Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K.R.


Esta historia participa en el reto "Casas de Hogwarts" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


Marietta no escuchaba nada. Tampoco veía, ya que principalmente, el Sombrero Seleccionador le tapaba la vista. Habían pasado cerca de tres minutos, desde que la profesora McGonagall se lo había puesto en la cabeza. Tres minutos en los que había discutido con ese ajado y viejo sombrero.

—En fin —dijo el sombrero, al final—. No creo que esa casa sea la correcta para usted, Marietta Edgecombe, pero si usted esta segura de querer ir ahí... ¡RAVENCLAW!

La profesora McGonagall le quitó el sombrero, y Marietta corrió a unirse a su nueva casa, quién ya aplaudía por la bienvenida de su nuevo miembro. Ella se sentó junto a otra niña de primer año, de rasgos orientales.

—Soy Cho Chang —se presentó la niña.

—Marietta Edgecombe —dijo Marietta.


Había un par de meses, desde que Marietta se unió a la casa de las águilas. Dos meses, desde que había aprendido un don, del cuál no sabía que poseía. El de fingir.

Las cuatro casas de Hogwarts, destacaba cada una por una virtud distinta. Y la virtud que dio Rowena Ravenclaw, como la más importante, fue la de la inteligencia. Y, para desgracia de Marietta, aquello iba relacionado con horas de trabajo... trabajo para cosas muy lejanas.

Ella no entendía porque tenía que hacer una redacción para Transformaciones, aún con una semana por delante. Marietta, con hacerla un par de días antes, no tenía mucho problema.

Pero no, ella tenía que fingir. Ella tenía que fingir dedicarse a su trabajo, cuando en realidad no lo hacía. En su pergamino, solo habían apuntada varias cosas de forma apresurada, y algunas borrosas.

—¿Por qué no lo haces ya en limpio? —le preguntó Cho un día, viendo varias palabras sueltas, apuntadas en el pergamino de su amiga.

Marietta ni le prestaba atención. Estaba demasiado ocupada pensando en el partido de quidditch de mañana, que sería entre Ravenclaw y Hufflepuff. Sólo regresó a la realidad, cuando Cho chasqueó los dedos delante de ella.

—Lo siento, Cho —se disculpó Marietta—. Estaba distraída. ¿Qué decías?

—No pasa nada —dijo Cho—. Te preguntaba que por qué motivo, no lo hacías ya en limpio.

—Por si acaso —respondió Marietta, tapando el pergamino ligeramente—. No quiero hacer ya el trabajo, y luego encontrar algo que añadir. Prefiero hacerlo en sucio, y luego, pasarlo en limpio.

—¡Buena idea! —exclamó Cho—. ¡Podría hacer lo mismo! ¿Vamos a la biblioteca, Marietta?

Marietta quería gritarle que no quería ir a la estúpida biblioteca. Quería decirle que quería que se quedasen allí, jugando al ajedrez mágico o hablando sobre la impresión que recibirían mañana, al ver su primer partido de quidditch. Quería decirle que quería ir afuera, a hacer una pelea de bolas de nieve. Hacer cualquier cosa, antes que estar un viernes, por la tarde, encerradas en una biblioteca.

Pero no dijo nada de eso. Simplemente fingió una sonrisa.

—Claro.

Y dijo aquello, por la sencilla razón de que era una Ravenclaw. Y los Ravenclaw, tenían que ser aplicados en sus estudios, sin permitirse vaguear ni un instante.


Hola gente,

segundo capítulo del fourth-shot.

Realmente, no me gusta como ha quedado. Lo he escrito y borrado varias veces, hasta que ha salido esto. Pero sencillamente, sigue sin convencerme cómo ha quedado.

En fin, espero que os haya gustado.

Se despide,

Grytherin18-Friki.