N/T: Crepúsculo es de Stephenie Meyer y la historia de direwolfy.
LA FIESTA
Jasper hizo una mueca. Lo estaba esperando.
Estaba segura de que era un sueño en un noventa y nueve por ciento.
Las razones de esa certeza casi absoluta eran, en primer lugar, que permanecía en pie recibiendo de pleno un brillante rayo de sol,
"Lo que es la cosa más rara que puede suceder aquí" dijo Emmett recordando lo obvio.
"Emmett, ¿podrías callarte?"
la clase de sol intenso y cegador que nunca brillaba en mi actual hogar de Forks, Washington, donde siempre lloviznaba; y, en segundo lugar, porque estaba viendo a mi abuelita Marie, que había muerto hacía seis años. Esto, sin duda, ofrecía una seria evidencia a favor de la teoría del sueño.
"Obvio" dijo Jacob con un resoplido "A menos que sea un vampiro, claro"
Bella gruñó, de repente recordando el sueño, y con mayor precisión, como terminaba el mismo. Digamos que no era algo por lo que estaba loca por contar.
La abuela no había cambiado mucho. Su rostro era tal y como lo recordaba; la piel suave tenía un aspecto marchito y se plegaba en un millar de finas arrugas debajo de las cuales se traslucía con delicadeza el hueso, como un melocotón seco, pero aureolado con una mata de espeso pelo blanco de aspecto similar al de una nube.
Charlie rio por lo bajo con nostalgia por los recuerdos de su ya fallecida madre.
Nuestros labios —los suyos fruncidos en una miríada de arrugas— se curvaron a la vez con una media sonrisa de sorpresa. Al parecer, tampoco ella esperaba verme.
Bella gruñó de nuevo, atrayendo la atención de todos en el cuarto.
Estaba a punto de preguntarle algo, era tanto lo que quería saber... ¿Qué hacía en mi sueño?
Jacob resopló de nuevo.
¿Dónde había permanecido los últimos seis años? ¿Estaba bien el abuelo? ¿Se habían encontrado dondequiera que estuvieran?
"Tienes las mejores preguntas" dijo Emmett con una risita "Aunque supongo que me preguntaría la misma cosa si me encuentro con un fallecido miembro de mi familia"
Pero ella abrió la boca al mismo tiempo que yo y me detuve para dejarla hablar primero. Ella hizo lo mismo y ambas sonreímos, ligeramente incómodas.
—¿Bella?
No era ella la que había pronunciado mi nombre, por lo que ambas nos volvimos para ver quién se unía a nuestra pequeña reunión.
"Apuesto a que se quién es" dijo Jasper con una risa apagada, notando la vergüenza que emanaba de Bella desde el comienzo del capítulo.
En realidad, yo no necesitaba mirar para saberlo. Era una voz que habría reconocido en cualquier lugar, y a la que también hubiera respondido, ya estuviera dormida o despierta... o incluso muerta, estoy casi segura. La voz por la que habría caminado sobre el fuego o,
"¿Muy dramático?" preguntó Leah irónicamente. Esme se apresuró a leer la siguiente línea con una risa.
con menos dramatismo, por la que chapotearía todos los días de mi vida entre el frío y la lluvia incesante.
Ahora todos reían por la expresión en el rostro de Leah.
Edward.
Aunque me moría de ganas por verle —consciente o no— y estaba casi segura de que se trataba de un sueño, me entró el pánico a medida que Edward se acercaba a nosotras caminando bajo la deslumbrante luz del sol.
"¡Por-fa-vor! Como si Edward fuese tan tonto como para hacer algo así de verdad" dijo Seth con un resoplido, sin notar las expresiones oscuras en los rostros de los vampiros.
Me asusté porque la abuela ignoraba que yo estaba enamorada de un vampiro
"¿Qué importa? Ella ya falleció" indicó Seth.
—nadie lo sabía— y no se me ocurría la forma de explicarle el hecho de que los brillantes rayos del sol se quebraran sobre su piel en miles de fragmentos de arco iris, como si estuviera hecho de cristal o de diamante.
Emmett abrió la boca para decir algo, pero Esme le ganó, prosiguiendo la lectura.
Bien, abuelita, quizás te hayas dado cuenta de que mi novio resplandece. Es algo que le pasa cuando se expone al sol, pero no te preocupes...
"Claro Bella" rio Emmett.
Su hermana le fulminó con la mirada, sintiendo más mortificada con cada segundo de la lectura.
Pero ¿qué hacía él aquí? La única razón de que viviera en Forks, el lugar más lluvioso del mundo, era poder salir a la luz del día sin que quedara expuesto el secreto de su familia. Sin embargo, ahí estaba; se acercaba, como si yo estuviera sola,
"Si Edward, ¿qué haces?" preguntó Emmett antes de echar otra risa.
Edward puso los ojos en blanco "Yo no hice nada"
"¿Entonces es un sueño?" inquirió él de nuevo.
Edward volvió a poner los ojos en blanco "Como si no lo pudiese notar por ti mismo"
"Chicos, permítanme leer" les cortó Esme rápidamente, aunque con una sonrisa en el rostro.
con ese andar suyo tan grácil y despreocupado y esa hermosísima sonrisa en su angelical rostro.
En ese momento deseé no ser la excepción de su misterioso don. En general, agradecía ser la única persona cuyos pensamientos no podía oír con la misma claridad que si los expresara en voz alta, pero ahora hubiera deseado que oyera el aviso que le gritaba en mi fuero interno.
Bella se relajó en el sofá dejando las defensas de su escudo mental por un segundo antes de establecerlo nuevamente, antes de que Edward pueda ver el fin de este sueño increíblemente embarazoso. Ya era suficiente con Jasper dándole miradas curiosas debido a sus emociones.
Lancé una mirada aterrada a la abuela y me percaté de que era demasiado tarde. En ese instante, ella se volvió para mirarme y sus ojos expresaron la misma alarma que los míos.
De la nada, Jasper rompió a reír, mirando repetidamente entre el libro y Bella, cuya vergüenza estaba por los cielos, mientras él procesaba sus reacciones. ¡No hablas en serio!
Finalmente, le dio lástima la mirada mortificada de su hermana, por lo que sacudió la cabeza y le hizo u ademán a Esme para que siga leyendo.
Edward continuó sonriendo de esa forma tan arrebatadora que hacía que mi corazón se desbocase y pareciera a punto de estallar dentro de mi pecho. Me pasó el brazo por los hombros y se volvió para mirar a mi abuela.
Su expresión me sorprendió. Me miraba avergonzada, como si esperara una reprimenda, en vez de horrorizarse. Mantuvo aquel extraño gesto y separó torpemente un brazo del cuerpo; luego, lo alargó y curvó en el aire como si abrazara a alguien a quien no podía ver, alguien invisible...
Hubo un momento de silencio, mientras todos procesaban lo escuchado.
Bella gruñó y antes de volver a esconder su cara, envió una mirada suplicante a Jasper.
Él rio por lo bajo y envió ondas de indiferencia a través del cuarto. Esto no detendría lo divertido, pero detendría a Bella antes de que se hunda en el suelo.
Sólo me percaté del marco que rodeaba su figura al contemplar la imagen desde una perspectiva más amplia. Sin comprender aún, alcé la mano que no rodeaba la cintura de Edward y la acerqué para tocar a mi abuela. Ella repitió el movimiento de forma exacta, como en un espejo. Pero donde nuestros dedos hubieran debido encontrarse, sólo había frío cristal...
"¿Espejo?" preguntó Emmett con un jadeo antes de que su risa estrepitosa llenara el cuarto.
Charlie lo miró cauteloso "¿No tienen reflejos?" preguntó él incierto.
Pero no recibió respuesta puesto que Esme había devuelto su atención al libro.
El sueño se convirtió en una pesadilla de forma brusca y vertiginosa.
Ésa no era la abuela.
Era mi imagen reflejada en un espejo. Era yo, anciana, arrugada y marchita.
Leah resopló al tiempo que Edward sacudí la cabeza con tristeza.
Edward permanecía a mi lado sin reflejarse en el espejo, insoportablemente hermoso a sus diecisiete años eternos.
Apretó sus labios fríos y perfectos contra mi mejilla decrépita.
—Feliz cumpleaños —susurró.
Y ahora él gruñó enterrando su cara entre sus manos mientras los demás reían o ponían los ojos en blanco ante la extraña imaginación de Bella.
"¿Cumpleaños? En serio, Bella" dijo Jacob con el entrecejo fruncido "Esto es completamente ridículo"
"Es fácil de decir para ti" musitó Bella.
"Pero yo era completamente humano al momento y tampoco me quejaba"
"¿Te quejarías ahora?" le murmuró ella dirigiendo una mirada llena de significado a Nessie, y eficientemente callando a Jacob.
Me desperté sobresaltada, jadeante y con los ojos a punto de salirse de las órbitas. Una mortecina luz gris, la luz propia de una mañana nublada, sustituyó al sol cegador de mi pesadilla.
Sólo ha sido un sueño, me dije. Sólo ha sido un sueño. Tomé aire y salté de la cama cuando se me pasó el susto. El pequeño calendario de la esquina del reloj me mostró que todavía estábamos a trece de septiembre.
Todos los vampiros hicieron una mueca ante la fecha mientras el resto los miraba curiosamente.
Charlie se sentía especialmente nervioso, aunque recordaba que Edward y el resto de su familia no se habían marchado hasta dentro de unos días, estaba seguro de que lo que sea que haya sucedió, inició en el cumpleaños de Bella.
Era sólo un sueño, pero, sin duda, profético, al menos en un sentido. Era el día de mi cumpleaños. Acababa de cumplir oficialmente dieciocho años.
"Así que pronto estarás canos y arrugada" le dijeron sarcásticamente.
Nessie frunció el ceño. Ella sabía que los humanos envejecían y morían, pero hasta ahora no había sido nada realmente relacionado con su vida, y no le había prestado mucha atención. Aunque no quería que le suceda a su madre, o entendía por qué ella le temía tanto.
Había estado temiendo este día durante meses.
"A ti sí que te encanta preocuparte" le reprocharon en tono sarcástico.
Durante el perfecto verano —el verano más feliz que he tenido jamás, el más feliz que nadie nunca haya podido tener y el más lluvioso de la historia de la península Olympic—
Charlie rio. Sí que era cierto. Siempre se había preguntado cómo es que Bella no se quejaba más por el clima.
esta fecha funesta había estado acechándome, preparada para saltar.
Y ahora que por fin había llegado, resultaba aún peor de lo que temía. Casi podía sentirlo: era mayor. Cada día envejecía un poco más, pero hoy era diferente y notablemente peor. Tenía dieciocho años.
Los que Edward nunca llegaría a cumplir.
Charlie suspiró. Sin llegar a entender a fondo el pánico de su hoja, sabía que en realidad no era el año de diferencia lo que le molestaba. Le preocupaba que ella nunca fuera un igual para él, como ella tanto lo dudaba. Temía que algún día él la dejara y ella no tendría la fuerza de seguir adelante, de luchar…
Cuando fui a lavarme los dientes, casi me sorprendió que el rostro del espejo no hubiera cambiado. Examiné a conciencia la piel marfileña de mi rostro en busca de algún indicio inminente de arrugas. Sin embargo, no había otras que las de mi frente, y comprendí que desaparecerían si me relajaba, pero no podía. La desazón se había aposentado en mi ceño hasta formar una línea de preocupación encima de los ansiosos ojos marrones.
Edward rio por lo bajo, acercando a su esposa de eternamente dieciocho años, más cerca de sí.
Sólo ha sido un sueño, me recordé una vez más. Sólo un sueño, y también mi peor pesadilla.
Con las prisas por salir de casa lo antes posible, me salté el desayuno. No me encontraba con ánimo de enfrentarme a mi padre y tener que pasar unos minutos fingiendo estar contenta. Intentaba sentirme sinceramente entusiasmada con los regalos que le había pedido que no me hiciera,
Charlie le sonrió tímidamente, haciendo que Bella ponga los ojos en blanco.
pero notaba que estaba a punto de llorar cada vez que debía sonreír.
Hice un esfuerzo para sosegarme mientras conducía camino del instituto. Resultaba difícil olvidar la visión de la abuelita —no podía pensar en ella como si fuera yo— y sólo pude sentir desesperación cuando entré en el conocido aparcamiento que se extendía detrás del instituto de Forks y descubrí a Edward inmóvil, recostado contra su pulido Volvo plateado como un tributo de marfil consagrado a algún olvidado dios pagano de la belleza. El sueño no le hacía justicia. Y estaba allí esperándome sólo a mí, igual que cualquier otro día.
Bella trató de no hacer muecas al recordar que fue la última vez hasta dentro de muchos meses. Aunque Edward se había quedado unos pocos días más, él se había alejado. Mucho. Se acercó aún más a su esposo, tratando de olvidarse de esos espantosos pensamientos. Esos capítulos iban a ser muy difíciles de leer.
La desesperación se disipó momentáneamente y la sustituyó el embeleso. Después del casi medio año que llevábamos juntos, todavía no podía creerme que mereciera tener tanta suerte.
Edward resopló, pero no emitió comentario.
Su hermana Alice estaba a su lado, esperándome también.
Edward y Alice no estaban emparentados de verdad, por supuesto —la historia que corría por Forks era que los retoños de los Cullen habían sido adoptados por el doctor Carlisle Cullen y su esposa Esme, ya que ambos tenían un aspecto excesivamente joven como para tener hijos adolescentes—,
"¿Estás segura?" preguntaron con ironía.
aunque su piel tenía el mismo tono de palidez, sus ojos el mismo extraño matiz dorado y las mismas ojeras marcadas y amoratadas. El rostro de Alice, al igual que el de Edward, era de una hermosura asombrosa, y estas similitudes los delataban a los ojos de alguien que, como yo,
"¿Acaso detecto algo de presunción de tu parte, hermanita?" rio Jasper.
Bella le devolvió una gran sonrisa "Que puedo decir, no me gusta estar en la oscuridad. Es algo que heredé de mi padre" dijo ella enviando un guiño a Charlie.
Éste sacudió la cabeza sonriendo "Pero es más seguro quedarse con la información estrictamente necesaria" indicó él.
"Sin embargo estás aquí" le recordó su hija sonriendo aún más.
sabía qué eran.
Puse cara de pocos amigos al ver a Alice esperándome allí, con sus ojos de color tostado brillando de excitación y una pequeña caja cuadrada envuelta en papel plateado en las manos. Le había dicho que no quería nada, nada, ni regalos ni ningún otro tipo de atención por mi cumpleaños. Evidentemente, había ignorado mis deseos.
"Por supuesto" dijo Seth riendo.
Alice miró al suelo en señal de culpa "Debí haberte escuchado"
Bella puso los ojos en blanco. De todas las cosas de las que se puede culpar…
Cerré de un golpe la puerta de mi Chevrolet del 53 y una lluvia de motas de óxido revoloteó hasta la cubierta de color negro. Después me dirigí lentamente hacia donde me aguardaban. Alice saltó hacia delante para encontrarse conmigo; su cara de duende resplandecía bajo el puntiagudo pelo negro.
—¡Feliz cumpleaños, Bella!
—¡Shhh! —bisbiseé mientras miraba alrededor del aparcamiento para cerciorarme de que nadie la había oído. Lo último que me apetecía era cualquier clase de celebración del luctuoso evento.
Todos resoplaron al escuchar eso.
Ella me ignoró.
—¿Cuándo quieres abrir tu regalo? ¿Ahora o luego? —me preguntó entusiasmada mientras caminábamos hacia donde nos esperaba Edward.
—No quiero regalos —protesté con un hilo de voz.
"Deberías solo rendirte y abrirlos" rio Jacob.
"Buena idea dijo Bella, haciendo que el hombre lobo arquee una ceja en señal de curiosidad.
Primero Alice y luego ella. ¿Qué tienen de malos los regalos?
Al fin, pareció darse cuenta de cuál era mi estado de ánimo.
—Vale..., tal vez luego. ¿Te ha gustado el álbum de fotografías que te ha enviado tu madre? ¿Y la cámara de Charlie?
"Sí. Mucho" dijo Bella sonriendo a su padre "En el momento no pude apreciarlo, pero me alegra ahora tener todas imágenes que me recuerdan de Forks"
Charlie se puso rojo y musitó algo que dio a entender que había sido idea de René
Suspiré. Por descontado, ella debía de saber cuáles iban a ser mis regalos de cumpleaños. Edward no era el único miembro de la familia dotado de extrañas cualidades. Seguramente Alice habría «visto» lo que mis padres planeaban regalarme en cuanto lo hubieran decidido.
—Sí, son maravillosos.
—A mí me parece una idea estupenda. Sólo te haces mayor de edad una vez en la vida, así que lo mejor es documentar bien la experiencia.
"¿Una vez en la vida?" rio Seth con la ceja arqueada.
"Eso no viene al caso"
"¿Cuántas veces se han hecho mayores de edad?" preguntó Sam-
Alice se encogió de hombros "No tantas, en realidad. Depende de la persona. Jasper y yo, menos que los demás porque no hemos estado tanto tiempo con la familia. Y como a veces vamos a la universidad, si tenemos suerte, no tenemos que ir al colegio más que una vez por década"
—¿Cuántas veces te has hecho tú mayor de edad?
—Eso es distinto.
Entonces llegamos a donde estaba Edward, que me tendió la mano. La tomé con ganas, olvidando por un momento mi pesadumbre. Su piel era suave, dura y helada, como siempre. Les dio a mis dedos un apretón cariñoso. Me sumergí en sus líquidos ojos de topacio y mi corazón sufrió otro apretón, aunque bastante menos dulce.
Él sonrió al escuchar el tartamudeo de los latidos de mi corazón. Levantó la mano libre y recorrió el contorno de mis labios con el gélido extremo de uno de sus dedos mientras hablaba.
—Así que, tal y como me impusiste en su momento, no me permites que te felicite por tu cumpleaños, ¿correcto?
"Y al decir eso, prácticamente le estás deseando un feliz cumpleaños" dijo Emily sonriendo.
"Esa era mi intención" rio Edward. Bella le pegó en el brazo.
—Sí, correcto —nunca conseguiría imitar, ni siquiera de lejos, su perfecta y formal facilidad de expresión. Eso era algo que solamente podía adquirirse en un siglo pretérito.
—Sólo me estaba asegurando —se pasó la mano por su despeinado cabello de color bronce—. Podrías haber cambiado de idea. La mayoría de la gente disfruta con cosas como los cumpleaños y los regalos.
Alice rompió a reír y su risa se alzó como un sonido plateado, similar al repique del viento.
—Pues claro que lo disfruta. Se supone que hoy todo el mundo se va a portar bien contigo y te dejará hacer lo que quieras, Bella.
"Lo dudo mucho"
¿Qué podría ocurrir de malo? —lanzó la frase como una pregunta retórica.
"Las típicas palabras" musitó Jacob.
Todos los vampiros hicieron una mueca al recordar lo siguiente.
—Pues hacerme mayor —contesté de todos modos, y mi voz no fue tan firme como me hubiera gustado.
A mi lado, la sonrisa de Edward se tensó hasta convertirse en una línea dura.
—Tener dieciocho años no es ser muy mayor —dijo Alice—. Tenía entendido que, por lo general, las mujeres no se sentían mal por cumplir años hasta llegar a los veintinueve.
—Es ser mayor que Edward —mascullé.
¿Estás segura?"
Bella rio mientras Charlie trataba de no fulminar con la mirada a Edward musitando algo parecido a pedófilo
Él suspiró.
—Técnicamente —dijo ella sin perder su tono desenfadado—, ya que sólo lo adelantas en un año de nada.
Se suponía que... si estaba segura del futuro que deseaba, segura de pasarlo para siempre con Edward, Alice y el resto de los Cullen (mejor si no era como una menuda anciana arrugada) ...
Todos rieron ante la imagen en sus mentes.
uno o dos años arriba o abajo no me importarían demasiado.
Exacto, pensó Nessie algo más clamada.
Pero Edward se había cerrado en banda respecto a cualquier clase de futuro que incluyera mi transformación. Cualquier futuro que me hiciera como él, inmortal igual que él.
Un impasse, lo llamaría Edward.
Para ser sinceros, la verdad es que no entendía su punto de vista. ¿Qué tenía de bueno la mortalidad?
Rosalie rio sin humor.
"Aún no lo entiendes, ¿verdad?" preguntó ella con un suspiro.
"No en realidad" musitó ella sacudiendo la cabeza.
"Tal vez tengas suerte y nunca te enteres. Al menos tienes a…" dijo ella mirando a Renesmee, antes de desviar la mirada sin poder continuar.
Bella suspiró.
Convertirse en vampiro no parecía una cosa tan horrible, al menos no a la manera de los Cullen.
—¿A qué hora vendrás a casa? —continuó Alice, cambiando de tema. A juzgar por su expresión, ya se había dado cuenta de qué era lo que yo estaba intentando evitar.
Alice miró a Bella con la culpa evidente en los ojos. Demasiada culpa, en opinión de humanos y hombres lobos.
—No sabía que tuviera que ir allí.
—¡Oh, por favor, Bella, no te pongas difícil! —se quejó ella—. No nos irás a arruinar toda la diversión poniendo esa cara, ¿verdad?
—Creía que mi cumpleaños era para tener lo que yo deseara.
—La llevaré desde casa de Charlie justo después de que terminemos las clases —le dijo Edward, ignorándome sin esfuerzo.
Bella se volteó a fulminar con la mirada a su esposo, pero se detuvo inmediatamente, dándose cuenta que eso le haría sentirse más culpable, tal como Alice.
—Tengo que trabajar —protesté.
—En realidad, no —repuso Alice con aire de suficiencia—, ya he hablado con la señora Newton sobre eso. Te cambiará el turno en la tienda. Me dijo que te deseara un feliz cumpleaños.
—Pero... pero es que no puedo dejarlo —tartamudeé mientras buscaba desesperadamente una excusa—. Lo cierto es que, bueno, todavía no he visto Romeo y Julieta para la clase de Literatura.
Emmett sacudió la cabeza tristemente.
"¿Eso es todo lo que se te ocurre? Me decepcionas hermanita"
Alice resopló con impaciencia.
—Te sabes Romeo y Julieta de memoria.
—Pero el señor Berty dice que necesitamos verlo representado para ser capaces de apreciarlo en su integridad, ya que ésa era la forma en que Shakespeare quiso que se hiciera.
Todos rieron.
Edward puso los ojos en blanco.
—Pero si ya has visto la película —me acusó Alice.
—No en la versión de los sesenta. El señor Berty aseguró que era la mejor.
"Has de ser la estudiante más entusiasta del señor Berty" dijo Sue riendo.
"Sin mencionar, la más persistente"
Finalmente, Alice perdió su sonrisa satisfecha y me miró fijamente.
—Mira, puedes ponértelo difícil o fácil, tú verás, pero de un modo u otro...
"¿La estás amenazando?" preguntó Billy con la ceja alzada.
Alice resopló "Nadie se puede zafar de una fiesta si yo puedo evitarlo"
Edward interrumpió su amenaza.
—Tranquilízate, Alice. Si Bella quiere ver una película, que la vea. Es su cumpleaños.
Jacob, muy escépticamente arqueó una ceja. Edward rio ante sus pensamientos.
—Así es —añadí.
—La llevaré sobre las siete —continuó él—. Os dará más tiempo para organizado todo.
La risa de Alice resonó de nuevo.
—Eso suena bien. ¡Te veré esta noche, Bella! Verás cómo te lo pasas bien —esbozó una gran sonrisa, una sonrisa amplia que expuso sus perfectos y deslumbrantes dientes; luego me pellizcó una mejilla y salió disparada hacia su clase antes de que pudiera contestarle.
—Edward, por favor... —comencé a suplicar, pero él puso uno de sus dedos fríos sobre mis labios.
—Ya lo discutiremos luego. Vamos a llegar tarde a clase.
Nadie se molestó en mirarnos mientras nos acomodábamos al final del aula en nuestros asientos de costumbre. Ahora estábamos juntos en casi todas las clases —era sorprendente los favores que Edward conseguía de las mujeres de la administración—.
"¡Y a qué costo!" dijo Emmett sonriendo.
Edward se estremeció al recordarlo "Créeme, no tienes ni idea de cuánta suerte tienes de no poder leer mentes"
Edward y yo llevábamos saliendo juntos demasiado tiempo como para ser objeto de habladurías. Ni siquiera Mike Newton se molestó en dirigirme la mirada apesadumbrada con la que solía hacerme sentir culpable;
"¿Por qué?"
en vez de eso, ahora me sonreía y yo estaba contenta de que, al parecer, hubiera aceptado que sólo podíamos ser amigos. Mike había cambiado ese verano; los pómulos resaltaban más ahora que su rostro se había estirado, y era distinta la forma en que peinaba su cabello rubio: en lugar de llevarlo pinchudo, se lo había dejado más largo y modelado con gel en una especie de desaliño casual.
"Hm, me pregunto de dónde lo sacó" dijo Jasper frunciendo el ceño fingiendo, estar pensando.
Los demás miraron a Edward y se echaron a reír a carcajadas.
Era fácil ver dónde se había inspirado, aunque el aspecto de Edward era algo inalcanzable por simple imitación.
Edward sonrió, algo petulante.
Conforme avanzaba el día, consideré todas las formas de eludir lo que se estuviera preparando en la casa de los Cullen aquella noche.
"Dudo que puedas" dijo Alice con una sonrisita de suficiencia.
El hecho en sí ya era lo bastante malo como para celebrarlo; máxime cuando, en realidad, no estaba de humor para fiestas, y peor aún, cuando lo más probable es que éstas incluyeran convertirme en el centro de atención y hacerme regalos.
"¿Qué tienen de malo los regalos?" preguntó Renesmee "Es una forma en que la gente te muestra cuánto te aprecia"
Bella miró a su hija, ensimismada en sus pensamientos, considerando la inesperada sabiduría de las palabras de su hija.
"Es cierto, claro" dijo ella con una sonrisa "Pero tu padre me había dado más de lo que yo pudiese devolver. No parecía justo"
Edward frunció el ceño "Bella, ¿te das cuenta que éstas siendo completamente ridícula?"
"Si" dijo Bella riendo "Ahora lo entiendo. Solo trato de explicarle mis pensamientos a nuestra hija, los cuales interrumpiste de forma no muy educada"
Nunca es bueno que te presten atención —seguramente, cualquier patoso tan proclive como yo a los accidentes pensará lo mismo—. Nadie desea convertirse en foco de nada si tiene tendencia a que se le caiga todo encima.
"Buen punto" dijo Seth sonriendo. Bella musitó algo intangible.
Además, había pedido con toda claridad (en realidad, había ordenado expresamente) que nadie me regalara nada ese año. Y parecía que Charlie y Renée no habían sido los únicos que habían decidido pasarlo por alto.
Nunca tuve mucho dinero, pero eso no me había preocupado jamás. Renée me había criado con el sueldo de una maestra de guardería, y tampoco Charlie se estaba forrando con el suyo, precisamente, siendo jefe de policía de una localidad pequeña como Forks. Mi único ingreso personal procedía de los tres días a la semana que trabajaba en la tienda local de productos deportivos. Era afortunada al tener un trabajo en un lugar tan minúsculo como aquél. Destinaba cada centavo que ganaba a mi microscópico fondo para la universidad.
Edward puso los ojos en blanco al recordar la ridícula aversión de Bella a dejarle pagar por sus estudios. Incluso si quería convertirse en vampiro, no había razón por la cual él no pudiese contribuir ligeramente con sus ahorros.
Como si leyese su mente, Bella se inclinó hasta quedarse mirándolo directamente a los ojos.
Era diferente, pensó ella abandonando monetariamente su escudo. No era cualquier cosa que querías darme. Pero si iba a la universidad, quería merecerlo. No quería sentir como si todo me lo entregasen en bandeja de plata, quería que fuese resultado de mi propio trabajo. Quería la satisfacción de saber que había logrado algo por mis propios méritos.
Edward rio por lo bajo, acariciando con los cabellos de Bella. Esa era su esposa, después de todo.
En realidad, la universidad era el plan B, porque aún no había perdido las esperanzas depositadas en el plan A, aunque Edward se había puesto tan inflexible con lo de que yo continuara siendo humana que...
Todos resoplaron.
Edward tenía un montón de dinero, ni siquiera quería pensar en la cantidad total. El dinero casi carecía de significado para él y el resto de los Cullen. Según ellos, solamente era algo que se acumula cuando tienes tiempo ilimitado y una hermana con la asombrosa habilidad de predecir pautas en el mercado de valores.
"Eso podría ser útil" dijo Seth con una risa.
Edward no parecía entender por qué le ponía objeciones a que gastara su dinero conmigo, es decir, por qué me incomodaba que me llevara a un restaurante caro de Seattle y no podía regalarme un coche que alcanzara velocidades superiores a los ochenta kilómetros por hora, o incluso por qué no podía pagarme la matrícula de la universidad. Tenía un entusiasmo realmente ridículo por el plan B.
Edward creía que yo estaba poniendo trabas sin necesidad.
Pero ¿cómo le iba a dejar que me diera nada cuando yo no tenía con qué corresponderle? Él, por alguna razón incomprensible, quería estar conmigo.
Edward echó un resoplido bastante alto, mostrando obviamente sus sentimientos ante los pensamientos de Bella.
Cualquier cosa que me diera, además de su compañía, aumentaba aún más el desequilibrio entre nosotros.
Conforme fue avanzando el día, ni Edward ni Alice volvieron a sacar el tema de mi cumpleaños, y comencé a relajarme un poco.
"La calma antes de la tormenta" dijeron sabiamente.
"Sí, trataban de ponerme en una falsa idea de seguridad" dijo Bella fulminando con la mirada a los dos vampiros.
Alice alzó las manos en gesto de rendición "¿Qué? Solo no queríamos que te sintieras incómoda"
Nos sentamos en nuestro lugar de siempre a la hora del almuerzo.
Existía alguna extraña clase de tregua en esa mesa. Nosotros tres —Edward, Alice y yo— nos sentábamos en el extremo sur de la misma. Ahora que los hermanos Cullen más mayores y amedrentadores —por lo menos en el caso de Emmett—
Emmett dejó ver una gran sonrisa.
"En realidad, si dejamos a un lado su físico, los humanos pensarían que Emmett es el menos peligrosos de los tres" indicó Edward ignorando el resoplido del gran vampiro.
"¿De verdad?" preguntó Charlie algo escéptico. Claro, él no consideraba a Emmett como una persona tan intimidante, pero esto se debía al hecho de que él había tenido tiempo de conocer más al vampiro.
"Por supuesto" dijo Edward como si fuese obvio "Rose fulmina con la mirada a cualquiera que le pase por delante y Jasper emana su aura de soy peligrosos, no te metas conmigo.
"Bueno, si envío buenas emociones, entones se acercan más" musitó Jasper "No puedo tomar ese tipo de riesgos" Su mirada era oscura, mientras pensaba en los eventos que estaban a punto de acontecer. Estaba determinada a enfrentar lo que sea que los otros le tiren, todas y cada una de sus acusaciones. Nadie podría decir que el huía de las consecuencias de sus actos.
se habían graduado, Alice y Edward ya no intimidaban demasiado y no nos sentábamos solos. Mis otros amigos, Mike y Jessica —que estaban en la incómoda fase de amistad posterior a la ruptura—, Ángela y Ben —cuya relación había sobrevivido al verano—,
Edward y Emmett se sonrieron recordándolos.
Eric, Conner, Tyler y Lauren —aunque esta última no entraba realmente en la categoría de amiga—
"Sin duda" murmuró Rosalie "perra"
Jacob arqueó una ceja, pero no emitió comentario.
se sentaban todos en la misma mesa, pero al otro lado de una línea invisible. Esa línea se disolvía en los días soleados, cuando Edward y Alice evitaban acudir a clase; entonces la conversación se generalizaba sin esfuerzo hasta hacerme partícipe.
Ni Edward ni Alice encontraban este ligero ostracismo ofensivo ni molesto, como le hubiera ocurrido a cualquiera. De hecho, apenas lo notaban.
"Nosotros no estamos acostumbrados a establecer conversaciones casuales con humanos. Yo específicamente" dijo Alice "Nunca he tenido una verdadera amiga humana. Esa es una de las razones por las que estaba muy emocionada con Bella. Por cierto, lo siento" añadió ella sonriendo a su hermana "sé que a veces me sobrellevé, pero todo era muy nuevo y emocionante para mi"
"No importa" le respondió Bella con una sonrisa.
La gente siempre se sentía extrañamente mal e incómoda con los Cullen, casi atemorizada por alguna razón que no era capaz de explicar. Yo era una rara excepción a esa regla. Algunas veces Edward se molestaba por lo cómoda que me sentía en su cercanía. Pensaba que eso no le convenía a mi salud, una opinión que yo rechazaba de plano en cuanto él la formulaba con palabras.
"Por supuesto" rio Charlie, aunque se preguntaba por qué miércoles le parecía algo gracioso.
La sobremesa pasó deprisa. Terminaron las clases y Edward me acompañó al coche, como de costumbre, pero esta vez me abrió la puerta del copiloto. Alice debía de haberse llevado su coche a casa para que él pudiera evitar que yo consiguiera escabullirme.
"¿En serio creíste que eso me detendría?" rio Edward. Bella le dedicó una mueca.
Crucé los brazos y no hice ademán de guarecerme de la lluvia.
—¿Es mi cumpleaños y ni siquiera puedo conducir?
—Me comporto como si no fuera tu cumpleaños, tal y como tú querías.
—Pues si no es mi cumpleaños, no tengo que ir a tu casa esta noche...
Todos rieron ante la discusión.
—Muy bien —cerró la puerta del copiloto y pasó a mi lado para abrir la puerta del conductor—. Feliz cumpleaños.
—Calla —mascullé con poco entusiasmo. Entré por la puerta abierta, deseando que él hubiera optado por la otra posibilidad.
Mientras yo conducía, Edward jugueteó con la radio sin dejar de sacudir la cabeza con abierto descontento.
—Tu radio se oye fatal.
Emmett y Jasper se sonrieron. Bella se mordió el labio.
Puse cara de pocos amigos. No me gustaba que empezara a criticar el coche. Estaba muy bien y además tenía personalidad.
"Y muchas otras cosas que un carro no debería tener…" comenzaron a criticar.
"Cállate" cortó Bella.
—¿Quieres un estéreo que funcione bien? Pues conduce tu propio coche —los planes de Alice me ponían tan nerviosa que empeoraban mi estado de ánimo, ya de por sí sombrío, y las palabras me salieron con más brusquedad de la pretendida. Nunca exponía a Edward a mi mal genio, y el tono de mi voz le hizo apretar los labios para que no se le escapara una sonrisa.
"Eres chistosa cuando estás irritada" dijo Edward riendo.
"Eso me han dicho" musitó ella en respuesta.
Se volvió para tomar mi rostro entre sus manos cuando aparqué frente a la casa de Charlie. Me tocó con mucho cuidado, paseando las puntas de sus dedos por mis sienes, mis pómulos y la línea de la mandíbula. Como si yo fuera algo que pudiera romperse con facilidad. Lo cual era exactamente el caso, al menos en comparación con él.
—Deberías estar de un humor estupendo, hoy más que nunca —susurró. Su dulce aliento se deslizó por mi rostro.
—¿Y si no quiero estar de buen humor? —pregunté con la respiración entrecortada.
Sus ojos dorados ardieron con pasión.
—Pues muy mal.
Emmett rio. No tenía idea que ustedes dos podían ser tan graciosos. Edward se limitó a ponerles los ojos en blanco.
Empezaba a sentirme confusa cuando se inclinó sobre mí y apretó sus labios helados contra los míos. Tal como él pretendía, sin duda, olvidé todas mis preocupaciones, y me concentré en recordar cómo se inspiraba y espiraba.
Bella gruñó. Por supuesto, ahora sería el momento de escuchar ese tipo de cosas…
Su boca se detuvo sobre la mía, fría, suave y dulce, hasta que deslicé mis brazos en torno a su cuello y me lancé a besarle con algo más que simple entusiasmo. Sentí cómo sus labios se curvaban hacia arriba cuando se apartó de mi cara y se alzó para deshacer mi abrazo.
Edward había establecido con cuidado los límites exactos de nuestro contacto físico a fin de mantenerme viva. Aunque yo respetaba la necesidad de guardar una distancia segura entre mi piel y sus dientes ponzoñosos y afilados como navajas, tendía a olvidar esas trivialidades cuando me besaba.
"Trivialidades" gruñeron todos. Bella les sonrió tímidamente.
—Pórtate bien, por favor —suspiró contra mi mejilla. Presionó sus labios contra los míos una vez más y se apartó definitivamente de mí, obligándome a cruzar los brazos sobre mi estómago.
El pulso me atronaba los oídos. Me puse una mano en el corazón. Palpitaba enloquecido.
—¿Crees que esto mejorará algún día? —me pregunté, más a mí misma que a él—. ¿Alguna vez conseguiré que el corazón deje de intentar saltar fuera de mi pecho cuando me tocas?
—La verdad, espero que no —respondió, un poco pagado de sí mismo.
"Tonto" musitó Bella, dándose cuenta del doble significado de las palabras de Edward.
Puse los ojos en blanco.
—Anda, vamos a ver cómo los Capuletos y los Montescos se destrozan unos a otros, ¿vale?
—Tus deseos son órdenes para mí.
Edward se repantigó en el sofá mientras yo ponía la película, pasando rápido los créditos del principio. Me envolvió la cintura con sus brazos y me reclinó contra su pecho cuando me senté junto a él en el borde del sofá.
Charlie se comenzó a sentir incómodo, especialmente después de darse cuenta que esa posición no era muy diferente a la posición en que ellos se encontraban actualmente.
No era exactamente tan cómodo como un cojín, pero yo lo prefería con diferencia. Su pecho era frío y duro, aunque perfecto, como una escultura de hielo. Tomó la manta de punto que descansaba, doblada, sobre el respaldo del sofá y me envolvió con ella para que no me congelara al contacto de su cuerpo.
—¿Sabes?, Romeo no me cae nada bien —comentó cuando empezó la película.
—¿Y qué le pasa a Romeo? —le pregunté, un poco molesta. Era uno de mis personajes de ficción favoritos. Creo que hasta estaba un poco enamorada de él hasta que conocí a Edward.
"¿Qué?" objetó Edward, más divertido que molesto. Bella rio por lo bajo y le sonrió tímidamente.
—Bien, en primer lugar, está enamorado de esa Rosalinda, ¿no te parece que es un poco voluble? Y luego, unos pocos minutos después de su boda, mata al primo de Julieta. No es precisamente un rasgo de brillantez. Acumula un error tras otro. ¿Habría alguna otra manera más completa de destruir su felicidad?
Todos resoplaron al escuchar eso. Edward se limitó la alzar los brazos en señal de rendición, letalmente suplicando que sus hermanos no hagan comentarios que arruinen su historia.
Suspiré.
—¿Quieres que la vea yo sola?
—No, de todos modos, yo estaré mirándote a ti la mayor parte del rato —sus dedos se deslizaron por mi piel trazando formas, poniéndome la carne de gallina—. ¿Te vas a poner a llorar?
—Probablemente —admití—. Si estás pendiente de mí todo el rato.
—Entonces no te distraeré —pero sentí sus labios contra mi pelo y eso me distrajo bastante.
Edward rio por lo bajo.
La película captó mi interés a ratos, gracias en buena parte a que Edward me susurraba los versos de Romeo al oído, con su irresistible voz aterciopelada, que convertía la del actor en un sonido débil y basto en comparación.
Bella le sonrió a su esposo ¿Ves lo que haces?
Y claro que lloré, para su diversión, cuando Julieta se despierta y encuentra a su reciente esposo muerto.
—He de admitir que le tengo una especie de envidia —dijo Edward secándome las lágrimas con un mechón de mi propio pelo.
Jacob puso los ojos en blanco "Está muerto"
Edward le dedicó una mirada sombría.
—Ella es muy guapa.
"Por supuesto" musitaron todos poniendo los ojos en blanco en dirección a Bella, quien se limitó a encogerse de hombros.
Él hizo un sonido de disgusto.
—No le envidio la chica, sino la facilidad para suicidarse —aclaró con tono de burla—.
"¿Qué?" gritaron todos. Incluso la familia de Edward parecía en shock.
¿Incluso entonces? ¡Hermano, ¿qué te pasa?!, pensó Emmett.
¡Para vosotros, los humanos, es tan sencillo! Todo lo que tenéis que hacer es tragaros un pequeño vial de extractos de plantas...
—¿Qué? —inquirí con un grito ahogado.
"Que conversación más mórbida" musitó Alice negando con la cabeza "Solo tú harías eso, Edward"
—Es algo que tuve que plantearme una vez, y sé por la experiencia de Carlisle que no es nada sencillo. Ni siquiera estoy seguro de cuántas maneras de matarse probó Carlisle al principio, cuando se dio cuenta de en qué se había convertido...
Todos hicieron muecas al recordarlo. Incluso Sam y Billy, para inmensa sorpresa suya, no les agradaba la idea de Carlisle muerto.
—su voz, que se había tornado mucho más seria, se volvió ligera otra vez—. Y no cabe duda de que sigue con una salud excelente.
Me retorcí para poder leer su expresión.
—¿De qué estás hablando? —quise saber—. ¿Qué quieres decir con eso de que tuviste que planteártelo una vez?
Los humanos miraron a Edward confundidos, pero los hombres lobos y vampiros tenían buena idea de a qué se refería.
—La primavera pasada, cuando tú casi... casi te mataron... —hizo una pausa para inspirar profundamente, luchando por volver al tono socarrón de antes—. Claro que estaba concentrado en encontrarte con vida, pero una parte de mi mente estaba elaborando un plan de emergencia por si las cosas no salían bien. Y como te decía, no es tan fácil para mí como para un humano.
Charlie siguió mirando a Edward, en shock. ¿De verdad haría eso? Parecía lago muy desesperado… muy concluyente. Sin importar cuánto amaba a Bella, aún tenía a su familia, sus amigos, y la eternidad por delante. La eternidad, para pasarlo solo.
Reméseme tiró e las ropas de su padre, lloriqueando silenciosamente. Edward la recogió y depositó en su regazo, haciéndole olvidarse de sus miedos "No, nunca más" musitó él "Nunca te lo haría a ti"
Los recuerdos de mi último viaje a Phoenix me embargaron y durante un segundo sentí cierto vértigo. Aún conservaba en mi memoria, con total nitidez, el sol cegador y las oleadas de calor procedentes del asfalto mientras corría a toda prisa y con ansiedad al encuentro del sádico vampiro que quería torturarme hasta la muerte. James me esperaba en la habitación de los espejos con mi madre como rehén, o eso suponía yo. No supe hasta más tarde que todo era una treta. Lo que tampoco sabía James es que Edward se apresuraba a salvarme. Lo consiguió a tiempo, pero por muy poco. De manera inconsciente, mis dedos se deslizaron por la cicatriz en forma de media luna de mi mano, siempre a varios grados por debajo de la temperatura del resto de mi piel.
"La sigues teniendo?" preguntó Sue al ver a Bella tocándose la mano.
"Si" le respondió Bella "pero es muy sutil para que la notes a simple viste"
Sacudí la cabeza, como si con eso pudiera deshacerme de todos los malos recuerdos e intenté comprender lo que Edward quería decir, mientras sentía un incómodo peso en el estómago.
—¿Un plan de emergencia? —repetí.
—Bueno, no estaba dispuesto a vivir sin ti —puso los ojos en blanco como si eso resultara algo evidente hasta para un niño—.
Billy arqueó una ceja "¿Así nomás?"
"Así nomás" repitió Edward con voz profunda. Los lobos, quienes habían escuchado la historia de Bella acerca de Italia, lo miraban con curiosidad, aunque al menos Sam y Jacob entendían.
Aunque no estaba seguro sobre cómo hacerlo. Tenía claro que ni Emmett ni Jasper me ayudarían...,
"Ni de locos" murmuraron ambos vampiros al mismo tiempo.
así que pensé que lo mejor sería marcharme a Italia y hacer algo que molestara a los Vulturi.
Nessie se estremeció al pensarlo, al tiempo que el resto gruñía.
"Idea tonta, realmente tonta"
"Estoy de acuerdo" musitó Edward, muy bajo, de forma que Charlie no logró escuchar.
"¿Qué?2 preguntó él, sintiéndose ignorante de lo que sea que hablaran.
"Ya verás" musitó Bella con expresión sombría.
Esme inspiró hondamente antes de reanudar su lectura. Este capítulo no iba a ser sencillo para ella. Para nada.
No quería creer que hablara en serio, pero sus ojos dorados brillaban de forma inquietante, fijos en algo lejano en la distancia, como si contemplara las formas de terminar con su propia vida. De pronto, me puse furiosa.
—¿Qué es un Vulturi? —inquirí.
—Son una familia —contestó con la mirada ausente—,
Los lobos resoplaron ante esa palabra.
una familia muy antigua y muy poderosa de nuestra clase. Es lo más cercano que hay en nuestro mundo a la realeza, supongo. Carlisle vivió con ellos algún tiempo durante sus primeros años, en Italia, antes de venir a América. ¿No recuerdas la historia?
"Oh" musitó Charlie. Aunque aún no sabía por qué eran tan peligrosos, recordaba perfectamente la reacción inicial de los lobos al escuchar esa palabra. Algo le decía que escucharían más acerca de estos Vulturi.
—Claro que me acuerdo.
Nunca podría olvidar la primera vez que visité su casa, la enorme mansión blanca escondida en el bosque al lado del río, o la habitación donde Carlisle —el padre de Edward en tantos sentidos reales—
Tanto Edward como Carlisle sonrieron.
tenía una pared llena de pinturas que contaban su historia personal. El lienzo más vívido, el de colores más luminosos y también el más grande, procedía de la época que Carlisle había pasado en Italia. Naturalmente que me acordaba del sereno cuarteto de hombres, cada uno con el rostro exquisito de un serafín, pintados en la más alta de las balconadas, observando la espiral caótica de colores. Aunque la pintura se había realizado hacía siglos, Carlisle, el ángel rubio, permanecía inalterable. Y recuerdo a los otros tres, los primeros conocidos de Carlisle. Edward nunca había utilizado la palabra Vulturi para referirse al hermoso trío, dos con el pelo negro y uno con el cabello blanco como la nieve. Los llamó Aro, Cayo y Marco, los mecenas nocturnos de las artes.
—De cualquier modo, lo mejor es no irritar a los Vulturi —continuó Edward, interrumpiendo mi ensoñación—. No a menos que desees morir, o lo que sea que nosotros hagamos —su voz sonaba tan tranquila que parecía casi aburrido con la perspectiva.
Todos gruñeron de nuevo, deseando fervientemente que Edward hubiese mantenido la boca cerrada.
Mi ira se transformó en terror. Tomé su rostro marmóreo entre mis manos y se lo apreté fuerte.
—¡Nunca, nunca vuelvas a pensar en eso otra vez! ¡No importa lo que me ocurra, no te permito que te hagas daño a ti mismo!
Bella fulminó con la mirada a Edward, quien desvió su mirada hacia su hija para encontrarse con la niña mostrando una expresión idéntica a la de su madre.
—No te volveré a poner en peligro jamás, así que eso es un punto indiscutible.
"Como si Bella necesitase que la pongan en peligro" resoplo Jacob, aunque en su fuero interno no dejaba de pensar que había sido culpa de Edward. Si no se hubiese marchado… ¿Por qué se marchó en primer lugar?
—¡Ponerme en peligro! ¿Pero no estábamos de acuerdo en que toda la mala suerte es cosa mía? —estaba enfadándome cada vez más—. ¿Cómo te atreves a pensar en esas cosas? —la idea de que Edward dejara de existir, incluso aunque yo estuviera muerta, me producía un dolor insoportable.
—¿Qué harías tú si las cosas sucedieran a la inversa? —preguntó.
—No es lo mismo.
Él no parecía comprender la diferencia y se rio entre dientes.
—¿Y qué pasa si te ocurre algo? —me puse pálida sólo de pensarlo—. ¿Querrías que me suicidara?
"Buen punto"
Un rastro de dolor surcó sus rasgos perfectos.
—Creo que veo un poco por dónde vas... sólo un poco —admitió—. Pero ¿qué haría sin ti?
—Cualquier cosa de las que hicieras antes de que yo apareciera para complicarte la vida.
Suspiró.
—Tal como lo dices, suena fácil.
Bella hizo una mueca. Deseaba haber recordado esa conversación en unos pocos días. Tal vez así no hubiese creído las mentiras de Edward tan fácilmente.
—Seguro que lo es. No soy tan interesante, la verdad.
Parecía a punto de rebatirlo, pero lo dejó pasar.
—Eso es discutible —me recordó.
Repentinamente, se incorporó adoptando una postura más formal, colocándome a su lado de modo que no nos tocáramos.
—¿Charlie? —aventuré.
Edward sonrió. Poco después escuché el sonido del coche de policía al entrar por el camino. Busqué y tomé su mano con firmeza, ya que mi padre bien podría tolerar eso.
"Si gracias" musitó él ruborizado, mirando a Edward. El pensar en su hija sentada en el regazo de su novio era suficiente. No necesitaba verlo apenas entraba a su casa.
Charlie entró con una caja de pizza en las manos.
—Hola, chicos —me sonrió—. Supuse que querrías tomarte un respiro de cocinar y fregar platos el día de tu cumpleaños. ¿Hay hambre?
—Está bien. Gracias, papá.
Charlie no hizo ningún comentario sobre la aparente falta de apetito de Edward. Estaba acostumbrado a que no cenara con nosotros.
—¿Le importaría si me llevo a Bella esta tarde? —preguntó Edward cuando Charlie y yo terminamos.
Miré a Charlie con rostro esperanzado. Quizás él tuviera ese tipo de concepto de cumpleaños que consiste en «quedarse en casa», en plan familiar. Éste era mi primer cumpleaños con él, el primer cumpleaños desde que mi madre, Renée, volviera a casarse y se hubiera ido a vivir a Florida, de modo que no sabía qué expectativas tendría él.
"Los siento" sonrió Charlie. Bella sintió, pero no paraba de pensar en cuánto se iba a arrepentir Charlie cuando se enterase de la catástrofe de esa noche.
—Eso es estupendo, los Mariner juegan con los Fox esta noche —explicó Charlie, y mi esperanza desapareció—, así que seguramente seré una mala compañía... Toma —sacó la cámara que me había comprado por sugerencia de Renée (ya que necesitaría fotos para llenar mi álbum) y me la lanzó.
"Mala idea" rio Emmett. Charlie se ruborizó de nuevo.
Él debería haber sabido mejor que nadie que yo no era ninguna maravilla de coordinación de movimientos.
"¿Ves?"
La cámara saltó de entre mis dedos y cayó dando vueltas hacia el suelo. Edward la atrapó en el aire antes de que se estampara contra el linóleo.
—Buena parada —remarcó Charlie—. Si han organizado algo divertido esta noche en casa de los Cullen, Bella, toma algunas fotos. Ya sabes cómo es tu madre, estará esperando verlas casi al mismo tiempo que las vayas haciendo.
Bella y Charlie sonrieron ante la mención de Renée. Ambos la extrañaban. Aunque en diferentes sentidos.
—Buena idea, Charlie —dijo Edward mientras me devolvía la cámara.
Volví la cámara hacia él y le hice la primera foto.
—Va bien.
—Estupendo. Oye, saluda a Alice de mi parte. Lleva tiempo sin pasarse por aquí —Charlie torció el gesto.
"Tres días" sonrió Alice sin poder esconder la emoción por la fácil aceptación de Charlie en lo que a ella se refiere.
—Sólo han pasado tres días, papá —le recordé. Charlie estaba loco por Alice. Se encariñó con ella la última primavera, cuando me estuvo ayudando en mi difícil convalecencia; Charlie siempre le estaría agradecido por salvarle del horror de ayudar a ducharse a una hija ya casi adulta—.
Charlie murmuró algo incomprensible.
Se lo diré.
—Que os divirtáis esta noche, chicos —eso era claramente una despedida. Charlie ya se iba camino del salón y de la televisión.
Edward sonrió triunfante y me tomó de la mano para dirigirnos hacia la cocina.
Cuando fuimos a buscar mi coche, me abrió la puerta del copiloto y esta vez no protesté. Todavía me costaba mucho trabajo encontrar el camino oculto que llevaba a su casa en la oscuridad.
Edward condujo hacia el norte, hacia las afueras de Forks, visiblemente irritado por la escasa velocidad a la que le permitía conducir mi prehistórico Chevrolet. El motor rugía incluso más fuerte de lo habitual mientras intentaba ponerlo a más de ochenta.
Edward hizo una mueca. Bella le dio palmaditas en la cabeza en un falso gesto reconfortante.
—Tómatelo con calma —le advertí.
—¿Sabes qué te gustaría un montón? Un precioso y pequeño Audi Coupé. Apenas hace ruido y tiene mucha potencia...
—No hay nada en mi coche que me desagrade. Y hablando de caprichos caros, si supieras lo que te conviene, no te gastarías nada en regalos de cumpleaños.
—Ni un centavo —dijo con aspecto recatado.
—Muy bien.
"¿Dónde está la trampa?" se preguntó Seth.
—¿Puedes hacerme un favor?
—Depende de lo que sea.
Suspiró y su dulce rostro se puso serio.
—Bella, el último cumpleaños real que tuvimos nosotros fue el de Emmett en 1935. Déjanos disfrutar un poco y no te pongas demasiado difícil esta noche. Todos están muy emocionados.
Siempre me sorprendía un poco cuando se refería a ese tipo de cosas.
—Vale, me comportaré.
—Probablemente debería avisarte de que...
—Bien, hazlo.
—Cuando digo que todos están emocionados... me refiero a todos ellos.
"¿Qué?"
Si Rosalie fuese humana, se hubiese estado removiendo en su asiento con algo de incomodidad.
—¿Todos? —me sofoqué—. Pensé que Emmett y Rosalie estaban en África.
El resto de Forks tenía la sensación de que los retoños mayores de los Cullen se habían marchado ese año a la universidad, a Dartmouth, pero yo tenía más información.
"¿Por qué no fueron?"
"No queríamos" dijo Emmett sin prestarle importancia "Habíamos pasado por bastantes cosas y queríamos tiempo a solas"
—Emmett quería estar aquí.
—Pero... ¿y Rosalie?
—Ya lo sé, Bella. No te preocupes, ella se comportará lo mejor posible.
No contesté. Como si yo simplemente pudiera no preocuparme, así de fácil. A diferencia de Alice, la otra hermana «adoptada» de Edward, la exquisita Rosalie con su cabello rubio dorado, no me estimaba mucho. En realidad, lo que sentía era algo un poco más fuerte que el simple desagrado. Por lo que a Rosalie se refería, yo era una intrusa indeseada en la vida secreta de su familia.
Otra vez, todos se voltearon a fulminar con la mirada a Rosalie, quien parecía indiferente, pero en su fuero interno ella suspiraba. Sabía que faltaba bastante tiempo antes de que ella se acercara a Bella, e incluso para entonces sus reacciones no iban a ser aprobadas por todos.
Me sentía terriblemente culpable por la situación. Ya me había dado cuenta de que la prolongada ausencia de Emmett y Rosalie era por mi causa, a pesar de que, sin reconocerlo abiertamente, estaba encantada de no tener que verla.
Rosalie hizo una pequeña mueca, casi imperceptible.
A Emmett, el travieso hermano de Edward, sí que le echaba de menos. En muchos sentidos, se parecía a ese hermano mayor que yo siempre había querido tener..., sólo que era mucho, mucho más amedrentador.
Emmett le dedicó una gran sonrisa.
Edward decidió cambiar de tema.
—Así que, si no me dejas regalarte el Audi, ¿no hay nada que quieras por tu cumpleaños?
Mis palabras salieron en un susurro.
—Ya sabes lo que quiero.
"Y comenzamos de nuevo…"
Un profundo ceño hizo surgir arrugas en su frente de mármol. Era evidente que hubiera preferido continuar con el tema de Rosalie.
Parecía que aquel día no hiciéramos nada más que discutir.
—Esta noche, no, Bella. Por favor.
—Bueno, quizás Alice pueda darme lo que quiero.
Edward gruñó; era un sonido profundo y amenazante.
—Este no va a ser tu último cumpleaños, Bella —juró.
Y no lo fue, sonrió Bella, recordando su cumpleaños número diecinueve. Definitivamente el mejor cumpleaños de su vida, de su existencia.
—¡Eso no es justo!
"¿Justo?" preguntó Leah "¿Qué es justo cuando hablamos de vivir para siempre a expensas de otros?"
Creo que pude oír cómo le rechinaban los dientes.
Estábamos a punto de llegar a la casa. Las luces brillaban con fuerza en las ventanas de los dos primeros pisos. Una larga línea de relucientes farolillos de papel colgaba de los aleros del porche, irradiando un sutil resplandor sobre los enormes cedros que rodeaban la casa. Grandes maceteros de flores —rosas de color rosáceo— se alineaban en las amplias escaleras que conducían a la puerta principal.
Gemí.
Todos se echaron a reír.
"¿Qué? ¡Era como una pesadilla hecha realidad!" se defendió Bella.
Edward inspiró profundamente varias veces para calmarse.
—Esto es una fiesta —me recordó—. Intenta ser comprensiva.
—Seguro —murmuré.
Él dio la vuelta al coche para abrirme la puerta y me ofreció su mano.
—Tengo una pregunta.
Esperó con cautela.
—Si revelo esta película —dije mientras jugaba con la cámara entre mis manos—, ¿aparecerás en las fotos?
Los vampiros rieron al escucharlo.
Edward se echó a reír. Me ayudó a salir del coche, me arrastró casi por las escaleras y todavía estaba riéndose cuando me abrió la puerta.
"¿Es eso un sí?" preguntó Charlie vacilante, haciendo que le resto riera aún más fuerte.
Todos nos esperaban en el enorme salón de color blanco. Me saludaron con un «¡Feliz cumpleaños, Bella!», a coro y en voz alta, cuando atravesé la puerta. Enrojecí y clavé la mirada en el suelo. Alice, supuse que había sido ella, había cubierto cada superficie plana con velas rosadas y había docenas de jarrones de cristal llenos con cientos de rosas. Cerca del gran piano de Edward había una mesa con un mantel blanco, sobre el cual estaba el pastel rosa de cumpleaños, más rosas, una pila de platos de cristal y un pequeño montón de regalos envueltos en papel plateado.
Era cien veces peor de lo que había imaginado.
"No me sorprende" dijo Jacob haciendo una mueca.
Bell apuso los ojos en blanco "Eso no era nada. ¿Te acuerdas del cumpleaños de Nessie el año pasado?"
Jacob se estremeció al recordarlo "Al menos no fue tan humillante como a Quil para el de Claire"
Alice vio la sonrisa en la cara de Emily "¿Te importaría compartir ciertos datos conmigo?"
Jacob gimió horrorizado.
Edward, al notar mi incomodidad, me pasó un brazo alentador por la cintura y me besó en lo alto de la cabeza.
Los padres de Edward, Esme y Carlisle —jóvenes hasta lo inverosímil y tan encantadores como siempre— eran los que estaban más cerca de la puerta. Esme me abrazó con cuidado y su pelo suave del color del caramelo me rozó la mejilla cuando me besó en la frente. Entonces, Carlisle me pasó el brazo por los hombros.
—Siento todo esto, Bella —me susurró en un aparte—. No hemos podido contener a Alice.
Carlisle rio al recordarlo.
"Como si alguien pudiese contener a Alice" musitó Bella "Es una fuerza imparable de la naturaleza"
"También te quiero Bells" respondió ella con una sonrisa.
Rosalie y Emmett estaban detrás de ellos. Ella no sonreía, pero al menos no me miraba con hostilidad. El rostro de Emmett se ensanchó en una gran sonrisa. Habían pasado meses desde la última vez que los vi; había olvidado lo gloriosamente bella que era Rosalie, tanto, que casi dolía mirarla.
Rosalie sonrió ligeramente.
Y Emmett siempre había sido tan... ¿grande?
"¡Si!" sonrió Emmett.
—No has cambiado en nada —soltó Emmett con un tono burlón de desaprobación—. Esperaba alguna diferencia perceptible, pero aquí estás, con la cara colorada como siempre.
Emmett rio.
—Muchísimas gracias, Emmett —le agradecí mientras enrojecía aún más.
Él se rio.
—He de salir un minuto —hizo una pausa para guiñar teatralmente un ojo a Alice—. No hagas nada divertido en mi ausencia.
Todos resoplaron ante la idea.
—Lo intentaré.
Alice soltó la mano de Jasper y saltó hacia mí, con todos sus dientes brillando en la viva luz. Jasper también sonreía, pero se mantenía a distancia. Se apoyó, alto y rubio, contra la columna, al pie de las escaleras. Durante los días que habíamos pasado encerrados juntos en Phoenix, pensé que había conseguido superar su aversión por mí, pero volvía a comportarse conmigo exactamente del mismo modo que antes, evitándome todo lo que podía, en el momento en que se vio libre de su obligación de protegerme.
Charlie frunció el ceño "Si pudiste acercarte a ella en Phoenix, ¿por qué tendrías problemas con eso después?"
Jasper se mordió la lengua para no decir un comentario imprudente. Más temprano que tarde, Charlie no querría a Jasper en un radio de mil kilómetros cerca de su hija.
Esme, al ver el humor de su hijo, decidió continuar lo más rápido posible.
Sabía que no era nada personal, sólo una precaución y yo intentaba no mostrarme susceptible con el tema. Jasper tenía más problemas que los demás a la hora de someterse a la dieta de los Cullen; el olor de la sangre humana le resultaba mucho más irresistible a él que a los demás, a pesar de que llevaba mucho tiempo intentándolo.
Jasper se paralizo. Estaba a punto de suceder.
—Es la hora de abrir los regalos —declaró Alice. Pasó su mano fría bajo mi codo y me llevó hacia la mesa donde estaban la tarta y los envoltorios plateados.
Puse mi mejor cara de mártir.
—Alice, ya sabes que te dije que no quería nada...
—Pero no te escuché —me interrumpió petulante—.
Todos resoplaron ante eso.
Ábrelos.
Me quitó la cámara de las manos y en su lugar puso una gran caja cuadrada y plateada. Era tan ligera que parecía vacía. La tarjeta de la parte superior decía que era de Emmett, Rosalie y Jasper. Casi sin saber lo que hacía, rompí el papel y miré por debajo, intentando ver lo que el envoltorio ocultaba.
Era algún instrumento electrónico, con un montón de números en el nombre. Abrí la caja, esperando descubrir lo que había dentro, pero en realidad, la caja estaba vacía.
—Mmm... gracias.
Todos rieron a pesar de sí. Sabía que algo malo estaba a punto de pasar.
A Rosalie se le escapó una sonrisa. Jasper se rio.
—Es un estéreo para tu coche —explicó—. Emmett lo está instalando ahora mismo para que no puedas devolverlo.
Jacob hizo una mueca, recordando el espacio para el estero del coche.
Alice siempre iba un paso por delante de mí.
—Gracias, Jasper, Rosalie —les dije mientras sonreía al recordar las quejas de Edward sobre mi radio esa misma tarde; al parecer,
"Por supuesto" rio Edward un poco forzado.
todo era una puesta en escena—. Gracias, Emmett —añadí en voz más alta.
Escuché su risa explosiva desde mi coche y no pude evitar reírme también.
—Abre ahora el de Edward y el mío —dijo Alice, con una voz tan excitada que había adquirido un tono agudo. Tenía en la mano un paquete pequeño, cuadrado y plano.
Me volví y le lancé a Edward una mirada de basilisco.
—Lo prometiste.
Antes de que pudiera contestar, Emmett apareció en la puerta.
—¡Justo a tiempo! —alardeó y se colocó detrás de Jasper, que se había acercado más de lo habitual para poder ver mejor.
Jasper hizo una mueca, y Jacob se giró para verlo, a tiempo apara notar una onda de dolor. Nada bueno.
—No me he gastado un centavo —me aseguró. Me apartó un mechón de pelo de la cara, dejándome en la piel un leve cosquilleo con su contacto.
Aspiré profundamente y me volví hacia Alice.
—Dámelo —suspiré.
Emmett rio entre dientes con placer.
Para entonces la atmósfera estaba tan cargada con tensión que era imposible no notar. Los que no eran vampiros estaban al borde de sus asientos, esperando lo peor.
Para entonces, la atmósfera contenía tanta tensión.
Tomé el pequeño paquete, dirigiendo los ojos a Edward mientras deslizaba el dedo bajo el filo del papel y tiraba de la tapa.
—¡Maldita sea! —murmuré, cuando el papel me cortó el dedo. Lo alcé para examinar el daño. Sólo salía una gota de sangre del pequeño corte.
Todos hicieron muecas, sus peores suposiciones confirmadas.
Entonces, todo pasó muy rápido.
—¡No! —rugió Edward.
Se arrojó sobre mí,
"¿Qué?" preguntaron lagunas personas alarmadas.
"No" les serenaron sin saber que lo que iban a escuchar era igual de desagradable.
lanzándome contra la mesa. Las dos nos caímos, tirando al suelo el pastel y los regalos, las flores y los platos. Aterricé en un montón de cristales hechos añicos.
Jasper chocó contra Edward y el sonido pareció el golpear de dos rocas.
También hubo otro ruido, un gruñido animal que parecía proceder de la profundidad del pecho de Jasper. Éste intentó empujar a Edward a un lado y sus dientes chasquearon a pocos centímetros de su rostro.
Al segundo siguiente, Emmett agarraba a Jasper desde detrás, sujetándolo con su abrazo de hierro, pero Jasper se debatía desesperadamente, con sus ojos salvajes, de expresión vacía fijos exclusivamente en mí.
Todos parecían querer decir algo, pero Esme levantó su mano.
"Ya casi termina el capítulo" dijo ella con voz suplicante, silenciosamente pidiendo a todos que esperen y piensen. Que escuchen.
No sólo estaba en estado de shock, sino que también sentía pena. Caí al suelo cerca del piano, con los brazos extendidos de forma instintiva para parar mi caída entre los trozos irregulares de cristal. Justo en aquel momento sentí un dolor agudo y punzante que me subió desde la muñeca hasta el pliegue del codo.
Aturdida y desorientada, miré la brillante sangre roja que salía de mi brazo y después a los ojos enfebrecidos de seis vampiros repentinamente hambrientos.
Esme dejó que el libro cayera en su regazo, sus ojos entrecerrados esperando la explosión. Tres, dos, uno…
Jacob saltó de su asiento "¡Tú!" gritó él furioso.
Edward mantuvo los brazos del lobo firmemente cerrados, para evitar su avance hacia el paralizado Jasper.
Emmett y Rosalie también se levantaron para ayudar, pero con un ademán de la mano les indicó que regresaran a su asiento, sabiendo que Jacob le escucharía más a él.
"Clámate" gruñó él en voz baja pero firme para que Jacob le escuche "Piensa en Nessie ¿Quieres que se lastime producto de tu ataque de temperamento?"
Jacob se calmó instantáneamente, cayendo de nuevo en su asiento, pero fulminando con la mirada al vampiro rubio, quien no se había movido un centímetro desde el final del capítulo.
"No estás ayudando, Jasper" dijo Carlisle con los ojos fijos en el más nuevo de sus hijos "Sé que estás enfadado contigo mismo, pero preferiríamos que no lo compartiese con nosotros. Alguien podría salir lastimado. Tú, para empezar"
Jasper musitó algo incomprensible.
Bella frunció el ceño, pasando una Renesmee de ojo abiertos como platos, a los brazos de su padre antes de caminar en dirección a Jasper y envolverlo en un abrazo de oso.
"Jasper" dijo ella finalmente, al soltarlo del abrazo "¿Cuántas veces te lo tengo que decir? No. Fue. Tú. Culpa" le recalcó ella mirando alrededor del cuarto, silenciosamente advirtiendo a cualquiera que piense lo contrario. Nadie dijo lo contrario, aunque Jacob, Charlie y Billy parecían muy escépticos. Sam parecía ensimismado en sus pensamientos y Seth mostraba simpatía. Emily y Sue parecían tristes mientras que la expresión de Leah estaba en banco.
Bella se volteó hacia su hermano "¿recuerdas lo que discutimos ayer? ¿De que tú sentías las emociones de los vampiros hambrientos en tu vecindad? No es solo tu debilidad, es la de todos"
Jasper sacudió la cabeza "Casi te mato" gruñó él "No hay excusas para ello"
"No hijo" dijo Carlisle firmemente "No dejaré que te culpes más por eso, n antes de probar la teoría de Bella. Creo que todos entienden" dijo él al tiempo que veía que todos en el cuarto asentían con la cabeza, unos más vacilantes que otros, pero nadie parecía discutir con Carlisle.
Esme asintió, alegre por la calma "Ahora podemos continuar la historia" dijo ella volviéndose hacia Sue "Creo que es tu turno querida"
Sue asintió y tomó el libro sin decir palabra.
