Wow, gracias a todos por sus reviews. No espera tener tan buen recibimiento~
Aquí les dejo el capo dos, ¡que lo disfruten!


"Espera, ¿quéeeeeee?" Exclamó Yuri, con los ojos bien abiertos. "Di-dices que...que ese hombre..., el tal Viktor Nikiforov, ¡¿es un patinador famoso?!"

"Eso creo. No sé. Me suena su nombre por las noticias del canal ruso" Replicó Yurio encogiéndose de hombros, con su mirada eternamente entornada en desdén. "Hace poco ganó una competencia mundial de patinaje sobre hielo o algo así entendí. Y por la descripción que me diste de él, me suena mucho a que ayer tuvimos un cliente famoso"

"O-oh...Bueno" Se llevó una mano a la barbilla, pensativo. Ahora entendía porque Viktor le parecía familiar. Recordaba haberlo visto alguna vez en televisión, pero hace años, cuando todavía llevaba el cabello largo. "Eso explica por qué se comportaba de manera tan...extravagante."

"Bah... Seguro que esa es su actitud normal. Los famosos son gente rara." Dijo al tiempo que jugaba con su celular.

Lo mejor del turno nocturno era que había poco trabajo, pero existía una alta probabilidad de sufrir un asalto, pero Yurio siempre traía consigo a su fiel bate 'rompe cráneos' para protección de ambos, así que siempre podía echarse tranquilamente en una silla y esperar pasar las horas.

"Me pregunto como alguien tan famoso como él llegó a parar a esta ciudad..." Comentó el castaño con curiosidad. Normalmente se habría deshecho del tema sino fuera porque ambos estaban aburridos y hablar sobre una personalidad tenía su encanto. Incluso pensaba que, conocer al campeón mundial de patinaje sobre hielo sería una cita obligada que contaría algún día a sus futuros nietos. "Quizás sea por la pista de patinaje que tenemos en la ciudad. Es la más grande que hay por los alrededores y tiene cierta fama."

"¿Ah? ¿Hay una pista de patinaje por aquí?" Inquirió el rubio alzando el rostro. Eso sólo lo hacía cuando en verdad estaba interesado. Tenía apenas un par de meses viviendo en el país y no se había tomado la molestia aún de conocer más allá de su manzana (la tienda estaba dentro de esa área).

"Sí, no está muy lejos de esta zona. ¿Te gusta el patinaje sobre hielo?" Preguntó con una sonrisa complacida, pues él mismo había practicado ese deporte cuando niño, pero había sido por mero hobbie. Así que saber que su compañero de trabajo tenía gustos parecidos a los suyos era agradable.

"Umm...Sí. Solía salir a patinar en lagos congelados con mis amigos allá en Rusia. Pero nunca hice patinaje artístico, si a eso te refieres"

"Deberíamos ir juntos uno de estos días. Será divertido."

"...Suena bien" Contestó en voz baja, con un ligero rubor en las mejillas, de manera que Yuri apenas pudo escucharlo.

Yurio nunca lo admitiría abiertamente, pero le agradaba Yuri. A pesar de que las primeras semanas que trabajaron juntos hacía lo posible por ignorarlo en venganza, pues su jefa fue la que le otorgó el sobrenombre de 'Yurio', porque tener dos 'Yuri' era confuso y el castaño tenía preferencia por antigüedad. A medida que pasaba el tiempo y convivían, se dio cuenta que Yuri era una persona afable, como también tímida y manipulable. Yurio odiaba a los manipuladores, así que jamás se le pasó por la cabeza intentar aprovecharse de él...bueno, sólo de vez en cuando, cuando no tenía ganas de atender a los clientes.

"Oh. Pero iremos cuando se te quite la gripe." Agregó Yuri al recordar la razón por la que el rubio se había ausentado.

"Me siento mejor que ayer. Seguro que mañana se me quita."

Los chicos continuaron hablando de otros temas, callando cuando un cliente llegaba a caja para pagar, hasta que Yuri sintió que su mano era tomada por una persona al otro lado del mostrador. Quitó la vista de la botella de agua que sostenía y la alzó para toparse de nuevo con esos ojos azules tras unas gafas oscuras.

"Buenas noches, Yuri." Saludó Viktor con una brillante sonrisa. Además de las gafas oscuras, usaba una gabardina, como si fuera de incógnito. Posiblemente era para evitar a la horda de chicas de la noche anterior.

"A-ah..." El castaño no pudo articular palabras. No pensó en volver a encontrarse con el hombre de cabello plateado otra vez y tan pronto. Ahora no solamente se sentía nervioso por su atractivo, sino que se sumaba el hecho de que era una persona famosa.

"Oi, ¿qué pasa?" Preguntó Yurio con el cejo fruncido al ver a su compañero paralizado. Después miró a Viktor, y al reconocerlo, dio un salto hacia atrás. "¡Es el patinador!"

"Oh. Ya me descubrieron." Dijo Viktor ladeando la cabeza con decepción. "Espero que las cosas no cambien entre nosotros sólo por eso, ¿de acuerdo, Yuri?"

"E-eh..." Sin saber muy bien porqué, el castaño asintió con la cabeza, provocando otra sonrisa en los labios del peliplateado. Sintiendo que sus mejillas ardían de nuevo tras notar que sus manos aún se tocaban, quitó la suya de inmediato.

"¡Hey! ¿Qué hace una persona como tú en un sitio como éste?"

Yuri agradeció internamente la tosca intervención de Yurio, pues podía sentir como su cuerpo temblaba ligeramente de nervios, además de que esa misma pregunta rondaba por su cabeza. ¿Qué hacía Viktor allí por segunda ocasión?

"Vine a ver a Yuri, por supuesto" Respondió de manera tan natural, haciendo que el mencionado se sobresaltara. "Ah. Y para comprar agua. Estoy sediento después del entrenamiento."

Yurio negó con la cabeza.

"No. Me refiero a qué haces en esta ciudad. ¿No deberías estar en otra más glamorosa gastando dinero?"

"No estoy en un viaje de placer, sino de negocios. Estoy buscando una escuela de patinaje que me agrade para ser allí un simple instructor. Esta ciudad tiene una pista de patinaje en óptimas condiciones, así que decidí darle una oportunidad. Ya tengo asignado un grupo de prueba. De hecho debo volver con ellos en unos minutos, el descanso está por terminar... Por cierto. Me parece que no nos hemos presentado. Yo soy..."

"Viktor Nikiforov, sí, sí" Interrumpió restándole importancia. "Yo soy Yurio...¡quiero decir! ¡Yuri Plisetsky!" Exclamó con las mejillas rojas de vergüenza. Ya se estaba acostumbrando a su apodo y odiaba eso.

"Oh. Dos Yuri, pero cada uno con personalidades opuestas. Qué divertido." Comentó tras reír.

"Ah, un momento." Yuri se atrevió a hablar al percatarse que la conversación fluía ligera. "Si está instruyendo a un grupo, ¿significa que es posible que acepte el empleo?"

"...Sí, es muy posible. Si eso sucede, tendría que mudarme y pasar aquí el resto de mi vida. ¿Eso te gustaría, Yuri?" Inquirió apoyándose sobre el mostrador, el castaño retrocedió un poco.

"A-ah, bueno, yo...Creo que lo importante es cómo se sientas usted."

"Bueno, por ahora siento que las cosas están yendo de maravilla y estoy conociendo personas interesantes, como tú, por ejemplo." Yuri se ruborizó de nuevo.

"¿Ah? ¿Pero para qué quieres ser un instructor?" Preguntó Yurio, hasta que su cerebro conectó. "Ah, claro. ¿Vas a retirarte del patinaje porque ya estás viejo, no?"

"¡Yurio!" Le amonestó el castaño en voz baja.

"B-bueno, yo no lo diría de esa forma, pero sí. Ya estoy en mi edad límite" Contestó Viktor, sintiéndose un poco ofendido mas no molesto. "Pero apenas cumpliré los treinta..."

"Pts...Y yo apenas tengo dieciocho. Para mí eres un viejo." Dijo y volvió a su celular para publicar en sus redes sociales a quién acababa de conocer.

"P-por favor discúlpelo."

"Está bien, yo también tuve su edad." Dijo encogiéndose de hombros de manera despreocupada. "¿Puedo saber tu edad, Yuri?"

"¿Ah? ¿Yo? Eh... tengo veintidós."

"¿Y tu color favorito?"

"¿Eh...? ¿Para qué quiere saber eso?"

"Por favor, no seas tan formal conmigo. Llámame Viktor."

"Ah, no puedo hacer eso. Usted es un cliente..." Musitó contrariado y buscando apoyo moral de Yurio, pero éste los ignoraba por estar en su celular.

"Entonces seamos amigos." Dijo ofreciéndole la sonrisa más cándida que nadie, además de su familia, le había mostrado jamás.

Yuri mentiría si dijera que no se sintió halagado por ello. No tenía muchos amigos. A decir verdad, Yurio era lo más cercano a un amigo que tenía. Así que tener a Viktor, un hombre el cual podía tener todo lo que quisiese, frente a él, mirándolo con esos azules a la expectativa de una respuesta positiva, no pudo evitar hacer que su corazón latiera acelerado. Demasiada presión.

Juntando toda la calma que pudo, asintió con la cabeza.


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