Advertencias: #10 Dizzy ha sido un poco alterada para poder cumplir el objetivo del drabble, o sea, es malvada ya antes de la muerte de Justice, #23 incluye nudity, pero nada muy explícito, #22 posee algo de violencia.
Disclaimer: *porque lo olvidé en el primer capítulo, orz* Guitly Gear ni ninguno de sus personajes aquí mencionados me pertencen.
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Es culpa del frío
Si a los soldados de la Orden le preguntaran de qué preferiría morir: si de frío, de calor o a manos de los Gears, un noventa y cinco por ciento se dedicaría a ignorar la diferencia entre el frío y el calor. No es algo que deba extrañar, tomando en cuenta que como soldados, se ven obligados a librar batallas en la que la mayoría de las veces sufren de desventaja. Batallas en las que se ven obligados a ver cómo sus enemigos digieren vivos a comandantes, colegas, amantes, niños.
Es difícil, pero debe superarse. Ky Kiske se enorgullece de ser parte de ese noventa y cinco por ciento, pues necesita ser fuerte e ignorar algo tan irrelevante.
En momentos como estos, sin embargo, se arrepiente.
Estocolmo, Suecia. Es invierno y el frío le está calando hasta los huesos. Una tormenta con vientos de más de ochenta kilómetros por hora, y quién sabe cuántos grados bajo cero. Ky Kiske no había odiado el frío con tantas ganas en su vida y se siente algo indignado al ver la figura de Sol Badguy sentado al frente suyo, con nada más que el simple uniforme de la Orden encima. Cabe destacar que Ky tiene el mismo uniforme y se ve obligado a usar dos cobijas encima porque si no lo hace está seguro de que perderá algún miembro en el proceso.
—¿Qué necesitas?
Ni siquiera le dirige la mirada. Badguy se dedica a mirar para todos lados como si no tuviese nada mejor qué hacer además de sacar a Kiske de sus casillas y ensuciar los papeles en su escritorio con las botas sucias.
Suspira y lo deja estar. Está cansado, hace frío, ya no siente los dedos y todavía hace falta escribir tres cartas de consolación más. La última batalla les tomó por sorpresa y sufrieron bajas. Como comandante, Ky debía responder ante sus familias; era lo único que podía hacer.
—Tienes la boca azul.
Levanta la mirada y ve a Sol observarle con desgana.
—Puedo arreglar eso por ti.
¿Qué?
Le hubiese gustado expresar este pensamiento, pero no puede porque Sol le toma por la nuca y le besa como si no hubiese mañana. Como si no importaran las cartas de tres pobres hombres que dieron su vida por la humanidad. Cuando Sol se separa, siente el rostro caliente y le tiemblan las manos.
Afortunadamente, ya no es por el frío.
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N/a: gracias por leer.
