Capítulo 1

Parpadeó varias veces para adaptarse a la oscuridad. Le dolía la cabeza como mil demonios y no sabía ni siquiera donde estaba. Lo último que recordaba era una pelea en un callejón, y después de eso, nada.

Había un extraño olor a humedad y a aceite, como si acabaran de apagar una vela o algo parecido. Intentó enfocar un poco más la vista y poco a poco, empezó a distinguir reflejos y figuras a su alrededor.

Estaba en una estancia pequeña, sin ventanas. La única fuente de luz procedía de debajo de la puerta de madera. Estaba tumbada en un futón y un poco más a su izquierda parecía haber un banco de madera. Eso era todo cuanto tenía a su alrededor.

Paseó la mano por la pared más cercana, notándola rasposa y fría, como si en realidad se tratara de una cueva, o de alguna torre hecha con piedra. Sentía el sonido de unas voces procedentes del exterior y de pronto sintió ganas de chillar.

Que no cunda el pánico, se dijo, al menos hasta que descubriera dónde estaba, y quienes eran los que había afuera manteniendo una discusión un tanto absurda sobre mujeres en peligro. Cosa que a ella no le tranquilizaba en absoluto, pues parecía que se referían exactamente a su persona.

-Pobre chica, si yo fuera ella me mearía vivo. Estar con Himura es peor que tirarse por un precipicio. ¿Apostamos cuanto durara intacta la chica?

Kaoru tembló. No sabía quién era ese tal Himura, pero no le gustaba en absoluto como había sonado eso del precipicio. Se arrastró a gatas hasta la puerta para poder escuchar mejor la conversación entre los dos hombres.

-Katsura cada día está peor. Se supone que solo tenemos que tenerla para hacer presión, no que debamos matarla. Apuesto mi espada a que no durara más de una semana.

-Tu espada me parece bien. Yo digo que durará...

Las voces se acallaron de golpe y Kaoru se acercó más a la puerta, apoyando su oído en la madera roída para ver qué era lo que pasaba, pero había absoluto silencio. Al momento, se escuchó un golpe seco y una exclamación de sorpresa. Y la puerta se abrió.

Dio un saltó hacia atrás alejándose y se tapó los ojos, enceguecida por la repentina luz que entraba desde el umbral de la puerta. Usando su mano a modo de para sol, guiñó un ojo para poder ver a la figura que se recortaba a través de la luz.

Era un hombre bajo. ¿O un niño?

Con un gruñido, el hombre le arrebató a uno de los otros dos la vela, y entró en la estancia. Cuando se hubo hallado adentro, dio un paso hacia ella y se acuclilló para poder observarla bien.

Kaoru se arrastró de nuevo hacia atrás. ¡Eso no era un niño! Aunque tuviera todo el aspecto.

Tenía una mirada hostil y cargada de odio. La miraba con una sonrisa maquiavélica que bien podría haber rivalizado con la del mismismo demonio y lo envolvía un aura de muerte y peligro que la hizo encogerse al instante y recordar con claridad la conversación que estaban teniendo los otros dos hombres minutos antes.

Si, desde luego lo que más le apetecía era mearse encima. Pero no iba a dejarse intimidar por muy de malo que se las diera el tipo. Se irguió y adoptó una postura digna con una mirada cargada de hastío.

Kenshin sonrió ante el repentino cambio de la chica. Solo alguien que no supiera quién era él se atrevería a desafiarlo tan abiertamente con la mirada. Entrecerró los ojos y se metió la mano en su gi con movimientos lentos y pausados.

Kaoru cogió aire, intentando por todos los medios no delatar el miedo que sentía. ¡Ese hombre iba a sacar algo para matarla! Miró alrededor... una piedra, un trozo de madera, ¡algo! Necesitaba algo para defenderse.

Parpadeó varias veces cuando el tipo se sacó un trozo de tela. ¿No iba a matarla? A menos que... ¡Quería estrangularla!

Empezó a recitar una plegaria en silencio y cerró los ojos con fuerza cuando el hombre dio una zancada hacia su lado y pasó los brazos alrededor de su cabeza. Se acabó, ese era el fin. ¡No! La palabra se le quedó atascada en la garganta. No podía permitir dejarse vencer tan fácilmente. ¡Tenía que hacer algo!

Kenshin anudó el trozo de tela a su cabeza, tapándole los ojos. Katsura había sido muy claro en lo que se refería a que la chica viera los túneles. Cuanto menos supiera mejor. De repente sintió un dolor punzante en sus ingles y se encogió posando una mano sobre su entrepierna. Sintió el repentino impulso de soltar un alarido. ¡La tía le había dado una santa patada! Creyó que no sería capaz de emitir una palabra sin que sonara lastimera. Y todo lo que se le ocurrían en ese momento eran insultos... muchos insultos.

Kaoru se tocó el trozo de tela que le cubría los ojos con asombro. ¿No iba a matarla?

Kenshin se levantó lentamente, la tomó de un brazo sin ningún tipo de delicadeza, y la arrastró hacia afuera de la estancia. La maldita mujer tenía unos reflejos increíbles.

Y él tenía un dolor de pelotas increíble...

Kaoru escuchó de nuevo las risitas de los hombres, y seguidamente, otro golpe seco y silencio. Intentó removerse para librarse del agarre de ese bruto. Le estaba haciendo daño en el brazo. Pero claro, se suponía que la iba a matar... ¿por qué tendría antes que ser considerado con ella?

La condujo de manera rápida y sin miramientos por un largo tramo, hasta que sintió el chirriar de una puerta, la hizo subir unos escalones y seguidamente, sonó el chirriar de otra puerta al abrirse. Una vez afuera, la brisa gélida de invierno hizo que se encogiera, pero el hombre no le dio tiempo siquiera a que pudiera quejarse por el frío. Estiró de nuevo de ella con renovada fuerza y la arrastró por lo que parecía ser un bosque o un jardín, ya que se le clavaban las piedras en los pies descalzos. El bruto no se había molestado ni en ponerle sus zapatos.

Gimió de dolor al sentir que se golpeaba el dedo gordo del pie con algo duro y sintió como el hombre la alzaba por la cintura con un solo brazo, soltando una retahíla de maldiciones que habría hecho a cualquiera, hombre o mujer, encogerse de indignación.

La hizo subir unos cuantos escalones más y otro tramo largo después. De pronto, la dejó caer de manera brusca al suelo. Kaoru gimió de nuevo y posó su mano cerca de sus pies. Parecía que estaban en alguna casa. El tatami le cosquilleaba en la mano, y se sentía bastante calor. Quizá la habían vuelto a encerrar.

Se llevó las manos a la tela para retirársela, pero antes de que ella lo hiciera, el hombre estiró con fuerza, haciendo que su cabeza se zarandeara. Parpadeó, adaptándose a la nueva claridad, y miró con el ceño fruncido al hombre, que en ese momento estaba de espaldas. Cuando se giró, Kaoru se quedó de piedra.

Era muy joven. Apenas un muchacho rondando la quincena y en cambio poseía la mirada de alguien muy viejo. Tenía unos ojos vibrantes y cálidos, aunque prometían toda clase de maldades. El tono ambarino, resultaba aun más embriagador a conjunto con el tono rojizo de su cabello. ¿Era japonés? Si lo era no lo parecía. Aunque tenía que serlo, ya que su indumentaria era la clásica y su acento no delataba ninguna particularidad extraña. Claro, que solo lo había oído maldecir, y en susurros.

-¿Dónde estoy?

Era como si le hubiera preguntado a una pared. El hombre no hizo ningún gesto con la cara, ni ningún movimiento y mucho menos contestó a su pregunta.

-¿Tu eres el tal Himura?

Esa vez tampoco contestó. Se limitaba a quedarse ahí, de pie ante ella, como si con eso quisiera hacerle ver que él era el que mandaba y sin decir una sola palabra. ¡Pero qué poca educación tenía el tío!

-Pues si lo eres déjame decirte que apestas. ¿Qué pasa? ¿Se te ha comido la lengua el gato? ¿O es que solo te han enseñado a maldecir?

El hombre dejó escapar un sonido ronco y melodioso parecido a una carcajada.

-Mi opinión en cuanto a quien apesta aquí es muy distinta de la tuya, niña. ¿Vas por ahí dando patadas a todo el mundo o es que ha sido un reflejo involuntario?

El tono sarcástico no engañó a Kaoru. La estaba midiendo, y en ese momento se dio cuenta de la estupidez que había hecho al intentar ponerse por encima de ese hombre. A decir verdad era él el que controlaba la situación, y su vida ya que se ponía a pensar. Sintió que se ruborizaba hasta la raíz del cabello.

-Creí que ibas a matarme.

Kenshin enarcó una ceja. ¿Así que la niña pensaba que la iba a matar? Esbozó una lenta sonrisa de satisfacción.

-¿Vas a matarme?

Por su cara Kaoru podía jurar que el hombre estaba deseando decir que le encantaría sacársela de en medio, pero para su asombro negó.

-Es poco probable.

Pero no imposible. El pensamiento le llegó como un rayo a su mente. Vale, había pillado la indirecta.

-¿Qué vas a hacer conmigo entonces?

Kenshin frunció el ceño ante la nueva pregunta. Eso también se lo preguntaba él. ¿Qué iba a hacer con ella? No sabía la respuesta. Solo le habían dicho que la vigilara, así que con ese pensamiento, se sentó despacio, apoyando la espalda contra la pared. No pensaba perderla de vista. Había demostrado suficientes agallas como para enfrentarse a él, podía mostrar las mismas para escapar. Y entonces el que habría fallado sería él. Y eso no se lo iba a permitir.

Kaoru lo miró mientras él se hallaba cómodamente recostado contra la pared, con los ojos cerrados. ¿Pensaba quedarse ahí? Si pensaba quedarse lo menos que podía hacer era contestar a sus preguntas, ¿no?

-¿No vas a responderme?

Kenshin abrió un ojo.

-¿Por qué tendría que responderte?

-¿Y por qué tendría yo que responderte ahora cuando yo he preguntado primero y aun no me has contestado?

Kenshin cerró los ojos de nuevo y soltó un áspero suspiro. Esa mujer estaba empezando a exasperarlo de mala manera. Y eso no era nada bueno. Su paciencia tenía un límite, y solía ser un límite muy corto.

Kaoru frunció el ceño. ¡Qué hombre más aburrido! Miró alrededor intentando por todos los medios distraerse en algo que no fuera el pelirrojo que tenía delante. Pero por alguna extraña razón, su mirada volvía una y otra vez a él. Era un muchacho bastante apuesto para ser un bruto y un estúpido. Parecía muy relajado con los ojos cerrados en esa pose. Sin duda tenía un aspecto juvenil de lo más delicioso.

¡Kaoru!

Bueno, era la verdad. El tipo era de lo más guapo. Un bruto muy guapo.

Kenshin entreabrió los ojos y enarcó una ceja. La mujer no paraba de moverse como si tuviera chinches en el trasero.

-¿Qué haces?

Kaoru se ruborizo y bajo la mirada a sus piernas.

-Necesito hacer mis necesidades.

Kenshin abrió los ojos como platos. De eso nadie le había hablado. ¿Ahora como narices iba a hacer para dejar que fuera a hacer sus necesidades sin perderla de vista?

-Tendrás que aguantarte.

Kaoru se movió mas.

-No puedo, hace rato que me aguanto, y tu carrera ha hecho que me quede floja.

Maldito fuera Katsura por meterlo en esos berenjenales, con lo a gusto que estaba él rebanando un par de cuellos.

Se levantó y se acercó a ella, la cogió del brazo y la levantó de golpe.

-¡Ey! Ten cuidado bruto, o harás que se me escape.

Kenshin puso los ojos en blanco y la guió por el pasillo hasta el baño, la miró de manera funesta antes de añadir.

-Entra, y espero que salgas pronto, o entraré yo a buscarte.

Asintió y entró al baño todo lo rápido que pudo.

Afuera, Kenshin se apoyó en la pared con pose aburrida mientras esperaba por ella. Miró al final del pasillo y vio a Katsura hablando con un par de hombres. Como si lo intuyera, se giró y le indicó una sonrisa que se acercara a ellos.

Miró por última vez la puerta cerrada del baño.

-¿Niña?

-Aun no estoy, no me metas prisas o no podré terminar.

Se encogió de hombros y se acercó a Katsura.

Kenshin escuchaba la conversación entre los tres hombres con fingido interés. La niña llevaba demasiado rato en el baño. Frunció el ceño, se disculpó ante los tres hombres y se acercó a la puerta de nuevo. La llamó. No hubo respuesta. ¿Estaría bien? Abrió la puerta y maldijo.

La pequeña ventana que había en el techo estaba abierta. ¿Cómo demonios había conseguido subirse ahí?

¡La maldita niña se le había escapado en sus propias narices!

CONTINUARÁ

AGRADECIMIENTOS A:

Pola de Himura, setsuna17 y Lady Cin: Gracias por estar por aquí y darme vuestras opiniones, para mí es importante saber lo que pensáis de mis historias y hace mucha ilusión recibir comentarios.

rogue88: Que bueno saber que me estuviste esperando. Siento el retraso pero estoy de vuelta y para quedarme. Espero que podamos compartir muchas historias.

Lica: Me sorprende la facilidad que tienes para ver el hilo de las historias con tan solo leer un capítulo. Veo que me sigues en todos los fics y te lo agradezco mucho. Es un placer tener de lectora a alguien como tú. Muchísimas gracias.

He visto que todas tenéis algún fic y me comprometo a leerlos y dejaros comentarios a todas.

¡Gracias!