Quiero trata de publicar un cap cad días para no perder el hilo de la historia (aunque aun no se como podría terminar) Así que espero que les guste, de ahora en adelante viene el drama y los celos porque en el Sweet Amoris las cosas nunca están en calma por eso no puedo ser yo quien altere el Status Quo.
En mi historia vivimos en un mundo ideal donde Sucrette tiene buena relación con todos los chicos aunque ella solo ama (o amaba) a Lysandro.
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Es más complicado de lo que parece
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Tanteó su cama en busca de la fuente del ruido que interrumpía su sueño.
-¿Mmmmm?.- Gimió mientras miraba su reloj, 7pm del sábado… había dormido casi un día completo.
-¿Qué haces? Que no sabes que la hora de dormir de las niñas es a las 9.- Dijo en tono burlesco la voz al otro lado del teléfono.
-Muy gracioso… Cassy.- Dijo aun adormilada.
-Sabes que la misma broma pierde la gracia si se repite mucho, de todas formas no te llamaba para eso… Leigh me dijo que Lysandro había vuelto y que estuvo en tu casa.-
-No sabía que ahora eras íntimo del novio de Rosa, deberías tener cuidado ella es muy celosa.-
-Ja, bien tu ganas esta ronda, estaba paseando a Demonio y pasé por la tienda de ropa, ¿Entonces, me dirás que hacia Lysandro en tu casa?
Mierda… Sucrette había olvidado por completo que Castiel no sabía nada sobre ella y su mejor amigo, ni acerca de lo que él sentía por Rosa… o al menos eso pensaba ella.
-Me lo encontré saliendo del instituto, estábamos hablando y se puso a llover, al parecer su casa está lejos así que le pedí que se quedara en la mía hasta que calmara.- Después de todo no era mentira aunque se sentía un poco mal ocultarle cosas así a Castiel, si bien no era su confidente le tenía mucho aprecio.
-Aja… ¿Me crees idiota? Me dirás lo que pasa contigo y Rosa ¿Entendiste? Las 2 andan muy raras desde el accidente y sé que es algo más, así que ala, levanta y ven a la cafetería si no quieres que mi perro derribe la puerta de tu casa.- Le exigió antes de colgar sin darle tiempo de replicarle.
-…Mierda.- Suspiró. Bajó las escaleras rápidamente, tenía que salir enseguida, esa amenaza podría ser una broma viniendo de cualquiera menos de Castiel.
-¿Cariño, estas despierta? –Gritó su madre desde la cocina.
-Aghh, si mamá, perdón pero voy saliendo.- Dijo esperando que no le pusieran "peros".
-Perooooo, querida deberías comer algo.- Le aconsejó Lucía asomándose al salón.
-Estoy bien, iré a la cafetería no te preocupes, volveré en un par de horas.- Dijo cerrando la puerta.
Se puso la chaqueta mientras corría por el parque en dirección al café.
-Mira quien llega en tiempo record, y yo que estaba esperando poder hacer realidad mi advertencia.
-No gracias, a mi madre no le gustan mucho los animales. Dijo casi sin aliento.
-¿Pero qué dices? Si Demonio es adorable, anda siéntate o piensas quedarte ahí parada en medio de las mesas.- Dijo haciéndole una seña al camarero.
-Una Limonada y una gaseosa.-
-¿Me invitas? ¿Quién eres y que hiciste con Castiel? Bueno lo que le hayas hecho puedes quedártelo.-
-Si si burlate, pero si quiero sacarte información supongo que tendré que sobornarte, aunque no es que seas muy buena guardando secretos, eres toda una bocazas, y bien ¿Me dirás que es lo que no me estas contando?-
-No sé de qué me hablas.- Dijo antes de tomar un sorbo de la limonada.-
-Claro, por eso viniste corriendo desde tu casa, por "nada", ya suéltalo sabes que no tengo paciencia.-
-Si vine fue porque no quería que irrumpieras en mi casa con tu "adorable perrito", yo no sé nada.- Dijo bajando la voz, sabía que Castiel la presionaría.
-Bien demasiado descanso ven conmigo.- La agarró del brazo levantándola rápidamente de la silla, después de dejar el dinero de la cuenta sobre la mesa, la arrastró al parque.
Soltó la correa de Demonio, el cual comenzó a correr por todo el lugar pero sin alejarse demasiado.
Puso a Sucrette contra un árbol y afirmó su brazo por encima de la cabeza de ella mirándola desafiante.
-Espero que la caminata te haya dado ganas de charlar porque si no tendremos que hacerlo por las malas.- Dijo el pelirrojo endureciendo su mirada.
Sucrette tragó saliva. –Lysandro y yo estamos saliendo, quiero decir, no somos novios pero estamos juntos desde el día que anunciaron la jornada de arte.- Dijo en un sopló, tan rápido que Castiel aún estaba en shock.
-¿Lysandro … y tú?- Bufó mirando hacia el lado. –Qué calladito se lo tenían...- Dijo mientras que el enojo en su voz era palpable. –Y Rosalya que pinta en todo el asunto.- Volvió a mirarla de forma más fría esta vez.
-Ella…- Desvió su mirada, en realidad no quería hablar del asunto, se sentía avergonzada y no sabía cómo se lo tomaría Castiel.
-Ella qué, ¿Vas a hablar hoy? Porque no tengo todo el día.-
-C-cuando estábamos en el hospital… L-lysandro me dijo que Rosa, eeeh eeeeh él me dijo que Rosa…-
-¿TE DIJO QUE ROSA QUÉ? ¡YA ESCUPELO!-
-ME DIJO QUE ROSA LE GUSTABA.- Gritó cerrando fuertemente los ojos, no quería ver a Castiel… el recordar ese instante hacia que su corazón le doliera, no quería llorar tampoco ver la reacción del pelirrojo.
Dejó caer su brazo con consternación. ¿Cómo es que todo eso había pasado frente a sus narices sin que lo notara antes? Sucrette para él era una llorona quejica, pero había aguantado todo esto sola, probablemente ni siquiera sentía que podía confiar en Rosa. Se paseaba de un lado al otro, mientras pasaba su mano por su cabello intentado calmarse.
-¡Mierda!- Dijo mientras le daba un puñetazo al árbol que estaba junto a Sucrette. Se plantó a unos pasos de ella dándole la espalda, intentado digerir todo lo que le habían dicho, se dio vuelta tan rápido que casi se cae, caminó hacia Sucrette, y solo la abrazó, tan fuerte como pudo y sin decir nada, no era bueno para consolar a los demás pero quería hacerle saber que estaría ahí para ella. Que no estaba sola.
Por su lado Sucrette solo se dejó llevar por la calidez del pelirrojo, ya no podía llorar quizás había agotado sus lágrimas. Pero al menos ya no se sentía sola.
…
Ya era lunes y la vida en el instituto continuaba, Karla no había asistido a clases ese día, quizás aún no se sentía bien después del incidente de su novio.
Sucrette llamó a Alexy, no quería llegar sola, pensó que si estaba acompaña podría retrasar incomodas conversaciones pendientes.
-¡Hola! ¿Su esta lista? –Le dijo Alexy al padre de Sucrette quien lo miraba de forma curiosa.
-Ehhh le diré que estas aquí.- Dijo Felipe subiendo las escaleras, extrañamente Alexy le agradaba.
…
La muchacha se sentía bastante mejor, pero su humor aún era frágil y sabía que un encuentro con Lysandro podría hacerla decaer. Quería verlo, quería abrazarlo y besarlo… quería que todo fuera como antes, pero los deseos no se hacen realidad con solo quererlo.
-¿Hija ya estas lista? Tu amigo Alexy está aquí y se te hará tarde.-
-¡YA VOY! –Dijo mientras corría escaleras abajo. –ME VOY, ADIOS.-
-EEHHHH FUE UN GUSTO VERLOS DE NUEVO.- Gritó Alexy mientras Sucrette lo arrastraba fuera de su casa.
-Ya era hora, saben que ODIO estar al aire libre… Y Alex me deja afuera esperando como si fuera su mascota.- Dijo Armin con el ceño fruncido. –Hola Su.- El moreno cambió completamente su expresión y le dedico una sonrisa a la muchacha que se reía al ver el repentino cambio del chico.
-Hola Armin, aun no me acostumbro al cambio pero de verdad te queda.- Caminaron relajadamente hacia el instituto hablando de cosas sin importancia.
-Ehhhh si quieren adelántense, tengo que contestar esta llamada.- Dijo Alex mientras que Su y Armin lo miraban extrañados.
-¿Quién es?- Preguntó su hermano.
-Es Laeti.- Respondió con una sonrisa.
-¿¡Laeti?!- La muchacha quería asegurarse de no haber oído mal.
-Sí, me llama de vez en cuando desde que nos conocimos en la jornada de artes, ya sabes que esta con su "pausa" así que le dije que cuando sintiera que va a flaquear me llamara.- Dijo animado mientras se alejaba para hablar tranquilo.
-Será mejor que entremos, tenemos clase con Doña Delia y no tengo ganas de que me trate como si fuera idiota frente a todos otra vez.
-Es Doña Delanay.- Dijo Sucrette reprochándole. Mientras que Armin solo se limitó a sonreírle.
A Lysandro no le pasó desapercibida la llegada de Sucrette acompañada de Armin, pero a pesar de esto la clase fue particularmente tranquila, nadie habló durante toda la hora la única voz que se escuchaba era la de la profesora, y aunque Sucrette tomaba apuntes podía sentir como algunas mirabas se posaron en ella. Rosa le susurró tratando de llamar su atención pero Sucrette fingió no oírla, también pudo notar que cada tanto Lysandro volteaba a verla aunque ella casi no despegaba su vista de la ventana que daba al patio.
Necesitaba tiempo, para pensar, meditar y perdonar… Lysandro y Rosa tendrían que concedérselo aun cuando ella no se los pidiera expresamente.
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Nuevamente reitero, cualquier comentario sobre lo que les guste o no siempre es más que bienvenido :D
