Hola ^^ Estoy subiendo estos primeros dos capítulos porque los tengo hechos, pero los otros probablemente tarden un poco más porque tengo escrito hasta la mitad del tercero

Espero que les guste la historia, cabe aclarar que es la única que no abandoné por completo a las dos páginas...

Capitulo 2: Despedidas

Miré hacia el techo para solo llenarme más de rabia ante lo lujoso que este era, blanco con decoraciones rojas y doradas. Las paredes estaban tapizadas de terciopelo rojo, al igual que el sofá donde me encontraba sentada.

Esta era la sala donde los tributos cruzaban algunas últimas palabras con sus amigos y familiares. Yo no tenía ni idea de cómo era este lugar antes de venir ya que muy pocos habían entrado acá y vuelto para contarlo.

Levanté la vista al escuchar que alguien abría la puerta y vi a mi familia, seguida de dos agentes de la paz.

-Tienen dos minutos- Dijo uno de ellos con voz brusca, empujándolos adentro.

Adara cruzó la habitación, con lágrimas en los ojos y me abrazó. Me puse un poco tensa por unos segundos, tratando de calmar mi propio llanto. Luego la abracé, sintiendo que los músculos de los brazos a duras penas me respondían.

-Johanna…No vas a irte ¿Verdad?-Me preguntó con la voz temblorosa.

Levanté la cabeza, no sabía cómo responder a eso y por eso decidí mirar a mis padres, que nos miraban a ambas con ojos tristes y preocupados.

-No…no voy a irme…-Dije, empujándola levemente para que se moviera de encima de mí, aunque hasta ella sabía que le estaba mintiendo.

Adara se aferró más a mí, pero esta vez yo no la alejé.

-Promete que vas a ganar-Me dijo al oído, como si ella creyese que yo iba a ser capaz de hacerlo.

-No puedo prometértelo…pero voy a tratar-Le dije, corriéndole un mechón de pelo de la cara.

Adara asintió y se alejó de mi para dejarle espacio a mis padres. Mi madre se acercó y se acuclilló para posar una mano en cada uno de mis hombros. Cuando habló, su voz se quebró un poquito.

-Hacé lo que esté a tu alcance para ganar, por favor… -Me dijo.

Yo asentí, no podía hacer otra cosa que eso ahora mismo. Mi padre se acercó y me miró con seriedad. Cuando habló lo hizo en voz alta y clara.

-Johanna…hacé tu mejor esfuerzo, yo se que si lo haces vas a tener una buena oportunidad de ganar. Tenés la fuerza física y emocional necesarias para ganar eso.-Me dijo, esa última frase fue probablemente la que me dio el verdadero coraje que necesitaba en ese momento. Yo, por alguna razón que todavía sigo sin conocer, sabía que mi padre hablaba enserio en ese momento. Que siempre lo hizo.

Tras unos instantes de silencio, los mismos agentes de la paz se asomaron por la puerta y dijeron que el tiempo se había agotado. Mi familia se levantó de su sitio y Adara rompió a llorar nuevamente mientras la arrastraban fuera de la habitación.

-Hasta luego, Johanna- Dijo mi padre antes de que la puerta se cerrara.

Abrí los ojos de par, reflejando por primera vez en ellos algo de esperanza. El único problema que le veía a todo esto eran los patrocinadores, sin duda necesarios para ganar. Y yo la había cagado con mi reacción en la cosecha. De todas formas, solo quedaba esperar.

La puerta se abrió nuevamente para dejar entrar a una sola persona. Uno de mis amigos, Kyle. Era un chico de la escuela, no iba a mi clase pero lo había conocido mientras trabajábamos, a él también le gustaba ayudar a su padre con el trabajo. Era alto y delgado, aunque algo musculoso en los brazos, músculos que había ganado gracias a su trabajo como leñador. Tenía la misma edad que yo, tan solo mayor por tres meses. Era bastante alegre y un poco bruto, pero esa era la principal razón por la que era mi amigo.

Se acercó a mi y noté su rostro algo sombrío, estaba también mirando para abajo, por lo que no le vi el rostro hasta que se acuclilló frente a mi y me miró.

-Hola- Dijo simplemente. Yo no pude evitar reírme un poquito, Kyle nunca había sido bueno en el arte de expresar sus sentimientos, lo mismo pasaba conmigo.

Lo miré y le dediqué una media sonrisa, las palabras de mi padre me habían quitado una parte del nerviosismo.

-Em…Lo siento, te juro que si yo fuera una chica me hubiese presentado voluntario por vos…-Me dijo, cosa que me hizo reír aún más, en verdad era malo con las palabras.-Bueno, ya sé que apesto en esto…solo quería…um…darte algo.-Dijo, rebuscando en el bolsillo de su chaqueta. Su mano salió por el otro lado de este y maldijo un poco-Mierda, no me digas que lo perdí.

Siguió buscando, mientras yo lo miraba con curiosidad. Metió su mano en el otro bolsillo y sus ojos se iluminaron, probablemente había dado con lo que buscaba, lo sacó del bolsillo y me lo tendió. Yo lo tomé y le di la vuelta en mi mano. Era una bolsita de tela llena con algo, un hatillo.

-Fijate en su olor… -Dijo Kyle.

Asentí y lo tomé con ambas manos para olerlo.

-Agujas de pino…-Dije, reconociendo rápidamente el aroma.

-Si…¿Lo llevarías en la arena? Así tendrías un recuerdo de tu casa incluso en ese campo de batalla-Me dijo con una débil sonrisa.

Yo asentí y lo coloqué en el bolsillo delantero de mi vestido. Ambos giramos la cabeza al escuchar que la puerta se abría, con el pulso acelerado. El agente de la paz que vino la vez anterior abrió la puerta y dijo, una vez más, que el tiempo se había acabado. Kyle se puso de pie y caminó hacia él.

-Hasta luego, Johanna, buena suerte-Me dijo, antes de que el hombre lo tomara del brazo y se lo llevara.

Otra vez me quedé sola. Lo supe cuando la puerta de la habitación se cerró, estaba sola. Me recosté en el sillón de terciopelo y cerré los ojos, quedándome dormida casi al instante.

Me despertaron unos ruidos. No sabía bien qué hora era ni cuanto había dormido, solo que la puerta estaba abierta y que el mismo agente de la paz de antes estaba parado en esta, esta vez estaba solo, por lo que el "horario de visitas" había terminado. Era tiempo de ir a la estación y subir al tren.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo a lo largo de la columna vertebral, como si me hubiesen deslizado un cubo de hielo por debajo de la camiseta. Parpadeé un par de veces para comprobar en vano si esto era un sueño. No, no lo era. Era la realidad. El agente de la paz hizo un gesto con la mano, indicando que lo acompañara, al parecer no querían usar su voz en estupideces.

Yo me puse de pie y estrujé el regalo de Kyle, asegurándome de que estuviese aún en el bolsillo de mi vestido. El hombre me agarró del brazo para que me apurara y me condujo a la salida, donde había tres personas más. Otro agente que tenía a Aaron firmemente agarrado del brazo y Bea, que esperaba con una sonrisa impaciente a nuestra llegada.

Caminamos los cinco hasta la salida del edificio de justicia donde había un lujoso coche esperándonos. Bea entró primero y nos hizo señas a Aaron y a mí. Los agentes, desconfiados, nos acercaron uno por uno a la puerta y nos empujaron dentro antes de cerrarla con fuerza. Yo los miré con odio por la ventana, pero ya se habían ido por lo que fue en vano

El coche arrancó y fue armándose camino entre las estrechas calles del distrito 7 y la gente que se amontonaba aún en la plaza. Yo no pude localizar a nadie conocido, por suerte. Pero miré todo el viaje por la pequeña ventana, tomando fotos mentales de casi todos los lados que podía.

Al cabo de unos minutos, el coche se detuvo en la estación de tren y tragué saliva, esto ya era demasiado para ser tan solo una pesadilla. Bea bajó primero y saludó a las cámaras que estaban estratégicamente colocadas para captar nuestros rostros. Aaron bajó justo después que Bea y esta le tomó la mano para que no se escapara al parecer. Yo bajé última y procuré tener la cabeza gacha para que no pudiesen ver mi rostro, por más que no estuviese llorando ya. Bea me tomó la mano y caminó con nosotros hasta el tren, cuyas puertas estaban abiertas. Nos hizo entrar y estas se cerraron inmediatamente. Eso fue rápido.

Bea volteó a vernos y sonrió.

-Bueno, chicos, este es el tren ¿No es hermoso? –Dijo, provocando ninguna reacción de nuestra parte, solo nos empeñábamos en ver por la ventana y poder captar con la mirada los últimos vestigios de bosque que íbamos a ver, o al menos de casa, ya que la arena podía ser tranquilamente un bosque.-Que…entusiasmo, bueno, voy a atribuirlo al cansancio, entiendo que fue un largo día y que probablemente se levantaron temprano. Voy a mostrarles sus cuartos.

Nosotros esta vez asentimos, por lo menos a mí me gustaba la idea de estar sola unas horas sin que esta extraña mujer me molestara. Caminó con nosotros atrás por un par de vagones hasta llegar a uno en el que había dos puertas idénticas una al lado de la otra.

-Esos son sus cuartos. Tienen cuatro horas para dormir una siesta, luego voy a despertarlos para que se cambien y vayan al vagón comedor a comer conmigo y sus mentores ¿Entendido?-Preguntó.

Nosotros asentimos, enserio ¿Qué más podíamos hacer? Cada uno se dirigió a sus respectivos cuartos. Yo me metí en la mía y me quedé espantada ante lo lujosa que era. Si, espantada. Era de seguro más grande que mi dormitorio en casa, incluso me animaría a decir que más grande que la sala. Tenía un vestidor relativamente grande lleno de ropa y una cama de una plaza y media. Al lado de la cama había una mesa de luz con una lámpara cara, un sillón de terciopelo y un escritorio con algunos papeles en este. Y, para agregar, una misteriosa puerta que probablemente era del baño, un baño privado.

Me senté en la cama e inmediatamente me hundí en el colchón de lo suave y blando que era. Me llevé una mano a la cabeza y toqué la cinta blanca que mi hermana me había puesto hoy. Me pregunté si era posible llevar dos "amuletos" en la arena, ya que me había olvidado completamente de la cinta. Me la quité y la estiré en mi manos para verla mejor, definitivamente, podía llevarla en el pelo cuando estuviera en la arena o enroscada alrededor de la muñeca.

Saqué el hatillo de mi bolsillo y até la cinta alrededor de la tela de este. Así estaba mejor y tenía menos riesgo de perder ambas. Me recosté en la cama, sin molestarme en taparme y cerré los ojos mientras sostenía el hatillo en mi mano, cerca de mi nariz para poder sentir el olor a pino de este.

Mis ojos se abrieron de par en par de repente, un pensamiento cruzó mi mente. Recordé la cosecha y como había reaccionado al escuchar mi nombre. Mierda. Seguro todo el país me tenía ya como una niña llorona, débil y patética. Yo tenía muy claro que no era así, que eso fue tan solo la liberación de la presión contenida.

Me pregunté también que pasaba con los tributos llorones en los juegos ¿Los masacraban primero o los dejaban para el final ya que eran presas fáciles? Eso y más eran la clase de pensamientos que producía mi mente cuando se ponía paranoica. El destino de los tributos débiles y poco inteligentes, que no era para nada mi caso, era definido solamente por los profesionales que hubiese ese año. Aunque yo recordaba que la mayoría de las veces, si lograban escapar, los dejaban ser, diciendo cosas como: "Lo mataremos después" o "Va a morirse solo, dejémoslo ser".

Una sonrisa apareció de la nada en mi rostro, ya sabía cómo cubrir mi mal comienzo, y, aún mejor, ya tenía una estrategia para los juegos.

Me desperté al rato, con un leve dolor en la espalda de tanto estar acostada en una mala posición, me había quedado dormida. Supuse que me había despertado por mi cuenta, pero comprobé que no al sentir unos golpes en la puerta, cada vez más insistentes. Maldije por lo bajo, era Bea ¿Quién más?

- Vamos, arriba niña-Dijo con una sonrisa-Te quiero en el comedor en veinte minutos-Termina, antes de cerrar la puerta, probablemente para avisarle a Aaron.

Me levanté de la cama a regañadientes y me di cuenta de que todavía estaba sosteniendo el hatillo, por lo que lo dejé sobre la cama y abrí el enorme ropero. Ahí encontré ropa bastante sencilla para mi sorpresa, ya que yo imaginaba un ropero lleno de ropa colorida y extravagante como la que usaba la gente del Capitolio. Elegí una blusa simple verde y unos pantalones de jean oscuros. Me vestí rápidamente, sin bañarme, ya no tenía tiempo; al parecer Bea tenía asumido que nos habíamos bañado en esas horas. Yo preferí dormir, además no quería quitarme tan pronto el aroma a casa. Agarré un par de botas de cuero, bastante parecidas a las mías pero más sofisticadas.

Una vez vestida, me peiné con los dedos y salí del cuarto. No recordaba bien donde estaba el comedor, pero seguro que lo iba a encontrar si vagaba por el tren. De seguro estaba para el lado de la salida. Aaron al parecer no había salido, o había sido más rápido, adelantándose a mí, y probablemente estuviese ya comiendo. Apreté los puños y me encaminé hacia la salida. Pasando por un par de vagones más, me topé con esta, seguí adelante, no había nada más para hacer.

Me detuve en un vagón al escuchar el sonido de cubiertos chocando con platos y platos siendo colocados sobre la mesa. El comedor, sin dudas. Me dirigí a la puerta doble y la abrí de par en par, de forma un poco brusca y entré en la sala.

Al entrar sentí cuatro pares de ojos clavados en mí y miré a mi alrededor. Bea, Naya, Blight y Aaron me estaban mirando fijamente. Parecían sorprendidos, Aaron incluso había dejado de servirse ensalada de patatas para mirarme boquiabierto.

-¿Qué?-Pregunté secamente, pasando por al lado de Naya para sentarme en mi silla, la única vacía.

Los había sorprendido y todavía no sabía por qué.


[J.A.1]Revisar