¡Hola gente linda! No voy a demorarlos, aquí va el segundo cap.. Cuidado, se acerca el lemon y puede que haya lenguaje grosero en este cap. Los aviso nomás.
Si tu me miras...
Capitulo II: Lo justo, lo injusto...
Ginny Weasley siempre había sido la pequeña hermanita menor para todos, la indefensa, la ingenua. Quizás por eso siempre había tratado de demostrar ser mucho más. No solo una sombra de Ron, ni de Harry, ni Hermione, mucho menos de sus demás hermanos.
Mientras corría apresurada para su cita con Colin pensaba en que había muchas cosas que cambiar en su vida, de las que no tenía absoluto control y eso a veces le molestaba. La mayoría de las personas pensaban que ella era una cara superficial, sin embargo había algo más. En todas las mujeres, pensaba ella, hay algo más que descubrir. Sólo esperaba que llegara el que quisiese descubrir eso extra que tenía ella en su interior.
Siempre había pensado que Harry sería capaz de descubrirlo, pero ya estaba harta de pensar que él era tan tierno y amable que podría ver más allá de la pequeña Ginny Weasley. Y se había cansado tanto que había comenzado a salir con muchos chicos diferentes buscando que alguno dejara de verla como la chica linda que movía las caderas a ritmo mientras caminaba. ¿Es que pedía mucho? Sólo pequeños detalles de ella misma...
Y a todo esto, se avecinaba una guerra. Sentía miedo, impertinencia. Muchas noches se despertaba sudorosa y llorando por la muerte de sus padres, por ver a Ron viviendo peligros junto a Harry. A veces había llegado a odiarle por ser amigo de su hermano. Sin embargo no podía, le quería mucho. Y ya no era el amor desmedido y platónico que le había tenido apenas conocerle, era simple cariño, como el que le tenía a un hermano... a alguien cercano.
¡Merlín Colin se enojaría! Ella quería terminar la relación, ella había arreglado esa reunión y ahora no aparecía a tiempo. Esa era uno de sus defectos, por más que lo intentara, siempre llegaba tarde.
De pronto sintió como alguien chocaba contra ella y estaba a punto de soltar una maldición o un grito cuando esa figura le sostuvo firmemente y su mirada castaña se perdió en un mar grisáceo, un mar congelado que no sólo le asustó. También le encantó... ¿Cómo resistirse a ese mirar? Parecía como si el aire comenzara a faltarle y las piernas la temblaban. Decentemente se quitó de encima de ese cuerpo masculino y sus manos dejaron de palpar el firme torso del buscador de Quidditch. Como le gustaría...
- Lo siento – dijo con la poca voz que le quedaba y salió corriendo otra vez.
Ya no estaba segura si corría para llegar a tiempo a la cita o porque no quería estar cerca del rubio. O quizás corría porque no quería escucharle arruinar ese momento. Había sentido su mano oprimiendo su estrecha cintura, aprisionándola contra un cuerpo que descubría bastante cálido. Pectorales firmes a la espera de sus manos recorriéndolos y sus pechos contra él... Había sido una sensación totalmente diferente a las que había sentido con cualquiera de sus novios. ¡Y solo había sido un roce! Oh, Ginny, definitivamente se estaba volviendo loca..
... y pervertida se acusó aún sonrojada.
Se detuvo en seco y volteó hacia atrás. ¿había visto a Draco sonrojado o había sido cosa suya¡Por Merlín si se veía hermoso! Se quitó algunos cabellos del rostro tratando de no volver a pensar eso o a alguien de su familia le daría un infarto. Y eso quizás sería divertido.
Ginny Weasley enamorada de Malfoy. Ja, ja, ja.
- Mejor me apresuro o Colin realmente me matará...
Días después ya no recordaba el accidente con el rubio Slytherin y sin embargo, seguía mirándolo y descubriendo sus ojos observándola a ella, o pensando, por instinto, por locura, lo que fuere, que sus manos debían ser máquinas de seducir, de recorrer, de llevar hasta el cielo con simples roces. Entonces, Ginny también quería ser recorrida por ellas.
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- Está bien, solo me queda media hora – le dijo Ginny a su hermano por el teléfono celular muggle que Fred le había regalado. Sólo querían mantenerla vigilada o bien, a salvo, como decían ellos.
Ron la llamaba siempre para ver a que hora salía de sus guardias en San Mungo y es que, al parecer, no se conformaba con controlar a Luna si no que también le gustaba controlarla a ella. El pelirrojo y la rubia llevaban saliendo casi tres años y eran muy felices. A veces deseaba ser ellos. O Harry y Hermione que llevaban apenas un año. Esos dos eran mucho más lentos pero seguramente se amaban tanto o más que su cuñada y su hermana.
Sin embargo el tiempo no le alcanzaba. Estaba estudiando medimagia y con sus 19 años tenía demasiada vida por delante. Quería creer en eso. En medio de toda la guerra aún quería seguir creyendo que tenía muchos años para encontrar a un hombre que la hiciera vibrar. De la misma manera en que se había sentido tiempo atrás, en los brazos de aquel tramposo y vil sujeto. Por su culpa muchos habían muerto. Por su culpa Bill sufría todo lo que sufría. Por su culpa y toda su culpa. Y sin embargo no podía olvidar cuan acogedores, firmes y cálidos eran sus brazos, o su mano en su cintura. Sus ojos grises, y su rostro levemente sonrojado.
Se reprochó a si misma pensar todo eso cuando Malfoy no era más que un traidor que había traído la desgracia a sus cabezas. Sin Dumbledore nada era lo mismo. Ni siquiera sus últimos años en Hogwarts lo habían sido.
Pero de ese tiempo ya había pasado mucho. Las personas a su alrededor habían cambiado y se preparaban para la inminente batalla final. Nunca había visto entrenar a alguien con tanto fervor como lo hacían Hermione, Ron y Harry.
Harry... Nunca habría pensado tener una relación con él. Mucho más cuando ya se había rendido y había comenzado a ver a otras personas. No había sido mucho tiempo juntos, pues luego de su quinto año él decidió qué era lo mejor para la relación. Y nunca habría estado más de acuerdo. Por lo menos ahora lo estaba. Harry no la quería, buscaba en otras mujeres lo que siempre había tenido en Hermione y de alguna forma, ella lo sabía. A demás el medio no era desplazándola, era protegiéndola. Eso siempre lo hacía con la castaña y al notarlo no había hecho más que confirmar lo que todos pensaban siempre. Que ellos dos eran el uno para el otro. Claro, ella se alegraba. Harry era una estación muy pequeña en el tren al que ella se había subido.
Y lo que ella necesitaba era alguien que la hiciese bajar. Que le demostrase de lo que era capaz de hacer por ella y no de lo que era capaz de dejar. Eso cambiaba mucho.
Se puso a rellenar los últimos formularios en el pasillo antes de volver a Grimmauld Place donde ella también estaba viviendo. De pronto escuchó un sonido de aparición y sus ojos se posaron en la figura tambaleante frente a ella.
Merlín... susurró una voz en su mente al verlo ahí. La sangre se le escurría por el rostro y se veía lastimado, herido y cansado. Le miraba con esa expresión... una que no podía descifrar. Repentinamente sentía miedo al verlo, pero también algo parecido a la lástima y, no podía negarlo, quería abrazarlo, encerrarlo entre su brazos y curar con sus labios o sus manos todas sus heridas. El pensamiento se esfumó nomás llegó a su mente, él era un traidor.
- ¿Qué demonios haces aquí! – exclamó antes de notarlo y sacó su varita con preocupación. Él seguía siendo su enemigo, herido o no. Esperó que nadie hubiese escuchado su voz.
- Debo advertirte – le dijo mientras se le acercaba.
Ella escuchó con preocupación todo lo que decía y la forma en que decía las cosas. Parecía otro Malfoy, uno que ella, internamente, estaba deseosa de conocer. Al desmayarse frente a ella corrió a abrazarle y nada pareció tener sentido mientras lo hacía. Le rodeó con los brazos y de alguna forma, le acunó en ellos, manchándose con la sangre del rubio. Necesitaba curarlo.
Sin pensar mucho se apareció en Grimmauld Place sorprendiendo a todos en la sala de estar junto al fuego, conversando acerca de los próximos movimientos que haría la Orden. Nadie la esperó allí con Draco Malfoy medio muerto, con los ojos llorosos y el corazón palpitando a toda velocidad.
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Cuando pasó el primer día se sintió aliviada que la temperatura de Malfoy bajara o por lo menos así lo notaba ella mientras le tocaba la frente y esperaba la llegada de Hermione. Era la única que se había ofrecido a cuidarle, nadie más parecía tener la voluntad ni el tiempo. Entre estos estaba ella, que necesitaba terminar con los exámenes de la Academia y no podía ocuparse totalmente de él.
Aunque lo habría querido.
Remus, que presidía la Orden, les había dicho que protegerían a Draco, que la información que les había dado seguramente era verdadera y que no tardarían en prepararse para el ataque. Todo eso la había aliviado de sobremanera, necesitaba sentirlo a salvo y el sentimiento la mortificaba. Además... él estaba de su lado¿no? También quería aferrarse a eso. Su hermano quizás la reprendería por traidora pero no podía evitar sentir esperanza en el comportamiento del rubio.
Él jamás la había mirado de aquella forma y en su mente no había dejado ni un segundo de recrear los ojos grises observándola. Desnudándola con solo posarse en ella. No era justo que él pudiese tener ese poder sobre ella y ella ni siquiera poder entender lo que pasaba por la mente del durmiente en esos momentos.
Repentinamente Draco abrió los ojos.
- Ginny – susurró de un modo que ella habría calificado como anhelante pero viniendo de él no lo entendía.
- ¿Cómo estás?
- Ginny... – volvió a repetir y ella se le acercó. Le había vuelto a subir fiebre. Y a juzgar de cómo empezaba a sudar subiría aún más – Ginny te necesito... nunca me dejes...
¿Qué¡¡¡Oh Merlín! Y encima en ese tonito... con ese sonido de voz ronco y pausado que le hacía estremecer hasta el lugar más recóndito de su cuerpo. Él parecía dispuesto a torturarla. O a besarla... o a poseerla con el simple susurrar de su voz sin ningún tipo de rencor, ni el arrastre de palabras de años atrás.
- Sólo... quiero protegerte, Ginny – le dijo él en el mismo tono.
- Duerme, Draco.
- No quiero... yo...
- Shhhh...
Se sentó junto a él en la cama y se dejó apretar la mano, podía sentir la humedad de los dedos estremecidos de Draco y cómo él temblaba. Le acarició los rubios cabellos y le obligó a cerrar los ojos tratando de llevarlo nuevamente al sueño y bajarle la fiebre. Su propio cuerpo temblaba al rozar los dedos de Malfoy y su cabello, tan suave. Había tenido demasiadas fantasías con su cabello y no podía evitar sonrojarse al acariciarlo.
Hermione entró justo cuando ella le acariciaba la mejilla suavemente y quizás la expresión en su rostro delató lo mucho que le había gustado escuchar a Draco decir aquello. Alguien la necesitaba... y ese alguien tenía la calidez más grande que había sentido junto a ella, ese alguien era capaz de hacerla estremecer desde las manos hasta la punta de los pies. Ese alguien ya no podía significar para ella su enemigo.
- Ginny...
- lo siento tanto, Hermione – soltó interrumpiéndola.
- No debes hacerlo, Ginny. Honestamente, creo que Malfoy ha cambiado lo suficiente para sorprendernos a todos.
- ¿Cómo lo sabes?
- Intuición, creo – dijo sentándose en el sillón frente a la cama. La pelirroja se puso de pie y le miró a los ojos. Sabía que Hermione no era capaz de hurgar en su mente sin su permiso, así que se sentía dispuesta a contarle todo – Creo que tienes demasiadas cosas por decirme.
- Sí. Pero no hay tiempo para saberlas todas. Lo único que te puedo decir Hermione es que hay algo en Draco... Hay algo que necesito descubrir.
Y salió del cuarto. Mas bien, podría haberle dicho, que algo en Draco influía en ella de tal forma que necesitaba descubrir su nombre.
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Era la tarde del tercer día de estancia de Draco en Grimmauld Place, Ginny se había encontrado con Hermione en una modesta cafetería y ambas volvían juntas caminando. Costumbre tomada hacia tiempo ya. Muy relajante. La noche que ya caía y ellas. Un poco apresuradas ambas pues se haría pronto la hora de cenar y Ron se ponía histérico si no estaban todos en la mesa. Era como una extraña representación de la Sra. Weasley que a todos causaba risa. Claro que a él no.
- Te alegras de que ya despertado bien¿verdad?
- Sí y creo que demasiado, Hermione.
- ¿Tienes miedo de todo lo que sientes?
Ella le miró. Tenía miedo a muchas cosas, a los once días que faltaban para la batalla final, a lo poco que valoraba a veces su vida, a perder a Ron o a escuchar sufrir a Harry o a Hermione. Tenía miedo a mirar a los ojos a Draco y volver a ver frialdad en ellos pero no tenía miedo de él, ni de los sentimientos que despertaba en ella.
- No. Para nada – dijo negando con la cabeza – sabes, he sentido esto tanto tiempo... antes siempre pensé que era atracción, que Draco era un sujeto condenadamente atractivo y nada más. Pero ahora... – suspiró con cansancio – Ahora creo que me he enamorado de él.
Hermione no dijo nada pero sí le sonrió. Y se alegró de eso, de que no le hubiese gritado lo loca que estaba por sentir eso por Draco Malfoy. Un joven sin compromisos, un hombre que obtenía a cuanta mujer quería y nada más. Quizás Hermione sabía algo más que no iba a decirle y eso le dio muchas más esperanzas.
- ¿No vas a gritarme?
- Dejo eso a Ron... y a Harry, si no puedo evitarlo – sonrió otra vez – Nunca elegimos de quien enamorarnos, si el corazón piensa que es el correcto es porque debe serlo, Ginny. Además.. – sonrió ampliamente la castaña – creo que no te puedo culpar, Draco tenía el mejor culo de todo Hogwarts.
- ¡Hermione! – soltó antes de que lo estuviese pensando.
Su amiga tenía una mirada rara como cada vez que recordaba algo de Hogwarts pero sonreía pícaramente. ¿era posible?
- ¿Le mirabas el culo a Draco cuando estaban en el colegio? – soltó casi con reproche mientras entrecerraba los ojos y adoptaba una mueca made in Ronald Weasley. La ex prefecta soltó una risa suave, como le gustaba cuando Ron hacía eso, especialmente porque Harry siempre la defendía.
Se encogió de hombros aún riendo.
- Puede... – fue lo único que dijo. – pero no te preocupes, ya no lo haré más.
- Está bien, no me preocuparé por eso – sonrió – Hermione...
- ¿Si? – le miró. Ya no tenía aquella expresión, ahora era la misma de siempre, tranquila e inquieta a la vez, pero le transmitía tanta seguridad que sólo podía envidiarla por ser así.
- Muchas gracias...
- De nada.
Docena de veces se había preguntado en lo difícil que sería construir una amistad con Hermione después de haber sido novia de Harry Potter pero esas veces había caído en la conclusión de que Granger simplemente abría las puertas de su corazón y no le ponía barreras a nadie. Ella podía ser muy maternal y gritona. Le había escuchado protestar contra Ron tantas veces que se sabía de memorias sus peleas, pero sin embargo siempre estaba dispuesta a abrazarle y explicarle las situaciones.
Hermione era una persona muy especial, más allá de todos sus conocimientos y su afán por buscar en los libros hasta el mínimo de detalles. Quizás tenía cientos de defectos pero eso lo hacia inigualable y agradecía ser su amiga y que le sonriera de esa forma. Diciéndole así que todo estaría bien.
Y ella quería creer en ello. Como Harry lo hacia cada día.
En la cena no pudo evitar mirarle, Merlín sabía que hacia todo lo posible por no observar sus labios y Hermione, que estaba en la otra punta y reía disimuladamente, también lo sabía. Pero es que eran tan tentadores que se tenía que controlar por no abalanzarse en su búsqueda y captura. Reprimiéndose, fue una de las primeras en terminar y correr a su cuarto.
Luego de una ducha fría se puso el camisón y comenzó a caminar. Estaba nerviosa. Molesta. Y feliz. Le alegraba que él estuviese bien y no cabía en sí al saberlo adaptado con las demás personas de la casa, pero el tenerlo ahí agravaba su estado de locura por él. Lo deseaba. Y mucho. Como años atrás. Como aquel encuentro en el pasillo de Hogwarts. Quería sentir su piel junto a la suya, y su mano rodeando su cintura, rodeándola a toda ella. Y eso definitivamente era una locura.
- Ginny, si no vas a dormir te recomiendo que te tomes un vaso de leche tibia – le dijo Hermione desde el baño. Harry la había dejado ahí y habían tenido toda una sesión amorosa antes de despedirse. Entonces, Ginny todavía seguía caminando de un lado a otro, amenazando con hacer un túnel en medio del cuarto.
- ¿de leche?
- Claro, Gin, Hermione tiene razón y si puedes traerme unas galletas.. te lo voy a agradecer – agregaba Luna desde su cama sonriendo alegremente.
- Mi hermano te está convirtiendo en una copia suya –murmuró la pelirroja antes de salir de cuarto. Ella claro, no escuchó la risa de Hermione al abandonar el baño.
Su corazón era como una bomba a punto de estallar y estaba segura que su rostro se pondría colorado en unos minutos, aún cuando quisiese evitarlo. Le miró, ahí tan pensativo. Cavilando acerca de su vida, tuvo deseos de ayudarle a pensar o de entrometerse, o lanzarse a sus brazos para que le rodeara y le hiciera... Merlín¡¡Pervertida eso no se piensa! Podía ver sus ojos grises observando sus manos con firmeza. Esas manos...
Y sus cabellos rubios cayendo en su pálido y atractivo rostro.
- ¿Aún despierto? –dijo antes de pensárselo mejor y él volteó a verla. Fue como si una descarga le recorriera todo su cuerpo y le dejara temblando como una hoja.
- hay muchas cosas para pensar.
El pareció querer sonreír un poco y ella se derritió con ese gesto. Era difícil para él abandonar todos sus principios o, por lo menos, una gran parte de ellos. A ella poco le importaba que dejara de ser un Malfoy, mientras siguiese de su lado. El recuerdo del día de fiebre volvió a su mente y estuvo a punto de sonrojarse, estaba segura que él no lo recordaba pero de todas formas deseaba escucharlo susurrarle que la necesitaba otra vez.
Seguramente le molestaba en sus meditaciones. Que tonta, se reprendió.
- Entiendo, entonces te dejo solo...
Lo mejor era irse. No estaba bien que ella quisiese interferir en su vida. Siempre tan entrometida y metiche, se mordió la lengua por instinto.
- ¡No!
¿QUÉ! El corazón estalló y una sonrisa quiso asomarse por sus labios mientras volteaba rápidamente a verle. ¿Él quería...¿Su compañía¿Es que acaso estaba soñando?
- ¿Q-Quieres que me quede...? – preguntó temblorosa haciendo un paso hacia delante. ¿Once días¿Una batalla¿El final? Nada le importaba si él quería que se quedara a su lado, si le miraba de esa forma, si... Oh Merlín, si se sonrojaba o si sonreía tenuemente, seductoramente.
- Yo...
Fin del Capitulo II
¿Y? Ojalá les guste. No saben lo feliz que me pusieron esos lindos reviews del capítulo anterior, me hicieron la chica más feliz del mundo y eso no lo deben creer, pero es así. Quiero agradecerles (aunque yo lo hice por reply, salvo una reviewer que no pude por no poder usar el mail) a: Fabisa, Verons, Replika, Adhara-16, a MilasDracy a Vivi-G Weasley (Siento no haber respondido, no contaba con el mail). Pero ahora si prometo responder y les vuelvo a agradecer. Me han gustado mucho las cosas que me dijeron.
Para el tercer cap... el último... no falta mucho, pero porfiss dejen reviews.
También quiero agradecer a Aiosami que ha sido fantástica conmigo y me ha hecho sonrojar. No lloré, pero estuve demasiado cerca.
Ahora si me despido, estoy subiendo fics nuevos, jojo.
¡Besos!
