II

St. Goodbye

El timbre de la puerta suena y Rachel reconoce la sensación de inmediato: el salto de su estómago, la piel de gallina, la respiración agitada. Se acomoda la pollera con sus manos y se mira una vez en el pequeño espejo que hay sobre la chimenea (ha bajado las escaleras tan a prisa que su peinado está prácticamente desecho). Su corazón se desinfla en cuánto descubre que no es él quien está al otro lado de la puerta.

- Jesse.- lo saluda, de forma seca.

- ¿Me estabas esperando?- inquiere él, al ver el pequeño vestido amarillo que Rachel lleva puesto.

- No yo… no, no estaba esperándote.- responde, con sinceridad.- Debemos hablar Jesse. ¿Puedes… puedes venir mañana?- pregunta Rachel, sosteniendo la puerta y sonriendo de forma incómoda. Jesse suelta un quejido molesto.

- ¿Es por él? ¿Me dejas por él?- dice, casi en tono de broma. Rachel trata con todas sus fuerzas de no pegarle en la cara.

- Para empezar, nunca estuvimos juntos, Jesse. Tu y yo… no funcionaríamos.

- ¿Y eso porqué?

- Porque nunca voy a amarte tanto como lo amo a él.- responde, más para si misma que para el visitante. Jesse se gira sobre sus talones, regresando a su lujoso auto. Se voltea antes de entrar para hablar por última vez.

- Él no es más que un perdedor. Un niño de pueblo chico que no sabe lo que quiere.- dice, como último recurso, mirándola a través de sus anteojos negros.

- Ambos lo somos. Pero estamos trabajando en eso.- le responde ella, cerrándole la puerta. Con un poco de suerte, no sabrá de Jesse St James por un buen tiempo.