Nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la historia es de Drotuno, yo solo la traduzco.

Y, ¿quién más podría ser mi Beta? Solo ella me soporta :P Gracias a Erica Castelo por seguir conmigo.


CAPÍTULO 2

BELLA

Conduje a través de las puertas de la comunidad de retiro, agitando mi mano a uno de los policías locales. Como Edward tenía su propio helicóptero, le habíamos ayudado al jefe Clark más de una vez. Edward pocas veces pedía un pago, simplemente porque amaba al pequeño pueblo de Forks. Ayudaba porque podía, porque tenía la capacidad de echar una mano.

Los perros se movieron en la parte trasera de la SUV cuando nos detuvimos donde estaba estacionado el coche del jefe frente a una casita de una planta. Jasper y Emmett salieron antes de que siquiera apagara el motor. Después de enganchar a Lock y Load a sus correas, encontré al jefe Clark frente a la puerta principal.

El jefe era un buen hombre, amable y tranquilo. Había sido elegido por votación desde que su padre se retiró hace varios años. Estaba cerca de cumplir cincuenta años, con cabello canoso en sus sienes y unas cuantas arrugas en las esquinas de sus ojos color avellana.

"De verdad apreciamos esto, Bella," me dijo, sonriendo y ofreciéndome una camiseta.

"No hay problema, jefe," le dije con una sonrisa. "En realidad no estábamos trabajando esta semana. Estamos por salir de la ciudad una vez que salgan de la escuela. ¿Eso es del señor Hopper?" Le pregunté, señalando hacia su mano.

"Estaba en el cesto de la ropa sucia, así que supongo que la usó recientemente. Espero que ayude."

Los dos levantamos la vista cuando el fuerte plum, plum, plum de las aspas del helicóptero de Edward vibró por encima de nosotros. Saqué mi auricular, metiéndolo en mi oído.

"Edward, estoy a punto de ver si los perros encuentran algo," le dije, agarrando la camiseta.

"Diez-cuatro, dulzura."

Miré a Emmett. "Em, ve con uno de los oficiales. Chequeen con los vecinos que no hayan tenido la oportunidad de ir—aunque, a estas alturas, todo ese ruido debe de haberlos alertado que algo está pasando."

"Entendido, Bellsy," Emmett aceptó, uniéndose a uno de los oficiales en la calle más abajo.

Me volví hacia los perros. "Chicos, siéntense." Dos traseros peludos tocaron el pavimento, y dos pares de brillantes ojos azules estaban sobre mí, aunque sus colas no podían quedarse quietas, aún si tuviera un filete en mis manos. Les tendí la camiseta, dejando que los dos la olieran. "Lock, Load… encuéntrenlo."

Jasper se llevó a Load, y yo a Lock, y los perros caminaron hacia la puerta principal de la pequeña casa del anciano, solo para girarse bruscamente a la derecha. Atravesamos el patio delantero de un vecino, luego el siguiente, solo para precipitarse hacia el patio trasero de una tercera casa. Y esa dirección era la que no queríamos, pero de todos modos alerté a Edward.

"Edward…"

"Te veo," respondió al instante, virando bruscamente por encima de nosotros cuando entramos al espeso bosque. "Alice, necesito que monitorees el infrarrojo. Dime si lo que estoy viendo es animal, vegetal, o… humano."

"En ello, en ello, en ello," repitió, y el ruido de las teclas era fuerte y claro por la radio.

Jasper y yo habíamos permitido que los perros nos condujeran al bosque. Todo el pueblo de Forks estaba rodeado por el espeso bosque. Era algo que Edward odiaba cuando de niño recién se mudó aquí, pero que había llegado a amar con el tiempo. La gente de aquí estaba acostumbrada a la lluvia, árboles verdes y agua fría, pero también respetaban el bosque. Era muy fácil perderse en él, lastimarte cuando nadie podía escucharte, y esa era la idea que pasó por mi mente cuando la luz del día se atenuó una vez que entramos al espeso follaje de un verde interminable.

"Maldita sea," murmuró Jasper, dándome una mirada de soslayo. "De verdad espero que este sea un rastro falso…"

"No jodas," dije con un suspiro, gruñendo cuando brinqué un tronco caído.

"Edward gira a la izquierda, por favor," Alice ordenó por nuestros auriculares.

"Diez-cuatro," respondió él, y muy apenas pude verlo a través de los árboles virando sobre nosotros.

Los perros se detuvieron, olfatearon un punto o dos, y continuaron, pero Jasper tiró de la correa de Load.

"Eddie, amigo… veo ramas quebradas y lo que parecer ser huellas. ¿Tú y Alice están captando algunas fuentes de calor?" Preguntó, poniéndose de cuclillas para examinar una huella profunda en el lodo.

"Sí, sí, sí," respondió Alice emocionada. "Edward, quédate justo dónde estás. Si estoy en lo correcto, entonces Bella y Jasper necesitan dirigirse en dirección al noreste unas cien yardas de donde están ahora. Jazz, ¿puedes ver dónde está Edward?"

Jasper miró hacia arriba. "Sí. Estamos en ello, querida."

"Bien, porque hay una fuente de calor justo debajo de él, y no se ha movido desde que él ha estado estacionario. Los venados usualmente se dispersan cuando él vuela por encima de ellos, pero esto no se ha movido," explicó.

Mientras continuábamos internándonos en el bosque, noté que los perros prácticamente nos estaban guiando en la misma dirección dónde Alice quería que fuéramos. El bosque se hacía más denso, la maleza más tupida. Pero también noté más y más señales de que alguien había pasado por ahí.

"Mierda," dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza. "Edward, si Alice tiene razón y es el señor Hopper, entonces vamos a necesitar un lugar dónde aterrices. No puedo imaginar que haga la travesía de regreso por dónde vinimos, sobre todo si está herido o algo."

"Ya estoy en eso, Bella," respondió. "Si es él, los guiaré a un lugar donde pueda bajar. ¿Entendido?"

"Sip," respondí con otro gruñido al mismo tiempo que de repente Jasper y yo fuimos arrastrados por los perros cuando tiraron con un poco más de fuerza, lo que me dijo que el rastro se estaba intensificando.

Con la continua guía de Alice y el comportamiento entusiasta de los perros, tuve un presentimiento. El señor Hopper estaba justo adelante, y cuando rodeamos un espeso matorral, solté la correa y corrí hacia el anciano.

"¡Lo tengo!" Grité por la radio, lo que se transmitió rápidamente a todo el mundo en la comunidad de retiro. Poniéndome de cuclillas, revisé su pulso, encontrando uno fuerte. "Señor Hopper, ¿puede escucharme?" Pregunté, sonriendo cuando unos cansados ojos grises se abrieron lentamente. "Mi nombre es Bella. Él es Jasper. Vamos a sacarlo de aquí, ¿está bien?"

El anciano gimió, y le eché un vistazo rápido. No podía ver ningún daño, ninguna herida, pero eso no significaba nada.

"Señor, ¿está herido?" Le pregunté.

"Mi… tobillo," jadeó.

Asintiendo, enrollé un poco la pierna de su pantalón para ver la hinchazón, pero no se veía roto. Pero yo no era Esme, y no siempre podía darme cuenta que tan lastimado estaba alguien. Ella era asombrosa en eso.

"Muy bien, Edward, vamos a necesitarte," declaró Jasper, soltando la correa de Load a fin de ayudarme con el señor Hopper. "Dinos dónde vas a estar."

Edward rugió encima de nosotros, volando velozmente, diciendo, "Hay un claro al este de dónde ustedes están. Jefe, alerte al hospital. Lo llevaré tan pronto como lo suban."

El radio se convirtió en un caos, pero la voz en la que Jasper y yo nos concentramos fue la de Alice al básicamente llevamos cargando al anciano a través del bosque. Sin embargo, el constante plum del helicóptero ayudó. Era obvio que el señor Hopper estaba agotado, muy probablemente deshidratado y asustado. Hizo lo que pudo por caminar con nosotros, pero su tobillo le dolía cuando trataba de poner peso sobre él.

Edward no apagó el helicóptero, pero afortunadamente agarró los perros una vez que salimos al claro. Porque la puerta lateral estaba tan alta del suelo, que tuvo que levantarlos físicamente para meterlos en la parte de atrás antes de ordenarles que se sentaran en dos de los asientos más lejanos. Luego corrió hacia nosotros, agachándose debajo de las aspas, y tomar mi lado del señor Hopper. Entre él y Jasper en conjunto, pudieron levantar al anciano y moverlo más rápido.

"Bella, entra. Vamos a acostarlo en el piso del área de carga," ordenó Edward, y asentí, ayudándolos rápidamente a deslizar hacia adentro al señor Hopper.

Sostuve su cabeza en mi regazo, diciendo, "Solo quédese quieto, señor Hopper. Vamos a llevarlo al hospital."

El anciano no discutió, pero alcanzó mi mano cuando Jasper y Edward subían al frente. El helicóptero se elevó suavemente, la potencia incrementándose mientras Edward informaba que teníamos al señor Hopper y que podían suspender la búsqueda. Escuché al jefe Clark responder que nos encontraría en el hospital con David.

El hospital de Forks era pequeño. De hecho, era tan pequeño que no tenían un lugar para que aterrizara Edward, pero el estacionamiento era lo bastante grande que pudo bajar en la esquina más alejada. El personal del hospital se apresuró hacia nosotros con una camilla detrás a medida que las aspas se detenían.

"¿Vamos a quedarnos?" Le pregunté cuando abrió la puerta lateral.

"Solo para hablar con el jefe Clark, dulzura," respondió, ofreciéndome su mano para ayudarme a bajar. "Tengo que decirle exactamente dónde encontramos al señor Hopper para que pueda completar su informe."

"Está bien," le dije, besando su mejilla cuando me bajó con cuidado sobre el asfalto.

"Es oficial," dijo con un suspiro, portado una sonrisa sexy y engreída. Cuando lo miré, se rio suavemente entre dientes. "No más casos. Gravity está oficialmente cerrada por vacaciones."

Riendo, lo besé otra vez mientras sujetaban al señor Hopper a la camilla y se lo llevaban. "Sí, señor," ronroneé, agradándome el sonido de un bueny largo descanso. Pero me gustó mucho más la mirada oscura y carnal que mi esposo me estaba dando. "Más tarde, chico volador," lo regañé en broma, empujándolo un poco hacia atrás. "Ve a terminar esto."

"Señora," gruñó, con su sonrisa traviesa y torcida en su lugar al caminar para encontrarse con el jefe.

~oOo~

No estaba segura de qué me despertó primero: si la radiante luz del sol brillando a través de la ventana de la recámara, o el olor a café, huevos y tocino que venía por el pasillo como una deliciosa neblina. Me incorporé, me estiré y le eché un vistazo al reloj, sonriendo y sacudiendo mi cabeza. Edward me había dejado dormir hasta tarde. Otra vez. De hecho, este era el tercer día consecutivo desde que encontramos al señor Hopper en el bosque y declaramos a Gravity oficialmente cerrada por vacaciones.

Eran solo las nueve de la mañana, pero técnicamente era dormir hasta tarde, en especial para Edward, que acostumbraba levantarse antes que amaneciera. Y hacía un montón de cosas en las primeras horas de la mañana. Se iba a correr, lo que ahora incluía a los perros, y una vez que regresaba, ponía el café, preparaba el lonche de los niños, levantaba a Sammy y a Bethy y los preparaba para la escuela, y salía de casa únicamente para ir a dejarlos. Si yo estaba levantada, algunas veces hacíamos esas cosas juntos, pero Gravity había tenido trabajo los últimos meses, y podía darme cuenta que todos nosotros necesitábamos un descanso. Ir a casa de tía Kate era perfecto.

Entré al baño, me hice cargo del llamado de la naturaleza, lavé mi rostro, y cepillé mis dientes antes de encaminarme a la cocina usando todavía mi camiseta y el bóxer de Edward. Sonriendo a la vista frente a mí, me senté en un banco sin hacer ruido, tomando la abandonada taza de café.

"¡Mujer!" Edward gruñó juguetonamente sin siquiera darse la vuelta. "¿Por qué mi café? Sírvete el tuyo."

Solté unas risitas, simplemente porque no podía evitarlo. Era casi el mismo argumento todas las malditas mañanas, pero éramos solo nosotros. Bebí ruidosamente del café, dejando la taza sobre la encimera de mármol con un ruido sordo. "Porque puedo," canturreé, sonriendo cuando me dio una sonrisa de suficiencia por encima de su hombro, solo para volverse a la estufa.

Sacudiendo mi cabeza, me tomé un momento solo para mirarlo. Ocho años de matrimonio no han enfriado ni un poco nuestra relación. Y esos ocho años lucían fenomenales en Edward. Acababa de cumplir treinta y cinco en junio, y probablemente estaba en mejor condición que nunca. Estaba ahí parado con pantalones cortos de baloncesto color negro, sus tenis, y su gorra de béisbol negra hacia atrás. Hombros anchos y fuertes que se estrechaban hacia su cintura, su perfecto trasero flexionándose cada vez que desplazaba su peso, y sus bíceps sobresaliendo con cada movimiento.

Mis ojos se posaron en el tatuaje que adornaba su brazo izquierdo. Mi tatuaje. Era el escudo Cullen—un león con sus garras levantadas, tréboles y hermosas volutas que envolvían el fuerte músculo como un brazalete. Amaba ese maldito tatuaje, simplemente porque representaba a la familia, representa a los niños y a mí, y como siempre seríamos lo primero en el corazón de Edward. Era un agudo contraste con el tatuaje en su pectoral izquierdo, que era su rango en la Fuerza Aérea. Dos galones se unían con una estrella en el centro, USAF (1) estaba escrito en él, y todo ello estaba rodeado por cuatro estrellas rojas. Las últimas eran en honor, en memoria de los caídos bajo su comando—incluyendo a Sam, el gentil gigante que había muerto salvando a Edward después de que Bethy fuera secuestrada por una mujer loca buscando vengarse de mí.

De vez en cuando, lo atrapaba cocinando así, solo para ser transportada de vuelta hacia el tiempo que lo vi por primera vez después que me sacara del sótano de Miller. Nos habíamos conocido de niños, pero fue la segunda vez la que significaba todo para nosotros. Edward había sido duro entonces, casi frío, pero para mí fue lo mejor que me pasó en la vida— era tranquilo, dulce y me protegía, incluso de él mismo.

"¿Dulzura?" Me llamó, sonriendo con suficiencia cuando mis ojos subieron lentamente por sus pantalones cortos, su sexies abdominales y esa v que me volvía loca, hacia su rostro bastante divertido.

"¿Qué?"

"¿Tienes hambre?" Dijo riéndose entre dientes, tendiéndome un plato lleno.

"Podrías freír cartón, y estoy segura que me lo comería, Edward," dije con sarcasmo, sonriendo cuando se echó a reír otra vez.

"Hoy no," replicó, besando un costado de mi cabeza y colocando el plato frente a mí. Una vez que preparó el suyo, se sentó junto a mí. "Se nos acabó el cartón."

Puse los ojos en blanco y sacudí mi cabeza, pero con gusto le entré a mi desayuno. Comimos en un silencio tranquilo y cómodo, con el periódico abierto entre nosotros. Fue casi como nuestros domingos normales, cuando tenemos unos cuantos minutos de paz antes de que Bethy, Sammy y los perros se levanten, llevándose la tranquilidad. Edward continuó hojeando el periódico, incluso después de que limpié y encendí el lavavajillas. Sin embargo, cuando regresé con él, se volvió, poniéndome entre sus piernas y subiéndome al último peldaño de su banco. Rodeé su cuello con mis brazos, apoyándome en él.

"¿Qué está programado para hoy, dulzura?" Preguntó con voz suave, mirándome a través de sus pestañas por las que mujeres darían el brazo derecho, con un verde radiante y feliz que hizo que rozara mis labios en los suyos. "Quiero decir, ¿qué tenemos que hacer antes de recoger a los niños?"

"Bueno, veamos," suspiré dramáticamente, levantando mi mano para quitarle la gorra, tan solo para poder pasar mis dedos por su cabello, que necesitaba desesperadamente un corte. "Nos vamos pasado mañana. El sábado, ¿verdad?" Pregunté, y asintió, al fin dándose por vencido y poniéndome en su regazo, sus brazos rodeándome por completo. "Está bien, bueno, al menos tenemos que intentar empacar para los cuatro. Me alegra que los perros no usen ropa."

Edward sonrió. "Sí, Bethy ha intentado ponerle ropa a Lock más de una vez, pero él no se dejó. Le dije que él era nudista."

Soltando un resoplido, dejé pasar eso, sin querer saber si le había explicado qué era exactamente un nudista a una niña de ocho años. Algunas veces, la boca de Edward lo metía en problemas con nuestros hijos y él terminaba retractándose para cubrir su error. No estaba segura qué era más gracioso: los niños delatándolo o su tartamudeo cuando trataba de salvarse. De hecho, el que se consideraba el tarro de las groserías más costoso en el mundo ahora incluía lo que Emmett clasificó como "vómito verbal". Era para temas de conversación que nunca deberían hablarse cerca de los niños. Y entre todos ellos—Edward, Emmett, Jasper, Kurt, Alec e incluso Carlisle—estaba casi segura que había bastante en esa cuenta como para que alguien diera el pago inicial para una casa… o fuera a la universidad. De cualquier manera, se había convertido en la máxima cuenta de ahorros, y en verdad, era para todos ellos.

"Como sea," dije con un suspiro, rodándole mis ojos, lo que lo hizo reír, "al menos deberíamos empezar a cerrar este lugar. ¿No crees?"

Asintió despacio, inhalando profundamente y dejándolo salir. "Sí, pero dejaré el helicóptero para mañana. E iré por las maletas al sótano por ti."

"Bien." Lo besé por eso, simplemente porque a pesar de que yo podría ir al sótano, no significaba que me gustaría hacerlo. Era la mierda que quedaba de Miller, y básicamente habíamos aprendido a vivir con ello. "Entonces, ¿qué te gustaría primero?"

"Tú."

Su sonrisa fue lenta y torcida mientras pasaba sensualmente su lengua por su labio inferior, pero eran sus ojos los que lo decían todo. Se pusieron oscuros y entornados, casi turbios por las ideas que revoloteaban en su mente. Me eché a reír, mi cabeza cayendo hacia atrás, pero lo acerqué a mí cuando su risueño beso encontró la piel de mi garganta.

"Vamos, dulzura," me instó, sonando como el diablo mismo. "Escúchame," rugió, dejando un beso tras otro por mi cuello hacia el punto detrás de mi oreja. "Está muy tranquilo. Tenemos toda la puta casa para nosotros solos. Sin equipo. Sin niños. ¿Qué tan a menudo sucede eso?"

"Casi nunca." Incluso para mis propios oídos, mi voz sonó derrotada, y Edward lo escuchó desde un kilómetro de distancia, porque sonrió contra mi piel.

"Exactamente, bebé," canturreó, volviendo a rozar mi garganta con sus labios para cubrir el otro lado de mi cuello con la misma atención. Manos fuertes y callosas, se deslizaron por debajo de mi camiseta, y jadeé. "Por favor, amor. Te ayudaré a lavar ropa, empacar, lo que sea…"

Lo interrumpí, entrelazando mis dedos en su cabello y levantando su rostro para que pudiera mirarlo a los ojos. "Tienes que reportarte con tu papá."

Refunfuñó como un adolescente petulante. "Por favor, por favor, no menciones a mi papá cuando estás en mi regazo oliendo a flores, pecado, y que me jodan, tu calor, bebé." Sus manos dejaron mi camiseta, solo para agarrar mi trasero y acercarme más.

Gimiendo con fuerza al sentirlo a través de sus pantalones cortos de baloncesto, mi frente golpeó suavemente la suya. "Edward…" Comencé a reprenderlo, pero me interrumpió.

"L-Lo lla-llamaré, l-lo juro. Pero maldita sea, amor…"

Había sospechado por años que Edward sabía lo que su tartamudeo provocaba en mí. Bethy al crecer había dejado el suyo, y Sammy nunca había desarrollado uno, pero el de Edward lo era todo para mí. Era honestidad pura y adorable dulzura. Pero también era muy sexy, porque era el verdadero Edward, el Edward que conocí cuando solo teníamos doce y trece años. Era el Edward que había balbuceado su primer "te amo", porque no solo venía con honestidad, sino también con una inclinación de su cabeza, una mirada vulnerable y un agarre más firme de sus manos.

Era imposible ignorarlo, sobre todo porque tenía razón sobre nunca tener la casa para nosotros solos. No ayudaba que él estaba caliente, oliendo a aire fresco y sudor salado por su carrera, su barba y ojos oscuros dándole una apariencia letal de chico malo, y su cabello demasiado largo luciendo como si ya hubiésemos tenido tres rounds en la cama.

Inclinándome, me rendí, besándolo hasta dejarlo estúpido. Teníamos horas antes de que tuviéramos que recoger a los niños y luego todo el día de mañana para prepararnos para irnos a Alaska. Devorar a mi esposo acababa de subir a la cima de la lista de cosas por hacer en el día.

Un gemido deliciosamente profundo y sexy vibró contra mi pecho, haciendo que mis pezones se apretaran debajo de mi camiseta. Mantuvo una mano en mi trasero instándome a restregarme contra él, pero la otra mano se deslizó en mi cabello en la base de mi cuello, forzando mi cabeza volverse para que él pudiera reclamar mi boca.

Mordisqueando mi labio inferior, tiró de mi cabello solo lo suficiente para apartarme mi rostro del suyo. "Solos, Bella," dijo con voz ronca, lamiendo sus labios. "No te quiero callada. Joder, siempre tenemos que estar callados. Quiero oír cada maldita cosa. ¿Entendido?" Ordenó, sonriendo cuando lloriqueé un poco y asentí. "Bien."

Dicho eso, me sujetó con más fuerza, manteniéndome envuelta a su alrededor y bajando del banco de la cocina. Sus pasos eran pesados por el pasillo, pero prácticamente azotó la puerta de la recámara al cerrarla detrás de nosotros.

Dando unos pasos dentro de la habitación, se detuvo a un lado de la cama. "Baja tus pies."

Hice lo que me dijo, descubriéndome de pie sobre el colchón.

Sonriendo al ver cómo estar más alta que Edward me daba el control, agarré cada lado de su rostro y lo besé con todas las ganas—con movimientos profundos e intensos de lengua, suaves caricias de los labios, y fuertes exhalaciones en las mejillas.

Dedos largos y callosos acariciaron mis muslos, mis caderas, y tomaron mi trasero, solo para repetir el circuito una y otra vez. Nuestras lenguas se deslizaron juntas lánguidamente, y Edward sabía a café, pero no me importó, en especial cuando sus dedos finalmente se deslizaron entre mis piernas.

"Jesús, dulzura," jadeó, rompiendo nuestro beso, pero sus labios rozaron los míos cuando habló. "Estás muy caliente. ¿También estás mojada?"

Asentí fervientemente. "Sí," susurré, pegando mi frente a la suya a fin de recuperar el aliento.

Apenas moviéndose, Edward se quitó sus tenis y calcetines. Cuando terminó, agarró mi camiseta y me la sacó rápidamente por encima de mi cabeza. Sus ojos se oscurecieron como la noche al seguir el sendero que sus manos dejaban por mi cuerpo. Había ciertas cosas que Edward siempre hacía, y una de ellas era la reverencia que le daba a mis cicatrices. Algunas se habían desvanecido con los años, pero otras permanecían. Se acercó, inhalando mi piel al mismo tiempo que arrastraba sus labios por mi esternón, sobre mi estómago, y a lo largo de la orilla del bóxer que llevaba puesto. Con un tirón rápido, ese mismo bóxer cayó a mis pies, dejándome completamente desnuda frente a él.

"Acuéstate, amor," ordenó con voz suave, masajeando la parte externa de mis muslos. "Quiero verte tendida para mí."

Sacando mis pies del bóxer, me recosté en la cama, lamiendo mis labios cuando él se quitó los pantalones cortos. Su polla estaba dura, gruesa y ya estaba goteando.

"¿Ansioso, cariño?" Le pregunté, conteniendo el gemido de deseo cuando su mano rodeó su erección.

"Por jodidos días, Bella," respondió, lo que era un poco exagerado, considerando que me había despertado el día anterior con dedos traviesos y deliciosas palabras sucias.

Sonriendo, abrí mis brazos y piernas para él, y subió por mi cuerpo para apoyar sus brazos a cada lado de mi cabeza.

"Tal vez quisiste decir un día, guapo," repliqué con una sonrisa de suficiencia cuando se rio entre dientes.

"Sigue siendo demasiado tiempo," refunfuñó, lanzándose de nuevo hacia mi boca.

Cuando nuestra piel desnuda se deslizó junta, los dos gemimos, mis piernas acercándolo a mí, mis brazos rodeando su cuello y sujetándose de su hombro.

"S-Si p-pudiera t-tenerte t-todos l-los d-días, l-lo ha-haría," balbuceó, encogiendo un hombro antes de bajar su cabeza para besar mi clavícula.

Un escalofrío sacudió mi cuerpo al escuchar su dulce tartamudeo, y tiré de él dejando un beso en su tatuaje de la Fuerza Aérea, susurrando, "Sin juego previo, Edward. Solo fóllame."

Todo su cuerpo se lanzó hacia adelante, y apoyó su peso en una mano. Lamiendo las yemas de sus dedos, metió su mano entre nosotros, se alineó en mi entrada y penetró deliciosamente en lo profundo. La sensación de estar completa, o sentirme plena, colmada y perfecta, me inundó.

"¡Mierda!" Gruñí, mis ojos rodando hacia atrás al mismo tiempo que mi cabeza se presionaba contra la cama.

"Sí," siseó él, congelándose por solo un momento. "Maldición, no estoy bromeando, Bella. Quiero cada sonido que vas a darme."

De verdad fue algo bueno que nadie estuviera en casa, porque no fuimos silenciosos. Fuimos ruidosos, instándonos el uno al otro, y con cada orgasmo que Edward me dio, mi voz y mi lenguaje empeoró. La cama estaba destruida, nuestros cuerpos cubiertos en sudor, y solo llevamos nuestras actividades de la recámara a la ducha cuando todo terminó.

Para cuando quedamos limpios, vestidos, y completamente saciados, podría haber dormido otras ocho horas, pero como era de esperarse, al menos teníamos que tratar de empacar antes de ir por los niños a la escuela.

~oOo~

EDWARD

Con el teléfono pegado a mi oído, me dirigí al sótano. El sonido de las caricaturas en la sala, el aroma de la cena cocinándose en la cocina, y el golpeteo de los tenis de alguien en la secadora crearon una cacofonía de sonidos que simplemente significaban "hogar". Sonriendo al pensarlo, caminé hacia los estantes para almacenar mientras esperaba que mi papá contestara. Debido a la gran diferencia de horario—once horas—había decidido esperar hasta que los niños estuvieran en casa y la cena estuviera en el horno.

"Son las cinco de la mañana, hijo," contestó de mal humor.

Riéndome entre dientes, le dije, "Hola, rayito de sol. Únicamente quería ver cómo estás. No tienes por qué ser un pendejo. Estabas levantado de todos modos. Admítelo."

Su risa fue suave, pero dio un suspiro profundo. "De hecho, tienes razón. Acabo de regresar con una taza de café. ¿Cómo están Bella y mis nietos?"

"Estoy estupendamente, papá. Joder, gracias por preguntar," gruñí bajo mi aliento, rodando los ojos cuando se rio, aunque no podía verme y bajé las dos maletas bastante grandes del estante superior. "Están bien. Nos estamos preparando para ir a casa de tía Kate el sábado. Bella y yo queríamos saber cuándo nos van a alcanzar. Ya casi terminas ahí, ¿o qué?"

"Me gustaría decir que sí," dijo con cansancio. "Tengo otra reunión hoy más tarde, que determinará si tengo que visitar la mina o no."

Sacudí mi cabeza mientras buscaba en los estantes un par de bolsas de lona para los niños. "Maldita sea, la mina está a unos 2000 kilómetros de Moscú. ¿Estás hablando en serio?"

"Originalmente, mi objetivo era venir aquí a remover Twi Tech de cualquier cosa que tuviera que ver con la mina, pero… me juran que han hecho algunos cambios."

Frunciendo el ceño, dejé caer las dos bolsas encima de las maletas que había sacado y me recargué contra los estantes. Al principio, cuando mi papá me había abordado concerniente a su viaje a Rusia, me había opuesto, diciéndole que tuviera las reuniones vía webcam, pero él me prometió que todo lo tenía bajo control. Técnicamente, Twi Tech había heredado el Centro Minero de Norilsk vía Charlie, el padre de Bella. Charlie lo había adquirido por una adquisición hostil de un banco de Moscú, al que le pertenecía la mina de níquel. Lo que se convirtió en un problema fue el medio ambiente alrededor de esa mina. Estaba usando químicos que estaba enfermando al pueblo circunvecino—el pueblo circunvecino dónde la mayoría de sus ocupantes trabajaban en el mina.

Mi papá quería remover el nombre de Twi Tech de todo ello. Poco a poco se había estado deshaciendo de subsidiarias que afectaban el negocio, y aunque Norilsk era el más grande productor de níquel en el mundo, ecológicamente era una llaga supurante en el planeta.

"No sé, papá. ¿Vale la pena? ¿No puedes solo venderla? No me gusta mucho que ustedes dos estén allá," admití, encogiendo un hombro que no pudo ver.

"A mí tampoco, Edward, pero en realidad no tengo opción. No podía enviar a Jake aquí. Lo necesitaba para inconvenientes en la oficina," explicó, y resistí el impulso de decir alguna mierda del infiel ex de Bella. "Déjame ver cómo se desarrolla esta reunión, y luego tendré una mejor visión de las cosas."

Suspirando, froté mi rostro con mis manos. "Bien, pero hazme un favor, ¿quieres? Solo… sígueme la corriente y llévate uno de los GPS de Alice contigo, porque suena como si estos tipos te tuvieran dando vueltas. ¿Entendido?"

Se rio entre dientes. "Estoy cubierto, y también lo está Esme. Lo prometo. Haz que Alice lo revise si te sientes nervioso."

"Muy bien," accedí.

"Mira, hijo," dijo con un profundo suspiro, "la mina es rentable, pero la gente que la maneja recorta el presupuesto de todas las formas imaginables. Si puedo detener eso, entonces estaremos bien. Hay otra mina a aproximadamente unos mil ochocientos kilómetros al sur de ahí que es un buen ejemplo de cómo debería ser. La comunidad está limpia, incluyendo la prisión ahí, y todavía generan ganancia. Sergei quiere ver cómo se hace, pero eso va a requerir unos cuantos viajes en el jet. Si decido hacerlo, Edward, te prometo que te mantendré informado. ¿Está bien?"

"Bien, pero no me agrada," declaré con firmeza. "Simplemente no me agrada. Y no creas que no voy a hacer que Alice haga una revisión de antecedentes de ese pendejo Sergei."

"Ya lo hizo. Para mí. Dile que te la muestre cuando lleguen a la casa de tía Kate."

"Bien," gruñí, sujetando una vez más mi teléfono entre mi oído y mi hombro. Recogí todas las maletas y las subí arrastrando por las escaleras. "Repórtate pronto, ¿sí?"

"Diez-cuatro," aceptó. "Dale besos a mis nietos de Poppy y Nanny. Y dile a Bella que los dos vamos a llamar con noticias."

"Está bien, papá."

La llamada terminó, y caminé por la casa hacia la cocina, dejando caer las maletas en el piso. Los ojos de Bella me miraron, su frente arrugada.

"¿Qué pasa?" Me preguntó, revisando el pollo en el horno.

Sacudí mi cabeza. "Cuando papá se fue allá pensé que solo vendería la mina y vendría a casa, pero tal parece que están tratando de meterlo en algo más. No me gusta."

"Él no es estúpido, Edward. De hecho, es bastante astuto. Vería una trampa a un metro de distancia," replicó.

Asintiendo de acuerdo, suspiré. "Sé que tienes razón, pero quiero que Alice los monitoree todo el tiempo una vez que lleguemos a Alaska. Está en un hotel seguro, pero…" Sacudí mi cabeza despacio. "Tal vez debimos haber enviado a Alec con ellos."

Alec se ofreció, pero tu papá declinó," dijo con voz baja, caminando hacia mí y tomando mi rostro entre sus manos. Bella hizo una pausa, sus ojos estudiándome, solo para asentir una vez. "Está bien. Le diré a Alice cuando lleguemos allá. El vuelo de ella y Jasper sale por la mañana. Le diré que se instale en la casa de tía Kate tan pronto como se acomoden. ¿Eso te hará sentir mejor?"

Tomé una respiración profunda y la dejé salir lentamente por mi nariz. Una cosa era que papá tuviera que viajar por negocios; lo hacía todo el tiempo. Pero la forma en que ese pendejo Sergei insistió en que viajara a Rusia para sus "reuniones" no me gustó mucho. No aceptó la sugerencia de una conferencia telefónica o una sesión de Skype. Había insistido que mi papá fuera en persona.

"Sí," al fin le concedí a mi hermosa chica con un pequeño gesto afirmativo de mi cabeza. "Pero dile que me haga un favor… Dile que investigue a Sergei Maslov tan profundo como pueda. Más de lo que lo hizo para mí papá, lo que tiene que incluir a gente con la que se asocia."

Bella sonrió con suficiencia, acercándose para besarme. "Lo haré, cariño. Ahora, ve por tus hijos. Casi es hora de comer."

~oOo~

"Agáchate, agáchate," siseé, lanzándome detrás de un enorme abeto caído. Revisé mi arma mientras Emmett caía junto a mí. Echando un vistazo, pregunté, "¿Dónde están?"

Sonriendo, él usó señales silenciosas con las manos: dos y doce en punto y dos rodeando el área.

"¿Y Alec?" Pregunté en un susurro.

"Está cubriendo la parte trasera," respondió casi en silencio.

"Entendido." Dije riéndome entre dientes y sacudiendo mi cabeza. "Tú te vas por la izquierda. Yo tomaré la derecha. Deberíamos atraparlos a todos."

Soltó un resoplido, asintió, y se puso el arma al hombro sin hacer ruido. "Te encuentro en el medio."

"Diez-cuatro."

Usé la orilla del bosque para rodear por la derecha, manteniéndome agachado y callado. Sin embargo, tuve que lanzarme detrás de una gran roca cuando el sonido de gritos llegó a mis oídos.

"¡Niños! ¡Vámonos!" Bella llamó desde la casa.

"¡Aw, mamá! ¡Todavía no los hemos encontrado!" Argumentó Bethy.

Bella se echó a reír, señalando con su mano el bosque alrededor de la casa. "Y probablemente no lo harán. De hecho, diría que los tres los están observando en este momento."

Sonriendo, sacudí mi cabeza. A mis hijos, Abby y a Caleb les gustaba jugar a las escondidas, pero Emmett y yo lo hicimos un poco más complicado. Añadimos pistolas de agua, y no cualquier pistola—Super Soakers. Todos llevaban puestas camisetas blancas viejas, y cada equipo usaba un diferente color de agua en su arma. El equipo que saliera más limpio era declarado el ganador. Hoy, Emmett había añadido agua con color dentro de globos. Teníamos granadas de agua. Era la guerra en su forma más divertida e inocente, y probablemente todos lo tomábamos demasiado en serio.

Estábamos celebrando que los niños salieron de la escuela, que era un brillante y cálido sábado por la mañana, y que partiríamos hoy más tarde. Alec, Sarah y Abby iban a tomar un vuelo en unas cuantas horas. Rose, Emmett y Caleb iban a salir el domingo. Para el lunes por la mañana, la casa de tía Kate estaría llena hasta el tope con todos nosotros.

"Tienen que cambiarse de ropa y comer. Sarah, ustedes ya están por salir al aeropuerto."

"Aw, carajo," gruñó Caleb, sonando igualito que su papá. "Ya casi los teníamos."

"No, no es cierto," Sammy habló con voz baja, echándole un vistazo lento a todo el terreno, y sonreí con suficiencia al ver lo callado y modesto que era… y brillante, porque lo que dijo a continuación fue inteligente. "Lock y Load, encuentren a papi."

"¡Tramposo!" Siseé riéndome, pero funcionó.

Los enormes perros bajaron corriendo del porche, donde habían estado viendo el juego casi con sonrisas divertidas en sus caras. Con sus narices en el suelo, comenzaron a rastrear todos los pasos que había dado una vez que los niños empezaron a contar.

"Maldita sea," dije con un resoplido, levantándome tan silenciosamente como pude, continué mi camino por un costado de la casa.

Alcancé a ver a Alec, que se veía muy divertido con todo, y en silencio le dije que me encontrara del lado opuesto de la casa detrás de la casa del árbol de Bethy. Nos movimos sigilosamente, pegando nuestras espaldas al tronco. Emmett estaba usando la carpintería para cubrirse, sonriendo mientras agarraba dos globos llenos. Pero justo cuando Lock y Load estaban rugiendo por el bosque, todavía siguiéndome de cerca, Alec, Emmett y yo salimos, atrapando a los niños—y a la pobre de Bella, que se lanzó al porche para cubrirse—en el fuego cruzado.

Emmett arrojó los dos globos—uno a Bethy y el otro a Caleb—al mismo tiempo que Alec y yo abrimos fuego sobre Abby y Sammy. El resultado fueron chillidos, gritos, y piernitas escapándose para cubrirse. Agua roja y azul salpicó por todas partes. Sammy apretó el gatillo, empapándome de agua azul directamente en el pecho, al mismo tiempo que Sarah lanzó un globo en dirección a Alec, dándole en el hombro. Bethy y Caleb hicieron equipo contra Emmett, así que cuando Rose soltó un penetrante silbido desde el porche delantero, todos nos quedamos quietos. Cada uno de nosotros estaba escurriendo de puta agua y, debido a los colores que elegimos… de color púrpura.

"Duchas, ropa limpia y almuerzo… en ese orden. ¡Ahora!" Rose ordenó, pero su diversión estaba en todo su rostro.

"¡Vamos, vamos, vamos!" Bella añadió con una carcajada, sacudiendo la cabeza y encontrando mi mirada. "¿En serio, Edward?"

Sonriendo, me encogí de hombros, bajando la vista hacia mi camiseta. Parecía tener un teñido anudado. "Mátalos a todos, y deja que Dios disponga de ellos."

"Cierra la boca," dijo con una risita, señalando hacia el helicóptero. "¿Estás preparado?"

"Sí, amor." Dije con una risita, caminando hacia ella. "Estamos listos. Podemos irnos cuando estés preparada."

"No te atrevas a tocarme," me gruñó juguetonamente, haciendo una señal con su dedo hacia mi camiseta escurriendo. "Quítate eso y date una ducha, chico volador."

Llevando mi mano hacia atrás, agarré la parte de atrás de mi camiseta, que estaba completamente seca, y me la quité por encima de mi cabeza. Con una sonrisa, y la arrojé a la basura.

"Si me quieres desnudo, dulzura, todo lo que tienes que hacer es pedirlo," le susurré, besando su mejilla al encaminarme a la casa.

Ella me empujó por la puerta, pero se echó a reír. "A la ducha… ve. Y asegúrate de que los niños no mojen todo el piso."

Bethy y Abby usaron el baño del pasillo, dos morenas risueñas que me hicieron sonreír. Llevé a los dos niños conmigo, metiendo a Caleb y Sammy en la ducha de la habitación de Bella y mía. Después del almuerzo favorito de los niños—perros con chili—Alec se fue con su familia al aeropuerto. Rose, por instrucciones de Alice salió a la oficina de Gravity para asegurarse que Igor estuviera en marcha. Iba a acceder a él por control remoto desde Alaska.

Emmett me ayudó con las medidas de seguridad de última hora justo antes de que subiera a los niños, los dos perros y a Bella al helicóptero, sin mencionar toda la mierda que "simplemente tenía que ir" en la bodega de carga. Todas las cámaras, códigos de seguridad, y sensores de movimiento estaban encendidos. La casa, la oficina, y mi carpintería, todas tenían doble llave y las alarmas activadas. Llamé al jefe Clark para avisarle que saldríamos por al menos un mes, y él prometió revisar el lugar por mí y llamar si algo pasaba.

"¡Pequeña dulzura," necesito mi copiloto!" La llamé, sonriendo cuando mi pequeña corrió a través del patio.

Algunas cosas no cambiaban. Bethy estaba, y probablemente siempre estaría, en el asiento del copiloto del helicóptero. Había sido así casi la mayor parte de su vida. De vez en cuando, Sammy pedía sentarse ahí, pero no era lo suyo. Le encantaba volar conmigo, pero era muy parecido a Bella, que le gustaba mirar a la mierda que sucedía debajo de nosotros. Además, le gustaba sentarse con Lock y Load. A Bethy, sin embargo, le encantaba el lado técnico de volar. Amaba leer los medidores, diciéndome dónde estaban, y monitoreando nuestro progreso. Estaba malditamente seguro que eventualmente tendría que pagar lecciones de vuelo.

Bethy se subió al asiento. Su afinidad por los colores como cuando era niña seguía muy presente. Hoy, el color era rosa—tenis rosas, una sudadera de la Fuerza Aérea color rosa, y una gorra de béisbol rosa hacia atrás, todo combinado con jeans. Se puso sus auriculares, haciéndome un gesto con su cabeza.

Incapaz de contenerme, me acerqué y besé su frente. "Buena chica."

Subí a Lock y Load en la parte de atrás, y ellos tomaron sus asientos acostumbrados mientras subía a mi hijo después.

"¿Estás listo?" Le pregunté, sonriendo cuando me sonrió y asintió. "Entonces, ponte tu cinturón, hijo." Le di su gorra y alboroté su cabello. "Tú y yo tenemos que cortarnos el cabello con tía Kate," le dije con una carcajada. "Puede esquilarnos como a las ovejas."

Soltó una risita, poniendo su gorra al revés y subiendo a su asiento.

"No demasiado corto, ustedes dos," Bella replicó, sonriendo cuando la levanté también para que entrara a la cabina. "Me encanta su cabello. Así que dejen un poco arriba, ¿está bien?"

"Sí, señora," gruñí con un gesto de mi cabeza. "¿Qué has escuchado de Alice?" Le pregunté.

"Ya se está instalando. Es por eso que quería que Rose activara a Igor aquí en la oficina. Va a usarlo no solo como una prueba, sino también para acceder a lo que tiene aquí," respondió, acercándose para darme un beso suave. "Ella vigilará, Edward. Para cuando lleguemos, tendrá algo para ti, estoy segura."

"Gracias, amor," susurré, besándola una vez más antes de que tomara su asiento frente a Sammy.

Me subí al asiento del piloto, dándole a mi propiedad un último vistazo. "Muy bien, chicos… sujétense."

Bethy me miró. "Anuncia tu vuelo, papi," me ordenó por los auriculares, provocando que Bella se riera. "¡Alaska, aquí vamos!"


(1) USAF es el acrónimo de la 'Fuerza Aérea de los Estados Unidos' en inglés.


Awwwww, me encanta cómo interactúan todos, como una familia. Ese juego de las escondidas se vio muy divertido, ¿a poco no? Pero aun así, Edward no puede evitar preocuparse por su papá y Esme. ¿Qué será lo que lo tiene así? Bueno, lo sabremos en los próximos capítulos. Ahora vamos a Alaska! Espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre espero que me hagan saber que les pareció.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el primer capítulo: Ana, berenice, ami2703, Kabum, Manligrez, Gissy Cullen Swan, catabeauvoir, lizdayanna, Lunita Black27, paosierra, Nayuri80, ValenNSwan, Jocelyn907, lagie, Sei, NoeLiia, indi02, Ericastelo, Anastacia T. Crawford, cary, DBMR1, Monica1602, NaNYs SANZ, Rosibel, Shikara65, Sully YM, alejacipagauta, Adriu, YessyVL13, tulgarita, Tecupi, PEYCI CULLEN, Pam Malfoy Black, Em Dreams Hunter, Ali-Lu Kuran Hale, CarolinaYDM, pili, dushakis, angelabarmtz, glow0718, niyus1205, rosy canul, jgav28, lauritacullenswan, DenniChavez, 1999, Conni Stew, LeidaJim, Mafer, ValeWhitlockGrey, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo capítulo.