Paralelos
18/03/14 09:32pm Saint Paul, Minnesota.
Las puertas de la prisión se abrieron en par dejando en libertad a dos poco comunes prisioneros. Los flashes y los paparazzis inundaron el lugar con preguntas estúpidas, pero ninguno de los dos se inmutó. Con sus cabezas en alto y gafas de sol, ocultando sus ojos llenos de ira y tristeza, emprendieron su camino para enfrentar a las personas que tanto daño les hicieron.
Carlos García caminaba despreocupadamente por las frías calles de Minnesota, con un pequeño cuaderno en su mano derecha y un lápiz con el que escribía en la mano izquierda. Su mirada se hundía en las páginas de aquel objeto, mientras dibujaba pequeños bocetos en ellas. Carlos era un excelente artista, desde pequeño hacia hermosos dibujos en cualquier hoja blanca que le dieran, es su gran pasión. Desde el tallo de una pequeña flor, hasta La aguja espacial de Seattle, Carlos dibujaba cualquier cosa.
Solo mantenía su atención en el cuaderno, cuando sintió una mano cubrir su boca y otra simulando ser una pistola, apuntando su cabeza. Se sobresaltó.
-Dame todo lo que tengas o sufrirás las consecuencias-dijo una voz familiar, simulando un pésimo tono ronco.
Carlos se volteó y se encontró con su amigo desde el jardín de niños-¡James!-sonrió y rápidamente abrazó a su acompañante.
Era el primer día de clases en la secundaría Venice, lugar donde cursan el décimo grado. Carlos y James no se veían desde el verano pasado, donde James tuvo que viajar a Los Ángeles para unas vacaciones alejadas del horrible frío de Minnesota. El verano fue totalmente aburrido para Carlos, sin James era cómo mirar una película de terror en pleno día: sin ninguna emoción.
-¿Qué tal el verano en Los Ángeles?-Preguntó Carlos.
-Aburrido. Debo admitir que extrañé a mi Mineon favorito-James alborotó el cabello de Carlos mientras éste reía a carcajadas.
-Yo también te extrañé-el moreno abrazó la cadera de James y el ultimo pasó su brazo por encima de los hombros de Carlos.
En todo el transcurso hasta la secundaria solo hicieron una que otra pregunta ocasional de que tan mal estuvieron los últimos meses. Minnesota era igual todos los días, el clima no cambiaba, las nubes siempre cubrían el sol y pocas eran las plantas que crecían en sus gélidos suelos; incluso parecía que las personas usaban la misma ropa todos los días. ¡Nada cambiaba!
James no quiso soltar mucha información sobre su estancia el California, decía que no tenía sentido hablar de eso cuando ya está de vuelta en Minnesota; lo que molestaba un poco a Carlos. Pero lo compensaba recordando una que otra locura que ambos hicieron años atrás.
Al pasar por la plaza cerca de la secundaria, donde al parecer alguien estaba montando una especie de fiesta, era: ¿Recuerdas la vez que cortamos un montón de flores para regalarlas el día de las madres. Junto a un pequeño puesto de helados era: Amé la vez en que ordenamos un helado de cada sabor, comimos cada uno, se nos congeló el cerebro y terminamos en el hospital. En el estacionamiento del supermercado era: ¿Cuándo fue la última vez que paseamos en los carritos del supermercado? Y la mejor, en frente del local de periódicos…
Oh no. El local de periódicos.
Ambos se detuvieron en seco al leer el encabezado: ''Los verdugos vuelven a Minnesota''. El artículo solo trataba del suceso ocurrido hace siete años: la muerte de Jo Taylor. ''Los verdugos'' fue como tacharon a los supuestos perpetradores del crimen.
El día de hoy se cumple un año, desde aquel fatídico día. El cual se recuerda con el típico ''cómo si hubiera sido ayer''. Pero lo que dejó a Carlos y a James perplejos, no fue el hecho de que fuera el aniversario de aquel día, sino que corría el rumor de que ''Los verdugos'' también estudiarían en Venice. Nada había sido confirmado aún, pero el rumor solo se volvía más y más fuerte con el pasar de los segundos.
Carlos examinó el artículo una vez más; bajo el título se encontraba la imagen de Jo Taylor a la edad de diez años, luego habían unas siluetas negras al final de él. El resto solo era la historia que ya todo el mundo sabía de memoria.
-No te preocupes-James miró a Carlos y le sonrió-creo que todo es falso, no hay posibilidad de que ese par de asesinos estudien en nuestra secundaria, todo estará bien-Carlos le devolvió la sonrisa, pero a diferencia de la de James, en está había desconfianza y preocupación.
Trataron de olvidarse del asunto. El resto del camino siguieron bromeando entre ellos, el ambiente incluso parecía deshacerse del mal augurio que arrastraba aquel día. James se ofreció para llevar a Carlos de caballito, al principio le pareció ridículo al latino, pero luego cedió.
Para cuando llegaron a Venice, Carlos se bajó de James-¡Eso fue divertido!-exclamó muy excitado.
James tenía la respiración agitada-Si-se incorporó en sí y prosiguió-Hay que repetirlo.
-¡Definitivamente!
A unos kilómetros lejos de ellos, dos figuras misteriosas se preparaban para poner en marcha su plan.
-¿Crees que esto funcione?-preguntó uno de ellos.
-Totalmente-confirmó el otro.
-¿Sabes? Esto tengo un buen presentimiento sobre lo que pasará-una sonrisa siniestra se trazó en su rostro-¿Cuál es nuestra primera parada?
Su acompañante le entregó un documento extraño- Secundaria Venice, ubicado no muy lejos de donde… Ya sabes-explicó uno de ellos, su amigo asintió satisfecho.
-Perfecto-concluyó.
Un brazo femenino se agitó por encima de todas las cabezas en la cafetería-¡Carlos! ¡James! ¡Aquí!-gritó Camille Roberts, compañera y mejor amiga de los mencionados, señalando unos lugares vacíos en la mesa donde ella se encontraba.
Ambos sonrieron y se dirigieron al lugar señalado
-Hola-saludó el más alto, tomando asiento junto a la chica, mientras Carlos se sentaba frente a ellos.
-¡No puedo creer que hallas vuelto!-exclamó Camille-Carlos, los demás y yo te extrañamos.
Solo para aclarar; los ''demás'' son Lucy Stone, Jett Stetson, Mercedes Griffin, Dak zevon y Stephanie King. Todos pertenecen al mismo círculo de compañeros en Venice. Cómo toda secundaria, los alumnos se dividen en grupos, aquí llamados: círculos sociales, pero ya habrá tiempo para explicar los demás.
-Hablando de ellos, ¿Dónde están?-preguntó Carlos.
Camille volteó hacia atrás-Oh, deben estar a punto de llegar. Todos nosotros esperamos tu llegada con ansias; ahora que estás aquí, no creo que se vallan a perder tu bienvenida.
-Eso es genial, pero solo me fui tres meses. No es para tanto.-Dijo James.
-¿De qué estás hablando? Es para mucho, tres meses sin EL James Diamond no es lo mismo-Carlos golpeó suavemente el hombro de su amigo, quién tenía sus mejillas completamente rojas.
La hora del almuerzo terminó y ''los demás'' nunca se presentaron. Lo que entristeció un poco a James, Carlos y Camille. Habían esperado éste día desde que James partió ¡No debían perdérselo! Porqué no solo se ausentaron en el almuerzo, también el resto del día. A lo mejor faltaron ese día, es todo.
Después de que la campana sonara, los alumnos evacuaron completamente la secundaria, cómo si ellos fueran pequeños mosquitos y el instituto un gigantesco repelente. A Camille le causaba gracia ver a los estudiantes huir de Venice, tomando en cuenta que ella era parte de ellos, era algo irónico.
-¡James!-Mercedes Griffin llamó detrás del trio y se abalanzó sobre el mencionado en un abrazo-te extrañamos tanto ¿Cuándo regresaste?
James sonrió, al menos no se había olvidado de él-Mercedes, yo también te extrañe pequeña-''pequeña'' era el apodo con el que James bautizó a Mercedes, ella también le dio uno a él: ''Rascacielos'', por su descomunal tamaño. Pero no lo usaba con mucha frecuencia.
-Debemos celebrar esto, ¿Qué tal unos helados?-ofreció saltando de la emoción-Podemos ordenar de menta, tu favorito-golpeó suavemente las costillas de James con su delgado codo.
Primero, James miró a Camille y Carlos, quienes no habían dicho nada desde que Mercedes llegó, y estos asintieron felizmente-Por supuesto-Respondió.
-¡Excelente!-Exclamó la rubia.
-Ya son las seis de la tarde ¿Estás seguro de eso?-cuestionó una figura misteriosa.
-No podemos retroceder, recuerda: lo hacemos por ellos-respondió la otra.
-Bien-concluyó la primera.
Una de ellas acercó su mano a la puerta frente a ellos y con el dorso de su mano, golpeó suavemente. Un hombre canoso apareció en el umbral.
-Buenas tardes señores ¿En qué puedo ayudarlos?-preguntó.
-¿Arthur Griffin?-cuestionó la segunda figura misteriosa.
-Soy yo-confirmó el hombre.
-Debemos hablar con usted-dijo rápidamente la primera figura.
-Adelante-Griffin de apartó del marco y dio paso a los visitantes.
-¡Estos helados son deliciosos!-exclamó Mercedes mientras saboreaba su cremoso helado de vainilla.
-Lo sé-concordó Carlos dando un gran lametazo a su cono de chocolate.
Habían pasado por los helados después de terminar su jornada de clases, Carlos pidió un enorme cono de chocolate, Mercedes uno de vainilla, James de menta y Camille quiso uno de fresa. Siempre era igual: ellos y el resto compraban sus helados de los mismos sabores, nunca variaban. Preferían no pedir nada antes que comprar un sabor distinto. Era una especie de tradición.
A los pocos pasos se escuchó un gran ruido proveniente de una plaza cercana, música, específicamente. Ya había oscurecido así que se distinguían los adornos luminosos en ella; James entrecerró sus ojos y pudo distinguirlo: una fiesta. ¿No era esta, la plaza que pasó junto a Carlos en la mañana?
-¡SORPRESA!-gritaron sus amigos simultáneamente.
James se sobresaltó haciendo que su cono cayera al piso-¿Qué es esto?-preguntó confundido.
-¡Tu fiesta de bienvenida tonto!-respondió Carlos.
-Por eso no encontraste a los demás en la cafetería. Faltaron por hacer esta fiesta para ti-siguió Camille.
-Todo esto fue idea de Carlos-concluyó Mercedes.
James miró a Carlos y éste bajó su mirada avergonzado con sus mejillas sonrojadas-Gracias-le dijo abrazándolo.
-No fue nada-respondió Carlos.
-¿Para nosotras no hay abrazo?-Preguntó Camille uniéndose junto a Mercedes al abrazo.
-¿Es aquí?-preguntó un chico desconocido señalando una plaza iluminada completamente.
-Eso es lo que dice ésta hoja-respondió su compañero, entregándole el papel.
-Definitivamente es aquí-confirmó-¿Entramos?
-Después de ti.
En el interior de la fiesta estaban el resto de ''los demás''. El grupo entero se unió en un enorme y duradero abrazo. Lucy, Dak, Jett y Stephanie asfixiaron a James con un montón de preguntas sobre su viaje a California, las cuales no respondió. A pesar de que los estudiantes de Venice se trataban como si pertenecieran a especies distintas, varios de ellos estaban presentes en el lugar.
Incluso personas desconocidas para James estaban ahí.
-Así que… James, ¿Feliz de volver?-Dak preguntó revolviendo su vaso con ponche.
-Por supuesto que si amigo-respondió el mencionado.
-Te extrañamos tanto-Lucy volvió a abrazar a James, como si hubiesen estado separados por años.
-No vuelvas a dejarnos-Jett golpeó su hombro amistosamente.
-Solo fueron tres meses-se defendió James.
-¡Pareció una eternidad!-Stephanie exclamó agitando sus brazos en el aire, derramando un poco de ponche en el piso.
La lluvia hizo presencia pero nadie le tomó importancia.
Todos rieron con felicidad. Habían olvidado por completo que ese día, hace siete meses, murió una chica de su edad a manos de un par de desquiciados hermanos. El momento fue perfecto hasta que… Un horrible y desgarrador grito escucharon detrás de ellos.
-¡Ayuda! ¡Ayúdenme! ¡Está muerto!-gritaba una chica rubia completamente asustada. Su cabello, como el del resto de las personas, estaba húmedo por la lluvia. Sus zapatos y vestido estaban llenos de lodo.
Cayó despavoridamente en los brazos de Carlos, llorando-¿Qué pasa? ¿De qué demonios estás hablando?-Preguntó éste.
-Allá-señaló unos arbustos frondosos ubicados al lado de la mesa de bocadillos-Ahí hay un hombre muerto-rompió en lágrimas, enterrando su rostro en el rostro de Carlos.
-Chicas, quédense aquí-ordeno Dak-Iremos a revisar.
Todas asintieron, Carlos dejó a la desconocida rubia con las demás y, junto con James, Dak y Jett, fue a revisar el lugar.
Sus pasos eran lentos, no querían encontrarse con un cadáver en ese momento. La lluvia solo se volvía más y más fuerte, los rayos aparecieron violentamente y los truenos eran extremadamente ruidosos.
Dak se acercó a los arbustos y con ambas manos apartó las ojas. Palideció inmediatamente.
-¿Qué?-Jett preguntó completamente asustado pero no obtuvo respuesta. Dak estaba en shock-¡Dak que demonios encontraste!
-Arthur Griffin -susurró Dak.-Está muerto.
El resto de los chicos se acercaron y efectivamente, un hombre descansaba inmóvil entre aquellas hojas. Todos retrocedieron asombrados. Un trueno más volvió a azotar.
Todo el mundo se volteó hacia la entrada de la plaza, dos figuras aparecieron frente a ellos. Un rayo iluminó sus rostros causando más miedo en los presentes.
-No puede ser-susurró Lucy.
-Son ellos-siguió Dak.
-¿Cómo es posible?-se preguntó Mercedes.
Carlos y James se acercaron a los recién llegados sin miedo, los encararon con toda la valentía que poseían en ese momento.
-¿Qué demonios hacen aquí?-preguntó Carlos.
Lo ''intrusos'' solo dieron una pequeña y burlona sonrisa cómo respuesta.
Eran Kendall y Logan Mitchell… ''Los verdugos''.
*-* Me gustó cómo quedó, no sé, me encanta el misterio. Por cierto; estuve reexaminando mi vida y me di cuenta de que soy muy Darks. Me encanta el misterio, el suspenso, el horror y el color negro *-* soy tan especial. Bien, espero sus opiniones y que les halla gustado el capítulo tanto o más de como me gustó a mi.
