Capitulo 2
No me lo imaginaba, no podía creer lo que mis ojos veían. Uno de los muchachos con los que soñaba estaba ahí parado, entre tres chicos un poco más grandes que yo. No los conocía a sus acompañantes pero tampoco me importaba, confiaba ciegamente en ese muchacho aunque ni siquiera lo conociese. Mis ojos estaban clavados en él, recordé sus ojos color carmín, su largo pelo ondulado azabache, su sonrisa...
Al poco tiempo de reconocerlo me descubrí sonriendo como una boba, nunca se me hubiese pasado por la mente verlo en persona, a mi parecer él no podía existir, tenía que ser solo una imaginación pero ahí estaba, primero riéndose con los otros pero cuando su mirada se posó en mí, pude distinguir confusión. Al parecer él también me conocía. Yo estaba tan confundida, no entendía nada y estaba a punto de desmayarme, no sé cómo no desfallecí.
Mil preguntas revoloteaban en mi mente ¿Quién era ese muchacho tan apuesto? ¿Por qué soñaba con él? ¿Por qué me había seguido? ¿Por qué siento que lo conozco de toda la vida y que puedo confiar plenamente en él? ¿Por qué me miraba así? Estas y tantas más a las que no encontraba respuesta. No entendía nada y al parecer el muchacho tampoco, estaba absorto en mi mirada hasta que uno de sus acompañantes habló:
¿Qué hace una muchacha tan bonita sola por estos lugares? –preguntó mirándome con deseo, cosa que hizo que me asustara y asqueara.
No respondí, quería defenderme pero las palabras no salían de mi boca, no sabía qué hacer y estaba desesperándome aún más. Miraba al chico de mis sueños suplicante, con la mirada le pedía que me ayudase pero al parecer el muchacho o no entendió o no quiso hacer nada o decidió no demostrar que me conocía.
Déjenmela a mí. –ordenó el chico con el que había soñado tantas veces.
Pero Naraku... –protestó uno que todavía no había hablado, este tenía el pelo de un color blanco casi rosa, largo; sus ojos eran rozados, era un muchacho albino y pude notar gran parecido con otro que estaba a su lado.
No, Hakudoshi. –contestó Naraku, al parecer así se llamaba y era el líder del grupo–. Váyanse de acá, quiero estar solo con ella.
Ahh jefe, podrías compartirla. –replicó el que se parecía al tal Hakudoshi.
Salgan de aquí. –repitió perdiendo la paciencia, finalmente todo el grupo se fue y me dejaron sola con Naraku a quien empezaba a temerle. Cuando se aseguró de que no podían escucharnos Naraku se acercó y preguntó, o mas bien exigió–. ¿Quién eres? ¿Por qué me parece familiar?
¿Por que sueño con vos si ni te conozco? –repliqué cuando por fin pude hablar.
¿Por qué yo sueño con vos? –repusó Naraku, al parecer estaba acostumbrado a obtener lo que quería y a que todos lo obedeciesen ciegamente.
Y yo que sé. –contesté enfadada, luego recordé que, en cierta forma me había salvado y también me acordé que tenía que llegar al colegio, ya era muy tarde. Se me paso por la cabeza una pregunta, la formulé con suspicacia y curiosidad, antes de idear un plan para poder salí de allí y alejarme de Naraku, aunque, en el fondo, no quería dejarlo–. ¿Por qué echaste a tus compañeros?
Por qué me parecías conocida y quería saber por qué. –dijo, con voz altiva, ocultando sus otras empciones bajo una máscara de indiferencia–. Además te hice un favor.
¿Un favor? –no entendía que favor me había hecho–. ¿Qué favor?
No te imaginabas lo que te iban a hacer mis compañeros. –respondió y yo me asusté, él lo notó, lo ignoró y luego agregó–. Bueno, no importa... yo soy Naraku ¿tú quién eres?
Kagome. –le dediqué una tímida sonrisa a la que casi respondió, después, al darse cuenta de lo que hacia, puso una expresión indesifrable.
¿Que haces por acá Kagome? –preguntó el, habíamos empezado a caminar y estábamos saliendo del callejón–. ¿Y sola?
Salí a almorzar del colegio sola, cuando salí de mi casa sentí que me seguían e intente perderlos aunque sin éxito. –le conté, en ese momento sentía que podía contarle mi vida si me lo pidiese.
Ibas bien, no te podíamos hacer nada, –admitió, no me agrado para nada que dijese "podíamos", el ignoró mi mueca y continuó–, hasta que te alejaste de toda la gente.
Si ya lo sé. –coincidí algo enojada y nos quedamos callados, me incomodaba el hecho de que él, Naraku, uno de los muchachos con los que tanto había soñado, a los que casi había llegado a amar, estuviese metido en algo sucio y me quisiese hacer daño. Al parecer el intuyó mis pensamientos a los que respondió.
No te preocupes, no te voy a lastimar. –luego comentó–. ¿Hacia dónde ibas?
Al colegio Shikon. –respondí pensativa.
Yo también voy a ese. –Naraku intentaba entablar conversación conmigo y a mí me gustaba aunque me incomodaba en cierta forma–. Vamos, te acompaño.
¿Me acompañas? –no entendía por qué lo hacía.
Sí, yo también voy para allá. –Naraku no me miraba directamente a los ojos como si yo lo intentase hipnotizar y él se resistiera o como si le diese vergüenza mostrarse así; al ver que me quedaba callada Naraku ordenó–. Vamos.
Prácticamente no tenía opción, era seguirlo o seguirlo. Después de todo, me había salvado y yo ni siquiera le había dado las gracias todavía. Asentí con la cabeza y me dispuse a alcanzarlo, ya que e había seguido caminando.
Gracias. –le dije cuando llegue con una sonrisa sincera.
¿Por qué? –preguntó Naraku, sin prestarme mucha atención.
Porque me salvaste, –conteste y agregue–, Y por acompañarme al colegio.
No es nada. –respondió y se quedo callado pensando en algo que prefirió no decirme.
