#02
Lo fulminé con la mirada. Estaba allí de pie, tratando de incorporarse apoyándose a la pared del callejón. Hilos de sangre le resbalaban des de la sien y la comisura; aún y así sonreía, aún y así me retaba… ¿cómo se atrevía?
Deseé que se incorporara de una vez, "arriba, vamos, levántate" pensé. Me estaba poniendo nervioso, la adrenalina me daba calambres en las venas. Mantenía los músculos en tensión, los puños en frente de mi, la mirada fija. Esperando, paciente.
Volvió a moverse, finalmente se incorporó adoptando una pose defensiva. Se atrevió a sonreírme de nuevo. Temblé de rabia. Ya no pude esperar más. Ataqué
Todo fue muy rápido, más rápido de lo que hubiera deseado y creedme, si por mi fuera lo hubiera alargado eternamente… conseguí colocarle los golpes sin que los viera venir. Su cuerpo se mecía de un lado al otro del callejón cómo si fuera un pelele sin vida, trataba de cubrirse pero no lo conseguía.
Me sentía estupendamente, enfermizo, emocionado, deseando que el pobre desgraciado durase en pie más tiempo del que le sería aconsejable. Yo no sudaba, des de la mutación el sudor era algo que aparecía en contadas ocasiones, en esfuerzos muy extremos. El hombre que tenía en frente de mi, por el contrario, estaba empapado; su rostro me indicaba que le quedaba poco para caer rendido al suelo.
Cómo lo echaba de menos… cuál había sido mi sorpresa al percatarme de que mi visión periférica también había aumentado después de la mutación – a parte de la fuerza y la resistencia. ¡Lo venía necesitando des de hacía tantos días! Sin los guantes los nudillos se me resentían más y a esas alturas notaba cada uno de los golpes cómo punzadas que me recorrían hasta el codo. Pero me daba igual:
-Jab… - él siempre estaba ahí. Detrás de mi, una sombra al inicio del callejón, un inmóvil vigilante que esperaba con los brazos cruzados y una enorme sonrisa cruzándole la cara. Paciente, tranquilo. Nunca participaba, sólo controlaba mis excesos. Me dejaba hacer cómo un padre suelta a un niño en un parque. Observaba y me detenía cuando lo consideraba necesario. O cuándo yo no podía detenerme – Jab, ya es suficiente.
Me detuve en seco. Solté el cuello de la camisa por el cual había estado sosteniendo a ese desgraciado y cayó al suelo cómo un peso muerto, con el cuerpo fláccido. Sólo estaba desmayado, podía notar su respiración vibrando y hasta el gorgoteo de la sangre que se agolpaba en sus venas para salir por sus heridas. Me giré para sonreír a Moby, estiré mis brazos por encima de mi cabeza para destensar mis músculos mientras le dedicaba una sonrisa:
-Vámonos a casa, tengo hambre – le dije mientras él sacaba el teléfono móvil para llamar a una ambulancia.
Hola, soy Clint Bolton, y esta es sólo una parte de mi jodida historia.
No me hizo ni puta gracia. Imagino que a nadie en mi situación se la haría, quiero decir…¿un tiburón? Venga hombre… Pero sí, ocurrió. Y sufrí lo insufrible, os lo puedo asegurar. No es nada fácil tener que adaptarte a un nuevo aspecto después de casi 25 años teniendo y cuidando el tuyo propio. Si la mutación en sí - ese maldito proceso de cambio que duró apenas unos escasos minutos- ya fue dolorosamente inaguantable, el proceso que vino después aún fue más difícil. Músculos, huesos, órganos, todo, hasta el dedo meñique del pie, duele. Los primeros días después del cambio apenas podíamos movernos, era cómo haber estado haciendo deporte intenso durante horas cuándo no estás acostumbrado a ello. Insufrible. Pero lo peor era después, lo peor es ese día en el que por fin sales del shock inicial y todo deja de estar teñido con una extraña neblina que hace que pienses que estás soñando. Ahora sabes que es real, que estás despierto… y decides mirarte al espejo.
No volví a mirar mi reflejo en días, no me dejé ver en semanas, no hablé en meses y no me acepté en años. Ni siquiera me atrevería a afirmar que por fin me he aceptado; tal vez la Guerra Genética ha facilitado las cosas, el ver a más mutantes por ahí y saber que yo soy uno de los pocos agraciados Mutantes de 1era clase me resulta más…sencillo.
Después de aquellos primeros asquerosos años de encierro, de oscuridad, de furtividad y clandestinidad por fin podíamos salir a la luz. Andar por la calle cómo antes, frecuentar los locales que solíamos, volver a entrenar… quería volver a entrenar; el Valetudo lo había sido todo para mi:
-Nos aceptarán, ¿verdad?
- ¿Qué remedio les queda?- me contestó Moby encogiéndose de hombros – con la Ley de los Derechos Mutantes tan próxima, no pueden rechazarnos del club. Yo he pasado la selección cómo profesor de la universidad. – Verdad. Era un santo cabrón, se propuso enseñar Filosofía en la universidad cómo medio para que los nuevos mutantes se atrevieran a seguir yendo a clase, después de todo el profesor sería mitad orca… - volverán a aceptarnos en el Club de Valetudo. Seguro.
-Éramos buenos- se me encogía el corazón cuándo pensaba en los torneos, los entrenamientos, las salidas nocturnas con los compañeros del equipo, las peleas…fracasé en mis estudios, pero triunfé en la lucha. Papá nunca lo aprobó, pero por aquél entonces poco me importaba lo que mi padre considerase que estaba bien o mal.
- Pero se te acabó el pelear en la calle – Moby me lanzó una mirada con cierto reproche. Sé que en realidad me tenía envidia, a él le gustaba meterse en alguna que otra trifulca callejera tanto cómo a mi, pero debido a su inminente ingreso en la Universidad de Fission cómo profesor no era recomendable para su futuro laboral. – el club no lo aceptaría, se te acabó el rollo justiciero.
-Los de la BAM no cuentan…- gruñí con la vista al frente mientras seguíamos andando por las calles desiertas. La BAM, la Brigada Anti Mutantes; el mayor grupo xenófobo y racista des de la Guerra Genética. Un grupo extra oficial, militarizado y jerarquizado, formado por el populacho de todas clases que comparte un odio común contra los mutantes. La maldita BAM de los cojones; humanos que habían resultado inmunes al virus P (así es cómo lo llamaban los medios al virus de Paradigma) y protestaban por su soberanía y superioridad por encima de todos aquellos que mutaron. Violentos y atrincherados habían estado perpetrando ataques continuos en los últimos años, y más ahora con la inminente aprobación de la Ley de los Derechos Mutantes de Fission City…
El desgraciado que había quedado tirado cómo un muñeco de trapo en el callejón era, ni más ni menos, un militante de la BAM; así lo anunciaba su camiseta, así lo delató su mirada y así lo demostró cuándo escupió a mis pies al cruzarnos por la calle.
Moby andaba a mi lado mirando al suelo con las manos en los bolsillos de su chaqueta. Empezó a reírse:
-Sigues teniendo ese escupitajo en la bota.
-¡Mierda! – trastabillé y sólo por hacerlo rabiar traté de limpiarlo con su pantalón, pero fue rápido y se apartó de un brinco.
- Quieto ahí fiera – anduvo de espaldas delante de mi aún con las manos en sus bolsillos – mejor déjatelo de trofeo, no queda tan mal.
-Claro, el verde moco hace conjunto con mis ojos…maldita sea – tuve que contentarme con raspar la bota contra la primera farola que encontré.
De repente algo pasó silbando en el aire entre Moby y yo. La botella se estrelló en el suelo unos metros delante de nosotros. Ambos nos giramos incrédulos, buscando el origen. La silueta de un grupo de hombres se recortaba en la escasa luz de las farolas que quedaban a sus espaldas. Estaban allí, quietos, imponentes. Agucé la vista, entre ellos y colgando de los hombros de uno de sus compañeros se encontraba el desgraciado del callejón. Me sorprendí, había logrado recuperar la conciencia mucho antes de lo que creía. Moby y yo nos miramos, de mis ojos pudo descifrar un reproche; debería haber dejado que me ensañara aún más con ese cretino, de manera que aún permanecería en el suelo y no hubiera tenido tiempo de avisar a sus malditos camaradas. Por respuesta Moby sólo se encogió de hombros.
El grupo empezó a avanzar; instintivamente tensé mis músculos otra vez y me concentré. Seis…no, eran siete. Percibía las vibraciones de sus pasos a través del suelo, el olor a sangre del herido me colapsaba el sentido del olfato pero aún y así pude concentrarme y no percibí ni una nota de pólvora; no iban armados, eso era bueno. Todos lucían en sus camisetas o en varios parches cosidos a su ropa el emblema de la BAM.
A medida que avanzaban fui capaz de ver más, de sentir más: odio, decisión, irritabilidad y…miedo, mucho miedo. Sonreí y apreté mis mandíbulas. La sangre volvió a hervirme y mis puños ya estaban cerrados, los músculos tensos, listos para estallar en descargas de adrenalina cuándo fuese necesario, los sentidos – todos – puestos en ellos, sólo para ellos.
Percibí el leve movimiento de Moby a mi lado, se apartaba. Después de tantos años sabía que cuando me encontraba en este estado, era mejor retirarse unos metros. Se apoyó contra el coche más cercano aún con las manos en los bolsillos:
-La última vez…-le rogué con un gruñido sin dejar de mirar al frente. Él suspiró pesadamente mientras miraba al cielo:
-Está bien. Pero date prisa, la ambulancia que he llamado antes no tardará en llegar.
- Bueno, así te ahorrarás otra llamada.
Toda la energía que había acumulado en mi cuerpo se liberó cómo un latigazo, me lancé hacia ellos con voracidad, rapidez e iniciativa. No había tiempo para la vacilación, tampoco para la cobardía y mucho menos para la compasión. Velocidad, fluidez de movimientos, lanzar cada impacto con precisión, rodearles, desagruparles, desarmarles y atacarles uno a uno. Me sentía vivo y ardiente de emoción. Amaba cazar, después de todo no dejo de ser un depredador.
Reviews pliz! ;-)
Nos vemos en la siguiente!
Kska's OUT!
