededor de aquel lago veíamos a un Inuyasha sentado en una de sus ramas. Escucho que alguien llegaba y quedo muy sorprendido al ver a la muchacha que ocupaba su mente desde que la vio esa misma tarde. La observo en silencio, ahora que la tenía delante no sabia que hacer.
Kagome ato su caballo y empezó a desvestirse tranquilamente, llevaba toda la vida bañándose en lagos y ríos. Aun podía oír las palabras de su padre cuando era mas joven, siempre decía que no se comportaba como una autentica doncella que era demasiado salvaje. Dejó caer su pijama y avanzo lentamente hacia el agua, sintiendo como la brisa acariciaba su cuerpo.
Inuyasha se sonrojo al verla desnuda, no podía apartar la mirada del precioso cuerpo de la muchacha. Se sorprendió de su propia reacción ya que no era la primera vez que veía a una mujer desnuda, sin embargo, notó como su cuerpo se encendía y como le hormigueaban las manos pensando en lo agradable que seria acariciar esa espalda. Kagome empezó a nadar con estilo y a refrescarse por todo el lago. Se sentía tan bien, la luz de la luna bañaba todo el lugar.
Inuyasha permanecía observándola, no había sido capaz de mover un músculo, se fijaba en cada centímetro de su cuerpo, quería memorizarlo, pero sobretodo quería tocarlo.
Sacudió la cabeza aclarándose la mente, sus pensamientos tomaban un rumbo equivocado. Se supone que debería vengarse de ella por lo que le había echo, no estar ahí babeando por ella, total solo era una mujer mas no tenia nada de especial
- Vas a pagarme lo de antes – pensó mientras bajaba de un salto del árbol. Inuyasha cogió la ropa de la chica y se coloco a la orilla del lago.
Kagome saco la cabeza del agua y casi le da un infarto al encontrarse al muchacho de antes con su ropa en la mano y una maldita sonrisa de suficiencia en su rostro.
- ¿No pensáis que es un poco tarde para daros un baño?- preguntó inocente, pero sin dejar de sonreír descaradamente. Kagome se sonrojo y su enfado estalló por completo.
- ¡¿Que demonios estáis haciendo aquí?!
Continuará…
Aquí dejo el segundo capítulo como he tenido tiempo he aprovechado para actualizar rápido, eso por los días que no podré hacer nada. Espero que os este gustando ahora la cosa cada vez se pone mas interesante!!Dejadme algún reviews por favor que me deprimo!!Chaoooo!!Gracias por leer!!
