II.- Claustrofobia
Por más que trataba de avanzar, mis esfuerzos eran neutralizados de inmediato. No lograba ver con claridad, era como si estuviera envuelto en el humo de miles de cigarros invisibles que me acorralaban. Miles de hombros extraños me empujaban fríamente al pasar, impidiendo que fuera al lugar que debía llegar. Por más que los empujara y les gritara, mi voz se distorsionaba en graves y extrañas cacofonías, y mis golpes y empujones no los sentían, no les importaba, era como si no me vieran ahí en medio de esa mar de inercia que eran, luchando para no ahogarme y convertirme en uno más de ellos. Fugaces luces de neón me encandilaban, debilitando mis intentos, volviéndome aún más invisible de lo que era, más insignificante, innecesario. Una chica en uniforme golpeó mi pecho con su codo al pasar, lo cual hizo que me agachara y cubriera donde me había golpeado con mis brazos; en seguida el aire empezó a faltarme, la multitud se había estrechado aún más a mi alrededor, dándome la sensación que desde arriba mi cabeza ya no se vería entre ellos. Extraña sensación rasguñó mi pecho, al bajar mi mirada el horror me paralizó; bajo mis brazos la chaqueta y polera se habían desecho, dejando un agujero, el cual al tocar sentí como mi piel también se deshacía en humo y polvo, esparciéndose rápidamente a la mano que lo había tocado y por todo mi cuerpo, el cual no era mi cuerpo, sino que una masa de carne y huesos de extrañas medidas que desaparecía sin que nadie hiciera algo para impedirlo. Desaparecía, me desvanecía. Quise correr, patear a quien se me cruzara y salvar lo poco que quedaba de mí, mas estaba paralizado, ya nada podía hacer.
Sobresaltado y sudoroso, me senté de golpe en la cama, desgarrando el aire con mi voz. Me faltaba el aliento; había gritado más de lo que creía poder.
Miré a mí alrededor y me sentí perdido. No reconocí lo que me rodeaba, no era mi habitación, una amplia puerta frente a mi se hallaba cerrada. Voces masculinas y ladridos de perros pequeños se escuchaban a lo lejos.
- Hey, ¿A qué le ladran tus perros? - pregunto una voz gruesa.
- Ehh… no lo se, debe ser a un gato. No le prestes atención. -La voz de Gackt algo nerviosa y eclipsada por los agudos ladridos de sus perros. Ahora que recordaba, no los había visto.
Al parecer eran hartos, pues se escuchaban muchos ladridos, los cuales ya habían llegado a mi puerta. Los rasguños de pequeñas patitas y golpes de algunas colas me ponían nervioso, ¿Y si alguien venía a ver que los había alterado?
Desenredé las tapas de mis pies lo más rápido que pude para ir al baño, mas al llegar a la puerta recordé por qué había llegado a la casa de Gacktchan….creo que la palabra "Incomodidad" describe completamente mi situación en aquel momento. Al pasar frente al espejo, me detuve a observarme detenidamente por primera vez; el reflejo que me devolvía una consternada mirada era perturbador... sólo reconocía mis ojos. Toque mi rostro con ambas manos, y me sentí pequeño. Mi rostro era más ovalado y pequeño de lo que recordaba, mis manos también, pero mis dedos de se veían mas largos.
- ¿En qué lío te has metido esta vez…? – Pregunté con un hilo de voz a aquel reflejo femenino, el cual no sabía como responder.
El sonido de ladridos exaltados llamó mi atención; me asomé por la puerta del baño y pude escuchar pasos humanos acompañados de una voz que trataba de calmar al los cachorros. Cerré de inmediato la puerta con llave, apoyando mi espalda en ella, temiendo que alguien me descubriera ahí. Lentamente el cerrojo de la puerta se abrió, y escuché como los perritos se apoderaban de la habitación, ladrando y buscando; más pasos humanos. ¿Qué iba a hacer? ¿Podría salir por la ventana?. En seguida sentí como alguien rodaba el picaporte de la puerta en que me apoyaba, logrando que mi miedo aumentara.
-Hyde, ¿Estás ahí? – Suspiré aliviado al escuchar a Gacktchan al otro lado.
- ¡Hyde no se encuentra por ahora! – Dije, mientras me apretaba la nariz para distorsionar mi voz, aunque con la voz que tenia ahora no era muy necesario. – ¿Quiere dejarle un mensaje, señor?
- Haha…sí, quiero dejarle un mensaje, ehm... déjeme pensar...– Gacktchiin reía por lo bajo mientras me respondía.
- Apúrese señor, no tengo todo el día para ud. –Me apoyé en el borde de la puerta para que pudiera escucharme, mientras trataba de contener mi risa.
- Bien, bien, dígale que es un completo…-Y de golpe la puerta se abrió, logrando que casi cayera al suelo - …¡Idiota! – Gackchan casi gritó en mi cara cuando me atajó al abrir la puerta.
-¡Ah! ¡Tú eres el el idiota! -Le dije mientras le golpeaba para zafarme de él. Los perros ladraban a nuestro alrededor. – ¡Woah! ¡Son muchos! ¡Que tienos! – Gacktchan me soltó al ver que uno de ellos apoyaba sus patitas en una de mis piernas y ladeaba su cabeza al mirarme.
- Te los presentare –Y tomó al que me había mirado. – Él es Colley, es mitad Chihuahua y mitad Mini-Dachshun y no se por qué me hace acordar a ti –Me ofreció al perrito, mirandolo con ternura.
- ¿A mi? ¿En serio? – Lo tome con cuidado. Tenía el cuerpo de color café claro y sus patitas y pecho blancos, en verdad era muy tierno. Mientras lo miraba no dejaba de mover su pequeña cola, y cuando me descuide sentí su lengua acariciar mi cara; fue algo extraño, ya que hace mucho que no tenía un perrito.
- Ella es Lucy, y es mitad mini prinsher y mitad Pomeranita. –Puse a Colley en el piso, para al levantarme encontrar a Gacktchan mostrándome a una perrita oscura y con rasgos parecidos a lo que recordaba que era un chihuahua – Ven, tómala, no te morderá. -Dijo al ver que dudaba en tomarla, pero no quise rechazarla, pues lo veía muy entusiasmado en su presentación.
-¿Y ella no te recuerda a nadie? –Pregunté con un dejo de risa, solo para fastidiarlo un rato.
-Uhmm… déjame ver…te diría que me hace acordar a ti como estas ahora, pero te enojarías –Y me miró de reojo, mientras trataba de tomar a otro perrito.
- ¡Estúpido! -Golpeé su cabeza de un solo manotazo, aprovechando que estaba agachado. Él sólo rió como el tonto que es, dejando que los pequeños se le apoyaran en sus piernas.
Le hice cariño en la cabeza a la bella Lucy y la dejé en el piso con los demás, con lo cual Gackt se aprovechó para ponerme otro perrito en mi cabeza.
- Ella es Milky…es... es mitad Chihuahua y mitad Mini-Dachshun…-Trataba de contener la risa, mientras sostenía al cachorro en mi cabeza y cuello, con lo cual no podía levantarme, pero no pudo más y se partió de la risa.
Estaba un poco fastidiado ya, quería levantarme y la perrita empezaba a moverse mucho y a lloriquear, mas hacía mucho tiempo que no veía a Gacktchan reír así por estupideces como esa, así que preferí aguantar un rato mientras el reía a carcajadas. La perrita empezó a llorar aún más, logrando que él, aún muerto de la risa, la sacara de mi cabeza, meciéndola un rato y haciéndole cariño para luego entregármela.
- Ahh… tienes un loco padre, pequeña, lo lamento. –Le comenté a la perrita, acariciando su cabeza.
- Y ella es la líder de todo mi pequeño clan: Angie. –Y al levantarme vi como Gacktchan acunaba a una pequeña perrita peluda de pelaje negro, a excepción de sus patas y boca que eran café. Sus ojos se dirigieron tímidamente hacia mí, con lo cual morí de ternura.- Es una mezcla de un puddle miniatura y chihuahua.
- ¡Aww, que tierna! –La recibí con cuidado, con lo torpe que era no quería botarla y ganarme la ira del papá orgulloso.- ¡Que líder más bella! ¿o no, Angie? Sí, la líder más tierna.
- Me gustaría que estuvieran un rato contigo, así se acostumbran a ti y no ladran por toda la casa –Mientras me decía esto, noté que andaba vestido completamente sport: polera negra suelta, con un estampado del tour "The Sixth Day and Seventh Night" del 2004, short largo de buzo negro y unas pantuflas azules con estampados de patitas de perro de color celeste por todos lados.– Estaré unas horas con el staff de Nemuri Kyoshiro ensayando, pronto tendremos la presentación, pero apenas termine vendré a buscarte. -Se había sentado en la cama, lo cual yo también hice e inmediatamente todos los perritos intentaron subirse a ella.
- Oye, ¿Por qué los lentes? –Quise saber, al verlo tan sport, pero con lentes de sol grandes y oscuros. Dejé a Angie en la cama, para ver luego como Gackt tomaba uno a uno los demás perritos y los depositaba junto a ella.
- Ah, es que a los chicos les gusta sacar fotos de repente y así estoy preparado. –Tocó sus lentes, acomodándolos. – El flash es horrible cuando me llega directamente y además no estoy usando los lentes de contacto.
-Ahh…-Y enseguida recordé que a Gacktchan le gustaba la baja iluminación, cosa que a veces me molestaba un poco. – ¿Hace un rato no escucharon nada raro? –Recordé el grito que se me había escapado al despertar.
-¿Heh? ¿raro? Algo así... ¿como un grito? – Me miró directamente, acercando rápidamente su cabeza a la mía, lo cual me sobresaltó.
- Eh, algo así… -Miré apenado mis pies, quizás que cuento tuvo que inventarles a sus invitados.– Tuve una pesadilla... y desperté gritando, lo siento…
- Ah, no te apenes tanto, tan sólo yo lo escuché, los demás ni se dieron cuenta. -Y se acercó para revolver mi pelo, no sé por qué le gustaba tanto hacer eso ¿Acaso para molestarme?
- ¿De verdad? –Eso me extrañó, pues sentí que en verdad había gritado muy fuerte.
Mientras platicábamos, Angie se había acurrucado en las piernas de Gacktchan y los demás correteaban a nuestro lado en la cama
- Sí, porque estábamos en el gimnasio que esta alejado de esta pieza, sólo los pequeños y yo lo escuchamos. -Volvió a revolver mi pelo, ya me estaba hartando eso.
- ¡Oh, mira! –Y señalé a los perritos a nuestra espalda, para distraerlo y quitarle los lentes, alejándome de su alcance. – ¡Tengo tus lentes, tengo tus lentes~~!
- ¡Hey, pequeño demonio! ¡Devuélveme eso! –Dejó a Angie en la cama para ir tras mió, y casi me atrapa, pero salté por sobre de la cama y corrí al otro lado de la pieza, rodeando el grupo de pequeños sillones que habían en esa esquina.– ¡Ven aquí! ¡Me las pagaras!
- ¡Tengo tus lentes~! ¡Y no me alcanzas~! -Reí con ganas, mientras rodeaba nuevamente los sillones para dirigirme al otro extremo, pero al tratar de esquivar uno de los sillones que Gacktchan había movido al pasar, estuve a punto de caer, lo cual él aprovechó para jalarme del brazo, frenando mi huida.
-¡Ahora verás, pequeño malcriado! –Trató de quitármelos, pero yo me agaché para esconderlos, pues de nada me servía ponerlos en alto.- ¡Dame mis lentes, maldita sea!
- ¡No, son míos ahora! –Reí maliciosamente en mi mente, ya lo había hecho enfadar, era muy chistoso hacerlo enfadar.
Seguí escondiendo sus lentes, dándome vueltas para que no los alcanzara, mientras intentaba hacerme cosquillas, y tratando de correr, pero el siempre me tiraba del brazo impidiendo que me moviera de ahí. Por un momento pensé que podría escapar, pues Gacktchan se distrajo con los ladridos de los cachorros, sin embargo cuando me levante para correr, él tapó mi camino abalanzándose hacia a mí, por lo que instintivamente escondí los lentes en mi espalda, pero Gackt actuó más rápido, abrazándome para buscar en mi espalda. Esto me tomó por sorpresa; no habíamos estado tan cerca desde que había llegado, y la nueva contextura de mi cuerpo hacía que me cohibiera al estar así.
- ¡Los tengo! –Se alejó alegremente celebrando, mientras yo quedaba de piedra aún ahí. Había visto su mirada café chocolate tan cerca de mi rostro, que sentí que casi no respiraba.- ¿Eh? ¿Y a ti qué te pasa? –Se acercó mirando curioso, esta vez con sus lentes puestos.
- Agh…eh…es que me asusté… pensé que venía alguien. –Invente, desviando mi mirada al sentir que el rubor me subía al rostro. Sin aviso alguno uno de sus dedos apretó mi mejilla izquierda, sobresaltándome.
- Últimamente estás más asustadizo de lo normal. –Comentó con naturalidad, mientras yo lo miraba con enojo al ver que se reía de mí, protegiendo mi mejilla apuñalada.
- ¿Eh? ¿Más de lo normal? ¿Insinúas que soy asustadizo? -Exclamé molesto, ya volviendo a la normalidad, mas a ultimo momento noté que había hecho un puchero que odiaba, casi era un tic cuando me enojaba.
- Sí~, a pesar que eres un demonio, eres muy asustadizo. –Asintió con voz divertida, posando su mano en mi cabeza y moviéndola tontamente de un lado al otro.
- Déjame... - traté de zafarme, pero su mano parecía pegada a mi cabeza, me estaba desesperando – ¡Ah! ¡Suéltame!
- ¡Pareces niño pequeño! –Se burló, riendo gravemente de buena gana, para luego soltarme bruscamente.
Lo miré enojado, mientras me alejaba de él para sentarme en uno de los sillones. Fue entonces cuando recordé por qué Gacktchan vestía tan sport.
- Oye, adulto responsable, ¿Se te olvidaba que deberías estar ensayando? –Su mirada se volvió súbitamente hacia mí, y sin siquiera ver sus ojos supe que los había abierto de par en par por la sorpresa. Por mi parte sólo le sonreí malicioso, pues sabía que le había quitado gran parte de su tiempo de ensayo.
- Te dejaré aquí a mis hijos, cuídalos y si los subes a la cama o al sillón, vigílalos porque se bajan solos y se pueden herir –No quiso hacer comentario de mi burla y empezó a bajar de a uno los perritos de la cama, siendo rodeados por ellos.
En seguida Colley se dirigió hacia donde estaba sentado, mirándome de nuevo con esa ternura irresistible.
- ¿Quieres que te traiga comido, algo para beber...? –Y lo miré considerablemente cuando dijo "algo para beber", a lo cual el respondió devolviéndome una mirada un tanto de desaprobación, pero divertida.– Con los chicos hicimos un poco de comida, te traeré un poco. Cualquier cosa que necesites ve a mi armario, ahí están guardadas las ropas que dejaste la otra vez que te quedaste. –Dijo ya afuera, sosteniendo la puerta y poniendo un pie como barrera para que los perritos no salieran con él.
- Pero ¿Y si me ven? – En verdad quería como sea evitar ser visto por alguien más así.
- No te preocupes, los mantendré en el gimnasio, además las presentaciones son el 26 y 28, tenemos mucho que trabajar. –Se agachó para hacerle cariño a los cachorros y jugar con ellos; los hacía retroceder y ellos volvían animada y rápidamente a sus pies.
- Y… ¿Qué día es hoy?… -No recordaba la fecha en que habíamos ensayado por última vez para el Halloween Party, lo cual me alarmó.
En cambio Gackt me miró y se puso a reír, negando con la cabeza.
- Sigues siendo tan despistado como siempre, pequeño. -Ante su comentario, lo miré con enojo. Odiaba que me llamara "pequeño" o cualquiera de sus sinónimos.- Hoy es 24 de octubre, despistado-san. Iré a buscar tu comida o si quieres vienes conmigo a la cocina, así me ahorras la vuelta.
- No, ya te dije que no quiero que alguien me vea. –Le respondí de mala gana.
- Y yo ya te dije que nadie te verá, no saldrán del gimnasio, cabezota~ -Me seguía mirando en la puerta, mas su posición hacía difícil verme, el sillón en que estaba se situaba a unos metros tras la puerta.- Te serviré y luego me iré al gimnasio.
Preferí no responderle y mirar al frente, cruzando mis brazos. Él sólo rió por lo bajo por mi actitud.
- Bien, como quieras, pero tarde o temprano saldrás de aquí, no puedes vivir sin comer cada dos horas, lo sé muy bien. –Se despidió de Angie y los demás con un pequeño cariño en sus cabezas. – Más tarde vendré por ti, saldremos a resolver este lío.- y cerró suavemente la puerta tras de sí.
¿Saldremos? ¡¿Saldremos?! Puse mis manos en mis sienes al pensar en todo lo que se venía sobre mí como una avalancha. El Halloween Party sería en 5 días, lo cual me dejaba con un plazo de 5 días o menos para arreglar todo este desastre. De ningún modo podía presentarme frente a tanta gente así, no me reconocerían o peor que eso, me reconocería pero no sabrían como reaccionar al ver en lo que me he convertido. Este realmente era el peor de los desastres por el cual había pasado, y más aún tan cerca del cumpleaños de Hyosuke, al cual por ningún motivo debía faltar. Y peor aún era que ya sabía a donde Gackt quería ir, lo que no mejoraba mis ánimos para nada, sino que me deprimía aún más. Si bien sabía todo el daño que ella había causado en mi vida, mi corazón aún no quería sanar; sabía muy bien también que ya no quería estar con ella, empero parecía no querer estar con nadie más, sentía como si hubiera perdido mi confianza y en su lugar me quedé con un miedo horrible de volver a ser tan mal herido, encogiéndose aún más mi corazón. Pero a pesar de todo, sé que he recibido un regalo por todo lo que he pasado: Hyosuke. Por él volvería a vivir todo el dolor y más, pues con su nacimiento recibí la razón para seguir luchando. Y es por él que me tragaría mi orgullo y todo el dolor para ir donde sea Gackt digiera, todo con tal de volver a ser el de antes.
Los cachorros jugaban a mis pies tiernamente, tratando de llamar mi atención cuando decidí ponerme de pie y seguir a mi amigo; tenía hambre y además debía empezar a ser menos cabezota y confiar más en él, ser más yo mismo y confiar como lo hacía hace unos días atrás.
