Aquí continúa la historia, ahora empezará a ponerse interesante.
---
El Primero: segunda parte.
Al día siguiente, Giroro se levantó del suelo después de aquel escándalo de la noche y se dirigió a su tienda, allí se encontró a Kichiro toqueteando sus cosas. Rápidamente sacó una de sus armas y apuntó a la cabeza del niño.
-¡Alto! Confiesa ¿quién te envía? No me creo el cuento del futuro.- Sonó amenazante su voz.
-Tú…- Kichiro se le quedó mirando, no parecía tenerle ningún miedo ni empuñando aquella arma.
Al rato se le podía ver a Giroro enseñándole las diferencias entre las armas a Kichiro, lo mucho que costaban algunas, las piezas claves, algo típico de un fanático de las armas como él, y Kichiro parecía disfrutar mucho ese rato que estaba con él, parecía ser rápido aprendiendo.
-¿Entendido?- Dijo Giroro.
-¡Señor, sí, señor!- Se puso firme Kichiro.
-Bien, soldado.- Se sintió orgulloso Giroro.
-¿Qué hacéis tan temprano?- Preguntó Natsumi asomándose mientras se ponía lazos en las coletas para sujetarlas.
-¡Nada!- Gritó Giroro. –No se lo digas a Natsumi…- Murmuró.
-Je, je, vale.- Guiñó un ojo Kichiro. -¿Dónde está Keroro?
-¿La estúpida ranucha? Seguro que está durmiendo la mona, ayer les escuché montar follón en su cuarto.- Se cruzó de brazos Natsumi.
-Buenos días.- Saludó Fuyuki. -¿Quieres ver al sargento?
El niño asintió con la cabeza y siguió a Fuyuki. La habitación parecía un campo de batalla otra vez, aunque no tan exagerado como la vez de fin de año, incluso ya se levantaban. Kururu se encerró en su laboratorio sin explicaciones junto a Mois para investigar "algo" y Tamama revoloteaba alrededor del sargento intentando llamar su atención.
-¡Tito Tama!- Le llamó Kichiro.
-Otra vez ese criajo… espero que no se pegue mucho a mi sargento…- El Tamama oscuro hablaba en su interior. -¡Hola Kichi!- Fingió alegrarse de verle.
-¿Comemos chuches?- Sugirió el niño. –Encontré escondido un tarro lleno en lo alto del armario de la cocina.
-¡Ahhh, ya me caes bien!- Tamama empezó a dar saltitos.
Salieron los dos corriendo casi jugando. Fuyuki se sentó junto al sargento, que tenía cara de resaca.
-Sargento…- Comenzó. –Entonces, en el futuro ¿de verdad nos vas a invadir?
-¿Por qué se preocupa, Don Fuyuki? Ya ha visto la naturalidad con la que se comporta Don Kichiro frente a nosotros, si en el futuro Pokopen se convierte en una residencia de verano para keronenses usted debería estar contento.- Le quitó importancia al asunto.
-Pero… ¿no estás olvidando algo?- Se preocupó Fuyuki.
-¿Eh?- Keroro pensó en Dororo. -¡Ah, no le avisé para la reunión de anoche y la fiesta!
-No, sargento.- Agitó la cabeza Fuyuki. –Cuando le encontramos, estaba llorando.
-¿Gero?- Hizo memoria. –A lo mejor se asustó con el viaje.
-Estaba llorando, me pregunto… por qué habrá venido.- Miró al techo.
-¡Dejad eso!- Se oyó gritar.
-Será mejor que vaya.- Se puso en pie Fuyuki.
Porque Natsumi había pillado a Kichiro y Tamama comiéndose las chuches que tenía guardadas. Así que Fuyuki corrió a poner paz dejando que Tamama volviese con Nishizawa y que Kichiro pudiese escapar.
Keroro se había quedado sentado pensativo, pero enseguida cayó en la cuenta de que no había logrado comprar su amado Shin Musha Gundam y se deprimió.
-Keroro…- Apareció de repente el niño a su lado.
-¡Ah! Qué susto me ha dado el niño.- Se sobresaltó el sargento.
-Me… ¿me enseñas a montar maquetas, puedo ayudarte?
Cuando Fuyuki entró se los encontró así, montando una maqueta los dos juntos como buenos amigos.
-Ahora ésta aquí.- Indicó Keroro.
-¿Así? Esto es muy divertido.- Se emocionó Kichiro.
-Oh ¿os interrumpo?- Preguntó Fuyuki.
-¡Ah, Don Fuyuki, pase!- Keroro parecía tener un aura de buen rollo a su alrededor.
-No quería molestar, es sólo que como ayer al final no fuimos a comprar la maqueta…
No acabó de decir eso que Keroro se puso en alerta otra vez porque lo había olvidado de nuevo.
-¡Ah, el vale! Lo dejé en la sala de estar.- Salió corriendo Keroro desesperado.
-Qué divertido hacer maquetas con Keroro.- Sonrió Kichiro.
-¿Has montado muchas maquetas con el sargento?- Sonrió también Fuyuki.
-Ésta es la primera.- Se puso en pie.
-Ah… en el futuro el sargento será comandante así que no debe tener mucho tiempo para estas cosas ¿no puedes pasar mucho tiempo con él?- Preguntó Fuyuki pensando en que era imposible que el sargento no tuviese tiempo para las maquetas.
-No llegué a conocerle, sólo sé las cosas que los demás me contaron.- La mirada del niño se clavó sobre Fuyuki de una forma intensa.
-¿El sargento…?- Se quedó bloqueado Fuyuki.
Fueron sólo unos segundos de silencio hasta que reaccionó, no podía pensar en que ese niño que se había criado con los keronenses, que pertenecía a su misma familia por haber llamado "abuela" a su madre, no llegase a conocer al sargento.
-Me… me estás tomando el pelo ¿verdad?- Intentó aclarar aquel misterio.
-Es lo que hay…- Añadió el niño serio. –Quizá Kururu me trajo aquí para conocerle.
-¡No puede ser!- Le interrumpió Fuyuki. –El sargento…- Apretó los puños. –No puede morir así como así.
-Le asesinarán, no sé cuándo, pero tú y todos estaréis delante sin poder evitarlo.
Las palabras de Kichiro se clavaron como agujas en el pecho de Fuyuki, inmóvil por el dolor y mudo por el shock. No podía imaginarse qué iba a pasar, cómo iba a pasar, cómo teniendo a todos fuese alguien capaz de llegar hasta el sargento. Como resultado de sus sentimientos, una lágrima se deslizó por su mejilla pensando continuamente "el sargento va a morir" reflejando en su cara aquel sentimiento de impotencia por saberlo y no poder hacer nada.
-¡Lo encontré, ya podemos ir a comprar mi gundam!- Entró jubiloso el sargento en el cuarto. -¡D… Don Fuyuki!- Se alarmó al verle así y corrió hacia él.
-¡Ah, sargento!- Se giró hacia él viendo aquella cara de rana preocupada. –Es que… quería regalarte la maqueta para agradecerte lo de Metepec pero no encuentro el dinero.
-Ah… Don Fuyuki, es usted tan bueno.- Sonrió el sargento casi con lágrimas de la emoción. –No importa, ya me comprará otra ¡vayamos juntos! ¿viene, Don Kichiro?
-¡Por supuesto!- Kichiro cambió su cara a sonriente.
Fuyuki fue detrás de Keroro mientras que Kichiro se quedó un poco esperando.
-Puedes salir, Dororo.- Dijo Kichiro sin moverse.
-Diestro sois en el arte de revelar la posición enemiga.- Dororo apareció detrás de él.
-Tú mismo me enseñaste.- Se giró un poco hacia él.
Sin que Kichiro pudiese siquiera avanzar, Dororo activó su modo batalla, saltó delante suya y le señaló con su arma.
-¿Quién sois en realidad?- Preguntó Dororo.
-Soy "el primero".- Respondió claramente Kichiro. –Ya me has escuchado, Keroro morirá, pero no quedará sólo en eso, habrá una guerra interior en el ejército keronense que desembocará en la paz en la que yo nací.
-¿El primero nacido de la paz, decís?
Aquellas palabras no convencieron del todo a Dororo, que a pesar de sus múltiples traumas causados por el propio Keroro, la idea de perder a aquel que fue su primer amigo le era desagradable hasta el punto de pensar que aquel niño era el enemigo. Sin embargo había algo en él que le hacía dudar, su espíritu, su esencia, Kichiro en sí era un enigma hasta para él.
-Quizá… Kururu me mandó aquí por "éste" Fuyuki.- Miró hacia la puerta y se encaminó a ella.
Dororo volvió a la normalidad y dejó irse al niño.
-Mas… ¿Maese Kururu os destinó sin directrices?- Preguntó Dororo cuando ya estaban espalda con espalda.
-No sé qué pretendía mandándome justamente aquí… sé que fue lo único que podía hacer, mi mundo, el futuro, será destruido por Fuyuki.- Salió corriendo por la puerta.
-¡Adelante!- Gritó Keroro cuando Kichiro se puso a su altura.
Fuyuki seguía con cierta aura de tristeza a su alrededor aunque ahora parecía más calmado, intentó disimular delante del sargento sonriendo al verle revolotear por la calle con la anti-barrera en marcha, burlándose de la gente a su alrededor, haciendo caras y poses, mostrando su vitalidad y alegría porque, según decía él, ir a comprar maquetas con Don Fuyuki era su actividad favorita.
Al rato estaban de nuevo en el parque donde conocieron a Kichiro. Era un día normal y había algunos niños jugando en los columpios ajenos al alien que bailaba alrededor de Fuyuki, feliz porque por fin tenía su nueva maqueta y estaba deseando llegar a casa para montarla. Kichiro se había apartado un momento y parecía inspeccionar la zona en la que apareció dejando que Keroro siguiese desbordando su energía. Sin embargo aquella felicidad no era compartida, por mucho que el sargento se esforzaba en mostrarse extremadamente vivaz, Fuyuki seguía entristeciendo, porque Keroro se había dado cuenta de que algo no marchaba bien, quizá fue por su amistad, por empatía o por lo mucho que le conocía ya, pero sabía que le pasaba algo.
-Don Fuyuki.- Le llamó la atención la rana verde. -¿Quiere que vayamos a algún lugar en especial, a tomarnos un zumo en alguna estación de servicio?
-¿Ahora, tan de repente?- Se extrañó Fuyuki.
-Las mejores experiencias son las que se crean improvisando.- Dijo Keroro como si sus catástrofes fueran grandes azañas. –Así se animará un poco, usted me ha dado zumo muchas veces, así que ahora le daré yo el mío.
-Sargento…
A pesar de estar el cielo despejado, para Fuyuki era un día nublado y feo donde la lluvia eran de nuevo aquellas agujas, esperaba, deseaba que las nubes desapareciesen, que se fuesen todas lejos de ellos, de su tristeza, de la amenazante verdad que trajo el niño del futuro, de esa muerte inevitable que quería borrar de la historia, viendo en su interior al sargento alejarse hacia la oscuridad sin poder detenerle, estirando la mano hacia él sin llegar a alcanzarle. Pero ¿qué podía hacer él? Sólo era un humano acostumbrado a la presencia de aliens, no tenía la fuerza o el valor de su hermana, si aquella historia era verdad no iba a poder protegerle. Sólo podía pensar una y otra vez de manera martilleante "el sargento va a morir" y por eso aquella invitación para ir juntos a algún lugar le creaba aquel nudo en la garganta, aquel zumo que simbolizaba su amistad ahora le sabía demasiado amargo.
-Sargento…- Repitió bajando la cabeza apretando los puños con los ojos cerrados.
-¿Gero?- Ladeó la cabeza Keroro.
Y como en un estallido de emoción, Fuyuki cayó de rodillas quedando a la altura del keronense abrazándole, que a vista de los niños parecía estar abrazado a aquella caja que contenía la maqueta. Lo único que podía hacer era llorar su impotencia sin tan siquiera ser capaz de explicarle al sargento lo que le pasaba, con sus flasheantes recuerdos de ellos juntos aparecerse en su memoria, abrazando al sargento como intentando retenerlos.
-¿Es por lo que dijo Don Kichiro?- Preguntó algo preocupado Keroro.
-Quiero…- Sollozó Fuyuki. –Que sigamos siendo amigos siempre.
-Pase lo que pase, Don Fuyuki.- Keroro le separó un poco apoyando sus ancas en los hombros del chico. –Aunque invada Pokopen y me convierta en Comandante, seguiremos siendo amigos, se lo prometo.
Fuyuki sabía que Keroro desconocía su verdadero destino y aquella promesa carecía de fondo ante aquel fatídico final, pero le creía, a pesar de todo le creía desde lo más profundo de su corazón.
Junto a un árbol, de pie vigilándoles a la vez que se cobijaba bajo aquella sombra, Kichiro permaneció impasible.
-Has vuelto loco al escaner de Kururu- Se oyó una voz por encima de él.
-Porque ese escaner es para detectar extraterrestres. Hola, tito Mutsumi.- Saludó sin mirarle Kichiro.
-Parece que nos conoces a todos muy bien ¿tan poco hemos cambiado en el futuro?- Medio tumbado en una rama del árbol, Mutsumi le miró.
-Casi cada día me enseñaban las fotos de esta época.- Kichiro hizo una pausa. –Cuando llegué aquí me asusté al reconocer a Fuyuki, pero "éste" no es el que yo conocía y al verles juntos he entendido por qué.- Miró hacia el chico en el árbol. –No sé si lo entiendo del todo, pero ¿qué gano yo, qué gana el mundo por entender los actos de ese pokopense?
-Kururu me puso al día.- Sonrió Mutsumi. –Así que Fuyuki destruirá el mundo…
-No sé los detalles, Kururu fue el único que me contó lo que pasó, ni mis padres, ni mis maestros me quisieron hablar de aquel suceso.- Se sentó al pie del árbol. –Alguien de la comandancia "decidió" que los métodos de la tropa Keroro eran demasiado suaves y que tardarían mucho en conquistar Pokopen, por lo que decidió actuar.
Kichiro le explicó todo lo que sabía, cómo aquel alto cargo, sin permiso, decidió por él mismo ejecutar al sargento. No era que no intentasen defenderse, al contrario, toda la tropa Keroro se volcó en proteger a su líder, incluyendo a la última línea de defensa pokopense. Nada fue suficiente, los keronenses fueron neutralizados y las armas quedaron inutilizables para los pokopenses. Atrapados y sin nada que hacer, Fuyuki estaba en primera línea mientras Keroro era ejecutado a cambio de que dejasen vivir al resto "tu lucha es conmigo, no con ellos" fueron sus palabras.
Fuyuki siempre se ha mostrado como un pacifista, un chico tranquilo y amable que rara vez se alteraba, sin embargo hasta su hermana se asustaba cuando sacaba su parte oscura, y ese día, cuando el sargento murió ante sus ojos, salió algo que no pudo volver a contener. Vio llegar tarde a la tropa de Garuru, vio la guerra entre keronenses, vio el mundo cambiar, pero él ya había tomado su decisión.
Angol Mois había prometido a su tío que conservaría el planeta en su memoria, que no usaría su Armageddon con ese planeta, por lo que tras la guerra vino la paz, el mundo ideal que una vez soñaron juntos, el nacimiento del niño afortunado, el primero.
Pero a Fuyuki ese sueño había dejado de importarle, necesitó muchos años y Kichiro no sabía exactamente cómo lo había logrado, pero consiguió una máquina con la que recrear el Armageddon que una vez evitaron. Una forma irónica y poética para acabar con todo.
-Y aquí estoy, como un espectador antes del juicio final.- Finalizó su historia Kichiro.
-Gracias, con eso es suficiente.- Dijo Mutsumi dando un salto y situándose delante de él. –Puede que Kururu sea uno de tus "titos" pero es mi mejor amigo y sé que si te envió aquí fue por algo.
Mutsumi se dibujó un monopatín y se fue.
---
Notas de la autora (aclaraciones):
-"usted me ha dado zumo muchas veces, así que ahora le daré yo el mío": es una referencia al op3 del anime.
No hay mucho que decir aquí... sólo para quien no lo recuerde, que Angol Mois se suponía que venía a la Tierra para desencadenar el Armageddon y que fue por Keroro que no lo hizo, durante la serie casi lo hace varias veces y siempre se detiene, por eso es una forma "irónica" para Fuyuki en el futuro de destruir el mundo, porque es algo que ellos mismos evitaron.
