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Los personajes de NARUTO, no me pertenecen. Son propiedad y obra de Masashi Kishimoto. Sí fueran míos, yo haría el SasuSaku canon. Un momento… ¡Ya son canon! *Rueda en el suelo*
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~*oO:: Cuando te vuelva a ver::Oo*~
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Capítulo 2: Una sonrisa que alegra el alma.
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Apenas comenzó a deambular por aquel atestado lugar, Sakura sintió que una sensación muy distinta a la de años anteriores la envolvía en su manto. El ambiente de aquel festival era mucho más cálido y alegre que de costumbre —algo irónico, dado que Febrero era el mes más frío de todo el año y la gente prefería encerrarse en sus casas que salir y llenar con sus risas y algarabía las calles de la aldea—.
Cientos de chōchin de color rojo yacían pulcramente colgados hasta en la última callejuela, puesto de comida, tenderete y resquicio; quizá por ese motivo ella tenía una impresión tan extraña del sitio, pues parecía ser más parte de un sueño que de la realidad en sí… como un hermoso espectáculo que años atrás no había podido disfrutar a plenitud.
Aun recordaba, risueña, que cuando niña —y de la mano de sus padres— adoraba recorrer todos y cada uno de los juegos y puestos mientras suplicaba a su papá que le explicase el porqué de tanto alboroto, parejas tomadas de la mano y chocolate —el cual ella adoraba, pero no entendía porqué las chicas más grandes que ella se sonrojaban y comenzaban a reír, nerviosas, con la simple mención de aquel dulce color café—. Rememoró como Kizashi pacientemente —pero con esa verborrea que le caracterizaba y que hacía querer conversar hasta a las piedras—comenzaba a relatarle de qué iba el asunto… a lo que ella, ruborizada y molesta, aseguraba que los chicos era idiotas —llegando a su memoria la imagen de un chiquillo molesto y tonto de nombre Uzumaki Naruto que no hacía más que travesuras para llamar la atención de todos en la academia ninja, llevándose buenos castigos y reprimendas por ello—, perjurando que ella no iba a gastar su tiempo regalándole algo a uno. En ese momento su padre comenzaba a reír divertido —y totalmente de acuerdo con la resolución de su pequeña niña— mientras que su madre negaba con la cabeza sentenciando que no pensaría lo mismo cuando ya fuese mayor.
No tuvo que esperar mucho tiempo para darse cuenta de lo equivocada que estaba pues, un par de semanas después, Uchiha Sasuke—recién matriculado en la academia ninja— se robó su corazón, suspiros y su total atención.
Sin duda era irónica la manera en la que algunas cosas funcionaban.
Exhaló suavemente ante el vivaz recuerdo acomodándose el abrigo y ajustando la correa de su bolso —en el cual llevaba todos y cada uno de los presentes que regalaría— para enseguida echárselo al hombro con la intención de seguir caminado por ahí.
En el tiempo que llevaba ahí —alrededor de una hora— ya se había encontrado con la mayoría de sus amigos y amigas, que luego de un intercambio de tomo-choko, abrazos y charlas breves —debido a que casi todos iban acompañados de sus respectivas parejas y lo último que ella deseaba era estorbar en aquellas citas y lamentarse por la falta de romance en su vida— se dispuso a buscar con la mirada a las pocas personas que hacían falta en su lista. Así pues, a los pocos minutos divisó a Ino y a Sai frente a un puesto de Okonomiyaki, haciéndose espacio entre la muchedumbre de gente para finalmente llegar con ellos. Cuando por fin lo hizo, apenas pudo saludar a ambos antes de que la rubia la jalase del brazo alejándose con esto del pelinegro —quien esperaba paciente los pastelillos que había ordenado— logrando arrinconarla entre el espacio de un puesto y otro. Se le notaba en la cara que estaba dispuesta a sacarle toda la información posible… y usar sus jutsus mentales de ser necesario. Ino era tan cotilla que no lo dudaba ni por un segundo.
—Y dime, frentona, ¿verdad que mí "receta súper especial" es la mejor de todas?—preguntó con presunción, sabiendo de antemano la respuesta—. Estoy segura de que ni Sasuke-kun se podría resistir a ella.
Sakura rodó los ojos, divertida ante la inmensa confianza que poseía la Yamanaka y deseó que le contagiase un poco de su positiva actitud.
—Es buena, lo admito. —Elevó los hombros, restándole importancia al asunto para después comentar con cierta reserva—: Aunque mi madre terminó ayudándome, ¡pero eso es lo de menos!
—Por lo menos gracias a Mebuki-san ya estoy segura de que no le pusiste nada raro al chocolate—susurró la muchacha, pasándose una mano por el cabello con una mueca de alivio adornándole el bonito rostro.
—¿Dijiste algo, cerda? —cuestionó la de ojos verdes en tono siniestro, dando a sobrentender que la había escuchado perfectamente bien.
Ino tragó saliva fingiendo inocencia.
— ¡No es nada en especial!, cosas sin relevancia—Aseguró la rubia de larguísima melena mientras una risilla nerviosa se apoderaba de ella. Sakura decidió restarle importancia al hecho de que todos sus conocidos sabían que poseía una asquerosa sazón (y eso no hacía más que avergonzarla y molestarla en partes iguales) y, con un tono tímido y cauteloso —y un rubor coloreándole las mejillas— atinó a preguntarle a su amiga:
— ¿Lo has visto?
La de ojos azules dio un pequeño respingo y enseguida le sonrió con picardía al saber exactamente a quién buscaba Sakura mientras hacía un recuento de la última hora en su mente. Estuvo a nada de contestar, pero Sai —con su bienintencionada imprudencia— se le adelantó:
—Si buscas a Sasuke-kun… le vi acompañando a Naruto-kun en Ichiraku hace veintisiete minutos con cuarenta segundos—reveló con su habitual tranquilidad, mientras le entregaba el Okonomiyaki de queso a su novia—. Si te apresuras, es posible que todavía los encuentres ahí. Naruto-kun ya iba por su tercer tazón de ramen.
—Gra… gracias, Sai—masculló la peli-rosa con la cara ardiéndole de vergüenza. Fue entonces cuando se preguntó si acaso era tan obvia. Si hasta Sai podía leerla con tanta facilidad estaba claro que se encontraba totalmente jodida.
Sacudió su cabeza de un lado a otro, alejando la incómoda sensación, pensando en despedirse de la pareja y apurar el paso, pero antes de ello abrió su bolsa y sacó dos cajitas de chocolate; las cuales entregó a Ino y Sai sin mayor ceremonia.
La rubia le agradeció enseguida el detalle con un efusivo abrazo, pero el pálido muchacho fue un caso distinto —pues contemplaba el obsequio con una expresión extraña—. No fue hasta que ella le preguntó si había algún problema con el chocolate que le había dado que se dio cuenta de qué iba el asunto. El ojinegro compuso una mueca que, para su mala suerte, conocía a la perfección.
— ¿Lo hiciste tú, fea? —preguntó con excesiva cautela y una sonrisa fingida adornándole el rostro.
—No. Lo compré. —Aseguró con los dientes apretados, conteniendo sus ganas de golpear a Sai… y dejar a Ino viuda antes de casarse. Notó como su amiga hacía señas a modo de disculpa y eso fue suficiente para calmar su explosivo temperamento.
Ino codeó a su novio en el brazo y —sorprendentemente— él supo captar el mensaje enseguida.
—Oh. Si es así… supongo que gracias por el presente— dijo amable, para enseguida agregar sin mayor tapujo—: Que bueno que aprecias a tus amigos lo suficiente y evitas enfermarlos con tu pésima comida. Debes querernos mucho.
Al escuchar aquello, Ino se palmeó la frente en señal de derrota. Si alguna vez pensó que no existía ser más imprudente que Naruto o Kiba era porque aún no había conocido a Sai. Si Sakura lo mandaba de un golpe al otro lado de Konoha se lo tenía más que merecido… y eso ya era mucho decir.
Fue impactante para ella ver como la peli-rosa solo se limitó a fulminarlo con la mirada, para segundos después suspirar de forma cansina mientras se daba la vuelta y se despedía de ambos con una mano al aire y una sonrisa auténtica en el rostro perdiéndose entre la multitud a los pocos instantes.
—Sí. Nos quiere mucho— masculló Ino con una breve sonrisa y la impresión enmarcándole el rostro mientras jalaba a su novio a un puesto de Kingyo-sukui. Si podía atrapar una carpa dorada (y que ésta sobreviviese el frío invierno), quizá se la obsequiaría a Sakura después.
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A este paso voy a terminar este fanfic hasta diciembre próximo. Ok, no es cierto. Pero sí he estado bastante desaparecida por estos lares (y por todos lados, a decir verdad).
Me han pasado algunas cosas que me mermaron anímicamente, y bueno, eso ha afectado mi rendimiento como escritora, dibujante, persona... en fin. No quiero aburrirlos con mis weas. (¿?)
Tocayita, como podrás leer, aún no termino tu regalo de intercambio de hace casi un año (seh, golpéame). Pero me dije "Rose, o lo continuas… o lo continuas. No puedes dejar tu regalo a medias; es como si regalaras una muñeca sin cabeza o unos Converse sin suela. :v " Y aquí o tienes, Ross, a medias de nuevo, pero la tercera entrega es la vencida… o eso espero. :´´´v
A los demás, muchas gracias por sus fav, follows y reviews. Ya saben que los aprecio mucho aunque no haya podido contestarlo aún (pienso hacerlo, claro).
PD. En cuanto a "Tributo", seh, merezco que me cuelguen por no actualizar, pero ya estoy trabajando en los últimos detalles de la actualización. Mil disculpas por la demora.
Bueno, es todo. Nos leemos pronto. Besos.
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~El rincón de la sabiduría de Rose~
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Chōchin: Son lámparas de papel. Su presencia suele asociarse con fiestas, y son muy habituales en China y Japón, así como, lógicamente, en los diversos barrios chinos alrededor de todo el mundo, donde se suelen colgar en el exterior de los establecimientos públicos para atraer posibles clientes. En Japón reciben el nombre de 提灯 (chōchin), y existe un tipo especial de caligrafía para escribir en ellas, llamado chōchin moji.
Okonomiyaki: El Okonomiyaki (お好み焼き) es una comida japonesa que consiste en una masa con varios ingredientes cocinados a la plancha. La palabra okonomiyaki está formada por el honorífico o (お), konomi (好み gusto) y yaki (焼き cocinado a la plancha), significando "cocinado (a la plancha) a su gusto" (en referencia al cliente, o puede ser también (alimento) huevo y repollo en juliana, junto con otros ingredientes dependiendo del tipo de referencia al cocinero).
Kingyo-sukui: La palabra Kingyo-sukui proviene de Kingyo que significa pez o carpa dorada y de sukui que significa atrapar. Se trata de un juego tradicional japonés que puede verse principalmente en algunos festivales.
Reglas del juego:
El jugador debe atrapar con un pequeño aro de papel un pez dorado y meterlos en un recipiente aparte. Podrás conseguir los peces que quieras (o puedas) mientras que el papel no se rompa y te lo puedes llevar en una bolsa especial. Aunque, si no has podido coger ninguno, normalmente el tendero te suele dar amablemente un par de peces.
Hay algunos puestos en los que pagando un poco más te puedes llevar un pez más grande y en otros, si atrapas cierta cantidad de peces, te puedes llevar premios especiales.
