Cierras los ojos y tomas aire. Te recuestas sobre la cama. Hace frío. El aire está helado y por alguna razón los colores de la habitación no ayudan en nada. Te abrazas a ti misma tratando de reconfortante, pero lo único que viene a tu mente es la tristeza. Te sientes sola, desesperada. "Quizá nunca debí venir" Murmuras. Pero no tenías otra opción. No era una negociación, era una orden. No era algo que deberías pensar dos veces, se trataba de tus amigos o tú. Y te decidiste por ellos. Si, por tus amigos, por tu segunda familia. Por la gente que estuvo contigo y aunque a algunos apenas les conocías los querías demasiado, porque aprendiste mucho de ti misma durante el lapso de tiempo que llevaban.

Escuchas el sonido de la puerta. Es tu carcelero. Te pones de pie y miras hacía la ventana "Sé fuerte Orihime" te dices a ti misma y cambias tu expresión. No quieres mostrarle temor, quieres que el respete, o por lo menos intentarlo. Escuchas sus pasos avanzar hacia a ti hasta que se detienen y tú sigues de pie, con las manos entrecruzadas, él no dice nada. Luego de pocos minutos él te habla.

"Ya te diste cuenta" Te dice con su voz fría y que retumba por toda la habitación.

"Hace falta más que eso para que ellos sean derrotados" Le contestas con determinación.

Él no te dice nada. Solo se queda ahí mirándote.

"Ellos no están muertos" Y ahora tú rompes con la tranquilidad. Tu semblante ahora es de tristeza y unas lágrimas están a punto de caer. Aprietas los puños y vuelves a darle la espalda. Si vas a llorar no lo haces frente a él.

Ya has sufrido lo suficiente y llorar frente a él no te sirve de nada. Dentro de ti tu corazón está roto. Porque cuando te dijeron que ellos habían quedado seriamente lastimados sentiste como si tu corazón estuviese hecho de cristal y le hubieran lanzado una roca y tratar inútilmente de recoger cada pedazo y unirlo de nuevo.

Te sientes culpable e inútil. Culpable porque es por ti a quien sus amigos han ido a buscar, inútil por no poder hacer nada al respecto. Tu impotencia te está superando. Pero ¿Qué puedes hacer en momentos como ese? Momentos en los que tu única compañía es quien ha provocado directamente o indirectamente ese daño. El cumple su trabajo. No sabes si le gusta o no, solo sabes que lo hace.

"Mujer" Su voz te saca de tus pensamientos, pero no logras responderle.

"Mujer" Dice por segunda vez, no le prestas atención.

"Mujer" La tercera es la vencida. Te ha hecho enojar.

"¡Mi nombre no es mujer! Soy Orihime Inoue" Le contestas exaltada. El no responde. Solo se queda en silencio. Te mira fijamente. Te tranquilizas. Y se quedan en silencio como siempre.

Lo ves salir por la misma puerta de siempre, ya no quieres verle, te ha cabreado y prefieres no verlo, no es capaz ni de decir algo tan sencillo como tu nombre. Te preguntas cómo alguien puede hacerte sentir bien un día, y al otro destruirte, tal y como él lo hace, pero recuerdas que tú le diste ese privilegio. Te equivocaste y lo estas pagando.


En estos drabbles más bien parecen que Orihime tiene síndrome de Estocolmo(? No ahondaré en el tema, tampoco voy a justificarlo, es una relación extraña desde mi punto de vista, a mi me gusta, en fin.