Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son auditoria de Stephenie Meyer. El fic proviene de mi loca cabeza.
Historia adulta, contiene escenas no aptas para personas sensibles, si eres menor de edad ruego sea bajo tu responsabilidad.
Capítulo beteado por Sarai GN (LBM), Beta de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction
Beta malvada muchas gracias por el cambio que me sugeriste con respecto a la relación de estos dos, como siempre mostrando tus talentos ajaja, te quiero!
Si son mayores de edad, no se les olvide ponerlo en su muro de Facebook para que cuando lo revise las pueda aceptar, las espero en el grupo:
www. facebook groups/ eraseunavez. dannysk (recuerden, sin espacios o en mi perfil pueden ir directamente al link)
"El mayor desorden de la mente consiste en creer que las cosas son de cierta manera, porque nosotros deseamos que así sean"
-Jacques Benigne Bossuet
Largas piernas estaban a los lados de mis caderas, tan malditamente suaves y tonificadas, su estrecha cintura parecía burlarse de mi control, y mejor ni hablar del balanceo de sus pechos. El sonido que hacía su ropa al revolverse contra mi cuerpo me estaba volviendo más loco, y ella lo sabía, por eso se estaba moviendo de esa forma tan lasciva sobre mi cuerpo.
—No quieres que me vaya y lo sabes —aseguró Bella en un susurro suave para engatusarme.
Desvié la mirada de sus suaves curvas hacia la ventana, donde una suave llovizna había comenzado a caer, las gotas de agua parecían adherirse celosas al cristal. Yo también intentaba adherirme a la realidad, aferrarme a los sonidos que hacían los truenos a los lejos, a cualquier cosa. Bella refunfuñó, dejando al fin de moverse, se cruzó de brazos obstinadamente mirándome. Su puchero era demasiado adorable para mi escasa salud mental, respiré hondo concentrándome solo en el sonido de la lluvia, hasta que después de unos inquietantes minutos lo conseguí.
La necesidad de querer acariciarla abandonó gradualmente mis manos, la ansiedad disminuyó de forma considerable hasta convertirse en solo un hormigueo que recorría lánguidamente mi piel. Respiré hondo sintiendo mis músculos aflojarse, por lo que me animé a mirarla. Ella se había bajado de mi regazo, sentándose a mi lado, viéndose encantadoramente molesta e impaciente porque no logré tocarla… hoy tampoco. Y ahí, contemplando su mueca enojada, su labio fruncido y sus ojos acusadores, recordé sin querer, como es que había empezado a ocurrir toda esta locura de mierda…
…
Llevaba meses sintiendo que las noches eran iguales que el mediodía, y los días nublados o soleados me daban igual que el puto calentamiento global, absolutamente todo me daba jodidamente igual. Así que un segundo me encontraba caminando por mi habitación, escuchando en mis audífonos mi play list: tranquility with a beat, y al siguiente estaba contemplando fijamente la estructura del enorme baño en mi habitación pensando… bueno, enelsuicidio.
Tampoco hay que escandalizarse, todos hemos pensando en que estamos mejor muertos que vivos alguna vez, ¿no?, ¿no? El caso es que yo realmente quería morirme.
El largo barrote de acero de la cortina de mi regadera prometía un dulce soporte que con seguridad podría aguantar mi peso, mi habitación era tan malditamente grande y separada de la de los demás que no permitiría escuchar el eco de ningún sonido que intentara abandonar mi garganta constreñida. Lo sé, lo sé, cliché como la mierda, pero no poseo pistolas, y enterrarme un cuchillo me daba cosa, ¿qué tal que no le atinaba a la yugular? Solo haría un reguero de sangre y tendría una cicatriz espantosa, así que lo descarté. ¿Cortarme las venas? Eso es de puñales.
Lo mío era ahorcarme, pero siendo tan maldita e inconvenientemente alto, casi podía tocar el suelo con mis pies. Empujé la ridícula cortina de líneas azules y blancas antes de sujetarme con ambos brazos del barrote para demostrar esa mierda de mi estatura, no quería tener la oportunidad de sobrevivir. Unos segundos después, desgraciadamente, comprobé que alcanzaba el suelo y… bueno, patéticamente comencé a llorar de frustración y a maldecir mi perra suerte, estaba jodido y delirando cuando de pronto un suave "hola" susurrado por la sublime voz de la mujer de todas y cada una de mis pesadillas resonó en el pequeño espacio, deteniendo mis turbadores pensamientos.
Esa fue la primera vez que aluciné con Bella Swan.
…
Recordé cómo después de escucharla me había quedado muy quieto, mi respiración frenética me tenía mareado, un fuerte estruendo de su voz y su risa sacudía los cimientos en mi cabeza, los recuerdos que viví a su lado fluyeron, inundándome, provocando que jadeara retorciéndome en agonía. Sujeté con fuerza mi palpitante cabeza mientras estaba ahí, vergonzosamente en posición fetal, empapado en sudor, perdiendo mi cordura, mirando a la chica que se había materializado frente a mí.
Los días subsecuentes a la aparición de… ella, fueron determinantes en lo que soy ahora, mejor conocido como… sí bueno, el jodido loco. Con el tiempo incluso aprendí a visualizarla, dejó de ser una imagen difusa e incompleta hasta que pude invocarla a conciencia y logré evocarla deliberadamente. Bella siempre vestía la misma ropa… la del accidente. La falda corta de porrista y llena de tablones, esa ajustada playera que delineaba su pequeña cintura, y su largo cabello castaño que enmarcaba aquel perfecto rostro pálido ligeramente maquillado.
Y aunque durante semanas estuve asustado como la mierda cada vez que aparecía, preguntándome una y otra vez qué estaba pasando, un buen día cuando se materializó frente a mí con aquella sonrisa y esa cantarina voz, decidí que ya no iba a discutir su presencia. Simplemente comprendí que me había vuelto completamente loco. Lo entendí con una claridad tan espantosa y contundente… que dejé de repetirme que no lo estaba, dejé de cuestionarme, así que lo acepté, le di la bienvenida a la locura y disfruté del sabor que dejaba en mi lengua por fin estarlo y aceptarlo.
Fue liberador.
Así que aprendí a estar con Bella imaginaria, a sobrellevarla, a ignorarla, a reírme de su mierda sarcástica e incluso, a malditamente extrañarla. Si ella no aparecía, me aseguraba de comprobar mil veces qué estaba haciendo mal, el consumir Prozac en exceso no la trajo de vuelta, así que como el maníaco que soy, pues me permitía enloquecer un poco más, y entre mis delirios, falta de sueño, cigarrillos y cafeína la buscaba, pero ella se presentaba de improviso y, por lo general, se dedicaba a hacer constataciones, tampoco respondía mis preguntas.
—Tenemos un extraño problema, Bella —murmuré, viendo de sus turgentes pechos a su arrogante sonrisa—. Tú me odias en este momento, y a mí particularmente ya no me importa tu integridad.
—¿Te importó alguna vez? —inquirió con una inquietante sonrisa.
Mi corazón se detuvo abruptamente cuando su comentario me tomó por sorpresa, aunque… siempre lograba eso, tomarme con la jodida guardia baja, presionar mis puntos débiles… en pocas palabras, ella sacaba el afeminado en mí, lo exponía como recordatorio de lo que no se debe hacer, estaba seguro como la mierda de que incluso se extasiaba con ello, y claro, ahí estaba yo para alimentar su retorcido juego, para muestra me encontré balbuceando:
—Sabes que sí. —Ella sonrió, esa hermosa hilera de dientes que me provocaba cosas, se pasó delicadamente uno de sus largos mechones detrás de la oreja, se inclinó hacia mis labios… y desapareció—. Sabes que sí —repetí, cerrando los ojos con fuerza.
Ésta solo era una de las partes más jodidas, cuando me echaba en cara mi falta de madurez y negligencia, pero aun así, la cosa más jodida era no poder tocarla. Eso sí me volvía loco, mis dedos picaban de ansiedad y me moría por volver a enterrar el rostro en su cabello para aspirar profundamente hasta que no quedara aire.
Nada de eso podría repetirse, nunca en la vida real, e incluso nunca en mi locura, hacerlo era peligroso. Una sola vez me había sumergido tanto en ella que me había… algo así como convulsionado. Pero al menos, si mantenía a raya los juegos en mi mente, podía alucinarla y tenerla por ciertos períodos de tiempo.
El resto de la tarde me la pasé contestando el puñetero examen de informática, tratando de concentrarme en nada más que memorias RAM y procesadores, a pesar de que mi mente volvía una y otra vez a la asquerosa cafetería de la escuela, donde la había visto de forma fugaz (a la Isabella real). Suspiré, tratando de controlar la ira demencial que me embargó otra vez al pensar en el jodido Newton. Ese pendejo estaba en mi listadepersonasquevaleranmierda, versión dos recargada, justo al lado del imbécil de Tyler y James.
Sabían que tenía prohibido acercarme a Isabella, y a propósito se pavoneaban a su lado, dándome miradas de suficiencia y deleite que me emputaban hasta Júpiter, nada más por madrearlos en los entrenamientos es que me pensaba en la proposición de Emmett de volver al americano, pero tan solo recordar… me hacía desistir al instante. Tan enfurecido y perdido en pensamientos me encontraba, que naturalmente no escuché cuando el insolente de mi hermano entró a la habitación hasta que lo escuché hablar.
—Te ves concentrado.
—Deberías aprender a tocar —farfullé, mirando mi examen, rehusándome en todo momento a encontrarme con la mirada de Jasper.
—Lamento la confrontación que tuviste hace rato con Al. Ya sabes, ella y Bella…
—Sí, sí, eran mejores amigas y ya no, lo siento mucho de verdad, Jasper. —Él asintió antes de arrastrar sus pies descalzos por mi alfombra, entrando sin permiso a mi habitación, se sentó a los pies de la cama. Se quedó ahí sin decir nada, incomodándome con su presencia hasta que con un suspiró frustrado hablé—: Solo suéltalo —sugerí sin levantar la vista de mis apuntes.
—¿De verdad no la has buscado? —medio susurró, como si fuera un jodido tabú hablar de eso.
—No.
—¿Solo porque el oficial Swan dijo? —Suspiré, haciendo los apuntes a un lado y mirándolo. Llevaba una sencilla camiseta oscura y su pijama, el cabello rubio revuelto le cubría parte de la frente, y sus ojos azules escaneaban mi habitación minuciosamente.
—Lo que el oficial Swan diga siempre me tiene sin cuidado, no le hablo a Isabella porque no quiero volver a joder su vida, es todo.
—Deja de…
—¡Me voy a culpar todo lo que yo quiera! —grité anticipándome. En ese momento, Bella imaginaria apareció a mi lado, se sentó, estirando sus largas y deliciosas piernas, antes de mirar a mi hermano y suspirar con fastidio.
—Jasper no tiene la culpa, no tienes por qué gritarle —regañó.
—¿Sabes? Quizás… Emmett tenga razón, necesitas distracciones —murmuró mi hermano, mirando con interés mi examen—. No has pensado en… no digo otra relación —se apresuró a hablar cuando le disparé una mirada incrédula—, sino quizás… no sé…
—Deja de jodidamente balbucear, solo escúpelo.
—Tanya me pregunta siempre por ti.
—¿Denali? —Jasper asintió.
—Me tiene hasta la mierda pidiéndome que les presente. Sé que en un tiempo te gustaba y tal vez deberías… echar un polvo, les haría bien a los dos. Ya sabes, como en los viejos tiempos, cuando tú…
—¡No! —rugió Bella, poniéndose de pie frenéticamente—. Quiero que te largues, Jasper. Creí que eras mi amigo, no un maldito padrote, ¡lárgate! —chilló furiosa al lado de mi hermano, haciéndome sonreír.
—Yo no tengo reparación, Jas. Una cogida no soluciona las cosas —murmuré con la misma sonrisa, tratando de tranquilizar a Bella.
—Pero quizás las cosas sean más llevaderas para ti si sales de toda esta mierda de tu encierro, si tan solo decidieras retomar tu vida, no digo que completamente… mierda. —Se pasó una mano frustrada por el cabello—. Voy a ser tan honesto como pueda, ¿ok, Edward?
—Eso es lo que te vengo suplicando.
—Quiero que se vaya —sollozó Bella, y a pesar de que odiaba en el alma escuchar su voz rota y desesperada, me empeñé en escuchar lo que mi hermano tenía que decir.
—No imagino una vida donde Alice me dejara, mucho menos donde simplemente dejara de recordarme, solo ponerme en tu lugar me hace sentir como un maldito bastardo desafortunado. —Elevé una ceja.
—Gracias por tu lástima, trataré de hacértelo más llevadero de ahora en adelante.
—Así que te entiendo, hermano —continuó, sin importarle mi sarcasmo—. De verdad lo hago, y por eso quiero ayudarte tanto como tú me dejes. Quieras o no, ahora estás malditamente soltero, sin compromisos, entonces… —suspiró antes de clavar sus intensos ojos en los míos—. ¿Quieres que invite a Tanya a la fiesta del sábado? —Mis ojos se abrieron como platos al comprender a donde iban sus planes, Bella jadeó a mi lado.
—Yo…
—Si se pone muy pesada yo mismo la correré.
—Pero es que yo…
—Solo inténtalo. —Lucía realmente abatido—. ¿Por mí?
Seguro mi mandíbula estaba en el suelo mientras me debatía entre ignorar los escandalosos chillidos de Bella, y la otra parte aún cuerda de mí que me decía que nada pasaba si lo intentaba. Yo estaba jodido. ¿Qué mierda más espantosa podía pasarme si dejaba a la zorra de Tanya siquiera intentar hablarme?
—Está bien —siseé ante el dolor de cabeza que me provocó el aullido sofocado de Bella. Valió la pena al menos por ver cómo se le iluminaban a mi hermano los ojos.
—Tenemos un trato.
Lo que quedaba de la noche, me dediqué a contestar el puñetero examen y Bella, bueno, ella se dedicó a jodidamente ignorarme, se quedó sentada en un rincón dándome la espalda y decidiendo así que ni siquiera me iba a mirar. El cabello largo y espeso la ocultaba de mí, tan solo podía ver su puñetero uniforme blanco. Su terca actitud casi logra que me levante de mi cama para decirle a mi hermano que cancelara los planes. Ella lo había conseguido a lo largo de estos meses, cientos-de-veces, pero esta vez decidí que podía resistir un poco más.
A las tres de la mañana se me estaban cerrando los párpados, odiaba la hora de dormir porque detestaba soñar, había descubierto que entre más cansado estuviera menos soñaba, así que me cansaba hasta la mierda antes de siquiera pensar en acostarme. Aprovechando la hora y esperando en Dios que nadie me viera, bajé hacia la cocina. La luz del frigorífico iluminó el lugar cuando tomé un frío refresco de coca cola, para después escurrirme por la puerta del patio. La brisa fresca y húmeda me golpeó en el rostro y alborotó mi cabello. Respiré profundo el olor a tierra mojada mientras rebuscaba ansiosamente y con jodidos dedos temblorosos los cigarros en mi bolsillo. Encendí uno, dando una fuerte y muy necesaria calada, era terrible tener que esconderse para fumar.
La coca cola se sintió bien, ayudó con la constante ansiedad y la nicotina alivió toda la mierda que había venido sintiendo desde temprano. La semana había sido muy pesada y los estragos de la falta de sueño me estaban prometiendo que hoy no soñaría… quizás. Así que después de cuatro cigarros y dos latas de coca cola, me encontré con que aún tenía maldito sueño, por lo que accedí a las peticiones de mi cuerpo sobre recostarme un poco. Subí sigilosamente hasta mi habitación, donde me tumbé de espalda al colchón y cerré los ojos tentativamente, probando el terreno de los sueños, pero cuando los abrí de vuelta, estaba en…
Puta mierda.
El prado. El jodido prado se extendía en toda su gloria frente a mí, brillante y colorido, así que estaba cien por ciento seguro de que me encontraba ya en un sueño. Y sí, el brillante sol que se extendía a lo largo de las plantas era otro indicio, esa clase de sol intenso que jamás brillaba en Forks, Washington. Miré frenéticamente hacia todos lados, al menos no estaba en el sueño de los gritos y fierros retorciéndose, de la noche fría y solitaria, pero no me gustaba nada tampoco estar aquí.
—¿Edward? —parpadeé incrédulo ante el sonido de esa voz.
Definitivamente estaba soñando, mi mamá tenía sin visitarme en sueños hacía toda una vida ahora, lo que era otra evidencia de que pese a mis intentos de cansarme, definitivamente había fracasado. Ella no había cambiado mucho, su rostro era tal y como lo recordaba. La piel suave tenía un aspecto brillante y cuidado, como un melocotón, y su espeso cabello broncíneo como el mío la rodeaba de forma desordenada pero salvaje, era increíblemente hermosa. Sus ojos verdes chispearon mientras me sonreía.
—¿Qué has estado haciendo, cariño? —preguntó con la misma sonrisa, abrí la boca para contestarle algo sarcástico como: "Jodiendo la vida de quienes amo", pero un instante después me di cuenta de que definitivamente no quería estar aquí. La sentí incluso antes de mirarla.
La corriente que me recorría cuando ella estaba cerca era una que distinguiría entre sueños o en el mismo infierno, incluso si estuviera jodidamente muerto, casi estaba seguro. Mi mamá esbozó su encantadora sonrisa mirando algo por encima de mi hombro, y cuando sentí su pequeña mano deslizarse entre la mía, casi gemí de dolor.
—¿No me vas a presentar? —preguntó ella con esa voz que reconocería incluso a través del dolor y el incesante ruido de mi mente.
Entonces me animé a mirarla, el largo cabello castaño le caía en suaves ondas por la espalda, y la vista de su rostro sonrosado ligeramente maquillado me apretó el estómago. Esto era casi tan doloroso como cuando la soñaba llena de hematomas y cubierta de sangre. Respiré hondo. Esta vez, la suave falda caqui se amoldaba apretadamente a sus curvas, marcando su perfecta silueta, y la forma en la que la blusa azul aclaraba su piel me hizo estremecer por algo que hacía mucho no sentía: deseo.
—No… no quiero presentarte, Bella —susurré bajito cerca de su oído para que mamá no me escuchara. El olor a frutas y lavanda me golpeó con una fuerza tal que casi caí de rodillas, ella se tensó a mi lado.
—Voy a cumplir dieciocho.
—Eso ya lo sé.
—Estaba pensando que la vida se va muy rápido, ¿sabes? —No la quise mirar, pero por su voz, pude distinguir su tono alegre, seguro estaba sonriendo—. Cuando menos lo piense, seré de la edad de mi abuelita Marie.
—Serás una hermosa abuelita —sonreí antes de suspirar.
El hecho de que mi corazón se sintiera completo y al respirar no sintiera como si lo hiciera a través de un pecho partido en dos, fue mi señal para jodidamente despertarme. Así que solté nuestros dedos entrelazados, el rostro de Bella se descompuso mientras se llevaba las manos al pecho.
—¿Entonces no me vas a presentar?
—No deberías ser tan duro con ella, cariño —regañó mi mamá. Bella entonces me miró, sus ojos chocolate brillando de furia.
—Así ha sido todo este tiempo, ¿o no, Edward? Nuestra relación siempre fue lo que tú querías. —Su sonrisa estaba cargada de lástima—. Juegos, fiestas, sexo, juegos, sexo, fiestas… —Y así, en un segundo, el sueño se transformó en una pesadilla.
Bella ya no llevaba la hermosa falda caqui o la blusa azul, el uniforme de porrista estaba de nuevo en ella, pero esta vez todo desgarrado y cubierto de sangre. Retrocedí en un intento por correr, pero mis débiles piernas y mi embotada mente me hicieron caer de culo en el suelo, el cual ya no era un jodido prado. Estaba malditamente sentado en el asiento del piloto, atrapado entre los fierros del auto, Bella miraba horrorizada su vestimenta, y cuando observó a su derecha, hacia su brazo torcido en una forma para nada ortodoxa, dejó escapar ese grito aterrador que lograba helarme la sangre.
Me desperté sobresaltado, gritando incluso, con los ojos muy abiertos y el corazón en la garganta, mis manos estaban cerradas en puños en la sábana. Una mortecina luz gris se colaba por mi ventana, era una mañana nublada y fría, sin embargo yo estaba empapado en sudor, y mientras intentaba con todas mis fuerzas calmarme, solté mis manos temblorosas de la sábana para buscar en el cajón los antidepresivos. Me tragué cuatro.
—¿Te importé alguna vez? —susurró Bella desde el rincón donde se había quedado la noche anterior decidiendo ignorarme—. Es decir, como… ¿realmente?
—Realmente —respondí jadeante, sonando como un maldito marica llorón.
—Síguete repitiendo eso.
Me limpié las jodidas lágrimas antes de ponerme de pie en un salto, no tenía caso malditamente intentar acostarme, esta mierda había pasado por no haberme cansado lo suficiente. Estaba pagando la cuota de mi miserable descuido. Esta vez Bella estaba en su versión perra, la que me atormentaba diciéndome lo mezquino que fui durante nuestro tiempo juntos, continuó diciéndome la clase de novio de mierda que fui el suficiente tiempo hasta que la cabeza comenzó a palpitarme. Estaba al borde del aneurisma cuando me metí al baño dando un portazo. La luz parpadeó una vez antes de iluminar por completo el lugar, lo primero que vi fue mi reflejo en el espejo.
Los ojos que en algún tiempo habían sido de un arrogante verde ahora lucían llorosos, un poco dilatados y diminutas venas delineaban todo el contorno, para complementar grandes bolsas oscuras los adornaban, y mi barba incipiente se estaba convirtiendo en un problema. Mi cabello estaba hecho un jodido desastre irregular, e incluso el resto de mi cuerpo parecía jodido, ya no tenía la musculatura de hacía un año, donde había habido bíceps que rompían ridículamente las costuras de mis camisas, ahora solo quedaban unos músculos aún fibrosos pero que no llenarían aquella ropa de ninguna manera.
Tenía que comer, pero mientras entraba a la ducha pensé que eso era casi imposible, no podía sin sentir ganas de vomitar, volver al americano y no recordar a Bella animándome con su linda voz o sus insolentes porras era casi imposible, no podía simplemente retomar mi vida y ya.
Mis pensamientos fúnebres de mierda me acompañaron durante el resto del día, me salté el desayuno con mis hermanos alegando exceso de trabajo. Además, no me apetecía enfrentarme a la perra de Alice o al guasón de Emmett. Así que solo tomé bastante coca cola y me fumé un par de cigarros en el auto mientras escuchaba un poco de música.
Pero cuando Lauren Mallory pasó moviendo exageradamente las caderas frente a mi auto, suspiré con fastidio. Definitivamente tenía que aprender a poner en mi cara una máscara de indiferencia, porque mi cara actual parecía atraer a todas las chicas en el colegio como la miel a las abejas, y la única que quisiera que me mirara, simplemente me había olvidado. Lancé el cigarro fuera y me bajé dispuesto a evitar más de ese contoneo, así que me dirigí directo al desierto salón de biología, raro pero esta vez fui el primero en llegar.
—Edward. —El profesor Banner me saludó con un asentimiento de cabeza. Su viejo traje parecía que había sido un poco roído por algunas polillas hambrientas. Empujó los lentes por el puente de su nariz antes de clavar sus oscuros ojos en los míos—. Me da gusto que llegue primero porque quería hablar con usted. ¿Sabe? Sé lo que hizo el oficial Swan con todo el personal en esta institución. —Me tensé inmediatamente ante la mención de Charlie, fui incapaz de responder a nada, él apreció mi postura y continuó—. Pero yo no tengo por qué acatar sus órdenes ni sus estúpidas e infantiles demandas. No hay nada que me pueda hacer su bravuconería y esta clase está saturada. Así que no pienso sentar a Isabella en mi escritorio con tal de que no esté cerca de usted.
—Puedo cambiar con cualquiera —mi voz fue un susurro ronco y jodidamente turbado.
—No. —Sacudió la cabeza sin dejar de mirarme—. No voy a cambiar los equipos casi finalizando el semestre y además, no entiendo por qué tanto drama, o incluso el hecho de que en lugar de ayudarla a recuperarse, todo mundo parezca contento con el hecho de que la chica tiene un problema y no recuerda muchas cosas.
—No tengo problemas con que no me recuerde —siseé enfurecido, mis manos se habían cerrado en puños apretados—. De hecho, no quiero que lo haga.
—Bueno, pues mi clase no es medicina experimental, así que si usted quiere que no lo recuerden, si el oficial Swan lo quiere lejos de su hija más de treinta metros, o si todo mundo quiere hacer lo que le da la gana, están equivocados —sentenció poniéndose de pie, su rostro estaba crispado, pequeñas arrugas bordeaban su frente—. Así que ella se sentará con usted como hacía antes de todo ese desastroso accidente, y si no le parece, puede irse de mi clase y repetir la materia el siguiente año.
¿Repetir materia? Podía vivir con ello. Incluso sin el auto. Papá ya había amenazado con quitármelo si reprobaba algo…
—No puedes huir de los problemas para siempre. —Ella se materializó a mi lado, se estaba mordisqueando el labio y tenía las manos en su regazo. El cabello castaño como siempre rodeándola como un halo.
No pude responderle en ese momento, no mientras el profesor Banner estuviera cerca, enfurecido y despotricando. Así que solo negué con la cabeza.
—Tienes que enfrentarme, madura ya, por el amor de Dios —exigió ahora con una extraña sonrisa, me estaba retando.
Un segundo después el aula comenzó a llenarse, mi respiración se aceleró mientras observaba vorazmente a todos entrar al salón, el bullicio acrecentándose, mi pie dando esos locos saltos de ansiedad mientras de forma inevitable buscaba con la mirada a Isabella. No tarde mucho en ubicarla. A diferencia de cómo había sido durante nuestro noviazgo, donde se vestía con cortas minifaldas y blusas escotadas, ahora al parecer solo se preocupaba por levantarse, en eso tenía que admitir que nos parecíamos.
Venía caminando con un pequeño círculo de personas, incluido el pendejo de Mike Newton, quien para no romper la costumbre, de nuevo la estaba rodeando con su asqueroso brazo, sonriéndole como el maldito comemierda que era. Al parecer a él no le molestaba en lo más mínimo su cambio de apariencia, es más, ni siquiera parecía notar el grande y horroroso suéter verde que llevaba, aunque por más que Isabella ahora ocultara sus curvas, claramente yo no era el único que tenía guardada su silueta en la memoria, y solo pensarlo provocó que me tensara, sintiéndome inmediatamente en terreno hostil.
—Bueno, tomen asiento, chicos —pidió el profesor Banner. De mala gana, Newton la liberó lanzándome una mirada de advertencia, la que yo le devolví era una promesa de muerte que logró hacer que desviara los ojos mientras se sentaba en su lugar—. Como bien saben, Isabella ha regresado después de un percance. —Entonces me permití mirarla, ya que al parecer estaba obligado a cumplir todas las condenas en el mundo. Isabella se ruborizó, desde el cuello hasta las cejas, la conocía y supe que fue por la atención que estaba obteniendo, luego en ese gesto nervioso tan suyo, distraídamente se mordisqueó el labio inferior—. Así que le ayudarán con lo que necesite. Bienvenida de regreso, ahora puede sentarse en su viejo lugar, al lado de Cullen.
Ignoré el puñetero jadeo colectivo, seguido del ruido inconfundible de sillas chirriando contra el suelo cuando varios estudiantes se giraron para mirar la pequeña escena, ya estaba acostumbrado a que todos en la maldita preparatoria de Forks me miraran. Desde antes del accidente, sentía sus ojos en mi espalda, siguiendo cada uno de mis movimientos, ¿por qué me miraban cuando caminaba?, ¿por qué lo hacían cuando me sentaba? O incluso si no hacía nada, sus jodidas miradas estaban ahí, así que dejé de mortificarme.
—Es que los deslumbras —murmuro Bella antes de rodar sus ojos. En aquel momento, yo le había respondido que estaba loca. Ironías de la vida—. ¿Recuerdas cuando te dije que me gustaban tus brazos?
Contuve una sonrisa al recordarlo, tenía músculos por los pases en americano, la ventaja de tener largos brazos pronto se hizo palpable y evidente...
Así que ahí estaba, ignorando olímpicamente que Isabella real caminaba hacia mí, y dada mi capacidad de desconectarme de los demás, y mi clara muestra de déficit de atención mezclada con exceso de cafeína y falta de sueño, logré como resultado una especie de viaje astral, donde yo me convertía en algo así como un espectador de mi propio cuerpo mientras Isabella miraba nerviosamente nuestro lugar.
—Mírame, me veo muy concentrada —tarareó mi falsa versión de Bella que se encontraba sentada a mi lado, y juro por Dios que fue jodido cuando la Isabella real se sentó sobre mi Bella imaginaria—. Ahora, no la cagues —murmuró cerrando los ojos, satisfecha, y con eso, malditamente desapareció.
De pronto, me di cuenta de que ya me encontraba de vuelta en mi cuerpo, y no había dejado de mirar a Isabella ni una sola vez, y la pobre se veía pasmada, desvió la mirada empujando su cabello hacia su hombro en alguna especie de escudo que la salvara de mí, estaba sonrojada y retorcía nerviosamente las manos en su regazo. Y ya que yo estaba condenado y viviendo mi jodido infierno todos los días, memoricé esta oportunidad. Necesitaba guardarla para más tarde, cuando Bella porrista apareciera. Porque Dios sabe que necesitaba malditamente cambiarla de ropa para mis alucinaciones.
Su aroma golpeaba con fuerza mis sentidos, ese aroma que me había sido prohibido durante cinco puñeteros meses. Era puro y limpio, fresas y lavanda. Apreté con fuerza el borde de la mesa, intentando clavar mis uñas ahí antes de que mis putos dedos salieran disparados a ese cabello largo y abundante para apartarlo, necesitaba verla. Ella parecía aturdida, sin alzar la vista, sin intentar presentarse, y por primera vez en todo este tiempo, me pregunté qué sabría realmente de mí.
¿Sabría quién había sido yo para ella?, ¿sabría que la quería hasta el punto de volverme loco? Seguro que no, o si lo sabía, indudablemente Charlie habría retorcido nuestro noviazgo a una mierda sin sentido, convirtiéndome a mí en alguna especie de depredador salvaje, en algún monstruo horripilante, y quizás ahora no estaba tan lejos de ello. Yo era un monstruo y ella tenía que quedarse con eso, con la mierda que sea que tenía en su cabeza donde no lograba o no quería recordarme.
Así que en un intento por facilitarle las cosas, empujé mi silla lo más lejos que pude de ella, el chirrido la asustó puesto que se estremeció, y me odié por provocarle tanto miedo. Quizás Charlie había mencionado cosas como: amputación de extremidades, asesino en serie… Y mientras la clase transcurría, ella no relajó su postura, no me miró ni una sola vez, se cruzó tensamente de brazos, podía verlo en los marcados tendones de su cuello o en su respiración agitada, ¿y por qué mierda no podía malditamente dejar de verla?, ¿o por qué estaba deseando secretamente que me mirara? No lo hizo. Continuó sentada, inmóvil, con esa expresión como si yo le repugnara e intentara no mirarme porque se encontraría con alguna mierda como la reencarnación de Satanás.
Mierda, seguro el piadoso de Charlie le había dicho más que lo que había supuesto inicialmente, algo que involucrara violaciones a pequeñas damiselas, o quizás incluso animales, dada su expresión de espanto. Su cabello, más largo de lo que podía recordarlo, seguía cubriéndole el rostro de esa maldita forma que mis dedos picaban por la necesidad de moverlo para poder verla, convirtiéndome claramente en alguna especie de pervertido.
El oxígeno al parecer ya no llegaba a mi cerebro, mis pulmones estaban a un veinte por ciento de su capacidad, y el resto de mis funciones motrices al parecer se encontraban a punto de sufrir un colapso. Entre más la miraba, más sentía la testosterona en mis venas. Mi cerebro a nada del corto circuito, cuando inesperadamente sus ojos me encontraron.
Una onda de energía me atravesó, pero esta vez no fue aquella alegre y bienvenida corriente de energía nuclear que sentía cuando ella estaba conmigo, cuando me acariciaba o cuando me susurraba que me amaba, no. Esta energía de mierda por el contrario fue como mil puñales que se incrustaron en mi piel, cuando me percaté de primera mano que aquellos ojos chocolate que tanto amaba… no me reconocieron.
—H-Hola… soy Bella Swan… —En su hermoso rostro se dibujaron un montón de dudas, sobresaliendo la confusión. Su ceño levemente fruncido se concentró en mi rostro—. Tú… ¿nos conocemos de algún lado?
Si alguien me hubiera dicho que el olvido lograba esta sensación fúnebre de mierda, de haberlo sabido antes, me habría apresurado a este momento en lugar de andar buscando sogas y soportes altos.
—No. —Ella elevó ambas cejas ante mi corta y seca respuesta, sin embargo, su rostro ridículamente desconcertado logró irritarme.
Y cuando sus labios se abrieron ligeramente para seguir hablando, me tensé. No íbamos a ponernos a hablar. Nunca. Ella debía sacarme de su sistema y de su mente olvidadiza y curiosa para siempre. Así que plasmé una mueca de desprecio antes de fulminarla con la mirada, procuré que solo fuera un segundo, pero que fuera lo bastante intensa como para dejarle claro cuánto la repudiaba y odiaba. Falsamente, por supuesto.
El timbre rompió nuestra bizarra conexión visual haciéndola dar un salto. Abrí los ojos asombrado por su reacción, ella enrojeció, mirándome con odio que antes no había estado ahí, para luego levantarse como si el salón estuviera ardiendo en llamas. Incluso antes que cualquier otro en clase desapareció apresuradamente por la puerta, llevándose consigo ese aroma frutal, dejándome jodidamente petrificado en la silla. Qué cosa tan más humillante.
—Mantente lejos de ella —siseó casi inmediatamente después una voz masculina, una voz que yo reconocí jodidamente bien.
Elevé la mirada tan solo para encontrarme con la azulada de Newton, su rostro aniñado y su cabello rubio lo hacían parecer uno de esos putos estudiantes de Harvard, con un papá rico y un futuro brillante.
—Vete a la mierda de mi vista —advertí en tono aburrido, tratando de controlar mi creciente frustración.
—Pronto volveremos a estar juntos, ¿cómo ves? —Pellizqué el puente de mi nariz.
—Solo lárgate.
—¿O qué? —Y hasta ahí había llegado la mierda del control. ¿Qué le pasaba a estas alturas? Me había vuelto loco y me había quedado traumatizado, no inútil.
Así que no le di tiempo a pensar cuando me puse de pie asombrosamente rápido y sujeté su garganta, enterrando mis dedos en su tierna piel lo suficiente para que sus ojos se ampliaran con horror, mientras intentaba angustiosamente zafarse.
—Escúchame bien, perra —siseé, acercándome a su cara de espanto, una sonrisa benévola pero inquietante se plasmó en mi rostro—. Te vas a mantener lejos de mí, vas a puñeteramente dejar de abrazar a Isabella en mi presencia o donde malditamente te vea, o te juro por lo poco que me queda de cordura que voy a buscarte para empalarte y dejarte de recordatorio para todos los demás.
Sip, nocivo quizás era mi segundo nombre, pero dramático era mi apellido.
Después de mi pequeño retroceso a la era medieval, lo solté como la basura que era. Cayó de rodillas, tosiendo y jadeando de forma un tanto exagerada, a mi parecer. El resto de los que aún quedaban observando el espectáculo salieron despavoridos, abandonándolo como un cachorro herido. Yo también me largué a la mierda, empujando a mi paso a cuanto idiota se me atravesaba hasta que me topé con una masa muscular más difícil de empujar.
—Oye, ¿eres un vampiro o un hipster? —canturreó mi amigo caminando a mi lado, en sus manos llevaba un balón de americano que se pasaba casualmente de una mano a otra
—Ahora no, Emm.
—Cada día te ves más raro, ¿qué no duermes? —Por supuesto lo dijo de forma todo menos disimulada, barría con una mirada no solo mi rostro, sino el resto de mi ropa.
—No mucho.
—¿Es cierto que apuñalaste a Mike con un lápiz?
—Solo intenté ahorcarlo —corregí, encogiéndome de hombros. Dios, los chismes volaban en el instituto. Emm me miró dándome una de sus ridículas sonrisas con hoyuelos.
—Eso suena mejor, más limpio.
—No puedo soportar que la abrace, ¿entiendes? —medio gruñí como un hombre neandertal. Él asintió rápidamente.
—Cualquiera que abrace a Rose y no sea yo, tendrá rotas sus extremidades —sonreí.
—Mi hermana no necesita de tu protección. —Emmett suspiró antes de rascarse la nuca.
—Sé que puede romper brazos ella sola, pero me gusta jugar al caballero.
—Jasper y yo le enseñamos todo lo que sabe, le dimos mucho infierno de niños.
—Y yo tengo que malditamente pagarlo —aceptó riéndose, pero al segundo siguiente se puso un poco serio—. ¿Qué pasó además? —Suspiré revolviendo mi cabello.
Habíamos caminado sin darme cuenta hasta el campo de entrenamiento, lo supe dado los gritos del entrenador Clapp, y darme cuenta del lugar en el que me encontraba, me paralizó por completo. Respiré hondo tratando de controlar al afeminado en mí que quería salir corriendo y refugiarse en la comodidad del Volvo.
—El señor Banner me obligó a sentarme con ella. —Las cejas de Emm salieron disparadas hasta el infinito.
—Es todo un temerario.
—Es un imbécil —aseguré, pellizcando el puente de mi nariz, la ansiedad manifestándose en mi cuerpo, caliente y espesa me hizo respirar entrecortadamente—. Pero esa no fue la parte jodida.
—Aparte de sentarte con tu némesis y querer ahorcar a Mike, ¿hay más?
—Isabella no me recuerda.
—Pero eso ya lo sabías —afianzó, luciendo contrariado.
—Sí, pero… verlo de primera mano, tan solo… mierda. —Sacudí mi cabello con frustración.
—¿Y por qué no intentas hablarle? Tú no provocaste eso, no hiciste...
—¡Hice todo mal! —rugí, mirando a mi amigo—. No quiero volver a pasar por esto, no quiero hablar de eso.
Sin decir otra palabra, lo empujé al pasar a su lado y caminé, bueno, casi troté en realidad, lejos de Emmett y su lástima de mierda, lejos del sonido de los gritos del entrenador Clapp, del campo de entrenamiento que tanto había amado, y cuando menos pensé, me encontré en un pasillo de la escuela, sabiendo bien a lo que venía. Entré a la oficina cálida y acogedora como un maldito tornado, pero me quedé en seco al verla.
Isabella Swan se encontraba de pie frente a la recepcionista, y aunque había hecho un estruendo de mierda al entrar, ella ni siquiera había notado mi presencia, otra muestra de que las corrientes eléctricas entre nosotros habían muerto. O quizás nunca existieron. Los ajustados vaqueros marcaban ese respingón culo el cual me pasé días, meses incluso, alabando. Pero el horrible suéter verde ocultaba su estrecha cintura. Estaba discutiendo con la señora Cope en un tono de voz suave y relajante como cuando quería algo y se portaba toda diplomática.
Intentaba cambiar la clase de biología a la última hora, a cualquier hora.
Mi corazón se hundió, ¿de cuántas formas podría morirse un ser humano? Ya había pasado por demasiado, por Dios, estaba real y jodidamente loco, hecho mierda, ¿qué no era eso ya lo suficientemente patético? Aunque para ser sinceros, yo también estaba aquí por la misma razón que ella, no tendría por qué sentirme herido porque ella me leyera la mente y llegara primero.
El terror que sentí por habernos encontrado al principio dio paso a la ira. Me sentí tentado a gritar: "¿Cómo te has atrevido a jodidamente olvidarme?", "¿Cómo te atreves a ignorarme?". Ah, pero eso habría sido actuar como un lunático.
—De hecho, ¿qué no era eso lo más conveniente?, ¿que te hubiera olvidado? Lo mejor que te pudo pasar es que te ignorara —canturreó ella a mi lado. La puerta se abrió de pronto, y acto seguido, una rubia llena de curvas irrumpió en el pequeño lugar.
—Edward. —La voz baja y ronca de Tanya fue seguida por una seductora sonrisa, incluso elevó el pecho como innecesariamente mostrando de más su pronunciado escote.
Isabella, la real, se tensó girándose hacia nosotros. Al parecer el odio en mi mirada había conseguido su propósito, ya que ruborizada se giró rápidamente a la señora Cope.
—No importa —atestó, antes desaparecer rápidamente. Bella imaginaria elevó una ceja.
—Vaya, no has perdido el toque. Sigues siendo un cabrón.
—Que rara se ha vuelto, ¿no? —comentó Tanya con una sonrisa, apuntando con el pulgar por donde Isabella se había ido. Tan solo me encogí de hombros tratando de restar una importancia que me estaba malditamente comiendo—. Escuché de la fiesta la próxima semana en tu casa, Jasper me invitó.
—Sí… ah, sí, ahí estaré —comenté con sarcasmo, ella se echó a reír.
—Claro, y espero que podamos… conversar. —Se encogió de hombros en forma casual.
—Conversar —la imitó Bella a mi lado—, con nuestras lenguas, acaloradamente en un lugar oscuro —continuó, sonaba tan furiosa que me sacó ligeramente de mi aturdimiento y me hizo torcer la boca en una sonrisa.
—Nos vemos ahí —murmuré antes de irme, Bella se apresuró a alcanzarme.
—¡Edward, qué mierda fue eso! —gritó dolida, mirándome con odio. La falda ondeaba con cada paso acelerado que daba.
—Tú me olvidaste, creo que es tiempo de que haga lo mismo.
—Claro, otra vez con tus justificaciones.
—Esta vez no es eso —aseguré, saliendo al estacionamiento. Una ligera llovizna comenzaba a caer, mojando mi cabello y refrescando mi rostro.
Quité la alarma del Volvo y me subí apresuradamente intentando esconderme dentro de él, intentando despejarme de todo, pero claro, Bella ya estaba ahí, en su lugar de siempre sobre el asiento del copiloto.
—Tienes que entenderme.
—No quiero escucharte. —Y antes de que siguiera comiéndose mi cerebro, rebusqué en la guantera del auto donde guardaba un envase de Prozac para emergencias. Me tragué dos pastillas más. La puerta se abrió repentinamente, haciendo que del susto el puto envase se resbalara de mis manos y las pastillas salieran volando dispersas. Jasper se metió, sentándose sobre la figura inanimada de Bella.
—¿Estás tomando lo que creo que estás tomando? —suspiré, mirando la evidencia esparcida por el auto.
—¿No sabes respetar la maldita privacidad, verdad? —Él se limitó a mirarme, por lo que desvié la mirada hacia las pastillas antes de empezar a recogerlas—. Fue un día jodido, Jas…
—Supe que estuviste con Isabella —asentí distraídamente.
—Ella definitivamente no me reconoce. —Lo miré una vez que recolecté todas las pastillas para devolverlas al envase.
—Ya veo —murmuró jugueteando con la radio, cambiando de una estación a otra. Suspiré, dejando caer mi cabeza contra el respaldo del asiento antes de apretar los ojos con fuerza.
—Eso es más de lo que puedo soportar.
—¿Por qué no hablas con ella? —Elevó una mano cuando lo miré como si estuviera loco—. Solo digo que podrías explicarle lo que pasó, y si lo quiere tomar bien y si no también, pero tú al fin te quitarías un peso de encima.
—No. —Jasper rodó los ojos—. Es mejor de esta manera, si quisiera recordarme lo habría hecho ya, estoy seguro que recuerda a todos en Forks, seguro hasta el puñetero y chillón perro de Jessica recuerda, a todos menos a mí.
Mi hermano se frotó la nuca de atrás hacia adelante sin agregar otro comentario, dándome la jodida razón con su silencio. Luego, se resignó a únicamente acompañarme escuchando música mientras yo fumaba distraídamente. No sé por qué, pero además se empeñó a acompañarme el resto del día, saltándose incluso la última hora. Cuando Rosalie nos encontró en el auto, frunció el ceño pero no dijo nada, lo que realmente agradecí.
Al llegar a casa pensé que podría deshacerme del silencioso acoso de Jasper, pero desgraciadamente el cabrón se había convertido en mi sombra, siguiéndome incluso hacia la estancia, donde se sentó distraídamente a mi lado mirando la televisión.
—Comamos —canturreó Rosalie—. Hice estofado, ahora que papá no está yo estoy a cargo.
—No tengo hambre.
—Edward. —Disparó una fulminante mirada azul en mi dirección—. No te pregunté si tenías hambre, ¿verdad?
—Y yo te dije que…
—Así que siéntate en el jodido comedor, o le diré a papá que te estás saltando las clases para que tengas que ir a la escuela caminando el resto del semestre —sentenció, mirándome triunfante. Boqueé un poco, enfurecido de hecho, antes de sentarme en la jodida mesa.
De nuevo, mientras mis hermanos hablaban de todo y de nada, más sobre la fiesta que cualquier otro tema, yo me dediqué a expurgar la comida, probando solo un poco. El estofado tampoco era mi mejor amigo. La mirada de Jasper me estaba incomodando a niveles nunca antes vistos, y tuve que hacer un esfuerzo descomunal para ignorarlo. Ese cabrón era peor que su gemela, era como un halcón silencioso listo para el ataque.
—Mejor comete eso, bebé. No queremos ver la furia de Rose —canturreó Bella a mi lado, tenía una mueca divertida y desafiante plasmada en los labios, estaba a jodidamente nada de decirle que se la tragara ella, cuando la voz de mi hermano me aterrizó de vuelta.
—Estaba pensando que podemos practicar algún deporte juntos, Edward.
—¿Deporte? —pregunté, empujando el plato casualmente hacia un lado y dando un sorbo a mi coca cola.
—Sí, como natación, o correr… —Me reí antes de ponerme serio.
—No.
—Ni siquiera me has dejado explicarte.
—No, no voy a usar jodidos speedos ni nada parecido, pero gracias por la invitación.
—Si no aceptas, le diré a papá que estás abusando de los antidepresivos. —Lo miré boquiabierto.
—Y que además fumas y no comes nada —remató Rosalie. Los miré a ambos como si fueran siameses en lugar de gemelos.
—¡No pueden estar hablando en serio! —bramé, poniéndome furioso de pie.
—No quieres ponerme a prueba, Edward —siseó Rose, poniéndose de pie también, sus tacones de más de doce centímetros casi la pusieron a mi nivel—. Hemos tolerado tu actitud jodida desde hace meses, y alguien te tiene que hacer entrar en razón.
—¿Y delatarme les hace pensar que me van hacer entrar en razón? —acusé iracundo—. Están jodidos.
No escuché lo que decían mientras salía disparado del comedor, incluso medio corrí hacia la estancia donde tomé las llaves y me largué a la mierda. Afuera seguía lloviznado y fui como que un poco imprudente mientras tomaba las curvas a noventa, cuando menos pensé, me encontraba pasándome las manos ansiosamente por el cabello y estacionado fuera de la casa de la maestra Platt.
La que por cierto, y como toda habitante de Forks, se asomó de forma nada casual por la ventana antes de correr a la puerta y hacerme señas para que me bajara. Respiré hondo, lamentando no haberme fumado otro cigarro antes de venir.
—Hola, Edward, viniste más temprano de lo acordado —canturreó, abriendo totalmente la puerta.
—Sí, lo siento maestra, puedo venir más tarde si…
—Esme, solo dime Esme cuando estés en mi casa. —Asentí mirando el lugar.
Era realmente… como ella, es decir, de alguna forma acogedor y bonito… pero como siempre, reducido. Olía a pan recién horneado, la sala era pequeña y se veía aún más limitada con el enorme piano en la esquina, los sillones claramente habían pasado por mejores tiempos que los actuales.
—¡Jacob! Ya llegó Edward, baja en este instante.
Miré hacia las escaleras, donde Esme estaba gritando tan solo para ver a un pequeño con cara de aburrición y sueño. Sus ojos marrones se estrecharon al verme con desconfianza, e incluso el resto del camino lo hizo con los brazos cruzados. La maestra pareció ignorar sus muecas al poner ambas manos sobre sus hombros.
—Edward, este es Jake y está ansioso por comenzar. —Elevé una ceja ante la clara emoción del niño.
—Hola.
Extendí la mano hacia él, quien de nuevo hizo aquel peculiar gesto de mirarme de arriba abajo, tendría que pensarme seriamente las acusaciones de Emmett sobre que parecía un hipster o esa mierda. Al fin el pequeño niño levantó su puño y lo chocó contra mi mano extendida. Al parecer estaba un poco atrasado en los nuevos saludos.
—¿Te ofrezco algo de tomar?
—Un refresco estaría bien. —Esme asintió contenta antes de desaparecer por la cocina, dejándome con el entusiasta Jake—. Podemos empezar con un suave sonido, ¿te parece?
—No me gusta el piano. —Obvio.
—Pero harías muy feliz a tu mamá si aprendes un poco.
—¿Por qué das consejos que no sabes tomar? —Bella se materializó en la estancia, la falda ondeando mientras miraba detenidamente unas fotografías que había en una repisa.
—¿Por qué no tocas un poco? Ya sabes, para ver primero —pidió Jacob. Asentí con un encogimiento de hombros.
—Nunca pudiste tocarme una mísera canción —reprochó ella, sentada justamente a mi lado—. Ni siquiera sabía que tocabas el piano.
—Es la hora de los reproches, ¿Bella?
—¿Vas a cantar también? —La suave voz de Jacob me trajo a la realidad, que últimamente se me estaba escapando demasiado.
—No, yo… ah…
—Toma, Edward. —Un vaso largo de cristal repleto de coca cola y hielos fue puesto frente a mí—. Espero que se lleven bien. —Sonreí a Esme, tratando de ignorar el ceño fruncido de su pequeño hijo.
O el notable tono de su piel y rasgos. ¿La maestra Esme con alguno de los hombres revoltosos de las tribus Quileute? ¿En serio?
—¿Cómo ha estado el doctor Cullen? —preguntó mientras yo deslizaba los dedos suavemente por las teclas para probar el sonido.
—Bien, tuvo que salir a una convención. —La maestra Platt asintió.
—Es un hombre tan generoso, la semana pasada examinó a mi pequeño Jake gratuitamente, he estado un poco… corta de dinero.
—Lo que explica el hecho de que soborne a sus alumnos con clases gratuitas de piano —apuntó Bella haciéndome sonreír.
—Así es mi papá —contesté.
Cuarenta minutos y tres vasos de coca cola después, mi cabeza palpitaba advirtiéndome que se avecinaba una migraña. A Jake no solo no-le-gustaba-el-piano, lo odiaba con cada fibra de su ser, con cada hundimiento de teclas innecesario, con cada golpe descarado contra las jodidas teclas y al parecer, dada su sonrisa socarrona, me odiaba a mí también.
—Lamento si mi hijo es un poco… hum. —Esme suspiró, dándose golpecitos en la barbilla—. Inquieto, pero te aseguro que podrás hacerlo, así como estoy segura de que podrás sacar este semestre de informática.
—Zorra —siseó Bella.
—Sí, quizás con algo de práctica —murmuré.
—No puedo creer que tu papá le regale consultas y a cambio ella te soborne.
—Nos veremos mañana en clase, maestra Platt.
—Esme, recuerda que mientras estés aquí me llamaras así. —Suspiré antes de sonreír forzadamente y salir disparado rumbo al pequeño centro comercial.
Necesitaba otra cajetilla de cigarros, ¿y por qué no?, un par de refrescos, esa noche no me iba a quedar dormido más que pura madre. En el camino vine escuchando la sarta de blasfemias que salían de la sucia boca de Bella, escuchando detenidamente cuánto odiaba al pobre niño, por alguna razón su despotricar me tuvo sonriendo mientras entraba a la tienda y continúe sonriendo incluso al acercarme a pagar en caja.
—Pensé que ya no eras capaz de sonreír, y Dios, siempre es increíble cuando lo haces.
Y así, con esa simple oración, dejé de sonreír haciéndola ruborizar. Jessica Stanley se encontraba frente a mí, el sencillo atuendo la convertía en toda una cajera, pero los tres primeros botones abiertos en su blusa la convertían en la zorra que siempre había sido. Empujó el pecho mostrándome más de lo que ahí había, haciéndome rodar los ojos. Ella siempre me había acosado, desde el primer día de clases hasta la actualidad. Una sola vez, una maldita sola vez había estado con ella, me la había cogido hasta el amanecer y voy a admitir que no estuvo tan mal. Pero su insistencia y su acoso terminaron haciendo de aquello algo repulsivo cada vez que insistía en repetirlo.
—Lo era hasta hace unos minutos.
—¿Encontraste todo lo que buscabas? —canturreó, ignorándome deliberadamente, e incluso en la misma jodida línea se llevó la pluma a su boca.
Su mirada azulada de pronto era intensa, rayando en la lujuria, y me pregunté cómo diablos lo conseguía, pasar de una dependiente en una tienda de mala muerte a una estrella porno vestida de cajera en una tienda de mala muerte, seguro tenía un futuro brillante por delante.
—¿Le estás mirando los pechos a esa golfa? —Por supuesto, Bella apareció abruptamente al lado de Stanley, lucía iracunda e increíblemente hermosa, suspiré antes de sonreír.
—Podrías… ya sabes, pasar por casa como en los viejos tiempos —balbuceó Jessica, jugando nerviosamente con un mechón de su cabello malinterpretando, claro, mi sonrisa.
—¿Para qué haría eso? —Ella pareció momentáneamente desconcertada.
—Tú… ya sabes… —Sí sabía, y no, definitivamente no quería—. Sé que estás libre ahora, ya sabes, después de…
—Ni lo menciones —interrumpí bruscamente.
—El caso es que todas nos preguntamos por qué no puedes… simplemente volver a ser el de antes, ahora eres libre en todo caso.
Iba a ponerme irascible, lo juro por Dios, cuando el dulce olor a champú de fresas y lavanda se coló por mi nariz, sutilmente al principio, más fuerte con cada segundo, y cuando miré a la derecha, Isabella, la real, estaba cambiando de caja apresuradamente, huyendo de mí como si tuviera el ébola. Jessica también la miró antes de carcajearse.
—Ahora es tan extraña. Ni siquiera se maquilla, ¿has visto incluso como lleva el cabello?
—¿Por qué no te limitas a trabajar? Para eso te pagan. —Sí, mis palabras fueron mordaces, y sí, fueron escupidas con todo el veneno del que fui capaz. Por fin, ella pareció entenderlo cuando me cobró de mala gana.
Y mientras caminaba hacia mi auto, pude ver estacionada un poco más lejos la vieja Chevrolet de Bella, inmediatamente un sentido protector se irguió frente a mí, odiaba a ese viejo pedazo de chatarra como nada en la vida, ver a Isabella conduciéndola de nuevo me frustró más que mi pequeña disputa con Stanley.
—Quisiera que habláramos.
Mierda. En este punto de mi vida ya me era difícil distinguir entre las diferentes voces de Bella en mi cabeza, así que cuando su voz sonó fuerte y clara, supuse que no se trataba de mi pequeño némesis porrista, sino de la de carne y hueso. Así que miré sobre mi hombro, efectivamente Isabella se encontraba detrás de mí, en sus manos llevaba una bolsa cargada de mandado y estaba mirándome como una loba furiosa.
Su mirada me provocó un pequeño espasmo, del tamaño de un puñetazo directo a mi estómago, subí el gorro de mi chaqueta antes de guardar las manos temblorosas dentro de mi cazadora y aceleré el paso, seguro como la mierda de que me veía como alguna clase de drogadicto descubierto en plena compra de cocaína, casi corrí hacia el Volvo.
—¡Edward, espera! Te estoy hablando. —Había dicho mi nombre, y realmente escucharlo salir otra vez de sus labios me detuvo, respiré agitadamente, pensando en reanudar el paso, pero mi jodida testosterona, golpeada junto con mi ego, me hizo girar en redondo.
—¿Qué? —espeté, mirándola con un maldito odio que solo sentía hacia mí mismo. Ella se tensó, y de nuevo detesté cada segundo que le hacía pasar a mi lado.
—Quisiera hablar contigo, si no te importa. —Respiré profundo mirando a la mujer que tanto amaba, ahora yo tenía un papel que representar, el del jodido villano y no el del maldito loco que parloteaba por ahí.
—¿Qué es lo que quieres? —Mi tono fue tan glacial que noté como se encogía ligeramente.
—Quiero… —suspiró, mirando hacia sus gastadas botas. Pensé que no diría nada como normalmente hacía cuando se sentía intimidada, pero me sorprendió elevando el mentón. Un brillo decidido se había instalado en sus ojos—. Quiero saber por qué me huyes como si tuviera la plaga. ¿Es por lo que dicen?, ¿que mi papá te prohibió acercarte? —Resoplé ante su tono.
—No solo por eso, el caso es que yo tampoco quiero verte. —Pude ver el dolor brillar en sus ojos oscuros antes de desaparecer rápidamente.
—Quiero saber lo que pasó en ese accidente, ¿por qué no te recuerdo? —Su cara de marfil había palidecido, y sinceramente estaba a nada de tomarla en brazos para explicarle quién era y asegurarle que todo estaría bien, sin embargo me encontré diciendo:
—Es mejor así, no quiero ni me interesa que me recuerdes.
—Bueno, cabrón arrogante, solo quería una explicación —siseó, y su tono me gustó, ella nunca lucía enojada conmigo, y me encantaría de verdad que pateara mi culo todo el tiempo que quisiera.
—Lamento no ser de ayuda, pero si en algo sirve, mantente alejada no solo de mí, sino de Mike Newton. —Sip, era un cabrón egoísta además.
—¿Alejada? Nosotros estamos pensando en darnos otra oportunidad y… —Sacudió la cabeza—. No sé ni por qué te estoy dando explicaciones cuando tú ni siquiera puedes darme una sola. —Inesperadas frías gotas de lluvia comenzaron a caer sobre nosotros, haciéndola resoplar como si estuviera molesta con el cielo—. Tengo que irme, papá está esperándome y se ha vuelto un poco paranoico.
—No estás hablando malditamente en serio, no con Mike, no puedes hacer eso... —Mierda, la jodida situación me tenía hiperventilando. Pellizqué el puente de mi nariz en un intento por controlar a mi maricón interno.
—¿Por qué no?
—Solo mantente alejada de Newton —medio ladré, mirándola incrédulo. Ella abrió los ojos como platos, se ruborizó antes de apretar los labios con fuerza. Némesis en todo su esplendor.
—Bueno, idiota, te tengo noticias, tú no me dices qué hacer. —Pasó a mi lado sin siquiera mirarme.
Se subió a su viejo cacharro, el cual tosió de forma ahogada, quejándose amargamente antes de encender, el chirrido de la arcaica transmisión cuando metió el cambio de velocidades me hizo estremecer. Yo me quedé ahí, bajo la lluvia y a mitad del lugar, observándola mientras maniobraba para salir del pequeño estacionamiento hasta que las luces traseras desaparecieron por la carretera mojada. Mi mente no cesaba de deslizarse hacia la idea de ella con Newton.
—Va a volver con Mike-Jodido-Newton.
En mi interior, la voz que hablaba por Isabella terminó materializándose como venía haciendo desde hacía un mes, me miró luciendo sorprendida ante mis palabras antes de estallar en carcajadas. Era una risa salvaje, demente, pero al cabo de unos instantes, me uní a ella.
Hola nenas, ¿ya les quedó un poquito más claro? Como ven, Edward tiene alucinaciones con Bella porque esta no lo recuerda, iremos viendo como pasaron las cosas, ¿les va gustando?
Gracias a todas las chicas que me agregaron a favoritos y sus listas.
A las que me comentaron: Keit Cullen, hola nena lo sé! Te debí dejar confundida todo el cap pasado, espero que este te haya despejado un poco más.jupy, hola nena esta historia será aún más diferente que cualquiera que haya leído ;) gracias por acompañarme como siempre en mis locuras.micalu, Muchas gracias nena por darme la oportunidad, este fic será algo complicado pero espero te guste, ¿entendiste un poco más?,Emotica G. W, gracias nena, como verás Edward tiene alucinaciones, ya iré explicando cómo pasó todo.Gatita Cullen, Diana, ya me imagino tu cara mientras lo leias, jajaja tu tienes la culpa por abrime las puertas de tu imaginación, ¿te va gustando?Vico Masen, hola nena, no es paranormal sino más bien mental, como verás Edward esta muy afectado por Bella y la ama de la misma manera que la quiere lejos, ¿te va gustando?Nina Duciel, muchas gracias por tus palabras nena, es una alucinación y es sobre Bella por el hecho de que la ama y no puede tenerla, ¿le entendiste un poco más?Maayraaykalebb, gracias nena, espero este capi también te haya gustado.sandryttaa, Gracias nena! Bueno pues este fic es diferente a los demás, como es complicado trataré de irles despejando sus dudas, gracias por la oportunidad ;)Danny, mil gracias como siempre Danny por tus palabras, por lo pronto mas que llorar, vamos a ir descubriendo porque pasó todo esto, ¿te a gustando?soledadcullen, muchas gracias por tus palabras nena, vamos a ir viendo porque pasó todo esto, al menos ya van viendo que le provoca a Edward las alucinaciones, ¿le entendiste un poco más?Monique,gracias a ti por leerme nena, ¿te gustó este capi?Hadia, muchas gracias, espero este cap también ;)cristina, gracias nena, por aquí andamos con otro capi, ¿te gustó también? mary Baltazar, hola nena, en este cap explico un poco más a que se deben las alucinaciones, ¿Cómo ves?, patymdn, hola nena como siempre un gusto leerte, Edward se deja ayudar al menos con medicamento, pero nada más , voy a ir explicándoles porque pasó todo esto, ¿te va gustando?eli music love, hola nena, como verás Bella existe pero Edward alucina con ella, ¿le entendiste poquito más?iwannabebellacullen, gracias nena, espero te siga gustando.loreblue31, lore lore, pues aquí andamos con otra historia, diferente ya sabes que no solo me gusta lo complicado sino que lo escribo, yo no te maltrato Lore te amodoro ;),Gloria, hola nena eres un amor como siempre, pues mira los antidepresivos y el exceso de cafeína tiene a Edward ahora si que alucinando, ¿le entendiste un poco más?,Lore562 muchas gracias, espero te haya gustado este cap, Tecupi, por lo pronto te voy platicando porque de las alucinaciones, ya les iré contando del accidente, ¿te gustó?,cavendano13, claro nena, se llama efectos secundarios por lo que Edward consume en exceso y lo que da como resultado jejeje, la de las alucinaciones es la propia Bella, ¿le entendiste un poco más?MoN cArTeR, gracias por leer nena, te mentiría diciéndote que las actualizaciones serán tal día pero quiero apurarme en lo posible para que sean una vez por semana, lo intentaré.Liza de Cullen, Bella es real, pero también esta en la mente de Edward, ¿entendiste un poco más con este capi?,Liz Cullen Boschetto Belikov, gracias como siempre nena, ¿te gustó?, Esmeralda C, hola Esme como siempre un gusto leerte, es una historia diferente a ver como nos va :),Mss. Brightside, así es nena acertaste en todo, Edward sufre alucinaciones, ¿te va gustando? Sarai Beta malvada estamos ahora oficialmente jugando con la mente de los demás y esta claro que tu y yo tenemos problemas mentales, jajaja muchísimas gracias como siempre :)
Nos leemos pronto!
