Contrarreloj

Alguien te mira

El chico que había conocido apenas unos minutos apartó a Kimiko del hombre misterioso, el último recuerdo que se llevó de él fue la frialdad de su mirada pétrea. Relajó su mente, es la primera vez que lo veía en el club y también de vista, no recordaba haberlo visto en otro sitio ni siquiera en la universidad. Se acordaría. ¿Cómo supo su nombre? Es posible que sea un acosador, sin embargo, nunca oyó nada similar en un pretexto ni le gustaba jugar con la vida de las personas. Consideraba que era de mal gusto las bromas pesadas.

-¡Wow! ¿quién era ese sujeto?

-No lo sé, nunca antes lo había visto –respondió la chica con franqueza.

-Reconozco que es extraño, pero al menos no te tocará mientras esté aquí. Te lo prometo…

-¡Kim! –se apresuró a decir- sólo Kim. Tú no escuchaste nada.

-Okey, sólo Kim –afirmó con voz suave- sigues todavía pálida. Debes olvidar lo que pasó o si quieres tal vez necesitas respirar aire fresco, ¿qué tal si nos sentamos en una mesa o si tú lo prefieres, salimos?

Kimiko vaciló. Sabía hasta dónde quería llegar y en qué lugar iba a terminar si permitía que pasara. No quería dormir con un perfecto extraño ni tenía ganas de establecer una relación, aunque dudaba que sucediera algo más luego de obtener lo que quería. Pero tampoco quería volver a casa. Normalmente un apartamento vacío era una buena noticia, empero su noche de chicas se vio interrumpida por asuntos externos y de remate, un chico le notifica que está en peligro. Estaba sola y lo que pudo haber sido un hermoso día se fue por el caño. Además el chico es lindo. Aceptó la invitación, se sentaron y ordenaron una segunda ronda de licor. Ella pidió otro Bloody Mary y él un Martini. Charlaron un poco y rieron. Procuró que sus neuronas no se remojaran tanto en alcohol, pretendía estar lúcida en toda la noche. No era parte del plan de él que había ordenando su séptimo Martini y en dos minutos más tarde, él estaba acariciando su cuello mientras su otra mano se deslizaba entre sus pechos, sus labios se encontraron con los suyos mientras la torcía en sus brazos, y se sentía bastante bien. Sus anchas palmas acariciaron su espalda y prontamente se le olvidaron todas las razones que había dicho de no acostarse con un extraño. Aún seguía en sus brazos cuando llegaron a su apartamento, la besó y a pesar de que en su cabeza persistía no-duermas-con-un-extraño-tú-no-eres-así. Su cabeza estaba apoyada en la almohada. Para entonces ella había desterrado el espeluznante mensaje y al guapo mensajero. Kimiko le devolvió el beso placenteramente entretanto iban a la cama. Y se sintió bien. Su cerebro que continuaba consciente se llegó a preguntar: ¿Qué podría salir mal?

La señorita Kaila tenía la regla estricta de que ninguna de las bailarinas se puede desnudar en pleno baile. Si alguna lo hace, las luces se apagarán de repente y la culpable de exponer cualquier parte del cuerpo son despedidas. Si después de bailar, una quiere salir a divertirse con un chico, no ponía ninguna objeción mientras no perturbaba la estabilidad de la disco (ciertas cosas no se pueden hacer a la vista de todo el mundo). También la señorita Kaila no permitía la entrada de menores a la discoteca (menos contratarlos), dudaba de Kimiko pues que tenía unos diecinueve años cuando llegó. Cumplía la mayoría de edad, pero jamás en la vida trabajó con ella una muchacha tan joven. Pero en vista de las ganas y la empatía que la chica desprendía, le dio el empleo. No se ha arrepentido entonces. Kimiko había disfrutado de dos poderosos orgasmos, eran las dos de la madrugada y estaba despierta completamente y pensando que hace unas horas se preguntó que podría salir mal si se acostaba con el chico del pub. Fue un recordatorio de su último ex. Fueron cuatro meses de sexo alucinante, un mes en que su relación no iba a ninguna parte y después otro mes armándose de valor para romper con su novio a pesar de un orgasmo asesino tras otro, hasta que logró la ruptura. La grave falta de sueño se debe a los potentes ronquidos que provienen del lado. Kimiko sacó la almohada de su cabeza, intentando de ahogar los ronquidos o de desmayarse por falta de oxígeno. No tuvo efecto. Soltó un gemido fuerte, se apoyó de su codo y lo miró fijamente. La boca abierta, la mandíbula floja. Jesucristo, puso los ojos en blanco y se mordió el labio inferior. Kimiko hizo un esfuerzo por levantarse de la cama sin despertar al bello durmiente y tomó su ropa, se vistió con la mayor rapidez que pudo y salió del cuarto en puntitas...

Kimiko tuvo que caminar de regreso hasta el club nocturno en donde había dejado su moto. Fue una estupidez dejarla a la intemperie en vez de llevársela, pero confiaba que estaría en el sitio en el que la estacionó. La discoteca instaló cámaras de seguridad tanto adentro como afuera y hasta ahora, que estuviera en alcance de sus conocimientos, no ha ocurrido ningún robo. Le había puesto seguro. Kimiko anduvo despacio, metió las manos en los bolsillos de su chamarra, su bolso colgaba del hombro y arrastró las pisadas. Sopló con fuerza, un hálito de hielo que se disipó en el aire. Hace frío a estas horas. No volvió a entrar al club cuando llegó. Su moto estaba ahí y hay más vehículos que nunca. La noche todavía es joven. ¿Qué podía hacer en las próximas horas? A veces cuando salía temprano y no quería regresar a su casa porque no tenía sueño, necesitaba aclarar sus pensamientos, se quedaba dando vueltas en círculos o paseaba los alrededores de la ciudad en motocicleta. Ese era el plan. Recogió su casco, dio vuelta en U y aceleró a toda marcha. Cerró los ojos un segundo, suspiró. Y los abrió…

Los rayos del sol iluminaron de costa oeste a este de la ciudad poco a poco. Amanecía. Era cerca de las seis o cinco de la madrugada cuando ella arribó a su casa. Se paró suavemente. Se despojó del casco profiriendo un largo bostezo. Hoy es sábado y no le toca trabajar por regla, por lo menos podía dormir hasta tarde y despertar morosamente, después de comer se pondría a trabajar en su tesis. Era regular que Keiko llegue de su trabajo cuando estuviera durmiendo y por la hora estaría echada en cama bocabajo entre retajados suspiros. No debía interrumpir su sueño de belleza. Rectaría hasta su habitación y se metería en las sábanas sin hacer ruido. Al principio no había nada remotamente fuera de lo común cuando abordó a su apartamento en el tercer piso la recibió el hedor de los cigarrillos. El vecino de la izquierda tiene la mala costumbre de fumar como chimenea y ese olor de humedad es tan horrible que había impregnado el friso y el corredor. Kimiko y Keiko tenían latas en aerosol para rociar la sala por lo menos una vez al día debido a aquello. La protagonista registró a tiendas su juego de llaves, por el llavero en forma de mariposa dio con ello y abrió la puerta. Encendió la luz, todo está a oscuras.

-Oh, Kei... –cantó cerrando la puerta. Se dio la vuelta.

En el vestíbulo, tumbada sobre su costado, a espaldas de Kimiko y encima de un charco de sangre reconoció a Keiko muerta. Kimiko dio un sobresalto, aterrorizada y se lanzó sobre el cadáver. Oh por Dios, oh por Dios, oh por Dios... ¡no puede ser! ¡KEIKO! por todas partes. Su cerebro golpeaba su cráneo tratando de salir, su estómago se encogió y su mano sujetaba su boca, esforzándose al máximo de no vomitar. ¡Maldición contaminaría la escena del crimen! Sus rodillas se pegaron al suelo, pero no podía separarse del cuerpo a centímetros de ella. Sus manos y el pantalón se embadurnaron del líquido sanguinolento.

¡No! ¡no! ¡no! ¡Kei! ¡¿quién te ha hecho esto?!, los ojos de Kimiko se humedecieron y sus manos temblaban. No reparó en el momento en que estaba llorando del dolor. ¡¿Pero cómo sucedió?! ¡la puerta estaba cerrada con llaves! ¡nadie pudo haber entrado así de la nada! ¡El teléfono! ¡tenía que llamar a la policía! Se abalanzó sobre el teléfono que había en la cocina y marcó el número, sus dedos se desdibujaban por la rapidez y el miedo que sentía. Escapó de sus labios un grito de horror cuando se dio cuenta que la línea estaba muerta, ¡alguien la han cortado! Había otro teléfono en el corredor, que también cortaron los cables. ¡Estaban fuera de servicio! Kimiko recordó que tenía un celular en su bolso. A tientas y desesperada buscó en el fondo de su bolso. ¡MALDITA SEA! ¡FUERA DE SERVICIO! ¡Esto no podía ser coincidencia! El corazón de Kimiko latía con tanta fuerza dentro de la caja torácica que estaba segura que estallaría, podía escuchar el pulso de los estragos en sus oídos. Su primer pensamiento fue acudir a los vecinos, pero no tenía idea de qué decir. ¿Qué se supone que haría la pobre señora del apartamento 3A con sus camisetas desteñidas rosas y su vientre de Santa Claus? ¿empuñar su escoba en defensa de la chica y pelear hasta la muerte contra el lunático que asesinó a una chica que es más joven y fuerte que ella? ¡De ninguna manera!

No veía a la señora del 3A en el traje de la Mujer Maravilla y Kimiko estaba en la extrema necesidad de un héroe ahora. Precisaba un policía, es su deber proteger a los ciudadanos de esta ciudad. Después de todo, ¿qué no es si no es un policía? También pensó en su padre. No, no iba a ponerlo en riesgo a él ni a su hermana. Podía subir hasta el sexto piso y llamar a la policía, esperaría con una (o tres) lata de coca-cola light en la mano derecha. Pero antes que pudiera salir a pedir ayuda, la única emoción que sentía en ese momento era el miedo cuando vio reflejado en el cristal de la ventana la sombra de un hombre que se movía en la oscuridad de la cocina. Su estómago se revolvió. El asesino continúa aquí, esperándola para concluir con el trabajo. Sería la siguiente. La figura se movió hacia ella y Kimiko gritó.

-¿Señorita Tohomiko?

-¡No te me acerques, hijo de puta! –como acto reflejo, Kimiko le arrojó un florero de cristal encima y trató de huir. Él agachó la cabeza, pero cerró sus dedos en el antebrazo de la chica impidiéndole realizar un paso más.

-¡Tranquila! ¡tranquila! ¡no voy a hacerte nada! -¡¿cómo no pudo haber pensado antes?! El asesino era él. El alto moreno atractivo que había estado en la discoteca ayer. La mente de la chica gritaba como su cabeza daba vueltas. El pulso latía en sus oídos.

Estaba segura que asesinó a Keiko y estuvo esperándola escondido en su apartamento para hacerle lo mismo a ella. ¡Se trataba de ella! ¡no de Keiko! Sus ojos verdes inspeccionaron a Kimiko horrorizada. Intentó correr, pero él le cerró el paso y apretó su brazo con fuerza. Un pinchazo recorrió todo su brazo cuando tiró del músculo. No dejó de luchar por escapar de la muerte. Tuvo la sensación de que estaba hiperventilando.

-¡Señorita Tohomiko, por favor cálmese! –la preocupación inundó su rostro y llenó sus ojos en el acto, su agarre era fuerte y los amuletos de mariposa se incrustaron en su piel dejando marcas en su muñeca- nos conocimos ayer, ¿recuerda? –Kimiko parpadeó confundida- ayer –repitió- le advertí que estaba en peligro, ¿lo ve? Él estuvo aquí, ¿está herida? Me disculpa si entré así, cuando llegué la puerta estaba abierta y tenía que investigar para ver si seguía aquí. La zona está limpia, le prometo que todo saldrá bien a partir de ahora, pero tiene que calmarse.

-¡No! ¡usted no entiende! –hasta la propia Kimiko se percató el tono de historia en su voz. Él parecía que quería ayudarla, pero no lo estaba haciendo ahora- ¡yo necesito un policía!

-No puedes –Kimiko advirtió un frío brillo en los ojos del hombre misterioso. Un escalofrío subió por su espalda y sabía que todo el tiempo había tenido razón. Que estuviera aquí no era ninguna coincidencia, ¡estaba metida en un grave problema!

-Siento mucho lo de tu amiga, debe de ser muy aterrador encontrarla así –parecía divertido.

Abrió la boca para gritar. Sin embargo, ella fue rápida y hurgó en su bolso con el brazo que tenía libre, encontró el espray de pimienta y lo apretó esperando la oportunidad de sacarlo. La cerró.

-Eso es, confía en mí –dijo con voz helada y extrañamente tranquila; estaba en manos de un peligroso asesino. Oh inmaculada concepción, ¿qué he hecho para merecer eso?, pensaba.

-¿Quién es usted? –jadeó Kimiko.

-Tu protector –afirmó con aplomo. La chica se estremeció, su respiración era entrecortada- deberías saberlo, se te envió un correo con las reglas. ¿Si sabes las consecuencias que trae a nuestro juego si metes a la policía en esto, no?

No tenía la menor idea de qué estaba hablando aquel loco. Y no se quedaría a averiguarlo. En cambio, levantó la mano con el espray de pimienta y lo apretó contra su cara. No llegó muy lejos porque el maldito aerosol ni siquiera lo hizo estornudar o cosquillas. Sólo se rió y sacudió la cabeza. Esto es malo.

-Vas a tener que hacerlo mejor –dijo divertido, aun aferrado al brazo de la joven.

Kimiko se enojó, sentía que su sangre su quemaba en sus venas. Su corazón empieza a latir muy deprisa y su cara arde, sin pensarlo, alzó la rodilla hacia arriba con toda la fuerza que pudo reunir y golpeó sus testículos. Las rodillas del hombre cedieron mientras se desploma en el suelo con un gemido de dolor, por fin soltó su brazo. Ella no perdió el tiempo y echó a correr. Tenía que salir a la calle. Tenía que salir de allí. No esperó que el ascensor subiera y se lanzó escaleras abajo. Su mente estaba en blanco. Casi experimentó un ataque cardíaco al llegar al vestíbulo y trató de abrir la puerta. Imposible, no podría quedarse atrapada en el hueco de las escaleras. Tiró de nuevo, sacando de un lugar desconocido todas sus fuerzas y esta vez, la puerta se abrió.

-¡Mierda! –ladró Kimiko.

Miró alrededor violentamente, girando sobre sí misma. Las calles estaban vacías. Deseaba poder conjurar un policía, un bombero, un cartero, ¡a quien sea! ¡una persona! Pero no hay nadie, el miedo que habitaba en ella era lo que la impulsaba a mantenerse en movimiento y continuó en la carrera frente una soleada mañana de agosto. No es corredora ni tampoco ha participado en maratones, pero corrió tan veloz que habría puesto a un competidor olímpico en ridículo. Sus pies sobrevolaban las aceras agrietadas. Sus pulmones ardían. Incluso con aquel mágico empujón de adrenalina, de aquí a la estación más cercana de policía tardaría un tiempo. Mientras atravesaba las primeras cuadras pensó en lo que había querido decirle el misterioso alto moreno: ¿Por qué no podía notificar a la policía? ¿de qué juego hablaba? ¿qué cosa espantosa pasaría si rompía las reglas? De repente, divisó un policía de tránsito y nada más atravesó por su cabeza correr hacia él. ¿Y qué iba a decirle?: ¡Oiga, señor oficial! Un psicópata asesinó a mi mejor amiga y me dijo que no pensaba matarme, pero yo no le creo, ¿puede ayudarme? ¡De ninguna manera! Cabeceó furiosamente. Echó un vistazo a su medio. No hay nadie, es decir, nadie pareciera peligroso para ella. Actuaba bajo la paranoia porque estas personas parecen bastante anodinas. Hombres y mujeres en trajes de negocio, los turistas tomándose fotografías y cargando mapas iluminados de la ciudad, a bohemios durmiendo bajo un techo de periódico. Cuando no veía a nadie, aparecieron todos. La gente la mirada, pero a ella no le importó. Nadie la seguía. Y fue hacia el policía cuando un coche se atravesó en el medio. Kimiko retrocedió. ¡Es el alto moreno y misterioso otra vez! Ahora comprendía cómo pudo llegar tan rápido. Caminó hacia ella.

-¡Mi amor, aquí estás! –una sonrisa de oreja a oreja curvó en sus labios.

-¡Nada de mi amor, ni se te ocurra dar otro paso más! ¡auxilio!

La estrechó en sus brazos, un abrazo de amante. En torno a ellos los habitantes de la ciudad caminan por la calle con la cabeza inclinada, sumidos en sus propios mundos. Él se inclinó y susurró a su oído.

-Está bien, tranquila, estoy aquí para ayudarte, por favor coopera estás llamando la atención –suplicó. Kimiko luchó por liberarse de sus brazos- ¿podrías dejar de hacer eso?

No lo hizo. Todo lo contrario, la arrastró a la fuerza hasta el interior del coche. Ella soltó un grito lastimero. Su estómago se encogió. Maldita sea, vino expresamente para protegerla y en lugar de eso, tenía a una mujer presa del miedo. Todo lo que hacía, le sale mal. No podía permitir que se fuera o peor, advirtiera a la policía. Kimiko empujaba y mordía su brazo. Él apretó la mandíbula duro, tratando de controlar su propia frustración y calmar el dolor, pase lo que pase tenía que conservar la voz bajo y tranquilizadora. No empeoraría el cuadro de la situación, sin embargo, él no podía suavizarse porque si tenía que arrastrarla del pelo para lograr que ella se metiera en el auto. Lo haría. Es por su bien. No cometería el mismo error dos veces. Kimiko luchó por zafarse, entrecerró los ojos y se derrumbó en un grito ahogado de dolor. La obligó arrastrarse a un callejón oscuro, sin salida y sobretodo desierto.

-¡Por amor de Dios, no voy a lastimarte! ¡te quiero ayudar! Si me das la oportunidad de que te explique, lo haría...

La expresión de Kimiko no ha cambiado. No hay confianza. Sólo frío, miedo. Lo intentó de nuevo.

-No soy un ladrón, no soy un violador, no soy un asesino. Por favor, confía en mí. No voy a hacerte daño, vine a protegerte.

-¡Vete a la mierda, maldito desgraciado! –masculló entre dientes. Si bien se sentía frustrado porque no creía en él. No dejaba de admirar su coraje. Más que cualquier otra cosa, luchaba por vivir con pasión, esa clase de espíritu la ayudarían mucho en su lucha contra Young.

-¡Sé que estás asustada! –apremió. Kimiko continuaba forcejeando- sé que mi presentación fue desastrosa, no te culpo si crees que soy una especie de acosador, pero cuando saliste de la discoteca. Me vi en la obligación de seguirte y creí que estabas en el apartamento, estaba abierto y encontré a tu amiga en el piso muerta. No pude hacer nada por ella. Inspeccioné los cuartos para cerciorarme si la persona que realmente asesinó a tu amiga seguía ahí, pero no y temí que volviera así que me quedé a esperarte para llevarte conmigo... ¡fue mi error! No debí haberte dejado sola ni un instante ¡tuve que haber persistido cuando te alejaste de mí!

-¿Qué? –vaciló, se apartó del hombre misterioso. La mujer tenía agallas, empero no estaba de humor para juegos y sin ningún esfuerzo en absoluto, la inmovilizó estrellándola contra el suelo.

-¡Kimiko, por favor!

-¡SOCORRO! ¡AULIXIO! ¡QUE ALGUIEN VENGA A AYUDARME!

-¡Te lo suplico, haz silencio!

Colocó una mano sobre sus labios. ¿Jesucristo, qué hago ahora?, pensó él, cada movimiento parecía empeorarlo todo, ¿qué elección tenía? En cualquier momento, aparecerían personas y verían el espectáculo, ¿qué iba a decirles? Buscó una idea de cómo hacerle entender que era uno de los buenos. Sus ojos azules estaban muy abiertos. Amplios y aterrorizados. Vio algo más, ¿rendición? Había visto antes esa mirada en los hombres que esperan una muerte segura. No quería volverla a mirar nuevamente, menos en una mujer. Más que encontrar a un extraño en su casa. Ella permaneció inmóvil, con los ojos llenos de horror. Sus músculos se tensaron. Estaba decidido a protegerla y arrancaron con un mal comienzo. Su mano sigue en su boca. Ella respiraba por la nariz, sus inhalaciones rápidas y superficiales cosquillean el dorso de su mano. Sus ojos no se apartaron de él. Y a su vez centró su mirada en la chica. Para entonces, su espalda estaba contra la pared y su cuerpo ligeramente presionaba el suyo mientras su otro brazo la sostenía. Ni Kimiko ni el moreno alto y misterioso, no podían ver ni sentir otra cosa que no fueran ellos mismos. Podía pasar horas contemplando las piscinas azules, son de un azul igual que el océano, aterrorizadas, cuando debía leer esperanza en ellas.

-Voy a quitar la mano si tú prometes no gritar, ¿trato? –susurró. Se limitó a mirarlo, asintió con la cabeza segundos después. Retiró la mano suavemente de su boca y ella se encogió, a pesar de todo, ella obedeció y quedó paralizada. Sus labios están a unos escasos espacios de los suyos. Respetó el espacio.

-¿Vas a venir conmigo al auto para que podamos hablar?

-No –dijo en un susurro ronco.

Sin una lucha, no vendría con él. Soltó un largo suspiro. No podía culparla pero maldita sea esto es muy desesperante. Había hecho de guardaespaldas docenas de veces, jamás atravesó por un contexto afín. A la mierda con todas las instrucciones. Maldita sea todo. Necesitaban trabajar juntos, no en contra. Cada segundo que desperdiciaba, era un paso más a la victoria de Young.

-Esta es la situación, Kimiko: Tu vida está en riesgo, la chica que estaba en el apartamento pudiste haber sido tú. Y si estoy aquí insistiendo tanto es porque soy tu protector, ¿no crees en mí todavía?

Sus dientes rozaron su labio inferior y negó con la cabeza una vez confirmando su pregunta en un pequeño movimiento. El hombre cerró los ojos con fuerza.

-En ese caso...

Metió la mano en su sobaquera. Ella tomó aliento. Volvió apretar la mano contra su boca, recubriendo un grito. El alto moreno y misterioso sacó una pistola, comprobó el seguro y lo puso en manos de la chica. Se apartó. Estaba echando su suerte a un juego peligroso, estaba consciente, pero las opciones se están agotando. Necesitaba confiar en él rápido. El hombre confiaba que Kimiko Tohomiko no mataría a un hombre. Quizá lastimarlo, mas no matarlo. Ella lo miró con ojos grandes y confusos.

-¿Qué vamos hacer ahora que tú tienes el arma, Kimiko?

-Es una excelente pregunta –pensó Kimiko- sin embargo, no me gustan las armas, tampoco soy estúpida.

Sospesó el arma de fuego en ambas manos y apuntó hacia su pecho. Sus manos temblaban. Estaba desconcertada, no sabía si tenía al frente al hombre más idiota o valiente que haya conocido. Dependiendo de su decisión, podía acabar con un agujero en su pecho, la camisa tan ajustada marcaba las curvas de sus pectorales y sus abdominales o en su rostro atractivo –dilema- Kimiko lanzó una mirada a la salida del callejón. Se preguntó si se veía estúpida sosteniendo el arma. Pensó en pedir ayuda, sin embargo, descartó aquella opción casi que inmediato. Le dio una ventaja muy grande. Una vocecita en su cabeza aseguraba que tenía una pistola escondida en alguna parte, un lugar perfectamente accesible al menor descuido. Se tomó su tiempo en observada, cada detalle.

-¿Te gustan los juegos?

-¿Qué diablos?... –la pregunta fue inesperada que por un momento sólo podía mirarlo. Ella se encogió de hombros.

-Responde a mi pregunta, por favor, ¿no merezco unas palabras antes de morir? –por ahora, la confusión superó al miedo. No bajó el arma para mantener las apariencias, pese de todo- conque... ¿te gustan los juegos? Como los videojuegos, Goo Zombies por ejemplo...

-S-sí-í.

-Pues si no mal te acuerdas, en cada juego el villano tiene el objetivo de eliminar al héroe y tú debes ayudarlo a cumplir su misión. Durante este tiempo he tratado de decirte que eres el objetivo de un villano, el verdadero asesino que mató a tu amiga y yo podría ser el jugador asignado a protegerte y ayudarte en tu camino –Kimiko puso una mueca- por favor, déjame mostrarte.

Kimiko todavía tenía el arma en sus manos. Ahora ellos estaban en el coche de él, la puerta está entreabierta en favor de la chica para echar a correr en cualquier emergencia. Sentada a su lado, le permitió sacar de abajo del asiento del copiloto un portafolio rectangular y en su interior almacena una laptop plateada. Estaba en un ángulo que inevitablemente lo tenía al frente y podía revisar lo que escribía rápidamente en el teclado. Prefirió concentrarse en él. No estaba dispuesta a confiar totalmente en ese hombre, pero odiaba admitir que él tenía un rostro digno de confianza y tenía un bonito bronceado en su piel, parece que es moreno por naturaleza, aun así apostaba que también era por las actividades que tomaba al aire libre en donde el sol es un buen amigo. Un mentón firme y una fuerte línea de mandíbula, creyó que se afeitaba. Sus músculos se tensaron contra las cortas mangas de su camisa, estaba segura que ese no era el resultado de un entrenador personal. No lo hacía por presumir, pero por el modo en que su camisa se abraza a su cuerpo, delinean los músculos bien tonificados de su pecho y sus abdominales. No cabía duda que estaba en muy, muy buena forma. A lo mejor trabajaba su físico en un gimnasio o tal vez pertenezca al ejército y sea militar, caviló y el pensamiento no deseado la alarmó. Kimiko tienes que reaccionar, tienes a tu derecha a un hombre guapo –abrumadoramente apuesto- cómo sea, no te olvides que trató de matarte y estaba en el apartamento con Keiko bañada en sangre. Mierda, cierto. Meneó la cabeza y apretó el arma en su regazo. Miró sus manos. Callosas, probablemente ásperas. Aumenta el porcentaje que trabaje con el ejército. Examinó sus uñas por curiosidad, eran limpias y por una absurda razón se calmó con esa idea en la cabeza.

-¿Estás bien? –preguntó con voz aterciopelada. Kimiko asintió, sin despegarse de sus ojos verdes. A diferencia de los feroces ojos que encontró en la discoteca, esta vez eran cálidos y preocupados, transmitían tranquilidad en vez de miedo. Se relajó un poquito.

-¿Qué buscas? –preguntó recelosa.

-Evidencias para que confíes en mí. Busco una foto del asesino que anda tras de ti y mató a tu amiga, cuando se disparó la identidad del asesino en serie responsable de los homicidios de las mujeres, salieron en internet numerosas fotografías del sujeto. No obstante, la policía y el gobierno decidieron censurar todo artículo relacionado con aquellos sucesos tan atroces y ya no queda casi nada, afortunadamente he guardado algunas en la memoria de mi PC y uno que otro artículo. Hace unos días revisé, son pocas las páginas webs que no olvidan (o no han clausurado) este tema.

-¿Asesino en serie?

-Sí, ¿no tienes idea sobre él? –arqueó una ceja- ¿no ves las noticias? ¿no eres de por aquí?

No contestó. No prosiguió insistiendo. Hizo un ademán y dio vuelta a la computadora para que mirara, se inclinó y leyó la información. Cayó en cuenta que se sentía mal del estómago cuando terminó. No conocía a ninguna de las chicas en los diversos artículos ni tenía idea qué tenía que ver con ella o con Keiko pero a juzgar por la expresión del hombre misterioso era lo suficientemente grave como para no discutir. Pues que no lo permiten las páginas, no hay fotografías si no descripciones de los artículos. Empezando en abril del 2006 hasta hace dos años exactamente. Debería comenzar a leer el artículo de la primera muerte, pero él lo enfocó hacia la última quién sabe por qué. 23 de febrero del 2012. Río de Janeiro, Toberejo Brasil, fue encontrada muerta una joven de veintinueve años identificada como Verónica Siqueira en su apartamento, ubicado en el edificio: Nubes Altas. Siqueira, trabajaba como editora de la revista juvenil Nosotras, su cadáver fue descubierto por el ex de la marina: el Alférez Raimundo Pedrosa. Si bien Pedrosa se negó hacer comentarios, fuentes cercanas a la investigación confirman que el alférez teóricamente recibió una pista sobre la muerte de la mujer a través de internet. Los detalles no están disponibles en el momento, pero se ha afirmado que, luego de varios meses de interrogación y sondeo, Pedrosa fue descartado como sospechoso de la muerte de Siqueira.

Kimiko no siguió leyendo, sabía que había más allá de lo que leyó y a este paso encontraría la descripción del homicidio. Se abrazó a sí misma. Sentía frío y caliente al mismo tiempo. Se concentró en la respiración y cuando se mantuvo bajo control. Se volvió hacia él, su cara se ensombreció de repente.

-¿Cuál es tu nombre? –su voz era apenas un susurro.

-Pedrosa –musitó entre dientes- Raimundo Pedrosa.

Antes que pudiera evitarlo, escapó un grito ahogado de sus dulces labios. Esta vez no era un grito de horror o un gimoteo lleno de premura. Tapó un segundo grito y ladeó la cabeza. Él continuó.

-Me preguntaste porque estaba siguiéndote, en este artículo encontrarás la respuesta. Espero que estés satisfecha. Me correspondía protegerla y no hice absolutamente nada por salvarla, es mi culpa que acabara así.

-¿Te correspondía? –ella no estaba segura, inclinó la cabeza de un lado hacia otro y lo miró fijamente- ¿por qué es tú culpa? La encontraste en ese estado, no sabías y ya era demasiado tarde para ayudarla. Tampoco eres Superman.

-Sí lo es, no intentes excusarme ¿de acuerdo? –cerró los ojos contra el dolor, obligándose a concentrarse- éramos novios. No, más que eso, ella es el amor de mi vida, yo la amaba con el corazón abierto y dejé que pasara esto en frente de mis ojos –seguía con los ojos cerrados y su expresión era igual a una patada en el estómago-: unos veinte días antes del homicidio me advirtió de que corría un grave peligro, tenía la premonición de que alguien la asechaba y yo no le hice caso. Pensé que sólo estaba siendo paranoica y la abandoné, la dejé sola cuando más me necesitaba. Recibí un mensaje de ese monstruo para que fuera a recoger el cadáver en su apartamento y tampoco presté atención creyendo que era una broma perversa. Cuando me di cuenta, no podía hacer nada por salvarla, era su novio... un oficial de marina; yo había jurado que la amaría sin descanso y la protegería contra todo, ¿y qué hice? Nada.

-Oye ya basta... no tienes que continuar, entiendo –su dolor era palpable. Kimiko detuvo su interrogatorio. No tenía nada que decir ni palabras para animar al hombre que se derrumba delante de ella.

-Pero quiero hacerlo. El homicida se rió en mi cara. En la noche que asesinó a Verónica, él también mató una parte de mí: Mis sueños, mi esperanza, mi futuro con Verónica. Y seguía suelto, la policía me informó que no era la primera víctima y era muy escasamente probable que fuera la última, se trataba de un asesino en serie –cerró los ojos y cuando los abrió otra vez, sus facciones se templaron- sus víctimas eran mujeres menores de treinta y al leer los patrones en el cuerpo, no había duda que era uno de sus asesinatos después de cuatro años de inactividad y por ende, es posible que cometiera otro en las próximas fechas. He pasado dos años de mi vida siguiendo su rastro, aprendiendo todo sobre él y en especial, localizar viva a su siguiente víctima antes que él. Y lo logré –esbozó una pequeña sonrisa, entrecerró los ojos hacia ella y se enserió- el rastro me llevó a ti...

-¿A mí?

-No pude proteger a Verónica, eso lo sé. Y el día en que fueron a enterrarla, le juré a Cristo que mi novia sería la última víctima de ese asesino y salvaría a la próxima de la muerte, sea quien sea decidí que esa chica seguiría viva, mientras me quedaran fuerzas para levantarme no iba a repetirse la historia. Es por eso que estoy decidido a protegerte a toda costa Kimiko Tohomiko. Estás en la mira de ese diabólico asesino –se mordió el labio inferior. Dirigió el contenido de la información del hombre misterioso: con que soy el nuevo juguete de un psicópata demente y si Keiko está muerta es por mí culpa. No podía quedarse quieta, dio un par de vueltas en círculos. Apretó el arma. Inútilmente su mente intentó de procesar todo lo que estaba pasando. Su cabeza la golpeó amenazándola de sufrir una jaqueca infernal, sus ojos ardían por lágrimas no derramadas (Keiko, asesinada, no conseguía borrar ese episodio de sus recuerdos), sentía ganas de arañar la palma de su mano y sus pies le dolían. Kimiko deseaba romper a llorar. Un asesino en serie, ¿por qué está pasándome esto a mí?, pensó la chica acongojada. Tenía que mantener la calma bajo presión. Estaba en peligro.

-Sé que no es fácil lo que acabo de confesarte y aspiro que la verdad de mi historia te haya convencido que estoy de tu lado. Desde hace meses alguien ha estado observándote y ahora viene a por ti a como dé lugar.

-¿Cómo se llama?...

-¿Perdón?

-Él, el asesino en serie. Dime su nombre por favor –el ex de la marina tomó una respiración profunda y asintió.

-Chase Young.

-No... –musitó con voz apagada- no me suena el nombre. Que recuerde, no he hablado con ningún Chase ni nadie ha mencionado ese nombre, es primera vez que lo oigo, ¿cómo pudo averiguar la dirección de mi casa? –sabía que era una pregunta estúpida, pero quería decirla (debía disipar las dudas).

-Young es un lobo al asecho. Antes de asestar el golpe investiga a su víctima; no le importa cuántos días, semanas o meses, tarda en hacerlo. Memoriza los pormenores, se toma tiempo para averiguar nombre completo, familia, amigos, lugares en común, trabajo, universidad, hogar, aficiones, debilidades. Tiene que saber a qué se enfrenta y cómo atacar. Examiné el cadáver de tu amiga; no te puedo dar la hora exacta del deceso, estipulo que pudo ocurrir en la noche, quizá antes de medianoche. Pudo haber entrado en cualquier hora, no sé por qué escogió esa precisamente… ¿tienes una rutina nocturna?

-Sí, llego a casa del trabajo cerca de las diez de la noche.

-Eso explica todo. Si vas a enfrentar a Young, está prohibido de plano realizar rutinas: entró y decidió esperarte, como no llegaste y vino tu amiga, la asesinó. Young jamás deja testigos o de otro modo no hay quien viva para contarlo –Raimundo se rió sin alegría. Se estremeció al gesto- es curioso. No quiere que la policía intervenga y su primer movimiento es matar a una mujer; si no fuera porque he revisado casos anteriores, no diría que se descuidó. Eso no lo pondrá feliz, tarde o temprano la descubrirá y para entonces tendremos que actuar rápido.

-¿Por qué mató a tu novia entre tantas chicas? –interrumpió Kimiko- ¿el asesino te conoce?

-No. Honestamente no tengo la menor idea. Young escoge sus víctimas al azar, las ve y si les gusta, va tras ella. Sólo me consta que fue torturada, mutilada y decapitada de la más vil manera. Él sabe dónde vives, tu casa no es segura ni ninguno de los sitios que conoces; por lo que debo llevarte a un lugar donde estés a salvo –la miró.

El ex de la marina se volvió hacia la chica, quien todavía conserva la pistola en sus manos.

-Prometo explicártelo todo sobre Young, lo que tú quieras. Ahora estamos juntos en esto, si quieres sobrevivir vas a tener que confiar y apoyarte en mí, nadie más, ¿si confías en mí, no es así? –preguntó.

Kimiko se abrazó al arma. Oh vamos, este hombre atravesó el océano atlántico para salvar su vida y le informó sobre un asesino, era muy bien tramado y macabro para inventar una historia así. Hablando de historias, el asesinato de su novia parecía realista. En su mirada había remordimiento y dolor. Sus intenciones aparentan ser transparentes y honestas. Kim, necesitas un luchador en este momento. Ella extendió el brazo tímidamente, devolviéndole el arma.

...Esta historia continuará...


A/N: Cerramos la historia aquí por ahora. ¿Qué les parece? Un capítulo entero con un Raimundo misterioso y una Kimiko histérica, recia a confiar a un hombre que apenas acaba de conocer. Oye, no la culpen, ¿tú como te sentirías si tu mejor amig aparece asesinado y hay un tipo en su casa que viste ayer? Lo hice intencionalmente. Al igual que Young yo me estoy tomando con calma los acontecimientos que giran torno al fic. Me alegro que todos hayan tenido una buena acogida a esta Kimiko atrevida. Ojalá la tengan de Raimundo, Chase en cierta manera (como villano) y mi otro protagonista. A mi criterio el primer capítulo tuvo muy buena aceptación por parte del público.

Esta es mi última semana de vacaciones y faltan menos de cinco días para que vuelva a clases y me siento horrible: Todo sucedió tan deprisa que no quiero que acabe. Este último año me dejó traumadísima y el que viene es una ladilla total. Ya sabrán que mi retorno implica más retraso y una irregularidad en las actualizaciones, no porque yo quiera si no que me obligan :( Qué desgracia.

Estoy consciente que el título es de telenovela, pero lo dejé porque me gustó. ¿Quién diría que una estupidez de Kimiko la salvó de morir? ¡Ojo!, yo no estoy incitándole a las jovencitas a que se acuesten con tipos que conocieron en unas horas, una tiene que fijarse con quien duerme. Y se supone que ustedes, jovencitas, deberían saber eso. Yo, AliceXS, no haría eso. Sólo quería que Kimiko no fuera a su apartamento, en su lugar Chase Young asesinó a la pobrecita de Keiko rebanándole el cuello. Chase Young es el antagonista principal del fic... no ha pasado mucho de que lo convertí en villano. Si les soy franca, Chase es mi villano favorito de la serie y el más factible en las maldades de mi mundo normal Xiaolin. Además que en los fics que tengo hay una temporada larga en que Chase no hará travesuras:

En Mamma mia, la antagonista principal es la cruel de Wuya (Jack juega a ser mitad héroe y mitad villano, una clase de antihéroe).

En A thousand years, Sombra es villana estelar por primera vez en uno de mis fics.

En Wild Eyes, Hannibal Roy Bean tiene actuación antagónica.

En Eres la música en mí, Toshiro y Sombra o Ashley, todavía estoy pensando, son los más parecidos a antagonistas.

En Quiero ser escritora, no hay un solo villano. Son MUCHOS antagonistas (aunque hay uno que sobresale, no les quiero decir).

En 49 semanas, muy probablemente que sea Sombra otra vez.

¿Y dónde dejo al pobrecito de Chase? ¡Admítanlo, de todos los personajes de la serie, es el que tiene más potencial de asesino en serie! Sin lugar a dudas ese es mi papel AU favorito para él. Pero hablaré de Chase en otra nota. Los tres primeros fics tienen a los villanos más crueles, exceptuando a este, de mis fics. Voy a comentar un poco el fic. ¿Alguien adivinó que todo el tiempo se trataba de Raimundo? Ay, si soy mala, si bien no es la primera vez que pongo como trauma una novia. Ordenadamente es el cuarto. Lie to me, Cosmic Love y El camino a casa, en este fic en particular es una mezcla del primero con el último. En un principio, quería que fuera un secreto, pero luego vi que era necesario que Kimiko lo supiera de una y entonces se me ocurrió agregar un toque que no había puesto antes. Hablaré solo de Raimundo en otra nota del autor, salvo me gustaría señalar ¿alguien de aquí imaginó a Rai vestido con su uniforme de infante de marina? ¡kyaaaaaaaa, qué lindo!

-Aquí yo lo único que imaginé es que si toda chica en el mundo tuviera un protector la vida sería un jamón. No hombre, vale, sin pedirlo ni nada: Kimiko tiene un protector, que fue alférez de la marina; es un hombre joven, alto, musculoso y de paso, apuesto (a pesar de todo, Raimundo es rico). No joda, qué suertuda...

Ejem, gracias por compartir tu opinión, Mía. En esta nota del autor les voy a hablar de los orígenes del fic. Si no mal recuerdan, en el capítulo anterior les dije que este fic se basa en la trilogía Rompiendo códigos de Julie Kenner y El esposo perfecto de Lisa Gardner. Conocí ambos casos en fics de Duelo Xiaolin, de adaptaciones. El último lo leí hace tres años más o menos, lo leí como cualquier fic, esperando actualizaciones y comentando cada capítulo. Sin embargo, no sé por qué razón la autora borró el fic (ya había tenido final y gozó de gran éxito). Se cambió de nombre y más nunca he vuelto a saber de ella. Cuando lo busqué para volverlo a leer. No estaba. El otro fic, basado en los libros de Kenner, fue un caso diferente.

Les explico malvaviscos asados. Hace tiempo estaba paseando por el fandom de Duelo Xiaolin de dibujos de DeviantART cuando veo unos dibujos que me llamaron la atención y en cada imagen rezaba una descripción de pedazos de una historia, nada mal. La dibujante era una lectora y escribía en cada descripción que era perteneciente a una historia llamada Into the rush en FanFiction. Yo la busqué y todavía no me la he terminado de leer porque los capítulos son LARGOS (en mayúscula, sobrepasan a los míos). ¡OHMYGOD! Es la mejor historia que haya visto jamás. Mis géneros favoritos estaban ahí. Estaba en inglés, pero no me importó. 262 reviews, 84 favoritos, 62 seguidores. ¿Cuál es el peo? El peo es que la historia no tiene final, no la terminó y me da mucha rabia cuando una historia MUY GENIAL no la terminen, me da coraje, me da de todo. Dijo que inspiró su historia en la trilogía de una autora, Julie Kenner: Rompiendo códigos (El Código Givenchy, La clave es Manolos y La paradoja de Prada). He estado como loca tratando de descargarme aunque sea uno, y nada. Muy poco probables que hayan sabido de estos libros y sólo dos fueron traducidos al español, los dos primeros, a no ser que usted hable en inglés o viva en España, no creo que tenga idea de lo que esté hablando. Me obsesioné (y cuando me obsesiono con algo, soy igual que Chase) y me juré a mí misma que mínimo me leía uno, me fui por el primero, yo lo encontré en inglés porque nunca se me descargó en español y me lo estuve leyendo, me lo terminé hace una semana. Me gustó el libro y no sé como sentirme, creo que no me puedo creer todavía que haya terminado.

Demasiado bueno es poco para describirlo. Me pareció un poco injusto con el fic que haya quedado suspendido en el aire. Y dudo que alguna vez la autora lo continúe, ¿a qué no adivinan cuándo fue publicado?: 5 de junio del 2007. ¿Mucho tiempo, no? Así que yo: Como amante del misterio, de la acción y del romance, y autodenominada fan Raikim, hice mi propia adaptación. Claro, le añadí mi toque personal.

Son muchas cosas que me gustaría comentarles. En el anterior capítulo hablé de Kim, me toca hablar de Young, Pedrosa y otro personaje que todavía no han conocido, pero es demasiado importante para decir que es secundario. Y detalles técnicos. Imaginen que esto es "Un detrás de cámaras" de una peli que se están viendo (ciertamente, trato mis fics como si fueran pelis). No os entretengo más. Nos leemos en el capítulo en la semana que viene: El lobo. Conocerán al último personaje de nuestro elenco principal (si bien, no hemos visto a Young como tal si no una sombra y escuchado de él) y otros personajes secundarios de gran relevancia. Ah, también explicaré el título del fic, que en mi opinión no requiere pensar mucho. Díganme lo que piensan a través de un review por favor, ¡cuídense Latinoamérica! ¡nos leemos en otro capítulo!


Mensaje para anónima mex: ¡Hola! ¡Jajajaja, muchísimas gracias, disfruté bastante! (me hicieron dos fiestas y dos tortas, una era de Xiaolin la cual yo ya sabía, comimos empanada gallega, perros calientes y bebimos refresco... ¡y me dieron varios regalos!). ¡Correcto, así es! En Hurricane nos encontramos con un Raimundo muy poco usual a lo acostumbrado y aquí con una Kimiko fuera de serie, ¡je! Sobre todo bonita, osada, inteligente y sexy, ¿cómo será Raimundo entonces? Necesitamos conocerlo un poquito más, pienso yo. No sé, eso creo. Creo que sólo a una mente tan depravada como la mía sería capaz de poner a Kimiko de bailarina exótica, se lo haré saber. ¿En serio? Eso es bueno, tener problemas de corazón o en alguna otra parte del cuerpo es malo. Cumplo con mi deber de advertir e informar de lo que encontrarán mis lectores del fic para que luego no me vengan con cobros de garantía. En cuanto al review de Hurricane, así es (volviste a ser la primera), la idea fue no soltar sospechas en Chase y me contenta tu puntuación (la idea era evaluar el lemmon en el que me estoy iniciando) igualmente que el final del fic te haya gustado. En fin, ¡me hace feliz el día saber que te gusta el fic y prometo no decepcionarte! ¡el próximo capítulo vendrá pronto! ¡nos leemos!

Respondiendo review a María del Mar: ¡Hola! XD ¡Muchísimas gracias por el review para Hurricane y el cumplido! ¡Estoy tan contenta que te haya gustado tanto el final! Concuerdo contigo el título. Para serte franca había pensando originalmente escribir como título Poséeme (uno de los nombres de los capítulos), empero luego que escuché la canción de 30 Seconds to Mars cambié el título. Me alegro contar con tu presencia en Contrarreloj, sin embargo, los otros que mencioné son ideas para futuros fics que voy a escribir algún día. Pasemos a lo verdaderamente importante en este fic: Vaya, a todas le han caído muy bien este ligero cambio a Kimi-chan si bien es cierto que tiene una personalidad adorable en la serie originalmente, eso me pone contenta, porque ya han "entrado en confianza" (y eso que has visto menos de la cuarta parte de lo sensual que puede ser Kimiko en este fic, no la pierdas de vista). Así de intenso es el fic muerte en el primer capítulo. Obviamente el capítulo te dio la razón, era demasiado obvio que era el monje más sexy de la serie Raimundo, salvo que aquí no es monje si no infante de la marina (ojos verdes, cejas pobladas y ATRACTIVO kyaaaaa). Dices eso porque no conoces a mis profesores... en mi último año sufrí muchito :'( Sin embargo la buena noticia es que me cocinaron chuletas de cerdo ahumadas y eso me pone feliz. Espero que te haya gustado el capítulo de hoy. ¡Nos leemos pronto!