A sus 10 años había sido abandonada en las puertas de esa oscura Mansión, entre lágrimas una mujer de piel bronceada y cabellos enmarañados le había dado un plato de comida, seguido de un necesitado baño después de haber dispensado de él en mucho tiempo,
tanto que había olvidado lo que era la calidez del agua golpeando su espalda, una ropa decente y abrigada para ese frío invierno de vísperas de Diciembre, una cama cálida y acolchada que en sus más sublimes sueños hubiese creído que existía, pero
lo más importante de todo, le había dado un cariño de madre, que ni en sus más esperanzadas fantasías su madre le había dado, sus hermanos mayores al verla como una carga habían encontrado la mejor manera de deshacerse de ella, y que mejor que tirarla
a la suerte en una oscuridad que se vio iluminada cuando la encontró ese ángel.

- Hoy te Presentaré al señor de la casa pequeña Ginny, no hables, no digas nada al menos que él te pregunte, ¿esta claro Ginny? - la pequeña solo asíntio con premura y sonrojada por ese tierno acortamiento de su nombre, se sentía en una nube, feliz, segura,
y maravillada, esa mañana de diciembre Ginevra Weasley decidió adoptar a Jane como la madre que siempre deseó tener, pero que el cruel destino optó por darle a otra.

- Amo Lucius, lamento interrumpir- un hombre de cabellos amarillos levanto su mirada hacia la exótica Jane, una sonrisa ladeada se formó en su rostro y un brillo desconocido para la pequeña pelirroja se formó en esos ojos grises- Tu nunca interrumpes
mí encantadora Jane, ¿ A que debo el placer de tu visita? - preguntó levantándose y caminado hacia ellas, solo para al fin notar la presencia de la pequeña rojiza, al acercarse a Jane posó sus labios sobre los de ella y con premura se agachó quedando
a la altura de la pequeña Ginevra - ¿Pero quien es esta hermosa pequeña, Jane ? - las manos masculinas se posaron en las sonrojadas mejillas de Ginny y una sonrisa encantadora se formó en los labios del señor, Ginevra había quedado encantada con esa
sonrisa, con ese simple roce de manos, para la pequeña era una incógnita sentir su acelerado corazón, sentía que en cualquier momento saldría de su pecho e impactará con el pecho grande y amplio del rubio - Soy Ginevra Weasley - respondió sin titubear
la pequeña, ganándose una mirada acusadora por la morena, reprendiéndola con la mirada por haber abierto su boca, cuando la pregunta no iba formulada a ella - Amo Lucius, quería pedirle por la niña, si usted lo permite quiero darle un techo donde
crecer, a sido abandonada a las afueras de la mansión - Lucius le regalo una última mirada a la pequeña pelirroja mientras erguía su cuerpo a la altura de la Morena, dejando de existir nuevamente para el, - Sabes que puedes hacer lo que te plazca
mi amada Jane, no necesitas de mi autorización para esas trivialidades- la pequeña pelirroja sintió un pinchazo en su pecho, ella quería volver a clamar su atención, deseaba con todas sus fuerzas que la mirara como miraba a su amiga Jane - Gracias
Amo Lucius - le dio un pequeño beso en los labios y tomo a la pequeña de la mano para salir a paso apresurado del despacho del rubio, sus piernas temblaban mientras la morena aceleraba el paso, llegando en pocos segundos a su habitación.

- Desde hoy es definitiva tu estadía en la mansión pequeña Ginny, no habrá nadie que te saque de esta casa al menos que tú te quieras marchar claro está - exclamó risueña la morena mientras se sentaban una al lado de la otra sobre el mullido colchón -
Señora Jane... Cuando sea grande, el señor Lucius me mirara como lo hace con usted ? - una efusiva carcajada se escuchó en la habitación, la mejillas de la pequeña se tiñeron de un color rojo escarlata nada envidiable al color de su cabello
- Veo que te agrado el Amo Lucius pequeña Ginny, - una sonrisa cálida se posó en sus labios y sus manos fueron cubiertas por una suaves y delicadas manos, la pequeña sintió el movimiento del colchón y levanto su mirada curiosa, para encontrar a la
exótica Jane a la altura de sus ojos, entrelazando sus manos fuertemente a las de ella - Cuando tú seas de mi edad pequeña, el amo Lucius te mirara como a nadie, besara el piso por donde pases, te lo prometo - una sonrisa se posó en los labios de
la niña que extasiada por la promesa se aventó a sus brazos, fundiéndose en un abrazo que ambas necesitaban, aunque fueran por motivos diferentes pero a su vez tan parecidos, una porque su propia madre nunca se había molestado en abrazarla con esa
fuerza y ese cariño que la morena lo hacía y otra porque extrañaba tanto a su pequeña Mione que encontraba un consuelo sin igual en los brazos de esa pequeña.

Su pequeña Mione, había tenido que enviarla lejos, no podría verla crecer, no podría tampoco estar a su lado cuando su pequeña la necesitara, y es que así era lo mejor, no quería amarrarla aún futuro como el que ella tenía, o como el que ahora tendría
esa pequeña pelirroja, quería que su hija fuera diferente y que su mundo no girara a la vida de un hombre que solo se sentía completo entre en cientos de mujeres, pero ella lo amaba así, ella amaba esa virilidad y ese encanto que tenía sólo el, pero
ella nunca tuvo opciones, pero se había prometido que su hija si las tendría.

Los años pasaron, y con cada año que pasaba Jane se hacía más y más vieja, pero aún seguía igual de hermosa y exótica que antaño, tanto era su hermosura que estaba despertando sentimientos no buenos en el vástago de su amado, el Pequeño de los Malfoy,
ya no era un niño, era un adolescente de quince años en todo su esplendor y con todas las hormonas alborotadas que eso atraía.

A sus quince años ya poseía sus primeras concubinas, todas mayores de dieciocho años pero ninguna tan mayor como la mujer que lo excitaba con locura, Draco había visto en innumerables ocasiones las maestrías de la morena, cuando su padre la penetraba,
cuando ella misma se tocaba con una pasión desbordada, muchas veces se había encontrado espiándola y acosándola por los pasillos de la mansión, acto que no fue bien visto por los ojos de su padre.

- Ella es mía Draco, igual que Astoria, Daphne, Nymphadora, son mis concubinas, eso quiere decir que solo yo puedo tocarlas, es que acaso Pansy y Luna no te satisfacen ?, quieres que busque a otras para que lo hagan? Por ejemplo Ginevra está a punto
de cumplir los dieciséis, te gustaría que hab... - antes que Lucius siguiera hablando, Draco se levantó apresurado, inquieto por las palabras de su padre, el no quería a ninguna otra, mucho menos a la insípida de la pelirroja, él deseaba con todas
sus fuerzas las curvas de la morena, ansiaba sentir su piel, sus labios sobre su miembro - Padre no sigas, nunca te e pedido ni exigido nada, todo lo que me has dado a sido porque a si tú lo has deseado, pero cuando al fin te pido que me des algo,
me lo niegas, solo por tu vil egoísmo, no es justo padre, no es justo, tú ni siquiera la amas, solo te la follas y con eso te crees con el derecho de ser su único due - un fuerte golpe se escuchó en el frío despacho del patriarca, los ojos de su primogénito
se humedecieron pero aún con su orgullo desecho se prohibió botar lágrima alguna, después de todo un Malfoy no llora y no lo hizo cuando murió su madre mucho menos lo haría ahora, con una decadente bofetada de su padre - Jane, no es un objeto para
que te refieras a esa forma de ella, ella es una mujer, es mi mujer que te quede claro Draco, y así como un Malfoy no llora, tampoco comparte lo que por derecho es suyo, cuando oses tomar a una mujer primero que yo, ese día te cederé a la mujer que
desees, pero mientras te aguantas y te alejas de Jane, no quiero volver a escuchar por ningún empleado de la mansión que andas acosándola o persiguiéndola por los pasillos como un maldito enfermo, los Malfoy son los mejores amantes más no violadores
ni perpetradores, que te quede claro, ahora retírate de mi vista -

Mientras Draco salía dando un sonoro portazo, Lucius se recargaba en su escritorio de madera pulida, llevándose los dedos al puente de su nariz, por un lado entendía a su hijo, Jane era hermosa el seguía embelesado después de tantos años con ella, y si
estuviera en sus manos la compartiría con el, con su único hijo, su vástago, su hermoso Draco, ¿que no le daría el a su hijo?, pero solo eso no podría, Jane no lo veía así, no lo quería cerca, era a lo único que ella nunca aceptaría y valla que anteriormente
le había pedido cosas a su hermosa exótica, desde tríos con otros hombres o con otras de sus mujeres, sexo duro, salvaje, parecían conejos, nunca había limitaciones para ellos dos, excepto la de follar con su hijo " No me gusta cómo me ve tu hijo,
Lucius, es un niño, le cambie los pañales " ella se lo había dicho en innumerables veces que había estado hablando luego de sus maratones de sexo, y la gota que derramó el vaso fue esta tarde cuando una alterada Jane, con su vestido veraniego todo
destrozado, descalza y de más está decir con lágrimas en todo su rostro se adentró como un huracán a su despacho " tienes que detenerlo, esto a sido lo más que puedo soportar Lucius... Tu hijo se a intentado aprovechar de mi, no lo quiero cerca, no
puedo con el " la mujer estalló en llanto y salió disparado como un resorte a donde ella se encontraba un ovillo en el la alfombra negra, cubría su rostro con vergüenza, " Pondré un freno a mi hijo, pero por favor... No llores más ", fue lo último
que lucios dijo antes de tomarla en brazos y llevarla a su recámara, Draco había sobrepasado sus límites, límites que él nunca le había impuesto.

Aún ardía su mano por la bofetada que le había dado a su hermoso Draco, nunca le había puesto una mano encima, nunca lo había maltratado de esa forma, y aunque le dolía en el alma ser tan déspota con el, muy a su pesar se lo merecía, el le había enseñado
a saber apreciar y tratar a una mujer y el trato que le había dado a Jane no se lo merecía, eso nunca se lo había enseñado el, siempre había dado gala de ser un buen amante, no un violador, y aunque era rudo en muchas ocasiones , siempre eran juegos
previos a la fornicación, la mujer siempre lo disfrutaba, ya sean azotes, mordiscos, penetraciones anales, vibradores, siempre lo hacía porque su pareja de turno así lo deseaba, y no podía concebir el hecho de que su primogénito se fuera por el mal
camino de empezar abusar de mujeres que no deseaban abrir las piernas.

Con pesadez camino a su sofá y se acostó en el, su cabeza explotaría, se llevó un brazo a sus ojos dispuesto a por lo menos dormir unos segundos para aliviar su dolor de cabeza.

En otra área de la mansión unos pies descalzos se adentraban en el jardín de rosas, tomando una blanca para la tranquilidad de Jane, eran sus preferidas después de todo, había sido testigo como el Amo Draco se había ido encima de Jane, si no hubiese llegado
a tiempo no quería imaginarse que hubiese pasado, definitivamente el amo Draco no se podía llegar a comparar nunca con el amo Lucius, con rapidez corto la rosa blanca y se la llevó a la nariz sintiendo el delicado aroma que se adentraba en sus pulmones,
una sonrisa se posó en su rostro, y con premura corto otra rosa, pero está de un color diferente, "rojo" se la llevaría a él, aunque apenas tenía 15 años ya se sentía una mujer, en toda la extensión de la palabra, se había enamorado de su señor, a
pesar de que el aún no la veía como veía a Jane, no descansaría hasta lograrlo, quería que cada vez que viera esa rosa roja la recordará a ella.

Dando saltitos entusiastas se dirigió hacia la mansión, subió las escaleras de dos en dos y se metió a la recámara de Jane sin tocar, con una sonrisa en los ojos la vio acostada en posición fetal, siempre dormía así cuando algo le preocupaba, sigilosamente
se acercó a ella y puso la rosa al costado de su rostro, para que cuando abriera los ojos fuera lo primero que viera, que supiera que ella estaba a su lado y que nunca la dejaría sola, le dio un casto beso en su mejilla y volvió a erguirse caminando
hacia el amplio armario de Jane, ella de todas las mujeres de Lucius, era la única que nunca llevaba uniforme, ella después de todo era la preferida de el.

Se quitó su nada atractivo vestido de niña que siempre se empeñaba en regalarle el señor Malfoy, se quitó sus bragas de algodón y su sostén de flores y mariposas de colores, con sigilo abrió la gaveta de la ropa interior de Jane y con una sonrisa traviesa
en su rostro tomo una de sus bragas negras de hilo, tan pequeñas que le quedaban perfectas, y decidió optar ir sin sostén, seguido tomó un vestidos rojo vino sin tirantes de Jane, el cual se ajustó a sus recientes nacidas curvas, mostrando un amplio
escote, y unos torneados muslos, "definitivamente ya no se veía como una niña" se sonrojó frente al espejo, se maquillo solo un poco, y solo un fuerte color rojo en sus labios fue el predominante de la ecuación, con una sonrisa coqueta y unos
tacones de aguja negro salió de la recámara, sus movimientos de cadera aprendidos de ver a tantas mujeres caminar por ese pasillo daban la ilusión de que ella había nacido con ese descarado contoneo, el sonido de sus tacones eran amortiguado por la
oscura alfombra, logrando así que su presa no se percatara de su intromisión.

Al no verlo como de costumbre en su escritorio sintió una punzada en su pecho, ya iba a irse por donde entro nuevamente pero al girar su rostro lo vio acostado con la mitad de su rostro cubierto por su masculino brazo, una sonrisa de alivio se posó en
los seductores labios rojos, cerró la puerta silenciosamente a su espalda con seguro, para que no hubieran interrupciones no deseadas y con sigilo se adentró en el despacho, con la rosa roja aún en su mano empezó a esparcir leves caricias por sus
piernas, subiendo por sus muslos y luego por su plano abdomen, deteniéndose en su pronunciada quijada, se agachó sobre su cuerpo montándose sobre el ahorcajadas, colocando su rostro a la altura de sus labios, los miro detallándolos, "finos y llamativos",
sin pensarlo más posó los suyos sobre los de él y con una succión mordió levemente su labio inferior " Mi primer beso " pensó la pelirroja, sonrojándose aún más siguió besando esos labios sin que el aludido aún despertara.

Para Lucius Malfoy era difícil saber cuánto tiempo se había llevado en ese estado de sopor, sintiendo un linero peso sobre el fue saliendo de su ensueño, la humedad de sus labios no pasó desapercibida, aún medio dormido levanto el brazo de sus ojos al
sentir unas cálidas manos no conocidas que se adentraban por debajo de su camisa, al rubio le tomo unos instantes reaccionar y ver una cabellera roja esparciendo besos por todo su pecho, su torso se encontraba desnudo ante las caricias de sus pequeñas
manos, la pelirroja al sentir que el rubio había despertado levanto su rostro y le regalo una descarada sonrisa a esos ojos grises. -¿Cómo se siente, Amo Malfoy-preguntó Ginevra con un tono dulce casi inocente ante lo que hacía, apoyando las palmas
de sus manos sobre sus tetillas erizadas por el roce.

-Pequeña Ginny, ¿Acaso sabes lo que haces?, eres tan solo una niña - pudo decir el rubio, al tiempo que intentaba levantarse, tan sólo para ser empujado nuevamente sobre el sillón, mientras ella negaba con su postura levemente inclinada hacia el -.
¿Qué ocurre? - preguntó extrañado por aquella actitud, un ligero puchero se formó en los labios rojos.

- Conmigo no ocurre nada Amo, solo trato de ayudarlo con sus necesidades, - su pequeña mano derecha se fue deslizando hacia la parte baja de su cuerpo, justo donde un gran bulto de excitación se empezaba a formar en sus negros pantalones - Ya no soy una
niña Amo y su cuerpo lo sabe y lo acepta ¿Por qué usted no lo hace? - preguntó la pelirroja como si fuera la pregunta más inocente formulada en la vida del rubio, antes de que el rubio pudiera decir algo más, Ginevra volvió a la altura de sus labios
y los beso con supremacía y es que para nunca haber besado a nadie, estaba poniendo un empeño y una capacidad de una veterana, logrando igualar a sus otras mujeres, hasta a la misma Jane , no tenía nada que envidiarle.

Ginevra Weasley le beso para frenar todo negativa del rubio, hacerlo entender que esa lengua que se adentraba y clamaba por la suya era su perdición y su salvación, la pelirroja sin dejar de besarlo siguió frotando su entrepierna enérgicamente, sintiendo
como el miembro de su Amo se endurecía como una piedra entre sus dedos, había soñado tanto con esto, desde siempre el señor Malfoy había despertado en Ginevra un deseo que era inexplicable para una niña, pero a medida que fue creciendo, fue
tomando conciencia de lo que el significaba para ella, Lucius Malfoy era su más primitivo deseo, lo amaba hasta el punto de no importarle ser otra más del montón si con eso conseguía que el aunque sea por una noche le perteneciera, que por un instante
solo posara los ojos en ella y que no viera a una chiquilla sino a una mujer dispuesta a complacerlo en lo que él deseara.

Para Ginevra Weasley nada de lo que ella estaba haciendo estaba mal, era una oportunidad única, era su oportunidad de poder al fin estar entre sus brazos, y aunque ya el rubio no ponía resistencia alguna, aún no hacía nada, solo la observaba sin poder
creer que la mujer que tenía encima de él hace apenas unas horas atrás era su pequeña Ginny - Ahora soy una mujer... Permíteme ser tu mujer, Amo Lucius - suspiro la pelirroja succionando y mordiendo el lóbulo de la oreja, por unos segundos más Lucius
se desconecto del todo y permitió que la ya no tan pequeña Ginny le bajara la cremallera del pantalón, escapándose un suspiro del rubio y dejándose llevar, su libido a pesar de siempre tener una mujer entre sus brazos ya estaba llegando al tope, la
necesidad de una buena follada siempre estaba presente y si ella estaba tan dispuesta a dárselo pues bienvenida sea, a esa rápida conclusión llegó el aludido, cuando iba al fin poder tocar lo que ante el se le prestaba como bandeja de plata, la pelirroja
se levanto de su cuerpo y se irguió ante el, pudo visualizar esa vestido rojo que le había regalado a Jane una vez y debía afirmar que le quedaba tan bien como a su exótica morena, Ginevra se fue quitando el vestido poco a poco rodando en el camino
por todo su cuerpo, descubriendo sus redondos y levantadas tetas, montañas hechas solo para sus manos definitivamente eran perfectas, fue descubriendo su plano torso, lleno de curvas y una cintura que nunca había visto en ella, para luego bajar por
unas recientes caderas que apenas se daba cuenta que ella tenía, y sus piernas, que aunque no eran largas daban una impresión de serlo por esos tacones negros que cubrían sus pies.

Su mirada se fue de nuevo a su centro, viendo cómo se encargaba de unas bragas también conocidas, y que fue descubriendo su rojizo monte de Venus, inmediatamente la boca se le hizo agua, y sus manos picaban por poder acariciar su humedad, sin más ropa
que quitar se acercó nuevamente al rubio que ahora se encontraba sentado en el sillón, se trepó sobre su señor a horcajadas sobre el nuevamente, excitada, nerviosa y ansiosa, liberó la erección de su Amo y sin dejar de besarlo la froto sobre su clítoris
ya hinchado y húmedo, - Una vez que este adentró, ¿sabes lo que significará de ahora en adelante? - preguntó extasiado el rubio, la pelirroja solo pudo asentir mientras ella frotaba ahora su miembro por sus pliegues húmedos - Serás mi concubina número
5, cada vez que lo desee vendrás a mi recámara, llevaras mi uniforme, ningún hombre podrá tocarte si yo no lo deseo, perderás tu libertad y serás mía, solo mía, ¿segura que es lo que quieres? - preguntó con un poco de cordura que aún le quedaba, mientras
que la aludida solo afirmaba asintiendo impulsivamente, "al fin seré suya " era lo único que ella podía pensar, pero toda cordura se esfumó cuando sintió como ella misma introducía poco a poco su miento y antes de atravesar la delgada capa de su virginidad
se hundió de una sola estocada, las gotas de sangre prueba fiel de que que aún lo era, se esparcieron por sus muslos, de los rojos labios de Ginevra se escapo un sollozo cuando su enorme miembro se adentró, abriéndose camino por su muy estrecha vagina,
se aferró a su cuello con premura, y justo cuando iba a empezar a moverse aunque el dolor fuera casi insoportable, Lucius la tomo de las caderas aferrando sus fríos dedos en la pecosa piel, evitando cualquier movimiento de la pelirroja, ya al fin
era suya, ya no había poder en el mundo que la detuviera - No te muevas aún Ginevra, acostúmbrate primero a tenerme dentro - susurro el rubio en su oreja - esto podría ayudar mientras esperamos que el dolor se calme-

Sus labio se adueñaron de los de ella mientras una de sus manos soltaba su cadera y comenzaba a acariciar su botón de placer, humedeciéndola a su paso, los gemidos amortiguados por su lengua no se hicieron esperar y Ginny al no sentir molestia alguna,
sus caderas comenzaron a tener vida propia, balanceándose sobre su miembro erguido dentro de ella, quien a su vez la acompañaba con movimientos pélvicos para adentrarse más dentro de ella, sus ritmos se sincronizaron mientras Lucius iba aumentando
poco a poco el ritmo, sin llegar a lastimarla por ser su primera vez, ya acostumbrada a su miento dentro de ella, los gemidos no tardaron en hacerse más sonoros, succionando sus perfectas montañas, apretando su lechosa carne, Lucius estaba encantado
con la pequeña Weasley, quería más y más de ella, la pelirroja inclino su cabeza hacia atrás extasiada por lo que sentía que dejó de tener el control de las penetraciones y no fue consciente hasta que el rubio la envolvió en sus musculosos brazos
para cambiar posición, quedando así ahora el encima de ella, teniendo al fin la completa dominación de la pequeña Ginevra, con su delicado cuerpo sobre el sillón y su rojizo cabello esparcido sobre el, sus tetas bailaban en cada estocada de su miembro
en su pequeña abertura, - Mi pequeña Ginevra, que estrecha eres -
Exclamó el patriarca Malfoy mientras posaba sus manos sobre el interior de sus muslos abriéndolos aun más para recibirlo y así poder entrar en ella con más facilidad, Lucius le estaba tatuando las entrañas, la estaba llevando al borde de un paraíso
que ella no sabía que existía, su miembro grueso se adueñaba de su interior, adentrándose cada vez más como si eso fuera posible, los gemidos de la pelirroja subieron tonos más altos por culpa de la presión que hacían cada vez más veloces las penetraciones,
mientras que el rubio mayor ya se encontraba igual de perdido que ella, estaba cerca de su propio placer, cuando la pelirroja de corrió, estrangulando el grueso miembro a su paso, fue tanto que el rubio tubo que acelerar sus movimientos para al fin
llegar solo poco segundos después que ella, tumbándose sobre su cuerpo, mientras su semen se esparcía dentro de ella desbordándose junto a su sangre virginal, habían llegado al orgasmo, y había sido su primera vez para ellas, aunque para él hubiese
sido solo sexo, para ella era todo, se sentía en el cielo - Le pediré a Jane que prepare tu nueva habitación, y te de tu nuevo uniforme - el rubio salió dentro de su interior y su vista se fue a ropa tirada en el suelo - No vuelvas a ponerte la ropa
de Jane, Ginevra, toma mi tarjeta y cómprate todo lo que quieras -

La pelirroja asintió y comenzó a vestirse, tras unos cuantos minutos más, los dos ya se encontraban arreglados y limpios, como si nada hubiese pasado, De hecho, se sentían mucho mejor que antes, Antes de que ella se marchara del despacho, el rubio se
acercó y posó una última vez sus labios sobre los de ella, mentiendole la lengua hasta la garganta, posando sus manos sobre sus nalgas, hundiendo sus dedos con algo de agresividad y lujuria - Cuando vuelvas de comprar nueva ropa interior quiero que
vallas a mi recámara y me esperes encima de la cama, sin nada más que tú piel desnuda pequeña, hoy te follare hasta que me canse - exclamó con una sonrisa deleitándose con la mirada dilatada de la pelirroja, Ginevra Weasley a la temprana edad
de 15 años se había entregado en cuerpo y alma a un hombre que para muchos podría ser su mismo padre, pero que para ella Lucius Malfoy era un hombre, su hombre.

Los años siguieron pasando y la enfermedad golpeo los aposentos de la preferida de los Malfoy, su concubina predilecta fue enfermando poco a poco, extinguiendo su belleza hasta llegar a preguntarse si alguna vez en verdad lo fue, todas las noches Ginevra
fue a visitarla a su habitación, solo para escucharla hablar de su hija Mione y de cuánto la extrañaba, cuanto la quería, pero que no podía buscarla, su cuerpo se fue volviendo pellejo y hueso, sus ojeras se profundizaban con cada noche sin poder
dormir, y su apetito llegó al punto de no sentirlo, tanto fue así que tuvieron qué inyectarle suero día, tarde y noche, Lucius fue lo último que la morena vio antes de cerrar los ojos por una última vez, para no volver abrirlos, el gran
señor de la Mansión lloro, grito y se sintió como un niño pequeño, del que fue despojado de su seno materno, Lucius la había amado aunque no lo suficiente para haberla elegido solo a ella.

Pidió a Ginevra que se encargará de todo, ya que él no tenía fuerzas, como hacerlo - Amo Lucius, creo que es hora de que Hermione regrese, es justo que este en el entierro de su madre - dijo la pelirroja, él afirmó y salió con premura de la habitación,
no pudiendo respirar un minuto más el mismo aire que su morena había respirado por última vez.

Continuará...

Muchas gracias por todos su comentarios no saben lo que eso me gratifica y emociona, espero que este capítulo también sea de su agrado y muchas gracias por comentar nuevamente solo si así lo desean, disculpen los horrores ortográficos, besos nos vemos
pronto.