¡Hola a todos! Muchas gracias por todos los comentarios :D Espero que les guste este capitulo n.n
Deja tu critica, me gustaría saber que es lo que te pareció.
Aclaraciones:
No soy dueña de Fairy tail.
*~No se puede amar y ser sabio.~*
Levy no supo cuándo se había quedado dormida. Lo único que sabía era que la luz del sol era demasiado fuerte para sus parpados cerrados y los pájaros que cantaban fuera de su ventana, eran innecesariamente ruidosos y alegres. Levy gruño y coloco un brazo en su cara. ¿Por qué el día tenía que ser específicamente alegre, cuando ella solo quería enterrarse en sus mantas y morir? Perezosamente se deslizo afuera del capullo de sus sabanas y se sentó en la cama, mientras se refregaba un ojo.
Los ojos le ardían y su garganta se encontraba seca.
La noche anterior casi no había dormido y lloro durante horas. Litros y litros de lágrimas innecesarias. Sus ojos avellanas se abrieron y parpadearon, acostumbrándose a la luz solar. Su mirada se dirigió hacia la ventana de su habitación, ella se odio internamente por no haber comprado un par de cortinas cuando tuvo la oportunidad.
Nuevamente, su cuerpo se sumergió en las sabanas y enterró su cara en la almohada. Ella no tenía ganas de salir de su cuarto y ver a Gajeel, estaba harta de hacer el ridículo en frente de él. Fue una lástima de que Jet y Droy estuvieran en una misión en solitario, de no ser así, ella se habría escapado con ellos a algún pueblo lejano a hacer algún trabajo y por lo menos, sacar de su mente al Dragon Slayer de acero.
Levy gruño y asfixió a su almohada con las manos.
Aunque era tentador quedarse en su cuarto durante todo el día, en algún momento tendría que afrontar su situación y esto no le ayudaba en nada, además Fairy Tail era su hogar y ella no huiría de él.
De un salto, salió de su cama acolchonada y camino hacia al pequeño baño de la habitación. Ella apretó el interruptor de luz y se miró al espejo.
Hay por dios…
Levy tenía la marca de la frazada en todo el sector derecho de su cara, frente, nariz y mejilla; también había una mancha blanca de saliva seca en su mejilla derecha, pero eso no fue lo peor, sus ojos parecían dos cocos sobresalientes de su cara. Estaban rojos e hinchados y también le ardían. Levy nunca se había visto tan demacrada en toda su corta vida.
La peliazul gruño y se pasó ambas manos por la cara. Ojala nunca hubiese llorado.
La pequeña maga, cerró la puerta del cuarto y empezó a sacarse el conjunto de dormir, dispuesta a darse un baño. Una vez que estuvo completamente denuda, ella corrió las cortinas de la bañera y abrió el grifo de agua. Lentamente, Levy se adentró y permitió que el agua fría recorriera su cuerpo por completo. La peliazul emitió un ligero suspiro al sentir como sus músculos se relajaban.
Y luego de unos treinta minutos, Levy salió del baño, con una delgada toalla amarrada a su cuerpo menudo. La pequeña maga se dirigió hacia su cajonera y saco un conjunto de ropa interior, ella lo coloco en su cama y luego, se dirigió a su armario. Ya que su vestido estaba sucio, ella decidió ponerse algo simple, unos shorts de jean y una remera negra de tirantes.
Las delgadas manos de Levy desataron el nudo de la toalla, que lo mantenía firme, y empezó a vestirse. Minutos después, ella empezó a cepillarse el cabello con sus manos, desatando todos los nudos posibles y cuando termino, ella se puso una diadema negra sobre sus cabellos.
Cuando por fin estuvo lista, Levy volvió a mirarse al espejo. Sus ojos seguían igual de hinchados como cuando se había despertado y su rostro estaba algo pálido, lo único bueno era que la marca de la frazada había desaparecido. Ella rezo porque nadie se diera cuenta o por lo menos, que no hicieran tanto espamento sobre el tema.
Media hora después, Levy estaba empujando las puertas del gremio, sin embargo no estaba del todo segura. Durante el camino, muchas veces ella se había arrepentido y pego la vuelta hacia Fairy hills, pero luego de caminar algunos pasos, ella volvía a retomar su camino hacia el gremio y así sucesivamente hasta llegar. Levy respiro hondo y entro con pasos seguros al gremio.
Actualmente el gremio se encontraba, aunque sonase raro, en total calma, seguramente debía ser porque el equipo de Natsu no estaba. Levy suspiro al notar que la mayoría de los magos estaban metidos en su mundo, para notar su apariencia. La pequeña peliazul, con pasos decididos, se encamino hacia la barra, donde se encontraba Mirajane haciendo un poco de té.
Levy aprovechó que ella estaba de espaldas y la saludo.
—Hola Mira…—su voz sonó extraña, tal vez demasiado débil.
Mirajane se dio vuelta con una de sus usuales sonrisas y con la taza de té en sus manos.
—Hola Le-
Los ojos de la albina se agrandaron cuando vieron a la pequeña maga de escritura sólida, parada al frente suyo. La taza en sus manos, cayó estrepitosamente en el suelo, rompiéndose en mil pedazos, mientras que el líquido se esparcía por todo el piso.
— ¿Levy? —susurro. —Oh por dios ¿Qué te paso? ¿Estás bien? —ella casi grito.
Levy sintió como veinte pares de ojos la observaban, ella agradeció estar de espaldas en ese momento. La peliazul sonrió y trato de calmar a la albina, pero esta estaba demasiada conmocionada al ver los enormes ojos hinchados de su amiga.
—E-estoy bien Mira. —ella le sonrió. —No me paso nada. Es solo que…casi no dormí anoche.
No era del todo una mentira, ya que ella en verdad no había dormido casi nada. Mirajane la miro por un momento y asintió con la cabeza. La albina se agacho y recogió los trozos de vidrio.
—Quédate aquí. Te traeré hielo para que baje la hinchazón.
Y con esto dicho, la albina se dio media vuelta y se dirigió a la cocina del gremio. Levy suspiro aliviada. Mentalmente agradeció que Mira no le preguntara con más detalle de lo sucedido, la verdad es que ella no estaba con ánimos para inventarse una historia de la noche anterior. Levy se sentó en uno de los banquillos de la barra y apoyo su codo en la mesa, mientras su mentón descansaba en su mano.
¿En que estaba pensando? Debí haberme quedado en casa. Razonó Levy.
Y son en esos precisos momentos en que Levy no pudo evitar sentirse la persona más estúpida del mundo. La noche anterior se pasó llorando por la pérdida de algo que nunca había tenido. Sus esperanzas frustradas, sus sueños frustrados y sus expectativas destrozadas, todo por alguien que ni siquiera tenía.
Que ridículo. Pensó.
— ¡Oi, camarón!
¡Oh por todos los dioses!
Levy se tensó al escuchar su voz. Instintivamente, ella cerró sus ojos como cuando era pequeña, si los cierro, no estoy. Ella se palmeo la cara mentalmente, como si eso fuera a funcionar. Pensó.
Entonces, en el preciso momento en el que Levy iba a darse vuelta, Mirajane llego con un té de jazmín en una bandeja y una bolsa de hielo. La albina apoyo la bandeja en la barra y le sonrió.
—Te sentirás mejor si bebes esto. —ella puso delicadamente la taza de té humeante delante de la peliazul. —Aquí está el hielo, servirá para bajar la hinchazón.
Levy asintió con la cabeza y murmuro un gracias.
— ¡Oi...! —Gajeel gruño desde atrás de ella con impaciencia.
Levy giro su cabeza para mirarlo. Los ojos de Gajeel se agrandaron ligeramente y su expresión se deformo al verla. La sonrisa de Phanterlily, que estaba a su lado, se desvaneció al instante cuando la vio.
Definitivamente, ella debió haberse quedado en casa.
—Levy, ¿Qué pasa?
La voz preocupada de Phanterlily casi le parte el corazón. Levy negó con la cabeza y sonrió levemente, tratando de aparentar de que todo estaba bien, aunque no engañaba a nadie, menos al Dragon Slayer de Acero.
Los ojos penetrantes de Gajeel la miraron fijamente. Levy se sintió insignificante ante su mirada, se sintió débil e insegura. Sus ojos parecían ver más allá de si misma, como si quisieran ver su propia alma. Rápidamente, la peliazul, aparto la mirada y negó con la cabeza. Levy hizo un intento en sonreír, pero no funciono.
Maldita sea.
Si él seguía viéndola de esa forma, ella iba a quebrarse.
La pequeña maga se dio vuelta y agarro la bolsa de hielo y la coloco sobre sus ojos.
—No pasó nada. No eh dormido bien, eso es todo.
Levy agarro con sus manos temblorosas, la taza de té y le dio un pequeño sorbo. El líquido con sabor a jazmín pasó dificultosamente a través de su garganta.
Quiero marcharme. Pensó mientras el nudo en su garganta se intensificaba.
...
..
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Continuara...
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