Capítulo 2. Mi héroe.

Ante los ojos de Sanford, Ace era un auténtico héroe. Su héroe.

Cuando creía que todo estaba perdido, ahí estaba Ace para aparentemente solucionar cualquier conflicto; aunque en ocasiones éste empeorase la situación, Serpiente siempre se sentía contento de contar con su jefe. Claro, era sencillo aferrarse a los detalles de amor, era tan fácil sostenerse con aquellas remembranzas repletas de dolor y nostalgia.

Si no hubiese sido por Ace, él ahora estaría muerto.

Podía imaginar fácilmente el escenario en el cual alguna vez se había encontrado. Siendo golpeado por cinco adolescentes repletos de malicia. Serpiente había sido el saco de box de todos aquellos menores situados en ese espantoso orfanato. Al fallecer su madre y desconocer a su padre, Sanford no tuvo ninguna opción más que vivir como un huérfano desde los cinco años. A partir de ese momento nunca consiguió alejarse del acoso de sus compañeros de hogar.

Solía ser molestado todo el tiempo, inclusive cuando paseaba por el parque en busca de ayuda.

Particularmente conseguía memorizar aquel instante en el cual los huérfanos mayores le habían acorralado. Le habían obligado a arrodillarse en el suelo mientras golpeaban su cabeza. Iban a matarlo, eso había jurado en aquel instante. Sin embargo jamás imaginó que le ayudaría aquel joven que permanecía recargado en una resbaladilla mientras fumaba.

Ace D. Copular se había apiadado de aquel niño maltratado y sin dudarlo, se acercó a la multitud de adolescentes hambrientos de sangre. No dudó en sujetar una tapa de un basurero, lanzándola sobre la cabeza de uno de ellos. Lo noqueó enseguida, no obstante aún restaban cuatro.

Y pese a que parecía estar en desventaja, Ace no era ningún tonto. Optó por pelear a muerte con aquellos chicos. Utilizó sus puños, rocas y tapas que encontró en el suelo, hasta acabar con todos ellos. A diferencia de esos acosadores, Ace era un verdadero chico de las calles. Era consciente de cómo defenderse.

Serpiente fue espectador de aquellas acciones con el fin de rescatarlo. No concebía creer que alguien había apostado tanto por él, por su vida. Y pese a que Ace terminó sangrando, con los puños destruidos, rojos por la piel desgarrada y hematomas por toda su cara, Sanford se acercó. Se acercó a abrazarlo y llorar en su pecho.

Ace no lo alejó, sino que lo abrazó con cuidado, prometiéndole que todo estaba bien, que todo estaría mejor ahora; sin pensarlo, se llevó a aquel niño delgado y le propuso que juntos iniciasen una pandilla. Sanford se entusiasmó enseguida y gustoso se unió a Ace.

Nueve y once años. Un niño y un adolescente. Aquellos que se hicieron mejores amigos, colegas y confidentes.

Ace había creído en la vida de Serpiente, se había reflejado en él, se había visto indefenso mucho antes de que pudiese ser consciente de ello y gracias a ello le había salvado. A partir de ese instante se había jurado proteger a ese niño con su vida, pese a que en ocasiones consiguiese desesperarle.

Desde aquel momento eran uno solo, un sólo camino y una sola meta.

Después de aquel acontecimiento, Serpiente se había vuelto indeleblemente leal a Ace. Lo podía seguir durante horas sin cansarse. Había aprendido a escabullirse en lugares pequeños para espiarle, había aprendido a deslizarse a través de grietas para admirarlo, había comprendido que estaba enamorado y jamás podría abandonar sus sentimientos.

Debido a sus traviesas acciones, en más de una ocasión se vio involucrado en problemas. Algunos verdaderamente graciosos, como aquella vez en la cual había cortado la punta de su lengua en dos partes. Por su torpeza había resbalado sobre una botella y ésta terminó por romper su lengua. Lógicamente al no poseer dinero para pagar un hospital, Ace eligió curarle él mismo. Con algunos objetos que había robado, cosió la lengua de Sanford, no obstante no tuvo idea de cómo unirla de nuevo, por lo que la dejó en dos segmentos simulando la lengua de una serpiente. Por aquel acontecimiento, Serpiente no conseguía pronunciar correctamente las palabras, ocasionando que el mismo Ace le apodase de aquella forma que ahora se le conocía; Serpiente.

Y no le desagradaba, de hecho se sentía honrado. Estaba contento de ser el experimento de su jefe. De haber sido transformado por él.

Después de aquello, a Ace se le ocurrió la gran idea de utilizar pintura en aerosol para teñir su piel de verde. Fueron tantas ocasiones en las cuales se pintaron que un día prácticamente fue imposible retirar la tinta de sus cuerpos. Incluso si tomaban diez duchas diarias, la pintura no se iba, por lo que supusieron que esa sería su característica a partir de ese momento.

Se autonombraron la Banda Gangrena y unieron a más niños como ellos; niños sin familia, sin amor. Niños desesperados por una familia.

Sí, Ace era un verdadero héroe para todos los integrantes de la pandilla. Ace siempre estaba ahí para ellos, incluso si perpetuamente aparentaba no importarle absolutamente nada. Copular era el padre de aquella extraña familia que habían desarrollado y Sanford lo admiraba tanto que en ocasiones en su imaginación le plasmaba con una capa digna de un ídolo. Porque aunque no pudiese volar ni poseyese poderes, Ace era un héroe. Su verdadero súper poderoso.