Gracias por los reviews a todos!

Andyhaikufma:Me alegra saber que ya estas por aqui, aunque me decantara por algo menos comun en mi como el parental! RoyEd (es que el royed a secas me mata...). De momento tanto lo que piensa Adams como lo que le pasa a Mustang es un misterio, pero me parece que va a ser algo que va a gustar (y matar de la ansia por saber mas) a la gente :)) Gracias por el review!

Karu-suna: Gracias por comentar! Y no te preocupes, que intentare actualizar cada semana para que los pobres mortales como tu y tantos otros puedan leer maravillas escritas en ingles.

Bell-Star: Gracias! Hahaha! Esque esta historia tiene algunos puntazos que te hacen llorar de la risa! En fin, que vayas preparandote porque en este capitulo hay más puntazos y bastante... drama.


"¡Hey, Ed y Al!" Dijo Fuery, levantándose de su asiento. Havoc y Breda saludaron también, y Falman saludo en su dirección. Black Hayate se levantó de su sitio a los pies de Hawkeye y procedió a intentar saltar a las piernas de Ed.

"Abajo, Hayate." Ordenó Hawkeye, recibiendo una respuesta inmediata. Acto seguido, les frunció el ceño. "¿Habéis venido hasta aquí directos desde la estación? ¡Deberías haber llamado para escolta! ¿No os advirtió el Coronel sobre Scar?"

"¡No nos eches la culpa!" Dijo Ed molesto. "Se suponía que Mustang tenía que recogernos, bastardo perezoso…"

Al se arrodilló ante Hayate para acariciarle. "El Coronel Adam nos trajo, y nos dijo que Mustang estaba enfermo. No es nada serio, ¿verdad?"

"No estamos seguros de si está enfermo o no." Les informó Breda. "Simplemente, no ha venido."

"Estaba a punto de llamarle." Dijo Hawkeye, disparando una ansiosa mirada hacia fuera de la ventana.

Havoc le lanzó una sonrisa tranquila. "No se preocupe tanto, Hawkeye. Me apuesto a que solo está haciendo novillos. No le culparía."

"¿Habéis dicho que el Coronel Adam os trajo?" Preguntó Falman, intrigado. "¿El Alquimista Estatal que escapó de Scar hace unos días?"

Ed bufó, apoyándose en contra de la mesa más cercana. "Si, y hemos tenido que aguantar toda una maldita historia sobre que maravilloso alquimista es y cómo le pateó el culo a Scar desde aquí hasta Drachma. ¿Puedes creer a ese tío? ¡Y entonces va y tiene el descaro de ir e intentar reclutarme bajo su comando! Que imbécil. Como si fuera a menearme hasta allá como… qué, ¿Qué? ¿Por qué está todo el mundo mirándome?"

"Bueno," Dijo Havoc pensativamente. "Creo que estamos sorprendidos. Todos suponíamos que odiabas a Mustang, ¿y de repente no quieres transferirte de su comando?"

Ed comenzó a sentir mucho calor alrededor de su cuello cuando todos los demás asintieron. "¡B-Bueno, y-yo solo no me gustaba lo que ese tipo, Adam, tenía que decir!"

"El Coronel Adam es un comandante muy decente del cual he oído." Comentó Falman. "Tomando en consideración tu antagonismo hacia Mustang, tendría que ser simplemente natural que cualquier otro comandante fuera una mejora…"

"¡Mira, solo es más fácil de esta manera! ¡No es un gran trato, así que–!"

"Edward…"

"¿QUÉ?"

Hawkeye le dirigió una mirada reprobatoria, y Ed cerró su boca. "Uh, lo siento. Voy a dejar el informe sobre la mesa del Coronel, ¿de acuerdo?"

Recibió un vago asentimiento y entró en la oficina de Mustang mientras Al se quedaba fuera frotando la barriga de Hayate. Una vez dentro, Ed registró el interior. Era raro estar allí cuando Mustang no estaba. Estaba acostumbrado a verle detrás de la mesa o de pie, al lado de la ventana con las manos a su espalda. Ahora solo había una silla vacía y una vista sin ningún tipo de obstáculo de una ciudad bajo la tormenta. El agua resbalándose hacia abajo por las ventanas le daba a la gris luz un brillo extraño. Dejando la puerta abierta, Ed se adentró más en la habitación y dejó su informe en la mesa. Pero no se fue todavía, jugando con la idea de prepararle alguna broma por haberles dejado tirados a Al y él. Como tal vez manipular la silla de tal manera que se rompiera en cuanto se sentase o…

Nah, mejor no arriesgarse. Mustang era demasiado picón como para tomárselo a bien. Seguramente le recortaría el presupuesto de la investigación. Otra vez. Ed se volteó para irse, pero se paró en cuanto el teléfono empezó a sonar. Sonrió. Tal vez solo una pequeña cosa. Se tiró en la silla de Mustang, puso sus botas llenas de barro sobre su escritorio y contestó al cuarto timbrazo. "Oficina del Coronel Bastardo. Si eres una de las numerosas mujeres que están buscando a cierto culo pomposo que responde al nombre de Roy Mustang…"

"¿Fullmetal?" Dijo Mustang, la incredulidad dejándole paso rápidamente al enfado. "¿Qué demonios haces contestando a mi teléfono?"

"¡Pero mira tú por dónde, si es el bastardo!" Dijo Ed en un tono de exagerado de sorpresa. "¿Qué problema hay en cogerse un día libre justo el día en el que nos dijiste que nos recogerías? ¡Al y yo casi hemos andado con esta maldita tormenta por tu culpa!"

"¡Eso no importa! ¿Está la Teniente Hawkeye allá? ¿O alguno de los otros? Necesito que alguno de ellos se ponga al teléfono. ¡Ahora, Fullmetal!"

"¡Podrás hablar con ellos una vez que te haya puesto a parir! ¡Mira, me he puesto al día con un montón de mierda de tu parte y lo mínimo que puedes hacer es darme alguna explicación–!"

"¡Ed, no hay tiempo!" Gritó Mustang, sonando casi frenético. "¡Estoy siendo atacado por Scar!"

"¿Qué estas siendo qué?" Aulló Ed, sus pies golpeando el suelo. Y ahora que estaba escuchando realmente, lo que había tomado por estático era realmente lluvia, lo que significaba que Mustang estaba en alguna cabina telefónica en algún lado. Mustang respiraba pesadamente, casi jadeando, y un siseo de dolor le llego a través de la línea.

"Joder… estoy sangrando…"

"Espero que esto no sea ningún tipo de broma enferma, Coronel." Le advirtió Ed. "Quiero decir, dudo mucho que Scar te haya dado tiempo para hacer una llamada antes de volarte los sesos…"

"Créeme, desearía que fuera una broma." Dijo Mustang sin rastro de humor, y otro resuello se le escapó. Sonaba como si realmente estuviera herido. "Me pilló de camino a la sede. Destruyó el coche. Ni siquiera sé donde estoy ahora… en algún lugar del centro de la ciudad, creo, pero no puede andar muy lejos. Bastardo implacable, ya le daré."

Ed saltó de la silla, chocando la mano contra el escritorio. "¿Entonces qué demonios haces llamando aquí? ¿No habría sido mejor llamar a la Policía Militar?

"Escúchame," Dijo Mustang, sus palabras forzadamente tranquilas. "Dudo que pueda escapar de Scar en estas condiciones, pero aguantaré todo lo que pueda. Necesito refuerzos, y los necesito ahora. ¡Y asegúrate de que es Hawkeye la que los manda! Necesito que sea gente en la que pueda confiar…"

"¡Vale, vale!" Dijo Ed rápidamente, tratando de ocultar el miedo que se quería asomar en su voz. "Dime donde estas. Estaremos allá tan pronto como–"

"¡No, Fullmetal! Tu y Al os quedareis en los cuarteles, ¿Me entiendes? No quiero que Scar os persiga de nuevo."

"¡No nos ordenes eso!" Dijo con vehemencia Ed. "¡No voy simplemente a–!"

"¡Si, lo harás! ¡Por una vez en tu vida, Edward, hazlo justo como yo d– mierda!"

Cristal rompiéndose y el inconfundible crepitar de la alquimia. Mustang gritó algo más, pero otra explosión ahogó las palabras.

"¡Coronel! ¡Coronel!"

La línea murió, con el característico y rápido bip-bip que demandaba que colgara el teléfono. Ed lo estrelló contra el escritorio inútilmente, dejando una visible grieta en la madera. "¡Mierda!"

"¿Dónde está?"

Miró hacia arriba. Todos los subordinados de Mustang y Al estaban en la puerta de la oficina, y sus expresiones iban desde el miedo hasta la ira, pasando por la confusión. Hawkeye se adelantó un paso, afligida. "Edward, ¿Dónde está?"

"No lo sé." Dijo Ed, volviendo la mirada al teléfono. "En algún lugar del centro. No le dio tiempo a decir nada más antes de…"

Hawkeye se giró sobre los talones. "¡Fuery, pon al jefe de policía al teléfono! Quiero una búsqueda organizada por todo el sector. Havoc, Breda, informad a nuestros superiores y obligadles a tomar medidas. Y Falman, ve a ver si puedes enviar un anuncio de emergencia por los canales de los civiles. ¡Todo el mundo, rápido!"

"Teniente, ¿Cómo podemos ayudar?"

"Tú y Ed quedaos aquí, Alphonse. No quiero que Scar os vuelva a perseguir así que dejadnos esto a nosotros."

Fuery le cogió el teléfono a Ed y marcó un número frenéticamente mientras los otros corrían por la puerta en diferentes direcciones cada uno. Hayate le dio unos golpecitos a Hawkeye en la pierna, inquieto, notando la agitación en la sala. Ed estaba entumecido mientras miraba la ciudad, por primera vez se dio cuenta de cuan inmenso era el lugar. Los segundos pasaban, pero podría tomar muchos, muchos minutos para la milicia y la policía juntar sus separadas fuerzas y llevarlas a la calle. Todos, y cada uno de ellos, serian como ratas en un laberinto.

Y si llegaban demasiado tarde…

Aquel pensamiento no le tendría que haber asustado tanto. Por supuesto que Ed se había imaginado que los abandonaría, pero no de esta manera. En su mente volvió a los escasos segundos en los que habló con Mustang, deseando haber cerrado el pico y haber escuchado por una vez. Tenía que haber alguna otra pista que les acercara a Mustang. Algo, lo que fuera.

"¡No, ya te lo he dicho!" Le dijo Fuery a su receptor. "¡No estamos seguros de donde está! Solo sabemos que el Coronel Mustang está siendo atacado por Scar y que necesita refuerzos. ¡Por supuesto que queremos una búsqueda! ¿No te acabo de decir…?"

Hawkeye le hizo una seña con la mano para que le pasara el teléfono. "Aquí la Teniente Primera Hawkeye. Si, entiendo tu reticencia a alertar a la población, pero estoy segura también de que estas al tanto del pasado de Scar. Él puede y pondrá en peligro las vidas de los civiles, y es por eso por lo que tenemos que hacer todo de prisa…"

"No lo entiendo." Dijo Fuery tristemente, pasando una mano por su pelo. "El Coronel ha sido muy cuidadoso desde que Scar apareció. Ha estado cambiando las rutas que usa, y en días como estos siempre estaba acompañado de guardia armada. ¡No entiendo cómo ha podido ser atacado!"

"No es la culpa de nadie." Le aseguró Al. "Solamente tenemos que centrarnos en encontrarle."

"L-Lo sé." Dijo con voz estrangulada. Se sentó en la silla de Mustang abruptamente, meciendo la cabeza entre sus manos. "Es solo que, he estado bajo el comando de Mustang durante mucho tiempo. Años, hasta ahora. No puedo imaginarme bajo las ordenes de cualquier otro si… si él…"

"Dudo que sigas bajo sus órdenes por mucho tiempo…"

Las palabras vinieron a su cabeza como si de un sueño se tratase, y Ed aguantó la respiración mientras adquirían un nuevo significado. Y entonces recordó algo que Mustang dijo. Necesito que sea gente en la que pueda confiar…. Maldita sea, ¿Cómo pudo ser tan estúpido? Mustang no solo se enfrentaba a amenazas de fuera de la milicia, si no de dentro también.

"¿Quién se suponía que le tenía que escoltar hoy?"

Fuery le miró sin comprender hasta que Ed repitió. "¡Dime! ¿Quiénes eran? ¿Bajo qué mando estaban?"

"Uh," Titubeó Fuery. "Creo… creo que eran los Tenientes Trenton y Jacobs. El Coronel Adam es su superior directo."

"El Alquimista de las Tormentas." Siseó Ed, apretando los puños. "Ese cabrón…"

"Hermano, qué… ¡eh, espera! ¿Adónde vas?"

"¡Espera, Edward! Espera– ¡tú también no, Al!"

Todas sus voces se desvanecieron en la insignificancia mientras Ed se lanzaba fuera de la oficina y volvía sobre sus pasos escaleras abajo hasta las puertas delanteras. Acosó a las secretarias para sonsacarles la ubicación de Adam y la menos intimidada le dijo que el Coronel se acababa de ir para llevar a cabo su investigación. Ed pudo oír a ambos, Fuery y Al, llamándole a la vez que irrumpía a través de las puertas y salía como un vendaval, sacudiendo su cabeza de un lado para otro. Adam no se había largado todavía. Estaba cruzando el patio que estaba de camino a su coche, con otro soldado como acompañante. Ed les alcanzó en la curva y agarró a Adam rudamente, estrellándolo contra el coche. El paraguas de Adam se chocó contra el suelo mientras el soldado chillaba alarmado. "¡Señor–!"

"¿Qué has hecho?" Gruñó Ed. "¿A qué cojones estás jugando?"

"Estoy seguro de que no se de qué me estás hablando." Dijo Adam firmemente, su propia sorpresa desapareciendo cuando se dio cuenta de quién era su atacante. "Debería estar preguntando qué está haciendo, pegando a un oficial superior de esta manera. ¿No sabe cuál es el mínimo tiempo en la cárcel y posible fusilamiento?"

"¡Eso me importa una mierda! ¡Tus soldados eran los que estaban escoltando a Mustang hoy! ¿Dónde están ahora mientras él está peleando por su vida contra Scar? ¿Dónde están?"

El otro soldado palideció. "Oh Dios… Jacobs, Trenton…"

Los labios de Adam se estiraron en lo que podría ser ofensa, pero sus ojos se giraron brevemente hacia su subordinado como los de los pocos civiles que estaban contemplando el espectáculo. "La incompetencia de mis subordinados es… lamentable. Pero eso no te da el derecho de–"

"Ed, ¿Qué te crees que estás haciendo?" Gritó Al, tirando de él. "¡No puedes ir por ahí atacando a gente sin una buena razón!"

"¿Sin una buena razón?" Gruñó Ed, revolviéndose en sus brazos. "¿Cómo crees que escapó realmente de Scar aquella noche? ¡Él vendió a Mustang para salvar su propio culo! ¿Qué te hace pensar que mereces vivir más que él?"

"Teniente, mi paraguas." Dijo Adam, asestando una severa mirada cuando el soldado fue lento en responder. Agarró su abrigo y se volvió hacia Ed con un poco más de compostura. "Estaba estacionado en el oeste durante la guerra Ishvalí. Scar no tiene nada en contra mío. En lo que a mí respecta, Mustang se ganó esto. Debería estar menos preocupado sobre él y más preocupado sobre dónde acabará usted cuando todo esto acabe."

El corazón de Ed se volvió de piedra. "¿Así que de eso iba lo del coche? Toda esa charla sobre como estaría mejor si tú fueras mi superior…"

Adam le dio una leve, mortal sonrisa. "Mi oferta no se ve tan descabellada ahora, ¿verdad?"

El agarre de Al se volvió dolorosamente apretado antes de que desapareciera. Era su silencioso permiso para darle una paliza a la mierda viviente que era Adam, pero Ed estaba congelado en el sitio, inundado por la tempestad de sus emociones. Cuando se unió a la milicia, sabía de manera abstracta que había otros candidatos esperando a tener bajo su ala al recién descubierto prodigio. Mustang obtuvo exclusividad por ser el primero en reclutarle, pero eso no detuvo a todo el mundo de maldecir al coronel por su buena fortuna. Gracias a Ed, su reputación había crecido, de la misma manera que el blanco de su espalda.

Y muchas veces – muchísimas veces – tanto él como Al volverían de sus búsquedas de la Piedra y oirían de segunda mano sobre algún atentado contra la vida de Mustang. Pero siempre había pasado ya para cuando lo escuchaban y Mustang hacía como si no pasara nada. Ed nunca se preguntó que pasaría si alguno de esos atentados se volvían realidad.

¿Y entonces eso dónde os dejara a ti y a tu hermano? ¿Para quién trabajareis entonces?

"¡Ed, Al!"

Un jadeante Fuery se acercó a ellos a toda prisa con Hayate sobre sus talones. El perro hizo un sprint extra hasta que se vio trotando a los pies de Ed, con la lengua colgando felizmente mientras sus patas salpicaban en los charcos. Ed se quedó mirando a los inocentes ojos marrones, rememorando con viveza el día en el que Hawkeye adoptó al perro. Exactamente el mismo día en el que él y Mustang tuvieron la evaluación de combate, en la cual el Coronel le dio una buena patada en el culo solo para darse media vuelta y ayudarle a levantarse. No importaba lo mucho que lo había intentado, Ed nunca entendió a aquel hombre. Y dudaba de que alguna vez lo hiciera.

Y en algún momento, dejó de importar. Porque la confianza no siempre requiere entenderse.

"¿Y bien, Fullmetal?"

Ed le miró a Adam resueltamente. "Si Mustang muere hoy," Juró. "la primera cosa que verás mañana será mi carta de renuncia en tu escritorio."

Corrió antes de que pudiera siquiera vislumbrar el desagrado en la cara de Adam, pateando la calle mientras él y Al y Hayate dejaban a un cada vez más desesperado Fuery atrás. Dos manzanas mas allá de la sede central, Al le empujó en contra de las sombras de los edificios donde Ed estaba apoyado recuperando el aliento. Hayate se sacudió con fuerza, empapando sus pies.

"No podemos ir tras él." Dijo Al sin dar lugar a discusiones. "¿Lo sabes, verdad? ¡No olvides con qué facilidad nos derrotó Scar la ultima vez!"

"¡No me importa, voy a seguir intentándolo!" Le dijo Ed. "Mustang no puede usar su alquimia cuando el tiempo está así. Necesita ayuda ahora."

"Pero la milicia–"

"¡A la milicia le tomará una eternidad ponerse en marcha! Cuando Scar vino tras nosotros la ultima vez, ¿Puedes imaginarte que habría pasado si Mustang se habría sentado por allá y habría esperado a que la burocracia se pusiera en marcha?"

Parecía que Al quisiera contradecirle, pero al final desistió. "Vale, pero necesitamos un plan. De cualquier otra manera, te encerraré en mi armadura."

Ed disparó una débil sonrisa y se enderezó. "Mustang dijo que estaba en el centro. Que fue atacado mientras venia a la sede. Si hubiéramos sido nosotros… si hubiéramos estado en aquella situación, ¿Qué habríamos hecho? ¿A dónde habríamos ido?"

"Si estaríamos cerca de la sede, me habría encaminado hacia allá lo primero." Respondió Al de forma práctica. "Ahora sí, si no podría llegar o estaría demasiado lejos… entonces trataría de alejarme lo máximo de los civiles. Buscaría una zona poco poblada para defender mi posición. ¿Hay algún lugar así en el centro?"

"Lo hay." Dijo Ed, inspirado. "¡El rio está en el centro, y el distrito de los almacenes también! Con toda esta lluvia estoy seguro de que no habrá nadie por allá por culpa de las inundaciones. ¡Es un sitio por el cual empezar, al menos! "

Abandonaron el cobijo y se largaron de nuevo, y Hayate les siguió con un solo débil gimoteo de resignación. Diez minutos más tarde ya estaban esprintando ante de tiendas y restaurantes, y preguntaron en cada puerta a ver si había alguien visto a un soldado y una persona con una cicatriz en la cara hacia poco, uno persiguiendo al otro, dejando posiblemente un rastro de destrucción a su paso. Todos negaron haber visto nada, y Ed hervía de ira hasta que se dio cuenta de que claro que nadie había visto nada. La gente se quedaba en casa en días como estos y cualquiera de las explosiones alquímicas podrían ser fácilmente confundidas con truenos.

Por lo menos, tenían una pista. Un librero había escuchado gritos y lo que parecía un accidente de coche en la calle de al lado. Cuando fueron a investigar, se encontraron con unos cuantos civiles sorprendidos circulando ante un destrozado vehículo militar. Unas rápidas preguntas les revelaron lo que había pasado. Al parecer, el coche estaba estacionado ante un café cuando fue estallado por un extraño hombre. Un soldado de pelo negro consiguió salir de los escombros y huyó por una calle lateral, y nadie sabía nada de los subordinados de Adam. Ed se encaminó en la dirección indicada, siempre hacia el rio. No pasó mucho tiempo antes de que emergieran del refugio que formaban los edificios y fueron recompensados por una línea de almacenes, justo delante.

"Hermano." Dijo Al en voz baja, señalando a algo.

Ed miró y se sintió enfermo. Justo en la calle que estaba más abajo estaba la señal que estaban buscando. Inmensas grietas separaban el asfalto como si un terremoto habría sacudido la tierra, y una cabina de teléfono estaba destrozada. Algunos charcos estaban teñidos de rojo. Hayate olfateó los charcos curioso, pero tanto Ed como Al se quedaron paralizados al ver uno de los almacenes. Una puerta parecía que había sido aplastada hacia adentro. Los fuegos fatuos que formaban los ojos de Al estaban brillando de puro miedo y temor, mientras se deslizaron dentro del almacén y miraron a través de la penumbra. Cajas que alguna vez estuvieron apiladas cerca del centro del almacén, ahora estaban abiertas por las paredes, desparramando los productos alimenticios que contuvieron por el hormigón. Gran parte del suelo estaba rociado de harina, y Ed respiró fuertemente cuando vislumbró dos pares de blancas huellas que se dirigían a una segunda puerta en el otro lado del almacén.

"Estuvieron aquí." Ed respiró. "Joder. Diría que sigamos los pasos, pero la lluvia…"

"¡Ed!"

Al se arrodilló en la harina, rebuscando en ella hasta que encontró uno de los guantes ignífugos del Coronel. Ed rebuscó más en la harina de los alrededores, revelando un círculo de transmutación incompleto con lo que parecía ser sangre.

"Ha tenido que venir aquí y haber intentado secar sus guantes." Dijo Al sombríamente. "Pero tal vez no haya tenido tiempo suficiente."

"La próxima vez que le vea, le compraré un mechero." Murmuró Ed vengativamente.

Hayate gimió y olfateó el guante que sostenía Al. Al miró el guante, y después al perro. "¡Hayate!" Exclamó. "¡Tal vez él pueda rastrear al Coronel con su olfato!"

La esperanza resurgió en Ed, pero fue rápidamente y brutalmente sofocada. "Al, no tenemos ni idea de si Hayate es capaz de hacer eso. Y aparte, ¡Está diluviando ahí afuera!"

"Pero si han estado aquí hace solo unos minutos, su olor todavía tiene que poder seguirse." Replicó Al. "Además, ya has visto a la Teniente Hawkeye entrenándole. No hay manera de que se haya saltado algo tan útil. Aquí…"

Al sacudió el guante delante de la nariz del perro. "¡Encuentra al Coronel, chico! ¡Vamos, encuéntralo!"

Pero el perro no dio signos de intentar olerlo siquiera, con la cabeza inclinada a un lado en una despreocupada incomprensión a la vez que golpeaba el suelo con la cola. "Venga Hayate." Imploró la armadura.

"¡Siéntate!" Ordenó Ed. Hayate se sentó, con la cabeza en alto y las orejas erguidas hacia él.

"¡Es más bien así! Hawkeye suele usar comandos de una sola palabra como esta. ¡Solo tenemos que encontrar la palabra correcta!"

"De acuerdo." Dijo Al, conforme. "Uh, ¡Busca! ¡Hayate, busca!"

"¡Persigue!" Gritó Ed. "¡Sigue! ¡Encuentra y destruye!"

"¡Rastrea-! ¡wow!"

Hayate se levanto de un salto y le dio al guante que estaba en la mano de Al un exhaustivo olisqueo, Ed observó conteniendo el aire como el perro daba pequeños círculos en la harina hasta que la nariz se le quedó blanca. Estornudó fuertemente, creando una pequeña nube, y se paró cuando encontró la sangre. Esta vez el ladrido fue de triunfo, y se abalanzó hacia la puerta donde las huellas llegaban.

"¡Si, lo tenemos!" Chilló Ed con entusiasmo. "¡Vamos, Al!"

Hayate les llevó por un camino tortuoso a los alrededores de los almacenes, parándose cada cierto tiempo para volver a captar el olor de nuevo. Cuanto más lejos les llevaba, más signos veían que les indicaban que iban por el buen camino. Vidrios de ventanas ensuciando las calles, alguna grieta ocasional en el suelo o edificios, y cada pocos pasos pequeñas gotas de sangre. Ed sospechaba que era eso lo que realmente seguía Hayate. En su garganta se formó un nudo. Habían pasado aproximadamente quince minutos desde la llamada telefónica, y cada momento que pasaba aumentaba las posibilidades de que Mustang estuviera…

Pero entonces escucharon agua correr y sonidos de lucha. Los almacenes se abrieron paso a ambos lados y de repente estaban a la orilla del rio. Las grises aguas estaban entrecortadas y casi desbordando los muelles que estaban al lado. Ningún barco se había aventurado con esa tormenta.

Y abajo, en uno de esos muelles estaban dos personas, un soldado acorralado por un Ishvali. Mustang lo estaba dando todo por defenderse, pero incluso Ed podría decir que estaba al límite de sus fuerzas. En los preciosos segundos que les tomo a él y a Al llegar al muelle, Scar le dio una brutal patada en el abdomen seguida de un golpe tan fuerte que le envió volando por allá. Mustang acabó tirado en el suelo y se quedó así mientras Scar avanzaba hasta el coronel caído, cojeando de un tobillo torcido. Sus gafas de sol se perdieron en algún momento, y su chaqueta estaba chamuscada en algunos lugares. Mustang no cayó sin luchar.

Ed y el perro de Hawkeye llegaron al muelle los primeros. Esta vez no tuvo ningún problema con la orden. "¡Ataca, Hayate!"

Hayate se precipitó hacia delante y saltó, mordiendo fuertemente el brazo derecho de Scar. Gruñendo por el inesperado ataque, Scar le agarró por la piel del cuello y lanzó al perro. Hayate terminó en el rio con un gemido sorprendido y las corrientes de agua arrastrándole. Ed hizo una mueca ante el pensamiento de tener que explicarle eso a Hawkeye, pero se mantuvo centrado en los dos hombres que tenía delante. Y se le ocurrió que esto era una inversión exacta de lo ocurrido la última vez en la que se enfrentó a Scar. La mirada enfurecida de Mustang en aquel entonces encajaba perfectamente con la furia que corría por Ed ahora.

"No tendrías que haberte entrometido en esto, Fullmetal." Dijo Scar, agarrándose el brazo donde los dientes de Hayate habían rasgado la piel. Ed se preguntó por un momento si la matriz se habría desgastado lo suficiente como para deshacer su capacidad destructiva, pero probablemente sería mejor no forzar su suerte.

"Deja al Coronel Mustang irse." Dijo Al, su voz baja e implacable. "¡No te ha hecho nada!"

Scar caminó alrededor de ellos, con los ojos brillando. "¡Lo sabéis tan bien como yo, él fue el peor de todos! Arrasó aldeas enteras en un abrir y cerrar de ojos, con su alquimia. Solo imagina que una de esas aldeas era la tuya. ¿Le podrías perdonar entonces?"

"¡No es como si él quisiera hacerlo!" Contrarrestó Al con una rápida mirada a su hermano. "No sabes las circunstancias, ninguno de nosotros las sabemos. ¡Los únicos a los que culpar son las personas que ordenaron la guerra en un primer momento, no las personas que no tuvieron opción!"

Ed asintió. Había escuchado muchas cosas de la guerra, de los golpes bajos que le hicieron ganar a Mustang tanto respeto como miedo. Era una terrible visión construida sobre odio y prejuicio, y ninguna de ellas encajaba con el hombre que Ed conocía. El coronel que solamente chamuscó al terrorista que intentó asesinarle en una estación de tren llena de gente, aquel que se salía de su camino cada día para proteger a todos y cada uno de sus soldados.

El hombre que empujó a Ed fuera de su oscuro abismo y le ofreció su mayor deseo – salvar a su hermano de su propio error. Y ahora Ed entendía las cosas un poco mejor. Mustang tal vez fuera un imbécil a veces, pero como Ed, pero él no tenía opción a la hora de ser un perro de los militares. Ed podía criticar a su superior por muchas cosas, pero no por esta. Nunca por esta.

"Me decepcionáis, los dos." Dijo Scar en voz baja. "Es vuestra oportunidad, ¿No lo veis? Con su muerte, podéis ser libres."

"¿De qué, de la milicia?" Se mofó Ed. "No me dejaran irme tan fácilmente."

"No, no de la milicia." Escupió Scar, señalando a Mustang. "De él. Fue él quien te atrajo a la milicia, Fullmetal. Te ha cejado tanto que has arriesgado tanto tu vida como la de tu hermano para salvarle. ¿Y para qué? ¡Quítate la venda de los ojos! ¡Él es como los demás, no le importas nada!"

"¿Por qué todo el mundo dice eso?" Murmuró Ed, irritado. "¡Solo porque no nos gustemos mucho mutuamente no quiere decir que nos queramos ver muertos! ¡No sabes nada de él, o sobre mí!"

"¡Sea lo que sea lo que ves en él es falso! ¡No es ni tu maestro, ni tu padre…!"

"¡Él es lo más cercano a uno que podré tener jamás!"

Ed casi se muerde la lengua cuando las palabras fluyeron de su boca. Pudo jurar que escuchó a Al sonreír detrás suyo. Scar no dijo ni una palabra mientras la sorpresa revoloteaba a través de sus ojos. A sus pies, Mustang no se movió, pero el corazón de Ed dio un vuelco cuando se dio cuenta de que los ojos del Coronel estaban abiertos y mirándole aturdidos. Su respiración era entrecortada, con doloridos jadeos, y del superficial corte que cruzaba su cara manaba sangre que goteaba a través de las tablas de madera para perderse en el agitado rio.

Sus labios se movieron, y sus palabras apenas se escucharon. "E-Ed… Al…"

Pareció que Scar se despertó del que fuera el trance en el que había entrado. Observó a los hermanos solemnemente. "Fullmetal. Si esas palabras han sido dichas con verdad, entonces… lo siento."

Se precipitó sobre Mustang, con el brazo extendido. Ed saltó hacia delante con un grito ahogado, chocando las manos, pero estaba demasiado lejos. Nunca llegaría a tiempo.