Declaración: Rurouni Kenshin no me pertence. Pertenece al genial y talentoso Noubuhiro Watsuki. Pero guardo la esperanza de que el gapo de Kenshin me pertenezca algún día.

Capítulo 2: Desgracias, encuentros y mas desgracias.

Kaoru se dirigía a su casa por la autopista. Era tarde y no pasaba ningún coche por allí, por lo que se dio el lujo de relajarse y repasar los sucesos del día mientras aminoraba la velocidad del vehículo.

El despertador había decidido esa mañana hacer huelga, por lo que se había quedado dormida. No había tenido tiempo de maquillarse y había salido de casa con una tostada en la boca.

Al dirigirse a la calle central para salir a la autopista, se había cruzado con una congregación gay que manifestaba su derecho a contraer matrimonio, por lo que había tardado más de veinte minutos en salir a carretera.

Había tenido que cruzar la vía a más de 30Km/h de lo permitido y estaba segura de haber visto un flash al coger el desvío al Tokio Center, lugar en el que se hallaba el bufete, por lo que estaba convencida de que le llegaría a casa una buena amonestación.

Cuando entraba al bufete llevaba cuarenta i cinco minutos de retraso y Tae, su ayudante le tenía la mesa llena de casos para revisar y firmar.

Después había ido a verla Yasu Takawa y sus buenas palabras y sus lágrimas de cocodrilo, habían conseguido que Kaoru saliera corriendo a buscar al chico sin terminar de averiguar el entorno de la vida del niño. Si hubiera sabido que detrás de ese hombre había un maltratador, no hubiera aceptado el caso.

Pero la peor parte del día, sin duda alguna, se la había llevado en la comisaría. Aquel miserable policía la había acusado de no tener corazón. Pero eso no era lo que la molestaba. En realidad, lo que la molestaba era que no podía evitar sentir cierta atracción hacia él.

Ella pensaba que el caso sería fácil y rápido. Había tratado varios casos así, pero nunca se había topado con un hombre como Kenshin Himura.

La apariencia y la personalidad de ese hombre no se relacionaban en absoluto con las que ella se había formado en su cabeza.

Himura no era el típico policía corrupto. Quizá si que había empleado su cargo para saltarse un par de normas, pero no había sido para conseguir sus propósitos, sino para evitar que un niño fuese maltratado.

En lo poco que había tratado con él, había podido apreciar varias facetas de su carácter. Era un hombre arrogante, y eso se lo había dejado bien claro, pero también era bondadoso. La preocupación que sentía por el niño se reflejaba claramente en sus ojos.

Esos ojos…

No recordaba haberse topado nunca con unos ojos así. Reflejaban todos los rincones de su personalidad.

Una personalidad muy peculiar. Podía pasar de picardía y diversión a ira en cuestión de segundos.

Había sido muy grosero, hasta que Yahiko había echo acto de presencia en el despacho. Entonces se había acercado al niño y había mostrado una ternura y preocupación que la habían dejado completamente aturdida.

Se dijo que era porque en lo que llevaba de día le había sucedido muchas cosas y que ese hombre nada tenía que ver con su estado anímico en esos momentos.

La despedida había sido escueta, y los ojos de él en todo momento le habían prometido venganza. Pero ella no iba a darse por aludida. Había cogido a Yahiko de la mano y había salido de allí sin mirar atrás.

Durante el camino a casa de Yahiko, el chico se había mostrado reacio, actitud completamente distinta a la que había tenido con el jefe de policía.

Ella le dio su dirección y su número de teléfono por si algún día necesitaba ayuda. El niño se despidió de ella con el rostro pálido y entró en el interior de la casa con paso cansado.

No podía evitar sentirse culpable por lo que le pudiera suceder al muchacho, pero se dijo que ella poco podía hacer al respecto. Como bien había dicho el jefe Himura, si el chico no denunciaba, no había nada que hacer.

No se dio cuenta del rato que había pasado ensimismada en sus pensamientos hasta que aparcó el vehículo delante de su casa y sacó la llave del contacto.

Se sentía cansada, el cuerpo le pesaba y los ojos le picaban.

Atravesó la verja blanca de madera que daba a un pequeño patio en el que tan solo se podían apreciar malas hierbas.

Ella no era ninguna experta en jardinería y tampoco tenía tiempo para perderlo en cosas como esas, las cuales consideraba que no tenían importancia.

En dos pasos se colocó delante de la puerta de entrada y miró durante un instante el alrededor.

Vivía en la parte baja de Tokio, en una zona de pequeñas casitas adosadas. Excepto el matrimonio joven que se acababa de instalar en la casa de al lado, la mayoría de sus vecinos eran ancianos, lo cual no le importaba en absoluto, pues le encantaban las historias interminables que tenían que contar.

Entró a la casa y dejó las llaves y el bolso en el recibidor.

La casa no era muy grande. Contaba con dos plantas, la primera era recibidor, salón y cocina. La segunda, dos habitaciones y un cuarto de baño. Todo estaba decorado con muebles de roble provenzal y a ella le encantaba su hogar.

Subió directamente a la segunda planta y entró en el baño. Una buena ducha la relajaría.

Terminó de ducharse, se puso un pijama ligero de algodón, puesto que hacía mucho calor y bajo a prepararse la cena, que consistía en un paquete de ramen instantáneo.

Agradeció mentalmente a la persona que había creado ese gran invento. Esos paquetitos de sopa le habían facilitado la vida. De no ser por ellos, hubiera hecho tiempo que habría muerto de una intoxicación. La comida que ella preparaba no la querían ni los perros.

Cuando terminó de cenar estaba tan exhausta que en lo único que pensó fue en subir a su cuarto y echarse a dormir hasta el día siguiente.

-Mañana me irá mejor-. susurró

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Kenshin se hallaba en su despacho terminando de repasar la sentencia de un caso de narcotráfico.

Estaba escuchando las risas de Misao a través de la pared. Esa muchacha siempre conseguía hacerlo sonreír, incluso cuando no podía verla, como era el caso en ese momento. Su alegría y simpatía eran contagiosas, pero cuando esa pequeña se enfadaba podía ser todo un diablo.

Un portazo en el exterior lo hizo volver a la realidad. Intentó poner atención, pero no se oía nada, ni la risa de Misao, ni los murmullos del resto de los agentes, incluso la estruendosa voz de Sanosuke había dejado de proferir improperios.

Inmediatamente sintió un aguijonazo en el estómago y se le erizó el bello de la nuca. Algo malo estaba por suceder.

Como dándole la razón a su subconsciente, la puerta del despacho se abrió dejando pasar a Hajime Saito. Un hombre alto, delgado, de facciones frías y duras. Las formas de su rostro le recordaban vagamente a las de un lobo hambriento y la cínica sonrisa que mantenía no hacía más que incrementar su desagrado hacia él.

-Saito-. por el tono de voz de Kenshin, Saito puedo entender que la visita sorpresa que había decidido hacerle no le hacía ninguna gracia al joven pelirrojo, y eso no hizo mas que conseguir que incrementara su sonrisa.

-Vaya, vaya¿dónde esta tu humor Himura? Parece que haya pasado un tren por tu cara. ¿Has tenido un mal día Battousai?

"Genial" pensó Kenshin. La visita de ese lobo pulgoso era lo único que le faltaba para completar el día.

Primero venía la abogaducha esa sabelotodo a amenazarlo con demandarlo, después pillaba a sus hombres picando entre horas y para concluir venía Saito a tocarle las narices de mala manera.

Lo peor sin duda, había sido cuando la "señorita Kamiya" lo había acusado de corrupción. ¿Corrupto él? Ya se encargaría de hacerle pagar a esa preciosura su insulto.

Se dio cuenta de que había estado a punto de dejar escapar una sonrisa bobalicona y esperando k Saito no se hubiera dado cuenta se levantó de su sillón, dándole la espalda y se dirigió a la ventana. Eso le daría tiempo de recuperar la compostura.

Ya mas relajado se giró encarando a Saito. –Te agradecería que no me llamaras así, Saito. Hace mucho tiempo que nadie me llama así y me gusta. No quiero tener recuerdos desagradables.

Saito enarcó una ceja y se dejó caer en la silla que había junto al escritorio. Metió su mano en el bolsillo delantero de la camisa y sacó un cigarrillo, el cual se colocó entre los labios. Seguidamente lo prendió.

Kenshin miró la escena atónito. Ese hombre no tenía educación ninguna. –Por favor, Saito, siéntate y ponte cómodo. ¿Te apetece un café o un cenicero para la ceniza?

El tono sarcástico de Kenshin hizo que a Saito se le escapara una risotada. –No gracias, así estoy bien. He venido a traerte los documentos del caso Amakusa. Necesitaríamos que mañana a primera hora enviaras cuatro patrullas a la fábrica de Shogo Amakusa. Han recibido más amenazas y mañana piensan hacer una manifestación, él y todos sus trabajadores.

Kenshin paseó de un lado a otro del despacho y finalmente se dejó caer en el sillón. Se inclinó sobre el respaldo y tamborileo los dedos sobre el escritorio. -No puedo prescindir de cuatro patrullas, Saito. Quizá de dos, pero no de cuatro. Mañana empieza la campaña de tráfico y tendré a casi todos los agentes ocupados.

Saito resopló. No se había acordado de la maldita campaña de tráfico. Todos los años se hacía por esas fechas y la mayoría de los agentes trabajaban en ellas. –De acuerdo, que sean dos patrullas pues. Han de estar allí a las seis de la mañana. He ordenado que vaya también una ambulancia, nunca se sabe lo que pude suceder.

Tras la breve conversación se hizo un silencio incómodo que Kenshin se apresuró a romper. -¿Necesitas algo más? Tengo mucho trabajo aún y me gustaría acabarlo pronto para poder marcharme a casa.

Saito lo miró divertido. Siempre era gratificante hacer enojar a Himura. Lo ponía de buen humor. -¿Sabes? Me he enterado de que tus hombres no están cumpliendo debidamente la reforma de alimentación que propuse el pasado mes.

Kenshin se preguntaba por que ese hombre nunca tría buenas noticias. Por algún motivo que no llegaba a comprender, Saito le tenía manía, y no por que él le hubiera dado motivos. Se acomodó mejor en su sillón y le dirigió al lobo una mirada aburrida.

-Ve al grano Saito. No tengo tiempo para perder con juegos.

Saito profirió una carcajada. Ese enano pelirrojo le caía bien. Pero eso era algo de lo que jamás se enteraría. –Ha llegado a mis oídos que uno de tus hombres se infla a dulces durante las patrullas. Creo que te deje bien claro que esta reforma es para todas los cuerpos del estado por igual. Si tu eres el jefe, tienes la responsabilidad de hacer que tus subordinados cumplan las ordenes dadas por un superior, en este caso yo.

Kenshin no comprendía por que le daba tanta importancia a esa reforma. Sus hombres no tenían mala condición física y además eran muy dedicados a su trabajo. El pensaba sinceramente que la propuesta de Saito era una tontería. A ese hombre le gustaba fastidiar al personal, pero era una estupidez intentar discutir con él sobre ese tema.

-¿De quien se trata?

Saito abandonó su sitio en la silla y se dirigió a paso lento a la puerta. Antes de abrir encaró a Kenshin con su ya típica sonrisa lobuna en el rostro. –Sanosuke Sagara.

Tras esa breve respuesta abrió la puerta y se marchó dando un portazo.

¡Maldito Sanosuke! Iba a tener una larga charla con él y se aseguraría de tenerlo haciendo abdominales hasta el día de su jubilación. -¡SANOSUKE, MALDITO CABEZA DE POLLO!

Sanosuke, que estaba sentado junto a Misao en su mesa dejó escapar una exclamación. Era le segunda ves que Kenshin le chillaba en ese día, y algo le dijo que esta vez no iba a salir librado únicamente con trescientas abdominales.

Tragó saliva y se dirigió al despacho. –Que sea lo que Dios quiera-. se dijo.

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Era pasada la media noche cuando Kenshin llegaba a su casa. Estaba tan cansado que dejó el coche mal aparcado, atravesado entre el garaje y el camino de entrada. Al entrar a la casa, un gran perro negro se acercó a él de forma patosa.

Después de saludar a su compañero de hogar se dirigió a darse una ducha, y sin perder tiempo a ponerse un pijama se metió en la cama.

-Mañana será otro día-. susurró.

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Kaoru estaba que echaba humo por las orejas. Hacía dos semanas su vida le parecía un camino de rosas, y en esos momentos estaba echa un caos total.

Desde su encuentro con el jefe de policía hacía quince días, no había podido descansar una noche completa. ¿Qué demonios tenía ese hombre que no se lo había podido quitar de la cabeza?

Esa mañana precisamente tenía que ir a la comisaría a recoger unos informes para un caso que tenía pendiente de juicio. Estaba segura que ese burro arrogante estaría allí, y se reprendía mentalmente por que no sabía si el verlo la agradaba o la desagradaba.

Tomo su bolso con cierta reticencia y se dispuso a ir a enfrentar a ese hombre. Se dijo que ella no tenía que acobardarse ante nadie, así que ya resuelto el dilema, emprendió el camino.

Cuando llegó a la comisaría se dirigió directamente al departamento de información. Cuanto más rápido saliese de allí mejor. Recogió su informe y se marchó. Se sentía ligeramente decepcionada por no haber visto a Kenshin, y eso no hacia más que enojarla. Ese hombre la había tratado como a la peste, y en cambio ella ahí estaba, pensando en él.

Tan absorta en sus pensamientos iba, que no se dio cuenta de que al bajar las escaleras tropezó y se llevo consigo a una persona.

Kenshin se sentía furioso. Se pasaba día y noche pensando en la maldita abogaducha, en sus piernas esbeltas, en sus caderas, en sus labios…Estaba distraído, no prestaba atención en el trabajo y por lo que acababa de comprobar, tampoco prestaba atención a lo que tenía alrededor.

Se irguió rápidamente y le ofreció la mano a la pobre muchacha a la que acababa de llevarse por delante.

-Disculpe señorita, no la había… ¡USTED¿Qué demonios…?

Kaoru se había puesto morada de la ira que estaba acumulando. Primero la arroyaba y después le chillaba.

Eso no se iba a quedar así. Había llegado la hora de arreglar cuentas.

CONTINUARA

Hola de nuevo. Aqui estoy con la actualización. Como no tengo mucho tiempo, paso a contestaros vuestros rw:

BattousaiKamiya: Me alegro mucho de que te haya gustado mi fic. Me hizo mucha ilusion tu rw, aparte de que fue el primero. Espero que este segundo capitulo te haya gustado tanto como el primero, Muchos besos, nos leemos.

Satsuki Haru: Gracias por todo tu apoyo amiga. Si estoy aqui es indudablemente gracias a ti. Bueno guapa nos iremos hablando y pasandonos esas fotos tan chulas que tenemos a medias, ja,ja, ja... Un beso y un abrazo mu fuerte.

serena tsukino chiba: Muchas gracias por tu rw, me alegró mucho recibirlo. Tranquila, la relacion estrer Ken y Kao se ira dando, pero antes kiero hacerlos sufrir un poco, ja,ja,ja... Muchos besos, cuidate.

gabyhyatt: Me alegro de que te haya gustado mi fic, espero que este segundo capitulo te haya gustado tanto como el primero. Un beso, cuidate.

Kaoru Hayasaka: Bueno, pues aqui tienes el segundo capitulo ¿que te parecio? espero que te haya gustado tanto como el primero. Muchas gracias por tu comentario, me estampo una sonrrisa en el rostro. Un beso y cuidate.

Nadeshiko miko: Hola bruja!!! Yo no he dicho en ningun momento que vayan a enamorarse eso te lo estas inventando tu, ja,ja... Espero k te guste este segundo capitulo, y si no, pues te fastidias, ja,ja,ja...estoy k me caigo de sueño tía y te estoy escriviendo esto mientras tu me estas hablando, ja, ja...Un beso pedorra!!!

Novelle: Me alegro de que te haya gustado mi fic, y como puedes ver no es una adaptacion, ja,ja,ja...a decir verdad no tengo pensado los capitulos suiguientes, asi que supongo que iran surgiendo poco a poco. Espero que este segundo capitulo te haya gustado tanto como el primero. Un beso cuidate.

mimi: Me a alegrado mucho recibir tu rw. Y aqui tienes la actualizacion ¿prontito no? Bueno, un beso cuidate.