En la mente de Bella.

Por fin he llegado al colegio. Dejaré la bicicleta y entraré en mi primera clase.

Entré en el aula de literatura y me acomodé en mi silla, esta hora seria larga.

Después de coger varios apuntes y notas en las tres primeras clases me dirigí al comedor. Saqué mi móvil del bolso dispuesta a llamar a mi madre cuando de repente me choqué con algo sólido y brusco.

-Perdón, no te vi, lo siento – dije sin levantar la mirada mientras recogía todos mis libros que con el golpe quedaron esparcidos por el suelo.

-No perdóname tú a mí, yo también iba distraído – dijo una suave voz.

Vi unas manos ayudarme a recoger las cosas pero cuando fui a levantar la mirada para darle las gracias por ayudarme quede atrapada en su mirada, en unos preciosos ojos esmeralda. Era un chico mas o menos de mi edad, con el pelo bronzíneo, probablemente alto, atlético y con una bonita sonrisa.

-¿Estas bien? – me pregunto el chico con algo de preocupación en el rostro.

-¿Eh? , si, si estoy bien, gracias por la ayuda - ¿Bella te estas escuchando?

-Bien, bueno no hay de que. Adiós – dijo mientras se alejaba.

-Adiós.

Durante el almuerzo no pude dejar de pensar en ese guapo chico que me tope en el pasillo.

En unos minutos de lucidez, llamé a mamá para ver como estaba. Menos mal, todo estaba bien, se estaba distrayendo con la costura que le dejé cerca de su cama.

El timbre sonó sacándome en esos momentos de mis pensamientos.

Acudí a clase de Historia, la cual se me paso volando.

Entre en clase de Economía y me senté en la primera mesa que vi vacía. Estaba yo escribiendo tonterías en la pasta de mi libreta cuando escuché moverse la silla de la mesa de al lado.

Levante la vista y volví a quedar atrapada en esos grandes ojos verdes.

-¡Hola! – dijo esa suave voz

-Ho… hola - ¿Bella qué te crees que estas haciendo? Va a creer que eres imbécil.

-¿Te importa qué me siente aquí? Al parecer es el único asiento libre - ¿Importarme? No que va.

-No, no, puedes sentarte.

-Bien, gracias – dijo, yo solo pude asentir.

Ahora si que no me estaba enterando de nada de lo que estaba diciendo la profesora.

Escuché a la profesora decir algo sobre un proyecto por parejas.

-Vaya, que casualidad, parece que vamos a ser compañeros – dijo con una pequeña sonrisa.

-¿Qué? - ¿Qué clase de pregunta era esa?, eso parecía divertirle aún más.

-Según la profesora, nos ha tocado hacer un trabajo los dos al parecer por estar sentados hoy juntos.

-¡Ah! Bien, bien, no hay ningún problema si a ti te parece bien – que diga si, di si.

-Por mi tampoco hay ningún problema – dijo agrandando otra vez esa deslumbrante sonrisa – por cierto mi nombre es Edward, si vamos a ser compañeros lo mínimo es saber el nombre del otro ¿no?

-Si claro, mi nombre es Bella, Isabella.

Demasiado rápido para mi gusto, acabó la clase, aunque tuvimos una alegre charla, según Edward para conocer un poco a tu compañero.

Gracias a esto me he enterado que tiene mi misma edad, era un chico simpático, agradable y bastante divertido, de una familia con muchos más recursos que la mía. Su padre, Carlisle, era uin prestigioso médico, su madre, Esme, trabajaba como profesora infantil y su única hermana, Alice, un año mayor que él.

Al terminar mi última clase, salí corriendo para coger mi bicicleta y poder llegar a casa para ver a Renee a ver si todo ha podido ir bien.

Cuando llegue estaba con mi vecina la sra. Stanley, era una mujer de unos cincuenta años, de pelo claro y ojos oscuros, bajita y regordeta, hablando y riendo, eso me alegraba, que por lo menos alguna de las dos pueda reír.

-Hola mama, hola sra. Stanley, ¿todo bien? – pregunté.

-Si cielo, hoy no ha habido accidentes y ahora estaba aquí hablando un poco con la vecina – jaja ¿hablando? Si ya.

-Dirás cotilleando ¿no? Bueno voy a hacer el almuerzo – dije y salí de la habitación.

Durante la tarde todo fue normal, hice los deberes y ayude a mama a moverse. Por la noche mientras hacia la cena y cenábamos charlé con Renee.

Fregué los platos, recogí un poco la cocina y me metí en la ducha.

Después de mi ducha y tras leer un poco uno de mis libros favoritos (Crepúsculo), ayude a mamá a irse a la cama.

Estaba soñando con unos grandes ojos esmeraldas que se acercaban y se alejaban rápidamente, pero de repente me despertó el sonido de la alarma de mi móvil y esos preciosos ojos desaparecieron de mi mente.

Esa fue la primera noche que soñé con Edward Cullen.

En la mente de Edward.

Con el sonido del timbre salí rápidamente de clase de Educación Física y me dirigí al comedor.

Iba distraído con mis pensamientos y no vi a la chica con la que me choqué. Al parecer ella también iba distraída y tampoco me vio.

Todas sus cosas cayeron al suelo, mientras la ayudaba, volvía a pedirme perdón por haber chocado y me daba las gracias por ayudarla. Cuando levantó la cabeza parece que fue acto reflejo o algo parecido porque por unos segundos quedé sin habla al ver los ojos más hermosos que había visto en toda mi vida, unos ojos marrones chocolate. Cuando al fin pude escapar de su mirada, me marché.

Al llegar al comedor me acerqué a la mesa donde siempre me sentaba, con mis compañeros del equipo de fútbol del instituto y el club de las porristas, todas chicas bonitas pero sin cerebro, eran incapaces de entablar una conversación durante diez minutos seguidos sin que soltaran algunas de sus tonterías.

Durante todo el almuerzo no pude quitarme de la cabeza esos ojos, ese rostro tan perfecto con forma de corazón.

Al tocar el timbre que enunciaba el final del almuerzo me dirigí a mi siguiente clase, Literatura, la cual se me pasó bastante rápida.

Al entrar al aula de mi quinta clase, Economía, vi que el aula ya estaba llena y el único sitio que quedaba libre era al lado de la chica de los ojos chocolate, una gran alegría inundó mi cuerpo, fue algo extraño, algo que nunca antes me había pasado con ninguna otra chica. Me acerqué y me senté en la silla, a su lado mientras ella dibujaba.

Después de esto, hablamos tranquilamente, me contó sobre su familia, el fallecimiento de su padre y el problema de su madre, me habló de algunas de sus aficiones. Mientras hablábamos me iba dando cuenta de que era una chica muy diferente a todas las demás, se notaba que tenía la cabeza en su lugar.

Muy pronto acabó la clase y tuve que despedirme de ella.

Mi tarde fue tranquila, hice mis deberes, rabié un poco a mi hermana,… casi siempre lo mismo.

Me eché sobre mi cama, cerré los ojos y la primera imagen que se me vino a la cabeza fue ese rostro tan perfecto y por supuesto esos ojos, esos preciosos ojos marrones.

A la mañana siguiente me levanté con el sonido del despertador y aún seguían esos ojos en mi mente.

Creo que esa noche fue la primera vez que soñé con Isabella Swan.