- ¿Falta mucho, Nami? ¡Me muero de calor! –
- Paciencia, Chopper, estamos ya cerca. Quítate ese abrigo que llevas, así soportarás mejor las altas temperaturas –
- Ah, claro, por qué no lo habré hecho antes – dijo el pequeño reno mientras hacía el amago de quitarse su pelaje - ¡¿PERO CÓMO VOY A QUITARME MI PROPIA PIEL, BAKA?! –
Aquel mar era un infierno, y no por la violencia que estaban viviendo, sino por sus temperaturas. Estaban acostumbrados a lidiar con esos cambios bruscos que se producían en el Grand Line, pero lo de ese día era excesivo. El calor era casi tan asfixiante como el que hacía en Punk Hazard en la zona en llamas. Nami, que estaba sentada justo detrás de Franky, quien llevaba el timón del barco, se desguarecía bajo la sombra de una gran sombrilla y se refrescaba con un helado que le había llevado Sanji.
- Franky, ¿Ves algo frente a ti? –
- Todavía nada, tenemos que esperar un poco más –
Chopper, que era un animal de zonas frías, sentía con más virulencia las altas temperaturas. Había salido sólo para preguntar si se veía tierra firme, pero todavía tenían que esperar. Se apresuró para volver a la cocina con sus compañeros, que mataban el tiempo como podían allí encerrados.
- Bueno Chopper, ¿Ya se ve algo? –
- Qué va, Usopp. Nada de nada – contestó el pequeño reno mientras cerraba la puerta tras de sí y se sentaba en una silla junto a sus compañeros.
- Me aburro mucho, ¡ME ABURRO MUCHÍSIMO! – gritó Luffy, que se revolcaba sobre la mesa, creando un gran desorden.
Robin, que estaba sentada muy cerca de ellos, hizo florecer un par de manos para coger su taza de café helado y así evitar que Luffy lo derramase, mientras continuaba enfrascada en la lectura de un nuevo libro.
- Tengo muchísimas ganas de poder de llegar a Vevela, este calor me está matando – intervino Brook, que tenía el periódico del día entre sus manos – Pero yo no puedo morir porque ya estoy muerto, yohohohoho –
- Aquí tenéis, una nueva ración de helado tan frío como el corazón del marimo – informó Sanji, que dejó en el centro de la mesa una fuente de helado de varios pisos de altura –
- Esto no lleva pan, ¿Verdad? –
- ¿Pan en un helado? ¿Me has tomado por un cocinero de tres al cuarto, Torao? –
- No soporto el pan, Kuroashi-ya –
Trafalgar Law seguía con la tripulación de los Mugiwara. Aunque habían dejado atrás Punk Hazard hacía bastante tiempo, su alianza seguía aun en marcha, y con ello el plan que tenían entre manos relacionado con Dressrosa. Estaban deseando comenzar su aventura allí, pero la paciencia era esencial en el Nuevo Mundo, ese lugar donde todo cambiaba repentinamente y la espera en una isla podía hacerse eterna.
- ¡WOOOOHA, ESO LUCE DELICIOSO, SANJI! – gritó Luffy mientras se abalanzaba sobre la montaña de comida.
- ¡Eh, Luffy! ¡No te lo comas todo, déjanos algo a nosotros! – gritó Usopp, que empezó a agarrar la fuente de helado.
- ¡Sí, déjanos algo, baka! – se unió Chopper para reclamar su parte.
Tiraban con tantas ansias del recipiente de comida, que entre uno y otro forcejeo salió volando, con la mala suerte que cayó sobre la cabeza de Zoro, que se encontraba muy cerca de ellos, recostado sobre la pared. El espadachín, plácidamente dormido, se despertó debido al frío y a la sensación pegajosa que empezó a sentir. Abrió su ojo, ligeramente desorientado, y por poco se sale de su órbita al ver cómo caía el helado a borbotones por su cabeza.
- ¡Bujajajajajaja! – rieron Luffy, Chopper y Usopp al unísono.
- ¿Qué demonios se supone que es esto, AH? –
Zoro se levantó lentamente, mientras apartaba el recipiente a un lado. Pasó su mano izquierda por el cabello, y retiró una buena cantidad de helado. Su ropa estaba totalmente manchada, y notaba que el helado empezaba a secarse y a dejar una costra pegajosa sobre él. Justo después, su cuerpo empezó a emanar un aura oscura, casi asfixiante, que le daba un aspecto terrorífico a pesar de estar tan sucio.
- ¡OS VOY A MATAR! – gritó enfurecido mientras tomaba sus tres espadas y las desenvainaba.
Sus tres compañeros comenzaron a correr, atemorizados, alrededor de la mesa. Mientras, Brook y Robin reían al encontrar graciosa la situación, Sanji intentaba controlar su enfado, ya que no le gustaba que se desperdiciase comida y Law inspeccionaba lo que quedaba de helado en el recipiente, no terminaba de fiarse de que no llevase pan. Pocos segundos después, la puerta se abrió de golpe, y apareció una eufórica Nami.
- ¡Chicos, buenas noticias! Ya se ve Vevela en el horizonte, es hora… de… prepararse –
Nami observaba la escena, escéptica. No sabía exactamente qué había ocurrido, pero no le hacían ningún tipo de caso. Se sentía tan ignorada que empezó a enfadarse.
- ¡PERO QUERÉIS ESCUCHARME DE UNA VEZ! –
A pesar de que su grito era suficiente para llamar la atención de todos, dirigió unos certeros puñetazos sobre la cabeza de sus cuatro compañeros, que pararon en seco debido al terrible dolor.
- Namiiiii, eso duele mucho – empezó a lloriquear Luffy.
- Uggh, ¿Qué es esto tan pringoso? – Se quejó la chica, mientras intentaba limpiar su mano, que se había ensuciado al golpear al espadachín – Oye Zoro, ¿No crees que ya te va tocando darte una ducha? –
- ¡YO A TI TE MATO TAMBIÉN, BRUJA DEL DEMONIO! –
- ¡Nooooooooooo Zoro, aguanta o nos matará a todos! –
- ¡Tienes que ser fuerte, Zoro-kun, nuestra integridad está en juego! –
Chopper y Usopp tiraban del espadachín a duras penas, que cegado por la ira, ahora tenía deseos de matar a Nami.
- Pero bueno, ¡YA ESTÁ BIEN, DEJADME HABLAR! –
En aquellos momentos, el silencio reinaba en el interior del Sunny. Los cuatro muchachos estaban totalmente callados, y no era para menos después del segundo golpe que se llevaron de parte de Nami.
- Esta vez yo no había hecho nada… - lloriqueó Luffy mientras se acariciaba los chichones de la cabeza.
Nami le dedicó una tenebrosa mirada pero no le dijo nada, simplemente informó al resto de sus compañeros.
- ¡Chicos, buenas noticias! Vevela se ve ya en el horizonte, así que os animo a ir cambiándoos de ropa y a coger vuestras cosas. No quiero tener que esperar a nadie, en cuanto estemos listos desembarcaremos –
- S-siii – dijeron Chopper, Usopp y Luffy al unísono, aun un poco decaídos.
- Nami, ¿Has elegido ya qué te vas a poner? –
- Pues esperaba a que me ayudases, Robin. ¿Te vienes? –
- Fufufufu, claro –
Zoro no entendía nada, al haber estado dormido, se había perdido la conversación previa. Como aún seguía enfadado con sus tres compañeros, se dirigió hacia Brook, que seguía leyendo tranquilamente el periódico, frente a la mesa.
- Oi, Brook, ¿Qué es eso de Vevela? –
- Ah, Zoro-san, claro, estabas dormido. Mira, aquí tienes – le contestó el músico mientras le pasaba al espadachín un papel color aguamarina – Este folleto venía hoy en el periódico, publicita un parque de atracciones acuático, el New World Water Land –
- Y supongo que Vevela es la isla, ¿No? – Preguntó Zoro, que en aquellos momentos tomaba el papel y empezaba a leerlo por encima - ¿Vamos a pasar el día en este parque de atracciones? –
- Así es, Nami comenzó a leer el periódico, y salió este folleto de entre las páginas. Nuestro capitán no puede dejar pasar la ocasión de divertirse un buen rato, yohohohoho –
- Bueno, si son órdenes del capitán, tenemos que acatarlas – contestó el espadachín ya calmado, mientras dejaba salir una sonrisa torcida de entre sus labios y colocaba el papel sobre la mesa – Voy a darme una ducha antes de nada, estos idiotas me han dejado perdido –
- Yohohohoho, nos vemos en la habitación, Zoro-san –
El espadachín fue de los últimos en salir de la cocina, sólo quedaban Brook y Sanji cuando lo hizo. Al caminar, notaba cómo la costra que se había formado sobre él se cuarteaba. Por algunas partes aún estaba pegajosa, era una sensación de lo más desagradable. Una vez en cubierta, subió hasta el baño, donde podría ducharse con tranquilidad. Mientras lo hacía, observaba a sus compañeros, totalmente alterados, sacando flotadores como locos de su habitación. Llegó hacia arriba, abrió la puerta y caminó hacia el baño. Dejó sus espadas bastante apartadas para que no pudieran mojarse, y agradeció a los dioses no haberlas llevado en ese momento, limpiarlas a ellas hubiera sido más costoso que limpiarse a sí mismo. Se quitó la camiseta sucia, dejando su tonificado cuerpo al descubierto. A continuación, se quitó las botas y seguidamente los pantalones y la ropa interior. Lo dejó todo en una cesta de ropa sucia, y se metió bajo el chorro de agua caliente.
Cerró su ojo con fuerza, el líquido viscoso estaba cayendo sobre su cara y que entrase dentro de su ojo sería algo increíblemente molesto. Zoro no se demoraba mucho en sus duchas, se enjuagó el helado, se echó jabón por encima y esperó hasta que el agua salió clara. Tampoco tenía todo el tiempo del mundo, si ya se veía la isla en el horizonte, eso significaba que estaba bastante cerca. Cerró el grifo y salió del interior de la ducha. El agua recorría cada recoveco de su cuerpo, se deslizaba por zonas que eran todo un secreto para el mundo. Tomó una toalla y se secó el pelo con ella hasta casi secarlo por completo. Aunque lo llevaba un poco más largo que antes, seguía sin peinárselo, lo consideraba una estupidez, así que lo dejó revuelto y se enrolló la escueta toalla a la cintura, que apenas tapaba sus partes más pudendas. Tomó sus espadas, y bajó de nuevo por las escalerillas, hasta llegar a la cubierta. Allí esperaban Luffy, Chopper, Usopp y Brook, con sus cosas preparadas.
- ¿Se puede saber para qué lleváis cubos y palas? Se supone que es un parque acuático, no una playa – les dijo el espadachín, que se paró frente a ellos, dedicándoles una mirada recelosa.
- No lo sabemos, ¿Y si una de las piscinas es de agua de mar y tiene arena por todas partes? – espetó Chopper, mientras agitaba y señalaba los cubos.
- Eso sería estúpido, ni siquiera os podríais bañar… sois usuarios –
Chopper se giró y miró a Luffy, que dejó caer una pila de cubos sobre la cubierta, como si se acabara de dar cuenta de algo tan obvio.
- ¡AHHHHHHHHH! ¿¡CÓMO NO NOS HEMOS DADO CUENTA ANTES!? –
Zoro reanudó la marcha, y se dirigió al cuarto de los chicos. A veces se preguntaba cómo podían haber llegado tan lejos si podían ser tan estúpidos. Abrió la puerta, y encontró en el interior a Franky y a Law, que estaban terminando de vestirse.
- Vamos Zoro, apresúrate, la isla está muy cerca – le increpó Franky, que terminaba de ponerse una especie de sudadera con una capucha y apariencia de oso.
- Oi, oi, oi… ¿Eres consciente del calor que hace? –
- Todo sea por ser SUUUUUPER COOL – admitió Franky mientras daba una pirueta en el aire y le mostraba su pulgar derecho en alto.
Zoro decidió no hacer ningún comentario más hasta que llegaran al parque de atracciones, como solía hacer la mayoría de las veces. Mientras sus compañeros abandonaban la habitación, dejándolo solo, se dedicó a buscar un bañador en las taquillas donde guardaban la ropa. No tuvo que buscar mucho, cogió el primero que encontró a mano. Tenía un corte a media pierna, y era de camuflaje. Dejó sus espadas sobre uno de los sillones, se quitó la toalla y se lo puso directamente, acomodándolo. Encontró también unas chanclas con una tira azul y se las puso. Para finalizar, se calzó una gorra verde a juego con su bañador, amarró su bandana en el brazo izquierdo y se ató sus espadas a un estrecho cinturón rojo. Volvió a salir a la cubierta, y se recostó junto al columpio a esperar.
Estaban a punto de desembarcar en el puerto. Podían escuchar el ajetreo de los barcos cargando y descargando mercancías, de los intermediarios haciendo tratos y transacciones, de las personas que acudían a la ciudad para visitar también el parque de atracciones.
- Hey, malditos vagos, ayudadme con los bento – gritó Sanji desde la barandilla.
- Bieeeeeeeeeeen, ¡meshi! –
- Ahora no te la comas Luffy, ¡o no tendremos nada para luego! –
- Oye Zoro, ¿Nos ayudas? –
El pequeño reno tocaba al espadachín en el hombro con su patita, despertándole. Zoro bostezó y se levantó sin decir nada, simplemente le siguió.
Sanji empezó a repartir las mochilas cargadas de comida, cuando salieron Nami y Robin de la habitación de las chicas. Robin sujetaba un par de bolsas, una de ellas de Nami, que en aquellos momentos contaba y apartaba un fajo de billetes.
- Chicos, venid en orden, aquí tenéis algo de dinero para poder gastarlo en lo que queráis –
Los Mugiwara se apelotonaron frente a ellas, ansiosos de poder comprar cosas nuevas. Cuando llegó su turno, Zoro lo cogió y lo contó. Se sintió algo decepcionado, de nuevo Nami había sido toda una tacaña y les había dado calderilla, pero al menos era suficiente para beber algo de sake dentro de algún bar.
Después de ultimar detalles, y cargados hasta los dientes, atracaron el barco y bajaron. Si el puerto era un hervidero, y más a una hora tan temprana, no querían ni imaginar cómo era la ciudad. Justo cuando decidieron pedir indicaciones, se quedaron sorprendidos de la magnitud del parque de atracciones. No es que fuera grande, ocupaba la isla por completo. Salvo el puerto y algunos negocios que en él se encontraban, absolutamente el resto de la isla estaba dedicada al parque acuático.
- ¡Es ENORRRRRRRRRRRRRRRRRRRRME! – gritó Luffy, totalmente eufórico.
- Es mucho más de lo que esperaba, es impresionante –
- ¿Por dónde creéis que tenemos que entrar? –
- Por aquí chicos, por aquí está la entrada – intervino Robin mientras señalizaba el camino con unas manos florecidas de la nada.
- Qué haríamos sin ti, Robin – dijo Nami mientras comenzaba a seguir el rastro dejado por su compañera.
A pesar de que había muchísima gente, el parque estaba preparado para evitar los colapsos y las largas colas de espera. En poco tiempo, se encontraban pagando la entrada en la taquilla. Poco importaba que fueran piratas, marines, o gente normal. Allí en el New World Water Park la gente iba a divertirse. Por supuesto, contaban con un equipo de seguridad que podía hacer frente a los mismísimos Yonkou, por eso tampoco se atrevían a atacar el lugar.
Nunca podían haber imaginado que existía un sitio así. Las dimensiones eran aterradoras, ¡toda una isla para un parque de atracciones! Podían pasar días enteros y aun así no sería tiempo suficiente para disfrutar de todas las atracciones, comer en todos los restaurantes y visitar todas las tiendas. No sólo era acuático, también había una parte en seco para poder disfrutar del pasaje del terror, la montaña rusa, el tiovivo y otras muchas atracciones más. Pero debido al calor, ellos estaban dispuestos a pasar todo el día en remojo. Caminaron durante un rato por el interior del recinto, buscando el lugar perfecto donde poder instalarse para dejar sus cosas. Nami llevaba un mapa entre sus manos, había descubierto que existía una zona de césped habilitada como merendero donde se podía disfrutar de la sombra de hermosos cerezos. Gracias a la buena orientación de Robin, y evitando siempre que Zoro se perdiese, en poco tiempo llegaron al lugar en cuestión. Aún quedaban árboles libres, pero también era cierto que comenzaba a llegar mucha gente al lugar.
- Tenemos que darnos prisa, chicos, ya quedan pocos sitios disponibles – Intervino Nami, que buscaba con la mirada el lugar idóneo para instalarse.
- Creo… creo que he encontrado el árbol perfecto – Interrumpió Chopper, que olfateaba el aire – Uno de ellos huele especialmente bien –
Acto seguido, el pequeño reno se transformó y salió corriendo. Sus compañeros no dijeron nada, lo siguieron tan rápido como pudieron sus piernas. Caminaron apenas unos segundos entre la multitud, cuando vislumbraron un majestuoso árbol, de los más grandes y bellos del lugar.
- ¡Vamos chicos, es el lugar perfecto! – gritó Luffy, que corrían tan rápido que adelantó a su compañero.
Estaba a punto de llegar al árbol, cuando repentinamente, chocó contra un par de personas que se dirigían también hacia el mismo sitio. El golpe fue tan fuerte que cayeron los tres al suelo.
- Eeeeh, vosotros dos, ¿¡Qué demonios hacéis!? ¡Eso duele! –
- N-no… n-no… ¡No puede ser! –
- Eso debería decirlo yo, baka, ¡mirad por donde vais! –
- ¡E-E-E-E-ES... MUGIWARA NO LUFFY! –
- ¿Y quién si no iba a ser? ¿Y vosotros? ¿Quiénes sois vosotros? –
- ¡Luffy! ¿Estás bien? – gritó Chopper, que llegaba al árbol junto al resto.
- ¡Chicos! ¡Os he dicho miles de veces que tengáis cuidado, podéis molestar al resto de personas! –
Justo en ese momento, ocurrió el encontronazo. Delante de aquel hermoso árbol de cerezo, se encontraban por un lado el G5 de la marina y por el otro la banda de los Mugiwara.
¡Muy buenas! Gracias por vuestras reviews, siempre se agradece que la gente valore tu trabajo, aunque una no se lucre con él. Aquí tenéis el segundo capítulo, actualizo rápido porque como os dije es un fic bastante breve y sencillo, nada de complicarse la vida. Por fin en el próximo capítulo llega el encontronazo, y ya hay por ahí un personaje poco habitual que os puede dar una pista, ¿a alguien se le ocurre algo? ;) no me demoro más, en breves actualizo el próximo capítulo, ¡no os olvidéis de dejar una review!
