Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Esta historia participa en el Reto #17: «La familia lo es todo» del foro Hogwarts a través de los años.

Familia escogida: Dolores Umbridge, Orford Umbridge, Maxwell Cracknell y Ellen Cracknell.

Apariencia

Puedo sentir tus malas vibraciones,

Todo a mí alrededor, consumiéndome.

Corrompiendo todo lo que soy.

A Day to Remember – Bad vibrations.

Han pasado más de veintitrés años que ha «terminado» la educación en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Sí, terminado entre comillas: si no fuese por aquellos magos que le han hecho aquella jugarreta de pésimo gusto en sexto año, no le hubiesen encontrado por según ellos haberle encontrado en la escena del crimen. Hierve de coraje cada vez que recuerda esa parte de su vida que está más que deseoso de borrar bajo todos los medios. ¿Qué tan justo es que le inculpasen a él de algo que no han hecho? Tiene la suerte de que no le han roto la varita o no fuese capaz de estar en público.

Suspira.

Por eso mismo ha entiendo que es un hecho que se encuentra establecido que no existe nada que tenga más importancia en la comunidad mágica que el estatus que una persona posea a lo largo de la vida.

En ciertos momentos da igual en qué parte del mundo mágico se trabaje o de qué porque, a veces, lo que les interesa a los demás es la posición social que se han construido, de las influencias que ejerzan o del número de galeones que han almacenado en la bóveda familiar. Por eso mismo se ha esforzado por ascender en la escala sin embargo para él, un simple mago de sangre pura que no consiguió graduarse de Hogwarts, es complicado dado que nadie quiere al mago del Departamento de Mantenimiento Mágico.

A Orford no le preocupa que, en un instante, la luz de su vida y su motivo para sonreír día a día –su preciosa Dolores– tuviese que pasar hambre o que Ellen y él se viesen obligados a hacer malabares para llegar al final del mes con lo que gana él; de hecho eso es el asunto de las familias que no saben invertir adecuadamente el dinero o que carecen de sentido común. ¿Cómo van a traer al mundo a bocas que ni siquiera pueden alimentar?, está totalmente fuera de lugar. La razón que motiva a Orford es simplemente querer superarse a sí mismo, un detalle que a veces no le ha interesado hasta que las burlas han aparecido, además que quiere tener una historia interesante que pueda contarle a la niña cuando ella le fuese a preguntar de qué ha estado trabajando Orford.

Dolores es la princesa de la familia. Dolores no tiene más de dos años de edad sin embargo ya lo tiene comiendo de la mano: todo lo que quiere la linda bebé él se lo va a dar. ¿Cómo pensar en decirle en negárselo? Es linda, encantadora, el fruto del amor entre Ellen y él. ¿Qué más puede pedir? Quizá un varón a quien enseñar a andar en escoba y con quien platicar de aquellas cuestiones que a Dolores quizá le llegue a dar igual –si se parece a Ellen.

«Me gustaría tener un hijo, hablaré con Ellen al respecto», piensa. «Y serán mi orgullo cuando hagan magia accidental, ¡seguirán los pasos de su padre! Se conseguirán un puesto en el Ministerio de Magia, ojalá que sea mejor que el mío; no me va a gustar si se burlan de Dolores o del bebé –si es que Ellen accede– sólo por dónde eligen laborar. De hecho, les maldeciré en el caso que sean lo suficientemente suicidas para meterse con mis hijos. O mi hija en cualquier caso.»

No puede pedir una familia mejor de la que actualmente posee.


Las discusiones han comenzado a surgir desde el momento en que Ellen ha notado el extraño comportamiento que Orford tiene cada vez que Maxwell -nombre que le han dado en honor a su abuelo paterno– se le acerca. Ella sabe que a Orford le ha desilusionado enterarse que Maxwell ha nacido siendo un squib –un término muy despectivo en opinión de ella– sin embargo ella ha confiado en la sensatez de su marido para no cometer ninguna estupidez como odiar al niño por algo que no ha elegir ser en primer lugar.

Ellen es una mujer que no ha sabido de la existencia de la magia hasta que ha conocido a Orford, razón por la que nunca terminará de entender por qué los magos se comportan como personas retrogradas en determinados aspectos como la pureza de la sangre o el hecho de ser mezclas de razas. Es decir, ¿vienen a aceptar la primera bobada mágica que se les cruce por el camino, la igualdad entre hombres y mujeres –hecho que ama– pero se niegan a reconocer los logros de los hijos de muggles o de los medio gigantes, medio veela… medio lo–que–sea? ¿En qué mundo ridiculísimo han estado viviendo? ¿Cuál es la lógica que se supone que eso tiene? Por favor, explíquenle con peras y manzanas lo que pasa por la mente de quien inventa las leyes para que, una vez comprendido, le pueda dar una paliza a quien hubiese ideado semejante imbecilidad.

Ellen nunca se ha considerado a sí misma como el tipo de mujer que se entromete en los asuntos de los demás, sin embargo si la integridad y la felicidad de Dolores o Maxwell llega a verse perjudicada pues descubrirá lo peligrosa que puede llegar a ser una muggles. Por si no fuese suficiente, una que ya es madre.

—¿Quieres dejar de pensar que nuestro hijo es un monstruo? —gruñe Ellen a su marido quien pone los ojos en blanco, ignorando la queja de Ellen. La mujer suelta un bufido mientras se pregunta a sí misma por qué ha tenido que casar con un idiota—. ¿Vas a decirme cuál es el problema que tienes con Max o tendré que adivinar que esa por esa mente tan estúpida que tienes?

Joder con Ellen y la habilidad extrasensorial que tiene para enterarse de lo que Orford piensa.

Orford se obliga a sí mismo a no dejar que las emociones lo embarguen, nunca sucede nada bueno cuando el carácter que tiene lo gobierna. Al escuchar a Ellen defender a su hijo, ha aparecido en él la súbita furia que ha tratado ocultar desde que los sanadores le han informado que jamás lo verá asistir a Hogwarts igual que la princesa de la familia. Mientras que su hija ha hecho magia accidental a los nueve años, Maxwell ya ha cumplido los once años y no ha demostrado tener magia corriendo a través de sus venas.

¿Por qué el destino ha tenido que jugársela de esta manera? ¿Por qué su único hijo, ese que se supone que ha tenido que llenarle de orgullo, le ha decepcionado antes de entender cómo funciona el mundo mágico? ¿Por qué ha tenido que engendrar un squib? ¡¿Por qué?!

«Este niño es especial». Es la frase que ha dicho Ellen en el momento que ha tenido a Maxwell en sus brazos por primera vez, después de varias de rigurosa labor e insultos que ha gritado mancillando el orgullo de Orford, él le ha dado la razón… Hasta que el sanador les ha dicho que Maxwell es un squib de nacimiento. En todo este tiempo, Orford continúa sin saber qué pensar acerca de que haya un squib en la familia. ¿Qué tiene que hacer?

Orford no negará que Maxwell es la criatura más hermosa que ha conocido, después de su princesa Dolores.

—Eso ya lo sabes —responde él—. Sé que te parece que estoy comportándome irracional y también sé que no te gusta que me queje pero ponte en mi lugar: yo esperaba tener un hijo al que pudiera enseñarle a volar, a jugar quidditch, al que llevar al andén nueve y tres cuartos sin embargo ¿cómo voy a hacer eso si nació siendo un squib?

—¡¿Y qué carajo importa que tenga magia o no tenga?! —le espeta Ellen, incrédula—. ¡Debes sentirse orgulloso del hijo que tenemos, no del que crees que debes de tener para satisfacer esa necesidad de ser mejor que los demás! A muchas personas les gustaría tener un niño inteligente como Max y lo sabrías si te interesaras en la educación que le estoy dando. ¿Acaso estás enterado que se llevó el primer en el concurso de arte de la semana pasada? La maestra lo elogió por la buena memoria que tiene.

¿Elogiar? ¿Por qué van a elogiar que no tiene ni una gota de sangre mágica?

—Es un mocoso de trece años que cree que reparará el error que ha hecho con una estúpida medalla que no tiene valor para nadie —escupe en voz baja esperando que su esposa no le escuche.

No ha sido así.

—¿Para nadie? —repite Ellen con una sonrisa demasiado tensa en el rostro; luego le entra un tic en el ojo, se acerca a su esposo con grandes zancadas. Este comienza a considerar que probablemente ha cruzado la línea—. ¡A mí sí me importa! ¡A Dolores también! ¡Tú eres el que no sabe valorar a quiénes tienes al lado! ¡Yo me casé con un chico gentil, no con un imbécil el hijo de…! Sabes, Miriam es una mujer simpática que no merece que la insulte por culpa de este imbécil que tengo enfrente.

—No, Maxwell no está aquí —dice con tranquilidad.

¿Qué carajo?

—¿Acaso aborreces a nuestro hijo por algo que él no ha elegido ser? Escúchame atentamente Orford Maximiliano Umbridge: me importa una mierda qué pienses del estatus que mereces tener o del hecho de que nuestro Maxwell naciese siendo un squib –sea lo que sea que signifique para él. Si me llego a enterar que no puedes ser capaz de actuar como el adulto supuestamente maduro que eres, te daré el divorcio y me importará una mierda lo que opines de mí. A mis niños no les vas a tratar como sirvientes para conseguir lo que crees que tienes que poseer para sentirte malditamente realizado, ¿me entendiste?

—¿No estás…? —Orford suspira—. Ellen, sé sensata. ¿Qué orgullo nos puede traer Maxwell? No es nada.

—¡Yo te convertiré en nada! Nadie insulta a Max en mi presencia, idiota.

—¿No puedes quejarte sin hacer uso de tu repertorio de insultos?

—¿No puedes usar esas neuronas que tienes en el cerebro para variar? —Ella suspira—. Mira, no quiero criar a ninguno de los dos con nosotros discutiendo. Nunca comprenderé por qué te importa tanto tener un prestigio memorable, ¿qué más da cuando has perdido lo que una vez has amado?

»Déjame terminar. Si no quieres a Max porque es un squib; bien, lo acepto, no me gusta pero lo aceptaré pero a cambio te pido que me concedas el divorcio. ¿Qué hubiera pasado si Max no hubiera estado en el club de arte y nos hubiera escuchado discutir? Se haría un pésimo concepto de ti. Ese niño te ha admirado desde tiene uso de razón, igual que Dolores. Cortemos esto por lo sano: tú te quedas con Dolores, yo me quedo con Max y dejemos que piensen que el divorcio no ha sido por culpa de ninguno.

—Creí que estarías conmigo hasta que la muerte nos separe —susurra Orford bajando la mirada.

—Y yo creí conocerte —debate Ellen—. ¿Por qué?

—Quería ser especial.

Ellen mira sin emoción en sus ojos a su marido.

Orford asegura que eso le ha dolido más que todos los insultos que Ellen le ha dado desde que la conoce.

—¿Especial? —repite ella. No está enfadada, no quiere seguir discutiendo. Da igual lo que hagan o digan de ahora de adelante, nada cambiará la decisión que han tomado. Todo ha sido tan hermoso, ¿qué les ha pasado para que ya no puedan hacer nada para tratar de arreglar un matrimonio roto?— ¿Desde cuándo ser especial se vincula no poder sostener una mísera varita y hacer magia? ¿O asistir a Hogwarts y ganarse ya sea el puesto de prefecto o de Premio Anual?

—A mí me importa.

—A mí no. —Suspira—. Max es especial a su manera.

—… Ajá. —Bufa—. Lo que digas, cariño.

—No me des la razón sólo porque sí. Sé que no es lo que esperabas sin embargo ¿por qué no darle la oportunidad de demostrar lo que es capaz de hacer?

—Yo quería que Maxwell cumpliera las metas que siempre quise cumplir pero que no pude —susurra para sí Orford. La mujer lo mira—. Las personas que creí que eran mis amigos no soportaron que les superara en los TIMO, ¿quieres saber qué hicieron? Te lo resumiré en una broma de pésimo gusto que me costó mi educación. Me llené de rabia pero sobre todo de dolor. ¿En quién podía confiar cuando me apuñalaron por la espalda? Tenía grandes metas, me las quitaron. Esperaba un hijo al que pudiera enseñar lo que quise aprende, que quizá siguiera mis paso; ¿qué podía esperar de un squib?

»Dolores es mi princesa; simplemente no es lo mismo. Amo a mi hijo, sabes que sí, pero no soporto la decepción que me ha dado.

—Pudiste haber esperado lo mismo que quieres para nuestra Dolores —dice ella—. Él es especial. No lo digo porque sea un squib, lo digo porque es nuestro hijo. ¿O es que no te basta sólo porque no ha cumplido tus expectativas?


El lazo que una vez han tenido ha quedado completamente destruido desde que le han comunicado a Dolores y Maxwell que se han divorciado: Dolores los odia a los dos por haberla separado de su adorado hermano menor y Maxwell se siente triste porque ninguno jamás volverá a estar juntos.

El Ministerio de Magia no ha tardado en enterarse del divorcio; lógicamente, El Profeta ha enviado a sus entrevistadores para hacerle las mil preguntas de qué ha pasado, por qué hasta ahora y, los más déspotas, se han burlado diciéndole que a buena hora ha venido a recobrar la razón por haber echado a una asquerosa sangre sucia y un sucio squib. En primer lugar, nadie más que él tiene permitido a insultar a Maxwell; se ha tenido que recordar que pueden multarle por agredir a los reporteros así que les ha cerrado la puerta en la cara advirtiéndoles que les echará un maleficio si se entrometen en su camino.

La familia Umbridge no es popular. No tiene un gran estatus, ni de una manera ni de otra. Entonces, ¿qué motivo han tenido para querer perjudicarles la vida?

Simple, diversión.

Les hace gracia desmoronar aquello que se ha destruido para no ser reparado nunca más.

¿Por qué ha tenido que suceder esto?

Verso traducido del inglés, cito el original: «I can feel you bad vibrations; all around me, all consuming. Corrupting all that I am.»