¡Bienvenidos al 2° capítulo! Esto está algo largo, así que acomódense, nos vemos en las notas finales!


Capítulo II – Descubrimientos.

Harry estaba profundamente dormido hasta sintió un jalón del cabello y brincó enojado –Vale Dean, deja de joder- Gruñó sentándose y agitando los brazos.

A penas pudo distinguir la habitación oscura y vacía. Tomó sus lentes y checó la hora. Estaba a punto de a servir la cena –Aun hay tiempo- Murmuró para sí mismo y se levantó.

Fue al baño se enjuagó la cara y entonces notó una mancha en su pantalón, en la entrepierna. Sonrojado comenzó a recordar todo y salió corriendo hacia su cama -¡Hermione! ¿Dónde estás?

-Aquí- Dijo molesta una vocecita. Harry miró a la pequeña hada en el suelo, iluminando de rojo a su alrededor, de inmediato se agachó, la recogió y depositó en el colchón.

-¿Qué hacías ahí?

-¡Me has tirado al despertarte de esa forma tan brusca!- Se quejó azotando un piecito –Esto de ser pequeña es un asco. Ni te has fijado y casi me matas.

-No digas eso por favor- La miró apenado –No volverá a pasar. Creí que era Dean, siempre nos molestamos al dormir.

Hermione soltó un suspiro resignado –Ya no importa. Necesito que me lleves a la biblioteca.

-¿A esta hora, para qué?

-Es obvio. Quiero investigar todo lo que pueda sobre las hadas. Además es una suerte que la señora Pince haya ido a Italia a ver a su familia, así podré entrar a la sección prohibida sin ningún problema.

-Te llevaré, pero luego de cenar.

-No puedo ir a cenar. Si alguien me ve y se da cuenta de que soy un hada puede que lo comente, y más rápido de lo que creemos podría ser noticia- Comenzó a dar vueltas, pensativa, sobre la cama –Desde que derrotaste a Voldemort, el Profeta se la ha pasado inventando historias tuyas, y hasta de Ron y yo. Si llegan a publicar que me he vuelto un hada estaré en peligro. Por ahora necesito estar desapercibida.

Harry se sintió muy torpe por no haber pensado en eso –Tienes razón. Entonces le pediré a los elfos que nos lleven comida a la biblioteca… ¿Por qué me miras así?

-¡En una sola oración has cometido dos faltas horribles, Harry!, los elfos no son nuestros esclavos, no tienen porque traernos comida, y jamás permitiré que la lleven a la biblioteca donde los libros pueden resultar salpicados o sucios.

Él suspiró disconforme -¿Entonces qué sugieres?

-Ir a la cocinas, cenar ahí. Luego ya iremos a la biblioteca.

-Bien. Solo iré a cambiarme el pantalón… eh por algo más cómodo.

Cuando Harry se encerró en el baño, Hermione tuvo tiempo al fin de sonrojarse todo lo que quiso y respirar profundamente -No pierdas la perspectiva, Hermione- Se dijo cerrando los ojos –Harry es tu mejor amigo…

No mucho después Harry salió cambiado y sonriente, tomó a Hermione y la dejó en su bolsillo exterior de la chaqueta -¿Qué le diré a los demás cuando me pregunten por ti?

-Que tengo pendientes y estoy ocupada. Eso siempre funciona.

-¿Has usado ese pretexto conmigo antes?

-Sí, y siempre funciona- Su dulce sonrisa provocó malestar en Harry, ¿Cómo podía no darse cuenta de que Hermione a veces le hacía mentiritas piadosas?

-Por lo menos Ron y Ginny no nos hablan, sino todo sería más complicado.

Llegaron a las cocinas y los elfos atosigaron a Harry con cientos de menús y platillos distintos a elegir. Hermione los miró indignada –Lo más sencillo estará bien.

Al fin los elfos repararon en la presencia de la castaña, y todos brincaron hacia atrás aterrados.

-¡Un hada!- Gimieron arrinconándose -¡Un hada de fuego!

-Vale, ¿Qué sucede?- Preguntó Harry –No les hará nada.

Hermione se sintió herida -¿Qué le han hecho a su especie para que se porten así?

Un elfo valiente asomó su nariz entre el tumulto y murmuró –No nos dejan acercarnos a ustedes.

-¿Por qué?

Los elfos se apretujaron más –Son nuestro alimento favorito.

Tres segundos después Harry estaba fuera de las cocinas apretando a su hada contra el pecho -¡¿Cómo que se las comen?

-No tenía idea- Murmuró Hermione incómoda –Necesito saber todo sobre las hadas. No puedo seguir arriesgándome así.

-No importa lo que pase- La miró y acercó sus labios hasta posarlos sobre su cabello, oliéndolo –No dejaré que te hagan daño, nada ni nadie.

Hermione suspiró, el pequeño temblor de su cuerpo aceleró el corazón de Harry –Aun… aun debemos comer. Tengo hambre- Señaló sonrojada

Él asintió –Iremos al Gran Comedor, escóndete bien, tomaré comida y saldré.

-¿Dónde estabas?- Ron lo miró intentando aparentar indiferencia. Harry se encogió de hombros y solo tomó una servilleta comenzando a echar pollo y papas –No ayudaste para nada este día en la reparación…

-Estaba ocupado.

-El héroe ocupado, ¿Cómo no se me ocurrió?- Masculló con la comida en la boca. A su lado, Ginny le lanzó una mirada ácida.

-¿Estuviste con Hermione?

Harry giró la miró sorprendido. Era la primera vez que le hablaba desde que habían terminado su relación oficialmente –Hola Ginny- Respondió.

La pelirroja giró los ojos, desesperada –Has estado con ella, obviamente.

-¿Por qué lo dices?

-Ella tampoco vino a ayudar hoy- Respondió Ron, mostrando su verdadero interés en la conversación –Es muy extraño, nos estaba dirigiendo, enseñando todos esos nuevos hechizos para reparar y renovar. No nos dejaría así como así, yo necesitaba que me explicara mejor y…

Harry cortó el monólogo –No la he visto.

El pecho de Ron se desinfló –Oh… bien.

Ginny soltó un bufido –Es mentira.

-De acuerdo, sí la vi- Aceptó notando la emoción de Ron –Y solo me dijo que tenía pendientes y que estaba ocupada y se siguió de largo.

Ron suspiró -Debo hablar con ella.

El moreno lo miró soportando el trago amargo -¿Para los hechizos?

-No- Le devolvió la mirada, cargada de sentimiento –Debo decirle algo.

Ginny los miró los siguientes dos minutos que ninguno parpadeó ni dijo nada. Harta, se levantó -¡Hermione esto, Hermione aquello! Son unos… unos… tontos- Casi sollozó. Miró a Harry –Cuando te atrevas a decir la verdad y nos digas dónde está Hermione dile que tengo algo suyo que creo que le hará mucha falta- Y salió corriendo.

Ambos se quedaron con la boca abierta -¿Qué le picó?- Gruñó Ron.

Harry tomó la servilleta, se levantó –Yo también me voy.

-Oye… si ves a Hermione…

-Le diré.

-Y…- Harry se giró, desesperado.

-¿Qué?

-Este fin de semana hay reunión en la madriguera…, es la primera desde que Fred…, bueno, ya conoces a mamá, y si quieres ir, pues ve.

Harry sonrió suavemente -¿No te molestará que vaya?

-Ah, ya sabes, quiero que todos mis hermanos estén ahí. No faltes- Murmuró sonrojado y apuró su jugo de calabaza.

Harry llegó hasta un pasillo solitario y sacó a su hada del bolsillo. Hermione tomó una gran bocanada de aire -¿Te estabas ahogando?

-No, solo ha sido un reflejo- Sonrió incómoda –Creo que sé a qué se refería Ginny.

-¿Qué?

-Mi varita.

-Rayos, ¿Cómo la hemos olvidado? Por lo menos sabemos que está en buenas manos.

-Sí, pero ahora es más sospechosa mi "desaparición"- Sus alas se agitaron liberando ráfagas cálidas –Parece que Ron y tú ya están haciendo las paces.

Se encogió de hombros –Así es Ron. Siempre seremos los mejores amigos, aunque a veces seamos un poco imbéciles con el otro.

Hermione sonrió complacida –Ya era hora, ¿Qué crees que necesite hablar conmigo?

A Harry se le detuvo el corazón. Sabía perfectamente bien de qué quería hablarle Ron, pero no podía decírselo. Su silencio se debía a toda una gama de emociones, desde fidelidad a su mejor amigo, hasta celos reprimidos y dañinos. Secretamente esperaba que su pelea con Ron se extendiera un poco más, así tendría a Hermione solo para él más tiempo, pero era momento de afrontar lo que venía. Ron se le iba a declarar, Hermione aceptaría, y entonces todo se iría al carajo.

-Creo que debes preguntárselo directamente a él.

Hermione lo miró profundamente –Bien.

A pesar de los esfuerzos de Harry, Hermione no pudo pasar bocado, sentía la garganta seca y el apetito deshecho al ver el pollo y las papas, por lo que decidió saltarse la cena, y fueron a la biblioteca.

Hermione se sentía inmensamente feliz de que precisamente su santuario no haya sido afectado por la batalla. Solo había algunos libros en el suelo, con las hojas dobladas y polvorientas. Así comenzaron por la sección de "Seres y animales fantásticos" y cogieron todos los libros que les parecieron adecuados, y comenzaron a investigar.

-Mira Harry, este libro tiene una sección dedicada completamente a las hadas, es como una guía.

-Perfecto, eso es lo que necesitamos- Tomó el libro y barajeó las hojas hasta que una imagen le llamó la atención. Era un hada de brillante luz carmín, volando sobre un bosque otoñal con el Sol bañando su rostro –Es como tú, bueno, no tan bonita, pero parece un hada de fuego.

Hermione lo miró sonrojada, sintiendo un cosquilleo en su estómago y su vientre –Harry, estoy marcada, no soy ni cercanamente bonita.

Él la miró sorprendido –Tú siempre eres bonita.

-¿Qué dice sobre las hadas de fuego?- Preguntó intentando quitarse esos enormes ojos verdes de encima. Harry volteó hacia el párrafo. Hermione se sentó y comenzó a escuchar con mucha atención.

-Las hadas de fuego son las más poderosas que existen. Su capacidad para la creación y la destrucción es tan maravillosa y volátil como su mismo elemento. Proyectan energía y luz todo el tiempo, y en verano son especialmente más fuertes y felices. Su trabajo consiste en orientar los rayos durante las tormentas y mantener el fuego vivo y amarillo.

Se bañan con el Sol, se alimentan del fuego, bailan al atardecer y poseen una tendencia casi adictiva a las joyas de oro puro.

Su población es la menor entre todas las clases de hadas, ya que solo nacen cuando existe un amor sincero entre dos magos muy poderosos y se dan su primer beso. Asimismo se les considera las guardianas o protectoras de toda su raza debido a su carácter implacable, justo y a veces vengativo, pero siempre actuando en pro del bien común.

En algunas ocasiones se ganan el nombre de Cupido ya que al batir sus alas despiden cargas de "amor brillante" (nombre de sus esporas escarlatas) que afectan sobre los sentimientos amorosos y pasionales de los humanos.

El deseo de crear una poción amorosa infalible ha provocado su caza, pero es el valor incalculable de sus alas la verdadera razón de su peligro perpetuo. Se dice que quien roce sus alas obtendrá una esclava amorosa para siempre, pero quien corte sus alas obtendrá una…

-¿Una…?- Apuró Hermione sintiendo su pecho brincar con cada latido. Harry le dirigió una mirada precavida, luego cerró el libro.

-No tiene importancia.

-¿Pero qué decía?- Gruñó desesperada –Esto habla de mí, Harry, necesito saberlo todo.

Él soltó un suspiro –Ya descubrimos suficiente por hoy- El hada batió sus alas furiosa, sin darse cuenta elevándose varios centímetros sobre la mesa. Harry la miró impresionado -¡Vuelas!

-¡Dime qué decía al final!

-¡Una esclava sexual!- Chistó Harry aventando el libro. Hermione cayó sobre la mesa, impactada, sus alas se quedaron estáticas.

-Eso es horrible… ¿Cómo alguien…?- El horror se dibujó en su rostro, se encogió en sí misma.

Harry la miró preocupado, la tomó entre sus manos para acunarla suavemente –Tranquila, jamás dejaré que nadie te haga daño, te lo prometí, debes confiar en mí- Intentó sonreírle acariciándole sus alas. En ese momento ambos se miraron.

-Has tocado mis alas desde el comienzo- Murmuró ella bajando el rostro sonrojado.

-No me aprovecharé de lo que puedas sentir.

-Lo sé- Asintió distraídamente –Es solo que no entiendo por qué me he convertido en un hada, tengo tantas dudas, cuánto tiempo estaré así, si habrá hechizo que me devuelva a mi verdadera forma. Me siento confundida.

-¿Hermione?- La voz de Ron los tomó por sorpresa. Hermione se lanzó hacia las piernas de Harry, apoyándose en su ingle y metiéndose bajo la túnica abierta.

Harry gimió sorprendido y miró a su mejor amigo llegar hasta él -¿Qué haces aquí?

-Eso mismo te pregunto. Estoy buscando a Hermione.

-Estoy leyendo un poco.

Ron tomó el libro sobre la mesa y le echó una ojeada -¿Pequeños Animales Fantásticos de la F a la J?

-Eh sí. Es para una investigación que… Hagrid me pidió- Asintió lentamente, convenciéndose.

-Como sea…- Ron parecía no interesarle –Aquí debería estar Hermione.

-Pues no está.

-Quizá venga en un rato- Jaló una silla y se sentó frente a Harry –Volvería a la sala común, pero mi hermana está insoportable, no sé qué le ocurre- Lo miró dudoso -¿La has vuelto a rechazar?

-¿Qué?, no, no hemos vuelto a hablar de eso. Fui muy claro.

-Bien. Porque si es así preferiría que me lo dijeras.

-Pues no es así.

-Bien.

-Bien.

Ron bostezó y se apoyó en la mesa. La luz de la Luna iluminaba lo suficiente la biblioteca, sin necesidad de encender los candiles, pero mantenía todo en un ambiente frío -¿Recuerdas cuando estábamos en la casa de campaña?- Harry lo miró interesado, curioso del tema de conversación. Asintió suavemente -Estábamos congelándonos- Murmuró Ron –Y entonces Hermione invocó un fuego. Ella siempre ha tenido facilidad con eso, puede crear fuegos de colores y movibles. Es maravillosa- Sonrió estúpidamente –Parece como si hubieran pasado años…

–Te has puesto sentimental- Burló incómodo.

Ron bufó –Claro que no. Además seguro tú también piensas en esos días.

A Harry le vino una cascada de imágenes sobre todos esos momentos. Se sintió avergonzado al notar que Hermione salía en todas esas escenas. ¿Cómo había sido tan ciego? De no haber sido por aquella conversación en la Madriguera con George, quizá seguiría engañado, seguiría con Ginny.

De pronto una brillante luz apareció en el centro de la mesa. Harry pensó que era Hermione, pero solo se trataba de un fuego invocado por Ron, bailó unos segundos y se convirtió en una pequeña flama.

Harry sonrió –Solo Hermione los mantiene grandes y cálidos.

-Ni lo digas.

-Mejor regresemos a la sala común.

-Olvídalo, si Ginny está así conmigo, no me quiero imaginar contigo.

-Ah ahora ya te preocupas por mí, ¿Se te ha pasado al fin la molestia?

-No estaba enojado- Masculló sonrojándose –Me dio un poco de pena que no fuéramos cuñados, tú sabes, la gran familia- Suspiró resignado –Pero tienes derecho a vivir, amigo.

-Gracias- Dijo sonriendo.

-Como sea, lo que sí me molestó es que como siempre Hermione se puso de tu lado, ¿No puede darme la razón una maldita vez? Esa mujer me vuelve loco- Le lanzó una mirada divertida –En varios aspectos.

Harry regresó a su estado de incomodidad, pero antes de decir nada un pequeño rayo rojo salió de entre sus ropas y atravesó la llama invocada convirtiéndola en una llamarada incontrolable.

Ambos magos brincaron lejos de la mesa y los libros chamuscados. Ron sacó su varita y lanzó una ola de agua contra el incendio.

-¡No, espera!- A pesar de desviar la varita de Ron, Harry miró aterrado como el agua bañaba las patas sobrevivientes de la mesa, y apagaba el fulgor escarlata que había en medio del fuego. Un pequeño sollozo se escuchó.

-¿Qué es eso?- Gimió Ron pálido. Se arrodillaron y acercaron sus rostros hasta la pequeña hada que lloraba caprichosa y mojada. Sus alas se curveaban hacia abajo por el peso del agua, y su pequeño vestidito parecía a punto de romperse –No puede ser, es un hada… ¡casi mato a un hada!

-No cualquier hada, imbécil- Gruñó Harry tomando a Hermione entre sus manos -¿Estás bien, te duele algo? Por favor responde, tu luz se ha apagado… ¿Mione?

Ron lo miró impactado -¿Qué…? ¡Es Hermione!

La castaña miró a ambos magos, se sentía débil pero sobre todo enojada -¡Honestamente Ronald, te quieres quedar sin amiga!- Se puso de pie sobre la palma de Harry, un tirante se le resbaló peligrosamente por el hombro. Tomó su cabello y lo exprimió.

-¡Lo siento! No tenía idea de que eras tú. Debes aceptar que en cualquier otro momento estarías besándome por haber salvado tu amada biblioteca de convertirse en cenizas- Contestó con inesperada audacia. Hermione lo miró airada.

-No pienso replicarte eso.

-¿Estás bien?- Interrumpió Harry furioso por la conversación. Hermione lo miró y sus ojos volvieron a tomar aquel destello iluminado, como un par de antorchas.

-Sí, creo que solo necesito secarme.

Harry asintió y con un movimiento de la varita le quitó todo el agua -¿Por qué te has aventado de esa manera contra el fuego?

-Lo siento, tenía hambre y desde que Ron lo invocó sentí una gran necesidad de ir y… comerlo- Respondió sonrojada.

-¿Alguien me puede explicar qué rayos ocurre?- El pelirrojo levantó su dedo índice y rozó el vestido de Hermione -¿Llevas puestas florecitas?

-Son pétalos, Ronald- Le dio un manotazo para que dejara de tocarla –Y ahora creo que necesitaré nuevos. Quizá de tulipanes- Ambos magos se lanzaron una mirada de incomprensión -¿Por qué hacen ese gesto?

-No es común escucharte hablar de cómo te vestirás- Sonrió Harry atropellado. Le parecía curioso como algunas veces olvidaban que ella era una chica. Ron asintió completamente de acuerdo.

-¿Por qué eres un hada?

-Eso quisiera saber. Amanecí así.

-Eso no tiene sentido, ni siquiera para mí- Opinó Ron. Harry se encogió de hombros.

-Pues es que no tenemos idea de qué ha pasado.

Hermione soltó un suspiro –Tal vez sea mejor ir a dormir. Tal vez despierte siendo humana- Sonrió esperanzadora.

-¿Dónde dormirás, en un árbol, una flor?- Preguntó Ron. Hermione sonrió.

-Claro que no. Aun tengo gusto por las camas- Miró a Harry -¿Puedo quedarme contigo?

-Por supuesto- Asintió. Ron soltó un bufido.

-¿Por qué no me lo has pedido a mí?

-Porque quiero dormir, y dudo que pueda hacerlo con todos tus ronquidos- Replicó sonriente. El pelirrojo gruñó por lo bajo y se adelantó hacia la puerta de la biblioteca.

Harry lo siguió con una sonrisa satisfecha –Ella a elegido, no me mires así- Le dijo a su amigo.

-Entonces deja de sonreír así.

-Dejen de pelear, se acaban de reconciliar.

-¿Reconciliar? Eso suena muy…

-Femenino- Completó Harry –Más bien nos acabamos de dejar de comportar como críos.

-Eso- Aceptó Ron –Ya somos unos hombres.

Hermione soltó una carcajada dulce y entonada. Harry y Ron la miraron embelesados.

A la mañana siguiente Harry observaba curioso a su pequeña hada respirar profundamente entre sueños –Qué bonita eres- Acercó su mano y acarició la curva de la cadera sintiendo una onda enorme de placer. La mujercita se estiró ronroneando comenzando a brillar de nuevo de rojo. A Harry le pareció curioso, después de haberse mojado ya no había resplandecido pero gracias a sus mimos ahí estaba de nuevo el fulgor. Entre caricias sintió los pétalos débiles por la humedad y sin pensarlo mucho jaló suavemente y el vestido se rompió.

La garganta de Harry se secó al mismo tiempo que su corazón casi salió disparado de su pecho. Su respiración frenética le recordó que en cualquier momento podían despertar los otros chicos del cuarto, por lo que cerró mágicamente el dosel. Sintiéndose más seguro volvió a mirar al hada, nuevamente experimentó un golpe de excitación, su sexo se endureció tanto que casi suelta un gemido pero se contuvo.

La pequeña Hermione estaba estirada sensualmente sobre la almohada, en una posición de revista que Harry jamás olvidaría. Su cuerpo esbelto brillaba como si fuera una figurita de cristal con una bombilla encendida dentro dándole un aspecto dorado a su piel. Los senos redondos y turgentes, como frutas maduras que invitaban a probar su dulzor. Su vientre plano destacaba el hueso de la cadera, volviéndola aún más sensual, y su pubis era rizado y castaño.

Él jamás había mirado a una mujer completamente desnuda. Por supuesto, las había imaginado, pero nunca le dio verdadera curiosidad, ni siquiera las revistas que Dean traía continuamente. Le parecía insólito que la primera que viera fuera Hermione convertida en hada, y se preguntó qué le llevo al impulso de romperle su vestido. Él no tenía ningún derecho, se había aprovechado de la situación, ¡de su mejor amiga!, por mucho que la amara no era excusa.

Pero no se arrepentía.

Acercó su nariz y olió el delicioso perfume, una mezcla de la flor húmeda, el cabello de Hermione y sudor. Jamás creyó que el sudor podría ser agradable, pero el de ella le despertaba impulsos eléctricos en el cuerpo, en su intimidad. Con la punta de su nariz rozó un pequeño seno. Ella soltó un gemido, y él se echó para atrás asustado, revolviendo las cobijas y quedando sentando frente a ella.

¡La había despertado!

Hermione abrió los ojos con lentitud, bostezó mientras se estiraba y al fin le dirigió una mirada. Sus ojos se encontraron y ella sonrió –Buenos días- Saludó tranquila, lo recorrió con su mirada y se detuvo en su pantalón, específicamente en su entrepierna, soltando un "Oh"

Harry pensó que nunca había tenido tanta vergüenza, ahí frente a Hermione estaba su horrible pantalón de tela con el que dormía, y peor aún, su erección completamente notable y erguida al cielo.

-Puedo explicarlo- Dijo pensando que en realidad no tenía idea de cómo hacerlo. Ella sonrió.

-Es normal Harry. Las erecciones matutinas son muy comunes. No te preocupes- Respondió con su clásico tonito de sabidilla, habría sido perfectamente normal de no ser porque sus ojos no se habían alejado de su "problemita" y del gran sonrojo que la cubría incluso hasta los hombros.

-No sabía que cuando te sonrojabas se notaban las pecas de tus hombros.

Hermione lo miró sorprendida, y luego se miró a sí misma.

-¡Oh por Merlín!

Como un rayo se refugió debajo de la almohada, dándole una visión impactante de su trasero a Harry que esta vez no pudo esconder su gemido. Hermione se detuvo fría.

-¿Acabas de gemir?- Lo miró sorprendida, nuevamente roja hasta los hombros. Tomó la punta de la sábana y se cubrió con ella -¿Por… por mí?

Harry asintió, sin poder decir nada por falta de aliento. Hermione nuevamente miró su erección –Eso… eso ¿también es por mí?- Susurró, el fulgor se volvió una gran luz carmín, borrando las sombras que encerraba el dosel.

-Sí. Debes pensar que soy un maldito pervertido.

Quedaron en silencio unos minutos. A Harry comenzaba a dolerle la espalda por la incómoda posición, pero no se atrevió a mover un dedo.

Hermione pareció pensar algo muy importante, puesto que se mordía los labios (para tortura del mago) y pareció llegar a una decisión. Lo miró fijamente y caminó hacia él.

Si tuviera su tamaño real quizá le golpearía como lo hizo con Malfoy, pensó Harry. Pero ella se detuvo frente a él, agitó sus alas y voló, jalando la sábana, hasta recostarse sobre su pecho, dejándole ver su nívea espalda con sus hermosas a las nacientes, su trasero redondo, y sus piernas largas. Era como si lo quisiera abrazar.

Harry colocó una mano sobre ella, tratando de no aplastar sus alas -¿No estás molesta?

Los ojos femeninos parecían un par de rubíes –No podría.

-¿Por qué?

-Es… yo… me siento halagada- Escondió su rostro en el pecho de él –Debo estar loca, pero me siento muy feliz.

Harry miró las alas temblorosas –Quizá sea porque te acaricié las alas, ahora… me quieres, por eso- La decepción en su voz fue patente. Hermione negó vigorosamente, agitando su cabello.

-Yo siempre te he querido.

-Siempre, como amigos- Especificó.

-¡No!- Gritó con su melodiosa voz, pareciendo un dulce cumplido –Desde hace un año yo… te quiero- Sintió el pecho de Harry golpear todo su cuerpo con fuerza, se trataba de su corazón.

Se miraron sonriendo, no necesitaban más aclaraciones –Yo también.

Hermione soltó una risilla tonta, de esas que tantas veces criticó y le parecieron ridículas. Pero ni siquiera lo notó, sentía todo a su alrededor color rosa.

-Es un poco tarde, quiero sacarte de aquí antes de que despierten.

Ella asintió –Quiero ir a ver a Hagrid. Pero antes… ¿puedes invocar una flor?

Harry asintió sonriente –Por supuesto, jamás dejaría que estuvieras desnuda por ahí- Agitó su varita pensando en que no sabía nada de flores, excepto de una.

-Una lily. Es hermosa Harry, ahora cierra los ojos por favor- Él obedeció. Hermione se quitó la sábana, tomó los pétalos y rápidamente los amarró a su cuerpo, como si tuviera toda una vida de experiencia en hacer vestidos de flores –Listo.

Harry la miró dar vueltas sobre sí, agitando los pétalos amarillos, y entonar una cancioncilla –Eso de ser hada te va.

Media hora después mientras Ron se bañaba, Harry se enfrentaba ceñudo a sus compañeros de cuarto.

-¿No nos dirás qué escondes?

-No, porque no estoy escondiendo nada.

La mirada incrédula del resto de los chicos de Gryffindor fue suficiente para que Harry comenzara a sudar.

-¿Es una carta de amor?- Preguntó Neville.

-Claro, una chica ¿cierto?- Picó Dean –Debe estar muy buena, por eso no quieres que nos enteremos.

-O muy fea- Siguió Seamus –Y te da vergüenza.

-No tengo porqué darles explicaciones. Dejen de molestar- Harry se giró, apretando contra sí su mochila, hacia la puerta del cuarto dispuesto a largarse.

-¡Eh!, danos eso- Dean se aventó contra Harry. Neville y Seamus soltaban carcajadas mientras veían como sus compañeros peleaban en el piso.

-Harry está enamorado- Canturreó Seamus –No lo había visto defender así algo jamás.

Neville se quitó, evitando una patada de Harry –Creo que es mejor separarlos.

-Nah, déjalos. Parecen niñas dándose empujoncitos y arrebatándose la mochila.

La mochila de Harry salió volando lejos de ambos. Dean tomó las piernas de Harry y las apretó -¡Ahora, Seamus!

El chico le hizo caso a su mejor amigo y recogió la mochila rápidamente -¡Vamos a ver qué hay aquí!

-Déjenlo en paz- La voz grave de Ron cortó el momento. Pasó junto a Seamus quitándole la mochila.

-¿Ya se reconciliaron?- Sonrió Neville.

Dean giró los ojos -¿Por qué no mejor se dan unos besos eh?

Ron hizo una mueca de asco –¿Por qué no mejor aceptas que el único que quiere besar a alguien eres tú y es a Seamus, Dean?

Neville y Harry soltaron una carcajada, pero Dean no lo tomó con tanto humor, se lanzó contra Ron y lo empujó, la mochila cayó al suelo, Ron le devolvió el empujón y Dean terminó sobre la mochila.

-¡Idiota!- Prácticamente rugió Harry tomando a Dean de la camisa y alzándolo. Ron miró angustiado la mochila, luego miró a Dean y le soltó un puñetazo.

-¿Qué carajo les pasa? Solo es una…- Dean no terminó de hablar puesto que la que parecía una simple mochila se prendió en fuego y una luz escarlata bañó la habitación -¿Qué pasa?

-¡Salgamos de aquí!- Gritó Neville corriendo hacia la puerta. Las llamas comenzaban a devorar las camas y los baúles, un tablón del techo cayó y estorbó la puerta, encerrándolos.

-¡Aguamenti!- Encantó Seamus pero su miserable chorro de agua se disolvió en vapor.

-¿Qué rayos traían ahí, una cría de dragón?- Preguntó Dean.

-No…, es…- Harry miraba entre el fuego intentando localizar a Hermione.

-¡Hermione basta!- Pidió Ron sudando -¡Nos matarás!

-¿Hermione?- Neville miró alrededor –No entiendo qué pasa, pero en serio moriremos.

De pronto una ventana explotó y una luz zafiro entró cubriendo todo el fuego, consumiéndolo.

Hermione respiraba agitadamente, tenía ganas de llorar puesto que no podía controlar su magia, pero no había matado a sus amigos gracias a la bella hada azul frente a ella.

Era muy blanca, con pecas repartidas por todo su rostro, sus ojos violetas brillaban tupidos de grandes pestañas negras como su cabello corto y rizado. Traía pétalos de margarita como vestido, y sus alas parecían de cristal, eran medianas, con forma de gotas de agua.

-Al fin te encontré- Le dijo con una voz cantarina y aniñada –Es sencillo ubicar a un hada de fuego fuera de control, por suerte llegué a tiempo. Mi nombre es Pica, vengo de parte de toda la comunidad de hadas para darte la bienvenida Hermione Jane, fuiste elegida para ser nuestra nueva protectora, es tu deber a partir de ahora velar por nosotras.


-Ah mi querida Sheska, al fin he encontrado dónde se encuentran… sí, sé que me he tardado, pero ha valido la pena, al fin ha nacido una nueva hada de fuego que…, no…, no te pongas celosa, mi amor…

La sombra encorvada se giró y tomó entre sus huesudas y grises manos a una mujercita desnuda, pálida y tiesa. Su cabello antaño rubio, ahora blanco, resbaló entre las uñas negras.

-Sé que estás triste porque ya no serás mi favorita, pero es natural, yo solo quiero a la mejor, y si mi Primascopio no se ha equivocado, esta nueva hada de fuego es la más poderosa que ha existido desde que llevo registro. Ella fue creada para mí, para mi deleite y mi uso personal. Así que esto es un adiós.

Salió de la oscura cabaña, haciendo rechinar la madera bajo su peso. Caminó unos metros a travesando la playa rocosa y con un impulso aventó a la mujercita tiesa hacia el mar.

La espuma plateada se revolvió furiosa, como si la propia naturaleza gritara de cólera ante el maldito ser frente a ella. Y en sus entrañas, el mar recibía delicadamente a la mujercita, fregándola en un intento de limpiar toda la saña y la perversidad a la que fue sometida, acariciando con especial cariño la espalda y las dos cicatrices moradas que la cruzaban.


Wooow! Pues hasta aquí ha llegado este nuevo cap, ¿Qué tal les ha parecido? A mi parecer ha sido muy largo, no sé si les haya aburrido, quizá di muchas vueltas, en fin espero saber qué opinan.

¿Qué creen que tenga Ginny? Jaaa, bueno creo que podemos imaginárnoslo :P, mientras Harry se ha dado cuenta que Ron sigue queriendo algo más que una amistad con Hermione, pero se le ha ido la oportunidad, ni modo por él. Mientras hemos descubierto varias cosas acerca de las hadas de fuego, pero no es todo. ¿Qué dicen de la escena donde los chicos se molestan? No soy muy buena describiendo momentos entre hombres, más bien creo que ha quedado algo burdo. Ah y el momento HHr de este capítulo ha sido muy suave en términos HOT, pero muy tierno (según yo), ya irá subiendo la temperatura ;). Casi al final se ha integrado un nuevo personaje y muuuy importante, ¡Pica! El hada de agua, que ayudará a nuestra Hermione a entender su nuevo rol en la vida. Y por último nos hemos topado con el cazador de hadas, ¿Ha estado decente la escena o solo fue grotesca? A mí en lo personal me dan ganas de golpearlo, pero quiero saber qué creen.

Estoy muy contenta con la respuesta que ha tenido este fanfic, quiero darles las gracias a TODOS los que me han comentado y leído, muchas, muchas gracias! Son lo máximo, la inspiración divina!, espero no decepcionarlos. A todos los que están registrados les responderé por inbox.

Nos vemos en el siguiente capítulo!

Saludos,

V. Enchanted