2.-La bici de paseo.

Intense de fondo, aunque tenía el modo aleatorio encendido, entonces, en cualquier momento podía cambiar para mostrar cualquier otra cosa, Beethoven, Maroon 5, Fernando Delgadillo, incluso alguno que otro cover de los famosos en YouTUBE, Lindsey Stirling, Madilyn Bailey. Cualquier cosa.

Odiaba y amaba a su profesora de literatura pues le había hecho el favor más grande de toda su vida; y al mismo tiempo lo había condenado a la miseria. Tendría que trabajar un par de semanas con Astrid en la presentación y planeación de su trabajo final de literatura y todavía tenía que preocuparse por Matemáticas, Química y las finales de ciclismo. El resto de sus materias serían pan comido; y en realidad nada de aquello le quitaba el sueño, lo que mantenía su mente ocupada era pensar en que tendría que trabajar con Astrid las próximas semanas, y ella se daría cuenta de que él era un muchacho callado, sarcástico, rebelde, pesimista y retraído que gozaba de la música a todo volumen y la adrenalina al levantar las manos del manubrio.

Decidió tomar el camino largo y se encontró frente a frente con su calle preferida. Inclinada varias manzanas enteras, lo suficiente para acelerar sin tener que pedalear siquiera. Retrocedió un par de metros en lo que su música cambiaba y al encontrarse con algo más acorde al momento, pedaleó con fuerzas, enderezó la espalda y abrió los brazos para sentir el viento mientras bajaba. Un grito se había formado en su garganta, hecho de todas sus preocupaciones y ansiedades, y salió como un corcho impulsado por su adrenalina al bajar.

Astrid.

Bueno, él también la conocería a ella, tal vez incluso podrían hacerse amigos, no pedía mucho en realidad, aunque a él le gustaba sabía que ella no iba a la escuela a hacer vida social, lo dejaba en claro cada vez.

El descenso fue terminando así que Hipo tomó el manubrio de su bicicleta y cambió la velocidad para comenzar a pedalear de nuevo. Bueno, ni hablar, no importaba en realidad si Astrid lo conocía mejor, lo importante era que él la conocería a ella y podría llegar a ser su amigo, ya pensaría en el resto después. Así que pensándolo mejor, no era tan malo aquello, podría pasar horas de estudio (tiempo indefinido) con la rubia de sus sueños, estaba feliz.

Pedaleó con más ganas para llegar al siguiente descenso, sabía que el regreso sería horrible y que sus pantorrillas se lo reclamarían al día siguiente, pero también lo mantendría en forma para las competencias.

¿Por qué había Astrid insistido en hacer las cosas en su casa? Él habría estado feliz de trabajar en casa de la rubia, pero ella había recibido un mensaje y se había puesto nerviosa antes de decirle a Hipo que sería mejor trabajar en su casa, que ya le explicaría el resto.

—Bien. —Había dicho con la mirada gacha y su característico tic en los hombros, seguro de que si decía otra cosa perdería toda oportunidad de agradarle a Astrid. — ¿A qué hora planeas llegar? Quiero saber si voy a tener tiempo de darme una vuelta para entrenar un poco. Tengo una competencia que…

—Pasa por mi casa a las cuatro, sé que vivimos cerca. No me importa caminar.

Hipo suspiró pensando en la impaciencia de la chica. Interrumpir era grosero de su parte pero él estaba de acuerdo en que iba comenzar a hablar demasiado si no guardaba silencio. Odiaba comenzar a parlotear cuando se ponía nervioso, pero la rubia también tenía algo de culpa en todo ese asunto.

Se acercaba la hora acordada así que comenzó a subir con rumbo a la dirección que le había.

.

Astrid sonreía por la broma de sus primos cuando la mayor se acercó llevando consigo una bicicleta de paseo azul cielo con salpicaderas verde agua y detalles amarillos en el manubrio y canasta.

—Sabíamos que tu cumpleaños había pasado As. Y quisimos comprarte esto entre los tres.

La rubia miró la bicicleta con asombro y sonrió agradecida. —Es una buena excusa para aprender. —Admitió tomando el manubrio y comprobando su peso, consideró subirse para ver qué tan alto era el asiento pero la alarma en su celular sonó distrayéndola. —Lo siento, tengo un compromiso.

— ¿Qué? —Exclamó su madre contrariada. — ¿A dónde vas?

—Nos asignaron los finales por fin y tengo… que trabajar con un compañero hoy para entregar la propuesta mañana. —Dijo con pesar, arrastrando la bicicleta hacia el garaje.

— ¿Con quién?

—Hipo Haddock. —Murmuró entre dientes. Incómoda.

—Ah. —Murmuró como si nada. Aquello tomó a Astrid por sorpresa. ¿De cuándo acá la señora secretaria de gobierno se limitaba a decir "Ah"?

— ¿Ah? —Repitió la rubia.

—Haddock, ¿No? —Repitió mirando a su hija un poco consternada. —El hijo de Estoico Haddock. De la Alcaldía. Trabajo para su padre.

Astrid cayó en la cuenta, nunca se había puesto a pensar en el apellido de aquel muchacho, no era como las niñas cursis que escribían su nombre en los bordes de las últimas hojas de sus cuadernos para ver cómo quedarían con el apellido de los muchachos que le gustaban, y tampoco recordaba que Estoico tuviera un hijo. Pero claro, siendo un hijo como Hipo, bueno, antes habría tenido que ser menos… Hipo, para no causarle vergüenzas o problemas a su padre.

—Olvidé que Estoico tenía un hijo.

— ¿Y? ¿Es guapo? —Preguntó una de sus primas.

— ¡Cam! —Exclamó Astrid antes de salir guiando la bicicleta hacia un costado de la casa, levantó la vista a la calle de enfrente deseando no haberlo hecho, Hipo estaba bajándose de su bicicleta cuando Astrid había metido la suya al garaje, rezó internamente porque él no la hubiera visto, pero sus súplicas no se vieron escuchadas, ya que a llegar a su lado, el muchacho señaló el portón cerrado y comentó.

—No sabía que tuvieras una bicicleta.

—No la tenía. —Confesó. —Me la dieron mis primos. Vámonos antes de que se haga más tarde.

— ¿No te cambias el uniforme? —Murmuró antes de pensar en abrir la boca.

Astrid miró hacia abajo, la falda tableada negra, las calcetas blancas altas poco arriba de las rodillas, zapatos de piso, camisa de manga larga y moño negro al cuello, Hipo también lo llevaba encima, pantalón oscuro, zapatos negros, camisa, pero en lugar del saco llevaba un sweater azul marino que dejaba ver que no llevaba la corbata y que la camisa le iba desfajada.

Astrid sintió la respiración cortársele en ése momento, al ver a muchacho tan desenfadado, tan apuesto y posiblemente ajeno a cómo lucía ante los ojos de la chica, y de otras chicas posiblemente.

Asintió firme y le dio la espalda avanzando hasta su casa. —Pasa. —Dijo al llegar a la puerta.

—Descuida, te espero, no quiero enlodar tu entrada. —Astrid miró sobre su hombro percatándose de que las ruedas de la bicicleta y gran parte de los zapatos y los bordes del pantalón de Hipo lo estaban, cubiertos de lodo. —Trataré de rallar la acera.

Astrid subió corriendo a su cuarto en cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, se enfundó en un pantalón de mezclilla gris, una camiseta roja sin mangas y sus botas de gamusa, tomó una chamarra ligera y su mochila de la escuela antes de volver abajo.

Afuera, sus primos (Dos muchachos más altos que ella con los ojos claros y el cabello negro y una chica más baja de cabello color miel oscura y ojos marrón) observaban detenidamente a Hipo, haciendo equilibrio sobre la rueda delantera de su bicicleta, lucía una cara de concentración tal que Astrid dudó se percatara de que tenía público.

— ¿Él es tu compañero de proyecto? —Murmuró Cam.

—Sí, él es.

—Es guapo.

Astrid torció la nariz un momento y luego volvió la vista a Hipo. Quien se dejó caer en ambas ruedas antes de hacer un caballito y pedalear, avanzando sobre la rueda trasera.

— ¿Qué tan bueno es? —Quiso saber Angus. El mayor de los tres.

—Es el mejor.

Los tres miraron en dirección de Astrid pero ella los ignoró cruzándose de brazos y admirando a Hipo con expresión serena. Él sintió la mirada de la rubia y bajó de su bicicleta para mirarla.

—Perdona. ¿Llevas mucho esperando?

—No, acabo de salir. —Y cuando supo que aquello era inminente, miró a sus primos y comentó. —Hipo, ellos son Angus.

—Que tal. —Saludó el aludido.

—Cambrine.

— ¿Qué hay? —Exclamó la chica entusiasta.

—Y Douglas.

—Doug, dejémoslo en Doug.

—Mucho gusto.

—Oye. Es personalizada ¿Verdad? —Comentó Doug escudriñando la bicicleta a fondo. —Porque nunca había visto un cuadro como ese y con esas salpicaderas, y las velocidades, no son normales. Incluso la cadena tiene algo que no encaja.

—Es verdad. —Comentó sorprendido por el ojo que había mostrado el muchacho, si había algo que a él le agradaba, era tener una buena charla con algún conocedor del tema, no solo con el mejor amigo de su padre. No es que no disfrutara de la compañía de Bocón, hacer nuevos amigos nunca estaba de más. —Un tío mío tiene un taller, reparan motocicletas y arman bicicletas para competiciones de Trial, ¿Por qué no nos damos una vuelta por ahí pronto? Él me enseñó todo lo que sé, incluso yo armé el cuadro de ésta preciosidad. —Astrid reparó en que un costado del cuadro tenía escrito "Furia Nocturna" en letras rojas, discreto y pequeño, y con una caligrafía que ella reconocería en cualquier lugar.

— ¡Claro! Será genial, pero creo que tendrá que ser otro día. Mi tía nos iba a dar una vuelta por los alrededores y creo que ustedes tienen tarea que hacer. Estaremos acá hasta que mi prima salga de vacaciones y quizás un poco más.

—Entonces queda tiempo.

Un momento. Una pausa por favor.

¿En qué momento había ocurrido aquello?

Astrid se percató de que entre Doug e Hipo había complicidad en el intercambio de palabras y por si aquello no pudiera ser más irónico, Hipo agregó.

—Voy a competir en un par de días, tal vez quieran ir.

—Sería interesante ver en acción al mejor. —Admitió Cambrine mirando a sus hermanos. —Mándanos las fechas con Astrid, iremos los cuatro encantados. Mis padres y sus padres se infartan cada que se habla del tema, pero a nosotros nos gusta. Yo no soy buena en dos ruedas, pero este par… —Comentó apuntando con los pulgares.

—Vamos adentro. —Llamó Angus percatándose de la expresión atónita de Astrid, la chica se recompuso y sonrió secamente. —Hay que preparar algunos sándwiches para la tarde, no quiero andar por ahí de turista con el estómago vacío.

—De acuerdo. Fue un placer Hipo.

—Igualmente.

Astrid miró la puerta cerrarse y luego miró al muchacho.

—Vivo a unas cuantas calles de aquí. —Informó no del todo seguro de con qué llenar el silencio. —Si quieres trae tu bici y…

—Prefiero caminar, si no te molesta.

—Oh, de acuerdo. ¿Qué quieres hacer primero? —Comentó poniéndose en marcha, caminando al lado de su bicicleta, interponiéndola como una muralla entre Astrid y él, como protegiéndola y protegiéndose.

—Bueno, ya que nos tocó Los Miserables… ¿Por qué no vemos la película más reciente para darnos una idea del contexto?

—Pensé que habrías leído el libro.

—Lo hice. Yo por ti. —Dijo dándole a entender que no creía que conociera el libro.

—Y pensaba que yo era el extraño en éste equipo. Tranquila, lo tengo en mi habitación desde hace dos años.

Astrid lo miró sorprendida. —No te ofendas pero, pareces más del tipo que prefiere los raspones a los ratos de lectura.

—Un poco, pero también leo mucho antes de ir a dormir. Conozco de memoria algunos de los capítulos, aunque sería buena idea ver la película, ya sabes, por lo de la actuación.

Astrid sonrió mirándolo de nuevo. —De acuerdo.

.

No estuvo cien por ciento segura de cómo terminó en la sala de Hipo, con las cortinas cerradas creando la oscuridad suficiente para que el enorme televisor fuera la única iluminación, descalza con las piernas dobladas en el sillón y con Hipo al lado, tan relajado que costaba creer que en realidad estuviera con ella. Palomitas, refresco, agua de sabor y la promesa de una cena caliente preparada por Valka, quien increíblemente había podido estar en casa esa semana. La casa de Hipo era tan grande como la de Astrid, pero distinta, con mucha luz y mucho blanco a donde miraras. Y estuvo segura por un momento de que también permanecía vacía gran parte del tiempo. Miró de reojo al muchacho preguntándose a dónde la llevaría aquel trabajo final, pero decidió olvidar el tema por el momento y concentrarse en el tema musical que invadía a los artistas en aquel momento.

.

Pues más o menos por ahí voy. No me voy a centrar tanto en el trabajito este, es solo que me estoy proyectando con los exámenes parciales jaja… No pues.

Espero que les esté gustando la historia, ¿Qué opinan, cómo va?

Espero sus comentarios.

Por cierto, estaba tan emocionada por subir el primer capítulo que se me pasó mencionar que Cosette y Marius son los personajes que le tocaron a Hipo y Astrid. Solo como aclaración, una disculpa.

Nos leemos.