2. Inquietudes y reencuentros

Debido a que ahora la diferencia de idioma en los diálogos va a ser notable y no me apetece tener que estar declinando y conjugando para escribir y luego traducir, voy a colocaros la chuletilla, que iré repitiendo en los próximos capítulos para que todos nos aclaremos.

Normal: Diálogos y acciones.

Cursiva: Pensamientos. (Entre otras cosas van con comitas)

Negrita: Conversación en eldar o quenya.

Negrita cursiva: Conversación en lengua enana.

Ahora os dejo con el cap.

- Un momento. ¿Qué queréis decir? ¿No es un sueño?

- No, Max. –Dijo Philleas, un muchacho morenito, de pelo rubio oscuro y ojos color miel. Su semblante era más bien alegre, aunque ahora parecía confuso.- Mark ya me lo intentó demostrar pegándome un puñetazo en el hombro. –El interpelado asintió, era totalmente idéntico a Philleas.

- No me acaba de cuadrar, -refutó Maximilian.- ¿Vosotros cuatro habéis aparecido aquí? ¿En La Comarca?

- Si, -respondió Mark- al parecer, desde la guerra del anillo nadie tiene miedo, nadie se esconde. Aunque a los hobbits no les ha hecho ni pizca de gracia, eso sí.

- A mí lo que me escama – dijo Seal, un chico de pelo negro y ojos verde claro, con la piel pálida toda llena de pecas.- No es que nosotros cuatro hayamos aterrizado…

- Algunos aterrizaron. –Intervino por primera vez un muchacho de pelo y ojos marrón oscuro, con la piel morena, por su acento se notaba que era de Sudamérica.- Yo, según dicen ustedes que me recogieron, aparecí en el río.

- Bueno, no me interrumpas. Lo que me escama no es que hayamos acabado en La Comarca, sino que nos hayamos encontrado, o por lo menos los gemelos y yo con las familias de los antiguos miembros de la comunidad del Anillo o eso dice Felipe. –Dijo señalando al chico que le interrumpió.

- Si, lo afirmo. No sé cómo ni porque, pero estoy seguro de que deben de haber pasado unos veinte años de la caída del mal en la Tierra Media.

- Que freak. ¿Cómo puedes saber tanto de esto?

- Me gusta.

- Bueno, bueno, chicos. El caso es que habría que hacer algo, ¿no? –Intentó cambiar de tema Maximilian. –Deberíamos buscar el modo de salir de aquí.

- Eso hemos hecho. –Interrumpió una voz a sus espaldas. Un algo ajado Samsagaz Gamyi, acompañado de una hermosa muchacha hobbit se acercó a ellos acompañado de dos hobbits más, de la misma edad más o menos que él.

- Ya hemos avisado a gente que conocemos fuera de aquí, aunque más por curiosidad que por hostilidad.

- ¿A quién habéis avisado?

- A gente que os ha respondido, chicos. –Dijo una hobbit de rizos rubios, entrando en la sala y dándole a Sam una carta. Este la leyó detenidamente y se la pasó a sus compañeros ante los expectantes muchachos, que pese a la sorpresa por un lado y al miedo a lo (más o menos en función del muchacho) desconocido, no podían dejar de estar aun agradecidos, dadas las circunstancias de su caída, sus ropas y lo cerrado de la raza hobbit, por que los hubieran acogido.- Bueno, señor Tuk, señor Brandigamo, ¿qué me dicen? ¿Una última aventura?

- Jajajaja, eso no tienes que preguntárnoslo a nosotros.-Dijo uno de los interpelados, mirando a la mujer de rizos, que tenía cara de pocos amigos solo de escucharlos.

- No Sam, no quiero que…

- Tranquila cariño, no pasará nada. Vamos los tres juntos y aún no estoy tan viejo! Mira, -dijo enseñándole la carta a la mujer-, ¿ves? ¡Es solo llevarles allí descansar unos días y volver! ¡No tardaremos tanto!

- Nada te hará dejar de lado el viaje, ¿no? –Sam la miró con toda la cara de inocente que pudo.- De acueeerdo.

- ¡Jajá! Haced los paquetes, volvemos a los caminos!

- ¿Que ha querido decir el viejo? –Preguntó Mark.

- Que nos vamos, no sé dónde.

- No os preocupéis. –Dijo uno de los dos hobbits, al que Sam había mirado cuando había dicho "señor Tuk".- Os lo iremos contando todo por el camino.

Aurora se desperezó, ya llevaba una semana en Gondor y ya se había acostumbrado a pelear con su ayuda de cámara todas las mañanas por el vestuario (ya que la muchacha era muy reticente a llevar vestido). Aquella mañana presagiaba un buen día, el sol le había rozado suavemente la cara, acompañado de los gateos en su cama de una pequeña criaturita con la que la muchacha había desarrollado una cierta amistad.

Abrió un ojo, Éldarion estaba ahí echado bocabajo sobre ella, mirándola. A una cierta distancia, sin quitarle la vista de encima. Al parecer solo el pequeño príncipe había tomado confianza con la muchacha.

- Buenos días.

- Mmmmm.¡No me quiero levantaaaar!

- ¡Pero prometiste que jugarías conmigo!

- De acueeeerdo! –Aurora se quitó las sabanas, echándolas sobre Éldarion, que rodó para quitarse de encima de la chica y que se levantara antes de quitarse las mantas de encima.- Hoy no discutiremos con Nië, ¿de acuerdo? ¿Me ayudas a encontrar un vestido bonito?

- ¡Si!

El principito por poco no se mete entero en el baúl donde la muchacha tenía la ropa. La gran mayoría de esa ropa eran vestidos propiedad de la dama Arwen, esposa del rey. Una minoría había sido comprada para la invitada de honor (es decir, ella). Invitada de honor desde que el rey había recibido una serie de cartas de las que solo la reina conocía el contenido y la procedencia aparte del rey. Luego estaba "el paquete", es decir, sus vaqueros anchos de pata de elefante, su top ajustado y su blusa, amén de su ropa interior, (¡la ropa que llevaba al llegar a la Tierra Media, vaya!) Junto al paquete estaba su bolso y sus consiguientes objetos, propiedad de la muchacha: móvil (sin cobertura, así que apagado para no gastar la batería), MP3 (sin usar a pesar de que tiene pilas para no gastarlas), llaves, maquillaje (guardado para un caso de necesidad, nunca se sabe!), monedero…

Al fin el pequeño sacó un vestido sencillo, pero muy hermoso, de color blanco con bordados dorados, escotado y largo, pero apropiado para correr (y jugar) con un pequeño pero muy ágil elfo. Rápidamente se cambió en el baño, contiguo a sus aposentos, y se miró un momento en el espejo. Le quedaba bien la prenda con su piel aún morena por el sol. Hacía que pareciera más morena incluso. No se había peinado, pero los aceites que la dama Arwen le puso cuando la ayudó a bañarse hacían que el pelo pareciera recién peinado. Siempre le había gustado su pelo, de un marrón más oscuro que su piel y que contrastaba perfectamente, haciendo un efecto precioso con sus ojos verdes. Una mano estiro de ella con ímpetu, implacable, no dejándola ponerse ni los zapatos.

Juntos ella y el principito salieron por los pasillos. El niño iba dándole los zapatos a la joven, que se los ponía por el camino. Fueron a desayunar, pero no al comedor, sino a las cocinas. En ellas había unas cuantas y madrugadoras damas y algunos caballeros. Nadie se sorprendió de ver al principito ahí, lo miraron como si fuera uno más e incluso le ayudaron a sentarse en una de las sillas. Un vaso de leche y unos cuantos bollitos ayudaron a Aurora a despejarse mientras le iba enseñando a Éldarion juegos como el escondite, la rayuela… ¡incluso a jugar a pollito ingles! El principito tampoco se quedaba atrás explicando los juegos a los que más le gustaba jugar. Una mano en el hombro de la joven interrumpió las explicaciones.

- Auri. Me gustaría hablar contigo.

- ¿Cómo nos ha…?

- Fui a buscarte a tus aposentos y al ver que no estabas, fui a los de mi hijo para confirmar la sospecha de que te había levantado antes de hora solo porque anoche en la cena le prometiste jugar con él. Pero me temo que no habrá juegos, al menos durante esta mañana. –Esta última frase la dijo mirando a su hijo, que tenía una cara triste.

- De acuerdo, rey Áragorn. ¿Cuándo…?

- Lo antes posible, dentro de un ratito, ya que estoy aquí, voy a desayunar.

- De acuerdo. –Dijo Aurora mirando la carita de pena de Éldarion.- Iremos a jugar un ratito y después, cuando tu padre haya desayunado iré a hablar con él, ¿que te parece?

- ¡Sí!

Poco duraron para el príncipe los juegos, aunque el rey recriminó a Aurora su tardanza.

- ¿Dónde está mi hijo?

- Se lo acaba de llevar la dama Arwen, supongo que para que no escuchara las conversaciones ajenas.

- Hummmm… No sé si sabes que últimamente he recibido una serie de misivas. –La muchacha asintió.- Estas han circulado entre mis más intimas amistades y todas han coincidido en que han llegado una serie de extrañas gentes de no se sabe dónde, algunas como tú dicen que provienen de este, ¿cómo era? Nueva…

- Nueva York.

- Sí, eso. Por eso, dadas las circunstancias, hemos decidido reuniros a todos aquí, en Gondor, para ayudaros a averiguar, ya que todos lo pedís, cómo volver a vuestra casa.

- ¡Ya! –Dijo Aurora, que por un lado había visto crecer de golpe sus esperanzas de que hubiera otros como ellas, lo que demostraba que no estaba loca... o seguía indicando que todo aquello era un delirio dentro de su cabeza. Por otro estaba mosqueada, teniendo en cuenta lo muchiiiisimo que habían confiado en ella, no dejándola nunca sola, y menos si había alguien importante junto a ella, no fuera a invocar a las fuerzas del mal.- Por supuesto no tiene nada que ver con querer tenernos controlados. ¡Siempre guardias a mi alrededor! No sé cómo pensasteis que no lo notaría. Como llegué no se ni cómo aquí...

- Por muy mal que suene y siendo sinceros, si. Es justo por eso. ¡No te ofendas, Auri, por favor! –Se apresuró a añadir al ver la cara que ponía la muchacha, no mejorando mucho la situación al hacerlo con un tono que a la muchacha le sonaba muy cercano al que uno usaría para decir: "Madura y asúmelo, eres una prisionera de guerra".- Necesitábamos hacer que tú confiaras en nosotros, cuando recibí las cartas yo… ¡necesitaba que te quedaras! ¡Llegaste en extrañas circunstancias, con ropas extrañas, sabiéndolo todo de nosotros, de nuestro pasado, de un lugar que nosotros no conocíamos, a veces hablas de cosas que nosotros no entendemos, mi hijo me lo ha dicho, pero dice que no cree que estés loca! –Explotó el rey al fin. Tras un prolongado rato de incomodo silencio, el rey rompió el hielo.- Lo lamento. En verdad debí haber supuesto que reaccionarias así.

- No, yo debí haberme puesto en vuestra piel. Debo ser el ser más extraño de toda la Tierra Media, yo sé casi todo sobre Arda, toda su historia y todo y sin embargo casi nadie sabe sobre mi mundo. -El monarca asintió, acompañándola en su propuesta, en silencio.- ¿Por eso me dejasteis estar con Éldarion? ¿Para qué confiara en vosotros?

- Jajaja, si, entre otras cosas. Me arrepiento de confesarte esto, pero, la verdad es que me siento mejor siendo sincero…y viendo que a no te lo has tomado tan mal como creía.

- La procesión va por dentro, pero lo superaré. Uno de mis sueños siempre fue estar aquí. Concretamente ir a Lothlorien, pero me conformo con Gondor.

- No te pierdes nada. A mí personalmente me gusta más Rivendell. No sé qué es exactamente lo que me hace confiar en ti, confiarte esto quiero decir, quizás cuentos o leyendas que oí de niño.

- ¿De quién? -"¿De Gandalf?"

- No lo recuerdo, la verdad. Mmmmm me estoy poniendo nostálgico. Abandonemos el tema pues, de todos, modos, no sabes más que la mitad de la historia.

- ¿A qué os referís?

- A nada, tranquila.

- Podéis contármelo, tranquilo.

- No, no es asunto tuyo. Por ahora concentremos nuestra atención en teneros a todos en el mismo sitio.

- Entiendo.

- Te encuentro algo ausente, Auri.

- ¿Qué? No, solo pensaba.

- ¿En qué?

- "¿En qué? ¡En que! Tengo millones de preguntas y teorías que desean encontrar su sitio en mi desordenada mente, donde las ideas surgen como geiseres!"- En cuándo vendrá el resto de la gente, cómo serán, cosas así. También en el asunto de la confianza, no podemos hablar de él sin tocar temas que ocultamos el uno al otro por motivos importantes para ambos, y así no hay quien se aclare! Pero eso si, no pierdo la esperanza de que todo se solucionará, de que todo irá bien.

Dos caras con sonrisas de desesperación interna, dos cuerpos más fuertes en espíritu aún si cabe que en fuerza bruta, dos almas nobles se fundieron en un abrazo y se insuflaron energía mutuamente. Solo cabía esperar y no perder la fé en que todo mejoraría con el correr de los días.

Dos días después se anunció la prematura llegada de alguien por el horizonte, así que el castillo tuvo que ser acabado de arreglar a corre prisa y Aurora fue despertada antes de hora. Arreglada por las doncellas y sin haber desayunado, corrió (en cuanto las neuronas dormidas se le juntaron haciendo contacto para que reaccionara) por los pasillos hasta entrar en la sala del trono, donde ya estaban sentados Áragorn y Arwen y Éldarion ya estaba en las escaleras. Lanzándose junto al príncipe escasos instantes antes de que se abriera la puerta y entraran dos personajes acompañados del guardia: dos elfos altos y rubios, uno de pelo largo y de apariencia más mayor y otro más joven y con el pelo por los hombros. "¡Légolas! ¡De cajón! Ese es Légolas" pensó la chica, que ni siquiera reparó en el otro elfo.

Los reyes se levantaron, junto con el príncipe y la muchacha, que acababa de dar los detalles a su vestido, en el que no había podido reparar hasta el momento. Áragorn y Légolas se abrazaron mientras Auri recibía un severo pero divertido "Ha faltado poco" por parte de la reina y se peleaba por lo bajito con el príncipe, que se reía de su cara de dormida.

Tras besar la mano de la reina y cruzar unas palabras con los monarcas, hecho que le dio tiempo a Éldarion de arreglarle el lazo de detrás del vestido a su compañera, que aprovechaba para comerse medio bollito que le había traído la criada y como premio, le daba el otro medio al príncipe, Légolas tomó la palabra.

- He venido tal y como me pediste, trayendo conmigo al muchacho que aterrizó en mis dominios. Este extraño huésped aterrizó de la nada en el salón de baile que en ese momento estaba vacío, menos mal. Muchacho. -Le llamó.

Aurora se fijó por fin en el otro elfo y, automáticamente lo vio, las rodillas le temblaron y en sus estomago surgieron cientos de mariposillas. "¿Es él? No, no es él, no puede ser él. ¡Es clavadito! ¡No puede ser! ¿Puede ser?" Se acercó al grupo acompañada por el principito en el preciso momento en el que Legolas decía:

Quien será el chavalote que tan mal ha hecho sentirse a una de nuestros protagonistas? Tan guapo es como para que ella se sienta así? Lo veremos en próximos ficts (según el tiempo del que yo disponga).