300 A.L. – El Norte

El desertor lucía como una persona normal.

Sus ropas estaban rasgadas y sucias, pero no muy diferente a la esperable en un campesino. Edric había nacido como un noble, así que no había sufrido de tales carencias en su corta vida. Tal situación le hizo recordar su infancia en Dorne, donde el calor reinante obligaba vestir de una manera totalmente contraria a la de los norteños que había llegado a considerar como su familia. Las sedas habían sido reemplazadas por pieles y los pañuelos por bufandas.

El clima había sido la principal diferencia del Norte con su natal Dorne, pero estaba lejos de ser la única.

Edric volvió al presente al entregar Hielo a Lord Stark. El dorniense había asumido dos años antes como el escudero del Señor de Invernalia, y una de sus principales tareas era resguardar y limpiar la espada valyriana de los Stark. El desertor de la Guardia de la Noche sabía que era lo que se le aproximaba y parecía resignado a su destino.

-Deben hace algo, ¡los Otros! ¡Los vi con mis propios ojos! Tomen mi cabeza pero por favor, ¡deben hacer algo! –balbuceaba, mientras se ponía en posición contra el tocón.- ¡Los Otros atacarán el Muro! ¡Los muertos y el invierno los acompañan!

Ned Stark miró con ojos inflexibles al cuervo que había abandonado el Muro. Suspiró, y confirmó con un pie que el tocón estuviera firme. Un solo golpe que decapitara limpiamente al condenado era lo mejor para todos.

-En nombre de Robert de la Casa Baratheon, el primero de su nombre, rey de los Ándalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres, Señor de los Siete Reinos y Protector del Reino; yo Eddard Stark, Señor de Invernalia y Guardián del Norte, te condeno a muerte. ¿Cuáles son tus últimas palabras?

-Por favor, tienen que creerme. –el desertor estaba tranquilo, pero un aire de locura rodeaba su mirada. –Decidle a mi familia que no fui un cobarde. Simplemente intenté aquello que creí mejor para todos. Si en el Muro no me creyeron tenía la esperanza que ustedes sí.

El desertor cerró los ojos y se quedó callado. Hielo bajó y cercenó su cabeza limpiamente.

La cabeza del ejecutado saltó hasta los pies de Robb y Theon Greyjoy. El primero mantuvo la misma mirada impasible de su padre frente a tal situación, mientras que el kraken por el contrario no encontró nada mejor que sonreír y lanzar lejos la cabeza con una patada. Un aullido de Viento Gris completó la escena con un tinte de tristeza.

Lord Stark le tendió el mandoble a Edric, quién procedió a limpiarlo con un paño especial para ello. Ya era mediodía, y si bien el sol estaba en lo alto del cielo, los vientos del norte hacían que la temperatura fuera fría. Con la misión por la cual Lord Stark y su comitiva se encontraban ahí cumplida, el grupo comenzó la vuelta a casa.

Lord Stark, Edric, Robb, Jon, Theon y Bran junto con un par de docenas de guardias y los huargos de los Stark presentes habían partido a primera hora para dispensar la justicia del Rey. Según Ed había logrado averiguar escuchando las conversaciones de Lord Eddard con su esposa e hijo mayor, la situación de los desertores de la Guardia de la Noche ya era más que preocupante. Aquella orgullosa orden que poseía diez mil hombres y al hermano de un Rey como Lord Comandante cuando Aegon el Conquistador puso pie sobre Poniente, hoy numeraba menos de mil hombres y solo tres castillos, y ni siquiera con la colaboración de los señores norteños la situación dejaba de ser poco mejor que mala.

Pero de igual forma un juramento es un juramento, y el Señor de Invernalia debía ejecutar a los desertores. Sabiendo que algún día la obligación de dispensar justicia pasaría a su heredero, éste y sus compañeros iban junto a Lord Eddard a la ejecución.

Edric recordaba la primera ejecución a la asistió, un par de años atrás. El cuervo fugado aquella vez también había hablado de Otros y muertos vivientes, y el pensar en ello le causaba una desagradable sensación.

Esa vez también había sido la primera ejecución a la que Bran había asistido y Ed tenía un poco de vergüenza al recordar que ya no tan pequeño Stark se había comportado mejor que el dorniense al ver la sangre correr. Aunque estaba seguro que las palabras que Jon Nieve había dicho a su hermano al oído aquella vez habían influido en algo.

La vuelta a Invernalia transcurrió sin mayores sobresaltos. Al entrar a la fortaleza, el grupo desmontó antes de ser recibido por el resto de la familia Stark. Tras darle las riendas de sus caballos a un caballerizo, Edric y Bran fueron abordados por la menor de las hermanas Stark, Arya, quién empezó a acosarles con preguntas sobre la ejecución. Lord y Lady Stark conversaron seriamente durante un breve tiempo antes de que Eddard llamará a Ed a su presencia.

-Edric –empezó Lord Stark- Necesito que vayas donde el Maestre Lewin y le pidas que prepare un cuervo hacia Castillo Negro. Luego de ello tráeme papel y tinta, debo escribir una carta al Lord Comandante explicándole lo ocurrido hoy, e informándole que requeriré la presencia de Benjen en Invernalia.

-Sí, mi señor. –respondió Ed, tras lo cual se apresuró a cumplir las órdenes de Lord Eddard.

El maestre escuchó atentamente al dorniense, tras lo cual se apresuró a cumplir la orden del Guardián del Norte. Además le facilitó tinta y papel de su propia torre para ahórrale al escudero la búsqueda de tales implementos. Edric llevó lo requerido a su señor, y luego volvió para entregarle la carta al maestre, quién envió al cuervo hacia su destino.

Ed pensó que algo bueno había en lo sucedido, ya que las visitas de Benjen Stark a su hogar ancestral eran sinónimo de alegría en el castillo.

Edric no se llevó bien con todos los Stark al principio.

Lady Catelyn estaba contrariada por la decisión de Lord Eddard de traer de pupilo a un miembro de la Casa Dayne. En sus propias palabras, "ya era bastante tener que soportar la presencia del bastardo y del traidor Greyjoy en su hogar". Tener que escuchar a los sirvientes susurrar el nombre Ashara era algo que enojaba profundamente a la Señora de Invernalia, lo que la hizo pelear en más de una ocasión con su esposo.

Robb era mayor que Ed por algunos años, y por eso al principio no lo miró como a un par. El heredero del Norte prefería la compañía de su hermano bastardo y del joven kraken como compañero de aventuras, por lo que el primer año solo compartían los entrenamientos en armas con Ser Rodrik y las lecciones del Maestre Luwin, además de las comidas y aquellas ocasiones en las que todos los habitantes de Invernalia se reunían. Lo trataba con cortesía, pero no con amistad.

Esto cambió tras un par de años, cuando Edric se convirtió en el paje y luego el escudero de su padre. Lord Stark comenzó a adiestrar al dorniense en lo necesario para ser un señor, cosa que hacía acompañado de su propio heredero. Esto hizo que Robb y Ed finalmente empezaran a ser amigos, y no solo un huésped y un anfitrión.

Con Sansa había sido desde un comienzo una relación complicada. Por una parte, la hija mayor de los Stark era de la misma edad que el dorniense, lo que implicaba que compartieran gran parte del tiempo en el castillo junto con Bran y Arya. Pero la pelirroja había captado desde el primer momento la tensión que causaba en su madre la presencia de Edric, y siempre queriendo ganar su aprobación como la hija ejemplar, trataba al dorniense con cortesía pero un desdén disfrazado.

No ayudaba en mucho que desde su llegada Ed se encaprichara con la belleza de la norteña, e intentará impresionarla cada vez que podía. No es necesario decir que falló espectacularmente en casi todos sus intentos.

Jon, Arya y Bran fueron desde el primer momento quienes hicieron al sureño sentirse como en casa. El bastardo de Lord Stark veía a Edric como alguien que también se sentía fuera de lugar, y que a diferencia de Greyjoy poseía una personalidad no muy diferente a la propia. Además los rumores sobre Lady Ashara llegaron a los oídos de Jon, y si bien sabía que Ed no sabía nada de ello (tras preguntárselo apenas pudo) Nieve no perdía la esperanza de que en algún momento la amistad con Edric lo llevará a averiguar sobre su propio pasado.

Arya era menor que Ed, pero a la larga terminó siendo su mejor amiga en el castillo. Al dorniense le divertía encontrar a alguien tan parecida a los propios dornienses al otro lado del continente, y la norteña se deleitaba escuchando las docenas de historias sobre la reina guerrera Nymeria que a Edric le habían contado cuando era pequeño. Más de alguna vez le obligó a entrenar con espadas de madera en el Bosque de Dioses, evitando que Lord o Lady Stark los encontrasen, pero con la complicidad de Jon y Bran quienes también solían acompañarlos.

Una vez fueron sorprendidos por Benjen Stark, quién se encontraba de visita en la fortaleza. Sin embargo, en vez de reprenderlos el hermano negro sonrío de manera triste y les dijo que mantendría su secreto.

Bran era el hermano menor que Edric nunca tuvo. Lo seguía a todos lados e intentaba imitarlo en todo lo que hacía. El pequeño Stark pasaba más tiempo con Edric que con cualquiera de sus hermanos de sangre, salvo Arya, y ambos perseguían el sueño de ser grandes caballeros en el futuro, por lo que escuchaban atentamente todas las historias de la Vieja Tata sobre Symeon Ojos de Estrella, Aemon el Caballero Dragón, Ser Duncan el Alto y las favoritas del dorniense, las de su propio tío Arthur, entre otros legendarios caballeros.

Finalmente el pequeño Rickon, nacido poco después de la llegada de Ed a Invernalia, era demasiado joven como para compartir mucho con sus hermanos mayores. Eso sumado a que Lady Catelyn lo intentaba mantener la mayor cantidad del tiempo junto a su lado, hacía que Rickon no viera mucho a Edric, Jon, o Theon.

Finalmente con el otro pupilo de Invernalia, Theon Greyjoy, apenas se soportaban. La misma actitud altiva y superficialidad del kraken que irritaba a Jon Nieve molestaba a Edric, y Theon veía con envidia el papel del dorniense como escudero de Lord Stark. El kraken creía que si ganaba la confianza de Lord Stark habría posibilidades de que éste convenciera al Rey de dejarlo volver a las Islas de Hierro, pero estando relegado a un segundo plano por Edric era muy difícil lograrlo. Por ello es que actuaba de manera hostil con el sureño, y la animadversión entre ambos habría llegado a golpes en más de una ocasión si no fuera porque el resto de los Stark los separaban antes.

-*-*-*-*.

-¡Más arriba el escudo Robb, en una pelea de verdad te decapitarían antes de que reaccionaras y lo subieras! –gritó Ser Rodrik –Jon coloca bien tus rodillas, así como ahora con un golpe perderías el equilibrio y caerías. –Robb lanzó un golpe a la altura del pecho a Jon, quién lo bloqueó con su espada, pero no pude evitar caer de costado por la fuerza del golpe. –Exactamente así.

El patio de armas de Invernalia se encontraba ocupado por hombres entrenando. Jon y Robb combatían con espadas embotadas bajo el firme ojo de Ser Rodrik, mientras a un rincón, Theon Greyjoy competía con algunos hombres de armas de los Stark en el tiro al blanco. Bran observaba al hijo del hierro con su propio arco en sus manos, intentando retener todos los detalles posibles en su memoria. No era secreto alguno que el Greyjoy era el mejor arquero de Invernalia.

Edric esperaba su turno para combatir contra quién ganara entre Jon y Robb. Pese a ser casi cuatro años menor, en el último año el dorniense había empezado a combatir al nivel de los hermanos Stark. Su futuro como espadachín era más que promisorio, siendo alabado por el maestre de armas como el mejor que había visto en el Norte a su edad.

Yohn Royce había dicho algo parecido un par de años antes, de paso por Invernalia camino a El Muro. El hombre del Valle había llegado tan lejos como para compararlo a Lyn Corbray o el Matarreyes, leyendas vivientes entre los caballeros de Poniente.

Edric recordaba claramente la visita del Señor de Piedra de las Runas. No en menor medida porque nunca había tenido tantos problemas para ayudar a Lord Stark a desprenderse de su armadura, con lo abollada que quedó tras la pelea amistosa entre ambos señores.

Lord Yohn era un guerrero formidable, al punto que no tuvo mayores problemas en derrotar al Guardián del Norte y a su maestro de armas en poco más de diez minutos. Pero además de su habilidad con las armas, también era un ejemplo de la caballerosidad de la cual el Valle se enorgullecía.

Pero bueno, Edric recordaba especialmente tal visita por otro motivo.

Ser Waymar Royce era el hijo menor de Lord Yohn. Un joven caballero que se dirigía al Muro para juramentarse como hermano de la Guardia de la Noche. Una decisión honorable y aplaudida por los norteños, pero que causó molestia en Ed por la excesiva atención que tal caballero recibía de cierta hermana Stark. Sobre todo cuando se dio cuenta como el sureño despreciaba los afectos de la misma doncella.

Por eso que cuando los jóvenes de Invernalia y los Royce se dirigieron al patio de la fortaleza para entrenar y comparar su habilidad con las armas, Edric no dudó en ofrecerse a combatir al caballero sureño, frente a la mirada atónita del resto de los presentes. Ser Waymar lo había observado con la misma expresión de desprecio que había usado con Sansa, haciendo enojar al dorniense aún más. Sin embargo el caballero aceptó el desafío para no quedar como un cobarde.

La pelea entre un escudero de trece años y un caballero de veinte no debía ser algo equilibrado, sobre todo considerando que el segundo era de la sangre de Yohn Royce. Por ello es que ni siquiera Jon Nieve creía que el dorniense duraría más que unos pocos golpes contra el caballero del Valle.

El sol estaba en lo alto del cielo, causando que en la fortaleza invernal casi hubiera calor. Edric musitó unas palabras de ánimo, mientras se armaba y se ponía en posición para combatir. Todos se equivocarían.

Royce le ganaba en casi un pie de altura al dorniense, lo que traía ventajas y desventajas para ambas. Ambos ocupaban un yelmo liviano, y protecciones de metal ligeras en las extremidades y torso. El dorniense se dio cuenta de que llevar un escudo solo le sumaría peso, ya que Ser Waymar le ganaba por mucho en fuerza, y no tendría mayores problemas en superar la resistencia que presentara el escudero. Así que Dayne decidió pelear solo con una espada,

Edric se dio cuenta que Royce no se estaba tomando en serio la pelea, su postura relajada y el desinterés con el que miraba al escudero eran prueba de ello. El dorniense consideró eso como una ventaja que pretendía explotar. Por eso que cuando Ser Rodrik dio la orden de comenzar el duelo, el escudero no perdió el tiempo y dio un salto adelante inmediatamente, lanzando un golpe descendente a la cabeza de su adversario al mismo tiempo.

El caballero sorprendido alcanzó a reaccionar, bloqueando con cierta dificultad el golpe. Pero rápidamente recibió otro, esta vez buscaba golpear su torso, y luego uno que tenía como objetivo su mano de la espada. Cada golpe fue más difícil de bloquear, hasta que finalmente uno conectó con su objetivo, una de las piernas del hijo de Yohn Royce.

Ser Waymar lanzó una maldición. Pese a que las espadas no tenían filo el golpe había sido con bastante fuerza, y si no fuera una espada roma, probablemente le habría cortado la pierna. Por lo que dándose cuenta de que Dayne tenía reales posibilidades de vencer (y que buscaba hacerlo) el caballero pasó a la ofensiva.

Aprovechando su altura y su mayor alcance, obligó al dorniense a retroceder un par de metros tras bloquear sus golpes con el escudo. Tras ello, trató de conectar su propia espada al hombro del escudero. La táctica funcionó, pero la agilidad del dorniense evitó el golpe del hombre del Valle.

Estando separados nuevamente, ambos contrincantes se dieron un momento para evaluar sus posibilidades. Pero el caballero decidió no perder el momentum ganado en el último intercambio de golpes, y se lanzó primero contra su adversario. No obstante, su mayor tamaño terminó siendo una desventaja esta vez, ya que el escudero logró evitar su golpe y antes de que alcanzará a lanzar otro, el dorniense había logrado escabullírsele a la retaguardia, desde donde lo golpeó dolorosamente en el hombro que sostenía el escudo.

Tras ello, Edric lanzó otro golpe que fue recibido por el escudo del caballero. Pero el daño ya estaba hecho, y Ser Waymar sintió a su brazo quejarse de dolor por la fuerza del mandoble. Dándose cuenta de que el dorniense intentaría nuevamente golpear el brazo del escudo aprovechando de su fragilidad, no tuvo otra opción que pasar nuevamente al ataque e intentar desviar los golpes de Dayne con su espada, aprovechando su mayor fuerza y tamaño.

Ambos contrincantes cruzaron espadas nuevamente y en esta ocasión fue donde Edric demostró toda su inteligencia. Golpe tras golpe iban hacia el caballero, quién los desviaba con su espada. Sin embargo, el cansancio y el brazo herido empezaron a hacer mella en la resistencia de éste, mientras que el escudero al usar únicamente su espada -y por su propia habilidad con ella- apenas sentía el paso del tiempo.

Pronto el caballero no pudo desviar a tiempo un golpe del dorniense, y nuevamente sintió como la espada embotada conectaba con su cuerpo. Tal golpe fue seguido por otro, y otro más, y finalmente el que determinaría el destino del resto del duelo. Ser Waymar elevó demasiado su espada y el mandoble lo golpeó en la mano.

Mordiendo sus boca para no gritar de dolor. El hijo de Bronze Yohn se dio cuenta que a este paso iba a perder el duelo, por lo que lanzó lejos su escudo y agarró su espada con ambas manos. Hasta ese momento del duelo no había logrado herir al escudero.

Ambos contrincantes empezaron a acecharse en forma de medialuna sin que ninguno atacara. Ser Waymar no estaba dispuesto a cometer el mismo error nuevamente, y Edric se mantenía cauto pese a su ventaja. Tras varios segundos haciendo tal cosa finalmente el dorniense avanzó e intentó golpear al caballero, quién lo bloqueó fácilmente. Viendo su oportunidad el hombre del Valle atacó rápidamente sin darle tiempo al dorniense de saltar atrás.

Lo que pasó dejo estupefacto a los presentes. Con unos reflejos casi sobrehumanos, Edric alcanzó a bloquear el mandoble del caballero, y al estar éste herido, logró resistir el golpe pese a su menor fuerza y tamaño. Luego de ello, sin dar tiempo siquiera para parpadear (o para que Ser Waymar saliera de su asombro) el escudero empezó a lanzar golpe tras golpe a una velocidad que los ojos apenas podían registrar.

El caballero lograba desviar algunos, pero por cada uno que bloqueaba tres conectaban con su cuerpo. Su torso, piernas y brazos comenzaron a quejarse del dolor. Sin embargo, Royce notó que el dorniense en una actitud caballeresca no intentó en ninguna ocasión golpearlo arriba de su pecho.

No viendo otra opción, Ser Waymar se lanzó hacia adelante con las fuerzas que le quedaban, intentando contrarrestar la habilidad del dorniense con aquello que no podía equiparar, su tamaño. Pero Dayne alcanzó a darse cuenta y logró evitar el golpe del caballero, al tiempo que lanzaba un golpe a sus manos. Ser Waymar no logró evitar soltar su espada y quedó en una precaria posición de equilibrio, que fue aprovechada por Ed para finalizar el duelo, golpeándolo en un costado con la suficiente fuerza para que cayera al suelo.

Ser Rodrik dio la señal de que la pelea había terminado, con la victoria de Edric, quién recuperando la respiración sonreía de felicidad. Tras darse un par de segundos de licencia, el dorniense ofreció una mano a su contrincante para que se levantara, quién tuvo que sonreír forzosamente frente a tal despliegue de cortesía.

Los hermanos Stark rodearon al dorniense para felicitarlo. Éste solo sonreía mientras se quitaba el yelmo y las protecciones. Mientras tanto, Lord Eddard se acercó a su escudero con una mirada orgullosa.

-Edric – comenzó el Señor de Invernalia, al tiempo que ponía una mano sobre su hombro- Tengo que admitir que tu habilidad es incluso mejor de la que yo mismo estimaba. –Lord Stark sonrío, algo extraño incluso con su familia.- Nunca había visto a alguien de tu edad combatir así. Tus reflejos son superiores a los de muchos caballeros ungidos, y las decisiones que tomaste durante el duelo demuestran que tu mente está al nivel de tu físico. No tengo duda que tu padre estaría orgulloso, tu tío también.

El dorniense no supo que decir, esas palabras eran incluso más de lo que esperaba escuchar. Se apartó un mechón de pelo sudado de la frente, y agradeció a Lord Stark por sus palabras. Estaba por excusarse para poder ir a beber un poco de agua cuando Arya lo salvó lanzándole una cantimplora. Justo a tiempo. Apenas había terminado de beber cuando Lord Royce se acercó a él.

-Joven Dayne –comenzó el Señor de Piedra de las Runas, mientras lo estudiaba con una mirada pétrea. –Primero que todo os tengo que felicitar. Mi hijo te subestimó y pagó por ello, pero eso no quita mérito a vuestra habilidad. Ya no soy un hombre joven y he visto a muchos grandes caballeros a lo largo de mi vida, y puedo contar con los dedos de una mano a los que tenían la misma habilidad que vos a vuestra edad. Lyn Corbray, Brynden Tully, Randyll Tarly; grandes espadachines que he conocido desde que eran jóvenes, y ni siquiera ellos eran tan buenos como tú a vuestra edad.

Edric estaba atónito y su cara debe haberlo demostrado, ya que Lord Royce sonrío. –Eso tampoco significa que eres el mejor al que he visto. Pero ahora mismo solo hay tres que quizás te superan, o por lo menos estaban a tu nivel. Jaime Lannister, Barristan el Bravo, y tú tío Arthur. – Yohn Royce volvió a adoptar una expresión seria, antes de darse vuelta para retirarse a ver a su hijo. –Seguid entrenando joven Dayne, y no tengas duda alguna de que te convertirás en una leyenda como ellos.

Era definitivo, ese había sido uno de los mejores días de su vida.

-La sangre de los Dayne proviene de los Primeros Hombres –dijo el Maestre Luwin, con la voz severa que reservaba para hablar de temas académicos- Y por tanto su linaje se puede trazar hasta la Edad de los Héroes, siendo una familia contemporánea a las grandes casas de Poniente. Cuando los primeros Stark, Hightower, Durrandon y Royce comenzaban con su historia milenaria; en el delta del río Torrentino, en las Montañas Rojas de Dorne, una estrella cayó desde los cielos a la tierra.-

-Un caballero que la vio caer fundó un castillo en el lugar en que encontró la estrella, y forjó una espada con el metal que extrajo de ella. La llamó Albor, y hasta el día de hoy su portador recibe el título de Espada del Amanecer. Albor es más liviana y con un filo aún más peligroso que el de incluso una espada de acero valyrio, y a diferencia de éstas su hoja es blanca como la leche. Esto último es lo que provoca que ciertos maestres teoricen que Albor es otro nombre para Portadora de Luz, una mítica espada de la antigüedad que se dice que se usó para vencer a los Otros…-

Las lecciones del Maestre Luwin eran atendidas por los niños Stark -salvo Rickon-, Jon Nieve y Edric. Normalmente todos estaban de acuerdo en que las historias de las casas notables de Poniente eran algo más tedioso que entretenido, pero hoy era la excepción. Tras empezar la historia de Dorne, llegó el turno de hablar de los Dayne, y tanto por cortesía como por sincera curiosidad, todos los norteños estaban escuchando atentamente al maestre.

-Con el tiempo los Dayne se convirtieron en uno de los muchos reyes de Dorne, siendo uno de los más poderosos, junto a los Yronwood y los Martell. El dominio de los reyes Dayne se extendía por el valle que rodea Campoestrella, y por las montañas hasta el nacimiento del río Torrentino, donde hoy existe una rama cadete de la casa principal. Los reyes Dayne fueron los protagonistas de muchas guerras con las casas fronterizas del Dominio, especialmente con los Oakheart, de los cuales se dice que se llevan matando mutuamente por miles de años. Un rey Dayne incluso saqueó en incendió Antigua y la Ciudadela.

-También fueron la principal resistencia en Dorne a los hombres del hierro, lo cuales nunca lograron tomar Campoestrella. Finalmente el último rey Dayne fue vencido por los Martell tras la llegada los Rhoynar, y fue enviado al Muro. Su sucesor le juró lealtad a Lanza del Sol, y desde entonces son uno de sus principales apoyos dentro del principado. Eso finaliza la lección de historia por hoy. ¿Preguntas?-

-Maestre Luwin –empezó Robb - ¿Quién es elegido Espada del Amanecer? Habláis como si la espada no estuviera en el poder del Señor de la Casa, como ocurre con Hielo y padre. ¿Es acaso como lo que ocurre con los Corbray? Ser Lyn Corbray posee a Dama Desesperada y no su hermano, pese a que es Lord Corbray y Ser Lyn solo un caballero.

-Tienes razón en tus sospechas Robb. Albor no pasa de Lord Dayne a su heredero. Tampoco de una Espada del Amanecer a sus hijos. Una vez que el portador de Albor muere, la espada vuelve a Campoestrella hasta que se designe un sucesor. El título de Espada del Amanecer y la propia Albor solo son recibidos por un caballero de la Casa Dayne que sea lo suficientemente digno, sea o no el Señor de Campoestrella. –respondió el maestre al heredero de Invernalia. Tras dar unos instantes para que los más pequeños procesaran sus palabras, Luwin continuó. -Cuando los Dayne eran reyes quién elegía a tal caballero era el propio Rey, pero desde que son vasallos de la Casa Martell, el Príncipe de Dorne debe dar su beneplácito, porque una Espada del Amanecer es considerado como el mejor caballero de todo Dorne.

Al notar las miradas de profundo interés de los Stark, el maestre siguió hablando.

-Algunos de los más grandes caballeros en la historia de Poniente han sido portadores de Albor. Tres de ellos sirvieron en la Guardia Real, y uno se convirtió en Lord Comandante. Ser Ulrick Dayne lideró a las fuerzas dornienses en la Batalla del Campo de Hierbarroja, venciendo en combate singular a dos hermanos de Lord Peake, al traidor Lord Yronwood y al heredero de Lord Reyne. Se decía que era el mejor espadachín de su tiempo después del propio Daemon Fuegoscuro.

-¡La vieja Tata una vez nos contó una historia de Ulrick Dayne! ¡Nos dijo que nació el mismo día que murió el Caballero Dragón, y que por eso era tan buen espadachín como él! – exclamó Bran, entusiasmado.

-Bran, ya te he dicho que no creas en todo lo que dicen las historias de la Vieja Tata. Ser Ulrick fue un gran caballero, pero que haya nacido en tal día no influyó en ello. –respondió el maestre, un poco exasperado. Sin embargo pronto continuó como si nada hubiera pasado.- Después de Ser Ulrick la siguiente Espada del Amanecer fue Ser Artos Dayne, miembro de la Guardia Real y primo hermano de Aegon el Improbable. Fue elegido personalmente por Ser Duncan el Alto, el Lord Comandante de ese tiempo.

-Ser Artos fue parte del ejército que el Rey Jaehaerys II envió a la Guerra de los Reyes Nuevepeniques. Murió temprano en ella, defendiendo a la Mano del Rey de ocho mercenarios de la Compañía Dorada. La propia Mano del Rey caería ese mismo día, pero otra capa blanca, Ser Gerold Hightower, los vengó y rescató a Albor asegurándose de que volviera a Campoestrella tras el final de la guerra.

Al decir esto el maestre miró de reojo a Edric –Lo que nos lleva a la última Espada del Amanecer, Ser Arthur Dayne. Un caballero legendario, admirado por amigos y enemigos. Pero yo no soy quién debe hablarles de él, estoy seguro que Lord Stark es la persona más indicada para ello. –dicho eso se levantó, dando por terminada la lección. -Eso es lo último que les diré por hoy. Los cuervos no se alimentan solos, y hay un par de campesinos que viajaron tres días para que los viera.

El maestre se despidió, y luego salió rápidamente de la habitación.

-Yo creo que Edric puede ser la siguiente Espada del Amanecer. –dijo Arya, sonriendo. – Por lo menos la habilidad la tiene, ese caballero idiota del Valle es testigo.

-¡Arya! ¡No hables mal de Ser Waymar! –respondió una enojada Sansa – Él fue muy honorable al tomar la decisión de unirse a la Guardia de la Noche. Y muy amable al aceptar el desafío de Edric, perfectamente pudo haberse negado.

-No podría haberlo hecho sin parecer un cobarde, hermana. –dijo Robb – Arya tiene razón, era un idiota. –Tras eso volteó para miro de reojo a EDRIC.- Pero también tiene razón en otra cosa, parece que nuestro pequeño dorniense puede convertirse en una verdadera leyenda. –sonrío- Por lo menos espada no le faltará.

Todos rieron.

*-*-.*+*_+

El sueño se repetía, otra vez.

Edric estaba en la habitación de Lord Allem en Campoestrella, escuchando como Allyria lloraba. Él mismo sentía como las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Su padre había muerto, y no había nada que pudieran hacer al respecto.

El funeral tuvo que ser lo más rápido posible. Cuando la muerte de Lord Dayne se hacía inevitable, cuervos fueron enviados a Lanza del Sol y a los castillos de las familias más cercanas al Señor de Campoestrella. Mientras la pira funeraria de su padre se consumía, Edric veía a las llamas reflejarse en las caras de los presentes. Allyria, Beric Dondarrion, Oberyn Martell, Lord Yronwood, Lord Uller, y otros nobles que no conocía mostraban expresiones de disgusto y tristeza.

El resto del sueño eran una serie de recuerdos borrosos.

Recordaba a Allyria, una doncella que ni siquiera había florecido, hablándoles a la Víbora Roja y a Lord Dondarrion como la Señora de Campoestrella. Recordaba verla suplicarles algo mientras lo señalaba. Recordaba al Martell poniendo su mano sobre el hombro de su tía, diciéndole que no se preocupara, que él se aseguraría personalmente de protegerlos de sus primos de Ermita Alta.

Recordaba a Allyria despidiéndose de él en medio de la noche. Recordaba alejarse de Campoestrella camino al Norte., escoltado por cincuenta guardias y un príncipe de Dorne. Recordaba separarse del príncipe al llegar a Antigua, y abordar junto a unos pocos guardias un barco que lo dejaría en el Norte.

Nunca en su vida se sintió tan solo como mientras viajaba en aquel barco por el Mar del Ocaso.

Pero peor era recordar aquella cara.

Una cara de facciones hermosas, fríos ojos púrpuras y una sonrisa que despedía crueldad. Edric nunca vio a su primo Gerold tan feliz como el día en que su padre enfermó. A sus veinte años el Señor de Ermita Alta ya tenía una reputación siniestra por su absoluta falta de escrúpulos y más que cuestionables aspiraciones. Lord Allem siempre lo alejó lo más posible de Campoestrella y sus hijos mientras estuvo con vida.

Pero ahora su padre no estaba y Lord Dayne era Edric. Y él sabía que Gerold no estaba satisfecho con ello. Codiciaba Albor y codiciaba Campoestrella, y tanto Allyria como Oberyn Martell sospechaban que haría lo que fuera por conseguirlos.

Aunque eso implicara convertirse en un asesino de su propia sangre.

Por ello es que Edric fue enviado al Norte a tan corta edad y con las cenizas de su padre aún calientes. Por ello es que lanceros Martell y guardias Dondarrion mantenían una dotación en Campoestrella, protegiendo a Allyria y el castillo junto a los propios soldados de la Casa Dayne. Solo una fuerza así podía disuadir a Estrellaoscura de intentar tomar el castillo, por la fuerza o mediante subterfugios.

Aun así Ed temía por su tía. Ella fue casi una madre para él, que nunca pudo conocer a la propia: y pese a que aparentaba mayor madurez de la que debía tener a su edad, sabía en el fondo sufría tanto por la separación entre ambos como él mismo.

Sabía que temía tanto a Estrellaoscura como él mismo.

Solo que él estaba a salvo en una fortaleza al otro lado del continente, y ella solo a un par de días a caballo de Ermita Alta.

-*-*-*-*.

-¡Lord Stark! –exclamó un guardia de Invernalia tras saludar a su señor. –Me han enviado los vigías de la puerta este. Se divisaron estandartes de la Casa Bolton camino a Invernalia.

La familia Stark, Theon, Edric y sus cercanos se encontraban tomando desayuno en la sala principal de Invernalia. Era una mañana de mediados del largo verano en la cual había caído nieve durante la noche, y por ello todos los jóvenes de la fortaleza, exceptuando a Theon y Sansa, esperaban con ansias la oportunidad de salir al patio a jugar con la sustancia blanca.

Pero parecía que Eddard Stark no les había contado sobre cierta noticia que un cuervo había traído desde Fuerte Terror.

-Gracias Will, puedes volver a tu puesto. –respondió Lord Stark. El guardia saludó y se retiró de la sala. – No es necesario que me preguntes Robb, de inmediato se los explicaré. –dijo Eddard frente a la cara de interrogación de su hijo mayor -Debo discutir personalmente un tema con Lord Bolton, por lo que se quedará en Invernalia durante unos días. Espero que todos se comporten de una manera esperable a vuestras cunas. Y si, Domeric viene con él.

Esto último fue recibido con alegría por todos los presentes, especialmente Robb, Edric y Sansa. El único hijo de Lord Bolton había pasado su adolescencia como pupilo en el Valle, por lo que al volver al Norte su padre lo había enviado a Invernalia para presentarse ante Lord Stark. El solemne Bolton era todo lo contrario a lo esperado por alguien de su casa, y por ello había trabado rápidamente amistad con los Stark y especialmente con Robb, con quién compartía la pasión por los caballos, y Sansa, a quién había cautivado con su dominio del arpa y las historias de caballería en el Sur.

Desde su primera visita Domeric solía venir bastante seguido a Invernalia, donde había llegado a quedarse desde días hasta incluso un par de meses. Como una vez le confió a Edric, en Fuerte Terror se sentía bastante solo y nostálgico por sus amistades del Valle, donde llegó a considerar a los hijos de Lord Redfort como a hermanos. Por ello es que trataba pasar tanto tiempo como podía en Invernalia, junto a sus habitantes.

La comitiva Bolton consistía en Lord Roose y Domeric, acompañados de una veintena de guardias. Tras entrar por la puerta estos se dirigieron hacia el patio principal de Invernalia, donde Lord y Lady Stark los esperaban junto a Robb, Sansa, Edric y Theon Greyjoy. Lord Bolton desmontó y puso una rodilla en el suelo frente a su señor.

-Mi señor, mi señora. La Casa Bolton se encuentra a vuestro servicio. –dijo Roose.

-Levantaos, Lord Bolton. –dijo un extremadamente serio Eddard Stark a su banderizo. –Sed bienvenidos a Invernalia. Espero que no hayáis tenido inconvenientes en vuestro viaje.

-Ninguno mi señor, el Norte está bien manejado por su gobernante y su territorio está libre de bandidos. –respondió Lord Bolton mientras volvía a pararse. Observó a los presentes con sus perturbantes ojos incoloros.- Además parece que la Guardia de la Noche ha cumplido con su deber en el último tiempo. Han pasado lunas desde que recibí el último reporte de salvajes en mis tierras.

-Lord Umber me ha dicho lo mismo, cada vez hay menos reportes de salvajes en sus tierras y el Agasajo. –dijo Lord Eddard. – Pero también hay reportes desde la Guardia de la Noche de que está surgiendo un nuevo Rey-Más-Allá-del-Muro, y eso me preocupa. Pero bueno, para hablar de eso estáis acá, según vuestra carta.

-Sobre eso, y otras cosas mi señor –respondió enigmáticamente Lord Roose.

-Habrá tiempo para ello, pero antes pasad a comer y beber. Mi mayordomo los dirigirá luego a los aposentos que les han sido preparados.

-Estaría muy agradecido.

Lord Bolton y Lord Stark entraron al castillo, seguidos por Theon y Lady Stark. En cambio Robb, Sansa y Edric esperaron a que estos entraran antes de saludar efusivamente al hijo del Señor de Fuerte Terror.

-¡Domeric! ¡Tantas lunas sin vernos! Ya parecía que estabas evitándonos. –dijo Robb, sonriendo mientras abrazaba a su amigo. El Bolton pareció un poco cohibido inicialmente, pero rápidamente sonrío y devolvió el abrazo.

-Es un gusto verte nuevamente Stark. Te ves bien, incluso pareces un poco más relleno. –bromeó Domeric, tras saludar al heredero de Lord Stark. Ese fue el momento en que los huargos de ambos Stark decidieron aparecer. Viento Gris movió la cola al ver al Bolton mientras Dama lamía su mano. Domeric sonrío al saludar a los lobos.

Tras ello el hijo de Roose Bolton se giró hacia Sansa, antes de hincar una rodilla en el suelo. –Lady Sansa, hoy sois una visión. Hasta la mismísima Doncella sentiría envidia. –La pelirroja se sonrojó mientras ofrecía su mano para que el Bolton la besara.

-D-Dom –balbuceó Sansa, ruborizada. – Ha pasado tiempo desde vuestra última visita. Espero que no os haya ocurrido nada.

-En absoluto querida Sansa. Simplemente mi padre requirió que me quedará una temporada en Fuerte Terror para conocer mejor nuestras tierras. –respondió Domeric. Su cara se tensó un momento al decir eso, como si hubiera recordado algo desagradable. -Pero no te preocupes, aproveché el tiempo para componer una nueva melodía en el arpa. Me sentiría honrado si me acompañáis con vuestra voz al tocarla.

-Por supuesto que lo haré. Será un placer –dijo Sansa, aún sonriendo.

Finalmente Domeric saludó a Edric.

-¡Pero si es mi amigo dorniense! ¿Has vencido a más caballeros del Valle en mi ausencia? –dijo el Bolton, bromeando pero sin burlarse.

- Lamentablemente no he tenido la ocasión. Quizás Lord Royce corrió la voz y ahora me evitan.-dijo Edric sonriendo.

- Lamentable es que no haya estado aquí al mismo tiempo que los Royce. Compartí en varias ocasiones con Andar, Robar y el propio Waymar cuando vivía con los Redforts. –respondió Domeric, con una sonrisa melancólica- De todos modos me parece excelente que le hayas enseñado un poco de humildad a Waymar. Siempre fue un petulante, todo lo contrario a sus hermanos mayores.

-¿Ves que tenía razón Sansa? –dijo Robb –Hasta Dom sabe que ese sureño era un imbécil. Lo único rescatable de él es que haya decidido unirse a la Guardia de la Noche.

-¡Robb!

-¿Qué? Solo digo la verdad.

Edric, Domeric y el propio Robb rieron.

-*-*-*-*.

- Todas estas señales, mi señor, solo confirman lo que la Guardia de la Noche temía. Un nuevo Rey-Mas-Allá-del-Muro ha surgido, y probablemente sea el más fuerte que ha visto el Norte desde el tiempo de nuestros bisabuelos. –dijo Roose Bolton. –Los reportes de salvajes han disminuido drásticamente, lo que sería una buena noticia sino fuera porque los pocos que han cruzado, y que han sido capturados, nos dicen que todos los clanes y sus miembros se han unido tras el tal Mance Rayder, y que se están preparando para intentar cruzar el Muro todos juntos. El ejército que podrían reunir sería uno que requeriría a la mayoría de las fuerzas del Norte para poder detenerlo.

- Gracias por vuestras palabras Lord Bolton –respondió Eddard Stark. – Debo consultar con Lord Comandante Mormont antes de tomar una decisión, pero creo que ya se está haciendo inevitable el llamado a los banderizos. Lo mejor por ahora será empezar a preparar las armas y acumular pertrechos para la guerra, y avisar a los hombres que hay posibilidades de que sean llamados pronto para combatir, con el fin de que tengan las cosechas a punto. Por suerte ha sido un largo verano y los graneros están a rebosar.

-Usted lo ha dicho mi señor. Los dioses nos han sonreído –respondió inexpresivamente el señor de Fuerte Terror. – Ya que parece que hemos concluido con respecto al tema de los salvajes, espero que no os sintáis ofendido si paso al siguiente.

-En absoluto. Según veo queréis discutir la posibilidad de un matrimonio de vuestro heredero con…

-Con quién vos consideréis conveniente mi señor –lo interrumpió Roose. – Este es un tema de vital importancia para mi casa y por ende para todo el Norte, y es por ello es que considero de que vuestra palabra es necesaria en este asunto. Ya soy un hombre viejo y aunque me volviera a casar, un eventual hijo que tuviera no llegaría a la mayoría de edad antes de que yo muriera. Domeric es mi único hijo y heredero y la supervivencia de la Casa Bolton está sobre sus hombros. Además de él no hay nadie. Su único pariente era su hermano bastardo y ahora él está muerto. Si Domeric muere sin descendencia Fuerte Terror pasará a Lady Dustin, su familia más cercana.

Ned mantuvo una mirada impávida, pero si pudiera hubiera hecho una mueca. Roose Bolton estaba jugando de una manera muy inteligente sus cartas. Al dejarle la responsabilidad a Eddard sobre el compromiso de su heredero, estaba poniendo en sus manos una tarea de muchísimo cuidado de la cual podrían salir muchas cosas mal. La peor de las cuales era el caso mencionado por el señor de Fuerte Terror.

El odio de Lady Dustin por la casa Stark había comenzado desde el momento en que Brandon se comprometió con Catelyn Tully, y había alcanzado niveles alarmantes tras la muerte de William Dustin en Dorne. Tener la enemistad de dos de las casas más poderosas del Norte era algo impensable para la estabilidad de la Casa Stark.

-Comprendo. –respondió finalmente Lord Stark – Debido a la gravedad del asunto debo reflexionar al respecto antes de tomar una decisión.

-Eso es perfectamente entendible, mi señor. Lo dejo en vuestras manos. Pero si me permitís el comentario, debo decir que vuestra hija mayor ha trabado una entrañable amistad con Domeric. Para que lo tengáis en cuenta.

-Lo tendré en cuenta Lord Bolton. –respondió Ned, levantándose y dirigiéndose a la puerta de su despacho– Intentaré tener una respuesta lo antes posible. Pero por ahora vamos. Hay un banquete en honor a vuestra visita.

-*-*-*-*.

Lord Bolton partió dos días después de esa conversación con Lord Stark, pero Domeric decidió permanecer en Invernalia por un tiempo, petición que fue aceptada por el Guardián del Norte.

Edric, Robb, Jon, Theon y el joven Bolton cabalgaban por el Bosque de los Lobos, junto a Viento Gris y Fantasma y unos cuantos guardias. El grupo había estado persiguiendo un venado que los huargos habían rastreado desde las afueras de Invernalia. El noble animal había tenido una gran resistencia, y había sido un desafío para los cazadores, pero finalmente los huargos lo acorralaron y una flecha de Greyjoy terminó con su vida. Ahora el grupo volvía a la fortaleza con una arroba de carne de venado para cocinar.

Robb y Theon charlaban sobre la última visita del kraken al burdel de Ciudad Invernal, tema en el cuál Greyjoy poseía maestría. Un par de metros más atrás Edric intentaba entablar conversación con Jon y Domeric, ambos silenciosos por naturaleza.

-Entonces si es que un enemigo intenta lanzar un golpe de manera paralela al cuerpo, lo mejor no es bloquearlo, sino desviarlo.- explicó Edric, repitiendo una lección que Lord Stark les había enseñado a él y Robb. – La fuerza de un golpe que va totalmente hacia abajo puede romper tu espada.

-Lo mejor es esquivarlo –respondió Jon. – Si no lo desvías bien puedes terminar recibiendo el golpe en la mano, y creo que a ninguno de nosotros le gustaría ser manco.

-Coincido en que lo mejor es esquivarlo y en que no nos gustaría ser mancos. –dijo Domeric. – Pero si tienes una buena espada, no debes preocuparte al bloquear un golpe. Salvo que sea un hacha.

Los tres rieron.

-Dom, llevó un tiempo haciéndome una pregunta. ¿Por qué pasó tanto tiempo antes de que vinieras a Invernalia, y por qué cuando por fin volviste tu padre te acompañó? –preguntó Jon, mirando a su amigo. Edric también miró con curiosidad al Bolton.

Domeric puso una cara seria antes de hablar.

-Es una historia complicada. –masculló, notoriamente incómodo.- De hecho mi padre prefiere que se mantenga en reserva. –dicho eso, miró primero al bastardo, y luego al dorniense, estudiándolos por un instante con esos ojos tan inquietantemente parecidos a los de su padre. Al final decidió hablar. -Pero ustedes son mis amigos, y confío en que sepan guardar secretos, o por lo menos no andar divulgándolo a los cuatro vientos.

-Claro que somos tus amigos Dom –dijo Edric – Puedes confiar en nosotros. Mientras Theon se mantenga con Robb no tienes que temer por tu secreto,

-Aprecio eso, Ed. –respondió Domeric, con una sonrisa triste. –Pues bien, es así. Como bien saben, soy el único hijo de mi padre, siendo mi fallecida madre hermana de Lady Dustin e hija de Lord Ryswell. ¿Me siguen?

-Si Domeric, continúa. –dijo Jon, acomodándose en la silla de montar.

-Pues bien. Mi infancia fue bastante solitaria. Ninguno de mis hermanos sobrevivió más allá de la cuna, y mi madre murió por una fiebre a fines del último invierno, así que hace mucho tiempo que abandoné la esperanza de tener hermanos. –dijo el heredero de Roose Bolton. –Por ello es que cuando mi padre me envió al Valle como pupilo, llegué a considerar a los hermanos Redfort como a mis propios hermanos.

-Una vez me hablaste de ello, y luego me dijiste que con nosotros te pasaba lo mismo, y por eso pasabas tanto tiempo acá y no en Fuerte Terror –dijo Edric.

-Eso es correcto mi amigo dorniense. Al volver del Valle nuevamente me sentí solo hasta que los conocí a ustedes, alabados sean los dioses por ello. –respondió Domeric, permitiéndose una sonrisa. Sin embargo pronto se desvaneció, y su cara retomó una expresión seria. –Pero ahora viene lo importante. La última vez que volví a Fuerte Terror desde Invernalia, escuché una conversación entre unos mozos de cuadra que me dejó helado.

-¿Qué dijeron? – preguntó Jon, tan interesado como el propio dorniense.

-Los escuché hablando que había llegado al castillo otra víctima del bastardo de Lord Bolton pidiendo justicia. –dijo Domeric, bajando la vista.

-¿El bastardo de Lord Bolton? –Jon también se puso serio al escuchar tal frase – ¿Tú padre tiene un hijo bastardo?

-Sí, y yo no tenía la menor idea. –respondió Dom, con la mirada fija en el vacío. – Mi padre nunca me lo había dicho. Al escuchar a los caballerizos diciendo eso, mi primera reacción fue interrogarlos, y tras ello ir inmediatamente al lugar donde estaba mi medio hermano. En el momento pensé en que sería alguien como tú, Jon. Alguien diferente pero a la vez parecido a Robb. Lo mismo que el hijo bastardo de Lord Redfort con sus hijos. –Domeric se puso nuevamente serio – Pero entonces procesé la segunda parte de la conversación de los caballerizos. Que una víctima de él había venido a pedir justicia. Que afortunado fui.

-¿Qué? ¿Por qué? – inquirió Edric.

- Porque tras escuchar eso tomé la decisión de confrontar a mi padre, antes de simplemente tomar un caballo e ir a ver a mi medio hermano. –respondió el Bolton. – Nunca vi a mi padre tan tenso como en aquella ocasión, y él nunca ha destacado por su jovialidad. –Domeric se estremeció – Primero me interrogó sobre cómo había averiguado de él, no hace falta decir que dos caballerizos no volvieron a Fuerte Terror. Luego procedió a decirme que era mejor que me mantuviera alejado de mi hermano. Que no tuviera esperanzas de que alguna vez podríamos tener una relación cordial de hermanos. Me dijo que mi hermano era un monstruo y de que me haría daño si pudiera.

-¿Tu propio hermano te haría daño? –preguntó Jon, incrédulo.

-No es algo tan extraño Jon, incluso han habido guerras entre hermanos. Piensa en la Danza de los Dragones o en las Rebeliones Fuegoscuro.. –dijo el dorniense, compartiendo la tensión de Domeric. – No todas las familias se llevan tan bien como ustedes. Yo mismo tengo que cuidar mis espaldas de mis parientes de Ermita Alta, ya les he dicho tipo de persona es mi primo Gerold.

-La verdad es que yo reaccioné de la misma manera que Jon. Creí que la reacción y las palabras de mi padre fueron causadas por la sorpresa de que haya descubierto su pequeño secreto. Que tonto fui. –dijo Domeric, sonriendo tristemente. –Una semana más tarde, aprovechando que mi padre había salido a reunirse en Bastión Kar con Lord Karstark por un problema con bandidos. Tomé mis cosas y algunos caballos. y salí acompañado de un par de guardias hacia donde averigüe que vivía mi hermano. Esa decisión casi me costó la vida.

Ante la mirada tensa de Edric y Jon, el joven Bolton continuó.

-Los dos guardias que me acompañaron eran arqueros, unos de los mejores cazadores de mi padre. Al acercarnos a la aldea donde vivía mi medio-hermano, les pedí que se mantuvieran a una distancia cercana, pero que no revelaran su presencia. Hablé con uno de los campesinos y me dijo que la persona que buscaba había salido a cazar hacia el oeste, y que sí me apuraba lo alcanzaría.

"Cabalgué durante un tiempo hacia el poniente hasta encontrar un rastro de huellas recientes. Tras ello empecé a seguir las huellas hasta que se adentraban en un bosque. Solo llevaba un par de minutos en el bosque cuando escuché los gritos."

"Mis guardias también lo escucharon y se acercaron hacia mí. Les ordené que se mantuvieran aún más atentos y que si veían cualquier cosa me avisaran. Fue así cuando poco tiempo después vi a la chica."

"Estaba desnuda y ensangrentada, mientras huía de dos perros persiguiéndola. Su respiración y su cara mostraban que ya llevaba varios minutos así, y que no duraría mucho más. Sin dudarlo desenfundé mi espada y corrí hacia ella. Al alcanzarla la coloqué tras de mí, y lancé un mandoble al primer perro que se me tiraba encima. El animal no se lo esperaba y murió casi instantáneamente. El segundo perro se me tiraba encima, pero antes de ello dos flechas lanzadas por mis acompañantes desde los arbustos lo atravesaron matándolo."

"La chica no dejaba de gritar y llorar, mientras se aferraba a mis rodillas y balbuceaba algo inentendible. Trataba de calmarla cuando sentí una rama quebrarse. Me di vuelta y ahí estaba."

"Era de contextura gruesa y más bajo que yo. Y nadie podría decir que estaba mintiendo si es que dijera que era horrible. Estaba vestido con ropa común y armado con un cuchillo largo. Creía que era un campesino cualquiera, hasta que vi sus ojos. Pálidos e incoloros, de la misma tonalidad que mi padre. Esa bestia era mi hermano. Al verme mostró una expresión de enojo antes de hablar."

-Vaya, ¿qué es lo que tenemos aquí? –dijo el bastardo. -¿Quién eres tú y porque te atreves a anteponerte en mi cacería?

-Soy Domeric Bolton –respondí, apuntándolo con mi espada- Heredero de Lord Bolton, señor de estas tierras. Y tú estás quebrando la ley. Suelta ese cuchillo si no quieres morir.

"Al escuchar mi nombre su cara expresó sorpresa, para luego echarse a reír."

-¿Eres mi hermano? ¿Tú? –preguntó tras parar de reír. - ¡Pero si pareces un caballero sureño! No luces como un verdadero Bolton.

"Mientras decía eso empecé a oler un olor putrefacto. Pero el bosque era cerrado y no quería apartar la vista de mi hermano, así que no me preocupé."

-¿Qué sabes un bastardo como tú acerca de lo que es ser un verdadero Bolton?-pregunté, manteniendo la distancia con él. Sentí como el olor de antes aumentaba.

-¿Bastardo? –su cara refulgió de furia al escuchar esa palabra. – Lamentarás haber dicho eso. –sonrió nuevamente, sus ojos expresaban locura– Creo que me haré una bonita capa con tu piel, el invierno se acerca y me será útil. Lo haré manteniéndote vivo hasta el final. Arrancándote cada trozo de piel con cuidado, hasta que me pidas que te mate para terminar con el dolor. –noté como mientras hablaba hacía una seña con su mano. El olor alcanzó su punto más alto, y escuché una rama quebrarse entre los arbustos. – Así te demostraré que es ser un verdadero Bolton.

"No había terminado decir eso cuando una sombra saltó desde los arbustos a mi lado. La sombra era un hombre encapuchado con un cuchillo parecido al de mi hermano, con el que intentó decapitarme. Pero noté inmediatamente que el hombre no sabía blandir su arma, y que probablemente nunca le habían enseñado."

"Alcancé a levantar mi espada y bloquear su golpe, tras lo cual me lanzó otro y otro. Tras bloquear todos, contraataqué y le herí en un brazo. El sujeto gritó e intentó tirarse encima de mí, fue su último error. Lo esquivé y lo atravesé con mi espada en la mitad del torso. Debo haberle atravesado el corazón, estaba muerto antes de caer al suelo."

"Saqué mi espada de su cuerpo, y sentí al bastardo corriendo a mi encuentro, intentando atacarme por la espalda. Me di vuelta con la intención de encararlo. Iba blandiendo el cuchillo como un desquiciado, sonriendo con una expresión de locura y sin ninguna preocupación por su defensa. Lo único que le importaba era matarme."

"Estaba a un par de metros cuando una flecha le atravesó el cuello. La fuerza del golpe casi lo bota al suelo, pero logró mantenerse en pie, y sabiendo que su muerte estaba próxima intentó matarme antes de ello. Avanzó otro paso, pero la siguiente flecha le atravesó un ojo y lo hizo caer al suelo. No se volvería a levantar."

"Desde atrás los guardias de mi padre aparecieron corriendo, apuntando con sus flechas a los cuerpos aún calientes. Solo cuando comprobaron que no se volverían a levantar bajaron las armas. Me preguntaron si estaba bien o si me habían herido. Les dije que estaba ileso, que se preocuparan de la chica."

"Tras atenderla, ambos me instaron a volver lo antes posible a Fuerte Terror. Los cuerpos de esas bestias se los dejamos a los lobos. Logré encontrar la fuente del olor que sentí durante la pelea. Era el cuerpo del acompañante de mi hermano, hasta su propia sangre tenía ese olor. Dejamos a la mujer en la aldea y volvimos a casa. Durante el camino les aseguré a mis acompañantes de que no se preocuparán por lo acontecido, que yo hablaría a mi padre personalmente sobre lo ocurrido."

Domeric hizo una pausa antes de seguir. Edric se había quedado sin palabras ante lo narrado por su amigo. Jon no se veía mucho mejor. Su amigo continuó con la parte final de su historia.

"La reacción de mi padre tras contarle lo sucedido fue contradictoria. Pasaba de furia a preocupación de un momento a otro. Lo primero que hizo fue interrogarme hasta el último detalle de lo sucedido, y luego hizo lo mismo con los guardias. Después de ello, envió a Patas de Acero y a seis soldados más a la aldea, junto a uno de los arqueros que había estado conmigo."

"Su misión era hacer desaparecer los restos de los cuerpos y asegurarse de que la chica no hablara de lo sucedido, fuera necesario para ello tierras, oro… o en un último caso, acero. Mi padre me prohibió volver a la aldea así que espero que ella haya elegido bien."

"Luego de eso, me abofeteó. Solo una vez. Me dijo que lo que nunca más lo desobedeciera. Que yo era su legado, y que si me pasaba algo nuestra Casa desaparecería. Me obligó a permanecer en mis aposentos durante medio mes antes de dejarme salir nuevamente. Desde ese día no ha comentado lo ocurrido."

Edric, Jon y Domeric continuaron cabalgando en silencio. Invernalia ya estaba a la vista. Nadie habló el resto del camino.

.*-*.^*-*.

-¿De verdad piensas comprometer a Sansa con el hijo de Lord Bolton? –preguntó Catelyn.

Su cabello rojizo caía como una cascada hacia el lecho que ambos compartían. Lord y Lady Stark pasaban mucho tiempo juntos en las habitaciones de la hija de Hoster Tully, y aunque ninguno de los dos estaba desesperado por un nuevo hijo, tampoco lo evitaban. Otro Stark siempre sería bienvenido. Bien sabía Ned que la familia podía desaparecer de un momento a otro.

-Tengo que por lo menos evaluarlo, Cat. El encargo de Lord Bolton fue implícitamente, una solicitud de su mano. –respondió Ned, incómodo al recordar los ojos del señor de Fuerte Terror- Los Bolton son nuestros vasallos más fuertes, incluso más que los Manderly. Y a diferencia de Lord Wyman, no soy muy proclive a probar la lealtad de Roose Bolton. Bien saben mis antepasados lo fuertes que son las murallas de Fuerte Terror y lo cruel que pueden llegar a ser sus habitantes.

-Pero Ned, Sansa es nuestra hija mayor. Su mano debería estar reservada al hijo de un Gran Señor sureño. Los Tyrell tienen dos hijos solteros. El príncipe Doran también, incluyendo a uno de casi la misma edad de Sansa. Los Hightower, los Redwyne, los Royce, los Redfort. ¡Hasta el mismísimo Renly Baratheon está soltero, Ned! –insistió su esposa. - ¿Qué ganarás casando a tu hija con uno de tus propios vasallos?

- Su lealtad. –respondió fríamente Ned. –No me interesa hacer alianzas con sureños. Los Stark pertenecemos al Norte y aquí debemos permanecer. –el Señor de Invernalia sonrío a su esposa. –Yo tuve suerte de encontrar la felicidad contigo Cat. Pero un matrimonio es una apuesta arriesgada, y no pienso apostar la felicidad de mi hija al criterio de un sureño que no conoce el honor.

-Entonces piensa en la felicidad de tu hija. –dijo su esposa - ¿De verdad crees que ella quiere pasar el resto de su vida aquí, en el Norte? Sabes que ella no es así. Sansa sueña con caballeros y torneos, con flores y bardos. Ella no encontrará eso aquí.

-Ella no será siempre una niña. El invierno se acerca, y ella es una Stark. –respondió Ned. – Además, tampoco la estoy obligando a casarse con un Umber o un Mormont que jamás ha visto en su vida. Domeric ha compartido con ella los últimos años, y está más que claro que ambos se aprecian. ¿Acaso lo dudas?

-No dudo de Domeric, dudo de su padre y su familia.

-Ambos sabemos que él no se parece a su padre.

-¡Quizás ahora que vive con nosotros Ned! ¿Quién sabe cómo será en Fuerte Terror? ¿Qué pasa si resulta ser un sujeto cruel que la golpea y la tortura por diversión?

-No lo es, ni lo será. Su padre siempre fue el mismo tipo de persona, aún a la edad de Domeric. Está más que claro que Domeric salió a su madre. –respondió Lord Stark. – Y aún en el caso extremo de que tuvieras razón, ¿dudas que Robb o yo llamaríamos a los abanderados para exigir justicia por una hija del Norte? Los Bolton serían culpables a los ojos de los hombres y los dioses. Estarían solos frente a nuestra furia.

-No me reconfortan tus palabras Ned. Lo intento, pero no puedo. –dijo Catelyn con una mirada triste, Eddard rápidamente la abrazó.

-Sabemos que tarde o temprano llegaría el día en que nuestros hijos empezarán a dejar el nido. Agradezcamos el tiempo que nos queda con ellos. –le dijo Ned.

-¿Y en último caso por qué no la comprometes con Edric? Robb me ha dicho que ha estado enamorado de ella prácticamente desde que llegó. –insistió Catelyn. – Y aunque me cueste admitirlo, a diferencia de los Bolton no dudo del honor de los Dayne.

-No pienso comprometer a Sansa con Edric, lo pensé y lo deseché hace mucho tiempo. Sansa no sería feliz en Dorne. Tengo otros planes para Edric. –respondió Ned.

Cat parecía derrotada, pero aún tenía un último as bajo la manga.

-Hemos hablado de hijos de señores del Dominio, el Valle, Dorne e incluso el propio Renly Baratheon. Pero no hemos hablado de alguien muy cercano a ti –dijo Catelyn con una mirada indescifrable.

-A veces no me gusta la ambición que tienes Cat. –dijo Ned, suspirando.

-Alguno de nosotros debe tener ambición por ambos, mi señor. –respondió su esposa, sonriendo – El príncipe heredero es de la edad de Sansa, está soltero y tampoco está comprometido. El Rey es tu mejor amigo. Tus nietos podrían sentarse en el Trono de Hierro.

-¿De verdad quieres que envíe a Sansa a ese nido de víboras que es Desembarco? –respondió Ned, incrédulo.

- Tu hija sería reina. – respondió Catelyn, tranquilamente - Seria la madre de reyes. Caballeros se matarían peleando por su favor en un torneo. ¿Crees acaso que no sería feliz?

-Temo por su seguridad. Robert es mi mejor amigo, pero aun así ha cometido errores en su vida que casi me han hecho desear nunca haberlo conocido. –Ned se revolvió en la cama, incómodo. El recuerdo de la Sala del Trono tras el Saqueo de Desembarco, de esos dos cuerpos cubiertos de capas carmesí, la sonrisa de Robert, -"Prométemelo Ned"-… Era algo que por más que deseaba no podría nunca olvidar.

– Además, el príncipe heredero no es solo hijo de Robert. Su madre es una Lannister. –continuó el Señor de Invernalia, alejando esos recuerdos de su mente. – Es el nieto de Tywin Lannister, es de la sangre del Matarreyes, ¿Qué pasará si el príncipe se parece más a la familia de su madre que a la de mi amigo?

-No podemos controlar todo, mi amor. –respondió su esposa con dulzura. –Solo podemos rezar a los dioses porque todo salga bien.

-Son nuestras decisiones las que sellan nuestro destino. –respondió Lord Stark, seguro. Todo pareció más claro tras esas palabras. -Confío en Domeric. Aceptaré la oferta de Lord Bolton.

-¿Sabes que si Robert quiere unir a la Casa Real con los Stark deberás hacerlo, cierto?

-Él también tiene una hija. Si la ofrece para Robb. no dudaré en aceptarlo. Así Lord Karstark dejará de traer a Alys con cada una de sus visitas, y volveré a escribir a Yohn Royce para recordar viejas glorias, y no para hablar de posibles matrimonios. –el pensamiento era tentador para el Señor de Invernalia.

-Ambos sabemos que si el Rey quiere a una de tus hijas para su príncipe, eso será lo que tendrá.

-Por eso prefiero comprometer a Sansa lo antes posible. Antes de que Robert se acuerde de su amigo del Norte.

-No estoy de acuerdo Ned, pero confío en ti.

-Debemos estar unidos, Cat. Benjen debería llegar mañana o pasado a Invernalia, y debemos hablar de muchas cosas. Como me gustaría que no se hubiese ido al Muro. y ahora tener unos cuantos sobrinos lobo merodeando junto a nuestros hijos. –Ned sonrío tristemente frente a tal pensamiento.- Pero bueno, ya está hecho. Aprovecharemos el tiempo que el Primer Explorador de la Guardia de la Noche puede ceder a su familia lo más posible.

Ambos consideraron como terminada su conversación y se aprestaron a dormir.

En el Norte, los vientos helados comenzaron a avanzar hacia el sur. Y con ellos, criaturas de pesadilla, que no se habían visto en miles de años, se aprestaban a atacar los reinos de los hombres.

En el Este, una doncella de pelo plateado y ojos púrpuras se veía al espejo mientras se cepillaba. Nieta, hija y hermana de reyes de la sangre del dragón, la princesa exiliada se aprestaba a casarse con un señor de la guerra en un matrimonio que no quería.

Y en el Sur, un cuervo volaba rumbo al Invernalia con una carta atada a su pata. La carta tenía el sello del venado coronado, y traía malas noticias para el Señor del Norte, que sentiría por segunda vez en su vida lo terrible que es la muerte de un padre a la distancia.

El juego de tronos había comenzado, y Poniente lo pagaría con sangre.


N.A: Para tener personajes con edad mayor que la original y así dar mayor flexibilidad a la historia, los sucesos del primer libro ocurrieron 2/3 años más tarde (300 A.L.). Entiéndase que los hechos que dieron inicio a la saga (la muerte de Jon Arryn, la boda de Daenerys y el inicio del final del verano) ocurrieron más tarde.

La narración no es necesariamente lineal.

Si bien esto partió con la sola premisa de "Edric Dayne como pupilo en Invernalia", habrá cambios cada vez mayores mediante avanza la trama. El argumento que hemos visto en los libros será el esqueleto, pero la historia final será radicalmente diferente.

Con respecto a Domeric: Al volver del Valle su padre lo envió a Invernalia a presentarse ante los Stark. Ahí se hizo amigo de Edric, y este lo presentó al resto de la familia, generando un vínculo con ellos que haría que el Bolton no se preocupara de su hermano bastardo hasta mucho después que en el canon. Al haberse atrasado la historia algunos años, Ramsay no pudo aguantar sus instintos psicóticos más tiempo y comenzó a hacer atrocidades con Ned Stark aún vivo, sucediendo lo narrado por Domeric.