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Sailor Moon © Naoko Takeuchi

•Rei&Yaten•


Volvía con los platos de la recién desocupada mesa número 4 y suspiró al colocarlos sobre la barra. Desde allí, alzó la vista, logrando ver el horrible reloj de pared, ese que según palabras del señor Furuhata –dueño del sitio- era una hermosa y única pieza de arte abstracta.

Además de lo inmunda que esta le resultaba, las manecillas parecían detenerse e incluso ir en retroceso.

La chica de ojos violeta, negó y rio en sus adentros. Siempre al verlo pensaba en que tal vez no era una crítica conocedora ni del arte, mucho menos de la belleza "abstracta" plasmada en la misma, pero podía jurar por su colección secreta y cursi de figuras de origami, que esa cosa amorfa era el resultado de un artista frustrado, quien desdichado había estampado todas y cada una de sus desgracias en ella, sin compasión.

Todo en ese objeto era agónico para Hino. Entero indicaba haber sido creado para aniquilar una a una las manías y gustos perfeccionistas de la chica. Algo tan falto de simetría no podía existir en el mismo mundo que ella. Hasta esa gama de colores verdes que la volvían tan atractiva –de la peor manera- de mirar, laceraban sus pupilas.

No era casualidad que la mesa más próxima tuviera tan poco éxito, era culpa del reloj. Estaba segura.

En fin, esa cosa horrenda apenas marcaba las 7:30 p.m.

30 minutos tan largos y eternos, le separaban de la libertad.

El nombre de esta aparentemente común chica, era Rei Hino, de apenas 19 años, y estudiante de 4to semestre de diseño gráfico.

Mesera de medio tiempo en "The Crown", una acogedora y agradable cafetería ubicada dentro de uno de los centros comerciales más grandes de Tokio. Trabajo, que si bien no odiaba, tampoco se podía decir que disfruta. La interacción con extraños jamás había sido su fuerte.

—Rei, déjame tu mesa.

Escuchó tras suyo una vocecilla chillona y al parecer desesperada demandando su atención. "Es Mina", de inmediato aseguró mentalmente.

¿Cómo no reconocer la voz de su compañera de departamento?

—¿Cuál mesa? —Cuestionó, con voz cansada, asomando la cabeza, buscando ver el lugar mencionado, sin tener éxito.

—Sólo dime que si, por favor.

La conocía, de más sabía que las ansias de la rubia por "su mesa" podían ser por una sola razón: chicos guapos en ella.

—Esta vez no puedo —Negó y avanzó sin darle oportunidad alguna a réplica.

—Rei, por favor —Lloriquea, la de ojos azules, apalancándose de la mano de Hino, imposibilitándole el avanzar.

—Mina, suéltame, si Furuhata nos ve…

—La propina será tuya. Por favor, ¡De ti dependo! Acabo de ver entrar a los hombres más hermosos que en mi desdichada y solitaria existencia amorosa se han cruzado. No querrás arrebatarle de ese modo la oportunidad de conocer al hombre de su vida a tu única, real e incondicional amiga ¿Cierto?

Explicó quedándose sin aliento por la velocidad empleada en su agobiada súplica.

Si le colocaba un par de orejas, Mina sin mucho esfuerzo podía ser la personificación del mismísimo gato con botas.

Rei, miró a su alrededor, cautelosa de poder dar el "si" sin testigos. Lo único que le impedía dejar a Minako a cargo de la mesa tenía nombres: "propia" era uno de ellos y Furuhata era el otro.

—De acuerdo, por favor se cuidadosa. Iré por nuestras cosas, te espero en el lugar de siempre.

No terminaba la frase, cuando ya la ráfaga de un mechón rubio a toda velocidad le golpeaba el rostro.

Miró la cortina dorada del cabello de su amiga desaparecer al salir por la portezuela y sonrió. "Desdichada y solitaria", eso había dicho Minako; palabras que Rei reemplazaría por: "desastrosa y ajetreada". Aunque tal vez en algo si tenía razón Aino, ella no iba a quitarle la oportunidad de conocer al hombre de su vida, sobretodo porque tal vez esos tres sujetos eran los últimos chicos que quedaban en la ciudad con los que Mina no hubiese salido ya.

Encogiéndose de hombros, ya resignada a la ideología romántica que su rommie practicaba, se marchó en busca de sus cosas.

Entró al pequeño cuarto oscuro, designado para guardar objetos del personal. Sin tomarse la molestia de encender las luces, tomó el bolso, y abrigo de ambas y se acomodó en el reducido sofá que amablemente –y para su buena suerte- el jefe hacía poco había instalado allí.

Vaya que estaba agotada. Justamente esa tarde había culminado un estresante periodo de exámenes finales. Mismo tiempo durante el cual las horas de sueños fueron contadas… preciadas.

Siempre que se encontraba en circunstancias como las de ahora, no podía evitar pensar en su padre y lo fácil que sería la vida si su dignidad y orgullo por lo menos le cupieran en el cuerpo.

Rei Hino, era la hija de un matrimonio deshecho, uno de esos que ni por error debió existir. Su madre embarazada a los 18, el padre a mitad de su carrera con 21; la mezcla ideal de un "kabum" asegurado.

Sí, ella misma era un "error". -según palabras de un furibundo padre- Título que con el tiempo había aprendido a asumir e incluso verlo con un poco de humor.

Vivió con su madre después de que el holocausto se viniera encima, -cuando tenía sólo 7- hasta hacía un par de años que ingresó a la universidad.

Aunque su madre jamás le había hablado mal del hombre en cuestión, la realidad era que siempre tuvo un resentimiento oculto hacia él y sus largas ausencias, el cual estalló cuando este decide casarse y ser padre por segunda y hasta tercera vez. De esa acalorada discusión es que nace el calificativo de "error". Del incidente -5 años- a la fecha, con una mano podía contar las veces que había tenido contacto con su progenitor, a pesar de la constante insistencia de este.

No había sido sencillo para Rei, pero hasta ahora, siempre, de una manera u otra se las había arreglado sola.

Sacó el móvil del bolso, pues tenía ya un momento, enajenada en la rugosa pared color marrón, frente a ella y en efecto, pasaban ya dos minutos de las 8 de la noche. Mina ya debía estar esperándole.

Se levantó y salió del café por la puerta trasera, la más cercana a la salida sur.

Cuál fue su sorpresa cuando; si, Mina estaba allí… pero no sola.

Rei detuvo su andar, por temor a interrumpir, mirando de lejos la escena en la que Aino, protagonizaba su más grande fantasía, aparentemente convertida en realidad.

Allí estaba la rubia, sonriendo, jugueteando con su cabello y contoneándose coqueta, siendo el centro de atención ante los ojos de tres hombres que simplemente no podían ser terrenales; uno más guapo y atractivo que el otro, aunque sin poder identificar cuál, pues cada vez que paseaba su mirada por uno ya el otro había sonreído y con esa simple mueca tomaba la delantera nuevamente.

—¡Rei! —El llamado abrupto de Minako, la hizo volver al centro comercial donde su cuerpo permanecía.

Turbada aún, sus enormes y negras pestañas aletearon veloces, buscando aterrizar por completo, conectándose con la ojiazul que sonriente se acercaba a ella.

Contuvo una mueca de incomodidad y descontento; si, esos hombres eran guapos de una manera insultante, pero de ahí a desear fervientemente ir a conocerlos o sabría la loca rubia qué más planeaba, en una noche que lo único que su cuerpo le incitaba a hacer era llegar a su departamento, tomar una ducha, un café a punto de hervor y meterse a la cama, un "NO" rotundo era la única respuesta posible que por su mente firmemente aparecía.

—¿Es ella? —Murmuraba mientras el Kou menor a sus hermanos, quienes atentos no perdían detalle de la recién aparecida.

—Si —Se limitó a responder Seiya.

—Es linda —Agregó un interesado Taiki.

—Y tiene mal lejos; de cerca es realmente preciosa. Lo que ves es la parte "tradicional" —Seiya, ya se sentía ganador.

—Basta, ahí vienen —Advirtió el castaño, cortando de tajo la conversación.

—Ella es Rei Hino; la chica por la que preguntaron —Presentó Mina a una por demás avergonzada y renuente Rei, negada incluso a levantar la vista y mirarlos de frente.

¿Es necesario decir que no es buena con los chicos? Lo es.

Más era su pudor al saber de boca de Mina que ellos habían pedido conocerla.

¿Para qué?, ¿Qué podían buscar tres adonis como esos en una simple mesera de una cafetería de cuarta?

No es que su suerte con los chicos fuese mala; sin embargo, siempre fueron chicos de normales en descendente; de esos que al conocer te parecen hasta feos, pero con el tiempo y el trato, soportables a la vista te llegan a resultar.

—Pues yo no le veo nada de… — Pronunció Yaten, mostrando un tono despectivo desde la raíz de la primera letra, planeando ya terminar la frase –como acostumbraba- con un hiriente final. Dando nula importancia a que la morena se hallase a un metro de él.

—Yaten —Recriminó Taiki, interrumpiéndolo.

Y de pronto la negrura misma de la noche, mezclada con un tono espeso color violeta aplastó al más joven de los Kou, dejándolo únicamente con la pizca de aliento requerida para culminar lo que había iniciado.

—… especial. —Terminó de acuerdo a lo planeado, pero con un sentido completamente diferente, cuando Rei Hino, curiosa por el regaño del castaño, levantó la mirada, dejando ver su par de preciosas amatistas, enmarcadas por la enormidad de unas densas pestañas, mismas que en cada abanicada parecían enviar avasalladoras oleadas de calor que comenzaron a transitar y afectar de manera desconocida, el cuerpo entero de Yaten.

—He ahí lo excepcional —Agregó el mediano sonriente, sintiendo el apoyo de Taiki, al mirar su rostro esperanzado.

Sin observar aún el impactado de Yaten, a su lado.


Intense Sweetness


Sol Levine nickrivers infinitas gracias. Francamente no escribo por comentarios, pero no puedo negar que te anima a continuar y apresurar el paso xD

Espero siga resultando de su interés. Saludos.

PD: Una disculpa por los errores. Prometo trabajar en ellos, así que si notan algo, favor de hacérmelo saber.