Capítulo 1.
La escena era abrumadora. Veinte cadáveres con el uniforme de la marina y entre ellos una sola figura, una chica. La chica vestía unos pantalones ajustados negros con agujeros a lo largo de toda la pierna y unas botas con tacón de aguja del mismo color. Además, llevaba una camiseta de tirantes roja, y un abrigo vintage rojo que le llegaba a la altura de las rodillas.
La chica miraba sonriente los cuerpos de los marines. A su espalda, dos niños la miraban asustados, aunque con admiración. Eran un niño y una niña pequeños, la chica se giró y les sonrió, antes de salir corriendo de allí.
– Lady Scarlet... – murmuró la pequeña, mientras veía alejarse a su salvadora.
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Nami estaba leyendo el periódico, mientras bebía un zumo que Sanji había preparado especialmente para ella. Al mismo tiempo, Luffy, Ussop y Chopper se quejaban al cocinero por tener un trato preferente hacia las damas. El cocinero se defendía argumentando que era lo que cualquier caballero haría. Nico Robin leía un libro de historia y Zoro entrenaba. Era una mañana tranquila como cualquier otra. Hasta que el vaso de zumo de Nami cayó al suelo.
– ¡Navegante! – la llamó Robin, quien estaba a su lado - ¿Estás bien?
La pelirroja solo fue capaz de asentir, antes de entregarle el periódico a la morena. La arqueologa leyó el artículo con interés, mientras la sorpresa aumentaba. El resto de la tripulación estaba impaciente por saber que ocurría, pero parecía que ninguna de las chicas iba a contar nada.
– ¿Se puede saber la razón de este escándalo? – preguntó finalmente Zoro, cansado de esperar.
– Os lo leeré... – respondió la arqueóloga – "En el día de ayer, fueron asesinados vilmente veinte soldados de la marina a manos de una única persona. La chica es conocida por Lady Scarlet, y su recompensa alcanza ahora los 55 millones".
– ¿Y qué tiene eso de interesante? – preguntó Luffy aburrido.
– ¡Ha matado a VEINTE marines! ¡Una sola persona! – respondió Ussop terriblemente asustado.
– Eso no es lo importante. Mirad – intervino Nami mostrándoles la foto que venía en el periódico.
Los cinco muchachos se reunieron alrededor del periódico. Las cinco caras cambiaron a unas de total sorpresa al ver la foto. En ella se veía a una joven de pelo largo, le llegaba hasta la mitad de la espalda, de color castaño claro, y unos profundos ojos verde esmeralda.
– Es... Samantha... – murmuró Chopper recordando a su antigua camarada.
Samantha había dejado el barco dos semanas antes. No había dado ninguna explicación, tan solo había dejado una carta y se había ido. Todos se miraron los unos a los otros, preocupados. A excepción de Luffy, que se alegró de que su antigua camarada se hubiese vuelto más fuerte.
– ¿Por qué lo habrá hecho? – preguntó la navegante.
– No lo sé... pero ella no acostumbraba a actuar así – respondió el cocinero, intentando encontrar una explicación lógica a la situación.
– Bueno, tampoco tardaremos tanto en saberlo – intervino el capitán.
– ¿Qué quieres decir, Capitán? – cuestionó Robin, confusa.
– Eso sucedió en la Isla a la que nos dirigimos ahora, ¿no? – ambas chicas asintieron - ¡Entonces nos la encontraremos allí!
Todos se sorprendieron ante el razonamiento de Luffy, pero era cierto. Y, aunque no fuesen capaces de encontrarla, alguien sabría lo que había pasado. Todos estuvieron de acuerdo en que debían tranquilizarse y esperar a conocer más datos sobre la noticia antes de decidir qué hacer.
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Los Piratas del Sombrero de Paja llegaron a la Isla al amanecer de la mañana siguiente. La isla se veía preciosa desde la distancia. Al fondo, numerosas colinas no muy altas, que contrastaban con el azul del mar. Los edificios eran de lo más variado: desde hermosas casas de planta baja llenas de flores, hasta edificios de tres o cuatro pisos de colores claros y apariencia apacible.
Dejaron el barco anclado en una pequeña cala, suficientemente alejada del puerto como para que no los descubriesen, y lo bastante oculta para que ningún barco lo viese desde el mar.
– Entonces tú te quedarás a cuidar el barco junto con Robin, ¿vale, Sanji? – dijo Nami, aunque continuó antes de que el cocinero respondiese – Los demás nos separaremos e intentaremos encontrar a Samantha, ¿está bien?
Cada miembro de la tripulación tomó una calle diferente. Nami no estaba muy segura de si era le mejor idea, pero era con la que más posibilidades tenían de encontrar a su camarada. Quería saber el porqué de su marcha de la tripulación, no era capaz de entender a su amiga. La navegante pensó que había decidido volver a su reino, ser de nuevo la Princesa Ragalazza, pero el suceso del periódico... eso destrozaba todas sus hipótesis.
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Samantha caminaba por la ciudad, tranquila. No tenía miedo de sus habitantes, sabía que no le harían nada. Después de todo, ella había sido la única capaz de enfrentarse a la Marina para defender a aquellos niños... La chica sacudió la cabeza, intentando no pensar más en ello. La idea de haber matado a esas personas no le agradaba, aunque lo hubiese hecho por una buena causa. Ellos eran personas con familias y vidas, y ella los había matado.
Unos ruidos la sacaron de sus pensamientos. Esa forma de caminar le era familiar... Se giró disimuladamente y vio al sujeto que hacía esos ruidos: Chopper. ¿Qué hacía su camarada en esa Isla? Samantha maldijo mentalmente antes de irse por una callejuela, pero alguien la sujetó por la cintura y la arrinconó contra la pared.
– ¿Ibas a algún lado? – le preguntó una voz, que ella reconoció fácilmente.
– No lo entiendo. ¿Cómo es que con el Ojo de la Mente no he sentido tu presencia?
El Ojo de la Mente, su don. A ese don le debía su vida, la había salvado en numerosas ocasiones. Le permitía a Samantha conocer la posición exacta de objetos y personas que no podía ver, además de predecir los movimientos de estos. Eso le permitía esquivar los ataques, por poderosos que fuesen. O, al menos, reducir el daño al mínimo posible.
– Tal vez haya mejorado lo suficiente como para evitar que lo utilices – el chico la tenía atrapada. Sus manos estaban colocadas a ambos lados de Samantha, impidiéndole huir.
– ¿Qué quieres, Zoro? – preguntó la chica, cansada.
– Saber. ¿Por qué te fuiste?
– No es de tu incumbencia – Samantha intentaba zafarse del peliverde, pero no era capaz, era demasiado fuerte comparado con ella – Y ahora, suéltame sino quieres que te mate.
– Sé que no me vas a matar, así que no intentes amenazarme.
La castaña suspiró, resignada. Zoro la conocía demasiado bien, más de lo que ella en esos momentos querría. Pese a todo, no podía contarle lo que estaba haciendo. No quería inmiscuir a ninguno de sus camaradas, era algo que ella debía hacer sola. Samantha intentó buscar una forma de escapar, pero rápidamente llegó a la conclusión de que eso era imposible.
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Chopper pasaba al lado de la callejuela sin darle importancia, hasta que percibió un olor familiar en el aire. Retrocedió y vio a dos personas en la callejuela a las que reconoció sin dificultad: Zoro y Samantha. El reno se alegró al ver que el espadachín había encontrado a su camarada. Aunque se sorprendió al ver que este no intentaba que fuese a hablar con los demás.
El reno se acercó más a la callejuela, aunque procurando que no le viesen. Desde donde estaba podía escucharles perfectamente, esperaba que ellos no le pudiesen escuchar a él. De pronto, la conversación cesó. Samantha se acercó al espadachín, pegando sus cuerpos y rodeando el cuello de este con sus brazos. Las manos que el espadachín había apoyado en la pared, evitando que la princesa escapase, se acomodaron en la cintura de esta. Sus labios estaban a punto de tocarse, pero tal cosa no pasó. Samantha aprovechó que el espadachín estaba distraído para salir corriendo. Chopper estaba estupefacto.
Si Chopper estaba sorprendido, Zoro lo estaba aún más. El reno pudo apreciar el cambio de actitud del espadachín al ver como este último golpeaba con fuerza la pared. Chopper decidió volver al barco cuando vio como el espadachín iba en su dirección. Si se enteraba de que lo había visto todo... mejor no pensaba en lo que el peliverde podría hacerle.
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Samantha se mezcló entre la gente, caminando a buen paso entre la multitud. Sentía una horrible presión en el pecho, pero prefirió no hacerle caso. Cuando su abuelo aún vivía, había aprendido que no se podía hacer caso a los sentimientos siempre, tan solo en ciertos momentos especiales. Si les hacías caso, entonces corrías el peligro de demostrar tus debilidades, y eso podía ser fatal.
De pronto, el Ojo de la Mente la avisó de que estaba en peligro. Cuando la castaña se giró, pudo divisar a varios marines abriéndose paso entre la gente. Ese día no parecía ser el suyo, pensaba la chica. Se acercó a un puesto de comida cercano, esperando pasar desapercibida. Por suerte, los marines pasaron de largo, sin fijarse en ella.
Sin embargo, era extraño. Los marines parecían buscar a alguien en concreto. Era cierto que en esa Isla había numerosos piratas, pero ninguno era tan importante como para dedicarle una búsqueda especial por parte de la Marina. Además, el misterioso Gobernador de esa Isla utilizaba a los piratas para sus propios fines, y ese Gobernador gozaba del apoyo de los marines. De pronto, un nombre vino a la cabeza de Sam. Alguien que sí podría ser buscado por la Marina...
– Sombrero de Paja – murmuró la castaña.
(Continuará...)
Notas de la Autora:
¡Y hasta aquí el primer capítulo! Es un poco corto, intentaré que los siguientes sean más largos...
Respuestas a los reviews:
El Invencible Iron Man: Muchas gracias por tu review :D Me alegro que te guste ^^
BlundererS: Muchas gracias por el review ^^ Espero que te siga gustando jeje :)
Intentaré actualizar pronto :) Me despido hasta la próxima, un besoo, ¡Ahh! Y, por favor, dejad reviews ;)
Nos leemos ;P
