Capítulo 2
Al día siguiente Serena se levantó como todos los días, a las cinco y media de la mañana para irse a trabajar. Sus días empezaban muy temprano y terminaban muy tarde, el doctor Darien Chiba, era muy demandante y siempre la necesitaba; pues ella era la única capaz de sacarlo de todos sus problemas tanto en la empresa, como en su vida privada...
Se bañó y después se vistió con su habitual ropa, una falda larga y holgada, una blusa manga larga negra (que le quedaba como un gancho) un peinado anticuado y por ultimo unos pequeños zapatos y sus lentes. Se miró al espejo y tomando su bolsa, bajó a desayunar al comedor en donde las estaban esperando como siempre sus papás.
— Qué hubo mija, ¿cómo amaneció?
— Buenos días papá, —dijo ella sentándose a su lado—bien, ¿y usted? ¿Qué va a hacer hoy?
— Pues voy a volver a la empresa; se están haciendo los locos con lo de mi liquidación y no, yo necesito la plata para llevar el carro al taller y seguir con los gastos de la casa, no me gusta que usted se gaste todo su sueldo pagando las cosas de la casa mija.
— Ay papá, no se preocupe por eso, tranquilo y más bien dígame, ¿no ha pensado en cambiar ese carro?
— ¿Cómo así?
— Pues sí papá, Seiya tiene razón. Ese carro se vara mucho y lo mejor es cambiarlo por uno nuevo, no llevarlo al mecánico, otra vez.
— Hágale caso a la niña mijo.
Dijo su esposa llevándole algo de pan
— Cambie ese carro.
— ¿Pero de dónde vamos a sacar la plata mija?
— No se preocupe por eso papá que a mí me está yendo bien en el trabajo y podemos pagarlo. Además, necesito pedirle algo.
— Dígame mija.
— El doctor Darien me pidió que le manejara una empresa, es decir, la parte financiera, pero como yo no tengo tiempo para eso, me gustaría que usted y Seiya se encargaran de manejar esa parte.
— ¡Buenos días doña Ikuko!— Saludó Seiya muy sonriente mientras entraba a la casa— Llegué a buena hora.
— Siéntese mijo que ya le traigo chocolatico.
— Este perendengue siempre llegando a la hora de la comida. ¿Por qué llegó tan temprano?— Le preguntó Kenji mirándolo con reproche.
— Aproveché que Selena salía para el trabajo y me vine con ella. ¿No le da gusto verme, suegrito?
— Cállese, deje de hablar pendejadas y mejor cuéntenme mija, —dijo mirando a Serena mientras ella y Seiya reían — ¿Cómo es el trabajo?
— Que Seiya le cuente papá, —se levantó de la mesa—ya se me está haciendo tarde y de pronto se me pasa el bus. Chao papá, chao Seiya; cualquier cosa me llama.
— Listo, listo Sere, —le respondió con un pedazo de pan en la mano—hablamos pues más tarde, que le vaya bien.
Serena salió de su casa y afortunadamente no se le hizo tarde para tomar el bus. Llegó temprano a la empresa y se encontró con sus compañeras de trabajo y amigas. Cuando ella había llegado a la empresa siendo tan solo una secretaria, ellas la recibieron y acogieron muy bien. Les tenía cariño, gran estima.
— Qué hubo pues mija, usted sí que madruga.
— Qué hubo Mina—la saludó mientras buscaba su escarapela dentro del bolso y se apresuró a preguntarle... — ¿ya llegó don Darien?
— No, ese ogro no ha llegado pero tranquila, no debe demorar en llegar.
— Ah, bueno, nos vemos más tarde entonces en el almuerzo.
Serena iba para el ascensor cuando...
— ¡Sere! ¡Sere! Este documento es para don Darien.
— Gracias Yaten. —Lo recibió— Venga, más tarde necesito que lleve unos papeles al banco, ahora le mando la razón con Mina.
— Como usted ordene doctora, —le contestó mirando a Mina—espero la razón entonces.
Serena entró al ascensor pero entró sonriendo porque Yaten, se quedó haciéndole monerías a Mina. Él, siempre había estado enamorado de ella pero ella, no le daba ni la hora. Yaten trabajaba como mensajero para la empresa y aunque sabía que ella lo usaba a veces para que la llevara hasta su casa y le ayudara, a él no le importaba. Vivía muy enamorado de ella...
— Hola Sere ¿Cómo amaneció?
—Hola Lita, —sonrió Serena con amabilidad—bien gracias y, ¿ya llegó el doctor Furuhata?
— No, anoche salió con el doctor Chiba y unas modelos y lo más seguro es que se trasnocharon.
Le contestó y no pudieron evitarlo, aunque estaban hablando era de sus jefes a ambas le dio mucha risa imaginárselos así, trasnochados y con resaca.
Se estaban riendo muy alegremente cuando...
— Buenos días Sere, mire, —dijo entregándole un documento—esta es la lista de todos los trabajadores que me pidió ayer.
— Gracias Amy, —se lo recibió—que bueno que lo pudo sacar tan rápido, gracias.
— No hay de qué. ¿Nos vemos a la hora del almuerzo?
— Listo muchachas, nos vemos y me voy antes de que llegue don Darien y me regañe.
Todas ellas, aunque eran bonitas, se hacían llamar: "El cuartel de las horrorosas" Era una ironía que hubieran decidido llamarse así porque ese lugar mantenía era lleno de modelos, de mujeres hermosas, pero bueno... se habían puesto así porque el diseñador de la empresa les puso ese apelativo.
Serena descargó su bolsa y entró a presidencia, ella, que tenía el puesto de dos personas en esa empresa, trabajaba en un lugar diminuto. Cuando entró a trabajar a Mundo Moda como secretaria de presidencia, no había otro lugar más que una bodega que estaba justo en presidencia. Ese lugar era oscuro, algo húmedo y pequeño, pero Serena lo había decorado a su gusto y en seis meses que tenía trabajando ahí, ya le había tomado cariño. No solo porque lo hizo a su amaño, sino porque de esa forma estaba más cerca de él...
— ¡Sere! ¡Sere!
— Dígame doctor, —dijo ella saliendo de su pequeña oficina— ¿le puedo ayudar en algo?
— Qué hubo Sere, ¿cómo amaneció? Recuerde que ahora a las ocho tenemos la reunión con Andrew. ¿Qué citas tengo para hoy?
— Sí doctor, no se preocupe por eso que todo está listo. Hoy tiene un almuerzo con los de la Ink tela y en la tarde con los proveedores de...—
Serena siguió diciéndole su agenda del día y luego dijo...
— Pero lo que no sé, es en dónde va a ser el almuerzo.
— ¿Cómo qué no?—Le preguntó sobresaltado y levantándose de su silla— ¿Y entonces a quién le pregunto?
—A Galaxia, doctor, ella es la encargada de su agenda social. Me dijo que yo no tenía ni el porte, ni la voz, y no sé qué más cosas, para encargarme de eso.
— Entonces llámela y dígale que venga.
— No doctor es que...ella todavía no llega.
— ¡¿Cómo así?! ¡Pero si ya son la siete y media! ¡¿Qué se ha creído esta, peli teñida, ah?! ¡Apenas llegue dígale que venga a mi oficina!
Mientras Serena fue a su pequeña oficina a preparase para la reunión que tendría con ellos y el diseñador después, llegó la otra secretaria de Darien. Ella era amiga de Rei y ella, la había puesto en ese puesto para que la mantuviera al tanto de todos los movimientos de su novio. Él, que no era ningún tonto, sabía desde el principio lo que se tramaba su novia. Por eso su agenda personal y todas sus cosas privadas las manejaba Serena.
— Hola Darien. ¿Qué me necesitabas?
— Cuénteme una cosa...Galaxia Brickman, ¿usted sabe qué hora es?
— Ay Darien, es que tú no sabes. Mira, mi carro...
— A mí no me importa...lo que pase con usted. Esta es una empresa y aquí mantenemos con mucho trabajo como para que usted se dé el lujo, ¡de llegar a la hora que se le dé la gana! ¡Necesito saber en dónde es el almuerzo con los de Ink tela!
— Sí, sí, Darien, —respondió volteando los ojos—en un momento te digo; relájate. Oye, pero necesito hablar algo contigo.
— A ver, ¿y cómo que sería? ¿Qué quiere?
— Mira Darien, esa mujer no me quiere dar mi cheque. —Señaló a la oficina de Serena— Dice que todavía no han consignado y yo necesito mi plata ya. Bien poquito que es y demorado, ¡No...!
— ¡Sere!
— Señor, ¿qué me necesitaba?
— Sí, dice aquí la señorita, —dijo levantándose y mirando mal a la pelirroja—que todavía no se le ha pagado. ¿Eso es cierto?
— Sí doctor pero yo ya le había dicho a ella que este mes la nómina está un poco retrasada por los costos que se están sacando para la nueva colección. Hoy mismo se les consigna a todos los empleados doctor y además quincena, fue ayer.
— ¿Escuchó? No hay plata para nadie sino hasta más tarde. Ahora haga su trabajo, deme la cita y tráigame un café.
— ¡Pero Darien...! Yo necesito mi plata y...
— ¡Que se largue de mi oficina y tráigame la información de la cita!
Ella salió de su oficina rápidamente; pues los gritos de aquel apuesto y mal geniado doctor, asustaban a cualquiera. Luego y más tranquilo, Darien le dijo a Serena que fueran a sala de juntas con Andrew. Después de hablar sobre los costos de la nueva colección y acordar que bajarían la calidad de las telas, Andrew dijo...
— Nos vamos a meter en un problema Darien, cuando Rubeus sepa que se le bajó la calidad a las telas... No me quiero ni imaginar el grito que va a pegar esa loca.
— Pues de malas, —dijo muy serio y levantándose de su silla— ¿no escuchó a Sere? Si quiero alcanzar las metas que me propuse tengo que reducir costos Furuhata. No tengo otra opción.
— Oiga Sere, ¿seguro no hay otra forma?
— Doctor Furuhata, yo de moda ni de belleza sé nada, solo le digo lo que dicen las cifras. Ay si no sé doctor.
— Darien... bajarle la calidad a las telas es peligroso. Estaríamos arriesgando mucho dinero.
— Sí, yo sé Andrew pero, ¿qué hacemos? Dentro de poco hay junta directiva y tengo que mostrar resultados.
Mientras ellos discutían sobre lo que harían y sus próximos pasos, alguien toco la puerta de la sala de juntas. Esa era Lita, pues al parecer Andrew tenía una llamada importante. Él salió y se disculpó diciendo que no tardaría. Al estar solos Darien dijo algo tenso...
— Sere, ¿cómo va lo de la empresa?
— Bien doctor, —dijo ella mirándolo—hoy mismo empiezo con eso. Tranquilo que todo va a salir bien.
— Eso espero Sere, eso espero...
En otro lado... Estaba el diseñador de la empresa con su asistente, cuando de pronto le dijo con su particular tono de voz...
— ¡Setsuna! ¡Setsuna! ¿A qué horas es la reunión con la bestia esa y su asistente?
— En un ratico don Rubeus.
— Ay no Setsuna, —dijo abrazándola—que estrés esa reunión, tráigame una valeriana más bien a ver si se me quitan estos nervios. Tengo como un mal presentimiento.
— Tan exagerado como siempre don Rubeus, tranquilo.
Ya a las diez de la mañana, tuvieron la reunión con Rubeus y Setsuna. Cuando Darien dijo que tocaba bajarle la calidad a las prendas, Rubeus casi se muere; pues él se creía el mejor diseñador del país y siempre trabajaba con lo mejor de lo mejor. Entonces dijo levantándose muy molesto...
— Con Mamoru no era así. Que pesar que él se haya ido y lo haya dejado a usted.
— Mire...Rubeus, —dijo con ojos iracundos—si no le gusta, ahí está la puerta. ¿Usted cree que es el único diseñador de este país o qué?
— Darien... pilas hermano.
— A ver, Darien, ¡listo! Yo voy a diseñar y usted verá que hace con los materiales, pero si usted pierde y la colección es un fracaso, tiene que hacer lo que yo quiera.
— Pero, ¿cómo así? ¿Esto es una especie de apuesta?
— Sí, si usted gana y es todo un éxito, yo me disculpo con usted. En cambio si usted pierde... Ya sabe.
— Listo, —dijo muy tranquilo—no le veo problema. Ahora todos a trabajar.
Sin saber lo que le esperaba al pobre Darien, siguió con su trabajo con la ilusión de que todo saliera bien.
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