CAPITULO 2.
EL MUNDO HA CAMBIADO
Tres años habían pasado, y el recuerdo del hilo rojo se diluyó en la memoria. Era un evento sin trascendencia, que se asemejaba más a una ilusión óptica que a un suceso real. Pero hay situaciones que quedan dormidas en lo más recóndito de la mente y se despiertan justo en el momento adecuado.
Lucy tenía un resfriado de esos que anunciaban largos días y especialmente largas y congestionadas noches. Venía acompañado del siempre atento dolor de huesos, su majestad malestar general, mas sus súbditos fiebre y dolor de cabeza. Llevaba dos semanas enferma, pero el virus parecía contento con ella, pues no se iba. A pesar de la insistencia de su familia y amigas, no había acudido al médico. Era pasajero. Estaba bien. Sólo necesitaba descansar.
Había faltado a clases más de lo que podía permitirse. Tenía el presentimiento que cuando volviera no podría adelantarse con facilidad. Además los profesores no se distinguían por ser de naturaleza compasiva. Según sus cuentas, ese día tenía práctica. Si faltaba, era probable que no pudiera recuperar la materia, pues los informes valían el 30% de la nota final. Sumado a que ya había perdido uno de los primeros exámenes, sus posibilidades disminuían. Había amanecido ligeramente mejor. Quizás podría ir a clase. Pero antes, debía abastecerse de medicina o no lo lograría.
Salió de la casa forrada como un muñeco de navidad, y con un tapabocas para evitar esparcir su infortunio. A pesar de eso, varios escalofríos bajaron por su espalda con el contacto del aire. Se armó de optimismo, avanzando por la calle hacia la droguería más cercana.
Al entrar al establecimiento, se acercó a las góndolas centrales. Revisó los estantes, buscando alguna mezcla infalible de anti-estamínicos y acetaminofem o algo con el nombre de un conjuro mágico que le permitiera sobrellevar el día. Los números con los precios se le hacían difusos. Parpadeó varias veces hasta que pudo ver claramente.
Se fijó en una caja morada con un enorme nombre en mayúsculas que anunciaba mejoría inmediata. Estaba en la parte superior del estante. Esa era la medicina que Anaís le había recomendado el día anterior. La miró con desesperanza. Muy alto.
Saltó. No la alcanzó. En cambio, llegó al piso mareada. Un frío extraño le recorrió el cuerpo. Se sostuvo de la estantería, concentrándose en su respiración, esperando un poco a que pasara. Se fijó de nuevo en el marquillado de los precios con los nombres de los productos. Ahora veía manchas negras por doquier. Tenía las puntas de los dedos helados y un hormigueo en las manos. ¡Pero debía ir a clase o perdería esa materia! Perder esa asignatura representaba atrasarse un semestre, y si se atrasaba un semestre sus padres debían pagar de más. La situación económica no estaba para que ella les impusiera más cargas. De seguro si se tomaba la medicina, podría llegar a clase.
Con la determinación que la caracterizaba, trató de nuevo. Saltó lo que más pudo. Estaba cerca…muy cerca…rozó la caja…pero…
Una mano tomó el producto. Por un microsegundo, su piel rozó con la de la otra persona. Ese contacto activó una chispa en su cerebro, algo importante. Pero cuando sus pies tocaron el suelo, el malestar volvió, opacando cualquier pensamiento. Buscó la estantería, pero en cambio, encontró las manos de un desconocido, que la sostuvieron. Se sorprendió del calor reconfortante que emanaba esa piel. Aquellas manos eran muy cálidas…o ella tenía las manos demasiado frías.
- Toma – dijo el desconocido, entregándole la caja. Ella la recibió con la mano derecha, y buscó apoyo de nuevo en la estantería, sosteniendo la medicina con la columna de metal-
- Gracias
- ¿Estás bien? –preguntó, mirándola de arriba abajo-
- Estoy bien
La persona que tenía al frente era un hombre alto, de unos veinticinco años. Lucy aún veía manchas negras, por lo que no detalló mucho su cara. El desconocido no le había soltado la mano izquierda, pero ella ni lo había notado. Ahora tenía nauseas, y no le importaba mucho lo que la sostuviera en pie. ¡Qué frío hacía!. Lo único tibio provenía de su mano izquierda.
- No te ves bien – aseguró el hombre- ¿Vienes con alguien? ¿Debo llamarlo?
Lucy negó con su cabeza. Tenía que irse.
- Estoy bien. Debo ir a clase.
Avanzó, pero las manchas negras no le dejaban calcular bien la distancia, por lo que se estrelló miserablemente con el pecho del hombre. Se retiró de inmediato.
- Perdón. Lo siento. Lo siento.
- Es mejor que vayas al médico – el hombre sonaba preocupado-
- Sólo…- tuvo que hacer una pausa, otra vez el mareo- es un resfriado
- No creo que sea un resfriado
La chica insistía en que estaba bien, pero no era verdad. Ni por asomo. Debajo de la bufanda y el tapabocas estaba pálida como un papel. Los ojos estaban más rojos de lo normal. Ahora se tambaleaba un poco… ¿y decía que estaba bien? Ni siquiera se había dado cuenta que aún la sostenía de la mano, que por cierto estaba helada.
- Debo ir a la universidad – dijo soltándose de su apoyo y de la estantería, avanzando con resolución- Una vez pague la medicina ¿verdad? ¿O ya la pagué?
Latis imaginaba que si continuaba así, esa chica se desmayaría en cualquier momento. ¿Dejaría que se fuera? ¿Qué debía hacer?
La respuesta llegó gracias a la casualidad. Un sonido reverberante proveniente del piso le llamó la atención. Era un celular, que vibraba con furia contra la cerámica. ¿Se le había caído a la chica cuando intentaba alcanzar la medicina en la que había depositado semejante fe?
Lo levantó, en grandes letras negras se veía el nombre del contacto "Marina :D". Dudó un instante, pero al ver que la muchacha no había detallado tampoco el sonido de su propio teléfono, se resolvió.
- ¿Aló?
Un silencio momentáneo se apoderó de la línea. Apenas lógico. No era normal que un hombre desconocido contestara el celular de una chica.
- ¿Es Marina verdad? –dijo constatando el nombre en la pantalla antes de continuar- Disculpe, estoy en la farmacia con…la muchacha pelirroja, ella está…
- ¿QUIEN DEMONIOS ES? ¿QUÉ LE HA HECHO A LUCY?
Latis tuvo que separar su oído del auricular. El grito le había atravesado el tímpano. Arrugando la frente, trató de hablar
- Sé que es extraño. Espere.
- ¿UN LADRÓN? ¡DONDE ESTÁ LUCY! – dijo su interlocutora, sin bajar el tono- ¡VOY A LLAMAR A LA POLICÍA!
- ESCUCHE – dijo con voz firme y profunda, para captar su atención, lo que hizo que la mujer del otro lado de la línea, por fin dejara de hablar- La chica pelirroja está enferma. Alguien debe venir por ella.
- ¿Lucy está enferma? ¿Por qué no tiene su celular? ¿Quién es usted?
- Lo dejó caer. Le daré la dirección, trataré de retenerla. Quiere ir a la universidad, pero en ese estado, no creo que llegue. ¿Usted vendrá por ella?
La voz no respondió. Latis temió que fuera sólo una conocida, a la que no le interesara la chica
- Claro que iré. Ahora mismo. No la deje ir. ¿Cómo es su nombre?
- Latis
No tuvo que hacer demasiado esfuerzo. La chica pelirroja (Lucy se llamaba, según lo que había dicho la voz en el teléfono) se había tropezado con alguien en su camino a la caja registradora; con lo débil que estaba, perdió el equilibrio, llevándose consigo una enorme torre de cajas. El desastre no fue de grandes magnitudes para tranquilidad de los empleados y de la misma Lucy. Las cajas eran sólo decoración, por lo que ningún producto se estropeó. Sin embargo, la muchacha se esforzaba en exceso por enmendar su error. Agachada en el suelo, ayudaba a los empleados a recoger el desorden con una expresión culpable. A Latis cada vez le parecía que estaba más pálida, transparente.
Preocupado, él mismo terminó recogiendo cajas, tratando que ella no se excediera, porque parecía imposible hacerle desistir de la labora pesar de la insistencia de las personas a su alrededor. Mientras trataba de ayudarla, Lucy le miró de reojo, y sus ojos brillaron. Latis sabía que debajo del tapabocas, ella sonreía. Fue en ese momento que algo se activó en su interior. Un recuerdo inconexo llegó a su mente: El día en que creyó ver un hilo rojo enredado en su meñique.
Lo desechó de inmediato. ¿Por qué había recordado aquello?
La mujer que le había gritado por el teléfono llegó al poco tiempo. Justo estaban por terminar de organizar cuando apareció en la entrada una muchacha que comenzó a caminar con desespero por todos los pasillos. Latis se levantó y tras una evaluación rápida, le llamó por su nombre. Ella volteó de inmediato, avanzando hacia ellos a grandes pasos.
- ¡LUCY! – dijo tan pronto la vio en el suelo sentada alrededor de las cajas, ya casi mimetizando el color de su piel con la blanca cerámica del piso- ¡pero qué estás haciendo! ¡Mírate! ¡Nos vamos ya mismo para el médico!
- ¿Marina? ¿Qué haces aquí?
- ¡Nos vamos YA!
- Pero…
- ¡NADA! ¡Ven acá! – manifestó mientras levantaba a la enferma del suelo, donde aún quedaban algunas cajas revueltas-
- Faltan unas cajas – rezongó Lucy con la voz hecha un pequeño suspiro- ¿Está lloviendo afuera? Hace mucho frío
- Tome – interrumpió Latis, entregando a Marina el celular de la pelirroja- es de ella
- Gracias. Muchas gracias por esto. Disculpe por haberlo gritado. ¡Nos vamos! – declaró tomando a Lucy por los hombros y arrastrándola- ¿Cómo es posible que salgas así sola? Eres una terca, ¿por qué no fuiste al médico? Ya le decía yo a Anaís que teníamos que obligarte…
- Gracias -balbuceó la enferma-
Las chicas salieron de la tienda en medio del monólogo de Marina. Al cruzar las puertas corredizas, Lucy volteó a verlo, para regalarle una última mirada, formada con ahínco, tratando de reflejar el "estoy bien" que muchas veces había escuchado esa tarde.
La amiga le ayudó a subirse al auto que las estaba esperando. Latis les observó hasta que arrancó.
Tenía una singular sensación de pérdida que no acertaba definir. Jamás en su vida le había ocurrido algo similar con una persona que acabara de conocer. Era un sentimiento nuevo, un descubrimiento que no había esperado encontrar en medio de las góndolas de la farmacia. El saber que no volvería a ver a esa pequeña y obstinada pelirroja apagó las cenizas del fuego insólito que había hecho ignición en su alma.
Teniendo claro que lo que sentía no tenía una solución inmediata, empezó a retirarse, con el objetivo de buscar lo que realmente había ido a comprar. Entonces vio en el suelo la caja del medicamento que tanto trabajo le había costado a Lucy obtener. La tomó en las manos para devolverla a la estantería donde pertenecía. Pero al hacerlo, algo brilló sobre la superficie. Un hilo rojo, que se desvaneció de su vista a los pocos segundos.
- Tengo algo en el dedo – mencionó Lucy de la nada, en medio de un malestar que se hacía cada vez más insoportable, al tiempo que el vehículo marchaba por las calles congestionadas-
- No tienes nada – dijo Marina, revisando su mano- Lucy, casi me matas del susto. –dijo sin darle importancia a lo que Lucy le acababa de decir- Ese hombre casi me mata del susto. No vuelvas a exponerte así. Estás muy enferma. ¿Aún tienes frío? ¿estás mareada?
- Algo – mintió- pero ahora siento algo distinto también
- ¿Distinto?
- No sé. Creo que no debí irme de la farmacia
- ¿A qué te refieres? ¡no empieces con lo de que tienes que ir a clase!
- No, no es eso – dijo en un esfuerzo por no devolver la poca comida que había ingerido al almuerzo- No sé. Es esa persona. Creo que no le agradecí –dudó sin saber que era lo que sentía- me ayudó a recoger las cajas.
- No puedo negar que fue amable. También tiene buen aspecto – dijo Marina con media sonrisa en la boca-
- Fue amable –repitió sin haber notado la referencia de Marina sobre su físico- y cálido.
No era un resfriado, concluyó Marina al ver la cara del médico particular de la familia cuando salió de la habitación de huéspedes que habían preparado para que Lucy recibiera la atención debida, después de haberla examinado.
De inmediato fue necesario el traslado al hospital más cercano. Todos los presentes sintieron el miedo bajando por la coronilla cuando el doctor, sin cruzar mirada con ninguno de ellos, recomendó que la ropa de cama y cuanto utensilio haya entrado en contacto con la enferma fuera esterilizado, para luego salir de la casa con presteza.
Fue allí donde comenzó todo. El mundo estaba a punto de cambiar.
Saludos desde el mundo místico! Capítulo 2 como lo prometí! Próxima actualización el 11 de Diciembre
Muchas gracias a los que están siguiendo esta historia, (Ana Kali, Prescea Guerrera Mágica y PuercoPink) Espero poder tener la habilidad para convertir esos follows en favoritos conforme vaya avanzando la trama. Gracias especiales a LucyKailu (por el favorito también, mil gracias por depositar esa fe!) , y a Ascella Star, quienes alegraron mi día con un review.
Me cuentan por favor qué les parece. Un abrazo!
