Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
¿La venganza o el amor?
Capítulo 2 Recuerdos y sueños reveladores
Ya ha pasado un mes desde que Shun comenzó el Instituto y todo le ha resultado magnífico. Le fue muy fácil habituarse a su curso. Era natural, su personalidad siempre fue atrayente, tanto para chicas como para chicos. Ellos lo veían como un líder, siempre tenía ideas grandiosas para trabajar en equipo y ellas lo veían con devoción. Todas peleaban por hablarle, aunque fuera un poco y ver su sonrisa de vuelta. Saori había tenido razón, las chicas no lo dejaban tranquilo. Pero eso no le molestaba. Lo que le molestaba era que Kaori siempre permanecía ausente, distante, solitaria y triste. Llevaba todo este mes observándola y notó que no hablaba con el resto, aunque era muy atenta en cumplir con sus obligaciones. Extrañamente no llamaba la atención de nadie más, a pesar de su hermosura; porque eso lo tenía claro, la encontraba hermosa.
Comenzaba otro día y ya se sabía la rutina de memoria: Saori lo estaba esperando para desayunar y verificar cómo le estaba yendo, Hyoga llamaba siempre a la misma hora, para molestarlo por lo de las chicas acosadoras y su hermano lo esperaba en la entrada de la mansión para acompañarlo hasta el Instituto. Después de clases, iba al orfanato donde trabajaba Seiya, a cumplir con su parte. Ahí, el castaño se sentaba a escuchar cómo era estar en clases, aún no entendía porque había tomado ese camino. Unas horas más tarde llamaba Shiryu para comprobar que había llegado bien y hacerle unas consultas. Finalmente, llegaba exhausto a la mansión para sentarse a hacer sus tareas.
Todos los días eran más o menos parecidos, siempre sentía que todos estaban pendientes de él, como esperando que algo malo ocurriera. Esperaba equivocarse, porque aún no olvidaba la extraña sensación del primer día de clases, esa sensación de tener a Hades cerca suyo.
Aunque habían pasado tres años y todos se habían encargado de hacerlo sentir seguro y aceptado a pesar de haber sido el cuerpo del dios del inframundo, a él todavía le atormentaba que volviera a vengarse de algún modo o algo peor, que lo utilizara para ello.
Saori lo miraba extrañada. Hace tiempo que no veía esa confusión en el rostro de Andrómeda.
-¿Sucede algo, Shun? ¿Acaso no hiciste tu tarea?- le habló más para verificar que estuviera bien que por reprocharlo.
-No pasa nada, Saori. Como crees que no he realizado mis labores, sabes que soy muy responsable-le respondió fingiéndose molesto para que se quedara tranquila.
-Es que te veo muy serio y silencioso, eso no es muy común en ti que siempre estás contándome cómo te va.
-Perdón, debe ser porque hoy tengo un examen un poco complicado- mintió para no preocuparla más.
-Bueno, espero que sea verdad. Ya tengo que ir a trabajar. Cuídate mucho.
Así, partió Saori, dejándolo solo. Extrañamente ese día Hyoga no llamó, y su hermano no lo estaba esperando. Pensó que ya habiendo pasado el primer mes, empezarían a acostumbrarse a su nueva vida y le darían su espacio al fin.
Pero al llegar al Instituto, volvió a sentir ese escalofrío recorrerle la espalda, el dolor en el corazón y el repentino terror. Esta vez ya se había preparado mentalmente para hacerle frente, por lo que volteo rápidamente para ver quién le provocaba esa sensación. Sin embargo, no había nadie. Soltó un suspiro de alivio, "debe ser mi imaginación" pensó. Pero, de pronto se sintió observado. Ahí estaba Kaori mirándolo con cara confundida. Él levantó la mano para saludarla con una sonrisa y ella le respondió una reverencia, ocultando un poco el rubor de sus mejillas.
…..
Kaori, había sufrido un accidente donde había perdido a sus padres hacía dos años. Esto le provocó una amnesia que le impedía recordar quién era. Su familia era acomodada, por lo que sus sirvientes se habían encargado de ella y durante esos dos años se habían dedicado a que se reincorporara lo más pronto a una vida normal. Por eso su rostro siempre lucía triste. Pero ahora su aflicción era más que eso.
El día que volvió de la Ceremonia Inaugural del Instituto, mientras dormía, alguien la despertó. Sentía que la llamaban suavemente… Hija… Se despertó asustada, su respiración era agitada y sintió un frío que le rodeaba el cuerpo. De pronto, la vio. Era una mujer muy parecida a ella, el pelo largo y negro, la piel pálida y los labios rojos, lo diferente eran los ojos. Eran rojos como la sangre. Tuvo miedo y aunque quiso gritar, su voz no salió.
-Melinoe, mi querida Melinoe. Al fin te encuentro- dijo la mujer acercándose a su rostro. Te ves tan hermosa como siempre, hija, tan parecida a tu padre.
¿Hija? ¿Quién era ella? No se parecía en nada a la que le habían mostrado en fotos que era su madre. Y ese nombre tan extraño, ¿qué significaba?
-Te veo confundida querida hija. Supe que habías sufrido un accidente, perdón pero el destino no puedo cambiarlo. Pero ya no tienes de qué preocuparte, ahora yo misma voy a cuidar de tí.
-¿Cuidar de mí? ¿Quién es usted?- por fin pudo preguntar la joven.
-Tu madre, Perséfone. Debido el accidente que tuviste, tus recuerdos humanos se borraron y retrasaron tus recuerdos pasados también. Pero no te preocupes poco a poco los recuperarás y entonces podrás llevar a cabo tu misión.
-¿Mi misión?
-Sí, vengar a tu padre, mi querida Melinoe- susurró la mujer antes de desparecer.
Después de ese día ella no había vuelto a aparecer. Estaba muy confundida, pero llegó a pensar que solo había sido un sueño. Recordaba eso, cuando sintió que alguien estaba a su lado. Era Shun, quien la miraba fijamente, sus verdes ojos la perturbaban, eran tan transparentes que sentía que se perdía en ellos. Se había quedado ahí, hipnotizada, cuando la voz de su compañero la despertó.
-¿Sucede algo Kaori? ¿Te sientes bien?
Ella solo asintió con la cabeza y se retiró lo más rápido que pudo de la presencia de ese joven que la alteraba. Iba con sus mejillas sonrojadas y su corazón latía acelerado. Nunca había sentido eso. Aunque ella era distante con todos, Shun siempre la buscaba para hablarle o solamente para saludarla, pero, a pesar de su amabilidad, su presencia la inquietaba.
Por su parte, Shun no lograba dejar de pensar en la sensación de que algo malo iba a ocurrir. Estaba tratando de descifrar que estaba sucediendo, cuando vio como Kaori se desvanecía. Corrió lo más rápido que pudo y alcanzó a sostenerla antes de que se golpeara contra el suelo. Sintió algo muy fuerte cuando la tenía entre sus brazos, como un choque eléctrico cruzando su cuerpo de pies a cabeza. Todos lo miraban extrañados. Sólo atinó a levantarse con la chica en brazos y llevarla a la enfermería.
…..
Shun recostó a la joven en la camilla y se sentó en la silla al costado. Su mirada se quedó perdida en el vaivén de las cortinas que eran suavemente impelidas por el viento que entraba por la ventana. Recordaba esa sensación de escalofrío, sabía que no era parte de su imaginación, realmente algo le estaba ocurriendo y temía aceptar que de nuevo iba a tener que enfrentar a Hades. Pero, por más que le daba vueltas, no podía descubrirlo.
De pronto, notó que Kaori recobraba el conocimiento y lo miraba con sus claros ojos un tanto confundida.
-Estamos en la enfermería, te desmayaste de nuevo y tuve que traerte porque no reaccionabas- le explicó.
Ella intentó sentarse, pero en ese momento un terrible dolor de cabeza la inmovilizó. Se llevó las manos a las sienes para tratar de contener el malestar, pero fue inútil. Comenzó a sentir mucho frío y miedo. Su respiración se hizo agitada y una punzada le atravesaba el pecho. En eso, imágenes abultadas se revelaron en su cabeza. Eran confusas y borrosas. Repentinamente, se vio caminando hacia un templo. Todo era oscuro, sombrío, gélido y solitario. Subió unas escaleras, vio un trono, un hombre sentado en él y entonces la vio a ella, esa mujer que la había visitado. Esta se le acercó y la abrazó. Era un abrazo frío. El temor le recorrió el cuerpo y comenzó a temblar.
Shun se había acercado al verla tan adolorida. Temía tocarla, ya que podía reaccionar mal, pero al ver que empeoraba la tomó de los hombros y comenzó a preguntarle que le pasaba. Unas enormes lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, aunque sus ojos parecían idos. Todo esto le parecía muy extraño a Andrómeda, no sabía qué hacer en ese momento.
-No… no, por favor… - empezó a decir Kaori.
-Tranquila. Dime que te sucede para poder ayudarte- el chico comenzó a inquietarse.
-¡Aléjate de mí! ¡Suéltame!- gritó, totalmente fuera de sí.
Shun se dio cuenta que esas palabras no eran dirigidas a él por lo que se atrevió a estrecharla entre sus brazos con suavidad, intentando calmarla.
-Kaori, despierta, es una pesadilla. Intenta calmarte. Yo estoy aquí para ayudarte.
Poco a poco la joven comenzó a sentir una serenidad que la inundaba. El dolor fue desapareciendo y el frío dio paso a una calidez reconfortante. Las imágenes fueron borrándose, mientras un dulce olor a vainilla la calmaba. Se sentía tan bien acunada en esos brazos que la sostenían con total delicadeza, cuando de pronto recordó que él único que podía estar abrazándola en ese momento era Shun. Entonces, el rubor corrió rápido a sus mejillas y su estómago se llenó de mariposas. Se incorporó lo más delicadamente que pudo y sin mirarlo a los ojos dijo:
-Gracias por ayudarme, ¿pero qué fue lo que me paso? No recuerdo casi nada.
-Te desmayaste hace un rato, te traje a la enfermería y cuando despertaste tuviste una especie de crisis nerviosa. ¿Eso también suele pasarte?- le habló suavemente el chico.
-No, nunca me había pasado, es extraño. Recuerdo que vi una mujer que me causó mucho temor…-dudó en continuar.
-¿Quién era?- preguntó intrigado Shun.
Prefirió no decirle. Quizás él pensaría que estaba loca.
-No lo sé. Sólo sé que me daba mucho miedo su presencia.
-Sería bueno que hablaras con la maestra para que te deje ir a casa. En este momento debes descansar. Voy a buscarla.
No quería quedarse sola, temía que esas imágenes volvieran o peor aún, que esa mujer se presentara de improviso. Pero había decidido no contarle nada a su compañero, por lo que tuvo que hacerse la valiente y asintió con su cabeza.
…..
El celular de Shun comenzó a sonar repentinamente. Miró quién estaba llamando y le sorprendió ver ese nombre a esa hora, que se suponía estaba en clases.
-¿Hyoga?
-Sí, ¿quién más te llamaría desde mi número?
-Es que la hora a la que estás llamando. ¿Pasó algo?
-Nada, estuve muy ocupado esta mañana por eso no pude llamarte como siempre. Pero, ¿dónde estás? Se escucha mucho ruido para que estés en el Instituto. ¿Acaso te escapaste?- prácticamente le gritó el rubio por el auricular.
-¿Cómo se te ocurre? La maestra me pidió que acompañara a alguien a su casa. Es que se desmayó y no se sentía muy bien- contestó el joven un poco avergonzado.
-Ah, ¿es ella? ¿La chica triste del cabello negro de la que siempre terminas hablando?- le preguntó expectante Hyoga.
-Sí- se limitó a contestar Shun, totalmente sonrojado- pero, prefiero no hablar de eso en este momento- recalcó con fuerza para que el interrogatorio quedara hasta ahí.
-Bueno, pero después me cuentas todo- casi susurró el cisne como siendo cómplice de un secreto.
-Está bien, pero no creas que hay mucho que contar- contestó un tanto molesto.
Desde que les contó a sus hermanos lo que le había pasado el primer día de clases con Kaori no dejaban de molestarlo y es que era verdad que siempre terminaba hablando algo de ella. No sabía por qué lo hacía, pero ya se estaba acostumbrando a las burlas de los otros chicos, por lo que ya no le daba importancia. Pero en este momento todo era distinto. La estaba acompañando a casa y lo más seguro es que cuando llegara al orfanato, ya todos sabrían gracias a Hyoga. ¿Cómo podía ser tanta la coincidencia de que justo ese día llamara a esa hora? Parecía que todo se había confabulado en su contra. Su mente divagaba en esos momentos cuando escuchó una suave voz:
-¿Sucedió algo malo? Es que te vez disgustado- Kaori era quién lo sacaba de sus pensamientos.
-Ah, no. Era mi hermano que se preocupó porque no estaba en la escuela. Pero ya le expliqué.
-Espero que no tengas problemas por mi causa. No era necesario que perdieras las clases por mí, pero la maestra insistió tanto. Disculpa- mencionó la chica apenada.
-No, no te preocupes. Me encargaré personalmente de que llegues sana y salva a tu casa- dijo chistosamente, haciendo un gesto más propio de Seiya que de él, para intentar distender el ambiente.
Y entonces, sucedió. Kaori sonrió. Una pequeña risita, seguida de una amplia sonrisa en su rostro. Si había pensado que era hermosa con la tristeza que la acompañaba siempre, verla sonreír era un regalo que no tenía precio. Su rostro se iluminaba radiantemente con esos labios rojos curvados hacia arriba. Incluso su rostro siempre pálido estaba levemente sonrojado, dándole un aspecto inocente, puro. Gracias a esa sonrisa, olvidó todo lo que lo traía abrumado. Y continuaron con su camino.
Shun se propuso conocer mejor a esa chica que lo aliviaba con una sonrisa y ella decidió descubrir quién era ese joven que la hacía sentir cada día más viva. Conversaron de muchas cosas hasta que por fin habían llegado a su destino. Se despidieron con una leve reverencia seguida de una sonrisa sincera. Shun siguió su camino y ella lo miró hasta que se perdió en la esquina.
….
-Estás enamorado- le decía Seiya revolviéndole el cabello.
-¿Estás loco? No la conozco lo suficiente como para decir eso.
-Es que no te diste cuenta que fue amor a primera vista- bromeo Hyoga a través del celular.
-Déjenlo tranquilo- agregó Shiryu que participaba de esa plática por el mismo teléfono- no lo confundan más.
-Yo no estoy confundido. ¿Por qué insisten en molestarme?- Shun ya estaba perdiendo la paciencia.
-No te estamos molestando. Te estamos ayudando a reconocer tus sentimientos- agregó el castaño cruzándose de brazos.
-¿No tienen nada más importante que hacer? ¿Acaso no estábamos en esta llamada grupal para trabajar?- les reprochó Andrómeda.
-Es cierto- repuso el Dragón- continuemos nuestro trabajo, nuestro hermanito nos contará sus sentimientos cuando los reconozca.
-Shiryu, ¿tú también?- Shun no podía creerlo.
Todos se empeñaban en insistir que estaba enamorado. Pero el amor era una palabra muy grande y él pensaba que para tener ese sentimiento se debía conocer profundamente a la otra persona. Reconocía que ella lo hacía sentir bien. La encontraba hermosa. Podía decir que le gustaba, pero amarla era otra cosa.
-Ya basta. Dejen tranquilo a Shun- intervino Saori- necesitamos terminar este trabajo hoy.
Así continuaron detallando todo lo que necesitaban dejar listo antes de partir al Santuario.
Saori había determinado que, a pesar del tiempo de paz y de la libertad que ahora tenían para vivir normalmente, al menos dos veces al año debían regresar al Santuario. Era una semana en la que todos se reunían para entrenar y meditar. No debían perder sus raíces, debían mantenerse alerta y preparados, no sabían si algún día volverían a pelear, aunque era lo último que deseaban. Todos aceptaron gustosos la propuesta, de esa forma todos podrían verse y compartir. Quedaba un mes para ese reencuentro. Por eso, estaban ultimando los detalles, para que cada orfanato siguiera funcionando en su ausencia. Así era todos los años.
….
Shun estaba profundamente dormido, cuando comenzó a agitarse en la cama. En el sueño se veía nuevamente en ese lugar que quería olvidar con todas sus fuerzas, Guidecca. Subía lentamente las escaleras, aunque su deseo era salir corriendo de allí. Notó que iba con su armadura, las cadenas colgaban de sus manos, cuando se tensaron ante la presencia de alguien.
-¿Quién está ahí?- preguntó inquieto.
De pronto, una figura salió detrás de un pilar. Era una mujer. Vestía completamente de negro con una larga túnica que le daba el aspecto de flotar en el aire. Su pelo era mitad negro y mitad blanco. Pero no pudo ver su rostro. Con terror vio que de su espalda se desplegaba dos enormes alas negras y en su mano derecha traía la espada de Hades.
-Soy Melinoe y ahora voy a vengar la muerte de mi padre, Andrómeda…
No pudo moverse. No pudo hablar. En un segundo la espada le atravesaba el pecho y la sangre salía a borbotones. Cayó de rodillas y gritó ¡NOOOO!
Su grito despertó a Saori quien cautelosa entró a su habitación. Ahí vio como Shun se agarraba el pecho, respirando entrecortadamente y las lágrimas salían sin control de sus ojos perdidos.
-Shun ¿qué sucede? Cálmate. Debe haber sido una pesadilla- lo abrazaba para tranquilizarlo.
Encendió suavemente su cosmos para mostrarle a su caballero la salida. Poco a poco, el joven fue despertando, pero la pesadilla había sido tan real que aún se miraba el pecho y sentía la herida que le quemaba la piel.
Miró a Saori confundido. Ella supo que eso no era normal y le pidió inmediatamente que le explicara qué había soñado. Él tenía temor de contarle. Aun así le relató todo lo que había visto.
-Todavía tienes miedo, Shun. Aun no superas lo que ocurrió. Deberías saber que nada malo va a pasar- la decía mientra le acariciaba el cabello para darle seguridad.
-Gracias Saori, si no me hubieses ayudado no sé qué me habría pasado- dijo- ya puedes ir a descansar, no te preocupes más.
-Está bien. Pero cualquier cosa puedes llamarme- mencionó Saori mientras se retiraba.
….
Esa noche dos jóvenes no podían conciliar el sueño. Ella no deseaba dormir, temía volver a ver esa mujer que parecía la muerte. Él no quería volver a esa pesadilla. Así los recibió la mañana mirando cada cual a través de su ventana, rogando que esas imágenes se borraran pronto de sus corazones.
Nota de la autora: Aquí el segundo capítulo. Espero que sigan leyendo esta historia.
*Melinoe: en la mitología griega, hija de Hades y Perséfone. Era la luz y la oscuridad, por eso su cuerpo era mitad blanco y mitad negro.
* Gracias por los comentarios que me dejaron. En este capítulo se explica por qué el aspecto de Kaori, espero que sea suficiente. :D Lo del nombre, ni siquiera lo noté, jajaja, pero ya está, ya no puedo cambiarlo. :P
Espero sus comentarios, Selitte ;)
