Este fic participa en el Reto Especial "Intercambio de regalos" del foro "La sala de Menesteres"

Para quien me dio un increíble comienzo y un divertido medio, pero un terrible final, B.


Capítulo II: Un hermoso medio

"Encendimos el mismo fuego, competimos en el mismo juego, compartimos el mismo amo y el mismo dolor." Alex Lora


Lysander había sentado cabeza. Para desgracia de la mitad de los profesores con una de las mejores alumnas. Para desgracia de la bibliotecaria que ya los había corrido a gritos dos veces por hacer obscenidades en su biblioteca, para desgracia de Filch que los separaba cada dos pasillos y para desgracia de Lorcan, que se encontraba abandonado, justo como aquella mañana de sábado, que ya era demasiado tarde y Lucy se había sentado en la mesa de Ravenclaw a desayunar con ellos. Aunque más que desayunar Lysander y Lucy estaban comiéndose el uno al otro. No se distinguía cuál era el uno o cual era el otro.

—¡Scamander! —era Davies. Mona Davies. Histerica, tanto que ningún novio la había aguantado más de dos meses, aunque tenía una belleza que quitaba el aliento y hablaba francés sin acento—. ¿Me prestas atención dos segundos?

Lysander se separó de Lucy y se puso en pie sacudiéndose la túnica y se alejó unos cuantos pasos mientras oía como su hermano gemelo, pero menos guapo que él, porque tenía un corte de cabello que asustaría al mismísimo Herpo el Loco, le decía con una sonrisa a la pelirroja de lentes que estaba a su lado y que estaba desayunando.

—Me alegro de verte la cara por fin… Soy Lorcan.

—Lucy…

Lysander no pudo prestar más atención a la interesante charla que se llevaba a cabo detrás de él, porque al parecer Mona quería discutir tonterías sobre los entrenamientos y las tácticas y él no tenía mucho tiempo, así que se limito a asentir y a darle la razón porque sus ideas parecían buenas. Mona Davies tenía buenas ideas, pero un problema: era insoportable y necesitaba la constante atención de todo el mundo, y la aprobación de todos sus jugadores. Era buena capitana, pero sus gritos eran legendarios y su mal humor también. Así que después de unos cuantos asentimientos lo dejó marcas en paz antes de decirle cuando sería el próximo entrenamiento.

—Que pesada… —murmuró, dejándose caer al lado de Lucy para terminar el desayuno con prisas, cuando Lucy ya casi estaba acabando la tostada.

—Tengo que irme… —se excusó Lucy—. Herbología, veremos como trasplantar una planta peligrosa o algo así… —se encogió de hombros antes de besar a Lysander en los labios y marcharse de allí casi corriendo. Lysander y Lorcan no se apuraron demasiado, pues aun quedaba gente en el Gran Comedor y de todos modos tenían clase en el primer piso aquella mañana. Aunque después tendría que subir a oír los desvaríos de Trelawney a su torre con los Gryffindor y nada le causaba menos interés que eso. Se saltaría la clase, pero a esa hora Lucy tenía doble de Pociones y ni siquiera una tragedia mundial haría que desapareciera de clase.

Así que se encaminó con Lorcan hasta Encantamientos primero, que al menos no sería alguna clase de retorcida tortura como lo de Trelawney. Tantos años y ¿nadie se había planteado jubilar a esa mujer? Era una pesadilla y además no tenía ni idea de adivinación, todos los años predecía muertes y desgracias para la mayoría de sus alumnos. Aunque por suerte, Lysander, que se las arreglaba para confundirse con las horribles cortinas del aula no había sido su víctima nunca.

—Hum… Y Lucy… —empezó Lorcan—, ¿hablas con ella? Ya sabes… además de las horas de estudio y «hola» y «adiós».

¿A qué demonios venía la pregunta mientras caminaban por los pasillos?

—Ehhh, claro…

No, la verdad es que fuera del tiempo de estudio que dedicaba religiosamente en la tarde porque de verdad necesitaba buenas notas en algunas materias, al menos las que eran útiles en su futuro o… lo que fuera. Pero el resto del tiempo besaba a Lucy, cuando no habpia profesores que se quejaran de ello, o cuando nadie los separaba, sus labios vivían juntos. Y era una sensación increíble. Llevaban casi un mes saliendo para aquel entonces y se sentía todo tan bien. Además que de que el partido sería dentro de poco, antes de los exámenes y quería dedicarle la copa a la chica. Pero no hablaban demasiado y hasta ese momento se había dado cuenta de eso.

—Ya, los he visto. ¡Están pegados con poción adherente! —Lorcan sonrió por alguna razón que Lysander no acababa de comprender, y casi nunca comprendía a su hermano—. De verdad, no puedes pretender que una relación se base únicamente en lo físico.

—Lu besa muy bien.

—Ahora es Lu… —Lorcan subió una ceja.

—A ella le gusta. Y se oye… bonito.

—Ya, yo prefiero Lucy —Lorcan borró la sonrisa y luego volvió al tema que lo había llevado a iniciar esa conversación, aunque a Lysander realmente le daba igual—. Bueno, no puedes cimentar una relación sólo en lo físico.

—¡No es sólo lo físico! —espetó Lysader—. Lu realmente me gusta.

—Ya… —Lorcan alzó una ceja—. Pero vamos, deben tener intereses en común o algo así. Un día descubrirás que estás besando a una total desconocida, ¿de verdad nunca te lo planteas?

—No.

Lysander respondió seguro, confiado, como siempre y se dedicó a ignorar a Lorcan las siguientes dos horas. Los profesores incluso los dejaron sentarse juntos, pues verlos callados era algo que no pasaba todos los días y pasaban día sí y día también separándolos y poniéndolos en extremos contiguos del aula, lo cual de todos modos no funcionaba porque se las arreglaban para causar un desastre aun con la distancia entre los dos.

Sin embargo, Lysander no se sacaba de la cabeza lo que le había dicho su hermano, así que estuvo más calmado todo el día, e incluso no hizo bromas de mal gusto en clase de Trelawney que siempre le conseguían tarea extra, que de todos modos hacía durante las horas perdidas de Historia de la Magia, una de las únicas clases que compartía con Lucy. Si ya era difícil concentrarse en Binns normalmente, ¿cómo esperaban que lo lograra si Lucy estaba justo delante de él y a veces volteaba a verlo con una sonrisa en los labios?

«Debería hablar más con ella», decidió al darse cuenta de que Lorcan tenía razón, sin embargo, tenía la idea de que no hablaba demasiado con Lucy porque siendo ella mucho más inteligente y responsable que él no se sentía demasiado confiado intelectualmente hablando. Ella siempre conseguía Es en todas las asignaturas, quizá una S por allí, pero aun así todo el mundo sabía que iba volando para premio anual y él… Bueno, él era una celebridad del colegio en el quidditch —algo que Lucy le había dejado muy claro que se acabaría cuando salieran de allí, pero aun quedaban dos años y unos meses para que eso pasara— y arañaba las As a duras penas.

Así que pasó el día ignorando un poco a Lorcan, con la mirada ausente mientras su hermano intentaba enseñarle los dibujos que hacía. Usualmente Lorcan hacía reír a Lysander con los dibujos graciosos que hacía, la mayoría de los cuales Lucy calificaría como «patéticos, obscenos y estúpidos» para después concederle una sonrisa que él interpretaba como «aunque algo graciosos…». Pero ese día simplemente acudió a las clases como un robot e incluso Jones, en clase de Defensa, le agradeció que se estuviera en paz.

Hasta que llegó a la biblioteca y después de estudiar bastante rato las transmutaciones parciales, algo que McGonagall había asegurado que ella pondría en el TIMO si fuera examinadora, un tema que hacía llorar a casi todos los estudiantes, sobre todo porque teóricamente era muy complicado de entender.

—Sabes que si no hay un proceso alquímico no se puede crear oro de la nada, ¿cierto? —empezó Lucy, que, ¡vaya sorpresa!, no tenía problemas con esos temas y los explicaba mil veces más claros de Lovelance—. Bueno, pues en realidad existe algo que se conoce como el oro transfigurado. No es oro, pero parece oro. Se trata de un material cualquiera… —buscó con la mirada, quizá para un ejemplo—, ¡tu libro, por ejemplo! Al que le vas dando las distintas propiedades químicas y físicas del oro hasta que se le parezca. Eso es transmutación parcial, hacer una transformación por par… ¡Lysander! ¿Me estás poniendo atención?

—Claro… —aseguro Lysander y para demostrarlo balbució rápidamente las primeras palabras que salieron de su boca—. Oro, transformación por partes… ¿era eso, no?

Lucy rodó los ojos.

—Hoy pareces distraído.

—Quizá es porque… ¡tú me distraes! —se acercó y le robó un beso rápido, sin poder contenerse.

—Se supone que estamos estudiando…

—¡No es mi culpa que seas guapa! —le dijo él con una sonrisa y vio como ella se mordía el labio—. Ey, oye, Lucy… ¿Te apetece hablar… digo, conversar?

—¿Conversar? ¿No es eso lo que estamos haciendo ahora?

—¡No! —Lysander contestó demasiado rápido e hizo a Lucy subir una ceja con extrañeza—. Bueno, sí… pero… pero… —se quedó trabado en aquello y, a sus ojos, estaba quedando como un imbécil delante de su novio—. No me refería a eso, sino… ya sabes…

—¿Qué? —Lucy alzaba aun más la ceja. ¿Cómo demonios lograba ese gesto que ponía tan nervioso a Lysander?, como si estuviera diciendo una tontería.

—Ya sabes… intereses comunes…

Lucy alzó la ceja.

—Sólo bésame —exigió y Lysander, respirando hondo y tranquilo fue lo que hizo. Después de unos momentos, sin que Pince los interrumpiera en el beso se separo—. ¿Seguimos con Transformaciones, Lys?

—Eh… claro, Lu…

Lucy le siguió explicando las transmutaciones parciales, que acabaron siendo pan comido, al menos en la teoría. En la práctica eran mucho más complicadas y ninguno de ellos conseguiría oro transfigurado antes de nivel ÉXTASIS, así que intentaron probar con algunos objetos comunes. Lysander encontraba extraño cuando le quitaban la densidad a un libro, o por ejemplo, aumentaban la dureza de algo que era muy blando hasta cambiar el objeto, poco a poco. Sin embargo, no era tan sencillo y había que hacerlo poco a poco. Después de un par de horas apenas habían logrado un par de cosas, así que Lysander se dispuso a recoger sus cosas, aun pensando en las palabras de Lorcan. ¿Por qué se le habían clavado tan hondo?

Estaba guardando los libros que había sacado de su mochila mientras Lucy devolvía a sus estantes lo que habían tomado prestado de la biblioteca cuando él encontró un pergamino calificado por Jones de Defensa que lo hizo sonreír.

—Mira… —se lo enseñó cuando la chica volvió—. La mejor calificación que he sacado desde enero.

—Supera las Expectativas —Lucy sonrió con ternura—. Y con una nota de «bien hecho».

—Esa es mi primera nota de «bien hecho» desde hace mucho tiempo… —Lysander sonrió y entonces tuvo una idea, llevaba dándole vueltas ya un rato, pero si no lo decía en ese momento se iba a acobardar, y aunque era una terrible estupidez siempre valía la pena intentarlo—. Hum… el viernes…

—¿Sí?

—¿Te escabullirías por la noche?

Lucy alzó tanto las cejas que Lysander casi se arrepintió de proponérselo.

—Te prometo que no te arrepentirás. No hay clases de astronomía esa noche y sé como puedes llegar sin que Filch te agarre —sonrió mientras se alejaba caminando—. ¡Y sea lo que sea que pienses, estás equivocada! —se volvió y le guiño un ojo—. Mándame un pergamino con la respuesta.

¿Por qué todas las chicas pensaban tan terriblemente mal? Bueno… Lysander supuso que se había ganado la fama.

La respuesta tardó tres días en llegar. Cuando lo hizo, decía «está bien».


Lysander había aprendido a escabullirse por la noche gracias a Lily Potter y a su maldito mapa. O más bien, al mapa que se turnaban entre los tres Potter… y luego entre dos, y luego ella tuvo a su completa disposición. Hugo fue el que le contó del pequeño detalle del mapa en tercero y en cuanto lo supo fue a rogarle a Potter que le enseñara todos los pasadizos del lugar y lo hizo bastante bien. Era curioso que siguiera pensando en ella como Potter, pero no siempre había sido así. Antes había sido Lily, pero había sido algo tan unilateral que ni siquiera estaba seguro que Potter se hubiera dado en algún momento de que, a los trece años, Lysander estaba loco por ella. Como la mitad del colegio, porque era una chica que tenía una especie de encanto natural.

Así que le dijo a Lucy como salir de la sala común de Hufflepuff y cuáles eran los pasadizos de los que Filch no tenía ni idea, o al menos sospechaban eso porque nunca lo habían visto por allí. Esperaba que funcionara, pero ya estaba acostumbrado a hacerlo. Al principio se había ganado un par de detenciones, pero después había aprendido a correr más rápido que la Señora Norris número tres. Había tenido varias novias —quizá las normales para su edad—, pero no había llevado a ninguna a aquel lugar. Nunca. Era algo privado. Ir y sentarse las noches que Sinistra no daba clases allí y que, por lógica, no tenía manera de saber que su peor dolor de cabeza en forma de estudiante se colaba a mirar el cielo abierto cubierto de estrellas.

Se quedó esperando a Lucy en la orilla del barandal, casi al filo de la medianoche y ella llegó sólo quince minutos después. Lysander le sonrió cuando ella se acercó hasta el barandal que daba al vacío y le pasó el brazo por los hombros.

—Te dije que no te ibas a arrepentir —murmuro.

—Es hermoso, aunque creí…

—¿Creíste…? —Lysander sonrió—. Ya sé que mala fama tiene este lugar, pero con Sinistra merodeándolo la mayoría de las noches de la semana te aseguro que todas las historias son sólo un mito.

—Pero Fred, cuando estábamos en primero, él… aseguro que…

—Sí, sí, ya sé: mentira. Mentira cochina. No trajo aquí a LB.

—¿LB?

—¿Liberty Bell Warren? ¿No te suena? —Lysander no lo podía creer, había un buen montón de historias circulando sobre LB Warren aun después de cuatro años de que había dejado el colegio. No era una chica especialmente guapa, sólo era una chica un poco… ¿promiscua? A Lysander se le hacía una palabra fuerte para la recordaba como una chica de diecisiete años. Quizá simplemente había tenido bastantes novios…—. ¿Rubia? ¿La mitad de Hogwarts creía que era guapa? ¿La otra mitad de Hogwarts la odiaba?

—Ah, ella.

—Sí, «ella» —Lysander hizo un par de comillas con la mano—. Nunca he entendido por qué la convirtieron en una leyenda.

—Fred me contó que entró a Gringotts, hace dos o tres años… creo que sigue hechizado por ella —Lucy sonrió—. Pero nunca puse demasiada atención. No me importaba.

—Me alegra. Para mí sólo fue una chica que tuvo novios… —Lysander sonrió. Sólo tenía once años cuando la había conocido y ella tenía diecisiete. Pero seguían oyéndose historias de ella tanto tiempo después, porque muchos chicos la habían tomado como un modelo. En opinión de Lysander sólo había tenido muchos novios, pero eso ni siquiera le importaba.

—Ya… —Lucy se quedó mirando al cielo—. ¿Entonces por qué estamos aquí?

—Porque es mi lugar favorito —respondió simplemente Lysander.

Era cierto. Lo calmaba estás allí, mirando desde las alturas los terrenos de Hogwarts, o, en cambio, mirando a la inmensidad, a las estrellas. Astronomía era la única materia que se le daba bien además de Cuidado de Criaturas Mágicas simplemente porque había pasado años leyendo los libros para aprenderse los nombres de las estrellas y su ubicación en el cielo.

—¿De verdad? —preguntó Lucy, sorprendida.

—Sí, Lu, de verdad… —Lysander se recargó contra el barandal—. Me calma venir aquí. Mirar las estrellas… Mira —señaló tres estrellas juntas—. El cinturón de Orión. Y más allá… —movió el brazo hacia otro punto brillante—. La estrella Polar. Además, el triángulo de verano empieza a asomarse…

—Es hermoso pero no tenías por qué, Lys —Lucy volteó a verlo—. Quizá… quizá…

—Ya lo sé, quizá me arrepienta porque terminaremos algún día y… ¿sabes qué? Sueno como tú y… —respiro hondo—. No quiero sonar así. No esta noche. No me importa si algún día me arrepiento, pero habrá valido la pena.

—Eres muy tierno… —se acercó para besarla, pero en un impulso Lysander la mantuvo atrás.

—Ey, espera… sólo un momento. —Volvió a respirar hondo, buscando las palabras y la valentía de soltarlas todas juntas, porque no sabía cómo lo iba a hacer—. No sé por qué te gusto. Pero… cuando… no sé. He salido con otras chicas y todas ellas se fijaban en mi cabello, en mi sonrisa, en mi habilidad ara el quidditch pero tú… eres diferente. Y siento que no soy tan inteligente, que no sé qué decir cuando estoy contigo. Eso me da miedo. No tengo pensamientos tan profundos y cuando… bueno… cuando me estoy enamorando así de alguien… me gustaría saber que no se enamora sólo de lo que ve.

Lucy lo miró por asombro.

—Eso ha sido bastante… tierno. Y profundo —lo parafraseó—. Lys, me gusta tu exterior y tu interior…

—¿Aunque no hagamos más que besarnos?

—¡También estudiamos juntos! —se quejó ella.

—Sabes a qué me refiero.

—Bueno… —Lucy sonrió, acercándose cada vez más—. La verdad es que no me molesta nada besarte, ¿qué chica no querría hacerlo? Pero fuera de eso… me agradas, Lysander. Porque creí que eras un idiota jugador de quidditch…

—Lo sigo siendo, no te engañes…

—Jugador quizá. E idiota a veces… —Lucy rió, quedito, tenía una risa hermosa según Lysander—. Pero hay más cosas de ti. Las veo. Si no pudiera verlas no estaría aquí.

Lysander suspiró.

—Gracias…

Y se besaron. Lysander no solía pensar demasiado pero aquellas palabras de su hermano llevaban días torturándolo así que agradecía por fin poder sacárselas de la cabeza. En pocas semanas iba a jugar el partido de Quidditch por la copa y estaba dispuesto a arrebatársela a Potter de las manos, que ya se la estaba saboreando. Pero no iba a dejar que se la llevara. Estaba dispuesto a levantarla y a dedicársela a Lucy aunque no le gustara el quidditch. Porque de verdad se estaba enamorando de ella. Nunca antes había sentido eso por una chica. Nunca antes había tenido el impulso de decir…

—Te quiero —murmuró.

—Y… y yo ti, Lys, te quiero.

Los labios de Lucy nunca habían sabido mejor que en ese momento. A Lysander le gustaba la manera en que se amoldaban a los suyos, porque antes nunca hubiera imaginado que Lucy Weasley, a quien pasó años tachando de empollona, besara tan bien. Quién lo diría. Era bonito, agradable. Algo que nunca había sentido antes. Y a sus quince años, le gustaba, le gustaba mucho.

—Lu… —murmuró cuando se separaron—. ¿Cuál es tu estrella favorita?

—¿Qué clase de pregunta es esa…? Todas son iguales.

—¿En serio, Lucy Weasley? ¿Todas las estrellas son iguales? —Lysander, que se había acostumbrado a verlas brillar de diferente manera, a conocer a todas las estrellas por los nombres y que distinguía las figuras que iluminaban la bóveda celeste—. No puedo creerlo, resulta que sí que soy más inteligente que tú… —Rodó los ojos—. Mira allá… —señaló hacia el horizonte—. La más brillante que veas se llama Altair. Y es hermosa.

—Las veo todas iguales… —insitió Lucy, lo que hizo que Lysander rodara los ojos.

—Eres incorregible.

—Lo sé… ¿Es aquella? —señaló una estrella. Había acertado.

—Sí.

—¿Por qué te gusta? Es sólo gas… un cuerpo brillante. Todas las demás son iguales.

—No lo sé. ¿Hay razones para que algo te guste —preguntó Lysander.

—Supongo que no… —dijo Lucy.

—Pues creo que no la hay. Sólo me gusta. Como tú…

—Cállate y bésame, Lysander Scamander.

—Ya te oí, ya te oí…

Y la besó. Era tan perfecto aquel momento, en la torre de astronomía donde se suponía que no debían estar, que siguió besándola un largo rato y los minutos se estiraron hasta parecer una eternidad y los segundos se congelaron en sus brazos. Se besaron bajo el amparo de las estrellas y nada más. Nadie acudió a molestarlos todo el tiempo que pasaron allí.

—Ve al partido… —pidió Lysander, cuando la abrazaba.

—No me gusta el quidditch…

—Por favor. Levantaré la copa por ti —prometió y casi puso sentir la sonrisa de Lucy que, al abrazarla, era incapaz de ver.

—Bueno. Iré a que levantes la copa por mí.

Así Lysander ya no tenía opción: tenía que ganar.


La siguiente semana después de aquello se había pasado volando. Después de un rato más Lysander había acompañado a Lucy hasta su sala común, o al menos hasta el pasillo donde estaba, cerca de las cocinas. Parecía ser un lugar acogedor en el que le gustaría estar por siempre. Después había vuelto a la sala común de Ravenclaw donde Lorcan lo había encontrado despierto y le había sacado todo el relato, o al menos, la mayor parte. El fin de semana se había gastado en entrenamientos y en gritos de Davies, que estaba más diabólica que de costumbre, porque era su oportunidad de ganar la copa. Hacía dos semanas habían jugado Slytherin y Hufflepuff y Hufflepuff le había ganado a Slytherin, lo que había dejado a los dos equipos fuera. Con sólo un partido ganado, no tenían posibilidades de llevarse la copa. Gryffindor era el favorito porque si perdía por una diferencia de menos de cincuenta, aun así obtendría la copa. Pero Lysander no planeaba permitirlo. Dedicó mucho a los entrenamientos, pues si perdían la snitch estarían muertos.

Era la mayor figura del equipo y Mona no se cansaba de recordárselo. Aunque, por otro lado, tambiénle gritaba demasiado a los cazadores. Ella, como guardiana, sabía que era la mejor guardiana de Hogwarts y que no lograrían meterle tantos ni por suerte si estaba en un buen día. Pero aún así, Lysander sabía que de los cazadores dependía la diferencia y Kaya Wood, de Gryffindor, tampoco era nada mala. Aunque su contrincante directa era… Potter. Sí. Potter. La mejor buscadora desde la época de su padre, era un as en la escoba y tenía una maldita Saeta de Luz, la escoba más rápida del mercado, una reedición mejorada de la legendaria Saeta de fuego. Él sólo había conseguido una Nimbus 2010 después de años de rogarle a su padre.

Era rápida, pero era sólo un juguete en comparación con los modelos de las Saetas. Davies no se cansó de recordarle que la escoba no importaba demasiado. Ella y los cazadores jugaban sobre Barredoras 121, y en ningún momento habían permitido que una mejor escoba las intimidara. «Todo depende de la destreza, Scamander», sentenció Davies en uno de los entrenamientos, al finalizar, cuando descubrió a Lysander mirando su escoba como si deseara transformarla en la de Lily Potter. «La escoba no hará el trabajo por ti. Sólo es rápida». Eso lo había tranquilizado, pero sólo un poco, así que el día del partido, estaba más nervioso que lo habitual.

Se obligó a desayunar simplemente porque sabía que si no comía nada se desmayaría en medio del partido y Mona Davies lo destriparía y luego bailaría una danza macabra con sus vísceras. Una semana y no se había cansado de recordarles que, para ella, era la última oportunidad de ganar la copa y que, por eso, más les valía ganarla. Lysander estaba nervioso, sí, más que de costumbre, pero hasta cierto punto, confiado de que podía hacerlo. Mona Davies, que era más de gritos que de decir discursos que los alentaran, les dedicó unas pocas palabras antes de que saltaran al campo de juego.

—Destrócenlos. Quiero verle la cara a Potter cuando pierda su última copa. Ya ganó las dos pasadas como capitana —sonrió de manera macabra. Potter y ella se odiaban por la sencilla razón de que Malfoy había engañado a Potter con Davies. Y luego había engañado a Davies con Potter, poco antes de hacer sus ÉXTASIS y largarse de la escuela para siempre. Y de eso ya hacía unos cuantos años, pero el rencor, quizá alentado por el quidditch, nunca se había disipado del todo.

«Tranquilo, todo estará bien…», se dijo Lysander antes de montarse en la escoba y saltar al campo de juego.

—¡Primero viene el equipo de Ravenclaw, con su capitana al frente, Davies! —reconoció la voz del comentarista y quiso sonreír demasiado. La voz era inconfundible: Lorcan—. ¡Después Scamander…! El guapo, no yo… —se apresuro a aclarar causando risas y luego nombrando al resto del equipo. Lysander buscó una cabellera pelirroja en las gradas de Hufflepuff mientras el equipo de Gryffindor salía—. ¡Potter lidera al equipo de Gryffindor…!

No puso atención al resto de los nombres porque distinguió a Lucy, y aun sin saber si la veía sonrió.

—¡Todos listos! —Madame Hooch, montada en su escoba, se llevó el silbato a la boca y sopló—. ¡Que comience el juego!

Lysander fue hacia arriba, oteando el campo con la mirada, especialmente vigilando a Potter y a la aparición de la snitch. Hasta que no la viera no tenía gran cosa que hacer. Si la diferencia era menor a cincuenta, era su trabajo distraer a Potter, si no… mejor que llegara primero que ella. Pero sabía que ella también tenía un ojo puesto en él y eso podía jugar a su favor.

—¡Cadwaller se hace con la quaffle, se la pasa a Jordan, cazador estrella del equipo de Ravenclaw que se aproxima hasta los postes de anotación y… PARADA DE DAVIES! —se oía la voz de Lorcan—. ¡Se rumora que los equipos profesionales de la liga se la pelearan cuando deje Hogwarts…! ¡Ah, pero allá va Lin, de Ravenclaw…! Lástima, Jordan le ha quitado la quaffle y se la lanza a Creevey, la rubia que nunca ha querido salir conmigo…

—¡SCAMANDER! —se pudo oír la voz de Sinistra.

—Ya… ya… ¡Creevey se acerca hasta el poste de Davies y… TANTO PARA GRYFFINDOR!

Lysander desconectó, tenía cosas más importantes. En el transcurso de veinte minutos Ravenclaw anotó tres tantos, todos gracias a que Lin lograba robar la quaffle de manos del enemigo. Gryffindor marcó otro y en muy poco tiempo ya iban treinta a veinte. No parecía ser un partido fácil, pero al menos no había señales de…

La snitch. Acababa de verla y cuando volteó a Potter, se dio cuenta de que ella no. Salió disparado en la dirección incorrecta, rumbo a uno de los golpeadores de Ravenclaw, Boot.

—¡Encárgate de Potter!

Si no se había equivocado, lo seguiría. Fue lo que hizo. La bludger fue directo hacia ella, pero ella fue más rápido y sólo se despisto. Lysander respiró con tranquilidad, la snitch había vuelto a perderse. Sin embargo, en cuestión de media hora, se decidió todo: Gryffindor no logró marcar ni un tanto más y Ravenclaw empezó a ganar hasta llegar a los ochenta a veinte. Lysander empezó desesperadamente a buscar la snitch, deseoso por acabar con todo aquello cuando percibió, con el rabillo del ojo que Potter iba tras algo a toda velocidad.

Fue hasta ya, tan rápido como pudo, pues si Potter agarraba la snitch estaba muerto, hasta casi emparejarse con ella y ver la snitch.

«No alcanzaré, no alcanzare…», pensó, desesperando, cuando notó que Potter perdió el control de la escoba un momento, que le bastó para adelantarse y coger la snitch pocos momentos después. Se volvió antes de oír el grito triunfal al ver la cara de Lily Potter y descubrir que Boot le había lanzado una bludger que había pegado en el palo y la había hecho perder el control sólo un momento.

—¡Scamander atrapa la snitch, Ravenclaw gana la copa! —oyó la voz desquiciada de su hermano—. ¡MI HERMANO ATRAPÓ LA SNITCH!

Si, el partido no podía terminar sin un comentario así.

Todo lo demás fue demasiado rápido. Le entregaron la copa a Mona y alguien levantó a Lysander en brazos, la gente de Ravenclaw empezó a bajar de las tribunas, pues era la primera vez que ganaban en siete años. Lysander, después de alzar la copa y desembarazarse un momento de todos sus admiradores, corrió hasta la tribuna de Hufflepuff, donde se encontraba Lucy, sonriendo.

—Fue un buen partido —elogió ella.

—Nunca creí que te oiría decir algo como eso.

—Es la verdad…

—Te dije que ganaría la copa por ti, Lu —Lysander le sonrió.

—Lo hiciste.

Y él la beso, saltando dentro de la tribuna de Hufflepuff. En ese momento, estaba completamente feliz. Podría haber derrotado monstruos, magos oscuros, haber aprobado todas sus materias con una E —cosa que seguramente no pasaría nunca—, pero nunca estaría tan feliz como en ese momento.


Este capítulo es la parte bonita de todas las relaciones. Siempre hay una parte bonita y cursi, aunque haya muchos que se esfuercen en huir de las cosas cursis. Lucy y Lysander no son muy al uso, pero bueno… Quiero crear mis propios personajes, no basarme en los clichés de la ya atascada tercera generación, así que espero que eso este bien, Daenerys.

Andrea Poulain

a 30 de julio de 2014 (el día que acabé de corregir)