Estas versiones de John y Sherlock le pertenecen a Steven Moffat, Mark Gatniss y la BBC. Los originales, ya saben, son del genial Sir Arthur Conan Doyle.
Decidí que habría segunda parte.
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The Dying Detective
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Entre Sherlock y el "acto de dormir" siempre había habido una relación complicada. Cuando joven, debido a su cerebro demasiado activo y menos bajo control que el de su hermano, para luego mezclarse con los efectos de su adicción a la cocaína y otras tantas sustancias ilícitas, volviendo sus hábitos de sueño un soberano desastre.
También, había otros motivos para sus problemas para cerrar los ojos y perderse en el mundo de Morfeo, pero los había, literalmente, borrado de su mente por completo, y aún no era tiempo de enfrentarlos.
Sin embargo, cambiar las drogas por resolver casos, le había traído una nueva consecuencia en su, de por sí, ya compleja relación con el sueño: a veces, entre casos que lo satisficieran suficiente, solía dormir como un tronco, incluso, en ocasiones, por muchas más horas de las que se suelen considerar saludables.
Y, entonces, había vuelto a soñar.
Sí, había pasado muchos años sin sueños o, por lo menos, sin sueños que dejaran algún rastro mínimo de su existencia.
Y había olvidado la naturaleza de sus sueños, impulsándolo a renegar, de nuevo, de la necesidad de descanso mínima necesaria para mantener un cuerpo humano saludable.
Pesadillas sobre aguas profundas y oscuras. Un lago, el mar, un pozo, pero siempre sombrías y ominosamente profundas. Mil versiones posibles: flotar, ahogarse, hundirse, ver a otros hundirse…
Necesitaba casos para mantener su mente ocupada, para mantenerse lleno de adrenalina, dopamina, norepinefrina y otros neurotransmisores, y para no dormir.
Pero, ahora estaba demasiado drogado como para soñar de algún modo medianamente normal. O por lo menos, como para separar sueño de alucinaciones en estado de vigilia.
O eso creía.
Abrió los ojos muy lentamente, comprendiendo que había estado durmiendo de manera casi normal.
¿Sherlock Holmes podía dormir como un ser humano normal estando al borde de otra sobredosis?
Al parecer, sí.
Y quizá que lo que había soñado no tratara de aguas profundas y oscuras, era el motivo por el que ahora miraba el vacío, tendido de lado en el sofá, encogido en posición fetal, sintiendo las lágrimas caer y mojar el tapiz del mueble. Una cuadro realmente patético.
Mientras las imágenes del sueño se esfumaban lentamente. Muy lentamente.
¿O no?
- John… - el nombre escapó de sus labios resecos apenas como un susurro.
Se volvió en el sofá, dándole la espalda al lugar dónde solía estar el sillón del doctor, conteniendo con éxito los sollozos. Aún tenía un mínimo de dignidad y algo de control sobre sí mismo. Un poco.
- John…
Los sueños llenos de referencias a aguas profundas, tétricos y siniestros, solían dejarle una sensación molesta (que él se empeñaba en no etiquetar como miedo), pero no eran crueles.
Despertar de este sueño había sido de las cosas más crueles que el Universo podía dedicarle. Incluso, si lograba llevar a buen término la tarea que le dejara Mary, sería difícil sobrellevar ese nuevo síndrome de abstinencia.
De las manos de John. De sus labios. De sus brazos entorno a su torso. De sus ojos mirándolo de ese modo.
Se negó a decir la palabra que describía lo que podía leer en los ojos del John Watson del sueño, pero era más profundo e intenso que aquello que había leído en esos mismos ojos, cada vez que miraba a Mary el día de la boda de ambos.
Había sido tan real… el contacto, las caricias. Quizá no había sido un sueño y era una alucinación… Dependía de lo que se había inyectado, pero no estaba seguro. Hacía días que no estaba seguro de nada.
Pero, debía de ser una pesadilla, ¿no? Pues, ¿no es esa su función, torturarlo?
En algún momento, había comenzado a deducirlo dentro del sueño, tratando de averiguar cómo se encontraba. Si había comido bien o dormido lo suficiente. Si había algún truco en sus caricias, si era sólo compasión, horrible compasión hacia el detective, o realmente lo sentía. Si era real… o no. Rio amargamente. Aunque supiera lo estúpido que eran sus actos, tampoco era como que pudiera detenerlo. Deducir, para los hermanos Holmes, era un acto reflejo.
Las lágrimas dejaron de pugnar por salir de sus extraordinarios ojos y lanzó otra risa, más fuerte y más amarga que algunas de las sustancias tóxicas que llenaban la mesa de la cocina, contenidas en bonitos frascos de laboratorio.
Daba lo mismo. Todo daba lo mismo. Era demasiado objetivo, incluso bajo los efectos de múltiples drogas, para dejarse engañar por lo que veía en el mundo onírico. Dentro del mismo sueño, él sabía que era imposible que John estuviera ahí, en Baker Street, junto a él, haciendo esas cosas y mirándolo de ese modo.
Aunque aún tuviera la sensación de las manos del doctor paseándose por sus rizos oscuros.
Aunque aún pareciera escucharlo susurrar en su oído esas palabras, dulces algunas, de perdón y otras que lo hacían sonrojar como ni siquiera La Mujer lo había conseguido.
Sherlock, te…
Alargó una mano, tratando de alcanzar otra mano inexistente, aunque para su mente llena de químicos, fuera casi real. Él sabía que no lo era y que jamás lo sería.
Por primera vez en su vida, deseó contacto físico. Aunque fuera sólo dedos entrelazándose.
- John… perdóname…
Te a…
Calor. Era tan cálido… se sentía tan cálido… nunca creyó que la química del Sistema Nervioso asociada a esos estados, fuera tan placentera…
John olvidándolo todo: el odio, el dolor, la ira. John amánd…
Con un rugido se puso de pie, tambaleante y, tomando la primera jeringa que encontró, se inyectó, también, lo primero que encontró.
En parte deseaba olvidar, borrar las imágenes oníricas que aún flotaban frente a sus ojos y tocaban su piel. En parte, era el único modo de salvar a John Watson de sí mismo. Se esforzaba por convencerse de que no había otro camino, porque descubrir que él y Mary estaban equivocados…
Aquel sería el día en que acabaría en el maletero del automóvil de la Sra. Hudson, básicamente al borde de la muerte. Otra vez.
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- John, hay algo… que debería decir, siempre quise decirlo y nunca lo hice… como quizá nunca volvamos a vernos, será mejor que lo diga ahora.
Lo deseaba, pero…
- "Sherlock" es, en realidad, un nombre de niña.
No. El verdadero momento para decir lo que fuera que quería decir, había quedado lejos, tras una caída y dos años de ausencia.
Verlo reír le bastaba.
- Por la mejor de las épocas, John…
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Muchas gracias por leer ^^
