Hola a todos los que leen este fic, se que es algo tarde ero hasta ahorita tuve oportunidad de subir el capitulo, una disculpa por la tardanza, espero que sea de su agrado y que los difruten, les prometo que el siguiente no será tan largo jejeje esta vez me exedí un poco jojo bueno me despido y feliz año nuevo a todos :D

Los fantasmas de Matt.

Rodó en su cama por centésima vez en las últimas tres horas, su idea de ir a dormir temprano esa noche no había dado resultado ya que por más que lo había intentado no había logrado conciliar el sueño ni un sólo segundo.

-Maldición…

Murmuró para si mismo y volvió a voltearse esta vez del lado en que se encontraba el reloj, eran las 9 de la noche, llevaba tres horas intentando dormirse y no lo lograba seguramente porque se había quedado dormido en la tarde, pero ¿Qué más podía hacer? Su guitarra la había dejado en el apartamento de Kyle que es donde ensayaban, porque tenía que ir a la "urgente junta de sus amigos" ¿Y de qué le había servido ir ? De nada, sólo había ido a perder su tiempo ahí, bueno la había visto a ella. Inevitablemente una sonrisa se dibujó en su rostro al recordar a aquella hermosa castaña, ¡Dios! Seguía igual de linda y con esa personalidad adorable que él tanto amaba, pero venía con él, el sólo recordar a ese americanillo lo ponía de mal humor, que bueno que no había ido a esa ridícula fiesta donde lo estaría viendo toda la noche al lado de Mimi con su estúpida sonrisa de niño bueno, en definitiva no ir a esa fiesta fue su mejor decisión, pero ¿qué iba a hacer el resto de la noche? No podía tocar su guitarra que era su hobie número uno, en la televisión no había más que películas navideñas y lo menos que quería era recordar en que día vivía y en definitiva no iría a esa fiesta entonces ¿Qué hacer toda la noche cuando era evidente que no dormiría temprano? "Podrías esperar a que lleguen esos fantasmas" dijo una voz en su cabeza y Matt no hizo más que dibujar una sonrisa en su rostro , si que le había caído mal esa sopa, mira que alucinar con que Joe aparecía en su apartamento en forma de fantasma para decirle que otros tres lo visitarían. ¿Y quién se suponía que sería su primer visita? ¿Tai? Se rió internamente de lo que él creía había sido una alucinación debido a una sopa en mal estado que había comido pero pronto se daría cuenta que aquella no había sido una alucinación.

Miró el reloj nuevamente, eran las nueve y media, sólo media hora más y el primer espíritu llegaría, volvió a reír internamente como si eso realmente fuera a pasar, ni que estuviera en el cuento de Scrooge de Charles Dickens, además él no era un amargado como Scrooge, ese personaje avaro que odia la navidad y se encuentra solo en el mundo, a Matt únicamente no le gustaba festejarla porque no estaba acostumbrado a hacerlo además nunca había disfrutado una navidad que él recordara, bueno sí había una, una cuyo recuerdo atesoraba en el fondo de su corazón como su mayor tesoro, la mejor navidad de todas y que nunca olvidaría.

Una sonrisa se dibujo en el rostro de Matt al recordar aquel día, la primera navidad que había disfrutado realmente y que por un día lo había hecho sentir ese famoso espíritu navideño. Así pasó la siguiente media hora recordando con una sonrisa aquel día hasta que sin saber de donde provenía el sonido, se escuchó en la habitación el fuerte retumbar de unas campanas, como las que había oído cuando el espíritu de Joe le anunciaba que se tenía que ir. Matt despertó de sus recuerdos y al escuchar aquellas campanas lo primero que hizo fue ver su reloj, marcaba las diez de la noche exactas, ¿Era una coincidencia o lo del espíritu de Joe no había sido una alucinación? Justo eso se preguntaba cuando frente a él una luz comenzó a brillar intensamente y Yamato asustado dejó de estar acostado y se sentó apoyando su espalda en el respaldo y cubriéndose con la cobija hasta la altura de sus labios.

La luz poco a poco fue perdiendo intensidad y frente a él se formó la figura de una chica, una chica que él conocía y muy bien, era nada menos que Sora la que estaba frente a él, con un traje en forma de vestido de Santa claus, un gorrito rojo que hacía juego con su traje, unas largas botas negras de tacón y en su cabello un broche con forma de muerdago.

-¿Sora?

Preguntó Yamato confundido y bajando la cobija para mirar con total asombro a la pelirroja frente a él.

-Hola Matt.

Lo saludó ella con una sonrisa y Matt puso una mueca en su rostro, esa bromita de sus amigos estaba yendo demasiado lejos ¿Qué pretendían con todo ese espectáculo?

-¿Qué haces aquí?

-¿Qué acaso Joe no te lo dijo? Tres espíritus vendrán a visitarte hoy y yo soy el primero.

-¿Tú también Sora? Sabes estoy harto de esto -Se quejó Matt a la par que salía de su cama molesto y se cruzaba de brazos- Todo esto es porque no quise ir a la estúpida fiesta esa ¿verdad? Pues pierden su tiempo no iré aunque cien espíritus me visiten hoy, además ustedes ni siquiera están muertos, ¿cómo pueden sus espíritus visitarme? Todo esto es una tontería, así que dile a los demás que se vayan, no pienso tolerar sus jueguitos tontos y te agradecería que tu también te fueras.

Matt pasó al lado de Sora y le abrió la puerta indicándole la salida. La pelirroja lo miró molesta y con sus brazos cruzados, sabía que Matt no iba a estar contento con su visita pero tampoco pensó que sería tan grosero y la corriera de esa forma, ahora entendía porque Tai no quiso ser el primero en visitarlo de la que se había salvado su novio.

-¿Terminaste?

-Sí así que…

Matt hizo un ademán con la mano indicándole cortésmente el camino para que la pelirroja se fuera pero Sora no pensaba irse, no tan fácilmente. La chica hizo un movimiento rápido con una de sus manos y de pronto como por arte de magia la puerta se cerró sola. Matt abrió los ojos enormemente al oír el cerrar de la puerta, volteó con cautela hacia donde se encontraba su puerta y observó con asombro lo que se había imaginado, la puerta se había cerrado sola.

-Tú… tú…¿Cómo hiciste eso?

Preguntó confundido y asombrado de lo que acababa de suceder, con un simple ademán de su mano Sora había cerrado la puerta sin moverse de su lugar, ¿Cómo era eso posible? En definitiva esa Sora que estaba frente a él era muy real y no era un holograma o proyección como había imaginado al principio.

-Seré clara Matt -Le habló la chica molesta- Esto no es una broma de los chicos ni nada que se le parezca, es real y esta noche te van a visitar tres espíritus, yo soy el primero y sí, todo esto es porque no quisiste ir a la fiesta de navidad y porque fuiste un grosero con todos esta mañana.

-Y que pasa si me niego a participar. -La desafió el rubio, recuperando su tono molesto-

-En realidad no es como que tengas opción, Matt todo esto es una oportunidad para que recuperes el espíritu navideño que has perdido y no seas un Grinch como te dijo Mimi esta mañana.

Matt desvió su mirada de Sora en cuanto oyó el nombre de la castaña, era cierto esa mañana Mimi le había dicho que sonaba como el grinch y aunque antes no le había puesto atención a ese comentario debido al asombro de volverla a ver, ahora que lo escuchaba de nuevo le había dolido, no le agradaba la idea de que Mimi lo viera como el grinch de sus amigos, no cuando la mejor navidad que había pasado había sido al lado de ella, por Mimi es que se uniría a aquel demente plan de recuperar su espíritu navideño, aunque no estaba muy seguro de lograrlo.

-Esta bien lo haré.

Dijo resignado y no muy seguro de que aquella fuera una buena idea, pero ¿Qué tenía que perder? Después de todo tenía la noche libre. Sora sonrió al escuchar que su amigo cedería, sabía que utilizar el nombre de Mimi lo ablandaría y lo haría ceder, después de todo Sora conocía lo que sentía Matt por Mimi aunque este nunca se lo hubiese dicho era demasiado obvio, sólo hacía falta ver cómo la mirada de Matt cambiaba cuando miraba a Mimi para darse cuenta de que él estaba perdidamente enamorado de ella.

-Bien, así las cosas serán más fáciles que llevarte a la fuerza.

-Supongo, y supongo también que como todo esto parece el cuento de Scroge de Charles Dickens, tú eres el espíritu de las navidades pasadas y me mostraras las navidades de mi pasado para que recuerde lo linda y maravillosa que es la navidad ¿no es así?

-Exacto.

Contestó Sora con una sonrisa y Matt sonrió burlonamente y se cruzó de brazos, eso si que iba a estar bueno, ya quería ver como Sora lo hacía recobrar el espíritu navideño con sus navidades pasadas, si para él nunca hubo navidades pasadas.

-Creo que será difícil que hagas que recobre mi espíritu navideño con mi pasado, te recuerdo que yo nunca tuve una feliz navidad.

Le dijo sin borrar la sonrisa torcida y burlona de sus labios, tal vez aquello de mirar el pasado servía para quienes habían tenido una buena navidad antes, pero él siempre había estado solo, no había nada bueno que recordar así que muy difícilmente lograría recobrar su espíritu navideño viendo su pasado, eso sólo serviría para recordarle que la navidad no era más que una fecha más en el calendario.

-Eso ya lo veremos.

Le respondió Sora con una sonrisa y extendió su mano así él invitándolo a tomarla. Matt la miró a los ojos y después observó la fina mano cubierta por un guante negro, con desconfianza tomó la mano de la chica y ella se dirigió al ventanal que daba hacia al balcón y de un brinco que se vio acompañado por el sonido del tintineo de un cascabel ella quedó sobre el barandal dispuesta a brincar de el sino fuese porque un asustado Matt se negaba a saltar ¿Acaso Sora se había vuelto loca? ¿Quería matarlo o que? Si saltaban de esa altura se matarían, él vivía en el décimo piso. Tal vez Sora era un espíritu, pero él no y seguro moriría si saltaba.

-¿Qué pasa Matt?

-¿Estas loca? Yo no pienso saltar, voy a morir,

-Claro que no vas a morir estás conmigo.

-No es por ofender Sora pero no eres superman ni nada que se le parezca así que olvídalo, no voy a saltar.

-Pero tienes que hacerlo.

Sora jaló al rubio y junto con él se tiró al vacío dispuesto a emprender el vuelo pero nuevamente se vio detenida, volteó hacia a Matt y vio como su amigo se aferraba al barandal decidido a no soltarse para no caer y morir en el intento de recuperar su espíritu navideño.

-¡Suéltate Matt, tenemos que irnos!

Se quejaba la pelirroja mientras que con todas sus fuerzas jalaba de uno de los pies del rubio mientras que él se tomaba con fuerza y con ambas manos del barandal.

-¡No! ¡No quiero morir!

-¡Ya te dije que no vas a morir así que suéltate! ¡Se nos va a acabar el tiempo!

-¡No!

-¡Vamos Matt!

-¡No!

Sora jaló de él lo más fuerte que pudo y Matt sintió como poco a poco se soltaba de su agarre, vaya su amiga si que era fuerte.

-¡Matt sueltaaaateee!

Sora volvió a jalar esta vez con más fuerza y cuando se dio cuenta ella terminó retrocediendo y soltando la pierna de Matt quien al soltarse había salido disparado debido a la fuerza que Sora había aplicado al jalarlo. La pelirroja observó como su amigo salía volando por los cielos y bufó molesta, ¡Genial! Ahora tendría que ir a buscarlo.

Cuando cayó Matt pensó que se rompería toda la cara pero no fue así, fue una caída ligera como cuando caes de la cama pero en vez del suelo había nieve fría.

-Estoy vivo.

Dijo el chico con asombro y tocándose el rostro y el cuerpo para comprobar que así era y que seguía completo. Una vez que comprobó que estaba en perfectas condiciones miró a su alrededor tratando de descifrar donde se encontraba, no estaba en Odaiba eso era seguro pero tampoco era un lugar desconocido para él, conocía ese lugar, lo conocía muy bien, estaba frente a los edificios en los que solía vivir de pequeño en Hikarigaoka.

-¿Reconoces este lugar?

Le preguntó Sora con una sonrisa y colocándose a su lado, Matt no volteó a verla pero sonrió.

-Claro, aquí solía vivir de pequeño.

-¿Qué te parece si vemos más de cercas?

Matt la miró y ella tomó su mano para guiarlo hasta uno de los apartamentos, observaron por la ventana el hermoso árbol de navidad que había en el interior y después atravesaron la pared para mirar más de cercas. Matt se sorprendió al ver que él al igual que Sora habían atravesado la pared pero se sorprendió aún más cuando se vio así mismo de ocho años saliendo de la habitación y corriendo con gran emoción hacia el árbol.

-¡Ya es navidad! ¡Ya es navidad!

Gritó emocionado un pequeño Yamato y tras de él salió un pequeño Takeru de cinco años. Ambos niños se pararon un segundo frente al árbol para contemplar sus regalos y después se dirigieron a la habitación de al lado, pasaron unos minutos y volvieron a salir dirigiéndose al árbol de navidad y tras los dos pequeños salieron los padres de Matt y de Takeru, aún algo adormilados y con los cabellos despeinados.

-¡Hay que abrir los regalos!

Dijo el pequeño Yamato que se vio seguido por su hermano menor quien tomó uno de los regalos y dando pequeños brincos insistió en abrir los.

-¡Sí hay que abrirlos!

-Haber niños con calma, tomen uno y después otro.

Habló Natsuko sentándose en el suelo al lado de sus pequeños mientras que Hiroaki permanecía parado en una esquina fumando un cigarrillo y observando con gracia lo entusiasmados que se miraban sus dos hijos con los regalos.

-Ete, yo quiero abrir ete.

-Se dice "este" Takeru y esta bien ábrelo tú primero.

Takeru con dificultad colocó la caja de regalo en el suelo y empezó desesperado a abrirlo aunque sus pequeñas e inexpertas manos no le permitían desenvolver el regalo tan rápido como el deseaba.

-¡Es un carrito!

Festejó el menor sacando el carrito de su empaque y sentándose en el suelo para jugar con él.

-Sigues tú Yamato abre uno.

Dijo Natsuko con ternura y el mayor de los dos niños tomó una caja pequeña que tenía su nombre, la desenvolvió pero no con tanta urgencia como su hermano menor y observó con gusto que se trataba de una armónica, una que durante meses había estado observando en la tienda de música del centro comercial pero para la cual nunca logró ahorrar porque siempre terminaba gastándose su dinero en otra cosa. Una sonrisa se dibujó en los labios del pequeño rubio, sacó con mucho cuidado su preciada armónica y la observó por todos lados, examinando cada detalle de la misma.

-¿Te gusta?

Le preguntó Natsuko y el pequeño con una gran sonrisa en sus labios sólo dio un alegre sí que desprendió una sonrisa de los labios de su madre, ella misma había visto como su hijo cada vez que iban al centro comercial observaba en la tienda de música esa pequeña armónica y supo de inmediato que ese sería el regalo perfecto para el mayor de sus hijos en esa navidad.

El Matt del presente que se encontraba viendo todo en compañía de Sora esbozó una sonrisa en sus labios, recordaba aquel día, recordaba muy bien aquel momento en que abrió su regalo y vio su preciada armónica, desde niño siempre le había interesado la música y aquella armónica había sido sólo el inicio de su pasión por los instrumentos musicales. Tal vez después de todo se había equivocado y en su pasado si había navidades felices sólo que no las recordaba.

-Ete.. Ete..

Dijo Takeru llevando otro regalo hacia su madre.

-"Este" Takeru, se dice "este."

Lo corrigió Natsuko a la par que tomaba el regalo que el menor de sus hijos le extendía.

-Deja de corregirlo Natsuko sólo tiene cinco años.

Se quejó Hiroaki desde su lugar, haciendo que Natsuko frunciera el ceño.

-¿Y tú puedes dejar de fumar dentro de la casa? Ya te he dicho que fumes afuera.

Le respondió Natsuko molesta y Hiroaki se salió enojado de la casa diciendo quien sabe cuantas maldiciones. Natsuko cerró los ojos al oír el puertazo que había dado Hiroaki y después miró a sus dos hijos, ambos la observaban con caritas asustadas.

-¿A dónde fue papá? -Preguntó Yamato-

-No te preocupes hijo, ya volverá sólo fue a terminar su cigarrillo afuera. ¿Por qué no abres otro regalo?

Le dijo Natsuko para distraerlo y Yamato la obedeció, tomó otra de las cajas y se dedicó a desenvolverla mientras que su mamá miraba pensativa al suelo, sabía que Hiroaki no volvería hasta dentro de unas horas, pero ya que lo hiciera tendría que hablar con él, no podían seguir así arruinando la navidad con sus discusiones tontas, antes sus niños eran más pequeños y no entendían muy bien, pero ahora ya estaban más grandes, Yamato ya entendía las cosas y sabía que no estaban bien y por el bien de ambos niños ella y Hiroaki debían llegar a una solución.

-Ya vámonos.

Dijo el Yamato del presente a Sora pero sin apartar la mirada de su madre que se miraba preocupada. Matt ya había terminado de recordar aquella navidad y había hablado muy pronto al decir que si tuvo navidades felices en su pasado porque realmente nunca fue así. Si, aquella había iniciado como una navidad linda y perfecta pero no terminaba así, sino que al contrario terminaría pésima con su padre yéndose mientras gritaba y azotaba la puerta y su madre llorando en el sillón tratando de convencerlo a él y a Takeru que todo estaba bien cuando no era así. Y lo más triste es que no fue solo aquella navidad, desde que tenía memoria todas las navidades que pasó con su familia unida terminaban así a tal grado que una vez llegó a desear que no fuera navidad.

-Pero Matt aún…

-Ya sé como terminará todo, mi padre volverá en unas horas y peleará con mamá, será la primera vez que mencionen el divorcio, él se irá de casa por unos días y ella se quedará en el sofá llorando, ya lo sé , ahora vámonos.

Sora asintió y tomó la mano de Matt para continuar con su viaje. Ambos chicos salieron volando por la ventana y juntos se dirigieron en silencio hacia su siguiente destino, él preguntándose si aquella había sido una buena idea y Sora tratando de comprender porque habían llegado a ese recuerdo, si bien ella era el espíritu de la navidad pasada pero no era ella la que controlaba a que recuerdo iban a llegar, eso lo controlaba alguien más que se suponía sabía lo que hacía y los guiaría a los recuerdos necesarios para que Matt comprendiera lo bello de esa fiesta y pudiera recuperar aquel espíritu navideño que había perdido, pero entonces ¿Por qué habían llegado a un recuerdo que terminaba tan mal?

-Supongo que debo confiar en él. -Se dijo así misma-

-¿Dijiste algo?

-No, no es nada.

Le respondió Sora con una sonrisa tranquilizadora y poco después ambos chicos llegaron a un nuevo lugar, ahora estaban de nuevo en Odaiba en el edificio donde vivía Matt actualmente pero no se encontraba igual, sino que lucía de la misma manera a cuando recién se mudó a aquel departamento junto con su padre.

-Llegamos.

Dijo Sora al aterrizar frente a la puerta, ambos chicos se soltaron de la mano y al igual que antes entraron atravesando la puerta. La luz de la sala estaba apagada pero la de la cocina se encontraba encendida y un agradable aroma a comida inundaba el departamento.

Ambos chicos se dirigieron a la cocina donde provenían unos ruidos y ese agradable olor de comida casera que se encontraba en todo el lugar. Al entrar a la cocina Matt y Sora se encontraron con un pequeño Yamato de nueve años que se encontraba cocinando una especie de estofado.

-Esta listo.

Dijo el pequeño para si mismo, apagó la lumbre y corrió hacia la sala para ver el reloj de pared, eran casi las diez y su papá salía a esa hora del trabajo así que no debía tardar en llegar. Aquella era la primera navidad que pasarían solo los dos pues hacia cinco meses sus padres se habían separado y por eso era que Matt se había esforzado tanto en hacer la cena navideña, sabía que su papá se alegraría al llegar y ver que él había hecho la cena para navidad, se pondría de buen humor y juntos festejarían la noche buena aunque sólo fueran ellos dos.

-¿En realidad tenemos que ver esto?

Preguntó el Matt del presente con sus brazos cruzados y su semblante serio, él recordaba a la perfección aquella navidad y no había sido una navidad feliz sino todo lo contrario aquella había sido la primera navidad que pasó solo en casa. ¿Qué pretendía Sora mostrándole aquellos recuerdos? ¿Recordarle lo miserables que habían sido sus navidades? Si seguían así era seguro que jamás recuperaría su espíritu navideño.

-Sí.

Respondió Sora, aunque realmente no estaba segura de que aquello fuera una buena idea, por el semblante de Matt se podía imaginar que algo no muy bueno pasaría, realmente no entendía que estaba pasando se suponía que tenían que recobrar el espíritu navideño de Matt y no creía que esos recuerdos fueran de ayuda, pero no le quedaba de otra más que confiar, después de todo él sabía lo que hacía.

El pequeño niño rubio permaneció ahí parado frente al reloj con su vista fija en el alrededor de diez minutos sólo esperando que dieran las diez para que su papá llegara y juntos pasar noche buena.

Dieron las diez y una sonrisa se dibujó en los labios del pequeño rubio quien miró emocionado a la puerta pero en vez de ver a su padre entrar, oyó el teléfono que comenzó a sonar, se dirigió a el y contestó. Al principió sonrió al oír la voz familiar tras la bocina pero poco a poco esa sonrisa fue desapareciendo hasta que un semblante de infinita tristeza se posó en su rostro. Hiroaki había llamado para avisarle que no podría llegar hasta la mañana siguiente pues tenía mucho trabajo en la televisora y no podía irse.

-Sí papá no te preocupes de todos modos pensaba acostarme temprano.

Le dijo el pequeño con una voz calmada pero triste.

-Si estaré bien, ahorita sólo comeré algo y me iré a dormir… Lo sé, no te preocupes papá lo entiendo… sí… nos vemos mañana adiós.

El pequeño Matt colgó el teléfono y se quedó ahí inmóvil por unos segundos, tenía unas inmensas ganas de llorar pero no lo hizo sus ojos estaban húmedos pero no derramó ni una lágrima, pasó su brazo por sus ojos para secar las lágrimas que nunca llegaron a salir y se dirigió a la cocina, tomó la olla con el estofado y la vació en el lavaplatos, si su padre se daba cuenta que había hecho la cena se sentiría mal, así que borró todo rastro de aquella cena y una vez que hubo limpiado todo apagó las luces y se dirigió a su cuarto para dormir.

Aunque él y Sora no veían lo que hacía el pequeño Matt del pasado en su cuarto, él Matt del presente si sabía lo que estaba pasando en aquella solitaria habitación, su pequeña versión del pasado había soltado lágrimas silenciosas hasta quedarse profundamente dormido. Aquel recuerdo lo hizo sentir pena de si mismo y comprendió porque en su interior siempre había odiado la navidad. Al parecer el plan de Sora no estaba dando resultado, lo único que habían logrado hasta el momento era reafirmar su odio hacia aquella festividad.

-¿Nos vamos?

Preguntó Sora con voz suave al verlo pensativo, con su mirada fija en la puerta cerrada de su habitación. Matt no respondió sólo asintió, Sora tomó la mano de Matt y junto con él se dirigió a su nuevo destino, sólo esperaba que aquel si fuera un grato recuerdo para el rubio.

Los dos volaron por las calles de Odaiba en silencio, Sora sabía que las cosas no estaban resultando muy bien y hasta comprendía un poco porque su amigo odiaba la navidad, pero sabía que tenía que confiar y creer que el siguiente sí sería un grato recuerdo para Matt.

Ambos llegaron de nuevo al departamento de Matt, pero esta vez estaba pintado de diferente color y en el interior el orden de las cosas era distinto, algunos muebles seguían siendo los mismos, pero había muchos nuevos. Era el año 2002 y habían pasado con ese ya seis años desde la primera navidad solitaria de Matt y las cosas no habían cambiado, él seguía pasando las navidades solo, pero ya no le afectaba ya estaba acostumbrado y hasta había aprendido a disfrutar esa soledad.

Sora y Matt atravesaron la puerta del apartamento para entrar como las veces anteriores y lo primero que vieron fue a un Matt de quince años sentado frente al televisor devorando un enorme plato de palomitas mientras miraba una película de suspenso que había rentado.

El teléfono sonó, y el Matt de quince años estiró su mano para tomarlo, no se molestó en detener la película pues sabía que se trataba de su papá con la ya esperada llamada en la que le decía que no podría llegar a casa porque tenía mucho trabajo y llegaría hasta al día siguiente, aquello ya no era algo nuevo y la verdad le daba igual, durante cinco años había pasado el día de navidad sólo, uno más no le iba a afectar.

-¿Qué?

Preguntó un Yamato confundido que hizo las palomitas a un lado y detuvo su película para escuchar mejor lo que su papá le decía, al parecer Hiroaki estaba decidido a esta vez si llegar para la cena de noche buena, inclusive hasta había comprado un pavo para hacerlo en la cena.

-Papá no es necesario que te esfuerces de más, ya sabes que no me molesta quedarme solo… ya sé que es navidad pero… como quieras… sí saqué el pavo desde ayer…ok esta bien, adiós.

Matt colgó el teléfono y se quedó pensativo, pero ¿Qué mosco le había picado a su papá que ahora deseaba celebrar noche buena? Como sea la verdad es que dudaba que su padre llegara para la cena pero tampoco le iba a matar las ilusiones al pobre hombre, tal vez hasta ocurría un milagro navideño y su padre si llegaba para la cena.

Matt volvió a poner su película y tomó de nuevo su plato de palomitas para seguir comiendo. Tenía alrededor de quince minutos en que había vuelto a poner su película cuando inesperadamente sonó el timbre. Matt paró la película y extrañado se dirigió a la puerta para abrir, no esperaba visitas, así que no se podía imaginar quien tocaba a su puerta a esas horas y en noche buena.

El Matt del pasado no se podía imaginar quien era la persona que tocaba a su puerta aquella noche buena, pero el Matt del presente si lo sabía y no pudo evitar formar una sonrisa en sus labios al recordar quien se encontraba tras esa puerta.

Sora pudo ver a la perfección como el semblante de Matt se había suavizado y hasta una sonrisa se había llegado a formar en sus labios haciendo que la curiosidad en ella creciera, ahora más que nada quería saber quien era la persona que tocaba el timbre, ¿quién era aquella persona que cuyo sólo recuerdo había logrado dibujar una sonrisa en los labios de su amigo a pesar que los recuerdos anteriores no habían sido nada gratos?

-Ya voy.

Dijo el Matt de quince años al oír que tocaban de nuevo el timbre. Paró la película, hizo sus palomitas a un lado y se dirigió a la puerta sin imaginarse a quien se encontraría. El timbre volvió a sonar y Matt abrió la puerta quedándose completamente sorprendido al ver a la persona parada frente a él.

-¿Mimi?

-Hola Matt.

Lo saludó la castaña con una sonrisa y un tanto nerviosa. Matt la observó incrédulo por unos segundos, ¿qué hacía ella ahí? Y en noche buena, ¿acaso algo malo había pasado? La observó bien y pudo ver en su rostro que no traía malas noticias, se miraba algo nerviosa pero no con malas noticias y estaba bastante arreglada, llevaba una blusa de cuello de tortuga color azul y sobre ella un suéter verde con bordes amarillos que hacía juego con su simpático gorro, una falda larga color marrón y unas botas largas negras de tacón.

-Hola Mimi, ammm ¿Qué haces aquí?

Preguntó un poco confundido, pero ella no hizo más que sonreír.

-Vine a festejar la navidad contigo.

-¿Qué?

Ahora sí que estaba sorprendido esa no la había visto venir en ningún momento, ¿Mimi quería festejar la navidad con él? ¿Por qué? Esta bien que eran amigos pero tampoco eran tan cercanos.

-Sí verás, mis papás fueron a Nueva York por unos negocios de papá e iban a regresar pero resulta que hay una tormenta y suspendieron todos los vuelos y no podrán llegar hasta mañana si tienen suerte y como no me gusta pasar la navidad sola decidí pasarla contigo ¿Qué te parece?

Matt sentía que la cabeza le daba vueltas aquella había sido demasiada información y dicha muy rápida ya que Mimi había hablado sin tomarse el tiempo para respirar ni un sólo segundo pero aún así él había logrado captar la parte importante: "los papás de Mimi no estaban y ella quería pasar la noche buena ¿Con él?"

-Verás Mimi lo que pasa es que yo no festejo la navidad.

-Mucho mejor así te enseñaré a festejarla.

Le dijo ella con una sonrisa a la cual no pudo decir que no así que Matt no le quedó de otra más que abrir la puerta y hacerse a un lado para dejar pasar a la chica, al parecer ese año sí festejaría la navidad.

-¡Que bien!

Festejó Mimi con una gran sonrisa y juntando sus manos al ver que él chico resignado le abría la puerta para dejarla pasar, la castaña no pudo evitar menear su cara alegre de un lado a otro por la felicidad que le causaba el haberse logrado salir con la suya y antes de pasar tomó unas bolsas que se encontraban recargadas sobre la pared y que Matt no había visto, las alzó para que su amigo las viera y con una enorme sonrisa le dijo.

-Traje todo para la cena.

Le dijo ella con una gran sonrisa y pasó al interior de la casa y Matt no pudo hacer otra cosa que formar una sonrisa en sus labios, Mimi si que había venido preparada. Matt cerró la puerta tras de sí y vio como la castaña inspeccionaba con su mirada todo el lugar, gracias a Dios que había limpiado esa mañana sino su amiga se hubiera encontrado con un desastre y también era una suerte que ese día hubiera tenido ensayo con su banda ya que sino lo más probable era que a él lo hubiera encontrado en pijama pero afortunadamente no fue así, tanto él como su casa se encontraban presentables, él vestido de negro en su totalidad, pantalón, camisa y saco negros, no era el mejor color para la navidad pero se encontraba presentable.

-No tienes ningún adorno.

Se quejó Mimi un tanto decepcionada y el rubio se sintió algo apenado, miró su casa carente de adornos navideños y se imaginó que para una persona como Mimi eso debía de ser algo terrible.

-Sí, como te dije no festejo la navidad.

-No te preocupes, lo bueno es que yo siempre vengo preparada.

Le respondió ella volteándolo a ver y con una gran sonrisa. Matt la miró confundido, ¿qué quería decir Mimi con eso? Vio como Mimi buscaba algo en una de las dos bolsas que traía y de pronto puso ante él un pequeño árbol navideño decorado con luces navideñas de colores y que no medía más de 30cm.

-¿No es lindo? Lo compré camino acá, lo había comprado para mi habitación, pero puedes quedártelo te lo regalo.

Mimi entregó a Matt el árbol el cual tomó un poco confundido pero sin atreverse a despreciar el regalo de la chica que se miraba sumamente feliz.

-Gra… gracias.

-Y lo mejor de todo es que es de baterías.-Mimi movió un pequeño interruptor en el árbol y este te iluminó por pequeñas y hermosas luces de colores.- no es necesario que tenga que estar cercas de un enchufe lo puedes poner donde quieras, ¿no es fantástico?

-Sí es genial.

Contestó el rubio más para complacer a su amiga que porque realmente pensara que aquello era genial, pero era incapaz de decir o hacer algo que terminara con la felicidad de su amiga que se miraba realmente entusiasmada.

-¿Dónde dejo esto?

Le preguntó Mimi refiriéndose a todo lo que quedaba en las dos bolsas de plástico, Matt la miró y aún un poco aturdido por todo lo que estaba pasando apuntó hacia la cocina.

-Por allá, pero deja, yo las llevaré.

-No te preocupes, tú encárgate de colocar el árbol donde más te guste.

Dicho esto Mimi se dirigió a la cocina con las bolsas y Matt se quedó sólo con el pequeño árbol, lo puso a la altura de su rostro para observarlo mejor y no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios, al parecer, por fin, después de tantos años tendría una feliz navidad.

-OH! Tienen un pavo.

Exclamó Mimi desde la cocina y Matt se apresuró a colocar el pequeño árbol en un lugar visible para ir a la cocina donde se encontraba su amiga.

-Sí mi papá pretendía llegar temprano para hacerlo pero dudo que lo haga.

-Oh por Dios, ¿Tú papá no se molestará porque estoy aquí?

-No te preocupes él no llega hasta el día siguiente y si acaso llegara temprano dudo que le molestaría es más creo que le alegrará tenerte aquí, así que por eso no te preocupes.

Mimi sonrió, pero después se le quedó viendo a Matt de forma pensativa y curiosa.

-eh… ¿Qué pasa? -Preguntó Matt nervioso al ver que ella lo miraba fijamente-

-¿Entonces todas las navidades las pasas solo?

-Sí te dije que yo no…

Matt no pudo continuar ya que Mimi repentinamente tomó sus manos y lo miró de manera casi suplicante.

-Prométeme que la siguiente navidad irás a mi casa.

-¿Qué?

-Prométemelo Matt.

-Pero yo no…

-Nadie debe pasar noche buena solo así que promete que el siguiente año irás a mi casa en navidad.

-Bueno yo…

-¡Promételo Matt!

-Esta bien lo prometo.

Dijo al fin rendido una vez que vio que Mimi no aceptaría un no por respuesta. La castaña al oír que Matt había aceptado pasar el siguiente año la navidad en su casa, sonrió ampliamente y soltó las manos del rubio para juntos ponerse a trabajar en la cena de navidad.

-Bien ya lo prometiste, ahora hagamos la cena yo haré Nabe de invierno, tú harás el pavo y juntos haremos el pastel ¿Qué te parece?

Matt no protestó aquella parecía una buena idea siempre y cuando Mimi le dijera como hacer el pavo pues aquella no era una tradición japonesa en navidad sino americana pero su papá lo había visto en una película navideña y había decidido comprarlo.

-¿Qué? ¿inyectarlo? -Se quejó Matt con cara de susto mientras Mimi le enseñaba una enorme jeringa.

-Sí es para que agarre sabor, ten, le pondrás vino blanco y jugo de naranja.

-Pero…

Protestó el rubio no muy convencido y viendo con desagrado el pavo.

-¿No prefieres inyectarlo tú y yo pico las verduras?

-No, tú eres el encargado del pavo, tú lo inyectarás.

-Pero Mimi.

-Te dije que te enseñaría a festejar la navidad y hacer la cena de navidad es parte de eso.

-Pero Mimi.

-Vamos al pavo no le dolerá ya está muerto, sólo tomas la jeringa y lo inyectas, no es difícil.

Mimi ejemplificó lo que decía y después le extendió la jeringa a Matt para que lo hiciera él, el rubio la miró no muy conforme el odiaba las inyecciones y por lo tanto también las jeringas y más de ese tamaño pero aún así la tomó y guardando la mayor distancia entre él y el pavo y sin atreverse a voltear, Matt inyectó al pavo. Mimi rió por lo bajo cuando vio la forma en que Matt inyectaba el pavo, parecía que el rubio se encontraba en un sufrimiento.

Por fin después de diez minutos había terminado de inyectar a ese pobre e indefenso pavo, como se alegraba de no ser ese pobre animal muerto ya que estaba seguro que aunque estuviera muerto con esa enorme jeringa las inyecciones debían de doler.

Bien una vez superado el obstáculo de las inyecciones seguía sazonar el pavo, eso era fácil. Matt se quitó el saco y se arremangó las mangas para empezar con la segunda fase de su trabajo, tomó un poco de sal y la comenzó a esparcir por el pavo.

Mientras Matt se encargaba de sazonar el pavo Mimi se colocó a su lado para picar unas verduras para el Nabe mientras tarareaba un villancico. Matt no pudo evitar verla de reojo cuando se colocó a su lado, se miraba tan tierna con esa sonrisa imborrable en sus labios y tarareando aquella cancioncilla mientras picaba la verdura, ella era simplemente increíble. Una sonrisa se dibujo en el rostro de Matt y volvió su vista al pavo, aunque su mente estaba muy lejos de ahí.

-Oie Mimi puedo hacerte una pregunta.

Le habló sin voltear a verla.

-Claro.

Contestó ella sin alzar su vista, extrañamente se sentía algo nerviosa cuando él le hablaba.

-¿Por qué decidiste pasar la navidad conmigo y no con Sora o Tai?

-Porque nadie más estaba en su casa.

-Osea que fui tu ultima opción.

Ahora si volteó a verla y su cara mostraba un gesto de descontento y a la vez de decepción, pero Mimi no pudo ver ese gesto porque nunca volteó a verlo, estaba demasiado apenada para hacerlo ¿Por qué demonios tenía que ser tan sincera? ¿Qué acaso no era posible que dijera una mentirilla blanca debes en cuando?

-No, penúltima, no fui a la casa de Joe.

-Vaya que consuelo.

Respondió con tono de reproche el rubio y mejor se dedicó a sazonar el pavo, hubiera sido mucho mejor haberse quedado con la duda. Mimi volteó a verlo en cuanto escuchó aquel tono de reproche en la voz de Matt, el chico que antes se miraba feliz aunque sufría inyectando el pavo ahora se miraba hasta cierto punto dolido por su respuesta, sí, sin lugar a dudas debía de aprender a decir de vez en cuando mentirillas blancas, aunque ya no tenía caso, ahora tenía que arreglar la situación con otra verdad, sólo esperaba no empeorar las cosas.

-Sabes no es que fueras mi última opción, es sólo que me daba miedo venir aquí, se que tú y yo no nos llevamos mucho y también se que no te gusta la navidad, así que pensé que me cerrarías la puerta en la cara en cuanto me vieras aparecer diciendo que pasaría la navidad contigo.

-Sabes estuve apunto de hacerlo.

Le dijo Matt en broma con una sonrisa torcida en sus labios en cierta forma comprendía porque Mimi había tenido miedo de ir a su casa, después de todo él no era la persona más agradable y amante de la navidad que ella conociera, hasta él la hubiera pensado dos veces para irse a visitar así mismo en esa fecha.

-Gracias por no hacerlo.

Respondió la castaña con una sonrisa que logró causar un fuerte sonrojo en el rostro del chico quien sintió algo en su interior al ver la sonrisa que ella le había dedicado. Aquella era la primera vez que una chica lograba hacerlo sentir así y provocar esa reacción en él ¿pues que estaba pasando?

-¿Ahí fue cuando te enamoraste de ella?

Le preguntó Sora al Matt del presente que junto con ella observaba la escena. Matt se puso rojo como un tomate al oír la pregunta de su amiga y se puso aún más cuando volteó a verla y vio la sonrisa burlona en los labios de la chica.

-Vamos Matt, lo sé desde hace mucho, eres demasiado obvio, sólo basta ver como la miras para darse cuenta.

Matt se resignó, era obvio que su gran secreto había dejado de ser un secreto, suspiró hondo y se observó así mismo viendo a Mimi constantemente de reojo mientras ella cocinaba a su lado y recordó lo que en ese momento estaba sintiendo, una gran atracción por ella que lo obligaba a verla prácticamente cada dos segundos y un deseo enorme de seguir descubriendo lo maravillosa que era Mimi. Matt sonrió al verse otra vez a sí mismo viéndola de forma discreta de nuevo, sin duda alguna ese había sido el día que se enamoró perdidamente de Mimi Tachikawa.

-Sí fue ese día- Dijo al fin Matt y Sora volteó a verlo aunque él no despegaba su vista de su pasado- Fue algo casi mágico, esa sonrisa que me dedicó fue la que me enamoró, la que me hizo ver lo maravillosa que es ella, fue como si con su sonrisa iluminara todo y lo malo desapareciera inclusive la soledad.

Sora miró la sonrisa dibujada en los labios de Matt y ella también sonrió, por fin habían encontrado un recuerdo feliz, ¡ y que recuerdo! Era simplemente hermoso.

-¡Auch!

Se quejó Mimi y llevó de inmediato su mano a sus labios para mitigar el dolor de la herida.

-¿Qué pasó?

-Creo que me corté.

Respondió Mimi viendo la pequeña cortada que se había hecho con el cuchillo. Matt dejó lo que estaba haciendo y se secó las manos con una toalla para acercarse a Mimi, tomar su mano y ver la pequeña cortada que se había hecho.

-Aun tienes tu dedo, eso es bueno.

Le dijo en forma de broma y ella lo miró con reproche pero con una sonrisa torcida en sus labios.

-Muy simpático.

Matt rió al ver el gesto de ella y soltó la mano de Mimi para ir en busca de algo para curar la herida.

-Iré por un poco de alcohol y un curita.

-¿Alcohol? -Preguntó no muy convencida de que aquella fuera una buena idea.

-Sí no te preocupes no dolerá.

Matt salió de la cocina en busca de alcohol para desinfectar la herida de Mimi mientras que ella se quedó con cara de susto e incredulidad, ¿qué no dolería? Que Matt le fuera a otra persona con ese cuento, ella sabía a la perfección que ponerle alcohol a una herida dolía y bastante, así que Matt estaba loco si pensaba que ella se iba a dejar tan fácilmente.

Matt regresó a la cocina y cuando llegó no vio a Mimi por ninguna parte ¿pues donde se había metido?, salió a la sala y tampoco estaba, ¿Acaso se había ido? No ella no se iría sin avisarle así que lo más seguro era que se estaba escondiendo para que no le pusiera el alcohol, pero Mimi no se iba escapar tan fácilmente, si quería jugar a las escondidas bien pues jugarían a las escondidas.

-Con que aquí estas.

Dijo Matt abriendo la puerta del armario de su cuarto y viendo a una Mimi escondida en el suelo, rogando a todos los dioses por no ser encontrada.

-No Matt por favor no, alcohol no.

-Tenemos que desinfectarla.

-Pero ya dejo de sangrar, ya no es necesario.

-Claro que es necesario, ahora ven.

Matt tomó la mano de Mimi y la jaló hasta llegar al comedor y sentarla en una de las sillas, él se sentó en otra, tomó la mano herida de Mimi y con otra mano tomó el algodón bañado en alcohol.

-Si te duele puedes apretar mi mano.

Le dijo con su penetrante mirada fija en ella. Mimi lo miró y asintió temerosa. Matt con mucha delicadeza posó el algodón sobre el dedo herido de Mimi y sonrió al sentir como ella apretaba su mano con fuerza mientras cerraba los ojos con la misma fuerza.

-Vaya, eres más fuerte de lo que pensaba.

Dijo Matt a la par que retiraba el algodón de la herida de Mimi y le soplaba para que secara pronto y el ardor desapareciera. Mimi abrió los ojos poco a poco, primero uno y luego el otro y lo primero que vio fue la tierna imagen de Matt soplando en la herida para que el alcohol secara.

Una vez que hubo secado Matt tomó el curita y lo colocó alrededor del dedo de Mimi quien no hacía mas que mirar hipnotizada al rubio, nunca antes había visto aquella faceta tan dulce y tierna de él, era tan cálido.

Matt alzó su vista y se topó con los ojos de Mimi que lo miraban fijamente, quiso desviar su mirada de ella pero fue imposible, sus ojos no pudieron separarse de los de ella por más que quiso.

El Matt del presente pudo sentir el mismo revoleteo en su estomago que sintió en ese momento en que sus ojos y los de Mimi se encontraron, era como si estuviera viviendo aquel mágico instante de nuevo, aquel momento en que sus almas se conectaron por primera vez y la suya nunca más quiso separarse de la de ella. Vio como él y Mimi se miraban fijamente, ambos sumergidos en aquel trance hipnótico y nuevamente deseó besarla como lo había deseado en ese momento, besarla, cruzar la línea que los separaba y arriesgarlo todo con tal de estar a su lado siempre.

El Matt y la Mimi del pasado se fueron acercando poco a poco rompiendo la distancia que los separaba, ella cerró sus ojos dejándose llevar por el momento y él los entrecerró permitiéndose ver aquel hermoso ángel que estaba por besar. Pudo oler su perfume, pudo sentir el calor de su piel y sentir el roce de sus labios estaban a nada de fundirse en un beso pero en ese momento el horno microondas sonó anunciando que había terminado de descongelar la carne que Matt había metido y rompió por completo aquel mágico momento, Matt y Mimi se separaron y ambos totalmente sonrojados por lo que estuvieron a punto de hacer desviaron sus vistas uno del otro.

-Será mejor que sigamos con la cena -Dijo una Mimi nerviosa y totalmente roja que no se atrevía a ver a Matt-

-Sí, de seguro la carne ya está lista.

Respondió el con el mismo nerviosismo que ella y poniéndose de pie para huir de ella pero antes de que lograra hacerlo Mimi lo llamó, él se detuvo y volteó a verla aún completamente sonrojado.

-Gracias por curar la herida.

Le agradeció Mimi sin ser capaz de borrar el sonrojo de su rostro, pero aun así atreviéndose a verlo directamente a los ojos, aquellos ojos que la habían hipnotizado hasta hacerla enamorarse de ellos y su dueño.

-No fue nada.

Dijo él con una sonrisa y un poco más relajado, la miró directo a los ojos y después se fue a la cocina.

-¡Maldición!

Se quejó Sora al ver que aquel momento tan bello y romántico había sido arruinado por el estúpido microondas, ella que estaba tan emocionada viendo el que probable sería el más hermoso, romántico y perfecto de los besos y al estúpido microondas se le ocurría sonar arruinando el momento.

-¿Pasa algo?

Le preguntó Matt al oírla quejarse, volteó a verla y vio como su amiga se sonrojaba al verse descubierta en su pequeño berrinche en contra del microondas por arruinar algo tan perfecto.

-Nada es sólo que… Oie ni tú ni Mimi me habían contado esto.-Le dijo Sora para cambiar el tema-

-Supongo que era un secreto de los dos.

"Un hermoso y maravilloso secreto" pensó Matt con una sonrisa en sus labios mientras miraba como la Mimi de su pasado regresaba a la cocina y se colocaba a su lado para seguir cocinando juntos.

-Lo vez. -Le habló Sora- La navidad es hermosa cuando estas con las personas que quieres y realmente se trata de eso de estar en familia, o con los amigos, o con la persona que quieres-

Ahora por fin Sora entendía porque habían visto aquellos recuerdos tan tristes de Matt, eran para que él se diera cuenta que estando solo las cosas no iban a mejorar en cambio si aceptaba la compañía de los demás como lo hizo aquella navidad del 2002 con Mimi, las cosas mejoraban y mucho.

-Supongo que tienes razón, pero recuerda que mi familia está dividida y no es como que la persona que quiero pueda estar a mi lado, ella vive en Nueva York.

Matt dibujó una sonrisa triste al recordar aquello, era cierto el la amaba y estaba seguro que las navidades al lado de Mimi serían las mejores pero aquello era imposible, ella misma era un imposible para él.

-Pero nos tienes a nosotros, tus amigos.

-Ustedes tienen sus vidas aparte yo no pertenezco a ellas, así que más me queda que estar solo en casa, lo que pasó esa navidad fue un milagro, ella fue mi milagro navideño pero sólo fue una noche.

-¿Se lo has dicho? ¿Le has dicho lo que sientes? ¿Lo que sentiste ese momento cuando casi se besan?

-¿Qué querías que le dijera?¿Qué despertó en mi emociones que no sabía que existían? ¿Qué desde aquella noche buena sentí una conexión que me ató a ella de porvida? ¿Qué quisiera que me viera como algo más que un amigo? Claro que no se lo dije y no se lo diré nunca.

-¿Por qué?

-La amo, pero ella no es para mí, ella tiene su vida en Nueva York no aquí, además tiene a su amigo ese, lo más seguro es que ella esté enamorada de él.

-¿Michael? ¿Estas celoso de Michael? ¿Tú Yamato Ishida el chico más codiciado del campus universitario se siente inseguro por Michael? Vamos Matt que puede tener él que no tengas tú.

-Él vive en Nueva York y pasa todo su tiempo con ella mientras que yo la miró cada dos años.

-¡Exacto!

-¿Qué?

-¿Qué no lo ves Matt? Si Mimi estuviera enamorada de Michael ya sería su novia ¿no crees? Y no lo es, eso quiere decir que ella sólo lo ve como un amigo así, que no desaproveches la oportunidad.

Matt se quedó pensativo, mientras regresaba su vista a su yo del pasado que reía por algo que Mimi le había dicho y por primera vez en mucho tiempo un rayito de esperanza nació dentro de él, ¿Sería acaso que tenía una oportunidad con Mimi?

-Bien, sólo hay que esperar que el pavo esté listo y eso será en dos horas ¿Qué te parece si vemos una película?

Dijo Mimi orgullosa al ver su trabajo terminado, volteó a ver Matt quien se encontraba a su lado y quien también sonreía satisfecho, hasta el pastel estaba decorado ya, sólo hacía falta esperar el pavo.

-Me parece una magnífica idea, inclusive había rentado unas películas para pasar la noche.

-Bien veámoslas.

Mimi llegó a la sala y sentó en el sillón mientras miraba la colección de películas de su amigo, torció la boca inconforme y miró a Matt con malos ojos. ¡Hombres, tenían pésimo gusto para las películas!

-Por Dios Matt ¿Qué es esto?

-Películas ¿Por qué?

-Dime ¿Qué día es hoy?

-Noche buena.

-¿Y por que rentas para noche buena puras películas de terror?

-¿Por qué me gustan? -Respondió algo inseguro sabiendo que esa respuesta no era un argumento válido para Mimi-

-A mí me gustan las románticas y no por eso veremos las románticas, hoy es noche buena así que veremos esta.

Mimi presentó ante Matt una película que había comprado antes de llegar al apartamento del rubio. Matt la tomó entre sus manos y la miró con cierta curiosidad, leyendo en la portada el título "Los fantasmas de Scrooge"

-¿Qué es esto?

-Una película navideña.

-Pero…

-Sin peros, te dije que te enseñaría a festejar la navidad y el ver películas navideñas es parte de ello.

Matt no tuvo oportunidad de quejarse y cuando menos lo pensó ya se encontraba poniendo la película en el Dvd, en ese momento hasta había perdido ya la facultad de decirle que no a Mimi.

Eran las once con cuarenta minutos cuando Hiroaki llegó a su casa, lo había logrado, había llegado antes de que fuera navidad, no sabía si tendría ganas de cocinar ese pavo que había comprado pero por lo menos podría disfrutar veinte minutos de noche buena con su hijo. Pobre Matt siempre se la pasaba solo en esa fecha pero ahora Hiroaki había hecho hasta lo imposible porque no fuese así y aunque no había llegado tan temprano como lo había planeado por lo menos había llegado antes que la noche buena terminara.

Hiroaki abrió la puerta de su casa y se sorprendió al oler el aroma del pavo, al parecer Matt había hecho la cena pero lo que casi lo hizo irse de espaldas fue ver a su hijo dormido en el sillón con una chica a su lado dormida en el regazo del rubio. Se miraban adorables, eso no lo iba a negar pero ¿Quién era esa linda castaña? Que él supiera Matt no tenía novia. Se acercó con mucha precaución y apagó la televisión que estaba encendida, miró a su hijo que se miraba placidamente dormido y hasta con una sonrisa en sus labios y Hiroaki no pudo hacer otra cosa mas que sentirse feliz de que su hijo no hubiera pasado solo noche buena.

-Matt, Matt despierta.

Lo llamó con voz baja y moviéndolo un poco para que despertara. Matt se despertó poco a poco y se talló los ojos al ver a su padre frente a él.

-¿Papá llegaste?

-Sí y al parecer la cena está lista, así que despierta a tu amiga para que cenemos.

-¿amiga?

Preguntó Matt confundido y algo adormilado aún. Hiroaki rió y apuntó hacia la castaña que se encontraba dormida sobre Matt. Matt bajó su vista y se sonrojó notoriamente al ver a Mimi dormida sobre su pecho. Hiroaki no dijo más y se fue de ahí con una sonrisa en sus labios, dejaría que Matt disfrutara el momento, ya después lo molestaría con el asunto de la linda castaña.

Matt miró a Mimi y una sonrisa se dibujó en su rostro, se miraba tan linda e inocente que hasta le pesaba mdespertarla, pero era mejor que lo hiciera pronto antes de que su papá regresara sino de seguro comenzaría echarle burla enfrente de Mimi.

-Mimi despierta.

Matt movió suavemente a Mimi para despertarla pero esta no hizo más que hacer un puchero y acomodarse mejor sobre el pecho del rubio.

-No fantasmas no, yo amo la navidad ¿Por qué me van a visitar a mí?

Dijo la castaña entre sueños y Matt rió suavemente, la volvió a mover y esta vez Mimi si despertó, poco a poco fue abriendo los ojos y se encontró con el rostro sonriente de Matt que la miraba divertido.

-Ya está la cena.

Le dijo con una sonrisa y Mimi se apartó de él sin darse cuenta que todo ese tiempo había estado dormida en el abrazo de Matt.

-Ya voy.

Respondió tallándose los ojos aún un poco dormida. Matt se puso de pie y le dijo que iría a poner la mesa mientras ella se terminaba de despertar. Mimi lo miró irse y después observó el espacio donde había estado sentado Matt y entonces reaccionó ¡¿Ella se había quedado dormida sobre Matt?! Sintió como los colores se le subían a la cara y por un momento quiso que la tierra se la tragara pero antes de que pudiera hacer otra cosa, oyó que Matt no estaba solo y entonces si sintió que moriría de la pena. El papá de Matt había llegado y lo más seguro es que la hubiera visto cómodamente dormida sobre el pecho de su hijo ¡Dios que vergüenza! Quería morir.

-Mimi ya está servido.

La llamó Matt sacándola del oyó negro al que ella imaginariamente caí sin fin. La castaña lo miró y supo que tendría que ser valiente y hacer como si nada hubiera pasado y así lo hizo se puso de pie y caminó hasta el comedor donde tomó asiento.

-Hola, Creo que no nos han presentado soy Hiroaki, el padre de Matt.

-Mucho gusto señor Ishida, mi nombre es Mimi Tachikawa, disculpe por haber venido a su casa es que mis padres no pudieron llegar y…

-O no tienes porque preocuparte, es un placer tenerte aquí, gracias por prepararnos una cena tan deliciosa, sino fuera por ti estoy seguro que Matt no hubiera hecho nada.

-¿Para que hacerlo si nunca llegas?

Se defendió el rubio y Hiroaki sintió como una gota caí sobre su nuca mientras una sonrisa congelada permanecía en su cara, Matt no tenía que ser tan directo, aquel había sido un golpe bajo.

-Oh pero miren que bonito árbol.

Comentó Hiroaki para desviar el tema y Mimi rió divertida por el comportamiento de los dos Ishida.

-Mimi lo trajo.

-O que bien es muy lindo, ¿qué les parece si cenamos?

Mimi asintió a manera de respuesta y todos comenzaron a cenar juntos alrededor de aquel hermoso y pequeño árbol navideño. Matt no pudo evitar dedicarle una sonrisa y una mirada de complicidad a Mimi quien se encontraba frente a él y que algo apenada correspondió a su mirada y a su sonrisa. Sin duda alguna para Yamato aquella había sido la mejor navidad de todas.

-¿Has recobrado un poco las ganas de festejar la navidad?

-Un poco.

Respondió Matt con una sonrisa y tomó la mano que Sora le extendía para continuar con su viaje que ya casi terminaba, una parada más y todo terminaría.

Esta vez Matt y Sora no llegaron al departamento del rubio como lo habían hecho antes, sino al apartamento de Mimi quien en esos momentos se encontraba abriendo la puerta para dejar pasar a sus invitados.

-¿Por qué esa cara prima Meems? ¿Esperabas a alguien más?

Dijo divertido un castaño parado frente a Mimi paraquien no pasó desapercibido el rostro de decepción de su prima al ver que ellos eran los que se encontraban tras la puerta.

-No claro que no es sólo que… ¿No quieren pasar?

Mimi hizo pasar a su primo y a su esposa tratando de evitar explicaciones sobre su profunda decepción al ver que se trataba de ellos y no la persona que ella esperaba.

-No la molestes.

Se quejó la pelinegra al ver que su esposo se burlaba de nuevo de su prima Meems. Mimi ignoró por completo los comentarios de su primo y se fijó sino había nadie más esperando en la puerta pero no, no lo había. Decepcionada Mimi cerró la puerta al parecer él no llegaría.

-Pero él lo prometió.

Murmuró con tristeza la castaña y para ella misma mientras se recargaba en la puerta y con su mirada en el suelo.

Matt sintió remordimiento al ver que Mimi sí lo había estado esperando aquella noche y él no había ido sólo por cobarde, porque le daba vergüenza llegar a la casa de Mimi como si nada y presentarse ante los señores Tachikawa y toda la familia de Mimi, pero ahora que miraba el rostro triste de la castaña se odiaba por haber sido tan cobarde.

-¿No me digas que no fuiste?

Lo regañó Sora y Matt se sonrojó.

-Pensaba ir pero…

-¡No tienes excusa Matt! ¡Es imperdonable! ¡Se lo habías prometido!

-Lo sé pero…

-¡Olvídalo! Regresemos a tu casa.

Sora tronó los dedos y en un segundo ella y Matt se encontraban en el presente en la habitación de Matt. La pelirroja miro con severidad al rubio que se miraba arrepentido pero ni por eso la chica sintió piedad por él, lo que había hecho Matt era imperdonable, mira que dejar a Mimi ilusionad esperando su llegada y él sin intenciones de aparecer, eso era simplemente algo que Sora no podía tolerar.

-Es hora que me vaya- Le habló aún molesta con él- espero que todo esto halla servido para que abras los ojos un poco Matt y a la otra no la dejes esperando, digo si es que tienes otra oportunidad, sólo recuerda ella te estuvo esperando, piensa en ello.

Sora desapareció en una luz brillante justo como había llegado y Matt quedó sólo en su habitación. Pensativo y arrepentido se sentó en su cama y recordó aquella última navidad que Sora le había mostrado. Él realmente había pensado ir a la casa de Mimi, inclusive le había comprado un obsequio pero el miedo había sido más grande que él y nunca imaginó que aquella sería la última navidad de Mimi en Japón ya que a principios del año siguiente ella se mudó a Nueva York y sólo pudo verla en dos ocasiones más durante aquel año y acompañada por Michael y después no la volvió a ver, desapareció de su vida hasta ese año. Una nueva oportunidad se le estaba presentando y él la estaba dejando ir de nuevo.

Suspiró, tal vez no estaba recuperando su espíritu navideño pero si se estaba dando cuenta de muchos errores que era hora de corregir. Abrió el cajón del buró que estaba al lado de su cama y buscó en el una pequeña cajita verde con un moño dorado, estaba un poco empolvada pero Matt se encargó de limpiarla y una vez que hubo quitado todo el polvo de ella la abrió para apreciar los dos aretes de plata que había en su interior. Eran unos aretes largos con tres estrellas colgando a diferentes niveles. Ella amaba las estrellas.

Mimato196

24 de Diciembre 2011