Disclaimer: nada mío y bla bla bla, todo de Jotaká y de Sweet Ashie, que inspiró este fic (así que ya sabéis, cualquier reclamación a ella, gracias xD)
Flor. Siento muchísimo que esto sea para ti. Porque odio el final y odio el medio y es cortísimo y lo odio todo entero en general. Espero que la neurona se me arregle para el próximo. Pero creo que no va por el buen camino xD.
Colores (Teddy/Victoire)
Es un día de esos que empiezan al revés y terminan patas arriba. De los que no tienen número, un día cualquiera de cualquier mes de invierno en un pueblo de una Francia que no quiere acabar de morir. Que alarga las luces y se pierde en los grises de sus esquinas, y llena el cielo de huecos y voces.
Podrían haberse quedado en el hotel. Hace de ese tipo de frío que se cuela hasta debajo de la piel y opaca las pupilas; podrían estar en el sofá bajo mantas y mantas y bebiéndose la tarde con chocolate caliente (y Teddy habría pasado un brazo por el hombro de Victoire con miedo y sonreído aún más asustado quién sabe de qué). Habría sido sensato y de hecho Teddy lo dijo. Lo dijo bajito, muy rápido y como qué tal si, como si ni él mismo se lo creyera, sólo para que después ella lo mirara mucho abriendo los ojos -esos que se disuelven en sus sombras y casi son cristal líquido- y susurrara que de ninguna manera podían hacer eso. Y a partir de ahí, Teddy dejó de lado lo de ver abrazados una de esas películas de amores épicos que te dejan algo atragantado en el pecho, lo de sentir la mañana desperezarse detrás de las cortinas, y todo se redujo a ella poniéndose el abrigo y haciendo eso que tiene de no dejar de sonreír poniéndole un gorro de lana en la cabeza, "algo que esconda que aún no sabes controlar el color de tu pelo", y de reírse contra su nariz, de puntillas y tanteando un beso. A Teddy no le quedó otra que dejar asomar esa sonrisa templada que guarda para momentos así, para cuando hace frío y Victoire huele dorado y crema tan cerca que tiene sentido si no hablan y simplemente se cogen de las manos obviando el beso, dejándolo apartado para cuando se les rompa en las comisuras de los labios.
Esa tarde que reniega de todo lo que debería ser normal -que es tarde pero debería ser noche, que se resiste a desaparecer y saca siempre un poco más de verde y más naranja del que tiene permitido- los persigue por las callejuelas y hace que sus siluetas sean sólo una sobre la piedra del suelo. Se les pega a los talones y casi los hace tropezar cuando Vic ve un escaparate y se queda perdida en él.
-Cuántos colores.
Colores redondos. Verde pistacho, fucsia cielo, violeta locura. Montones de pastelitos detrás del cristal, como a un paso o a un suspiro de distancia.
Y quién sabe qué hace esa pasteleria aún a medio cerrar, con la persiana metálica sólo bajada hasta la altura de sus hombros -los de Teddy. Victoire encaja a la perfección en ese espacio recién descubierto-. Quién sabe si no lo hicieron a propósito para que ella apoyara las manos contra el vidrio y se permitiera dejar escapar una de esas expresiones en francés robadas, que no son más que un regalo de su madre.
-¿Quieres...?
Ella niega con la cabeza. Al hacerlo, todo ese delirio de curvas que es su pelo se mueve al compás.
-Me gusta mirarlos -Se muerde el labio, intenta callarse. Falla-. Me recuerdan...
Se detiene, y Teddy no sabe si es porque sonaría demasiado alto entre tantas sombras recortadas o porque realmente se sobreentiende y ella lo prefiere así, envolverlo de sutileza y esas cosas brillantes que ya significaba Victoire desde mucho antes de que naciera. Y el beso llega entonces. Despacio y lánguido, casi lamido, sin llegar nunca a explotar. Para que se deje confundir con todos esos colores del cielo, de los pasteles, para que hoy esté hecho de rozarse en esas sonrisas que tienen para decirse lo que no hace falta decir porque se piensa todo el tiempo.
***
Autora: El pueblo donde están es PRECIOSO y un lugar imposible de describir. Annecy. Tiene un nombre blanco pero no podría ser de más colores. ¿Todos los que puedas imaginar? Están. Escondidos o estallando. A veces hay que buscarlos un poco, otras te los encuentras sin querer y es como si hubieran estado allí todo el tiempo. Qué más puedo decir. Nada de lo que escriba le va a hacer justicia, así que mejor me callo.
