MIKROKOSMOS

"ÉL"

Entre Sueños y Realidades

Estoy intentando soportarlo porque es lo único que puedo hacer

Sólo estoy caminando en ésta oscuridad

Mientras mis recuerdos felices me hacen la misma pregunta otra vez

¿Seguro que estás bien? Oh no,

No, tengo demasiado miedo; respondí.

Estoy caminando sólo… pero es mi destino.

Aún así, quiero seguir luchando.

Estoy despierto pero no lloraré…

Prometo que no lloraré…

Miles de pequeñas flores de ciruelo revoloteaban dando tintes blanquecinos a la oscuridad de la noche ¿acaso se encontraba en la tierra? ¿cómo había sucedido?

"Bombón" Pronunció la única explicación posible para su repentino regreso a ése planeta. Con aquel dulce sobrenombre, la luz de sus ilusiones se encendió cuál estrella que lo ayudaría en la búsqueda de la joven que había robado su corazón.

Repitió a gritos la misma palabra que había designado solamente para ella, pero a medida que el tiempo transcurría sin respuesta, mayor era su sensación de temor e impotencia.

¿Cuánto más tenía que correr para no encontrarse con la nada? Ya era la decima vez que debía detenerse para poder recobrar el aliento. Sentía sus piernas arder y las plantas de sus pies martillándole con fiereza, el sudor que resbalaba por su frente hacía a sus ojos escocer mientras su agitado respirar terminaba por apagar la ya titubeante lucecita de sus esperanzas.

Se tendió rendido en aquel espacio desierto y cubrió sus ojos con el dorso de su mano para que pudiera al fin, dejar libre las lágrimas que el ardor le estaba provocando.

-Te lo ruego… respóndeme - Se atrevió a pedir en un lloroso susurro.

Una fresca brisa sopló sobre él, llevando a su paso una bandada de pétalos blancos que parecían querer cubrirlo como un manto suave y cálido. De entre los múltiples copos florales, él alcanzó a tomar una flor que aún permanecía entera a pesar de haber sido embestida por el viento.

Su claro color le recordó a las bellas alas de Sailor Moon. Ella era el ángel protector del sistema solar que en múltiples ocasiones había luchado contra la adversidad para salvar este mundo. Su fragilidad nunca fue impedimento a la hora de enfrascarse en una batalla, pues la fortaleza que albergaba en su interior era la espada perfecta para vencer y conquistar cualquier obstáculo.

-Ya te has esforzado demasiado – Reconfortó a aquella pequeña flor entre sus manos – Ahora yo te protegeré.

-¿En verdad lo harás? – Nació una voz femenina de aquella "estrella con cinco pétalos blancos" – ¿Estarías dispuesto a proteger esta flor sin importar el costo? - Cuestionaba mientras desprendía un sutil resplandor.

Seiya tragó sonoramente para acallar su desconcierto ¿estaría finalmente perdiendo la razón? O… ¿Podría ser acaso una señal?

-Lo haré - Respondió con una renovada convicción en la mirada, mientras se ponía de pie nuevamente.

El viento también cobró mayor fuerza e hizo volar todo rastro de aquel manto blanco que había acudido en su auxilio. Él cerró firmemente su puño para mantener a la florecilla a salvo; entre tanto, la corriente de aire se tornó en un vendaval capaz de lacerar la piel entre sus salvajes cuchillas.

-¿Qué está sucediendo? – Preguntó en alto, dando pasos que perdían su firmeza al enredarse con aquellas ráfagas.

Entre ese turbulento silbido que amenazaba con hacer estallar sus tímpanos, se colaba un tenue sonido en la distancia.

¿Una canción…?

Esa melodía era…

-Síguela – Dijo la flor de ciruelo. – Ella te guiará a la persona que debes proteger.

-¿Qué has dicho? ¿Quién eres realmente? – Trataba en vano de comprender lo que estaba sucediendo.

-Si en verdad quieres saberlo, debes seguir adelante – Alentó.

El joven Kou alcanzó a dar otro paso y otro más, tratando de ignorar los cortes en su rostro y de todos las demás que se colaban a través de las rasgaduras en su ropa. Si ése canto era de su persona amada podía soportarlo, con tal de ver sus ojos, de reír por su sonrisa… podía soportarlo. Si había logrado atravesar la galaxia entera, podía cruzar aquel viento atroz. Continuó sin detenerse, sosteniéndose de las palabras que la voz de ciruelo le había confiado.

A medida que avanzaba podía escuchar esa bella tonada con mayor claridad, era la misma canción que llevaba acompañándolo los últimos tres días. Ya se la sabía a la perfección y podía reproducirla en su cabeza sin necesidad de abrir el joyero que la contenía.

Ahora esa melodía parecía estar llamándolo, dándole las fuerzas necesarias para terminar esa travesía. La cortina de viento iba amainando, soplando casi al compás de aquella interpretación vocal; no había letra ni algún instrumento que ayudara a armonizarla porque realmente no eran necesarios; la simple voz era toda una exquisita orquesta de suaves vaivenes.

Desde esa distancia, Seiya pudo reconocer el ramaje en flor de un ciruelo. Éste parecía irradiar un hermoso brillo, como si fuera un faro de luz que lo guiaba fuera de la oscuridad. Y ahí, alguien más aguardaba... parecía una joven ¿sería en verdad su amada Serena bombón?

Aceleró el paso siendo incapaz de contener su emoción ¡al fin! ¡al fin podía decirle lo mucho que la había extrañado! ¡lo duro que había sido estar lejos de ella! De no haber sido por sus hermanos, nunca habría sobrellevado tal soledad.

"Un momento" se detuvo.

Taiki, Yaten… ¿En dónde estaban?

Por primera vez miró a su alrededor ¿habían viajado con él a la tierra? No podía recordarlo por mucho que trataba pero de pronto tuvo la sensación de que no podía llegar más lejos, ni si quiera se atrevía dar otro paso; ya había abandonado su planeta pero nunca podría avanzar si eso significaba dejar atrás a su familia.

Como eco a sus pensamientos, la luz del árbol se difuminó, la suave canción se detuvo, la silueta de la joven se desvaneció y la flor entre sus manos perdía su brillo poco a poco.

-¡No espera por favor! Sólo déjame asegurarme de que mis hermanos se encuentran bien. – Se explicaba agobiado.

-Tu corazón está dudando Seiya Kou, nada puede cumplirse cuando una persona titubea ante sus propios deseos. – Respondió la flor.

-¡Pero son mi familia! – Contradijo lleno de frustración.

-Lo sé y no te estoy forzando a decidir, solamente te estoy mostrando los caminos que puedes tomar de ahora en adelante. – Revelaba - Si continúas, será el inicio de una vida completamente nueva, una lejos de los tuyos y de lo que conoces. Si regresas por donde has venido, hallarás a tus hermanos y volverás a tu planeta.

No era la primera vez que Seiya se encontraba en tal predicamento, desde que su vida se había cruzado con Serena Tsukino, su lealtad se había dividido en dos. Sin embargo, esta vez Seiya le temía a la pérdida; ya había probado su amargo y doloroso sabor durante la batalla contra Sailor Galaxia. Había visto cómo su planeta fue destruido sin la menor muestra de compasión, había contemplado la muerte fulminante de la princesa Kakyuu, había visto caer una a una a las Sailors de la tierra. Sabía que todas ellas cumplían con su deber y no dudaba que lo harían nuevamente para defender su hogar de cualquier amenaza, lo había hecho también como Sailor Fighter…

Pero… aquella decisión no la haría una guerrera.

La haría un adolescente enamorado, uno que a menudo tomaba decisiones impulsivas, uno al que quizás le faltaba madurar – recordó las palabras que siempre recibía de Taiki - ¿cómo estar seguro que tal elección era la correcta y no se trataba solamente de un deseo obstinado que tenía terco corazón?

Finalmente toda su motivación lo abandonó

-No puedo hacerlo – Cedió – Por mucho que quiera encontrarla, marcharme así sería egoísta y desconsiderado, no puedo hacerle eso a mi familia.

Oyó que la flor suspiraba

-Incluso esas palabras reflejan tu estado de indecisión joven Kou – Comentó con tintes de cansancio – Cuando hayas logrado esclarecer tus sentimientos, házmelo saber a través del joyero y volveré a ti pero será tu última oportunidad. Con ella, la puerta hacia un segundo camino se cerrará de manera permanente– Advirtió para luego iniciar a marchitarse hasta quedar hecha polvo que la brisa dispersó en el vacío.

Luego de esto, Seiya Kou abrió los ojos…

.

Se había quedado dormido en el afetizar de su ventana mientras escuchaba su melodía favorita más reciente; esa era la tercera noche que soñaba con aquella voz desde que había recibido su singular obsequio.

Cada sueño era diferente pero con tantas similitudes que lo hacían pensar que todo ese mar de imágenes, mensajes y emociones no eran una mera casualidad ni mucho menos un simple producto de su mente.

Las flores de ciruelo siempre estaban presentes, después se unía la canción del alhajero y en algún lugar de la historia, aparecía la voz misteriosa comunicándole que él podía decidir su camino de ahora en adelante si así lo deseaba pero que al hacerlo no podía volver atrás, sin importar lo que dejase en el trayecto. Ante esta disyuntiva nunca lograba avanzar más allá.

-Solamente me queda una oportunidad – Enunció las palabras que su sueño le había revelado.

Cerró la cajita musical con un gesto de angustia que intentó acallar envolviendo su preciado regalo entre sus manos. No quería rendirse, Seiya Kou nunca aceptaba una derrota tan fácil. Sin embargo, incluso si lograba ganar el derecho de volver a ver a su querida Serena Bombón, perdería a sus hermanos a la par o viceversa ¿cómo elegir entre algo así? No lo sabía, él aún no lo sabía.

-Por favor Bombón dime qué debo hacer – Rogaba al astro nocturno.

Sin si quiera imaginarse que esa misma luna llena, se alzaba de la misma forma en tres dimensiones distintas y en cuanto ella cambiara a su fase siguiente, el vínculo entre los tres mundos se rompería, dejando aquel deseo como un sueño sin realizar…

Un conejito negro miraba a su amiga con el entrecejo fruncido en señal de su preocupación. La petición que la nueva reina de la luna le había encomendado a Yuuko parecía estar desgastándole grandes cantidades de energía.

-¿Qué a sucedido esta vez? – Cuestionó Mokona Larg tendiéndole a la mujer un pañuelo para que secara el sudor de su frente.

Maru y Moro ayudaban a la mujer a recostarse y le sirvieron presurosas un poco de té.

-Aún duda – Respondió ella luego de dar un sorbo a su bebida.

-Pero el tiempo se agota, la luna no tardará en cambiar – Objetó la criatura de orejitas largas apuntando hacia el cielo de la noche.

-Saben que es parte del trato, ellos pidieron un solo encuentro y ya lo han tenido. – Refriéndose al deseo de la reina lunar y Eriol – Esas dos estrellas al menos ya saben de la existencia de la otra pero… los sentimientos del joven Seiya todavía no le dejan ver con claridad. – Decía entre dejos de tristeza al recordar al chico que había estado visitando en sueños.

-¿Qué quieres decir? - Indagó Larg con curiosidad.

-Cree que encontrará a Serena Tsukino. Y no sólo eso, su pasado, su presente… también su amor por ella le impiden si quiera pensar en la posibilidad de un futuro distinto. Mientras su corazón siga atado a tales cosas, no hay mucho que pueda hacer para ayudarlo. – Comentaba viendo hacia el cielo, en espera de que aquella estrella fugaz tuviese la valentía para cambiar el rumbo de su destino…

….

La tranquilidad que solía reinar durante el desayuno se rompió cuando Sailor Healer aporreó las manos en la mesa tras escuchar la historia detrás del joyero que su hermana tenía entre sus manos.

-¿¡Acaso has perdido la cabeza!? – Exclamó hacia Sailor Fighter.

-¡Si no hago esto, te aseguro que la perderé por completo! – Le dio la razón en un intento de hacerle entender cómo se sentía.

-¡Si haces lo que dices sería una estupidez, sabes muy bien lo que te espera ahí! – Arremetió.

Después de todo lo que habían pasado, después de todo lo que habían sufrido para lograr el renacimiento de Kinmoku ¿cómo alguien podía desquiciarse tanto por otra persona? Al punto de querer abandonarlo todo.

-¡No, no lo sé; por eso necesito averiguarlo! - ¿Porqué Healer desprendía aquella molestia cada vez que se nombraba algo relacionado con la tierra? Ése planeta les había ofrecido refugio, les brindó la posibilidad de fortalecerse para no rendirse, les prestó calidez, cariño y amistad.

-¿¡No lo sabes!? Pues yo te lo diré: ¡Ella ya está con alguien más y no cambiará de opinión solo porque tú aparezcas de nuevo! – Soltó sin miramientos, sabía que esas palabras calarían en lo más hondo de Fighter pero debía hacerla entrar en razón.

El azul nocturno de sus ojos tembló en un claro intento de retener la repentina lluvia que amenazaba por escapársele

-¡Es suficiente! – Alzó la voz Sailor Maker de manera autoritaria, a veces ese era el único método que funcionaba para ponerle un alto a sus dos hermanas.

Las aludidas solo atinaron a guardar silencio mientras desviaban su mirada la una de la otra.

-Fighter, ven conmigo – Ordenó la joven castaña en un tono que no daba pie a otra opción.

La pelinegra dejó su preciado obsequio en la mesa y le siguió sin protestar, temiendo de que Maker soltara su ira a través de su estrella de transformación. Llegaron a uno de los jardines traseros del castillo; entre las fuentes y flores multicolores que albergaban muchos dulces recuerdos para ellas tres. Fue ahí donde conocieron a la princesa Kakyuu siendo apenas unas niñas, fue ahí donde descubrieron sus habilidades en un travieso descuido al jugar y en ese mismo sitio le juraron lealtad a la princesa al convertirse en sus guerreras.

La punzada de culpabilidad pareció clavarse un poco más hondo en el pecho de Fighter.

-¿De verdad piensas irte? – Le cuestionó su hermana con tranquila seriedad.

-¿Acaso me trajiste aquí a propósito para que cambie de opinión?¿Tratas de que me remuerda la conciencia? – Optó por cuestionarle, conociendo la mente hábil de su hermana.

La aludida medio sonrió

-¿Está funcionando? – Quiso saber.

Fighter bufó con molestia mientras se sentaba al pie de una fuente, Maker le imitó en silencio.

-Aunque Healer te haya lastimado con sus palabras, sabes que tiene razón – Dijo luego de un rato.

-No es solo por ella – Contestó la pelinegra tras un suspiro – Ya…ya no me siento feliz aquí…este palacio, incluso…incluso este cuerpo…está asfixiándome. – Reveló con dificultad, era la primera vez que sacaba esos sentimientos a flote y hacerlo, le hizo sentir pequeña y vulnerable. – A veces, ya ni siquiera sé quién soy realmente. Una verdadera guerrera no debería ser desleal a su princesa y a su gente; un chico enamorado no se habría cruzado de brazos viendo cómo el amor de su vida se le escapa simplemente de las manos.

Maker la miró con compasión, nunca creyó ver a Fighter de esa manera; ahí abrazándose así misma como si tuviera miedo de su propio ser. Las dudas parecían hacerle más daño que cualquier herida de guerra, la estaban carcomiendo por dentro, arrasándole toda la confianza de un solo tajo.

-Tú eres ambos – Le aseguró con firmeza – Peleaste con el único fin de salvar a seres inocentes sin importar su procedencia; permaneciste de pie y dispuesta a morir por Kinmoku y por la tierra hasta el último momento…eso es lo que define a una Sailor Scout. Y es por el amor que sientes hacia ella que la dejaste ir, pusiste su felicidad por encima de la tuya. – Decía la castaña imprimiendo orgullo en cada una de sus palabras. – Sé que suelo reprocharte a menudo por tus actos imprudentes, pero lo cierto es… que te admiro mucho. El arrojo y la entrega en todo lo que haces requiere de un gran valor que yo nunca tuve como Taiki ni tendré como Sailor Maker. – Reconoció con una pequeña sonrisa avergonzada, mientras borraba con la punta de sus dedos su reflejo que ofrecía el agua de la fuente. – Tú tienes esa fortaleza en ambas partes de ti. – Finalizó diciéndole con una cariñosa sonrisa.

Fighter se contagió de aquel gesto que llevaba con él un sincero agradecimiento.

-No quiero perder ese valor Maker – Comentó más repuesta.

Ahora fue el turno de la aludida para suspirar negando suavemente con la cabeza tras comprender de que no lograría disuadir a su hermana de ningún modo. Esa también era una característica arraigada en sus dos identidades.

-Y por eso debes irte – Concedió completando su oración, entendiendo también que, si Fighter se quedaba, posiblemente al pasar el tiempo terminaría siendo vencida por la oscuridad de sus temores e inquietudes.

-Entonces, necesitarás esto – Declaró la princesa Kakyuu llegando hasta ellas para entregarle a su querida guerrera el alhajero de luna creciente. Había escuchado lo suficiente para otorgarle el permiso de marcharse.

La Sailor guerrera se arrodilló ante su princesa con una mezcla de sentimientos encontrados. Ésa sería la última vez que haría algo así.

-Has cumplido tu deber con honores Sailor Fighter, todo Kinmoku y yo estaremos siempre en deuda contigo. – Le recitó llena de gratitud.

Esta vez las lágrimas se desbordaron de inmediato. El corazón de su princesa la estaba dejando en libertad sin reclamos ni acusaciones; nunca olvidaría ese bondadoso gesto de despedida. Realmente había sido todo un privilegio servir a alguien como Kakyuu.

-Soy yo la que debe agradecer – Respondió con convicción.

-Ahora ve y traza un nuevo resplandor en tu camino – Animó la futura soberana del planeta de fuego.

Maker tomó a su hermana en un abrazo repleto de amor, albergando la esperanza de que aquello no fuera un adiós definitivo. Fighter buscó a su segunda hermana con la mirada pero en cuanto logró ubicarla unos metros atrás, ésta se dio la media vuelta hasta perderse nuevamente en el interior del palacio.

Sabía que Healer tenía su orgullo, no la culpaba pero le habría gustado despedirse de ella con una sonrisa.

"Cuídate mucho" Le deseó a su hermana de ojos verdes en secreto porque sabía que Healer haría lo mismo por ella a pesar de su enojo.

Ésa sería su fuerza, la que le proporcionaría certeza en los momentos de incertidumbre…la seguridad de que, a pesar de la distancia tendría a dos estrellas fugaces velando por su bienestar.

-He tomado mi decisión – Recitó al momento de abrir la cajita de plata.

Un fulgor nació del interior como respuesta a sus palabras que le envolvió por completo hasta transportarlo a un lugar en donde el tiempo no transcurría y la magia se desataba en cada rincón….

-¿Esta segura que fue lo correcto princesa? – Preguntó Maker una vez que su hermana se hubo marchado.

-No te preocupes, estará en buenas manos – La tranquilizó con una sonrisa y la mirada fija en el horizonte.

Su querida estrella hallaría un nuevo cielo para volver a brillar otra vez…

….

Cuando al fin la luz se hizo menos intensa la Sailor guerrera pudo descubrir el lugar al que había aterrizado parecía una casa japonesa clásica, muy diferente a la casa de su Bombón. No obstante, una hermosa nevada primaveral le dio la bienvenida al paisaje que había estado dibujándose en sus sueños. Ahí, frondoso y en flor lo recibía el bello ciruelo.

-¿Qué sitio es este? – Preguntó posando una de sus manos en el tronco.

-Algunos lo conocen como el limbo, un lugar perdido entre el mundo de los vivos y los espíritus – Contestaron a sus espaldas – Pero yo lo llamo la Tienda de los Deseos.

Al voltear se encontró con una dama de larga cabellera oscura, blanca tez e increíbles ojos escarlata. Ella le sonrió de manera enigmática.

-Te estaba esperando Seiya Kou

Solo entonces se dio cuenta de que en algún momento del trayecto había tomado su apariencia de chico ¿cómo fue que pasó? Él la miró con cierta desconfianza.

-¿Quién eres tú? – Quiso saber.

-Suelen referirse a mí como la bruja de las dimensiones. – Contestó sin abandonar su misteriosa sonrisa.

-¿Bruja? ¿Del tipo de bruja que usan escoba y tienen gatos negros de mascota? – Dijo con aire escéptico y una pizca de gracia.

La vena en una de las cejas de Yuuko se hinchó ante semejante mal chiste. Sin embargo, optó por aclararse la garganta tratando de ignorar su molestia y lo invitó a pasar con un ademán.

-No tengo un gato pero tengo a Mokona – Respondió.

Al momento, salió una criatura negra y rechoncha de largas orejas; saludándolo con una de sus patitas en alto. Él cada vez entendía menos ¿estaría soñando de nuevo?

-¿Y esa cosa qué es? No, mejor olvídalo no quiero saber – Se auto-contestó al pensarlo mejor.

-Mokona es Mokona – Respondió el animalito saltando a su hombro.

Yuuko rio ante la mueca extraña que tenía el chico al tener a Larg encima.

-Bueno, basta de presentaciones hay un deseo que cumplir ¿no es así? – Decía tomando al conejito.

Seiya dejó de sacudir su chaqueta donde ese raro duende se había posado.

-¿A qué te refieres?

-Me refiero al deseo que te trajo hasta aquí, según me dijiste ya lo has decidido – Explicaba encendiendo su larga pipa y tomar asiento en su tumbona favorita.

-Tú…tú eras esa voz – Reconoció de pronto.

La dama asintió.

-¿Quieres…quieres decir que puedes ayudarme a encontrar a la chica de mis sueños? ¿A la dueña de esta melodía? – Cuestionaba con asombro mientras le mostraba la cajita de música.

La curva en los labios rojos de la hechicera se ensanchó. Estaba resultando más fácil de lo que creyó.

-Claro que puedo hacerlo – Aseguró batiendo el humo que su fino tabaco provocaba. – Siempre y cuando tengas con qué pagar.

-¿Pagar dices? – Decía rebuscando alguna moneda en sus bolsillos.

Ella lo miró divertida.

-El efectivo no bastaría – Cortó ella su búsqueda. Entre tanto, caminó hacia él mirándolo de manera seductora. – Pero…eres muy apuesto – Continuó alzando la barbilla de él para verlo mejor – Serías un excelente acompañante nocturno.

El rostro de Seiya se tornó de mil colores y Yuuko soltó una carcajada eso sí era una buena broma. El chico se desinfló al liberar el aliento que contuvo esos breves momentos

-Desgraciadamente eres muy joven para mí – Concedió fingiendo ser tímida

-¡Muy joven! ¡Muy joven! – Aparecieron dos niñas haciendo alarde de las palabras de la mujer, el extraño duende orejudo también canturreaba lo mismo de aquí a allá.

Ahora era Seiya el que estaba a punto de perder la paciencia.

-¿Vas a ayudarme sí o no? – Reprochó.

-A cambio debes darme la estrella que traes contigo – Pidió ella finalmente.

¿Estrella? Y la halló precisamente en su bolsillo. Su estrella de transformación.

-Te lo dije antes. Si continúas, será el inicio de una vida completamente nueva, una lejos de los tuyos y de lo que conoces; eso incluye tus habilidades y tu vida como guerrera.

Seiya fruncía el ceño, no esperaba algo como eso, ¡pero ya estaba ahí! Maker y su princesa lo habían entendido, lo habían apoyado a pesar de todo… ésa era su última oportunidad.

-Ya no habrá vuelta atrás ¿cierto? – Dijo con tensión en la voz.

-Eso también te lo advertí – Contestó Yuuko con la mano extendida para recibir el pago.

No se atrevió a mirar, solo dejó caer el broche de transformación en aquellas manos. Desprendiéndose del único objeto que tenía de su hogar, de su familia y de su pasado.

Sólo sigo avanzando…

Talvez ya no pueda volar ni surcar el cielo…

Pero es mi destino…

Aún así, quiero seguir luchando.

Estoy despierto pero no lloraré…

Prometo que no lloraré…

Tu futuro está por comenzar…- Enunció la hechicera tras recibir ese mágico broche…

...

¡Lista la segunda entrega! Tengo varias ideas para esta historia, así que muchísimas gracias de antemano por darle una oportunidad. Este capítulo fue para conocer un poco más los sentimientos y pensamientos de Seiya\Sailor Fighter. La complejidad del trío de estrellas, junto con sus personalidades ofrecen una gran variedad de elementos para dejar libre la imaginación. Es la primera vez que escribo sobre estos personajes y aunque hubo algunos párrafos en los que se me dificultaba un poquitín la narrativa, lo he disfrutado un montón.

Espero que ustedes también lo disfruten y les guste.

El próximo capitulo se llamará: Ella, entre Sentimientos y deberes, se centrará en nuestra querida Tomoyo.

Pero la próxima actualización será para mi otra historia: Recuerdos de una Vida Incompleta, así que estén pendientes para no perderse ningún capítulo.

Les mando un gran abrazo!

Yukime: Hola! Y bienvenida, muchísimas gracias por el review. Me alegra de que te haya gustado la historia y el estilo narrativo. Espero que las próximas entregas también sean de tu agrado.

También agradezco a Nozomi por tu review y por el apoyo a esta nueva historia pero se borró de la sección al haber actualizado el capitulo anterior, mil disculpas por ello.

Las estrofas del principio y el final pertenecen a la canción Awake por BTS.